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Maracay, Sábado 15 de septiembre de 2012

Crónicas del Olvido

A XXX años del Ateneo de Calabozo Una vieja foto en la memoria

ALBERTO HERNÁNDEZ

en los viajes míticos y terrenales de Ángel Bernardo Viso. En Luis Barrios Cruz y su "Poema del poema no escrito aún". En Alfredo Coronil Hartmann-Viso. En Mercedes Ascanio. En Arnaldo Acosta Bello. En José León Tapia. En poetas y narradores, magos y atrabiliarios de nuestra imaginería local y nacional. Y así, hasta los nuevos nombres que hoy respiran en este mapa, fuera de la foto pero presentes en los extremos del recuerdo.

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a memoria es casi sepia. Gris también por la mucha tierra que ha pasado ante los ojos, por el tantísimo polvo acumulado en los párpados. La memoria se borra y regresa, como las mareas. Bajo un merey están reunidos. Es tiempo desértico, tiempo de terredad, de cielos agresivos y oleadas de calor incesantes. Bajo la sombra del árbol esmirriado se ven los rostros de quienes hacían de la hora una fiesta, un estado del alma en pleno Llano. La memoria alboroza el recuerdo. Lo trae intacto, casi ileso de los baches que en el camino halla. Y se queda para descubrir las miradas que desde la fotografía irradian un discurso también borroso, liviano por el tiempo. Allí están Efraín Hurtado en espíritu, Rubén Páez, Avelarda Viso de Venturini, Sara y Edgar Ceballos, Álvaro Hernández y Vilma de Hernández, Argelia de García, José Ramón Ascanio, Monseñor Helímenas Rojas Paredes, Freddy Núñez y María de Jesús Delgado, así como Santiago Clavel y María Luisa de Clavel, José Antonio Silva y Marcola. Era para la mayoría de los nombrados la primera reunión de junta directiva el 25 de junio de 1982, en el Salón del Trono del Palacio Arzobispal. Ya habían pasado por aquí, como quien lleva el paisaje en la sangre, Salvador Garmendia, Luis Alberto Crespo, Alberto Patiño, Pedro Paraima, Francisco Tamayo, Juan Sánchez Peláez, Antonio Estévez, el Chino Valera Mora, entre tantos otros que no logro fijar porque escribo de memoria. Imagino fuera del encuadre a José Antonio Silva, quien -imagino otra vez- mira con los ojos que tiene el universo plano de Mapurite. Eran tiempos de una felicidad que navegaba y encontraba puerto en las palabras y silencios de quienes construían la amistad, la poesía y la narrativa del país. Los extremos de la fotografía están gastados, doblados por los

días de uso y huellas digitales que aposentan la nostalgia sobre las miradas de los que lucen juventud y ganas de hacer un país en el que siempre se está comenzando. Entonces, habría que regresar sobre las agujas del reloj a las palabras de Efraín Hurtado para saber de aquel Manifiesto de Guardatinajas, donde también se movía Garmendia, Rubén, hasta que un día, pocos años después, Efraín ya ausente, Luis Morales Bance sugirió la posibilidad de la creación del Ateneo de Calabozo "Francisco Lazo Martí". Y así fue a comienzos de la década de los ochenta, hace tres décadas. Ya vendrían otras luchas, otros esfuerzos, persecuciones y hasta carcelazos que llegaron hasta las orillas del río Tiznados. No por mampuesto, porque el sueño de un Ateneo en Guardatinajas formaba parte de aquel de Efraín y sus compañeros de travesía. En la instalación estaban Luis Pastori, José Ramón Medina, Eduardo Casanova, Luis Morales Bance, quien ese día estrenaría su trabajo orquestal "Berruecos". También Illia Rivas de Pacheco, presidente de la Asociación de Ateneos de Venezuela, entre otros. 2.Tomo de nuevo la imagen y me detengo en una calle por la que habría de pasar, ya habitante del océano cósmico, nuestro querido Efraín. Y veo, en su silueta una suerte de luz envolvente.

