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Maracay, Sábado 13 de noviembre de 2010

Crónicas del Olvido

Encajar encaja

(Hallazgos intervenidos)

-ALBERTO HERNÁNDEZFoto Henry Cedeño 1.-

L

a vida de Gladys Pirela gira alrededor de una caja. El universo entero -las cosas que deja abandonadas- termina ordenado en las cajas de Gladys Pirela. El mundo, el de los curiosos, tiene lugar en las pequeñas y grandes cajas que esta artista venezolana ha sabido elaborar para guardar los objetos que el ojo del común ve y no toma en cuenta. Las cajas de Gladys Pirela contienen las huellas de los antiguos dueños de viejas herencias. Son la muestra fehaciente de que los objetos hablan, emiten sonidos y revelan sus propias contradicciones. Una llave no tendría por qué ser pariente de la corteza seca de un viejo árbol, del que emergen la savia y el olor de su edad, la misma de la llave. Se trata entonces de una recurrente manía de la artista: recoger lo que la ciudad y el monte desechan y hacer otra experiencia, otra manera de emigrar hacia la realidad: la propuesta de Pirela, como toda aventura creativa, reclama, enrostra, pregunta, califica, interroga, desnuda a quien delante de una de sus cajas cree sabérselas todas. Son cajas cuya inocencia llevan la marca de Caín. He aquí entonces la culpa anónima, esa vibración colectiva que a diario se reelabora. Ese estigma hacia donde apuntan todos los dedos. El personaje del castigo divino cargó con sus cosas y las fue dejando como muestra de que era un exiliado, un desterrado por fuerza superior. Cada uno de esos objetos tirados a la vera de tantos dolores por ese hombre y por otros que los recogían, tiene destino en estas cajas. Es más, aquí están los objetos que nunca tuvo, porque vivía en plena emergencia. ¿Cuántas veces no somos el que se queda atrás mientras revisa un letrero, una palabra, un trozo de metal, una piedra abismal, un gancho de ropa, un ojo de vidrio, un hueso de bestia? Estas cajas encajan formas y recuerdos en la memo-

ria de ese que la perdió ante la locura. Son cajas que animan a quien está a punto de sacudirse de la vida y entrar en otra dimensión.

2.En un vertedero existe una armonía que despeja los sentidos. O los contradice. Allí, con paciencia, se pueden encontrar la vida y sus defectos: las enfermedades de la modernidad, los secretos domésticos, el afán consumista y la tendencia a abandonar objetos que antes eran amados, deseados, peleados o antes anclados en alguna pared, en un rincón de la biblioteca o en el lomo curvo de una columna, dórica o no. Total: en ese sitio terminan de morir nuestras ambiciones. Y así como la mano de un artista amansa la madera y le da forma al mundo, las cosas adquieren la notoriedad que ese artista le otorga. Por eso Gladys Pirela vive sorprendida, o mejor, tomada de sorpresa por los más mínimos detalles en medio de un desierto, de la espesura del monte o de un bote don-

de a diario lanzamos los desperdicios que muchas veces no son tales, pero por ser lo que fueron ya no reciben el afecto de sus dueños. Pasan a otras manos y se transforman, se hacen amor y arte: cosa recuperada. Esos son los "hallazgos intervenidos" que esta artista nos regala desde el desprendimiento que todo creador debe cultivar. Porque un artista es un dador de imágenes, de colores, de sonidos, de silencios, de objetos invisibles ante la neblina de quien dice que ve y vive entre ciegos. Bien lo deja registrado Saramago en Ensayo sobre la ceguera: "Pero la ceguera no es así, dijo el otro, la ceguera dicen que es negra, Pues yo lo veo todo blanco…" Blanco o negro el mundo, esta sensación indica la presencia o la ausencia absoluta de la luz, la que bordea los cuerpos perdidos, abortados, abandonados, lanzados al basurero, al bote donde naufragan los deseos, porque ¿qué es algo dejado, tirado? Deseos de alejarse de un recuerdo, de alcanzar la libertad, de entrar en otro tiempo. Estas cajas de Gla-

