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Lo que hay frente a mi Microrrelatos del recuperador urbano


Lo que hay frente a mi Microrrelatos del recuperador urbano


Los cuerpos son lugares de existencia Jean Luc Nancy

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Un Proyecto que cobija y propone cambios Lo que tengo frente a mi: Micro relatos del recuperador urbano es una propuesta creada por Matilde Marín, que pretende brindar un escenario de producción interactiva donde convivan múltiples lenguajes artísticos enfocados bajo una perspectiva socio - ambiental y de desarrollo cultural demarcada dentro del Distrito de las Artes. El proyecto otorga participación directa a los actores sociales que protagonizan el proceso de recuperación y reciclaje urbano a través de testimonios seleccionados involucrándolos en actividades creativas y educacionales. La iniciativa propuesta por Marín tiene la intención de crear plataformas de reflexión sobre las formas de organización de residuos. Para ello, Marín promueve el cruce de experiencias artísticas vinculadas a esta nueva figura que se erige como eje importante de la recolección y reciclaje de residuos, hoy entendido oficialmente como recuperadores urbanos activos (Ley de Higiene Urbana, contratos 2014).

El equipo de trabajo que acompañó a Matilde Marín en este proyecto cuenta con textos de Mercedes Urquiza y Laeticia Mello, edición de video Daniela Muttis, diseño gráfico y registro fotográfico Vanesa Trosch y Andrea Ferrarazzo, Jimena Fuertes y Paula Toto Blacke dentro del programa de educación Arte y Reuso.

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Un refugio para la tempestad LAETICIA MELLO

Hoy día, son pocas las veces que nos dejamos sorprender por un carro colmado de cartones y botellas de plástico plegadas detenido afuera de nuestras casas. Tampoco nos llama la atención ver un hombre o mujer empujando con todas sus fuerzas lo que pareciera ser un manto de protección y esperanza móvil. Ya no los observamos con aquellos ojos de tristeza y decepción con los que nos deteníamos allá por el 2001 cuando comenzó la crisis que sobrevino con importantes consecuencias sociales y morales, perdurando durante los próximos años.

Hoy, reconocemos a esos hombres y mujeres como trabajadores, como una nueva figura que consiguió insertarse en el sistema económico, a partir de una elaborada trama de actividad de disposición de residuos, en la actualidad reglamentado por Ley de Higiene y conocido bajo el nombre de recuperador urbano.

Pero es importante recordar aquel extenso proceso surcado por múltiples cambios. En el marco de un país inmerso en la inestabilidad económica, el fenómeno del corralito, la inflación y feroz recesión; el trabajo de recolección brindó una posibilidad de ingreso y refugio al desempleado y la figura del indigente quien evoluciona en un trabajador capaz de comercializar desechos a través de un código de distribución. En este contexto, muchas de las personas que se ocupaban en distintas actividades u oficios en un circuito informal laboral, comenzaron a volcarse hacia el trabajo de la recolección. Esto resultó posible debido al fácil acceso y rutina que supone recolectar materiales, una actividad que no requiere un capital económico inicial y que es posible emplazarla en cualquier momento. La recolección entonces, se convirtió en una estrategia de supervivencia.

Este proceso despertó el interés y financiamiento por parte del Gobierno de la Ciudad, también de diferentes empresas, organismos estatales y actores sociales que posibilitaron la transformación de una actividad marginal en una actividad social, productiva e integrada a nuestro sistema económico. Este nuevo paisaje urbano que se abre cada vez más lugar con el crecimiento de las peripecias políticas de las cuales somos remitentes diarios, es el principal interés no 13


sólo de sociólogos, economistas, y antropólogos, sino también de artistas quienes en el marco de este nuevo contexto, se han ocupado de registrar a través de imágenes, testimonios, y objetos este desarrollo.

Entre ellos, se ha destacado el discurso plástico de la artista Matilde Marín. Una profesional de gran trayectoria en el campo de las artes visuales, reconocida por sus fotografías, foto performances y videos, disciplinas a las cuales se dedica con exclusividad desde hace más de 20 años en su estudio en el barrio porteño de San Telmo, perteneciente al Distrito de las Artes. Marín ha dedicado buena parte de su carrera al desarrollo de ambiciosos proyectos educativos, seminarios, clínicas y talleres para artistas, en diversas Universidades de Argentina, Santiago de Chile, Colombia, Brasil, Puerto Rico, Barcelona, Estados Unidos y Japón; donde generosamente ha compartido sus prácticas y saberes. El proyecto que nos ocupa, no es la excepción. Marín propone a través de él, ofrecer un espacio en conexión con las artes. Buscando comprender y explicar las actividades desarrolladas por los recuperadores urbanos a partir de entrevistas, videos, actividades y una nueva Serie de fotografías de carros, que posibilitarán un mayor entendimiento para el cruce de estas plataformas socio- culturales. EL HOMBRE VIVE DE SUS HALLAZGOS Y SUS COSECHAS

El primer trabajo de Marín vinculado a la figura del cartonero fue su Serie Bricolage Contemporáneo (2002-2014), un proyecto que toma el nombre a partir del concepto abordado por el antropólogo Lévi-Strauss en su obra El pensamiento salvaje (1962). El autor designa el término bricolage como la construcción de lo que le permite al hombre, en el alcance cercano, un modo de comprender y controlar la realidad circundante. El texto propone una reflexión sobre los patrones característicos del pensamiento mitológico y afirma que el hombre en el acto de la recolección, utiliza los materiales disponibles en su entorno, con el fin de resolver nuevos problemas; el hombre del pensamiento Lévi-Straussiano vive de sus hallazgos y cosechas. Marín re significa el concepto de bricolage y lo actualiza proponiendo a su vez, que el hombre contemporáneo vive también de los hallazgos, pero de una recolección y reciclaje urbano. Este pensamiento impacta en el concepto de su obra, y la convierte en protagonista de video performances y fotografías, donde ejecuta un acto de recolección en esta ciudad de supervivencia como documento social. En la Serie, Marín acoge en sus manos, panes, cartones, frascos de vidrio, bolsas, ramas y alimentos como un bricolage urbano. La metodología de trabajo para estas imágenes es significativa para la construcción de la narrativa. La artista parte de bocetos y registros que se organizan bajo un guión que indica el relato y el carácter técnico de la toma. La artista encuadra y define, durante el proceso cada fragmento que conformará la narración. Los retratos se delinean sobre un fondo negro creado a partir de efectos de

oscurecimiento periférico y acentuación de la iluminación que bañan y destacan las manos que contienen los objetos realzando el poder estético, logrando conservar en tiempo real la propia acción de la recolección.