Desde la matriz de la Catedral de Calabozo emerge una música que se me antoja entre litúrgica y quirpa, entre escampo y verano sabanero. Entonces lo veo mejor, un poco cojo, de baja estatura, con la mirada aguda y un ojo más avizor que el otro. Soñaba para su Villa de Todos los Santos un lugar donde establecer la majestad de la belleza y la amistad. Y entonces, digo, me imagino. Aclaro, no soy historiador, invencionero sí, como Denzil Romero y como todos los contadores de cuentos de estos pueblos de donde provengo: No tengo ánimo científico ni técnico para acercarme a lo acontecido. Por eso me hago de la licencia de decir que ese grupo de personas que he nombrado creó y que me perdonen los que he dejado en el olvido, inventó, soñó, recreó el vetusto Ateneo de Calabozo, cuyo corazón sigue latiendo -pese a la estupidez de la actual realidad- en las manos de los calaboceños, en las manos de Guárico, en las manos de todo el país. Pero más allá de los nombres conocidos están los de aquellos anónimos que siempre han apoyado el trabajo tesonero de hombres y mujeres de estas calles viejas y calientes de Calabozo. Hombres y mujeres que continúan en las páginas de nuestros poetas y narradores, que se ven en los versos de Pancho Lazo, en los poemas de Efraín, en los de Ángel Eduardo Acevedo y Luis Alberto Crespo, en las imágenes del poeta Arístides Parra,

3.Bien vale decir que la música ha andado en sus predios y con las suelas de los pasos cerca del Ateneo en estos 30 años: Antonio Estévez y sus sobrinos Miguel y Raúl Delgado Estévez. Los hermanos Naranjo, Solistas de Venezuela, Norma Herrera, Otilio Galíndez, las voces polifónicas provenientes de varias ciudades como Maracay, Barquisimeto, Caracas, Valencia, quienes han celebrado el trabajo de este milagro que aún palpita pese a los golpes bajos de todos los gobiernos, sin excepción. Fotógrafos, pintores, bailarines, jugueteros, voladores de papagayo, gurrufieros, artesanos, enamorados y aventureros con alas, como el personaje de García Márquez, han pasado por esta tierra donde Humboldt dejó asiento, bien dicho por nuestro recordado Lucas Guillermo Castillo Lara luego de aquella maravilla titulada "Villa de Todos los Santos de Calabozo- El derecho de existir bajo el sol", en el recuerdo también de Carlos del Pozo, inventor, mago y revelador de misterios de aquel antiguo pueblo que aún se mueve en nuestros adentros. 4.Una de las perlas del Ateneo ha sido la Bienal Literaria que ha contado con una gran cantidad de poetas y narradores como jurados calificados. Y así algunos de los ganadores: Salvador Tenreiro, Gabriel Jiménez Emán, Freddy Hernández Álvarez, Carlos Rodríguez Ferrara, Naudy Lucena, Harry Almela, Jesús Morín, Belén Ojeda, entre los que recuerdo en poesía con el respaldo vigoroso de Pancho Lazo Martí. Y en narrativa con

el apoyo irrestricto de don Daniel Mendoza. Ha sido entonces una bella aventura. Un instante largo de treinta años que no queremos que termine. Que no queremos que ciertas fuerzas oscuras nos arrebaten. Han sido tres décadas de luchas, de logros, intentos y fracasos, pero ha sido nuestro Ateneo, nuestra insignia cultural. Nuestro sueño, una crónica visible, hecha para que los calaboceños nos sigamos viendo en él. 5.Reviso la fotografía. Siento el sopor del clima. Siento el olor que emerge de la sabana. Me identifico en el bufido de un potro. Percibo el aroma de la carne asada y el bullicio de la espuma de la cerveza. La hora y el viento. Aquellos días de primeros sueños, de idas y venidas. De inventos. De fantasías y realidades. De golpes y sacudones. De estrategias. Pero sobre todo de poesía, de lecturas, de amores compartidos, de silencios y bullicios. De retornos, como el que nos exige Lazo Martí. Sepia es la memoria. Quiero decirlo con Castillo Lara, por la belleza de su pronunciación: "Venía la noche y nacían las estrellas. Venía el alba y todo era sol. Pero todos se preparaban para una mañana. Alba y Noche. Estrella y Sol. El Polvo era igual en las pisadas, como era igual el cansancio de los cuerpos derrumbados. Todo pasaba y repasaba, hasta que llegó el momento…". Era el día de la fundación de Calabozo, el 1 de febrero de 1724. Y también un día parecido el de la fundación del Ateneo de la Villa de Todos los Santos de Calabozo, hace 30 años. La foto brilla bajo el sol. Las caras se vuelven hacia quien la revisa. Habrá que escanearla y colocarla en todas la manos. O enviarla por Internet a todos los rincones del planeta. He allí la foto, he allí aquel día. (Texto leído en el Encuentro de Cronistas e Historiadores celebrado en Calabozo el 15 y 16 de septiembre de 2012)


