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Maracay, Sábado 16 de marzo de 2013

Crónicas del Olvido

La inquietud de Barrera Tiszka ALBERTO HERNÁNDEZ

Sólo/ pronuncian tu nombre. Termino de cruzar otra calle y pienso en las mujeres y en las ranas. En la ciudad, en el diario correr de las horas, del tiempo que nos persigue. Que me persigue.

1.-

¿

Cuántos poemas son necesarios para arrastrar al lector hasta el borde de la inquietud? De saberlo habría que tomar parte de los sobresaltos que Alberto Barrera Tyszka ha plasmado en las páginas del poemario La Inquietud. Poesía reunida (19852012), publicado por la Editorial Lugar Común en Caracas, 2013 y seguirle los pasos a los personajes que en él habitan. No quedan dudas, son muchos los textos que este poeta venezolano ha escrito y que nos llevan como cómplices de su voz (a la manera de Cortázar) a sentir la misma inquietud que los poemas nos arriman en tanto dificultad para escribirlos, para leerlos y dejarlos en silencio. El último escalón nos permite decir que un poema -estos poemas de Barrera Tyszka- rasguñan y permanecen flotando en la memoria. Un buen rato, hasta que se transforman en otra inquietud: las ganas de pronunciarlos con nuestro propio tono. Esta prolongada inquietud de nuestro autor la hemos sentido desde los primerizos textos de Tal vez el frío, luego los legados en el tomo Coyote de ventanas, hasta Amor que por demás donde ya se vislumbra no sólo el poeta sino el narrador que hoy es. Y la hemos sentido porque Barrera Tyszka ha sido fiel a una constante temática: el tiempo como personaje ineludible con las reglas de un juego que siempre gana. Esta preocupación la hemos encontrado también en su narrativa. En la novela La enfermedad (Anagrama, 2006) la muerte limita con una mirada que determina el fracaso de la memoria. La muerte también es una inquietud. 2.Me alzo en plena lectura. Barrera Tyszka me hace per-

sonaje y actúo, leo. Entonces me cuento entre quienes le añaden a la pregunta de entrada otra desazón ¿Cuántos sobresaltos necesita el lector para entrar en la inquietud de este libro que hoy nos atrapa en plena calle? Son tantos como los poemas que recordamos y atajamos a punto de doblar la esquina. He aquí que me tropiezo con ellas, con las "Mujeres", con esas tantas que se han hecho enigma en nuestros saltos cardíacos. O en nuestra liviana cu-

riosidad: Hay mujeres que se llevan las manos a la cabeza./ /Sus manos parecen tijeras. O pájaros/ sin sur, llenos de angustia…y así, hasta el último verso: Tal vez, / tan sólo esperan atajar sus gritos sobre el aire. Me quedo un rato en la misma esquina y veo bajo un árbol al conversacional Valera Mora, pendiente de la cintura de una que, en ese instante, se toca las sienes con ambas manos y mira la hora de un reloj imaginario. Me regaño como lector

sacudido por la realidad y vuelvo al libro inquieto de nuestro poeta: La ciudad está llena de ranas. // No vuelan, las ranas, no tienen plumas./ No son las ranas/ arrendajos: no son/ turpiales./ Paraulatas, tampoco son./ No son pájaros, las ranas./ Pero cantan.// Cada noche, cantan.// Siempre igual y sin descanso.// Como barcos diminutos/ perdidos entre las yerbas.// Sólo lanzan mensaje de auxilio.// Gritos que repiten hasta/ volverse canciones.//

3.Y entonces, el tiempo, el enemigo silencioso. El tiempo siempre nos destruye.// Esta arruga no es una herida sabia. // Este dolor no le sirve a nadie. // Este cansancio de la piel más que/ una noble experiencia es/ tan solo un cansancio de la piel.// Esta ceniza es ceniza. Nada más… Y con el mismo tiempo en los huesos, en los pliegues del cuerpo a la intemperie, el poeta le ajusta cuentas a la certeza de esta realidad: Solo se escribe un poema. // Todo lo demás es un ensayo. Un ensayo, un reto, un desafío: El mundo es un simple ejercicio// (…) Un verso es una inquietud buscando su forma.// Pasamos los años intentándolo./ Tal vez jamás la encontramos.// Solo escribimos un poema:// La vida no da para más. No obstante, el poema siempre es un viaje hacia el pasado, donde han quedado sus huellas. El poema es uno solo sobre tantas revelaciones, asuntos no resueltos, paisajes, tiempos agotados, y así este otro ejemplo, un poema que es muchos ante los ojos del lector: Antes escribías versos con árboles.// Escribías poemas de amor. Tenías páginas/ llenas de mujeres y de noches.// Antes, / también escribías versos sobre el país. // Con los años, / te has ido acostumbrando al dolor,/ al vacío.// Ahora, cada vez más,/ escribes sobre la escritura.// la forma es lo único que queda.// Lo último que desaparece. La calle se acorta con este texto. Un poema, el poema muerde, destaca su inquietud en la presencia de una sombra que cruza otra esquina y se pierde. El poema, el tiempo, la agonía diaria de quien ha sido atrapado por las palabras.


