Page 1

LISTADO DE MIEMBROS DE LA ORDEN DEL FENIX

Coyo-t Elizabeth Tonks Elodia Riddle Sally Sigel

Elvis F. Gryffindor Ishaya Riappi Curumo Sonofmordor Niko Uzumaki

Darla Potter Black Ed Browsler Evans Luna Peverell Granger Marcellus Allan Sara Weasley Thiago Gryffindor

Carlomagno Malfoy Cye Lockhart Gerhard Fined


Harry Sirius Potter Blue Hedwing Lucas Dumbledore Mey Potter Black Nathaly Weasley PaigeRose_Granger

Adrian Wild Annick Black Bel Blackwood Belu Snape bodrik Boss Elessar Datura Ginn Potter Black Goderic Slithering Nexo Peverell Sara Aymerick Sheila Longbottom Sol L. Black Sophie L. Granger D. G. Zarco Bulche Haigh

A. Christine Silver aime Alma A. Miranda De Lafitte Brardolla Black Diego Weasley Elencapuchado James Potter Evander Haughton M. Haugran Galedra Anprina Dumbledore Ravenclaw Gitax Crouchs Weasley Gonzalo Snape Illidan Black Lestrange JĂŽldael V. Lewis-Dumbledore Jota Nessaj Haughton Karla Evans Crouchs Kevin Haughton Kia Asamiya Granger Kratos Evans Kris Gryffindor


Leshia Dolohov Triviani Loonyk Weasley Lunatica Lupin Evil Wonka Lyra Katara Ryddleturn Matt Blackner Meryen Nathan Luke Weasley Nefertaris Pad Reena Regina Rick Wright Rikatra Robin Dumbledore Seba Granger Shelle Dumbledore B.L Shirei Silverlyn Sunar Potter Black T. Turmalina Weasley

V

TORRE ABADDON

aya día para conocer la cárcel de la Orden… pensaba Neter mientras sus pies apenas y alcanzaban a moverse y tenía que dar grandes y fuertes arcadas para caminar sobre la espesa capa de nieve que cubría todo los terrenos de la orden de este a oeste.


¿No era suficiente tener que cruzar un bosque entero con árboles tan grandes que la hacían sentir como una hormiga? ¿Además, tan mala era su suerte que una tormenta de nieve había caído horas antes dejando todo bañado de blanco? Casi le había caído una rama encima y aplastado como una galleta, ya que la luz no alcanzaba a filtrarse adecuadamente por la altura de la vegetación, era como estar en el estómago de un animal, húmedo, oscuro, incierto… y ahora frío. ¿Acaso el paraíso perdido de los gigantes tenía plantas de este tamaño? ¿Se comparaban las anchas y enormes puertas del Valhala con los pinos que le rodeaban? Movió la cabeza negativamente, no era momento deponerse a divagar. Así que concentró todas sus fuerzas en no quedar estancada en la nieve contemplando el hermoso y aterrador - en su belleza misma - lugar en que se encontraba. Su capa de viaje que era lo único visible de su vestimenta - estaba manchada de escarcha en su parte baja, y hacía un claro sonido de arrastre – al igual que sus botas - al chocar contra la nieve en un intento de abrirse paso. La capucha cubría su cabeza y mantenía su cabellera a salvo, aunque pensándolo bien, no se notaría para nada los copos blanquecinos, el color de su melena era blanca plateada, no habría mucha diferencia. Sonrió ante este pensamiento y siguió caminando como si nada, clavando sus ojos azules como dos zafiros en el camino bajo sus pies… Aunque pensándolo bien ¿No estaba el camino oculto tras tanto blanco? Suponía que le guiaba su instinto. El viento frío le golpeaba el rostro aunque no se inmutaba en lo más mínimo, no lo sentía, tanto era así que ni guantes usaba, su piel era cada vez menos sensible a los cambios del clima. Posiblemente, el bosque era una medida de seguridad para que los curiosos no dieran con la cárcel con tanta facilidad y los que pretendieran allanar sus paredes o escapar no tuvieran una vía libre para volar, ya que sólo los miembros de la Orden sabían cuál era la única entrada por vía aérea para acceder. Está de más decir que dentro de los límites del bosque no se podía aparecer o desaparecer. - Bueno, todo sea por la Orden... - se repitió a sí misma por enésima vez luego de haber aterrizado en un claro. Era raro… no solía usar escoba para viajar. Pero bueno, uno tiene que adaptarse a todo. Al fin, en el corazón mismo de la verde naturaleza - la cual por cierto se encontraba al oeste de las demás edificaciones de la Orden - vio el objeto de su peregrinar Ante sus ojos se alzaba, con la punta dirigida al cielo, una alta y gloriosa torre con sólidos muros de granito negro como la noche misma. Tan brillantes y pulidos que destellaban tanto que servía de señal para que los miembros no se perdieran entre la espesura. Toneladas y toneladas de piedras acomodadas de tal forma que formaban una gran y majestuosa espiral interminable con ventanas en cada tramo, su forma le recordaba a una