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La civilización del espectáculo (o Vargas Llosa contra el mundo) MAIKEL RAMÍREZ "una existencia que vive con la impresión de haber perdido algo para siempre" (Pier Paolo Passolini: Teorema)

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a periferia que amenaza con devorar el centro es un tema recurrente en la ciencia-ficción. Nos podemos remitir al filme Zardoz, de John Boorman, en el que una élite vive encerrada en una burbuja, en donde pasan los días alabando el conocimiento y el alma glorificada; mientras que, al acudir al imperativo del dios Zardoz, una raza de hombres llamada exterminadores aniquila a los bárbaros. El héroe (Sean Connery) descubrirá que el dios que le ordena matar y que legitima la vida de la gente de la burbuja no es más que un farsante inspirado en el cuento El mago de OZ, de Frank Baum. Tras esto, el héroe huye con una de las mujeres de la burbuja y de su unión nace un niño de una nueva raza. Si recurro a este filme, es porque el nuevo ensayo de Mario Vargas Llosa manifiesta con rigor las mismas situaciones. Según el escritor peruano, la cultura está desapareciendo para dar paso a la civilización del espectáculo, es decir, del mero entretenimiento. Esta degradación va desde las artes hasta el sexo. Con tono nostálgico, el premio Nobel señala los días en que los intelectuales influían en la toma de decisiones de la sociedad. Como con claridad lo expresa Jorge Volpi, en el núcleo de este ensayo palpita una ideología que estropea sus conclusiones. Desde el inicio hasta el final de su ensayo, de 226 páginas para ser exactos, el creador de Los cachorros nos habla de valores democráticos; no obstante, inmediatamente encontramos afirmaciones como ésta: "la corrección política ha terminado por convencernos de que es arrogante, dogmático, colonialista y hasta racista hablar de culturas superiores e inferiores y hasta de culturas modernas y primitivas". Asume el escritor una condición natural de eso que llama 'cultura' y de la prerrogativa de

cierto grupo social para abrogarse el derecho de dictar el gusto al resto de la humanidad. Así, la idea de cultura no la asocia con académicos, técnicos, científicos, teóricos o críticos, entre otros, sino con grupos que gozan de acceso a: "…la alta cultura, obligatoriamente minoritaria por la complejidad y a veces hermetismo de sus claves y códigos". Sé que usted, apreciado lector, puede sentirse tentado a suscribir esta posición. El problema estriba en que para grupos de este tipo lo que usted cuenta como cultura no vale ni un ápice. No crea que estará a salvo por haber leído Rating, de Alberto Barrera Tyszka, Liubliana, de Eduardo Sánchez Rugeles; Nunca fui primera dama, de Wendy Guerra; El Ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vásquez; o La carrertera, de Cormac McCarthy. Los criterios empleados por grupos de estas características son sus simpatías por quienes pertenezcan al grupo o, cuando menos, son reestructurados con el propósito de estar distantes de lo que consideran perteneciente a las clases inferiores. De allí que Vargas Llosa ataque furibundamente a teóricos como Michel Foucault, como más adelante mostraré. Mientras tanto, apreciado lector, súmele a lo anterior el hecho de que en la visión del escritor hay dos seres en la civilización del espectáculo: primero, los idiotas y papanatas de los países cultos, de democracias liberales; segundo, los que son todo lo anterior pero también primiti-

