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El del

resente resente asado

boletín del observatorio de historia, a.c.

elpresentedelpasado.com número 27, 18-24 de marzo, 2013 l Lunes 18

Un apretón de manos Luis Sandoval Salazar

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l 21 de febrero de 1972, el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, se entrevistó en Pekín con Mao Zedong —quien se desempeñaba como presidente del Partido Comunista Chino—, en una de las más insólitas y trascendentales reuniones de la guerra fría. La fotografía del apretón de manos causó revuelo tanto entre comunistas ortodoxos como entre republicanos conservadores, que interpretaron el pragmatismo político de sus respectivos líderes como un acto de traición ideológica. El enorme éxito que tuvieron las políticas de apertura comercial impulsadas a partir de 1978 por el “rehabilitado” Deng Xiaoping lograron silenciar la mayoría de las críticas que se hicieron a aquel histórico apretón de manos de 1972. Después de más de cuatro décadas, la imagen de Mao y Nixon, lejos de esconderse, es sumamente publicitada. Hoy en día la

principal querella entre Washington y Pekín es la sobrevaluación del yuan, dejando lejos de la agenda bilateral cualquier diferendo ideológico o en materia de derechos humanos. La preeminencia de la economía sobre cualquier clase de consideraciones políticas e ideológicas logró moldear la opinión pública y académica acerca de un hecho histórico. En diciembre de 1983, en medio de la sanguinaria (y casi olvidada) guerra entre Irán e Irak, Donald Rumsfeld, quién entonces era el enviado especial del presidente estadounidense Ronald Reagan, fue captado en otro histórico apretón de manos con el dictador iraquí Saddam Hussein. No es de sorprenderse que la diplomacia estadounidense no tenga empacho en negociar con dictadores; lo que resulta impresionante es la falta de perspectiva histórica que tienen las descripciones y análisis de los “apretones de manos” entre figuras de relevancia internacional (aunque lo mismo se podría decir de política doméstica). El hecho que Rumsfeld fuera a negociar con un brutal asesino y represor podría “justi-

ficarse” con argumentos de realpolitik, pero en aras de una consciencia histórica “libre de pecados” este tipo de imágenes son relegadas y olvidadas. Incluso la estrecha relación que mantuvo el presidente estadounidense George W. Bush con el presidente (primero de facto y luego de jure) Pervez Musharaff de Pakistán ha caído en el olvido, sin importar que este último haya llegado al poder con un golpe de estado o que su régimen fuera caracterizado por constantes y sistemáticas violaciones a los derechos humanos. El propio Muanmar Gadaffi de Libia (al cual es difícil ponerle un título adecuado) logró obtener fotografías saludando a Condolezza Rice, secretaria de Estado durante la segunda administración de George W. Bush, y al mismo Silvio Berlusconi, cuando era primer ministro de Italia. Este tipo de imágenes desaparecen rápidamente de la memoria colectiva y cuando resurgen rara vez se les da el peso que merecen. Mientras que el “beso” entre Brezhnev y Honecker (con motivo del trigésimo aniversario de la fundación de la República De-


mocrática Alemana) se ha vuelto motivo de burlas y hasta un icono de la cultura popular, la relación entre Jorge Mario Bergoglio y Jorge Rafael Videla (con amplia documentación fotográfica) sigue siendo motivo de controversias. Más allá del papel que pudo haber desempeñado el nuevo pontífice durante la guerra sucia en Argentina, es necesario darle mayor importancia al acervo fotográfico en la manera de historiar de hoy en día, ya que es un elemento indispensable para luchar contra el revisionismo histórico que suele obedecer a los poderes fácticos y no a razones académicas. ❦ l Martes 19

