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POESÍAS A LA BANDERA

Oración a la bandera de Joaquín V. González ¡Bandera de la Patria, celeste y blanca, símbolo de la unión y de la fuerza con que nuestros padres nos dieron independencia y libertad; guía de la victoria en la guerra, y del trabajo y la cultura en la paz; vínculo sagrado e indisoluble entre las generaciones


pasadas, presentes y futuras; juremos defenderla hasta morir antes que verla humillada! ¡Que flote con honor y gloria al frente de nuestras fortalezas, ejércitos y buques, y en todo tiempo y lugar de la Tierra donde éstos la condujeran; que a su sombra la Nación Argentina acreciente su grandeza por siglos y siglos, y sea para todos los hombres mensajera de libertad, signo de civilización y garantía de justicia!


A mi Bandera Bandera azul y blanca, bandera de mi patria, jirón de nuestro cielo, te canto con fervor y juro defenderte con brío y con denuedo si oscurecer osaran las glorias de tu sol. La escuela me ha enseñado que en todas partes fuiste emblema de trabajo, de libertad y honor; por mares y montañas el mundo recorriste llevando por doquiera la luz de tu esplendor. Bandera que eres gloria de un pueblo generoso y de los hombres eres un vínculo de paz;


bajo tu manto cubres a todo aquel que anhele honrar con sus virtudes tu augusta majestad.

Oración a la Bandera La Bandera Argentina Dos pedazos de cielo aprisionaron a una cinta de plata sin mansilla y, en medio, el sol lució su maravilla y así, sol, plata y cielo la formaron. Esa bandera fue la que en el llano de Salta y Tucumán, ondeó la gloria y presidió en su mástil la victoria que coronó la frente de Belgrano. Esa bandera fue la que adoraron y a cuya sombra pródiga forjaron ideales de bien, los Hombres Grandes.


Y esa misma bandera, noble y bella, fue para San Martín como una estrella en su atrevido paso de los Andes. Autor: Adrián Cañas y Delgado (Peruano)

Mi Bandera La bandera mía se parece al cielo: es azul y blanca, con el sol en medio. ¿Cómo no quererla como yo la quiero si en ella el retrato de mi patria veo? Por eso al mirarla flotando a los vientos de orgullo y de dicha se me ensancha el pecho. Por eso al mirarla


siento un solo anhelo: ser justo y honrado, ser valiente y bueno. POESÍAS DEDICADAS A LA ESCARAPELA

La Escarapela Nacional ¡Salve, luminosa escarapela de la patria...! Azul celeste como la inmortalidad de tu destino y blanca como la pureza de tu gloria inmaculada. Síntesis del cielo en día de bonanza, eres imán de unión y fraternidad para todos los argentinos y extranjeros que te aclaman condecoración de los hombres libres. Símbolo de


soberanía, emblema de esperanza y signo de igualdad, eres la brújula que nos guía en la jornada, para el triunfo de la paz y la concordia. De ahí que te llevemos en el corazón -¡OH, relicario de la sangre heroica!- al compás de sus latidos de amor y lealtad. Flor de milagro, entretejen tu armoniosa unidad las fibras de tu cinta azul celeste y blanca. Como estrella de honor, te lucimos en el pecho y heraldos de auténtica argentinidad, sabremos honrar tus prestigios de insignia sagrada con la ofrenda de una vida ejemplar, de orden de trabajo y de justicia. ¡Salve, luminosa escarapela de la Patria! (Julio Picarez) Mi traje de gala


Hoy me he vestido de gala sobre el blanco delantal, una hermosa escarapela, mi madre ha prendido ya. Hoy hay fiesta en la montaña, en el valle, en la ciudad; mi escuela está engalanada en el patio principal; hay un cielo de banderas, que encela al cielo real; y lo mismo que en aquel un coro de ángeles hay, que entonarán la sagrada y bella canción nacional. Hoy me he vestido de gala sobre le blanco delantal, brillará como una estrella, ¡La divisa nacional! (Amanda Rega Molina)

La Escarapela


Esta cinta es celeste y aquella blanca, cuando las dos van juntas nombran la Patria. (Campos-Menghi) Copla a la Escarapela Yo le dije a una paloma del palomar de la escuela "Quisiera una flor del cielo", y trajo una escarapela. (Miguel A. Gomez)

Mi Escarapela Cinta celeste y blanca distintivo de mi Naci贸n. Prendida en mi pecho alegra mi coraz贸n.