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Maracay, Sábado 16 de marzo de 2013

Entretextos FRANCISCO ARÉVALO

E

n el año 1988 nos reunía mos en la Casa de Cultura de Ciudad Guayana una cáfila de felices desubicados que tenían como fin escribir. Religiosamente los martes confluían para disertar sobre planes de publicación y eventos, personajes que son hoy en día pasto para alimentar una obesa trama novelística. Me vienen a la mente Sami Anderi (+), Antonio José Rodriguez; Eugenio Cortés; Alis Darnott (+), Carmen Requena de Gutierrez; Carlos Ruiz (+), José Sequea, Alcides Pereira, Héctor Núñez, Castor Olivier, Pedro Eudes, Jesus Pérez Quijada, Xiomara Toledo, Carolina Gonzalez Rocca, Miguel Miguens (+) y el enigmático venido de costa colombiana Francisco Javier Ramos, quien aparecía cada tres meses, cuando bajaba de su trabajo en las minas del sur. Creo que no se me escapa ninguno y si así fuere, disculpas. Todo esto bajo la égida de la Asociación de Escritores Guayana Sur, alma y motor reposado en los excelentes oficios de Sami Anderi, quien contaba con el apoyo del poeta Caupolicán Ovalles, quijotesco comandante de la Federación de Escritores de Venezuela, esfuerzo titánico por organizar a los marginados oficiantes de la palabra que para aquellos tiempos estaban excluidos del sistema de protección social del Estado venezolano. Francisco Javier Ramos asistía a estas reuniones. Si algo lo caracterizaba era la prudencia, hablaba poco, pero llevaba sus escritos y los mostraba en un espacio donde casi todos eran poetas o pretendían ser en medio de las conversaciones cruzadas y el desorden armónico que siempre estaba presente en esos martes de tertulias literarias. Éramos pocos los que teníamos una fidelidad por el oficio de escribir, los que sentíamos la poesía como la salvación ante tanta incomodidad que termina haciendo del ciclo existencial un menú

insípido, la literatura como catarsis, como siquiatra en permanente consulta, donde uno suele hacer los dos papeles, el de hablante y el de escucha. Ramos estaba en ese minúsculo grupo que era poco escuchado, su fijación eran los desheredados, los marginados y las víctimas de la arbitrariedad. Diríamos que sus inclinaciones marxistas se dejaban dibujar con claridad en sus relatos y en sus opinio-

nes que eran publicadas en la prensa regional, muestra para la historia literaria de nuestra región son la novela Barrabas (1985), que se hizo acreedora del Premio de Narrativa Casa de la Cultura de Ciudad Guayana; y El espanto de la calavera, novela corta con algunos relatos (1996), ambas de austera edición y circulación, algo normal para Francisco que si algo es de valorar es su alejamiento de

lo mediático y su auténtica modestia. Ahora nos conseguimos a un narrador con un toque de madurez que demuestra unas lecturas más precisas y lo hace ver con el lenguaje que utiliza como instrumento y arma de penetración. En ningún momento ha dejado de lado sus fijaciones. Cuentos de minas y otros relatos está construido con el pegajoso barro de la pobreza material

que muchas veces toma posesión de lo espiritual. Son historias de gente común caracterizadas por la derrota y sus secuelas. Vivir con la expectativa de la riqueza que yace en las entrañas de la tierra, la ambición como patología, túnel de donde es difícil salir ileso, porque nada en las minas de oro y diamantes del sur de nuestro país es de fácil consecución, todo cuesta y se paga, rayando en las paredes del escándalo, que no es de conocimiento particular del colectivo citadino, sabemos de los horrores que rodean ese mundo pero como no nos toca preferimos el margen, vivir con nuestras particulares invivencias ignorando unas que suelen ser peores, ya que allí se carece de los más básicos elementos que permiten la convivencia social. Diríamos que las minas son una ramificación del averno adonde se va lleno de optimismo a conseguirse con la pena pura y la carencia es el motor de toda esta manera de vivir donde prevalece la ley del mas fuerte y se hace la voluntad del mismo, algo que se llama arbitrariedad y es muy bien descrito por Francisco Javier Ramos en los 20 relatos que le dan cuerpo a este libro. Aparte de la humildad que ya mencioné, Ramos es un autentico escritor, el que ha armado su vida de un espíritu pertinaz, consecuente en el tiempo, perspicaz integral, que mantiene su afable trato y hace de la observación, lo comedido y el silencio métodos narrativos para seguir eslabonando en su maquina sonora y en libretas marginales lo que las mayorías vemos como algo sin valor para darle cuerpo y movimiento literario, es allí donde radican los verdaderos motivos, la leña para continuar escribiendo en serio, algo que suele hacer con frecuencia Ramos. ** Cuentos de minas y otros relatos. Francisco Javier Ramos. 135 páginas. Ediciones el Perro y la Rana. Colección páginas venezolanas, serie contemporáneos.