Marín ejecuta entonces, como símbolo y reflexión de lo que ha observado bajo la poesía del bricolage: “…Lo propio del pensamiento mítico, como del bricolage en el plano práctico, consiste en elaborar conjuntos estructurados utilizando residuos y restos de acontecimientos. Odds and ends, diría un inglés, o, en español, sobras y trozos, testimonios fósiles de la historia de un individuo o de una sociedad…” Claude Lévi-Strauss, “ La ciencia de lo concreto” 1962. EL CARRO DE MANO: SUSTENTO Y AMULETO

Argentina, Colombia, Chile, España, Camboya y Vietnam son algunos de los sitios donde Marín ha documentado el creciente protagonismo de los carros de mano bajo las particularidades de cada contexto social. Para ello, la artista recorre exhaustivamente las ciudades, buscando las huellas y rutas de los recolectores en su afán de sustento. A partir de esta investigación, Marín comienza en el año 2002 la Serie La Necesidad, la cual continúa desarrollando hasta la actualidad enmarcada en un work in progress. En esta Serie, la figura del cartonero y su carro de acarreo son la temática central en una cuidada selección de fotografías donde la artista busca aislarlo del rol marginal al que es asociado recurrentemente. En estas fotografías, los carros o vehículos reacondicionados para cumplir la función de traslado, se transforman en elementos de una estética y carga simbólica inusual. Marín observa que sus usuarios los objetualizan, ornamentan y re significan, otorgándoles un valor totémico. Tal hecho convierte a los carros no sólo en móviles funcionales, sino que también se convierten en ¨tesoros¨ de la ciudad llenos de identidad. En este trabajo de gran desarrollo y arqueología urbana, Marín explora la frontera entre el espacio de arte y el espacio de lo no-arte como una poética de reunificación social; permitiendo una profundización, interés y reconocimiento del rol de los recuperadores urbanos dentro del campo cultural y artístico.


Microrrelatos: De la calle al galpón MERCEDES URQUIZA

Los miembros de la cooperativa El Trébol aseguran que todos hacen de todo, que nadie le quita nunca el hombro al trabajo, ni deja que un compañero sude de más. Pero, ya sea por formación, por edad o por personalidad, cada uno ocupa un lugar en el engranaje diario. Acá están, en sus propias palabras, sus historias, sus luchas y sus esperanzas. Individuales y colectivas al mismo tiempo.

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Mi nombre es Laura, Laura Graciela Vázquez, tengo 46 años. En la cooperativa estoy trabajando hace un año y dos meses.

Acá lo que hacemos es reciclar los materiales que se traen de la calle y vamos separando las cosas, por ejemplo las bolsas de consocio de materiales secos. A veces viene materiales secos a veces vienen mojados… y bueno, vamos rescatandA veces vienen materiales secos a veces vienen mojados… y bueno, vamos rescatando materiales como vasitos de yogurt, las botellas de gaseosas, el cartón por un lado, vamos embolsando… y bueno, una vez que esta todo tengo otra compañera que seca las etiquetas de las botellitas de champú, de yogurt… y bueno, vamos juntando en un bolsón, juntamos una buena cantidad… y bueno, después se vende.

Antes de trabajar acá salía con un carro. Salía a la calle y lo único que recolectaba era cartón, diario y revista… y después, las otras cosas no… no sabía que servían, no tenía noción de lo que estaba haciendo. Yo vivo en Villa Soldati. Acá vengo de lunes a viernes, entramos a las siete y media, desayunamos y ocho y media, nueve ya empezamos a hacer las tareas. Cada una empieza a reciclar hasta más o menos las doce o una, que está el almuerzo y tenemos descanso. Después seguimos, hasta las cinco y media. Prefiero estar acá que salir con el carro, porque era mucha la caminata. A veces no había nada, a veces había… y bueno, prefiero estar acá. No será mucho lo que gano, pero es un subsidio de 4.500 pesos. A veces necesitamos algún adelanto y pedimos… y bueno, prefiero estar acá.

En la calle hay gente que a veces te molesta. Por ejemplo, yo salía con uno de los chicos míos… y bueno, a la gente a veces le molestaba eso. Pero yo no tenía donde dejarlo a mi nene. Empecé en la calle porque tenía mucha necesidad y no tenía trabajo. Tenía una pareja que no me dejaba trabajar, pero al final tuve que salir a buscar para la comida de mis hijos. Tengo 11 hijos, el más chico tres trece y la nena tiene catorce. Van a la escuela allá en Soldati.


Soy Patricia Anís y tengo 41 años. Yo nunca trabajé antes de esto. Hace dos años que estoy acá. Tengo 4 hijos y Daniela, la mayor, que tiene 22 años, trabaja conmigo acá.

Yo trabajaba de ama de casa, por hora cuidando chicos. Después me separe y por un conocido de un vecino me había enterado que había una cooperativa y le dije que si podía darme trabajo. Y ahí empecé a trabajar acá. Pero no sabía nada de esto. Ahora soy la que más tiempo lleva acá y fui aprendiendo. Eso me ayudó para yo luego poder ayudar a los compañeros para que hagan las cosas bien. Pero trabajamos todos por igual, no es que porque yo esté de encargada no me ponga a separar. Nos vamos organizando y rotando, no es que todos los días hacemos lo mismo… al suncho, al soplado, a separar las botellas por color, las blancas de un lado, las verdes de otro lado… están las lavandinas, los vasitos de yogurt…

Yo no trabajé en la calle, todo lo que sé lo aprendí acá. Ellos me fueron enseñando porque yo no sabía nada de esto.

En mi casa separamos la basura, lo mismo que hacemos acá. Ya sabemos, ya tenemos experiencia, entonces ya separamos todo, ponemos en una bolsa lo húmedo y en otra lo seco. No lo traigo para acá porque vivimos muy lejos, nosotros somos de capital y estamos trabajando acá en provincia, pero no somos los únicos hay cooperativas cerca que hacen lo mismo y uno que ya tiene experiencia en esto ya sabemos cómo sacar la basura, entonces como que hacemos también un peso menos a las otras cooperativas que pasan a retirar las cosas.

La gente es como que todavía no entiende bastante lo de reciclar. Ahora que hicieron puntos verdes como que se organizó más, no viene tanta basura como venía a lo primero. Ahora ya te separan las botellas, no te las separan por color, pero te las separan las de vidrio por un lado y las de plástico por el otro.


Soy María del Carmen Carranza, soy de la cooperativa El Trébol, tengo 63 años. Mi trabajo es hacer mantenimiento y ayudar a reciclar y separar el papel blanco, el cartón, todo lo que traigan los chicos.