(L. C.)

La Escarapela (Canción Patriótica) Plaza Victoria, en tu recinto nació la rosa del año diez Tus jardineros French y Berutti, en sus sombreros la hicieron ver. La escarapela, la escarapela, la escarapela del año diez, hoy ha crecido, hoy es inmensa,


hoy de mi Patria, bandera es. Celeste y blanca, la más hermosa, nació la rosa que Mayo dio. Luce en el ala de los sombreros, luce del lado del corazón. (Micaela y Rodolfo Sastre) POESÍAS PARA EL DIA DEL MAESTRO


En medio del caserío de San Francisco del Monte hay un niño sanjuanino con su tío un sacerdote. Lugares casi desiertos albergan a gente pobre. Sarmiento, maestro niño. José de Oro, el sacerdote, y una escuela que se funda en San Francisco del Monte. Bajo la sombra de olivos y entre pájaros cantores hay un maestro niño entre alumnos que son hombres. Estela Herrera Clément


Es en la escuela otra madre que orienta con sus consejos; es experta sembradora de nobles conocimientos; es mano suave que guía y es luz que alumbra senderos. Es, en suma, la maestra, manojo cálido y tierno de bondadosa paciencia y de maternal afecto. Como el suelo de América, fecundo, libre como el pampero y tan violento y purificador, fuiste, Sarmiento, arquetipo cabal del nuevo mundo. De recia voz y de ademán rotundo, desde el gobierno, desde el Parlamento y en el libro tronó su pensamiento que hundiera la barbarie de Facundo. Sin doblegar jamás la altiva frente, en arduos tiempos del país naciente tu misión fue enseñar y combatir. Y, maestro de escuela o presidente, sembrabas en los surcos del presente la hermosa floración del porvenir.


Cupertino del Campo Publio A. Cordero

Sarmiento: escúchame, yo soy el niño: te hablo mirando el cielo, arrodillado, porque sé que me diste tu cariño y que por mí has sufrido y has luchado. Sé que me dedicaste la existencia, de inquietud y de amor llené tus días, y, maestro ejemplar por excelencia, hiciste tuyas las angustias mías. No tiembles en el bronce por mi suerte; seguiré, con un libro entre las manos, por la senda del bien que me has labrado.


Desde el hondo misterio de la muerte, desde el mayor de todos los arcanos, ¡mírame! Soy tu sueño realizado. A la orilla de la higuera, Sarmiento besa a su madre. Los cerros solos rescatan el rosado de la tarde. Sueña con muchas escuelas, vergeles en cada valle y en cada niño, una estrella, como lección imborrable. Larga vida de maestro, con días claros y oscuros... Perdió a su hijo en la guerra al que amó como a ninguno. Presidió nuestra nación y murió lejos de la Patria ¡A su recuerdo se elevan todas las buenas plegarias! Sembró escuelas como soles de renovada esperanza y quedó eterno en cada niño como lucero al alba. ¿Tuvo flaquezas? Las tuvo, tuvo dudas y hasta fallas,


pero sembró escuelas como soles a lo largo de la Patria. Nuevo 11 de setiembre, ensanchemos nuestra alma, por Sarmiento, el gran maestro, digno por antonomasia. Eve Baili Lola Chichizola Coelho

POESÍAS PARA EL DÍA DEL

VETERANO DE GUERRA Argentinos malvinenses (Aurelio Agustín Pernas) Bienvenidos compatriotas malvinenses Argentina continental los espera para forjar una amistad verdadera y defender con pasión sus intereses.


Sólo el amor puede hacer obras hermosas como impedir que haya seres maltratados, promover a que se sientan realizados y vivir en dignidad con pocas cosas. Para ello hay que pensar mucho en las Malvinas como si a ellas las tuviéramos presente y así tratar de evitar sufrir su ausencia. Como si fueran un bálsamo de heridas las debemos mantener en nuestra mente para poder mitigar tanta injusticia.

Las Malvinas (José Pedroni) Tiene las alas salpicadas de islotes, es nuestra bella del mar. La Patria la contempla desde la costa madre con un dolor que no se va. Tiene las alas llenas de lunares, lobo roquero es su guardián.