El mundo según Carlyle Fernando Pérez Montesinos

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a historia universal”, sostenía Thomas Carlyle, “es en el fondo la historia de los grandes hombres”. Son ellos los “creadores de todo lo que la masa de hombres en general logran hacer y alcanzar; todo aquello que se ha logrado y vemos en pie en el mundo es propiamente el resultado exterior material, la realización práctica y la encarnación de los pensamientos que habitaron en los grandes hombres que fueron mandados al mundo” (On Heroes, Hero-Worship, and the Heroic in History [Londres: James Fraser, 1841], 1-2). Las deficiencias de la historia heroica de Carlyle han sido profusamente señaladas y criticadas. Se trata de una historia que plantea una oposición artificial entre sociedad e individuo. Es, por definición, una historia desde arriba, y una que, a diferencia de otras muchas buenas historias del quehacer de las elites, exagera la influencia que los individuos en el poder tienen sobre los acontecimientos. Se limita a buscar y listar una serie de características que supuestamente conformarían el perfil de los grandes hombres. De ahí también su desmedido énfasis en lo inme2

diato, anecdótico e idiosincrático. No es por cierto una historia propiamente biográfica. Lo que importa a fin de cuentas no es tanto el análisis de una vida individual sino de rendirle culto al individuo. Las evidencias empíricas y el contexto quedan por tanto en segundo término o se acomodan para apuntalar el homenaje. La historia heroica, en fin, suspende la crítica y la comprensión a favor de la didáctica moral. Es una historia que ofrece una visión muy estrecha del mundo, que explica poco y apenas contribuye al entendimiento de los verdaderos mecanismos del poder. A más de siglo y medio de publicadas, las ideas de Carlyle sobre la historia se encuentran hoy ampliamente desacreditadas entre los profesionales de la historia. Fuera del gremio es también difícil encontrar quien sostenga al pie de la letra las premisas y argumentos de la historia heroica. Después de todo, la influencia directa de Carlyle en el imaginario social fue siempre muy limitada. El culto al individuo, el encanto por las figuras heroicas, la tendencia a exagerar las acciones de un grupo reducido de “grandes hombres” y minimizar el contexto en que vivieron no fueron de ninguna manera exclusivas ni originales invenciones de Carlyle. El escritor escocés sintetizó y esquematizó nociones que ya gozaban de cierta aceptación y popularidad. Sólo en esa medida es que pudieron encontrar resonancia. Sólo en esa medida, también, puede entenderse que aún tengan eco, así sea de manera implícita, en varias de las discusiones públicas actuales. Así parecen mostrarlo muchas de Esta newsletter es una publicación semanal del Observatorio de Historia, A. C., donde se recogen los textos aparecidos en elpresentedelpasado.com Sus editores son Halina Gutiérrez Mariscal y Luis Fernando Granados. Toda correspondencia debe dirigirse a observatoriodehistoria@gmail.com

las expresiones y opiniones que circularon en los medios y las redes sociales a propósito de la muerte de Hugo Chávez y la elección como papa de Jorge Bergoglio. Mucho de la historia de los “grandes hombres” puede reconocerse en el seguimiento mediático y los numerosísimos comentarios que suscitaron ambos acontecimientos. Con el agregado, por supuesto, de que no sólo se trata de la historia heroica, sino también de su inseparable espejo, la historia del gran tirano (o como en este blog se le ha llamado, la historia del gran villano). Que muchos de los grandes medios hicieran un seguimiento noticioso a la manera de los programas de celebridades no sorprende, pero tampoco deja de preocupar. Todavía más inquietante (y triste) es el hecho de que muchas de las opiniones en los medios tradicionales, pero sobre todo en las redes sociales, vinieran de personas cuya formación profesional exige un manejo más responsable y crítico de la información —profesionales y estudiantes de humanidades y ciencias sociales—. Es decir, ir más allá del comentario fácil, la reproducción de estereotipos, la inmediatez del dato “revelador” y la falta de verificación de las fuentes que se usan para emitir una opinión o argumento. Quizá el ejemplo más claro de esto fue la amplia difusión de una fotografía en la que se daba a entender que Bergoglio estaba dando la comunión a Jorge Rafael Videla. La foto fue usada como supuesta evidencia dura de la clara complicidad del nuevo papa con la dictadura. Como después quedó claro, Bergoglio no era quien aparecía en la imagen. La foto, sin embargo, circuló no sólo con la misma rapidez, sino con la misma naturalidad y aceptación acrítica con la que circulan videos de Gangnam Style y Harlem Shake. En el fondo, muchos de los comentarios tanto de detractores como de defensores de Chávez y Bergoglio comparten las mismas premisas y ló-