Trabajo acá hace un año y medio, antes tiraba el carro y juntaba cartón en la calle. Pasé más o menos cinco años tirando el carro. Era salir a la noche o a la madrugada a buscar cartones y diarios, después veníamos y los reciclábamos, como estamos haciendo ahora, y lo vendíamos al corralón. Vivo en Soldati, llego a la mañana, limpio los caños y limpio el frente. Después ayudo a los pibes acá adentro del galpón a reciclar. Soy encargada de la limpieza. En Soldati vivo con mis dos hijos y estoy separada de Hugo, mi ex marido. Una vez que me separe de él tuve que empezar a luchar sola, para defenderme y mantener a mis hijos. Así fue como agarré el carro y salí a la calle. Sigo teniendo mis carros enfrente de mi casa. Solía salir desde las siete de la tarde y hasta las doce de la noche, pero ahora ya no, porque yo me siento muy cansada, demasiado trabajo tengo acá. Ahora estoy mejor. Pero cuando tuve que salir con el carro lo hice porque la vida es dura y decidí defenderme sola. La calle no me daba miedo. Nunca me pasó nada malo cuando estaba con el carro y mis pibes todavía andan por la calle en la ciudad. Yo salía sola y gracias a Dios nunca pasó nada.

Hola, me llamo Ricardo, tengo 32 años y soy encargado de logística. Me encargo que la gente haga el recorrido, que vaya hasta los consorcios a buscar la mercadería… tenemos dos camiones haciendo el recorrido, tengo gente que está aprendiendo a hacer recorrido, les enseño y les hago un listado para que ellos vayan buscando lugares… la gente nos da mercadería… todos los días la misma vuelta, de lunes a viernes.

Yo me encargo que los chicos a la mañana puedan salir con el camión. Tenemos que tratar de mantener limpio el camión y que los chicos tengan la oportunidad de hacerlo solos, que aprendan directamente ellos a hacer el recorrido. Luego traemos los bolsones, los descargamos, se va dividendo la mercadería y se vende. Empecé a cirujear a los 12 o 13 años, no me acuerdo bien. Salía con mi padrastro y, a veces, con mi tío. Salíamos con los carros. Ibamos lejos, buscando lugares donde había mercadería. Antes había mucha mercadería, ahora en la calle ya no encuentra nada, no es fácil ahora salir con el carro. Me gusta más trabajar de esto que en la calle. Ahora hago las cosas mejor, controlo todo, me dedico a que los chicos aprendan, que hagan las cosas bien, sino me retan a mi directamente.

Hace un año y medio que estoy en la cooperativa. En los últimos tiempos las cosas cambiaron mucho. Ahora se ponen muchas más cooperativas para que la gente se dedique más a las cooperativas y no salga tanto a la calle. Quise terminar la escuela. Hice tercer año y pasaba a cuarto, pero me quedaba muy lejos y lo corte. Iba un colegio allá en Boulogne y cuando me vine para estos lados a vivir ya no pude ir más, me dedique a trabajar.


Yo soy Marcos Juárez, trabajo manejando el camión, haciendo el recorrido de la cooperativa. Yo también vivo en Soldati y hace un año que estoy trabajando acá. Me gusta mi trabajo en el camión, haciendo el recorrido todos los días. El recorrido es en La Boca y en Barracas. Pasamos a recoger por los consorcios de los edificios y traemos lo recolectado, todos los días.

No tenía trabajo y en el año 2005 empecé a trabajar en la calle. Conocí a un amigo y empezamos a trabajar con un carro. Salíamos de noche, hacíamos un recorrido por la zona de Parque Avellaneda. Hacíamos la recolección de la basura con carro y descargábamos en un volquete que está cerca del lugar. Ahí, mientras uno seleccionaba en el volquete, el otro se dedicaba a salir a la calle a recoger edificio por edificio, entre las bolsas de residuo. En la calle se junta todo. Fierros, diarios, botellas, papeles, todo lo que sea reciclable y cosas por las que se puede sacar plata, tanto sea un mueble como una heladera.

La diferencia entre la calle y esto es mucha. Hay veces que vos salías con el carro y el cuerpo ya no te daba más. Acá tenés un carro grande, un carro grande con cuatro ruedas y un motor, que ayuda mucho, entendés… tenés un camión donde prácticamente solo tenés que subir y bajar. Y también está la estabilidad del trabajo, que antes no tenía. Yo manejo el camión pero también bajo, cargo, voy a vender las cosas… Y si tengo que trabajar acá adentro no tengo ningún problema, vengo y trabajo acá adentro. Hay que darle una mano a los compañeros, en el camión no podes andar y poder dejar al otro pibe que está al lado tuyo que baje solo a buscar las cosas. Esto es una cooperativa de trabajo, somos todos compañeros, no me puedo sentar al volante del camión y manejar nada mas, mientras veo que mi compañero transpira abajo. Salimos los tres, trabajamos los tres, es así.

Soy Jorge Armando y tengo 63 años. Acá en la cooperativa yo soy el tesorero. Los conozco a Oscar Bustos y a Roberto, de tantos años caminando la calle. De conocernos tanto tiempo y siempre trabajando con lo mismo decidimos armar la cooperativa.

Vimos que trabajando individualmente no lográbamos tener el sustento para nuestras familias. Entonces empezamos a juntarnos con gente que tenga una mirada más profunda a futuro y escuchamos que con la cooperativa se había hecho una cultura distinta, y así fue que empezamos a juntarnos y a armar la cooperativa. Yo conozco todo el proceso de la basura. Lo conozco por la calle, de haber trabajado en los pozos, en las volcaderas, en la quema… Ahí adquirí el conocimiento de todos los materiales que existen y se pueden comercializar y todo ese aprendizaje que uno viene trayendo lo aplica acá, para hablar con los compañeros, explicarles, identificar los materiales, principalmente los materiales plásticos y la manera de trabajar con ellos.

En los años 70 yo trabajaba en relación de dependencia pero no me alcanzaba como para mantener a mi familia, que es muy numerosa. Entonces empecé a trabajar también con un carro, juntando en la calle, a mano o como fuese. Yo tenía que tener el sustento para mis hijos, para mi familia y bueno ahí fue mi inicio en esto.

El riesgo de trabajar en los basureros son las infecciones. Por más que se diga que no, se siguen volcando muchos productos químicos que no se tendrían que volcar en los vertederos a cielo abierto. También pasa lo mismo, un poquito más tapado, pero se siguen tirando químicos en lugares indebidos, por ejemplo, cosas de hospitales, jeringas, todas esas cosas.

