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última palabra escribe Marta Blanco*

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Del terremoto al

oaquín Edwards Bello hablaba del animamoto que les sobrevenía a los chilenos, siempre a medio camino entre la riqueza y la pobreza, el odio y el amor, cambios de ánimo súbitos o terremotos del alma, o sea, animamotos. Y aunque en esta oportunidad el terremoto le cayó a Haití, pobre país desolado y asolado, viejo recuerdo de la colonización francesa, de la importación (¿?) de negros africanos para servir de esclavos en las plantaciones, el animamoto cayó sobre la Concertación, que a pesar de los esfuerzos y las fuerzas desatadas, no logró clavar su pica en el Flandes Indiano, y perdieron la quinta elección presidencial continua. Y aunque el tango diga que veinte años no es nada, dos decenios son muchos años de gobierno y nos venía bien un cambio; Chile necesitaba un recordatorio no solo a través del museo de la Memoria y los DDHH sino en la alternancia en el gobierno. Una de mis razones para creer necesario el cambio fue la largura y largueza del gobierno de una coalición que, sin ser un partido único, reflejaba una sola mirada sobre la realidad del Chile. Entre ellos no se llevan muy bien, es bien sabido. Se toleran y a veces ni eso. De manera que enturbiar la idea de la Alianza porque son dos partidos muy diferentes no les servirá de mucho, dado que solo representan esa misma realidad nacional que pareciera ser la mayor dificultad social chilena, que no es otra que la extraña capacidad de transformar en credo y acto de fe una posición política, haciendo de las pasiones una virtud muy rara. El orgullo es mal consejero. Y ahora ya tenemos un presidente electo, un liberal preparado, un hombre de gran dinamismo a quien respaldan muchos y bien preparados consejeros. Viene de la raíz más brillante, como fue su padre, don José, más conocido como Pepe Piñera, hombre que tuvo gran sentido social y capacidad para formar no solo la Corfo sino destacándose en el exterior. Mi estimado amigo, risueño y serio, caballero y sencillo, joven hasta el último día, un servidor público generoso con su tiempo y sus 48 / 22 DE ENERO DE 2010

ideas. Murió lleno de amigos, embarnecido y sólido como una montaña. Me dio grandes muestras de su perspicacia, su naturalidad y su alegría. Esto no es trivial. Un hombre alegre, brillante y sencillo es un gran hombre. De esa estirpe viene Sebastián Piñera. Los países maduros se dan el lujo de alternar políticamente en el gobierno. Bienvenido a tareas mayores, señor presidente de Chile don Sebastián Piñera. Y ahora, a otra: La educación es una tarea de apariencia inabordable que es urgente abordar. Le he dedicado algunas horas de desvelo, muchas de reflexión y trabajo docente y cultural. No creo posible abordar el tema sin partir desde la base misma de nuestra

posibilidad de eliminar la ignorancia y asentar al país en aquello que sí fue un sello distintivo en algunos momentos de su historia. Fuimos un país con intereses culturales, con afanes educativos y grandes profesores. Hoy la idea de estudiar atraviesa una fase de smog cerebral. Los alumnos se han convencido de que estudiar no debe ser un esfuerzo sino una diversión, los profesores –aparte de otros temas que no sabría abordar– temen a estos niños y adolescentes desaforados. La llamada tecnología ha concurrido para convencer a los estudiantes de que están llenos de derechos y escasos de obligaciones. Ya no estudian por estudiar sino por sacar notas que les permitan lle-

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