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gicas. Como en las historias heroica y tiránica, el análisis de las fuentes y la evidencia no importan. De lo que se trata es de mostrar la indignidad del villano o bien la talla del héroe. La evidencia sirve sólo en la medida en que apoya el ataque personal y refuerza la imagen déspota del tirano o de valentía del héroe. Lo que se critica o alaba no son tanto las acciones concretas y comprobables, sino la presencia o ausencia de virtudes y defectos en la personalidad (sabiduría, arrojo, astucia, valentía). Lo que vale es construir una perfil más o menos esquemático y emitir una conclusión conforme a criterios morales. Se trata, en suma, no de crítica sino de descalificación. Las descalificaciones no sólo partieron de los supuestos provistos por las historias de los grandes héroes y villanos. También ayudaron a seguir perpetuando la visión particularmente estrecha del mundo que estas historias promueven. Todavía más, la obsesión por reducir todo al punto de vista del “gran hombre” (ya para denostarlo o ensalzarlo) terminó por opacar muchas e importantes discusiones e investigaciones que también circulan acerca de Chávez y Bergoglio. Discusiones e investigaciones que no buscan reconocer en ellos los rasgos del gran héroe o el gran déspota, sino establecer las causas y consecuencias de sus acciones con argumentos, contextualización y pruebas. ❦ l Miércoles 20

El 17 como negación del 18 Luis Fernando Granados

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alvo que se hubiera decidido “ceder” a Morena el mero día del septuagésimo quinto aniversario de la expropiación petrolera, parecería que el gobierno federal no tuvo otra razón para celebrar el día de San Lázaro el domingo 17 que permitirle a Enrique Peña Nieto viajar a Roma a tiempo para asistir a la ceremonia in-

augural del papado de Jorge Bergoglio el martes 19. Pero ni siquiera en ese caso, que hubiera sido un exceso de cortesía política, resultaría del todo explicable por qué decidió sabotearse la efeméride: después de todo, el acto gubernamental ocurrió en Salamanca, mientras que los partidarios de Andrés López Obrador se congregaron —sin su líder, además— en la capital de la república. (Evidencia de la creciente irrelevancia del prd, por lo demás, es que el antiguo partido de López Obrador organizara un mitin tan convencional como aburrido el mismo domingo, que apenas sin convocó la atención pública.) Acaso el término sea moralista: fijar un acto conmemorativo en una fecha distinta a la que “debería ser” puede haber sido, más que un sabotaje, una manera de rehuir el olor de santidad que acompaña al momento cumbre del gobierno de Lázaro Cárdenas, una táctica historiográfica destinada a desdorar el bronce que ha terminado por envolver, acartonándolo, el acto mismo de la nacionalización. Sería en verdad admirable que —del mismo modo que la reforma de las telecomunicaciones aparenta contener un principio democratizador y antimonopólico— el gobierno de Peña Nieto hubiera decidido contradecir los vaticinios que lo hacían un mero restaurador del orden simbólico priista con una decisión subversiva de la tradición del antiguo-nuevo partido hegemónico; esto es, contraria a la santificación —que es como decir la momificación— de un gesto político tan audaz y hasta cierto punto tan inesperado que consiguió alterar el papel de México en el mundo y al mismo tiempo asegurar, acaso para siempre, el prestigio del gobierno (de ese gobierno) en la memoria social mexicana. Pero apenas se consideran algunos de los otros gestos que acompañaron la celebración del discurso de Cárdenas —la presencia de Carlos Romero