La patria la contempla. Es un ángel sin sueño la patria junto al mar. Tiene el pecho de ave sobre la honda helada. Ave caída es su igual. El agua se levanta entre sus alas. Quiere y no puede volar. El pingüino la vela. La gaviota le trae cartas de libertad. Ella tiene sus ojos en sus canales fríos. Ella está triste de esperar. Como a mujer robada le quitaron el nombre: lo arrojaron al mar. Le dieron otro para que olvidara que ella no sabe pronunciar. El viento es suyo; el horizonte es suyo. Sola, no quiere más, sabe que un día volverá su hombre con la bandera y el cantar. Cautiva está y callada. Ella es la prisionera que no pide ni da. Su correo de amor es el ave que emigra. La nieve que cae es su reloj de sal. Hasta que el barco patrio no ancle entre


sus alas, ella se llama Soledad.

Veterano de Malvinas (Doménico Bova) Tu rostro sigue marcado a través de tantos años tu tristeza no se borra tu valentía no se olvida. Muchacho joven aún de niño fuiste soldado y supiste de la guerra sin haberla deseado. Las vivencias te dejaron aquellos gritos ahogados. Tu patriotismo no se mella aunque fuiste derrotado. Tu grito de libertad en las islas usurpadas


se agiganta y da un abrazo a todos como a un hermano. Soldado que las quisiste defender, tus camaradas all铆 quedaron, desde el cielo hoy los cubre un manto celeste y blanco. Con emoci贸n te agradecemos soldado de las Malvinas siempre en ti y en nosotros viven nuestras islas argentinas.


Oración de Paz por Malvinas de Juan Domingo Ondano Señor de las Australes Latitudes, hacedor de la tundra y las gaviotas, con las manos de la Patria entrelazadas, elevo mi plegaria hacia tu costa. Cual la espuma que roza su epidermis, como un beso de algodón contra la roca, sobre la Cruz del Sur de tus neblinas, cabalga mi oración hasta tu aurora. Por esas hermanas que sufren de ausencias; por la Madre Tierra que llora de amor; por todos tus hijos, que muertos te velan, la Paz de tu Reino, te pido, Señor. Para que la sangre ayer derramada, no sea mañana, ni olvido ni error; para que la enseña, jamás mancillada, los cubra, algún día, bajo un mismo sol. Para que en lo alto de tus heredades, se transforme en cóndor la Paloma Austral, llevando en sus alas, por fusil y sable, un ramo de olivo y una flor de azahar. Para que los blancos brazos de madera, que en tu suelo marcan la argentinidad,


sean manos de Patria, elevando al cielo un canto de vida, un Himno de Paz. Te pido por ellas, Señor, por Malvinas, y por nuestros muertos, allende el mar; para que ellas vuelvan a ser argentinas, y nuestros hermanos descansen en paz. De "Ronda de Recuerdos"

POESÍAS PARA EL DÍA DE LA TRADICIÓN


Caballito campero

Caballito campero que retoza en los campos relinchando de gozo como un himno triunfal. Corriendo sus impulsos como el ave salvaje que veloz y altanero por los campos se va. Sos de raza indomable que puebla la llanura aguantando el chubasco con tu fuerza genial. De los bravos guerreros que nos dio tu hermosura del glorioso caballo rey de la libertad. El Pampero acaricia del frescor tu negrura siendo como los vientos difĂ­cil de alcanzar. Tu pisada valiente es brutal y segura


que hasta el piso retumba cuando te ve pasar. Autor: Omar Facelli

El gaucho Quisiera haber vivido mucho tiempo antes, en nuestra hora prima, en nuestro día madre, sólo para conocerte, gaucho que cantabas con toda la sangre, con todos los pájaros libres en la boca, como ya no canta nadie, nadie en el mundo, nadie, nadie. Quisiera haber vivido en tu primer instante, antes de la entrega de la pampa, antes del encierro de los árboles. Haber vivido en el alto mediodía de tu lance.


Haber corrido tu mañana, desandado tu tarde, ambulado tu ocaso tras la voz del caracol del mate. Río blando de boca, para orillar, errante, y un puñal en el cielo, hecho de estrellas, cada noche, al echarme. Un puñal, una cruz, donde pensar en alguien. Quisiera haber vivido en tu día grande, el del rastreo de la libertad, la selva por delante. Mía tu doma; mío tu duelo salvaje; mío tu oído en la tierra; míos tus ojos en las altas aves. Haber tenido tu pulso para la sed, para el hambre. En la boca sin miedo, ante el desierto, tu grito penetrante. Quisiera haber estado en todas las pulperías junto a la guitarra amante - voz, cintura y entrega de mujer entrañable-; en todas las pulperías, sólo para esperarte; sólo para abrirte cancha; sólo para gritar ¡qué cante!, sólo para oírte cantar; sólo para verte ir, libre, a cualquier parte: la luna en tus virolas; en tu cuchillo el sol


