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ZONA CERO

El taller de poesia, 86


José Luis Giménez-Frontín

ZONA CERO Prólogo de Ramón Andrés

emboscall


© De los poemas: herederos de José Luis Giménez-Frontín © Del prólogo: Ramón Andrés © De las ilustraciones: Antoni Clavé Edición: emboscall www.emboscall.com

Depósito legal: B-42051-03 ISBN: 978-84-96253-25-4 Primera edición: octubre de 2003 Reimpresión: julio de 2014


A PROPÓSITO DE «ZONA CERO»

La poesía conoce unos lugares de los que el código lingüístico común nada sabe. Lugares jamás nombrados, y por lo tanto no determinados. Son espacios que escapan a la razón, pero son la razón misma: existir donde sólo puede ser descrito el origen de las cosas, no sus causas. La pregunta formulada por Arendt hace ya unas décadas, «¿dónde estamos, cuando estamos en el mundo?», cabe trasladarla asimismo al hecho poético, bien sea en la función de autor, bien en la de lector. Sloterdijk ha retomado la cuestión ciñéndola al hecho musical, y de ello se resuelve en Zona cero, un poema en el que se habla «del más fugaz no yo», es decir, el ejercicio de poner en entredicho la subjetividad como único generador de nuestros actos. Pensar, escribir, en su significado más puro, conlleva una traslación de la conciencia, un no estar donde se está, que en nada debe relacionarse con el ideario planteado por los románticos. De tal desencuentro han derivado múltiples problemas que el arte, salvo excepciones, no ha acertado a solucionar. Se diría que todo ha quedado sometido a una sola pugna entre lo concreto y lo abstracto, entre lo real y lo imaginario, entre el exterior y una mente cuya función parece únicamente destinada a recomponer, una y otra vez, la fragmentación del mundo.

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Zona cero, de título tan significativo en razón de lo dicho, y no en vano referido a un acontecimiento concreto, constituye un «lugar» de transformación, un espacio sin centro hacia el que tienden todos los encuentros. Blanchot seguramente podría suscribir, tras la lectura de este libro, que nos hallamos ante un texto que viene a plantear una paradoja: en el mismo se detecta, por así decirlo, una ausencia de tiempo porque a cada instante se reinicia lo eterno. Esta confrontación ha sido moneda de uso corriente en el ideario de la poesía moderna, y especialmente en el ámbito de la cultura anglosajona. Los confines de lo real y lo imaginario, jamás resueltos, y desde los que se miran frente a frente Pound y Stevens, por citar dos ejemplos, parecen sellar un pacto en esta Zona cero en cual se da cabida tanto a lo noposible como a lo consumado. Así, «La ruta de Occitania» guarda una lectura modélica por cuanto se entreveran sin tensión muy distintos planos temporales y espaciales, paisajes creíbles, exentos de artificio, con otros que acontecen como una escénica metáfora del sueño. Y, en cambio, se trata de una misma ruta, de un mismo viaje, iniciado no importa cuándo, y en cuyo trayecto se produce una continua oscilación entre el «yo» y lo que se nombra en tercera persona, ese intercambio de seres que tanto fascinó a Klaus Mann. Si me refiero a este poema, que concluye Zona cero, lo hago con el propósito de contrapesar el discurso de otra composición que tiene en su protagonista a Nina Gagen, y también para mostrar la simetría de todo pensamiento. En tales versos no hay cabida para una ambigüedad de tiempo 6


verbal ni de lugar: asistimos a una labor de zapa que Gagen va azadonando, única, sobre su propia existencia, abriéndose paso hacia la supervivencia a través de un canto que refuta el castigo, instrumento, ciertamente, que nos lleva al mayor grado de autoconciencia. Ambos poemas sirven a Giménez-Frontín para ejemplificar la pregunta de Arendt, que podríamos extender a la siguiente cuestión: dónde estamos cuando pensamos, dónde cuando escribimos. No es frecuente que un libro, sea o no de poesía, permita una interpretación en tan múltiples direcciones y de trayectorias tan opuestas. Por ello uno de los atributos de estas páginas es la ausencia de dogma, de lo cual se desprende que nada es, que nada está establecido, porque todo se refunda en el momento de vivir. Olvidar este principio, obvio en apariencia, ha dificultado en no poca medida la elaboración de una «nueva» literatura, o tal vez sería mejor decir de una buena literatura. Acostumbrados a los textos lineales, argumentados sólo en favor de los escenarios autobiográficos –es decir, reducidos–, hemos olvidado que el pensar y el escribir, despojados de la Historia aunque sin por ello olvidarla, es precisamente recuperar lo perdido, o acaso intuir lo que nunca fuimos ni seremos. El poema no es el poder de decir, sino la capacidad de dotar de significado lo que a simple vista nos es ocultado: eso que a finales del siglo XVIII empezó a llamarse la vida del espíritu. La alusión a Nietzsche, la ironía acerca del narcisismo poético, la afirmación del placer y la fisicidad del afuera, donde la higuera va trenzado «con lentitud de siglos/sus curvados 7