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Deschamps, el contenido mismo del speech de Peña Nieto (que puede leerse aquí)— resulta difícil conceder al gobierno el propósito renovador que sus palabras anuncian. Por un lado, la reivindicación pública del hermano gemelo de Elba Esther Gordillo apenas unas semanas después del encarcelamiento de la lideresa magisterial indica con claridad lo poco que puede esperarse de la “renovación moral” peñanietista. Por el otro, de manera más preocupante, la repetición de lugares comunes que hubieran podido decirse hace medio siglo no hace sino alentar las sospechas de que el gobierno esconde intenciones opuestas a sus afirmaciones explícitas. Porque decir que desde el 18 de marzo, 1938 “el petróleo es símbolo de progreso e identidad nacional” equivale a reverenciar un modelo de desarrollo y una visión de la ciudadanía que ya produjo una vez una catástrofe política de gran profundidad: la petrolización de la economía y del estado a fines de los años setenta. Porque entonces es inevitable advertir que, al poner tanto énfasis en los beneficios al consumidor, el presidente parece estar justificando lo que viene: si lo único que importa de la reforma energética es que todos tendremos energía más barata, entonces no importa tanto el modo en que se consiga “que [la reforma] nos permita contar con la tecnología y la inversión necesarias para extraer y aprovechar los vastos recursos energéticos del país”. (Que es como decir que la reforma busca que alguien más, no el estado, provea la tecnología y el capital que hacen falta.) La celebración de una fecha no lo es todo, por supuesto. A la luz de estos otros aspectos de la ceremonia, sin embargo, la paranoia parece cualquier cosa salvo infundada. Ojalá no llegue el día en que la privatización de la industria petrolera se “celebre” en la víspera misma del cumpleaños de su nacionalización. ❦ 3


l Jueves 21

También la historia es un pájaro rebelde Israel Vargas Vázquez

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a Ópera de Bellas Artes presentó este marzo Carmen, de Georges Bizet, para muchos una magna obra de este arte que conjuga voz, danza y actuación. Estrenada en París en 1875 y en México seis años después, ha sido una especialidad de la compañía en su largo historial de presentaciones. Esta vez el director concertador fue Sbra Dinic, la puesta en escena corrió a cargo de Marcelo Lombardero, el diseño escenográfico fue de Diego Siliano, y Luciana Gutman estuvo a cargo del diseño de vestuario, que sorprendieron al público conocedor al situar completamente la obra en un contexto actual. La anécdota de Carmen puede resumirse como una historia de amor entre la protagonista y su amante José, de profesión militar. La gitana va coleccionando amantes donde quiera que pisa y José no fue la excepción, al grado tal que deserta del ejército español para seguir a su amada junto a una compañía de contrabandistas que planean huir de Sevilla con sus mercancías. La obra, que ocurre en un contexto andaluz del siglo xix, donde dragones, gitanos y trabajadores comparten un mismo espacio, se vio trasgredida y montada en un contexto fácilmente reconocible como latinoamericano. La compañía productora Buenos Aires Lírica, de Bertha Coutiño y el mismo Lombardero, la presentó con este estilo hace un par de años en Argentina. Ahora en México, el escenario sufrió un upgrade geográfico, con unas consecuencias que al público conocedor nos pareció insultante pero para el asistente neófito le pareció rotundamente familiar. Los estereotipos de la sociedad mexicana se hicieron presentes con dragones sustituidos por militares vigilantes de las calles, gitanos sustituidos 4

