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Con ojos nuevos / Beste begi batzuez ikusi Enviado por jme el Vie, 26/10/2012 - 09:10.

José Antonio Pagola, Comentarios evangélicos

La curación del ciego Bartimeo está narrada por Marcos para urgir a las comunidades cristianas a salir de su ceguera y mediocridad. Solo así seguirán a Jesús por el camino del Evangelio. El relato es de una sorprendente actualidad para la Iglesia de nuestros días. Bartimeo es "un mendigo ciego sentado al borde del camino". En su vida siempre es de noche. Ha oído hablar de Jesús, pero no conoce su rostro. No puede seguirle. Está junto al camino por el que marcha él, pero está fuera. ¿No es esta nuestra situación? ¿Cristianos ciegos, sentados junto al camino, incapaces de seguir a Jesús? Entre nosotros es de noche. Desconocemos a Jesús. Nos falta luz para seguir su camino. Ignoramos hacia dónde se encamina la Iglesia. No sabemos siquiera qué futuro queremos para ella. Instalados en una religión que no logra convertirnos en seguidores de Jesús, vivimos junto al Evangelio, pero fuera. ¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo capta que Jesús está pasando cerca de él. No duda un instante. Algo le dice que en Jesús está su salvación: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí". Este grito repetido con fe va a desencadenar su curación. Hoy se oyen en la Iglesia quejas y lamentos, críticas, protestas y mutuas descalificaciones. No se escucha la oración humilde y confiada del ciego. Se nos ha olvidado que solo Jesús puede salvar a esta Iglesia. No percibimos su presencia cercana. Solo creemos en nosotros.


El ciego no ve, pero sabe escuchar la voz de Jesús que le llega a través de sus enviados: "Ánimo, levántate, que te llama". Este es el clima que necesitamos crear en la Iglesia. Animarnos mutuamente a reaccionar. No seguir instalados en una religión convencional. Volver a Jesús que nos está llamando. Este es el primer objetivo pastoral. El ciego reacciona de forma admirable: suelta el manto que le impide levantarse, da un salto en medio de su oscuridad y se acerca a Jesús. De su corazón solo brota una petición: "Maestro, que pueda ver". Si sus ojos se abren, todo cambiará. El relato concluye diciendo que el ciego recobró la vista y "le seguía por el camino". Esta es la curación que necesitamos hoy los cristianos. El salto cualitativo que puede cambiar a la Iglesia. Si cambia nuestro modo de mirar a Jesús, si leemos su Evangelio con ojos nuevos, si captamos la originalidad de su mensaje y nos apasionamos con su proyecto de un mundo más humano, la fuerza de Jesús nos arrastrará. Nuestras comunidades conocerán la alegría de vivir siguiéndole de cerca. José Antonio Pagola Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS

28 de octubre de 2012

Marcos 10, 46-52


¿Queremos ver? Enviado por jme el Lun, 22/10/2012 - 21:24.