vos y montaraces, a saber, los países del tercer mundo, como él lo enfatiza con desparpajo. Lo cierto es que lo que Vargas Llosa asume como natural no ha sido sino un abrirse paso de muchas obras maltratadas en su contexto de recepción primario. Obras y autores que hoy consideramos canónicos fueron rechazados, censurados y hasta tratados con sorna cuando fueron mostrados al público por primera vez. Por ejemplo, cuando Eugene Delacroix expuso su cuadro La libertad guiando al pueblo, éste fue retirado al poco tiempo por ser considerado demasiado proletario. El propio premio Nobel nos da dos ejemplos con los cuales podemos ilustrar este punto. Él señala a la pintura de Pablo Picasso como muestra genuina de alta cultura, y en especial resalta la dimensión erótica poco conocida de ésta. ¿Olvida que Las damas de Avignon fue una obra incomprendida cuando apareció? El otro caso ejemplar es el del cine de Alfred Hitchcock. Notemos que hace un par de semanas el British Film Institute anunció que Vértigo se convertía en el mejor filme de todos los tiempos, con lo que desplazaba a El cuidadano Kane, de Orson Welles, del lugar de honor. Algo así hubiese sido imposible de concebir hace unas décadas atrás, puesto que el cine de Hitchcock era considerado simple entretenimiento, por eso el cineasta inglés jamás recibió un Oscar. Permítaseme contar una anécdota pertinente a la discusión:

hace un tiempo atrás, cuando empezaba a tocar la guitarra, descubrí con estupor que este instrumento musical había sido tocada por reyes, pero en la medida en que el instrumento se popularizó entre los plebeyos, aquellos decidieron ejecutar otros instrumentos musicales. Por contra, el ensayo Los bárbaros: ensayo sobre la mutación, de Alessandro Baricco, ofrece una aproximación más objetiva, aguda y original a la cultura y sus productos. Baricco escribe sin pretensiones intelectuales y con el espíritu de entender realmente qué subyace bajo ese complejo maremágnum que llamamos cultura. El ensayista muestra cómo el miedo hacia los bárbaros ha sido una constante en la historia. Su trabajo da ejemplos concretos de cómo lo novedoso ha sido desdeñado en un primer momento. Causa asombro saber que el propio Beethoven fue pitado por el público y que su himno de la alegría fue la música que encumbró a la Revolución francesa. Baricco muestra que el contacto entre la cultura de los bárbaros y la de los civilizados termina por mutar en un producto útil, práctico para el espíritu de la nueva civilización. Ciertamente, las civilizaciones cambian y con ellas las jerarquías. Eso significa que el autor que en una época fue el máximo ícono cultural en la siguiente no lo sea. Ésta puede ser una explicación loable al hecho de que en La era de Augusto de la literatura inglesa Shakespeare haya sido un autor inútil. ¿De dónde surge ese concepto de cultura que Vargas Llosa invoca? Baricco explica que así como el Antiguo régimen se inventó el poder derivado de Dios, las clases adineradas e intelectuales del siglo XIX se aseguraron un camino de elevación laica del alma. Su grandeza ya no se debía a un hombre, a un rey o a un dios, sino a su nobleza de espíritu, a su carácter refinado, a su exquisito gusto, a su ilimitada erudición para entender lo que sólo está destinado para un alma elevada, como señalaba Vargas Llosa cuando se refería a la complejidad y hermetismo de los productos de la alta cultura. De esta ma-

