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internacional

Haití

Bajo el signo del infortunio Las 16:42 del martes 12 de enero de 2010, marcó la hora más oscura en la historia de Haití. Un terremoto de 7,3 grados de magnitud, con epicentro a tan sólo dieciséis millas al oeste de la capital, se encargaría de demostrar, una vez más y de la peor forma, el ensañamiento que aparentemente parece tener el destino con la pequeña república caribeña. POR RAKESH GOKLANI

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ntre los más de 100 mil muertos, una cantidad indeterminada de heridos, el colapso de todos los servicios y la destrucción prácticamente total de la infraestructura del país, dejaron a una nación en el suelo y a la comunidad internacional 28 / 22 DE ENERO DE 2010

conmocionada frente a la envergadura del desastre. La dantesca escena descrita y exhibida por los medios de comunicación, nos ha hecho testigos del nivel de desconsuelo por el que están pasando sus habitantes. A la pérdida de padres, hijos y familias enteras, se suma el sufrimiento de heridos

y supervivientes. Muchos de los cuales, aún habiendo sobrevivido al terremoto, murieron esperando atención médica o el ser rescatados de las verdaderas tumbas de cemento en que se convirtieron casas y edificios. El derrumbe físico también terminó por sepultar las frágiles estructuras institucionales del

país, evidenciadas en la misma catástrofe, por la falta de liderazgo del presidente René Préval y la ausencia de algún resabio del gobierno para organizar y canalizar los esfuerzos de rescate y auxilio. La misión de estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), que durante los

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