Enrique Martinez Lozano, Comentarios evangélicos

El engaño que nos impide ver En un texto central en su evangelio, Marcos presenta a un ciego como prototipo del verdadero discípulo. Quienes acompañaban a Jesús –ha repetido el evangelista en capítulos anteriores- oyen su palabra, pero no entienden; creen ver, pero en realidad están ciegos. Por eso, en la práctica, toman un camino diferente al del propio maestro. El ciego Bartimeo, por el contrario, es consciente de que no ve y, a diferencia de los discípulos que reclamaban “los primeros puestos”, pide únicamente “ver”. Y en el momento mismo en que ve, sigue a Jesús por el camino: un camino que no es topográfico, sino teológico, el que propone el propio Jesús. Empezamos a vivir cuando, decididamente, queremos ver. A falta de esta determinación, sobrevivimos en la ignorancia de quienes somos, en la creencia de estar separados de los otros y del mundo y en la búsqueda, más o menos compulsiva, de “distracciones” y compensaciones. Tendemos a oír solo la voz de nuestra mente, en la creencia ilusoria de que ella nos mostrará el camino de la vida. Pero la mente tiene una visión corta y estrecha. Nos hace girar en torno al yo, como si se tratase de nuestra verdadera identidad. Y, dando eso por supuesto, nos hace deudores de lo que le ocurra a ese yo. Soledad, miedo, ansiedad y, en definitiva, existencia egocentrada: esas son las características que acompañan a tal identificación. Al vivir con la creencia de que somos el yo, no podemos hacer sino preocuparnos por él. Ahora bien, preocuparnos por algo que no tiene consistencia propia conduce directamente a la ansiedad. Ese es el motivo por el que la identificación con la mente nos encierra en una prisión, hecha de ignorancia y de sufrimiento, en la que nos reducimos a circunstancias impermanentes, viviendo desconectados de nuestra verdadera identidad. Estamos ciegos, con el agravante de que creemos ver. ¿Cómo salir del engaño y poder ver? La salida de la prisión de la ignorancia y del sufrimiento, en la que nos encierra nuestra reducción a la mente, pasa por desenmascarar el engaño de la identificación. La excesiva preocupación por el yo es indicio seguro de ceguera y fuente cierta de cansancio estéril. Quizás solo cuando ese cansancio se nos hace insoportable empezamos a replantearnos nuestro modo de vivir. El desencanto o la hartura nos urgen a buscar una salida, porque nos hemos dado cuenta de que la raíz del problema se halla en nuestro modo de ver.


Solo hay un modo de salir de esa trampa: dejar de reducirnos a la mente (pensamientos, sentimientos, emociones…), dejar de identificarnos con el yo. No te preocupes demasiado por cómo estás, qué sientes, qué te ha ocurrido o qué temes que te pueda ocurrir… Ven al momento presente y entrégate a él. Toma distancia del yo y ríndete a la realidad de lo que es, deja que las cosas sean, entrégate a la Sabiduría mayor que habita todo lo real…, hasta que tú mismo seas también instrumento o cauce a través del cual esa misma Sabiduría se exprese. Acepta lo que es y deja que todo sea. Toma conciencia de que no eres la mente, sino Eso que queda cuando la mente se calla: la plenitud del “Yo Soy” universal. Y reconoce que Eso que eres es perfecto y se halla siempre a salvo. Cuando sueltes la preocupación por el yo, empezarás a ver y podrás seguir el camino adecuado.


Paz en Colombia Enviado por editor el Jue, 25/10/2012 - 20:58.

Joxe Arregi, Hausnarketa/Reflexión

El 18 de Octubre se constituyó formalmente en Oslo, Noruega, la mesa de negociaciones de paz entre las FARC y el Gobierno colombiano. Las negociaciones propiamente dichas se iniciarán en La Habana, Cuba, el 15 de Noviembre. Después de 50 años, y después de tres intentos fallidos de negociación, casi todos respiramos con alivio y una contenida esperanza de que esta vez será la buena, llegará la paz. ¡Bendito sea Dios, que es como decir la Paz sin medida ni término para todas las criaturas! ¡Bendita sea Colombia con sus escarpadas cordilleras y sus majestuosos ríos, su inmensa biodiversidad, sus numerosas etnias y lenguas! ¡Benditos sean sus pasos decididos hacia la paz, la paz tan anhelada, todavía tan insegura, y tan merecida después de 50 años, después de tanto miedo y de tanto dolor! Para llegar hasta aquí, han salvado innumerables obstáculos que parecían insalvables. La guerrilla degeneró muy pronto y dejó de lado en buena medida aquellos ideales de justicia que en un tiempo parecieron justificar el conflicto armado. Buena parte de los representantes del pueblo y muchos gobiernos supuestamente democráticos se han dejado corromper de lleno por el dinero y han ejercido el terrorismo del Estado bajo excusa de combatir el terrorismo. Muchos declaraban que con los terroristas no se ha de negociar, pero ya sabemos que los que así hablan no tienen reparos para negociar y hacer negocios con los mayores terroristas cuando el interés económico lo recomienda o cuando la relación de fuerzas militares lo impone. Muchos preferían seguir con la guerra como medio de vida o como medida de fuerza para lograr sus objetivos. Aún en vísperas de dar inicio a las negociaciones formales de paz en Oslo, ha habido acciones violentas, con muertos y muchos heridos. Más muertos y heridos inocentes. No debe haber más. ¡Ya basta! Para llegar hasta aquí, todos han debido convencerse primero de que no se puede llegar a la paz sino a través de la justicia y de que no se puede llegar a la justicia sino a través de la paz. De que no puede haber paz en Colombia si no se reparten mejor sus inmensas tierras tan hermosas, y si no se devuelven las que han sido arrebatadas por la codicia y las armas. Y de que nunca se erradicará el narcotráfico si no se ofrecen a los cultivadores de coca condiciones para vivir dignamente con otros cultivos. ¡Ojalá todos nos convenciéramos por fin! ¡Ojalá gane la paz! Solo así ganará Colombia, ganarán todos. Mienten quienes dicen que la paz verdadera exige que haya vencedores y vencidos. Sigue siendo un lenguaje de guerra, y la guerra ha servido para lograr la victoria o salir derrotado, nunca para hacer la paz. Es seguro que las FARC no se hubiesen sentado a la mesa de haber albergado esperanzas de vencer al ejército, y que tampoco el Gobierno se hubiese avenido a negociar de haber tenido la certeza de vencer a la guerrilla. Así vamos, y así nos va. Pero ya es hora de cambiar de registro, de creer en otro futuro y de crearlo, de dar un salto de civilización, de ponerse en el lugar del otro, de honrar la humanidad, de pasar del afán de victoria al anhelo de paz. He escuchado a Humberto de la Calle, delegado del Presidente colombiano Santos, decir en Oslo: "No se trata de que las FARC depongan las armas, sino de que las