serpiente enroscada en un árbol, casi podía ver el movimiento del reptil, cómo queriendo llegar hasta la cima y tocar el cielo, un roce con lo sagrado... - Como una gran pitón negra que engulle a sus víctimas en un abrazo fatídico - alcanzó a murmurar en su asombro - La Torre de Abaddon ciñe sus paredes contra los que intenten sembrar el caos y la muerte... Al alzar la vista hasta la cima el movimiento de unas manchas blancas la dejo clavada dónde estaba. Tres dragones blancos se encontraban en la cima - imaginen si en la cima, la parte más angosta de la estructura, caben tres dragones ¿Qué tan grande es lo demás? - acostados como si nada, extendiendo sus alas y moviendo su colas. Vigilando. Debía de admitir que eso no se lo esperaba. Ni corta ni perezosa corrió tan rápido como podía para poder entrar al recinto, siguiendo una calzada decorada con estatuas de fénix de gran tamaño y de color rojizo, parecían casi vivos. Es necesario decir que sólo aquellos que conocían la contraseña podían entrar, pues a ambos lados de las descomunales puertas de plata maciza, se encontraban un par de esfinges una a cada extremo de la puerta y cerca de ellas dos quimeras. Hermosas, griegas al parecer ya que el perfil de sus rostros y la diadema sobre sus rizos grises de piedra así lo delataban. Las dos esfinges le miraron a los ojos, luego intercambiaron una mirada entre ellas y las quimeras y le cerraron el paso, clavando sus garras sobre el piso de mármol mientras que las quimeras le mostraron sus dientes amplios. Una de las esfinges, la de la derecha cuyo nombre estaba inscrito en su pecho y se hacía llamar Justicia, pregunto con su profunda voz, mientras la otra – cuyo nombre era Libertad - permanecía atenta en clara señal de ataque, al igual que sus dentudas compañeras con cara de hombre. Neter dijo la contraseña y todos relajaron su porte, las grandes puertas dobles se abrieron y las criaturas volvieron a colocarse a ambos lados de la entrada, sentadas y mirando al frente, como un grupo de estatuas decorativas… ¡Vaya estatuas! Entró con paso firme, recorriendo el vestíbulo para encaminarse hacia la escalera doble de caracol que era la única forma de acceder a los demás pisos y era custodiada por un par entes luminosos con la forma de lobos. Los Guardianes Blancos, seres capaces de volar y electrocutar con sus manos si así lo deseaban ya que eran energía pura. Al verse rodeaba de ellos tuvo que alzar su varita y aparecer la imagen del fénix entre chispas para luego darles el papel que autorizaba su entrada en aquel recinto. Pasillos y pasillos llenos de celdas con fuertes barrotes hechos de luz misma, mucho más efectivos que los comunes barrotes de metal y mucho más difíciles de atravesar ya que quemaban al contacto produciendo graves quemaduras en la piel.


En medio de los corredores, grifos custodiaban las celdas, pero aquellos seres no eran como los demás de su especie, sino que eran criaturas místicas con la capacidad de razonar y hablar, realizando esa labor junto con otros Guardias Blancos. Cada piso era más angosto que el anterior, las paredes gruesas daban a entender que se necesitaba de potentes hechizos para hacer siquiera un hueco en ellas. Satisfecha, hizo su camino de regreso a la entrada y salió. Las estatuas me miraron al pasar a su lado, cómo escaneando mi mente para saber si era yo la misma persona que había entrado y no una impostora. La esfinge llamada Libertad asintió con la cabeza y por lo tanto la dejaron seguir como si nada. Si una persona que hubiese ingerido poción multijugos intentara engañarlas terminaría en las fauces de las quimeras, eso era seguro. El viaje de Neter había terminado, y no dispuesta a volver a caminar, sacó su escoba de entre el bolsillo multiusos de su capa y con un golpe seco contra la nieve, se elevó, aun con las ramas obstaculizando su visión podía maniobrar, si bien era peligroso, debía de hacerlo con mucho cuidado. En las ramas altas notó algo que antes había pasado desapercibido para sus ojos. Centauros con arcos escondidos entre los huecos de los árboles le miraban, eran claramente arqueros expertos. Si no le atacaban era porque nadie les había dado señal para hacerlo. Las sorpresas no terminaban, pero siguió su camino hasta llegar a la entrada entre las copas de los árboles por la que había llegado. Y entonces se dirijió hacia el cuartel. ¿Por qué no utilizó antes su escoba en vez de caminar por el bosque y ahorrarme tiempo? Preguntarán. Porque necesitaba reconocer el terreno y detectar las posibles trampas ocultas en medio del bosque para evitar las fugas, aunque no hay nada a ras del suelo, es imposible salir del bosque a pie. Sólo una entrada, sólo una salida, por un solo medio de transporte. ¿Quién osara intentar escapar?

•~~~~~~~~• •~~~~• •• Los Mortífagos deberán rolear que sortean las siguientes defensas/obstáculos: 1. - Que averiguan la ubicación de la Torre Abaddon. 2.- Los centauros con arcos (en el trayecto). 3.- Dragones blancos (en los alrededores). 4.- Esfinges y Quimeras (en la entrada). Deben averiguar cual es la contraseña que cambiará según los guardianes la roleen, sin ella es imposible entrar. 5.- Guardianes blancos (dentro de la cárcel). 6.- Grifos parlantes (en los pasillos cerca a las celdas).


Orden del Fenix  

Miembros y Torre