nera, explica Baricco, nace la idea de música clásica, primer baluarte para la cultura defendida por el escritor peruano. Queda claro que en esta visión de la cultura se proponga una literatura que enseñe valores: "…las ideas como motor de progreso y su convicción de que las grandes obras literarias enriquecen la vida, mejoran a los hombres y son el sustento de la civilización". Al menos hoy, no creo aventurado aseverar que la literatura es amoral. Si alguien quisiera aprender de moral y educación, le será más productivo acudir a un manual de autoayuda o a la Biblia. Esto no quiere decir que no se aprendan o copien modelos de los libros. Las ciencias cognitivas tienen mucho que decir en cuanto a esto. Leer la mente, ensayo de Jorge Volpi, arroja luces sobre este tema. En todo caso, ¿qué nos tendrían que enseñar Lolita, de Vladimir Nabokov, o los cuentos de Edgar Allan Poe? Esto nos lleva a Michel Foucault, ya que Vargas Llosa lo acusa de hacer que los jóvenes duden de toda autoridad. Es comprensible que alguien que se incline por una lectura conservadora, educativa y de datos históricos le incomode teóricos como Deleuze, Guattari, Foucault, Baudrillard, Althusser, Kristeva o Derrida, quienes, como se sabe, cuestionaron el poder por una necesidad histórica. Vale la pena leer los argumentos del filósofo Michel Onfray sobre el estado actual de la enseñanza de la filosofía en Francia, en su obra La comunidad filosófica: manifiesto por una universidad popular. Para Vargas Llosa, el erotismo: "…nace de un producto de la alta civilización, un fenómeno inconcebible en las sociedades o en las gentes primitivas y bastas, pues se trata de un quehacer que exige sensibilidad refinada, cultura literaria y artística y cierta vocación transgresora" Es decir, los tercermundistas nos apareamos como una manada de chimpancés. Mario Vargas Llosa se hace eco del memorable lema que George Orwell inmortalizó en Rebelión en la granja: "todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros".


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Conversación con Melesio Belmonte.

"Leonardo Maicán engrandece mi obra pero desorienta con su sapiencia"

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uy lejos de su ciudad de origen sentado sobre una piedra del pozo de Los Pilones en el río Mariara, encontramos a Melesio Belmonte atendiendo sus cuitas. En medio de un aguacero de los de estos tiempos y con las aguas revueltas por la creciente, nos confesó lo que sigue. "Es poco frecuente que un autor se dé a la tarea de formular aclaratorias ante los argumentos críticos que se manifiestan acerca de su producción artística. Sin embargo, ejercer el "derecho a réplica" se hace más que necesario por obligante y elegante . El eminente estudioso Leonardo Maicán ha irrumpido en la esfera cultural de nuestra Maracay bonita elaborando una enjundiosa y muy sesuda investigación con relación a mi vida y obra literaria. Ante esta cruda y editada realidad, y al verme gratamente sorprendido por la calidad del trabajo exegético de este joven intelectual, debo, sin embargo, apuntar algunas aclaratorias que sólo intentan colocar en su justa dimensión la potencialidad de mi producción escrita, ante los amenazantes agujeros negros de la crítica nacional. Quiero empezar haciendo un recordatorio al Licenciado Maicán porque en una de sus entregas al suplemento cultural Contenido, señala que durante mi adolescencia fui partícipe de un taller literario donde ejercité mis primeros pasos en la Literatura. Esto es absolutamente cierto; pero, mi entrevistador no ofrece los créditos respectivos a quien ha sido el eterno mentor y faro del taller. Me refiero a ese otro estudioso de las cifras y etiquetas bibliotecarias, Manuel Cabesa. Y esto no lo señalo por ser Cabesa mi compadre, padrino de mis nueve chamos, sino por su dedicación y esmero en mantener en pie todos los estantes de la Biblioteca Agustín Codazzi. Y sería él, junto al Magíster Efrén Barazarte, quienes me presentaron a la gran Olga, reconocida dama del jetset palonegrense, la misma que daría origen al personaje homónimo de mi celebrado li-

bro Celebración en el café de Olga (valga la redundancia). Otro punto importante que escapó de la astucia de mi exégeta es lo referente a no haber comentado que mi sitio de origen, Prado Alto, colinda con el cosmopolita Puerto Malo, y que por su íntima cercanía, evidentemente me convertí en asiduo visitante de Blas Coll y su partida (no de dominó) de colígrafos. Repito, esto es sumamente relevante a fin de desenmascarar cualquier artimaña que se pueda estar gestando para difamar mi autenticidad como escritor y que pretenda hacerme aparecer como un simple maicanlígrafo, de