Me quedé sin padre a los 8 años y empecé a trabajar a esa edad. No fui al colegio, pero siento que tengo oficio. Fui herrero, después me dedique a la soldadura y a todo tipo de trabajo, viajando con camiones.


Hola buen día, me llamo Oscar Bustos soy presidente de la cooperativa El Trébol. Fui recuperador urbano durante mucho tiempo y luego tuve la posibilidad de poder llevar a cabo el emprendimiento este de cooperativa del reciclado, que arrancó en 2007.

Esto empezó en la crisis del 2000. Lo mío no fue por vocación sino porque quedé fuera del sistema de trabajo hasta tener una edad en la que ya no te toman en ningún lado. No había trabajo, no había nada y tuve que salir aprender el oficio de cartonero, que hoy para nosotros es oficio.

Yo soy de Mendoza, de la zona de los chacareros de San Martín. Allá trabajé 27 años en La Campagnola y un día me vine para acá. Empecé a trabajar como albañil haciendo cosas chiquitas y después entré al hospital Ricardo Gutiérrez. Ahí trabaje 7 años, hasta que la empresa que me contrataba quebró y quedamos sin trabajo. Desde entonces quedé fuera del sistema laboral y ahí me dediqué a cartonear. Sin saberlo los cartoneros éramos promotores ambientales. Nos poníamos de acuerdo con la gente, que días pasábamos, los horarios, cuanto juntábamos por semana… En los departamentos no hay mucho lugar físico, así que tenés que pasar día por medio. A los supermercados podés ir todos los días, después de la hora de cierre.

La cooperativa comienza por el boca a boca de los cartoneros. Nos juntamos con los que más estamos en contacto y nos pasamos datos para las ventas, para saber donde está el mejor precio, hacemos un asadito y planificamos donde podemos vender mejor… Y, así, sin saberlo, nos íbamos organizando. Nos matábamos trabajando y queríamos sacar más provecho por los materiales, ganar más plata. Armar la cooperativa no fue fácil. Nosotros estamos acostumbrados a trabajar en el “día a día”, generamos la plata y queremos gastarla todos los días. Y este sistema te va organizando de otra manera, a trabajar quincenalmente a trabajar mensualmente. Nos cambió un montón de cosas acá, pero es cuestión de adaptación, que eso cuesta al principio un mes o dos meses hasta que te encontrás económicamente.


Somos Héctor Smith y Carmelo Gabrioti y hace un año creamos en la cooperativa una división de orgánicos con el objetivo de desarrollar una línea de reciclaje de residuos orgánicos. Eso es lo que estamos haciendo ahora y hemos sumado un grupo de gente a partir del proyecto que nos han aprobado en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

Mi nombre es Roberto Pontarolo, tengo 45 años, y soy el secretario de la cooperativa. Acá trabajamos todos y nos ayudamos en todo, pero yo me ocupo más que nada de los papeles y las presentaciones, de conseguir recursos que nos faltan, de los sueldos y demás.

La basura orgánica es casi el 50% de lo que se produce en una familia y su transformación se hace a través de un sistema que se llama compostaje en tierra mejorada y con ese producto -que es el compost- nosotros utilizamos envases que también son de descarte le ponemos una semillita y fabricamos flores y plantas.

Yo antes era plomero y gasista, y recolectaba todo lo que era el plomo, bronce, cobre y lo guardaba. Iba guardando y una vez por año lo vendía y con lo que ganaba con eso compraba todos los útiles escolares para mis hijos, me quedaba para las cuotas iníciales del colegio, para comprarles la ropa y cosas que necesitaban.

Lo tradicional en el reciclaje de residuos es cartón, papel, metal, plástico y vidrio. Nosotros tenemos una línea distinta que apunta a reciclar la basura orgánica, tanto de los domicilios, como de las ferias de frutas y verduras o también de las cafeterías o de distintos lugares donde por ejemplo se hacen podas de arboles.

Un día lo conozco a Oscar y empezamos a hablar del tema de cooperativismo. Hablamos de la recolección de residuos, de los cartoneros y demás… En ese momento estaba la audiencia pública que fue la que terminó definiendo este sistema. Se hizo el concurso público, participamos y salimos adjudicadas doce cooperativas en toda la ciudad.

Esta es una prueba piloto, dentro de un concurso del gobierno de la ciudad para técnicas de innovación en reciclaje de residuos, presentamos este proyecto, fuimos seleccionados y ya estamos empezando desde el mes de febrero en el barrio Catalinas Sur. Estamos montando también acá tanto el invernáculo como el sistema de compostaje y la fábrica de plantines, y ya en marzo estamos instalándonos en el barrio.

Costó un montón armar la cooperativa: todos cartoneros, no teníamos un mango partido al medio. Había que sacar fotocopias, armar presentaciones oficiales… para poder cumplir con el concurso público gastamos diecinueve mil pesos en fotocopias nomás. Lo hacíamos a pulmón, lo que ganábamos lo íbamos poniendo, hasta que lo logramos.

El barrio Catalinas Sur tiene 38 edificios, no es un barrio cerrado, es un barrio abierto atrás del hospital Argerich. Tiene muchos espacios verdes, ya que fue pensado en su origen por arquitectos y paisajistas, pero, como gran concentración urbana, ya que son casi 15 mil personas en 8 cuadras, genera muchos residuos. Ahí, en ese segmento de la Boca vamos a hacer la experiencia piloto de reciclaje de orgánico. Este proyecto es básicamente educativo, es un cambio de paradigma que la gente comprenda la importancia de no tirar los residuos de su cocina en una bolsa común donde tal vez duerme tres días hasta que se la llevan y termina en un enterramiento que no le sirve a nadie y en definitiva contamina el medioambiente.

Cada cooperativa tiene su forma de manejarse. Hay cooperativas que tienen una forma muy similar a la nuestra, que es el recoger los residuos puerta a puerta. Hay recorridos de cartoneros nuestros que tienen más de 20 años, o sea clientes de hace más de 20 años, que nos entregan en la mano los residuos secos. En nuestra zona, que es La Boca y Barracas, tenemos 3 centros comerciales, unos 2300 edificios y casas, 8 espacios verdes y 15 escuelas. Ahora tenemos un punto verde en la plaza Colombia donde tenemos dos personas que reciben los residuos, charlan con la gente, despejan las dudas y demás.


