Page 11

OPINIÓN_

EL TIEMPO Mar tes 28 de fe b re ro de 2012

11

4

SUSU COMENTARIO COMENTARIO NOS NOS INTERESA: INTERESA: xxxoxpxixnxio xx@eltiempo.com.ve n@eltiempo.com.ve

< ASÍ COMO SUENA >

Un valioso tesoro JJ FERMÍN A. DESDE LECHERÍA

T

al y como les dije en el artículo de la semana pasada, tuve algunos días de descanso para pensar y para escribir. Entre otras cosas y gracias a que se cruzó el día del amor y la amistad, pensé en lo afortunado que soy gracias a los amigos que tengo. Pensé en lo importante que es para las personas contar con un amigo. Pensé incluso, en lo que significa para nosotros que las expectativas creadas en torno a un amigo sean equívocas o no. Reflexioné entonces, sobre el valor de la amistad. Según el diccionario Larousse, la amistad “es un afecto personal puro y desinteresado que se fortalece con el trato”. Según Platón, “es el principio del valor y de todas las virtudes”. En la Biblia, es definido como “el afecto recíproco y desinteresado, capaz de fusionar dos espíritus en una relación dispuesta a los mayores sacrificios”. Para mí, es una relación de afecto donde se hacen vitales valores como la lealtad, la honestidad y el respeto. Amigos, toda relación afectiva se basa en dar y recibir, en el reconocimiento, en la reciprocidad y en aceptar las diferencias. El respeto, la lealtad y el intercambio cierran el paso a la agresividad y a la desconfianza. Ninguna relación puede funcionar si no aceptamos a las personas como realmente son. Como seres humanos tendemos a querer cambiar a los demás y hacerlos a imagen y semejanza nuestra. Pues no, nosotros somos como somos y los demás son como son y punto. Es importante entender que todos somos diferentes y que la verdadera amistad consiste en armonizar nuestras diferencias y apreciar más a fondo lo mejor de nuestros amigos, aceptando aquello que no es placentero, pero que forma parte de su carácter y su personalidad. La verdadera amistad consiste en armonizar nuestras diferencias y valorar más lo mejor de nuestros amigos. Para ello se hace indispensable que fluya la comunicación y se comprendan aunque no se compartan algunas circunstancias. Mis hermanos son mis amigos y mis amigos son mis hermanos de la vida. En la verdadera amistad no hay interés material, el único interés que prevalece es el que se tiene por la persona misma. Interés por disfrutar juntos lo positivo de la vida, interés por crecer y aprender juntos, interés por disfrutar de la compañía del amigo sin importar sus posiciones políticas, sus creencias religiosas, el color de su piel o peor aún, el espesor de su cuenta bancaria. Amigos de verdad hay pocos, por ello debemos aceptarlos tal y como son. En mi opinión, la verdadera amistad se forma cuando se desarrollan plenamente sentimientos de afecto y los valores de solidaridad, lealtad, respeto, confianza, honestidad y hermandad. En definitiva, la amistad nos hace vivir experiencias maravillosas que luego sirven de recordatorio de que ella junto con la familia, son el tesoro más valioso que uno puede tener. Ya lo dijo Aristóteles: “Algunos creen que para ser amigos es suficiente querer, como si para estar sano sólo hiciera falta desear la salud” . Es así como suena. Síguenos en twitter: @jjferminjr, o escríbenos al jjferminjr@gmail.com

< TRIBUNA DE LA DISIDENCIA >

Saber vivir juntos

H

ay que hacer un gran esfuerzo para que antes del 7-O se nos ocurra escribir de otra cosa que no sea el tema electoral. Es tan trascendental para los venezolanos el resultado de ese día que resulta difícil pasar por alto el tema y dedicarnos a otros. En mi caso, que siempre me ocupa lo pedagógico, tengo que controlar mi incontinencia político-electoral, para seguir abordando temas vinculados a la educación. Haré el esfuerzo y no caeré en provocaciones electorales, sobre todo porque quiero desde esta escritura proyectar la educación que está en el camino para la mejor Venezuela. Vamos a construir una escuela que achique los espacios y la brecha entre el afuera y el adentro; es decir, que acorte las distancias entre su contexto situacional y su ámbito interior, el pedagógico. Esto va a contribuir a la participación social para la ciudad educadora que pensamos construir. Esta noción, que la hemos venido trabajando desde hace algún tiempo, a pro-

YONNY GALINDO DESDE CUMANÁ

pósito de algunos trabajos que publica la Organización de Estados Iberoamericanos para la educación y la cultura desde su revista digital, me ha permitido desarrollar esta idea que la iremos ampliando en cada uno de estos artículos. Si aprendemos en la ciudad, pues es natural que aprendamos de ella, lo cual no sucede ahora, por cuanto lo que hoy en la escuela y específicamente en sus aulas se transmite con sentido de pedagógico, en la casa y en la calle se disipa, se desdibuja, pero lo más grave aún, en los pasillos y en el patio de la misma escuela se trastocan y se tuercen todos los mensajes educativos que desde el aula se emiten. Esto sucede porque toda la escuela no es un aula, entonces el trabajo de construcción de una ciudad educadora pasa primero por la escuela misma. Usted se pone una venda en los ojos y entra al interior de un plantel, oirá lo mismo que puede usted