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Los incurables, de Federico Vegas MAIKEL RAMÍREZ "cuando recordamos que todos estamos locos, los misterios desaparecen y la vida queda explicada" (Mark Twain)

D

esde las obras de Harold Bloom hasta el filme Anónimo, de Roland Emmerich, se han propuesto explicaciones a la entredicha autoría de las obras de William Shakespeare. Es posible que la respuesta sea más simple y decepcionante de lo que suponemos. El error estribaría en buscar en la Inglaterra Isabelina a un William Shakespeare que pertenece a nuestro tiempo. Es decir, la valoración que hacemos de Shakespeare la heredamos del Romanticismo. La magnánima figura de la literatura occidental asociada con Shakespeare no fue una idea del tiempo que al dramaturgo le tocó vivir, como tampoco lo fue de la Inglaterra bajo el gobierno de Oliver Cromwell. Un caso a la par de éste es el de Georges Méliés, fecundo precursor del cine que fue marginado por sus contemporáneos, y cuya vasta obra casi se perdió en su totalidad, tema, por cierto, de un hermoso tributo en Hugo, del cineasta Martín Scorsese. Los ejemplos mencionados arriba son pertinentes porque, como lectores, notamos que en Los incurables (2012) Federico Vegas experimenta una disonancia cognitiva similar. El autor se aproxima a la vida del pintor Armando Reverón con la idea de máxima figura del arte venezolano que de éste tenemos en la actualidad. De allí su decepción al entrevistar a familiares y amigos y encontrar que perdura la imagen del Reverón loco: "En el caso del recuento de mi padre, yo quería animar al niño que una vez jugó en las playas de Macuto, a romper con la visión que se le imponía sobre el loco de la quebrada y convertirse en un buen amigo del pintor, al menos en el emancipado y volátil territorio de sus evocaciones". Cabe interrogarse hasta qué punto este intento de disociar la imagen del pintor con el loco condicione

la fotografía que cubre el libro, donde vemos a un Reverón de mirada gallarda y completamente rasurado, una foto poco usual para quienes desean toparse con la imagen del artista que ha perdido la razón. Los incurables es un remarcable ejercicio hermenéutico que trastabilla con datos poco confiables, puesto que algunas de las personas que tuvieron contacto con Reverón evitan autorepresentarse como ignorantes del valor de su pintura. El ejemplo más notable es el de José Rafael Hutchson, quien se supone que atendió al pintor en el sanatorio San Jorge, dato cuya veracidad será puesta en duda por otros entrevistados. Lo cierto es que desde las primeras entrevistas se evidencia la necesidad de Hutchson por hablar de sí mismo, de su amor por Milagros Iribarren, de sus recuerdos de niños, de su amistad con Robert Lyle, de su labor profesional. Por eso, las palabras de Iribarren gravitan entre todas las personas que se

mencionan en el libro "Mucho más nos define Reverón a nosotros que nosotros a él". Ahora bien, si lo que confiesa Hutchson es falso, podemos estar ante un caso como los señalados por Freud en Los escritores y el soñar despierto, ensayo cuya tesis es que la ficción sirve como un depósito para las fantasías del escritor. Este es uno de los argumentos de quienes se han manifestado en contra de las autobiografías. Basados en esto, podríamos preguntarnos si en su último libro, Diario de invierno, Paul Auster realmente recupera datos de su memoria o, por el contrario, recuenta los eventos cómo hubiese deseado que ocurriesen. Una variable interesante no las ofrece el filme La vida de Pi, de Ang Lee, donde un joven recurre a la ficción para articular en un lenguaje lo que es inenarrable: sobrevivió un naufragio luego de que matara (y es posible que se comiera) al cocinero quien, a su vez, había asesinado a la madre de