por pandillas dedicadas al graffiti, baile break dance y tráfico de mercancías (que no droga, cabe aclarar que esta asociación corrió por parte del auditorio) y bandos armados con pistolas automáticas. Por si eso fuera poco, como fondo de escenario un paisaje de los montes y cerros cubiertos de desorden urbano que fácilmente pueden pasar por la imagen de Ecatepec y Iztapalapa. La taberna de Lillas Pastia, refugio de gitanos, se convirtió en un dance club (muy al estilo de una telenovela) y un torero con un traje blanco de norteño, botas y sombrero (hágame usted el favor), con dos guardaespaldas que le hacían parecer jefe del narcotráfico. Me concentraré en tres momentos de la obra. El primero fue el asesinato del teniente Zúñiga a manos de José, quien, recién tomada la decisión de desertar del ejercito y seguir el camino del contrabando, sin dudar da un tiro de gracia a su ex jefe enfrente de todo el público del dance club (el gobierno no gana la guerra contra el crimen ni en el escenario). Cualquier coincidencia con algún rito de iniciación del grupo armado es pura coincidencia. El segundo momento fue cuando los asistentes a la Maestranza de Sevilla describen cantando la corrida de toros, sus tiempos y sus hazañas, mientras en una malla transparente — entre el público y el coro— se proyectaban escenas de una corrida de toros, pero al momento de su crescendo vocal la proyección cambio el tema y rostros de mujeres aparecieron uno por uno evidenciando un maltrato o, mejor dicho, representando violencia contra la mujer, repitiéndose bastante y multiplicándose en pequeños recuadros. El tercer momento —y puede usted, querido lector, no leerlo, porque relato el final de la obra— sucede cuando José, afectado emocionalmente, decide matar a Carmen después de una discusión. En el libreto original lo hace frente al público transeúnte, pero en esta ocasión el crimen sucede sin testigos en un callejón sucio y solita-

rio, detrás de la plaza de toros, empujando y levantando a la gitana contra la pared, cual si la violara en el mismo momento en que la apuñala con una navaja. Estos tres momentos son muy significativos del mensaje que los productores Coutiño y Lombardero querían presentar. Más allá de lo atractivo que pudo ser para el público asistente, que en vez de perderse en un lejano contexto español pudo relacionarlo con el contexto mexicano con el tema de la confrontación entre militares y maleantes, el machismo extremo y la violencia contra la mujer, este upgrade participó como mediador entre la mentalidad del siglo xxi con la del siglo xix, insertando temas y escenarios actuales para su reflexión y comprensión. A esto nos enfrentamos los historiadores a la hora de enseñar a un grupo de alumnos desconocedores de la construcción de los contextos históricos, que les son ajenos y poco pueden relacionar con el propio, además de sólo consumir historia a través de los medios que les son cotidianos. Es lamentable que lo único que sepan del imperio romano sea a través de serie Spartacus: Blood and Sand, y de los griegos sólo la película 300, de Zack Snyder, o, viniendo más a la actualidad, que sepan de la historia de Estados Unidos sólo lo que The Simpson retoman. Las estrategias de enseñanza deberían funcionar como estos mediadores entre contextos actuales y pretéritos, estableciendo relaciones presentepasado y utilizando temas para la reflexión y crítica de problemas presentes como lo hace la puesta en escena Carmen. Sin estos intentos que por momentos parecen ser sacrílegos en la academia, poco podemos decir de nosotros y de nuestro contexto hacia los estudiantes que confunden el entretenimiento con el conocimiento, y que poco les ayuda a descifrar su realidad —mucho menos para encontrar soluciones. ❦