sigan defendiendo en democracia, sin necesidad de rendirse, ni plegarse a nuestras ideas". ¡Enhorabuena, caballero! Hay que sentirse fuerte y hay que confiar en el otro para hablar así. ¿Cuándo sucederá eso en todas partes donde hay guerra o conflicto? ¿Cuándo nos convenceremos de que con la paz ganamos todos y de que nadie gana sin una paz justa? Hoy recuerdo con pena a todos los muertos y me importa poco en qué bando luchaban. Recuerdo con dolor a los millones de desplazados por la misma violencia con distintos nombres y justificaciones diversas: guerrilla, ejército, paramilitares, terratenientes, narcotráfico. Recuerdo con emoción a Wilson, tendido en la tierra boca abajo atravesado por ocho balas junto a la puerta de la capilla en Yunguillo, arriba del Caquetá, y a su madre y a su hermano pequeño llorando por la noche en el humilde oratorio y en la humilde mesa de los franciscanos. Te saludo, hermosa tierra de Colombia, con tus tres cordilleras, tus nevados y valles y llanos inmensos, con tu Cauca y Magdalena, con tus mares, ríos y quebradas, tus esteros y manglares, con tus ceibas, yarumas y guayacanes, con tus mangos y guanábanas, tus maracuyás y papayas, con tus colibríes, azulejos y cardenales, con tus ciudades y veredas, con tus decenas de etnias y de lenguas, con tus gentes de todos los rasgos y colores, con tu yuca y tus arepas, con tus matriales y maguarés, tus marumbas y cucunos. Hoy te saludo y me alegro contigo. También te saludan, querida Colombia, y se alegran contigo y te desean la paz la garza gris que acaba de descender lentamente, en suaves círculos, a la represa del Narrondo junto al puente, y la elegante lavandera blanca que corretea sobre la torre de ladrillo de la antigua tejería, frente a mi ventana, y la cerraja que ya se marchita entre sus ladrillos, pues aquí estamos en otoño. Volverá la primavera. Florecerá la paz. José Arregi

Para orar. POR LOS CAMINOS DE AMERICA

que lleva a la libertad. Por los caminos de América

Por los caminos de América hay monumentos sin rostro, tanto dolor, tanto llanto, héroes de risa y mal gusto, nubes, misterios, encantos, libros de historia incolor. pueblos de un pueblo que va. Hau bustos de dictadores, Hay cruces en los senderos, soldados tristes, callados, piedras marcadas de sangre, con ojos desorbitados hitos del largo combate viendo avanzar el amor.