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Uso / Reuso ANDREA CUESTA FERRARAZZO

El arte une caminos en épocas de transiciones. Uno de ellos es el que recorre desde hace mucho tiempo la Educación por el Arte; ella colabora en acercar mundos y generar prácticas artísticas allí donde no las hay. En este libro “Lo que tengo frente a mi” se resaltan distintas miradas. Una es la del artista que posa su atención en el carro del recuperador urbano y señala la transformación que sucede al recolectar y extender esa acción a una situación estética inconsciente que aproxima y transforma su elemento de trabajo en conexión con el arte. Le sigue la mirada hacia el trabajo especifico del recuperador urbano, que como describió Levy Strauss, al recolectar crea sobras y trozos, testimonios fósiles de la historia de un individuo o de una sociedad. A partir de esta nueva situación en la sociedad, y dentro de programas con plataforma socio cultural la Educación por el arte se instala y desata el desafío de generar alternativas que incorporen una práctica artística que contribuya a crear conciencia a partir de los diferentes materiales urbanos de descarte; materiales que originariamente componían la basura de una ciudad y que a través de distintos programas se ha logrado concientizar y recuperarlos en reuso.

Que esos materiales hagan un camino a través de niños de una villa de la ciudad de Buenos Aires, genera un espacio de arte, de experimentación, de conocimiento y encuentro, que cierra un círculo algo mágico, o mítico como elegiría decir Levy Strauss. Esto ha cobrado sentido en la actualidad y muchos son los artistas que han trabajado desde hace tiempo con elementos reciclables, muchas son las experiencias generadas a partir de las posibilidades que ofrecen estos distintos materiales.

El rol del artista en la fase de educación y concientización contribuye a mejorar la calidad de vida de un habitante en una villa. Es importante porque accede a la dinámica del barrio; sus producciones, sus saberes, las tareas que los vecinos hacen como medio de vida. Refuerza los mensajes de los servicios públicos como responsabilidad de todos para una ciudad mejor. Y, a partir de estos vínculos, imagina futuros proyectos en los que todos puedan formar parte permitiendo generar una trama humana…

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El Programa de Educación, Arte y Reuso de materiales recuperables funciona desde 2014 en Villa Rodrigo Bueno, Costanera Sur de la Ciudad de BA. En el marco del Área de Limpieza Frente Costero del Río de la Plata/Riachuelo-Dirección General de Limpieza – Ministerio de Ambiente y Espacio Público del GCBA. Las tareas se desarrollan en esta villa del borde del Río de la Plata, junto a un equipo integrado por vecinos – Guardianes de Rodrigo Bueno - que realizan diariamente tareas de recolección diferenciada de residuos domiciliarios. Como Coordinadora en el Territorio, Andrea Cuesta Ferrarazzo, geógrafa y planificadora urbana, desarrolló y coordinó durante años experiencias de arte, ambiente y espacio público con vecinos de villas del Riachuelo. Las artistas Jimena Fuertes y Paula Toto Blake, acompañadas por Sergio Biasotti, complementan con tareas de educación y concientización de este programa, a través de talleres de arte permanentes, que aprovechan las corrientes de residuos recuperables que la propia villa genera a diario. Invitan a la comunidad a sumarse a conocer y valorar el esfuerzo diario de higiene en barrios de difícil acceso, a diferenciar materiales, a reconocer aquellos de posible reutilización, a producir nuevas formas: útiles, interesantes, bellas.


A project that shelters and proposes What I have in front of me: Micro stories from the urban waste pickers is a proposal created by Matilde Marín, which aims to provide a scenario of interactive production in which coexist multiple artistic languages focused on a socio - environmental perspective of cultural development drawn within the Arts District. The project provides direct participation to social actors who lead in the process of urban garbage collection and recycling through selected testimonials that involve them in creative and educational activities. The initiative proposed by Marin intends to create platforms for discussing the organizing of different forms of waste. To do this, Marín promotes the crossroads of artistic experiences linked to this new figure that stands as a major hub for the collection and recycling of waste, today officially known as active urban waste pickers (Law of urban waste management, 2014 contracts).

The team that accompanied Matilde Marín on this project includes texts by Mercedes Urquiza and Laeticia Mello, video editing by Daniela Muttus, graphic design and photographic material by Vanesa Trosch, and Andrea Ferrarazzo, Jimena Fuertes and Paula Toto Blake within the education program Arte y Reuso.

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A haven for the storm LAETICIA MELLO

Today, few times we let ourselves be surprised by a trolley filled with cartons and folded plastic bottles stopped outside our homes. Nor striking we see a man or woman pushing with all his might what appears to be a blanket of protection and mobile hope. No longer we look at them with those eyes of sadness and disappointment we used to back in 2001 when the crisis that ensued with important social and moral consequences began, lasting for years. Today, we recognize those men and women as workers, as a new figure that got inserted into the economic system, based on an elaborate weft of waste disposal activity, currently regulated by Law of urban waste management and known under the name of urban waste collector.

But it is important to remember that extensive process laced with multiple changes. In the context of a country immersed in economic instability, the phenomenon of the corralito1, inflation and a ferocious recession; the work of waste collection provided a possibility of income and shelter to the unemployed and homeless figure who evolves into a worker wastes able to market through a distribution code. In this context, many of the people who were engaged in different activities or jobs in the informal labor circuit, began to turn to the work of collection. This was possible due to easy access and routine that involves collecting materials, an activity that does not require an initial economic capital and it is possible to place it in any time. The collection then became a survival strategy. This process sparked interest and funding from the Government of the City of Buenos Aires, also from different companies, government agencies and stakeholders that enabled the transformation of a marginal activity in a social, productive and integrated one into our economic system.

This new urban landscape that is increasingly opening more room to growing politics adventures of which we are daily recipients, is the main interest not only of sociologists, economists, and anthropologists, but also artists who under this new context, have been busy recording through images, testimonials, and objects that development. Among them, the production of the artist Matilde Marín has been of great relevance. A professional with extensive experience in the field of visual arts, renowned for her photographs, photo performances and videos, disciplines to which she has dedicated exclusively for over 20 years in her studio in the neighborhood of San Telmo, located in the Arts District. Marín has spent much of her career to the development of ambitious 1 Corralito was the informal spanish name for the economic measures taken in Argentina at the end of 2001 by

Minister of Economy Domingo Cavallo in order to stop a bank run, and which were fully in force for one year. The corralito almost completely froze bank accounts and forbade withdrawals from U.S. dollar-denominated accounts.

educational projects, seminars and workshops for artists in various universities in Argentina, Santiago de Chile, Colombia, Brazil, Puerto Rico, Barcelona, USA and Japan; where she generously shared her practices and knowledge.