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l Viernes 22

Comprender, comprender, comprender Rubén Amador Zamora

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ué puede decirnos la historia de la sociedad contemporánea?” es el título de una conferencia que pronunció el recientemente fallecido Eric Hobsbwam y que podemos leer en su libro Sobre la historia (Barcelona: Crítica, 1998). Podemos parafrasear el título del historiador inglés y preguntarnos “¿qué puede decirnos un historiador de la sociedad contemporánea?” Con la muerte de Hugo Chávez, el flujo de la información fue verdaderamente asombroso. Politólogos, periodistas, políticos, especialistas de esto y de aquello… y también historiadores. El día que murió Chávez, la cadena de noticias cnn entrevistó al historiador Enrique Krauze. La entrevista puede verse aquí. Es conocida la posición política de Krauze ante el gobierno del venezolano y no debe llamar a sorpresa que manifieste su oposición al régimen. Sin embargo, la entrevista es interesante porque la profesión del historiador está presente. La función del historiador es explicar el pasado pero, sin duda, una visión del presente con perspectiva histórica ayuda a comprender un poco mejor el mundo en que vivimos, a las personas que viven con nosotros. Es importante que consideremos que la entrevista se hizo el mismo día en que murió Chávez y que es sumamente breve. No obstante, las respuestas de Krauze son suficientes para darnos una idea de dónde pone énfasis un historiador: en la comprensión de los procesos y en la vida de un individuo de relevancia pública. Tener una mayor comprensión sobre el pasado siempre es fascinante. Y Krauze parece sentirse atraído por esa fascinación cuando explica a Chávez y a los venezolanos en el mar-

co de un devenir histórico. Con esto no quiero decir que Krauze comprenda en su totalidad el chavismo y por eso “debe” en su posición política frente a Chávez. Creo que, y ésta es la intención de este texto, vemos con Krauze la opinión de un historiador, que no es la de un politólogo, sociólogo, antropólogo u otro especialista de las ciencias sociales. Un historiador es un especialista en la comprensión del pasado y, con esa capacidad ejercitada desde su profesión, puede ayudarnos a comprender mejor el presente. Su opinión, aún con las influencias ideológicas de todo sujeto que vive la realidad actual, es una opinión desde cierta distancia, con cierta perspectiva. Y eso, quizás, es lo que un historiador, entre otras cosas, puede aportar a la comprensión del presente. ¿Y sobre el futuro? En la entrevista Krauze deja la vestimenta del historiador y manifiesta sus posturas políticas. Cuando se habla del futuro, el historiador se hace a un lado para dar voz al animal político. Pero esa es otra historia. Krauze explica y comprende, a su manera, el pasado y el presente. Pero su visión sobre el futuro es personal, ya no profesional. ❦ l Sábado 23

La historia como fractal Marco Ornelas

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ay manera de conciliar la irreducible particularidad de la vida social, de la que se jactan los historiadores, con el afán —casi compulsión— de los sociólogos por subsumir los acontecimientos históricos dentro de formas sociales homogéneas? La pregunta, lejos de ser ociosa, abarca la tradicional oposición entre necesidad y azar o entre estructura y acontecimiento, y que en la historiografía alemana del primer tercio del siglo xx contrapuso las ciencias nomotéticas a las ideográficas.

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El asunto viene a cuento a propósito del documental Fractals: The Colors of Infinity, el mayor descubrimiento científico desde Einstein, en opinión del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. ¿Quién es y qué descubrió Mandelbrot? Benoît B. Mandelbrot (1924-2010) fue un matemático nacido en Polonia y formado en Francia y los Estados Unidos, a quien se atribuye el desarrollo de un nuevo campo en la geometría: la geometría fractal. La idea es muy sencilla: un fractal es una figura geométrica irregular que reproduce su complejidad en cualquier escala, esto es, sin importar el grado de resolución de la imagen. La semejanza de la complejidad de estas figuras con objetos de la naturaleza como montañas, líneas costeras, cuencas, la estructura de árboles, vasos sanguíneos y pulmones y con el agrupamiento de nubes y galaxias, es directa. Lo que se propone aquí es empujar esta analogía para llevarla al campo de los acontecimientos humanos. Se trataría, claro está, de una historia con minúscula y que en principio admite, como sucede con los fractales, distintas escalas o grados de resolución (micro-, meso-, macrohistoria). Los fractales —ayudados necesariamente de teorías sociológicas contemporáneas— permitirían plantear un programa de investigación histórica que rebasara la doble miopía de considerar que la historia trata con fenómenos absolutamente irrepetibles, no integrables en formas homogéneas (la decena trágica que termina con el asesinato de Madero y Pino Suárez en febrero de 1913) o bien que la historia no es más que la variación de una forma más o menos fija ampliamente documentada (el golpe de estado al presidente Allende en 1973 como aproximación imperfecta a la decena trágica mexicana). La finalidad de un programa de investigación como éste sería vincular, ensayar, hacer evidentes las escalas o grados de resolución posibles en 5


