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2 • especial

VIERNES 7 DE JUNIO DE 2013 EL TRIBUNO JUJUY

» PERIODISMO EN CARNE PROPIA

Herramientas del trabajo A Una pequeña gran historia de la construcción de El Tribuno de Jujuy en momentos difíciles para los periodistas.

RICARDO MARTINEZ

ElTribuno Jujuy rmartinez@tribujuy.com.ar

Con los codos de la bronca y la tristeza apoyados en una mesa del Toboso, las vi entrar contentas como si hubieran juntado las monedas que hacían falta para salir adelante por lo menos un día más con el diario. Inés B. y Cecilia R. vieron mi cara y se apiadaron. - ¿Qué pasa amigo?

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CALLE BELGRANO EN ESTA CUADRA, SOBRE MANO DERECHA ESTABA EL PRIMER LOCAL

Sin decir una palabra, saqué la carta documento y leyeron mi cese. -Otra vez mi her ma na se de jó apretar por los canas. Si siguen así,

van a querer que se vayan todos. Espera que ya volvemos, se indignó Inés. Alrededor de una hora retornaron

y resuelta me dijo: “vos seguís trabajando”. Ninguna tarea laboral se puede llevar adelante sin amigos. Los amigos del alma. La profesionalidad (de profesar), no se nutre del oportunismo, del compinchaje, la complicidad, de las acechanzas, aunque a veces este tipo de conductas se cruzan y hay que estar alertas. Por suerte los tengo y hay algunos que ni saben que soy su amigo. A mediados de la década del 70 y la primera parte de los 80, antes del advenimiento de la constitucionalidad, los rasgos de la amistad fueron valorados por hartos motivos: uno de ellos el espíritu solidario de aquellos que se reconocían pares en largas o momentánea desgracias. Había cumplido los tres meses de prueba en el diario que me dio amparo laboral gracias a un simple trámite de Luis Alberto Wayar, por entonces jefe de Redacción, quien casi me ordenó: “comenzá el lunes”. Y el diario se convirtió en el primer hogar seguro y me hice la promesa que no había que aflojar para ser los primeros. Estaba golpeado por dentro y por

fuera. La dictadura de aquel entonces fue feroz con los que no bajaban los brazos ni las ideas y había que “estar en el mundo”: fácil para los que pensaban como ellos, pero no tanto para los de afuera. Había concluido la jornada y antes de abandonar la redacción alguien que se animó o al que obligaron, me entregó una carta documento en la que me informaba que cesaban mis servicios tras los meses de prueba y me dije : otra vez a empezar. (Ya me había pasado con la docencia dejándome cesante, y como no tuvieron valor para entregarme el telegrama en 1979, me lo hicieron

el dato “Y el diario se convirtió en el primer hogar seguro y me hice la promesa que no había que aflojar para ser los primeros”.

llegar cuando ya estaba fuera del país). Luego, la democracia inicial me devolvió el cariño por mi cartón. Agarré mis cosas, salí caminando Belgrano arriba, estábamos en el antiguo edificio del recordado hotel Ritz, me acordé de un poema de Vallejo y me fui a sentar en un sillón de Toboso, donde comencé el capítulo definitivo en el diario con la compañía de dos “amigas del alma” y ya pasaron 33 años.

Esp070613 002p  
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