esos que abundan ahora con tanto vallenato y reguetón de camionetica. Por otra parte, la reconocida sabiduría de Maicán a la par encumbra sin ninguna mala intención el éxito de mi novela amén de su nombre y oficio, ha ocasionado desconcierto y aun huida hacia delante de los vecinos de Prado Alto, que demás está decir, son y serán los más acérrimos lectores de mi fecunda obra. Tanto es así que disputan en efusión y reciedumbre con las terribles barras bravas del fútbol nacional. Y esto lo señalo por los conceptos desarrollados por mi amigo especialista

en creación literaria cuando afirma lo "supraambiguo y polisémico" que se presenta en la trama de Celebración en el café de Olga. Estas complejas definiciones con las cuales mi entorno lector no está familiarizado, generan también serias y acaloradas discusiones en el terreno de la crítica paloaltense. Elemento éste que conjugado con las cirúrgicas comparaciones realizadas por Maicán con las obras: Cien años de soledad, La casa verde y Doña Bárbara, aleja definitivamente mi novela tanto de la bien ganada fama del 'boom latinoamericano', como de los clási-

cos narrativos de la literatura nacional. Y esto viene a representar, para no pocos de mis seguidores, un signo de debilidad en mi oficio de escritor patriota tercermundista, y una especie de pleitesía ofrecida a la estructura narrativa anglosajona (léase: Faulkner, Joyce, Hemingway, entre otros). De igual forma, aprovecho para responderle a la crítica ante la vil acusación de plagio que supuestamente fragüé a un cuento del novelista venezolano Humberto Mata, en el cual se narra las peripecias de un minero que sueña que su excremento es oro puro, hasta que un día despierta en su hamaca todo lleno de verdadera mierda. Como podrá observarse, esta ficción pudiera tener alguna similitud al mítico viaje que planteo en mi novela, en el cual Timoteo y Teóbulo salen en busca de la piedra antifilosofal que transmuta el oro en mierda. En cuanto a esto, la crítica parece olvidar (y ojalá que Maicán se lo recuerde) que la intertextualidad es un recurso literario muy utilizado en eso de rendirle homenaje a otros autores y obras, y por tanto no puede acusárseme de haber realizado plagio, secuestro, abigeato o cualquier otro ilícito tan de moda en estos tiempos de tanta corrupción e inseguridad desatada en esta fabulosa tierra de gracia. Por último y en relación con mi próxima creación: Peonías, deseo aclarar ante la opinión pública y la historiografía nacional que estoy realizando cambios sustanciales en la trama y en especial en el formato de presentación, ya que me han llegado rumores acerca de especialistas (Alberto Hernández, específicamente) que vislumbran en mi obra demasiadas similitudes con Rayuela; y existen además quienes ya me acusan como un vulgar defensor del extinto Decreto 21 de una República donde los baños públicos sí existían y además funcionaban. Sin nada más que agregar, por ahora": Melesio Belmonte A. (Recopilación realizada por Antonio González Lira)


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Poemas de Gustavo “Maca” Wojciechowski El poema que habla del poema no es un poema el que lo es es un poema que poema del poema bebo con b de bobo Mis manos son de otro cuerpo. Recién me doy cuenta. Tienen otra piel, otra edad, son más grandes, más maduras, esas, que dicen ser mis manos. No es un tema médico (qué carajo podrán saber los médicos de unas manos que no son ni mías). A nadie se lo puedo decir. Nadie me creería. Mis manos son autónomas, unas extrañas que andan por ahí, por mujeres, teclados, tazas, teteras, llenitas de víboras como venas, y uñas que le crecen solas, sin control, sin importarte un comino mi opinión. Estoy solo, completamente desnudo frente al espejo. Veo esas arañas y no hay duda, no son mías mis manos. Puedo tocar y sentir cada textura a travez de sus cinco tentáculos o patas, pero sé que no me pertenecen… tengo miendo de que me engañen., que tergiversen la información y siento algo deformado, manipulado, lo que esas arañas de mierda quieren que yo sienta. Son unas traductoras. Ahora soy una gallina desplumada que es recorrida por dos arañas digitando una terrible melodía que no logro comprender. Esta obscuridad no es de esta noche "la obscuridad es solo obscuridad" / me digo, como la noche / lo repito para darme aliento / pero sé que no sé de qué sustancia está hecha esta obscuridad / :es una obscuridad llena de obscuridad. Incomprensiblemente lo sé esta obscuridad no es solo obscuridad es una obscuridad innombrable repleta de obscuridad :solo yuyos resecos creen a su costado , apenas poemas. Un poema obscuro no es la obscuridad debería saberlo.