The project at hand is no exception. Marín proposes through it, to provide a space in connection with the arts. Seeking to understand and explain the activities developed by the urban waste pickers through interviews, videos, educational activities and a new series of photographs of trolleys, which will enable a greater understanding for the crossing of these sociocultural platforms. MAN LIVES OF HIS FINDINGS AND HIS CROPS

The first work of Marín linked to the figure of the cartonero2 was her Bricolage Contemporary Series (2002-2014), a project that takes its name from the concept addressed by the anthropologist Levi-Strauss in his book The Savage Mind (1962). The author designates the term bricolage as building allowing you to man, in the near range, a way to understand and control the surrounding reality. The text proposes a reflection on the characteristic patterns of mythological thinking and states that men in the act of collecting, use materials available in their environment, in order to solve new problems; the man of Lévi-Straussian thought lives of his findings and crops. Marín re signifies the concept of bricolage and updates it by proposing that contemporary man also lives on the findings, but of an urban collection and recycling.

This thought impacts in the concept of her work and makes her the protagonist of video performances and photographs, which she runs an act of collection in this city of survival as a social document. In the series, Marin hosts in her hands, breads, cardboard, glass bottles, bags, branches and food as an urban bricolage. The methodology of work for these images is significant for the construction of the narrative. The artist sketches and records material that are organized under a script indicating the story and the technical nature of the frames. The artist fits and defines each fragment that will shape the narrative in the process. The portraits are drawn on a black background created from peripheral darkening effects and accent lighting that illuminates and stands the hands that contain the objects enhancing the aesthetic power of the images and managing to preserve the real-time of the very action of collection. Marin plays then, as a symbol and reflection of what she has observed in the poetry of bricolage: “... The characteristic of mythical thought, as the bricolage in practical terms, is to develop structured sets using waste and residues events. Odds and ends, would say 2 Cartonero is the Spanish name for a waste picker or a person who salvages reusable or recyclable materials

thrown away by others to sell or for personal consumption.


an Englishman, or, in Spanish, scraps and pieces, fossil evidence of the history of an individual or society ... “ Claude Levi-Strauss,” The science of the concrete “, 1962. THE URBAN HANDCART: SUSTENANCE AND TOKEN CHARM

Argentina, Colombia, Chile, Spain, Cambodia and Vietnam are some of the sites where Marín has documented the increasing role of the urban handcart under the particularities of each social context. For this, the artist travels extensively through different cities, looking for tracks and routes of the waste collectors in their quest of livelihood.

From this research, Marín begins in 2002 the Series Necessity, which continues to develop until now framed in a work in progress. In this series, the figure of the cartonero and his handcarts are the central issues in a selection of photographs where the artist seeks to isolate it from the marginal role so often associated to. In these photographs, trolleys or vehicles reconditioned to meet the transfer function, become elements of an unusual aesthetic and symbolically charged. Marín notes that its users objectify, decorate and re mean them, giving a totemic value. This fact makes the cars not only functional transport, but also become treasures of the city full of identity. In this work of great development and urban archeology, Marín explores the boundary between art space and the space of the non-art as a social reunification poetic; allowing deepening interest and appreciation of the role of urban waste collectors within the cultural and artistic field.


Microstories: From the streets to the barn MERCEDES URQUIZA

Members of the cooperative El Trébol assure that everybody does everything, that nobody ever takes the shoulder from work, or let a partner sweat more than what he should. But, whether by training, by age or personality, each of them has a place in the everyday gear. Here they are, in their own words, their stories, their struggles and hopes. Individual and collective at the same time. My name is Laura, Laura Graciela Vazquez, I am 46 years old. I’ve been working in the cooperative for one year and two months.

What we do here is recycle materials brought from the street and we separate things, for example consortium bags of dry materials. Sometimes we receive dry materials sometimes wet ... we rescue materials like cups of yogurt, soda bottles, cardboard, we bag them ... and well, once this is all done, I have another companion drying labels from the bottles of shampoo, yoghurt ... and we gather them in a big bag, we try to gather together a lot ... and then it is sold. Before working here I would go out with pulling the cart. I would go outside in the streets and all that I would collect was cardboard, newspaper and magazine ... and then the other things... I did not know what they would serve for, I had no notion of what I was doing.

I live in Villa Soldati. I come here from Monday to Friday, we get in at seven-thirty, have breakfast and half past eight - nine we begin our duties. Each of us begins to recycle until about twelve or one, that is when lunch is ready and then rest. Then we go on, until five thirty.

I’d rather be here than hanging out with the cart, because of the long walks. Sometimes there was nothing, sometimes some ... well, I’d rather be here. It might not be a lot what I earn, but it is a subsidy of 4.500 pesos. Sometimes we need some money in advance and we ask ... I’d rather be here. In the streets there are people that sometimes bother you. For example, I went with one of my boys ... well, sometimes people resented that. But I had nowhere to leave my kid.

I started on the streets because I had much need and had no job. There was a couple who would not let me work, but finally I had to go out looking for food for my children. I have 11 children, the youngest is three and the girl is fourteen. They go to school there in Soldati.

My name is Patricia Anís and I’m 41 years old. I never worked before in this. I have been here for two years. I have 4 children, and Daniela, the eldest who is 22, works here with me. I used to work as a housekeeper, taking care of kids. After that I separated from my husband and through an acquaintance of a neighbor I learned that there was a cooperative, and told him if he could give me a job. And soon after I began working here. But I knew nothing of this.

I am now the one that has been the longest time here and I learned everything step by step. That helped me to then be able to help colleagues to do the right thing. But we all work alike, is not that as I am in charge I won’t separate the wastes. We organize ourselves and rotate, we don’t do everyday the same ... in the dumper, the blowing, where we separate the bottles by color, white on one side, green on the other hand ... the bleaches, the cups of yoghurt... I never worked in the streets, everything I know I learned it here. They taught me because I knew nothing of this.

At home we separate the garbage, as we do here. We know because we have experience, so we split everything, put in a bag the wet and in an other the dry. I do not bring it here because we live far away, we are from capital city and we work here in the province, but we are not the only ones, there are cooperatives around there that do the same and when you already have experience in this and know how to take out the garbage, you also make a favor to the other cooperatives which pass by checking things out. Is like people still do not quite understand how to recycle. Now that they launched green points, they made it more organized as it does not come as much junk as it did in the beginning. Now they separate the bottles, they still don’t separate them by color, but they separate the glass on one side and plastic on the other.

I am Maria del Carmen Carranza, from the cooperative El Trebol, I am 63 years old. My job is to make maintenance and help recycle and separate the white paper, cardboard, everything the guys bring. I’ve been working here for a year and a half, before I would work pulling the cart and gathering cardboard in the streets. I spent about five years pulling the cart. I would go out in the evening or early morning to find cardboard and newspapers, and then we would recycle them, as we are doing now, and sold it to the yard.

