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Edición No. 57 / Cali, del 27 de julio al 2 de agosto de 2013 / Valor $ 1.500 / www.elpueblo.com.co

INFORME ESPECIAL

La rumba irresponsable de Cali La posición suena escandalosa, pero lo evidencian las cifras: Cali es la primera ciudad en número de casos de accidentes de personas conduciendo en estado de embriaguez. En esta ciudad de alta actividad fiestera, los caleños rechazan la irresponsabilidad del conductor borracho pero no tienen reparo en tomar el timón en ese estado.

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n Cali las autoridades ya tienen identificada una ruta que han denominado “la ruta del alcohol”; la componen las vías por donde transitan los caleños que entran o salen de los sitios de vida nocturna o de rumba, como comúnmente se conocen. Estas vías conducen a una noche fiestera que, aunque muy corta en la capital vallecaucana, los rumberos se las ingenian para hacerla más larga. Ellos no tienen reparos en llegar al sitio de rumba y salir de ahí en vehículo propio en estado de alicoramiento. Muy alegres pero poco responsables, los caleños se exponen de esta manera a ser víctimas o victimarios de accidentes que casi siempre resultan fatales por una mezcla muy rechazada, pero comúnmente consumida: la del alcohol con la gasolina.

En Colombia, cada 43 minutos se detecta una persona que bajo los efectos del alcohol conduce su vehículo

Las cifras que posicionan a Cali como la primera

En Colombia, cada 43 minutos se detecta una persona que bajo los efectos del alcohol conduce su vehículo. La deshonrosa posición de Cali –el primer lugar entre las ciudades donde se registran más accidentes de tránsito por esta causa– se debe a los 9.800 accidentes de tránsito, de los cuales 180 tuvieron como protagonista el alcohol. Según las autoridades de tránsito, se han impuesto más de 500 comparendos por alcoholemia en la capital vallecaucana. Otro dato importante que evidencia por qué Cali está en la mira de todo el país, como la ciudad que más problemas de conducción en estado de alicoramiento tiene, es porque de 90 pruebas de alcoholemia que se pueden practicar en promedio en un operativo, cerca de 30 salen positivas. Las campañas de concientización ya no dan abasto, mucho menos las autoridades que en repetidas ocasiones se han pronunciado al respecto, indicando que la presencia de guardas de Tránsito en la ciudad no son suficientes y que si bien se necesita un trabajo articulado con la Policía de Tránsito, en una de las principales ciudades del país, como es Cali, dicho convenio no existe. El abogado Gustavo Díaz, consultor para asuntos de la noche y líder cívico de la marca R con R rumba responsable,

además de asesor de negocios nocturnos de Cali y del sector distinguido por su alta actividad nocturna, Menga, lidera uno de los proyectos más reconocidos en la ciudad para capacitar y concientizar a la comunidad sobre el consumo de alcohol mientras se conduce. Díaz es enfático en afirmar que en Cali hay tres actores determinantes para que las cifras no bajen. El primero es la educación y formación para quienes deciden en algún momento abrir un negocio de venta de licor. “Los controles sobre estos negocios no existen; en Cali cualquiera puede abrir un estanco o una tienda donde se vendan bebidas alcohólicas. A la hora de abrir las puertas de una discoteca, una taberna o un bar lo más necesario es el recurso económico, porque las demás cosas están al alcance del que tenga la posibilidad de pagarlas”, indica el experto en leyes. El segundo factor mencionado es la corrupción de quienes deben ejercer la autoridad. La persona que se sube embriagada a un vehículo para conducirlo y que más adelante se

A la hora de abrir las puertas de una discoteca, una taberna o un bar lo más necesario es el recurso económico, porque las demás cosas están al alcance del que tenga la posibilidad de pagarlas

encuentra con un control de la policía, sabe que resulta sencillo pasar dicho control con un billete de $50.000, esto hace que para los ciudadanos sea un chiste conducir borrachos. “Pasa a menudo y definitivamente no deja que de verdad se ejerza autoridad en medio de una sociedad a la que se le debe poner límites para todo”, precisa. Como tercer factor resalta que no hay un modelo educativo establecido. Los controles se hacen de puertas para

adentro, a quienes están dentro de los establecimientos, pero no existe nada concreto que logre retener al conductor ebrio en las calles. Para el caleño es muy fácil tomarse unos tragos en los andenes y eso significa, en muchos casos, caer en el exceso. El abogado Gustavo Díaz señala que las medidas implementadas por la administración caleña para el control del tránsito funcionan, pero no para la alcoholemia. Tal es el caso de las cámaras puestas en la ciudad, que ayudan en materia de velocidad o para que los ciudadanos respeten la norma del pico y placa. “Es evidente que desde que se pusieron cámaras en las calles de Cali, los puestos de control disminuyeron: ya no hay operativos de alcoholemia”, señala. Díaz podría ser uno de los más afectados con los estrictos controles que deberían hacerse en la ciudad y con la consciencia de cada caleño de no conducir en estado de embriaguez, por su trabajo como asesor de negocios nocturnos; sin embargo, asegura que esta

Edicion 57  
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