PIEL DE GALLINA FRUTA

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s este durazno que chorrea deliciosamente en tre mis dedos. ¿Ustedes saben la cantidad de duraznos que he comido? ¿todo lo que lo he disfrutado? Es el pedregullo que relumbra tras la lluvia cualquier mañana en que llueve sobre el pedregullo. Es la pileta de la cocina con gotas de jugo de durazno y el tan bello dibujo que forman las gotas del durazno. Es la ventana de la cocina al lado de la pileta, donde pude ver el pedregullo esta mañana en que llueve. Es la lluvia. Es eso. Pero sigo sin entenderlo.

ANCLA No tengo una mísera ancla tatuada en mi brazo izquierdo, ni siquiera al Che, ni un dragón de dos cabezas llameantes, ni un corazón atravesado por una fecha, Betty Boop, una estrellita, etcétera, etcétera. Tampoco en mi barzo derecho, ni -si lo tuviera- en mi

brazo central, que no tengo, al igual que en cualquier otra parte de mi cuerpo no tengo un ancla. Te lo digo para que te quede claro y no te hagas ilusiones: si está buscando un amante con esas características: con un ancla tatuada en alguno de sus brazos : no cuentes conmigo no cuentes, búscate otro… o, si lo prefieres, cómprate una botella o un libro que hable de esas cosas. Los libros a veces hablan de esas cosas.

BOTELLA

ten, está comprobado, desde Baudelaire para acá existen. y se diferencian del resto por el humo que desprende su pico / deslumbrante / deslumbrante como un poema en francés, tanto el pico como el humo, deslumbrantes. aunque resulte cruel, así es la cosa, inexorable: todos los demás no son albatros / apenas humanos aunque se parezcan a los susodichos / y entre sí se parezcan. ¿Qué se puede pedir de un humano que no sea albatroz?

Todos los marineros tienen anclada el alma en una botella cuya etiqueta tiene la palabra Tuñón y son tristes y perdieron un amor y ya no saben en qué ciudad de qué puerto, porque las ciudades no son más que puertos y los puertos son todos iguales como las botellas donde anclar el alma.

Para empezar tienen boca en vez de pico, por lo cual hablan -y eso ya es mucho decirporque se sabe : quien habla se entrevera. Además se cubren con ropas se cubren; no vuelan, ni un poquito, no pueden volar… y el humo que desprenden, si es que fuman, irrita los ojos de quienes los miramos

ALBATROS

LUNA

o tienen el pico quemado por una pipa o fuman / los albatros / y no sólo eso: exis-

Tengo miedo. Tengo miedo de los perros. Tengo mucho miedo. Tengo mucho miedo de

todos los perros, salvo de mi perro y de todos los perros que he tenido. Tengo mucho miedo. Yo no tengo perro. Yo nunca he tenido un perro. Sólo tengo miedo.

SAPO Siempre estuve buscando mi pozo, por los andurriales, Nuevo París, La teja, Belvedere. ¿Sería el de Onetti? Seguí croando y creando sin éxito. Por épocas pensé que ladraban por mí, pero los perros le ladraban a luna. Todos los perros del oeste le ladran a la luna. Tuve miedo. Falta de confianza. Los informativos me daban señales inequívocas. Todos me decían que no era de ese lugar, cualquier lugar, un lugar. Muchas veces creí tenerlo en al punta de mi nariz o de mi lengua, en la punta más cercana de mi ser, en la punta más lejana de cualquier ser, donde casi no había pozos. Desistí de toda idea. Ya que… por algo he de ser un sapo.

Suplemento Cultural Contenido 15-09-12  

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