que nace; en tu pañuelo al cuello, enjugada, la sangre. Mía tu luz en la cara; mía tu esgrima en el aire; mío tu numen; mío tu arte. Antes del encierro de la aguada, donde, entre junco y ave, alguna vez te proyectó el ocaso, montado y con amante. Antes del alambre con uñas, desgarrador de carnes. Yo no tendría ahora este dolor cobarde. Dormiríamos juntos, bajo la tierra madre. ¡Gaucho! Gaucho que estás en todas partes, en la tierra, en los árboles, en toda pisada de caballo, en todo vuelo de ave... ¡Gaucho de la Cruz del Sur, sobre la pampa grande! Las piernas entre ramas, los ojos anhelantes, desmontados andamos de tu coraje, sin cuchillo, sin lazo, por amarillas calles. Viento ladrón de libertad y honra metido en los trigales. ¿Dónde la voz que diga "¡Por aquí!" en nuestra amarga tarde; dónde la voz de valeroso rumbo que nos


enanque y el ala del sombrero otra vez nos levante? Fuerza que se ha alejado de nosotros, por el mañana, ¡hágase!. Vénganos otra vez, ¡Oh gaucho!, tu coraje. Vénganos tu conciencia del deber. Vénganos tu arranque. Tu cuchillo de fuego. Tu altivez. Tu donaire. Tu canto de jilguero. Tu baile. Tu corazón de niño. Tu ángel. ¡Vénganos sobre el campo, por el aire!.

Letra y Música: José Pedroni


EL GAUCHO ¡Sencillo y trabajador… honesto y hombre sincero es de las pampas pionero… el que a la tierra cultiva… es en la paz y en la guerra… valiente a carta cabal y es el amigo leal… que por otro da la vida! ¡Hace su casa de barro… con empeño y con esmero como copiando al hornero cuando construye su nido… enamorado perdido… es poeta y payador… cuando le canta al amor… o a algo que se ha querido! ¡Es el amo de las pampas y de las verdes llanuras… con su modesta cultura… siempre en sus versos expresa amor y delicadeza… dedicando a la mujer… todo aquello que haga ver… su bondad… o su belleza! ¡Es criollo galardón… de la celeste bandera… y por la patria pelea… con amor y con destreza… llevando con entereza dentro de su


corazón… la honesta resolución… de libertad y de pureza! ¡Es el apuesto exponente… de otra generación… que con su dedicación y probada valentía…. nos ha ayudado en la vida… a entender la honestidad… y que siempre la verdad… triunfa sobre la mentira! ¡Gaucho bueno…. campesino perdido en el universo… yo te dedico estos versos que llevo en mi corazón… como una retribución… por tu lucha y tu lealtad… que nos dieron libertad… y apoyaron tu razón!

El Gaucho Hijo de algún confín de la llanura Abierta, elemental, casi secreta, Tiraba el firme lazo que sujeta Al firme toro de cerviz oscura. Se batió con el indio y con el godo, Murió en reyertas de baraja y taba; Dio su vida a la patria, que ignoraba, Y así perdiendo, fue perdiendo todo.


Hoy es polvo de tiempo y de planeta; Nombres no quedan, pero el nombre dura. Fue tantos otros y hoy es una quieta Pieza que mueve la literatura. Fue el matrero, el sargento y la partida. Fue el que cruzó la heroica cordillera. Fue soldado de Urquiza o de Rivera, Lo mismo da. Fue el que mató a Laprida. Dios le quedaba lejos. Profesaron La antigua fe del hierro y del coraje, Que no consiente súplicas ni gaje. Por esa fe murieron y mataron. En los azares de la montonera Murió por el color de una divisa; Fue el que no pidió nada, ni siquiera La gloria, que es estrépito y ceniza. Fue el hombre gris que, oscuro en la pausada Penumbra del galpón, sueña y matea, Mientras en el oriente ya clarea La luz de la desierta madrugada. Nunca dijo: soy gaucho. Fue su suerte No imaginar la suerte de los otros. No menos ignorante que nosotros, No menos solitario, entró en la muerte.


Letra: J. L. Borges MĂşsica: P. Aznar

Autor: Carlos A. Caggiani


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