fractales», el amor, el deseo de no ser en el estar, el pulso del destino –»por tres veces seguidas/negamos a la vida»–, en fin, la soledad entendida no como un distanciamiento del prójimo, sino como un ir al encuentro de lo no descrito, se entrelazan en esta Zona para crear un contrapunto nacido del eco que hilvana nuestro nombre.

Ramón Andrés

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Antoni Clavé. Sín título, técnica mixta sobre papel. Propiedad del autor, reproducido con autorización del artista.


I Ich lebe grad, da das Jahrhundert geht. (…) Die stillen Kräfte prüfen ihre Breite und sehn einander dunkel an.

R.M. RILKE


MÁS ALLÁ DEL TEMIDO PORTÓN DE LOS URALES, AL NORTE Y A LO LARGO DE TODO EL KAZAJISTÁN, DE MONGOLIA Y CHINA, DERIVA DIMINUTO, SIN CRONISTAS, EL TREN TRANSIBERIANO UN DÍA Y OTRO DÍA, SEMANA TRAS SEMANA, ACASO MES TRAS MES, HASTA ENTREGAR LOS RESTOS DE SU CARGA EN EL MAR MÁS REMOTO, APENAS MUSITADO, CON DESTINO FATAL A KOLIMÁ. A Vitali Chentalinski Después, todos los días me pedían: «Recítenos alguna cosa más!»… NINA GAGEN-TORN

La estepa te rodea, Nina Gagen, la estepa nos rodea De cuna a cuna helada nos rodea Sin límites, helada, la estepa, Nina Gagen Y no hay noche pascual ni amanecer tangible Hacia el rumbo insistente, sin límites, helado En tu vagón de harapos y ganado humeante

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En la paz auroral de los blancos metales Liberada por fin de tus torturadores De camino hacia otros Navegando la tierra de la muerte hecha tierra Hecha niebla, hecha llaga y mar petrificado En el plomizo instante saturnal del odio Larga noche negada, sin nombre, sin cronistas En la gloria secreta de tu vagón ritmado Que no recordarán tus carceleros No nacidos aún o apenas si nacidos En Milán, en París, en Barcelona De desdén laureados Pero ahora alguien tose, alguien llora, alguien canta Alguien callado abre Las altísimas puertas de su lenta agonía En la paz entre cunas del mar petrificado Abrazado sin fin de estepa en la negrura Sin voz y deslumbrante de horizontes helados

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Y ahora, como entonces, el fuego de la vida Blanda, imperiosamente, te sigue cabalgando Los pálpitos antiguos de todos los lenguajes La entraña de poemas que respiras Los poemas que escandes Sobre el lamento helado y la tos insistente Sobre la muerte sucia y el silencio futuro De todos los profetas laureados No nacidos aún o apenas si nacidos Como si en tus poemas, dulce Nina, las luces Clara estepa abrazaran Con dones inflamados Y oíd que los desnudos, los sin voz, los sin causa Las montañas de muertos a gritos lo proclaman Este poema mío que te dice y rescata Este poema tuyo que su camino traza Sobre el plomizo instante saturnal del odio Por honda estepa de piedad en llamas.

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ÍNDICE A propósito de Zona cero, POR RAMÓN ANDRÉS

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I Más allá del temido portón…

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La Taula

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Transfiguración de Julia…

21

Un sucio atardecer…

23

Zona Cero

25

Brea

27

Propuesta de brevísima coda…

29

Alea iacta est

31

Algunas pocas cosas…

33

La canción

39

Imposible respuesta a…

41

Leve tarascada versicular…

43

Fin de siècle

45

Los poemas

47

II


III La ruta de Occitania NOTAS PARA DESPUÉS DE LA LECTURA

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Este libro se imprimi贸 originalmente en Vic, en septiembre de 2003. Se ha reimprimido en Tordera en julio de 2014.


Zona cero  

Libro de poemas de José Luis Giménez-Frontín

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