aquel. La narración fantástica que logra Lee es de unos paisajes naturales potenciados por luces y colores. No hay que culpar a Vegas, por cuanto Hutchson es un conversador elocuente, fluido, que despliega sapiencia y una amplia cultura universal, que abarca las lenguas foráneas, el cine de Bergman y el de Buñuel, la filosofía de Schopenhauer, las obras de Shakespeare, la poesía de WH. Auden, y comparaciones literarias como la que establece entre Juanita y la Lolita de Nabokov, entre otros tópicos. Es natural que un cazador de historias se sienta tentado a avanzar en un diálogo como el que propone Hutchson "hay dos posibilidades que debo aceptar y soportar con dignidad: Hutchson es el tema que me ocupa, Hutchson me conoce y me manipula" ¿podríamos reprocharle a Shahriar que se arrellane en el lecho para escuchar a Sherezade? Ciertamente, Los incurables nos habla sobre la vida de Armando Reverón. Vegas es-

cudriña y comenta los trabajos que sobre el pintor han realizado Juan Liscano, Juan Calzadilla, Alfredo Boulton y Margot Benacerraf, entre otros tantos. Sin concesiones, Vegas señala lo que estos trabajos tienen de loables y cuáles pueden ser sus observaciones erróneas. Somos conducidos hacia Castillete, el sanatorio San Jorge y la Caracas de los años cincuenta. Conocemos otros libros que le sirven al autor para entender a Reverón. Por último, nos aproximamos a las técnicas cultivadas por el pintor en su obra. Aunque a primera vista el título en plural puede parecer un error, es un genuino acierto. Vegas sentencia "todo escritor aspira llegar a ser un incurable y sabe que el único consuelo por ser portador de un virus sin remedio es lanzarse hacia esa ansiedad con osadía". Similarmente, nosotros, los lectores, también somos incurables en una búsqueda infatigable por libros que, como afirmaba Borges, sean una forma de la felicidad.


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Maracay, Sábado 16 de marzo de 2013

Poemas de Nesfrán González La palabra del día

Las huellas del hijo

Los barcos estremecen la tormenta desgaste del eclipse tornasolado figura el aullido del réptil come-uvas el trino del colibrí amorfo y dantesco, levanta la roca para acallar al párvulo y rescatar al idólatra de la penitenciaria donde no existen los protegidos, ¡seremos los primeros en las barricadas! plasmo arañazos de voluntad colocando sobre el verbo los cristales de la vajilla rota. De "Profecías para Urbano"

Hablo de Dios, perfecto como un círculo, y todopoderoso y justo y sabio. Piedad Bonet Las huellas que van dejando tus calcañares las huellas que hace siglos marcó la vastedad del desierto sólo desaparecen momentáneamente. Ellas regresan para expandir la simiente, en igual medida desde la azotea hasta los rincones abisales. Las huellas lucen entramadas entre la fastuosidad y el rico colorido cegador. Flores inmarcesibles se desprenden de los ramajes del Árbol de la Vida. De "Donde el dedo indique la equis"

Ángel YHWH Observas la Tierra primada de espectadores y fanáticos veraniegos origen del esperanto y la mediatriz levantada sobre una gran Torre rodeada de ballenas voladoras se acaba el espacio se agota la señal, desde los polos achatados emergen manantiales de agua viva manantiales que no verás manantiales que harán de la selva la playa. Observas la Tierra ausente de rocío, piel desgranada la berenjena se desprende esparciendo su semilla a través del Cisne. Meditabundo reflexionas Dios de mi adolescencia y de mi evolución. De "Profecías para Urbano"

A propósito de...

Porque ya no eres un ángel sino un hombre solo sobre dos pies cansados sobre esta tierra que gira y es terriblemente joven todas las mañanas. Blanca Varela caminas sin parar cuando la ansiedad busca consumirte cuando decides llegar al fin del mundo. Tu monólogo desaparece se pierde entre las fauces del tiempo. Febril compañero al llegar la noche buscarás el arrullo que Dios te tiene preparado. De "Donde el dedo indique la equis"

El niño se desliza por el tobogán corre para atrapar a las mariposas escarba entre las rocas y halla los tesoros no permite que el papagayo caiga en picada. Su sombra se deprime por el devenir por el futuro incierto. Niño sin espejo tuyo será el Reino de los Cielos. De "Donde el dedo indique la equis"

Elipse La Tierra, con sus volcanes, se apresta a dar una vuelta más. Sólo Dios tiene fijada la fecha de su jubilación. De "Aquí todo es silencio"


Suplemento Cultural Contenido 16-03-13