I live in Soldati, I arrive in the morning, clean the pipes and clean the front. Then I help the guys here in the warehouse to recycle. I am responsible for cleaning. In Soldati I live with my two children and I’m separated from Hugo, my ex-husband. Once we split up I had to start fighting alone to defend myself and to support my children. That how I grabbed the cart and went in the streets.


I still have my carts in front of my house. I used to go from seven in the evening until twelve o’clock at night, but not anymore, because I feel very tired, I have too much work here. I’m better now. But when I had to go out with the cart I did it because life is hard and I had decided to defend myself.

The streets would’t scare me. Nothing bad ever happened to me while pulling the cart and my kids still walk down the streets in the city. I went out alone and thanks God nothing happened. Hello, my name is Ricardo, I am 32 years old and I am in charge of logistics. I request people to do their journeys, and to go to the consortiums to seek goods ... we have two trucks doing the tour, I have people who are learning to do the walking journeys too, I teach them and make a listing for them in order to go looking for places ... the people give us merchandise ... everyday the same lap, Monday through Friday. I’m in charge of taking the guys in the morning to go with the truck. We have to try to keep clean the truck and that the guys have the chance to do it alone, they have to learn to do the walking journeys by themselves. Then bring the bags, unload them, the goods are divided and sold.

I started scavenging at the age of 12 or 13, I do not remember well. I would go out with my stepdad and, sometimes, with my uncle. We would go with the carts. We would go far away, looking for places where there were goods. Before, there was a lot of merchandise, now in the streets you no longer find anything, it is not easy now to go out pulling the cart.

I like this work better than being in the streets. Now I do things better, I control everything, I am dedicated to teaching the guys, to do things well, otherwise is me who gets the reprimand. I wanted to finish school. I did third year and when I was beginning forth, I left because I lived too far away. I would go to a school there in Boulogne and when I came to live around here I could not go anymore, I dedicated myself to working in this. Hello good day, my name is Oscar Bustos I am president of the cooperative El Trebol. I was an urban waste collector for a long time and I had the possibility to carry out the project of the recycling cooperative, which began in 2007.

This began with the crisis of the year 2000. Mine was not by vocation but because I was left out of the labor system until I had an age that they wouldn’t give me work anywhere. There was no work, there was nothing and I had to go out in the streets and learn how to become an urban waste collector, which today has become a profession for us. I’m from Mendoza, in the area of the farmers of San Martín. There I worked for 27 years at La Campagnola until one day I came here. I started working as a construction worker doing little things and then entered the hospital Ricardo Gutiérrez. I worked there

for seven years, until the company that hired me went bankrupt and left us out of work. Since then I was left out of the labor system and I began working as a cartonero.

Unknowingly the cartoneros became environmental advocates. We agreed with people which days to pass by their houses, the schedules, how much we could get together every week ... In the flats there is not much physical place, so you have to collect the materials every other day. To the supermarkets you can go every day after closing time.

The cooperative begins by word of mouth of cartoneros. We met with the ones we were more in touch and we shared data for sales in order to know where the best deal was, we would do a barbecue and plan where we could sell better ... And so without realizing it, we would organize ourselves. We worked extremely hard so we wanted to get more profit for the materials, earn more money. Organizing the cooperative was not easy. We are used to working in the “day to day”, we generate earnings and want to spend it every day. And this system organizes you in a different way, working every two weeks or working monthly. It changed a lot of things here, but it is a matter of adaptation, is hard one or two months at the beginning until you find yourself financially ok. I’m Marcos Juarez, I work driving the truck, making the tour of the cooperative. I also live in Soldati and a year ago I’ve been working here for a year now. I like my job in the truck, making driving every day. The route is in La Boca and Barracas. We pick by the building’s consortiums and bring to the cooperative what has been collected every day.

I did not have work and in 2005 I began working in the streets. I met a friend and started working with a cart. We would go out collecting in the night, we would tour in the area of Parque Avellaneda. We used to collect the garbage with the cart and unloaded on a dumper that was nearby. Hence, while one selected in the dumper, the other was dedicated to go outside to collect building by building, from trash bags. You can collect everything in the streets. Metals, newspapers, bottles, papers, everything that is recyclable and things that you can get money for, whether it’s a piece of furniture and or a refrigerator.

The difference between the streets and this, is enormous. There would be times when you were pulling the cart and the body was exhausted for completely. Here you have a big cart, and a trolley with four wheels and an engine, which helps a lot, as you can understand ... you have a truck where the only thing you have to do is go up and down. Then there is the stability of having a job, which I did not have before.

I drive the truck but also go down, load the materials, and sell things ... And if I have to work in here I have no problem, I come and work in the cooperative. You have to give a hand to colleagues, in the truck you can not drive and let the other kid who is beside you come down to look for things by himself. This is a work cooperative, we are all comrades, I


can’t sit at the wheel of the truck and just drive, as I watch my partner sweating below. We go out in the streets the three, and so we work the three, that’s the way it is. I am Jorge Armando and I am 63 years old. Here in the cooperative I am the treasurer. I know Oscar Bustos and Roberto from many years walking the streets together. As we met so long and always had been working with the same, we decided to organize the cooperative. We realized that if we worked individually we were not able to achieve the livelihood for our families. So we started to get together with people who had a deeper look to the future and we heard that the cooperative had created a different culture, and that’s how we began to get together and set the cooperative. I know the whole process of the garbage. I know it from the streets, from having worked in the pits, in the dumps, in the burning ... There, I acquired the knowledge of all materials that exist and can be marketed and all that learning that one carries, is applied here, to talk to colleagues, explain, identify materials, mainly plastic materials and how to work with them.

In the 70s I used to work as an employee but it was not enough to support my family, which is very large. So I started to work also with a cart, collecting in the streets, by hand or in any possible way. I had to have a livelihood for my children and my family and there was my start on this. The risk of working in landfills are infections. No matter how much they say they are not doing it, people still throw many chemicals that should not pour in open dumps. And even though is a bit more covered, people still throw chemicals in inappropriate places, such as hospital things, syringes, all those things.

I was left fatherless at age 8 and I started working at that age. I did not go to school, but I feel that I have a profession. I was a blacksmith, afterwards I just started welding and doing kinds of work, traveling by truck.

My name is Roberto Pontarolo, I am 45 years old, and I am the secretary of the cooperative. Here we all work and help each other in the duties, but I mostly deal with paperwork and presentations, to get resources that we need, salaries and others. One day I met Oscar and we started to discuss about cooperatives. We talked about waste collection, the cartoneros and other issues... At that time was the public hearing that defined this system. A public tender was held, we participated and twelve cooperatives were allocated across the city. I used to be a plumber and gasman, and collected everything that was lead, brass or copper and kept it. I would keep it for some time and once a year would sell it in order to buy all the school supplies for my children. I would have enough for paying the initial school fees, buy clothes and things they needed.

