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EDITORIAL (corrección 3) Desde el año 2007, comenzamos a trabajar en nuestro Centro de día Psicoanalítico # 4, en la así denominada por Jacques-Alain Miller, la “práctica entre varios”. Uno de los objetivos propuestos fue el de realizar un pasaje desde nuestra experiencia , al ras de la clínica, plasmándola en una publicación. Seis años después nos ha sido posible dar una cierta forma a aquello que nos planteábamos desde un comienzo: una transmisión a través de la escritura. Varios fueron los movimientos operados para que esta partitura cristalizara, movimientos de pasar de una orilla a otra, contando con la presencia inextinguible de un hiato entre ambas, imposible de cerrar. Antes de llegar a la otra orilla, cada uno de nosotros, se detenía o proseguía , dando cuenta de los efectos de aquello que nos había marcado en nuestra experiencia . Efectos de marcas singulares de una experiencia que no sabíamos si suficiente, si extrema, si inconclusa o todas ellas ensambladas, admitidas, anudadas. En nuestro trabajo aún somos jóvenes. La práctica entre varios nos sigue produciendo enigmas, al igual que las psicosis mismas. La invención de estrategias no concluye. Cada día elevamos nuestras voces para considerar al sujeto, más allá de la ironía que su locura le produce, en su dignidad de ser hablante. En el sofisma del tiempo, Lacan nos señala con claridad tres momentos. Tiempos que nos ha sido posible delimitar dentro de nuestro trabajo. Nuestro instante de ver ha sido aquel en que captamos , desde nuestro trabajo que nos sería posible traducir los enigmas de las variedades clínicas que surgen en nuestra práctica para nuestros lectores. Es posible realizar esa traducción? Al igual que en las traducciones, la posibilidad de lo literal quita la poesía que la transmisión debe producir. El instante de ver es un momento único e irrepetible. Es el instante en que tomamos la decisión de dar cuenta a otros de nuestro trabajo sostenido por la orientación de Freud, Lacan, Miller. El tiempo de comprender, es el tiempo de la política, una política que es siempre paradojal, en tanto deviene una producción de la falta , de la falta propia la del analista fundada sobre la propia falta en ser y la acción psicoanalítica que es una acción desde el inicio “fracasada. Cada día, en nuestra cotidianeidad encontrarnos cada vez con el delirio como una defensa contra lo real ,la violencia del golpe de puño contra un vidrio, la urgencia , el pasaje al acto. Nuestro pan cotidiano es trabajar con aquél que considera que el simbólico es lo real, trabajar con aquél cuyo imaginario y real van ensamblados, luego ¿cómo sería posible enseñarlo, trasmitirlo?

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Nuestra revista nacida hoy, representa también una práctica entre varios, virtual. Hemos recorrido hasta aquí un camino, hemos tenido nuestro instante ver, el tiempo de comprender y la prisa por concluir en un producto momentáneamente virtual. La prisa por concluir es ese tiempo en que, parafraseando la última frase de Lacan en La dirección de la cura y los principios de su poder, la pluma puede detenerse en cualquier instante, suspendida en el aire, en el espacio de un lapso. Nombrar la Cosa, tampoco fue sencillo. Cada momento de encuentro producía un inventario con una pregunta ¿qué nombre nos representaría en la amplitud de tareas que realizamos, el ritmo de los cursos, el espíritu de los ateneos de cada semana? Cada una de las palabras encontradas ofrecían un borde, un límite, algo que nos dejaba entrampados sin conseguir desembrollarnos. Mezclados en desvíos, contradicciones, pérdidas, afanes,¿ cómo hacer un proyecto posible? La producción se tornó colectiva hasta el instante en que una frase resonó de una manera particular en el medio de nuestros vaivenes: “El vuelo de una pluma”. Era una frase simple que había sido dicha para representar, imaginariamente, qué podría desbordar, desencadenar, despatarrar, extraviar aún más, si fuese posible, la psicosis. El vuelo de una pluma era el simbólico elegido como frase que indicaba a su vez, lo real propio y singular de un sujeto algo intangible, liviano, etéreo, indefinido, laxo, un divino detalle. La frase entera es casi una homofonía, cada vez que ponemos bajo la pluma, significantes que corren como al vuelo, metonimizados como la bobina del fortda freudiano, sólo que sin el hilo que los sostendría. También indica esa época barroca de la vieja estilográfica en la cual usábamos la pluma para escribir y donde, de puño y letra, surgían nuestras figuras “poéticas”. Nace hoy “El vuelo de una pluma en un momento de la madurez clínica, epistémica y política, aunque seguramente insuficiente, inconclusa, extrema y expresar así nuestro quehacer. Al contrario de la contingencia, de las aventuras y los azares, “El vuelo de una pluma” es una necesidad instalada en nosotros y un gesto explícito, abierto, expansivo hacia otros. Efectos de nuestra enunciación, nuestra pluma comienza a correr hoy ante ustedes, los lectores Rosa Edith Yurevich

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El vuelo de una pluma - Editorial