el tratamiento de los acontecimientos históricos, a la manera en que lo hacen los fractales. Más propiamente: se trataría de mostrar las mediaciones que permiten transformar el suceso histórico único en formas, órdenes sociales discernibles. El empeño redituaría enormes ganancias; por de pronto, arrimar la investigación histórica —que falta le hace— a los descubrimientos científicos más novedosos mediante la analogía conceptual y la investigación interdisciplinaria. ❦ l Domingo 24

Festejos extinguidos Jorge Domínguez Luna

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l pasado 8 de marzo se publicó en la Gaceta Oficial del Distrito Federal un “acuerdo por el que se abroga el diverso que crea la coordinación de producción editorial y de la recuperación de la memoria histórica y cívica nacionales en la ciudad de México, Bi 100”, misma que fue creada mediante otro acuerdo de fecha 13 de enero de 2011, publicado el 14 de marzo del mismo año. La vida de la coordinación fue de apenas dos años. La historia de esta coordinación se remonta a la creación de otra, la “coordinación para los festejos del bicentenario de la independencia y del centenario de la revolución”, en julio de 2007, cuyo objetivo queda eviden-

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ciado en su nombre y que debía cesar sus funciones el 31 de diciembre de 2010. Las cuentas entregadas las dejó a consideración de cada uno Cuatro años parecerían suficientes para programar, coordinar y entregar resultados de las conmemoraciones de ambas revoluciones. Empero, alguien creyó necesario que “los esfuerzos y recursos aplicados por el gobierno del Distrito Federal a través de la coordinación para los festejos del bicentenario de la independencia y del centenario de la revolución, en la ciudad de México siguieran incidiendo favorablemente a la sociedad del Distrito Federal” y, por ello, creó la recién abrogada coordinación. Es decir —según lo entiendo—, los resultados entregados por la primera coordinación fueron tan buenos que resultaba lógico prolongar los beneficios para los habitantes de la capital. Mi intención no es objetar la pertinencia de que el estado o cualquiera de sus derivaciones (en este caso el Fideicomiso del Centro Histórico) inviertan recursos en la producción historiográfica en cualquier presentación. Al contrario, me parecería justo y necesario que lo hicieran. Mi preocupación gira en torno de lo producido por estos organismos y, sobre todo, a su difusión. Las actividades con motivo de los festejos de la independencia y la revolución ya han sido comentados en este

espacio. Por ello, cuando encontré la publicación de la Gaceta Oficial me alarmé por tres razones: la primera, fue la abrogación de la coordinación en sí; la segunda, mi desconocimiento de su existencia y, por último, el hecho de que, en tanto desconocida su existencia, su trabajo lo es aún más. Antes de publicar este texto, comenté el tema con cuatro colaboradores de este espacio y una amiga que se resiste a serlo, y ninguno tenía conocimiento de la existencia de esta oficina. Ahora bien, la autoridad encargada de administrar lo que pertenecía a la coordinación recién abrogada será el Fideicomiso del Centro Histórico, autoridad encabezada por una historiadora, Alejandra Moreno Toscano. No sería mala idea que informará sobre los logros de la desaparecida área. Hasta ahora lo único que encontré fue un canal de Youtube llamado “Bi100 Editorial”, que presenta videos hechos entre 2007 y 2010. Así, sigue siendo un misterio para mí el trabajo realizado por un oficina encargada, entre otras cosas, de la recuperación de la memoria histórica y cívica en esta ciudad. Finalmente, sería interesante saber si esto representa el final definitivo de los festejos con motivo del bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución. Ojalá alguien pudiera iluminarme al respecto ❦.

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El Presente del Pasado 27  
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