We struggled a lot in order to set the cooperative: none of the cartoneros had a penny. We had to make photocopies, prepare official presentations ... in order to comply with the tender nineteen thousand pesos were spent only on photocopies. We would struggle to get the money all on our own, everything we earned we would collect it for the fund until we succeed. Each cooperative has its own way of dealing. There are cooperatives that are very similar to ours and the waste is collected door to door. There are tours of our cartoneros that have been walked for more than 20 years now, meaning that we have had the same customers for more than 20 years, handing directly to us dry wastes. In our area, which is La Boca and Barracas, neighborhoods we have 3 shopping centers, 2,300 buildings and homes, 8 green spaces and 15 schools. We now have a green point in Colombia square where we have two people receiving the wastes, chatting and receiving feedback from the neighbors hearing their doubts and others. We are Héctor Smith and Carmelo Gabrioti and a year ago we created an organic division in the cooperative in order to develop a line of organic waste recycling. That is what we are doing now and have joined a group of people from the project that the government of the city of Buenos Aires approved.

Traditional waste recycling includes cardboard, paper, metal, plastic and glass. We have a separate line that aims to recycle organic waste, both of households, and the fruit and vegetable fairs or also the cafes or other places where pruning trees are made. Organic waste is almost 50% of what is produced in a family and its transformation is through a system called composting on improved soil and with this product -which is the compost- we use the containers which have been discarded we put a seed inside them and produce flowers and plants. This is a test, in a tender held by the city government for innovation techniques in recycling, we presented this project, we were selected and we have launched it during the month of February at the Catalinas Sur neighborhood. We are also setting up here the greenhouse system, composting and plant seedlings and in March we are getting already settled in the neighborhood. The Catalinas Sur neighborhood has 38 buildings, it is not a gated community, is an open area behind the hospital Argerich. It has many green spaces, as it was originally designed by architects and landscape designers, but as any major urban area, with almost 15 000 people in 8 blocks, it generates a lot of waste. There, in that segment of la Boca neighborhood we will test the first organic recycling experience.

This project is primarily educational, it is a paradigm shift that aims to make people understand the importance of not throwing kitchen waste in a common bag where perhaps the waste stays for three days until they are taken away and ending in a burial which does not serve nobody and ultimately pollute the environment.


Use / Reuse ANDREA CUESTA FERRARAZZO

Art joins roads in times of transitions; one of those roads has longtime been going over Education through Art, it collaborates on bringing worlds closer and generate artistic practices where none exist. In this book “What I have in front of me” are highlighted different views. One is the artist who puts his attention on urban recovery trolleys and indicates the transformation that happens to collect and extend this action to a situation of unconscious aesthetic that approaches and transforms its element of work in conjunction with art.

To this follows the gaze to the specific work of the urban waste picker that as Levy Strauss described: when he collects he creates at the same time, scraps and pieces, fossil evidence of the history of an individual or society. From this new position in society, and within programs of sociocultural platforms, the Education for art installs and unleashes the challenge of generating alternatives that incorporate an artistic practice that contributes to raising awareness from different urban discarded materials; materials that originally made up the garbage of a city and through various programs has been achieved an awareness and to retrieve through reuse.

This program makes possible that retrieved materials take a path through children from a villa of the city of Buenos Aires, and it generates an art space, experimentation, knowledge and encounter, which closes a circle sometimes a bit magical or mythical as Levy Strauss would say. This has gained more sense today and there are many artists who have worked for a long time with recyclable items, many are the experiences generated from the potential of these different materials. The role of the artist in the process of education and awareness, contributes to improving the quality of life of a citizen in a villa. It is important because it accesses the dynamics of the neighborhood; its production, its knowledge as well as the tasks that neighbors do for a living. It also reinforces the messages of public services as the responsibility of all of us to create a better city. And through these links, imagines future projects in which everyone can join allowing to generate a human weft...

The Program for Education, Arts and Reuse of recoverable materials runs since the year 2014 in Villa Rodrigo Bueno, Costanera Sur, Buenos Aires City. Within the scope of the Área de Limpieza Frente Costero del Río de la Plata/Riachuelo-Dirección General de Limpieza – Ministerio de Ambiente y Espacio Público del GCBA. The tasks that are developed in this villa located at the edge of the Rio de la Plata, includes a team composed by neighbors - Guardians of Rodrigo Bueno - that perform daily tasks of collection and selection of household waste. As Coordinator in the Territory, Andrea Cuesta Ferrarazzo, geographer and urban planner, developed and coordinated for years experiences of art, environment and public space with neighbors from the villas of Riachuelo River. The artists Jimena Fuertes and Paula Toto Blake, accompanied by Sergio Biasotti, complement the project with educational and awareness of the program through permanent art workshops that take advantage of recoverable waste streams the villa itself generates daily. They invite the community to join, know and appreciate the daily effort of hygiene in neighborhoods with difficult access. And they also contribute to differentiate materials, to recognize those of possible reuse, and also, to produce new forms: useful, interesting, beautiful. ________________

The Spanish word villa refers to a type of shanty town or slum found in Argentina, mostly around the largest urban settlements. The term villa (village, small town) was adopted from Bernardo Verbitsky’s 1957 novel Villa Miseria también es América (“Villa Miseria is also [a part of] the Americas”).


Creación y Dirección del proyecto Matilde Marin

Distrito de las Artes Carlos Pirovano Subsecretario de Inversiones del Ministerio de Desarrollo Económico

Fotografías Matilde Marin Vanesa Trosch

Magdalena Ayerra Coordinadora Distrito de las Artes Se imprimieron 500 ejemplares en Akian Gráfica Editora S.A. Buenos Aires, Argentina, julio, 2015

Entrevistas y Edición Mercedes Urquiza

www.matildemarin.com

Textos Laeticia Mello Mercedes Urquiza

Edición de video “Lo que hay frente a mi” Daniela Muttis Diseño gráfico Vanesa Trosch

Traducción de textos Laeticia Mello

Coordinación tareas educativas Andrea Ferrarazzo Jimena Fuertes Paula Toto Blake Agradecimientos y colaboraciónes Cooperativa El Trebol Villa Rodrigo Bueno

Derechos exclusivos de edición reservados. © 2015 Matilde Marin Hecho el depósito que marca la ley 11723 Impreso en Argentina.


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