Por los caminos de América

banderas de un nuevo tiempo

hay madres gritando locas

siembran al gozo del viento

antes que se queden roncas,

tercas consignas de paz.

díganles dónde hallarán

Y en las más alta montaña

sus hijos muertos, llevados,

rompe un mensaje florido,

en noches de tiranía.

un compañero querido

Aunque les maten el día,

que al alba se fue a buscar.

ellas no se callarán.

Por los caminos de América

Por los caminos de América

los indios tocan sus flautas

al centro del continento,

contra las leyes y pautas

marchan gavillas de gente

con que los quieren uncir.

con la victoria en sazón.

A la guitarra un chiquillo

Nos mandan sueños, cantares,

y el negro con sus tambores

preñados de rebeldía;

y en muchas mesas las flores

las armas de la utopía

de la Fiesta por venir.

que han de vencer al dragón.

(Cancionero de las comunidades cristianas de base de América Latina)

Por los caminos de América


Nuevo disco de Migueli

"Migueli consigue hablar con sencillez de las cosas de Dios" clipping

Un CD sorprendente "A más de un teólogo le vendría bien reciclarse con esta música" Dolores Aleixandre, 28 de marzo de 2012 a las 19:15 •

Dolores Aleixandre: "¿Por qué tenemos tanto miedo al sueño circular y fraterno de Jesús?"

Es un regalo este mundo, cada mañana amanezco. El sol y todo en su sitio. Todo está bien hecho...


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Migueli •

Migueli 01 Recursos en la web •

Migueli


(Dolores Aleixandre)- Salida de un colegio, cinco de la tarde: escucho a una madre metiendo prisa a sus dos hijos: "¡Vamos niños! Y, de pronto, me encuentro tarareando por dentro: "Vamos niños al sagrario que Jesús llorando está, pero al ver a tantos niños, muy contento se pondrá". Esa canción acompañó mi infancia, allá por los años cuarenta y tantos y, por ese poder misterioso de la memoria, pervive aún en mí, aunque ahora ya no piense que Jesús está llorando en el sagrario. Me da alegría imaginar que los niños que ahora cantan: "El amor lo cura todo, el amor perdona todo, el amor lo arregla todo", a lo mejor un día, cuando tengan 60 o 70 años, se pondrán a tararearlo. Y volverán a pensar que es verdad, y que eso del amor es bastante más curativo que otros medicamentos. Qué regalo el que haya llegado a mis manos y a mis oídos este nuevo CD de Migueli de canciones para niños cantadas por niños. De entrada, tienen ritmo y los estribillos son pegadizos, tanto que voy por los pasillos cantando bajito lo de "Hola María, ¿qué tal estás? Yo aquí jugando...¿y tú? Yo aquí volando..." A los niños que cantan, casi "se les ve", con los dientes mellados de los 6 a 8 años y voces de niños de verdad, no de "pequeños cantores de Viena" ni de Seises (caso de que los Seises, tan pausados y seriecitos, se pusieran a cantar). Pero lo que más me ha cautivado han sido las letras, porque no es fácil hablar con sencillez de las cosas de Dios y Migueli lo consigue. Y encima con gracia. Porque a los niños de antes nos enseñaban a decir: "Jesús mío, te amo", pero quizá el equivalente para un niño de hoy puede ser eso de "me caes muy bien". Y una buena manera de que "les caiga bien" también el Espíritu Santo, es cantar que es "la fuerza por dentro, la luz de la cara, la gracia en el cuerpo, la fe en la mirada". ¿Cómo no les va a apetecer hablar con un Dios que "es padre, madre, grande, cerca, amigo y corazón"? ¿Y qué mejor manera de hablar de la Iglesia que diciendo: "Somos un pueblo de muchos colores, de muchos olores, de muchos sabores. ..."? Fantástica también la "iniciación ecológica": "Es un regalo este mundo cada mañana amanezco. El sol y todo en su sitio. Todo está bien hecho (...) Las hormigas trabajando, los pájaros por el cielo, y yo cuido este regalo cantando y viviendo". En fin, que a más de un teólogo le vendría bien reciclar su teología escuchando y tomando apuntes de las letras de este CD, tan lleno de sabiduría pero mezclada con esa frescura que Dios le ha regalado a Migueli...¡y que siga así muchos años más!.


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