escuchar en la esquina de cualquier calle, en el mercado o en un bar. Las frases o diálogos de quienes están en ese recinto no le permitirán establecer ninguna distinción, por lo que no podrá enterarse de que está en el interior de una escuela, para hacerlo tendría que quitarse la venda. En consecuencia, donde primero debe producirse la sinergia para la producción de mensajes y significados pedagógicos es entre todos los miembros de una comunidad educativa, para luego buscarla en el afuera. Se trata de rescatar el sentido comunicativo de la educación en los predios del plantel. Todos nuestros actos comunicacionales en la escuela tienen que tener la adecuación y pertinencia con lo que ella está llamada a hacer: formar; en otras palabras, respetar sus espacios durante el tiempo que estemos en ella, porque todo tiempo que nos discurra en sus espacios tiene que ser para lo pedagógico,

para escolarizar experiencias, vivencias, dentro y fuera de sus aulas. Todo el plantel un aula. Cumplido ese requisito, entonces sí podremos producir sinergia entre el afuera y el adentro de la escuela. Empezaríamos a sacar del confinamiento la enseñanza institucional para abrirla a los espacios públicos, a las instituciones privadas y entes gubernamentales, consejos comunales y centros culturales, hacer de cada uno de ellos agentes educativos externos que pedagogicen, acéptenme el verbo, las acciones que en sus respectivos espacios realicen. De esa manera la escuela y todas las instituciones de la ciudad formarían parte del tejido institucional e informal que en corresponsabilidad asumen la tarea educadora de todos quienes habitan la ciudad Se trata de saber vivir juntos, en comunidad y tener la facultad de intervenir en las funciones deliberativas y ejecutorias de la ciudad, como nos enseñó Aristóteles. yonnydg @ gmail.com

< SIEMBRA >

Un viejo rompegrupo

M

e empaté en los carnavales de Lechería empujado por la Pochonga, mi nieta número 7, la que les conté que pasó para segundo grado, la que se siente muy orgullosa porque escribe corrido, con bella letra y buena ortografía, y además suma, resta, multiplica y divide. Total que nos convenció para que la acompañáramos a desfilar en una parranda organizada en su colegio, la cual consistía en darle una vuelta a la cuadra, bailando al son de música bullanguera, disfrazados de pájaros multicolores, con sus plumas, picos, colas y alas. Todos siguiendo la carroza de la reina, desde la cual las bellas princesitas tiraban caramelos. Por supuesto que cada maestra iba metida entre sus alumnos para incitarlos a bailar al son de aquella música sandunguera. Todos los niños movían las caderas y se retorcían, haciendo

FÉLIX ARANA DESDE LECHERÍA

piruetas como aves que quieren volar. Fue un día brillante y precioso. A las 10:00 de la mañana ya estábamos en la calle, en medio de una ensordecedora algarabía. Padres y representantes también bailaban y aplaudían para estimular a la guarichera. Hicimos la movilización por una sola vía, media calle, del rayado blanco hacia la acera, y aunque con mucha dificultad logramos controlar el zaperoquero. Para ello se usó un mecate de nylon, de 100 metros de largo, extendido y sostenido en el aire por los muchachos del bachillerato, quienes con mucha fuerza lo mantenían a la altura del pecho. Así íbamos muy bien, hasta en las esquinas de las calles, donde la cuerda cedía hacia el otro canal, por donde pasaban los vehículos lentamente.

Oportuna y valiosa fue la intervención del comisario Rondón y su policía comunal. Nada que lamentar, salvo el caso de una señora, imprudente y soberbia, que quiso meter el carro en el desfile y el auto recibió varios puñetazos y patadas que la hicieron retroceder y volver a alinearse. ¡Una vieja recibiendo castigo! Mi disfraz consistía en un flux de casimir, corbata de seda, sombrero de fieltro y zapatos de charol. Todos de negro, menos los guantes de tela blanca. Vestimenta que conservo como recuerdo de mis andanzas por la masonería, en la logia de Anaco, del rito escocés y sólo para señores pudientes. Debo reconocer, en realidad, que yo era un rompegrupo, y por eso me veían como bicho raro, tanto que la Pochonga me recomendó

que no la acariciara en público para evitar la burla de los compañeritos. Es lo maravilloso de este mundo tan cambiante, que ahora son los nietos los que aconsejan a los abuelos. Y uno tiene que obedecer y alcahuetear, sin chistar. “-¡Viejo ridículo, jala mecate!” me gritaban los choferes desde el otro canal, mientras yo seguía recogiendo caramelos del piso y tensando el mecate para mantener en su lindero al desfile. Pero digan lo que digan, yo disfruté un día distinto y bien sabroso, pues nunca me había chupado un raspado de frambuesa con todo placer, ni me había reído con tantas ganas cuando los niños gritaban, riendo, que la maestra se había orinado en los pantalones, porque la vieron mojada, de un bombazo de agua que le tiraron de la calle...¡qué viva el Carnaval!

/0749092001330402088  

http://media.eltiempo.com.ve/EL_TIEMPO_VE_web/25/diario/docs/0749092001330402088.pdf

/0749092001330402088  

http://media.eltiempo.com.ve/EL_TIEMPO_VE_web/25/diario/docs/0749092001330402088.pdf

Advertisement