dys Pirela son eso y más. No tienen nada de Pandora, porque la caja de la mitología estaba cerrada. Contenía un misterio, alojaba el mal, la peste, el dolor, la ingrimitud del miedo. En éstas que hoy vemos y soñamos está el mundo descubierto, transformado, hecho milagro: estamos todos con nuestras caras muy lavadas, sinceros e hipócritas, bellos y feos, necios y amables, tontos y vivarachos. Todos somos esas imágenes. Alguna vez guardamos un reloj de pulsera, el ojo de cristal de una muñeca, las uñas postizas de un ángel recién llegado de un cuento, las vísceras de un unicornio desprendido de un relato de un inimaginable Arreola. O el ombligo del primer niño que llegó al mundo en medio del dinosaurio de Monterroso. Aquí tenemos, en estos "hallazgos intervenidos", monedas que ya no compran en la tienda, llaves oxidadas que abren otras puertas, pequeños cofres de donde salen los olores y los alaridos de alguna bestia inventada por Borges, copas con la marca de los labios de los dioses o de humanos que ya no están y que aún recuerdan en su más allá resacas y borracheras. O la elegancia de la fiesta donde bebieron. Tazas de café, cuyo aroma nos lleva a los campos de Angola, Colombia, Brasil o Barlovento. Cucharillas que conocieron el interior de muchas bocas. Y la calidad de prótesis y encías. Piedras volcánicas, rodadas o inocentes de cualquier camino dejado de transitar. Moldes y hormas de zapatos donde se ven los malos y buenos pasos de sus propietarios. Libros bulliciosos y mudos. Fotos de años idos, que regresan con sólo mirarlas. Pedazos de vidrio, de cerámica, de costras de pared donde seguramente se posó la mano del personaje de Guillermo Meneses. Cartas de amor y de desdichas. Guantes que guardan el tacto de una mano o la lisura de una piel. Hojas secas como cadáveres insepultos. En estas cajas de Gladys Pirela nos recorremos en cada uno de los objetos que las recrean. Igual, las mudanzas domésticas, las casas que quedaron atrás, los olores de

un patio, los recuerdos. Porque en la superficie de un trozo de metal han quedado la huella de una palabra, un gesto, un amago, una muestra de amor o de rechazo. Los objetos también tienen sentimientos.

3.En estas cajas están los objetos robados por los piratas que desde su soledad oteaba Robinson Crusoe. ¿Quién va a desmentir la presencia de Daniel Defoe o de los fantasmas de los relatos de "Moll Flanders" y el "Coronel Jack" en estas cajas? Muy bien lo escribe Italo Calvino cuando recurre al Diario de Crusoe para hablar de las cosas que por sus ojos y manos pasaban: "La acumulación de detalles intenta persuadir al lector de la verdad del relato, pero expresa también de manera inmejorable el sentimiento de la importancia de cada objeto, de cada operación, de cada gesto en la situación del náufrago". Digamos con Calvino, que Gladys Pirela estuvo en esa isla de la que se rescató y rescató las cosas que deben acompañarla a su regreso a tierra firme. Los artistas viven de la soledad, y en ella, en esa condición inmanente de isla solitaria, encuentra el propósito de su creación. Un objeto nada en la memoria, flota, sale a respirar el aire de la casa. Entra en una caja. Es encajado para mejores propósitos, menos ambiciosos que la realidad. Más sensibles, sentidos, vivos, descubiertos, hallados, intervenidos, encajados, metidos en caja, sometidos al inventario de su propia enumeración. Colocados al margen de cualquier digresión humana. Encajar encaja es una fuerte motivación vital, un buen augurio, un mensaje con destino, para acercarnos a don Mario Briceño Iragorry. La vida de Gladys Pirela gira alrededor de muchas cajas. Dentro de ellas, ella misma, satélites terrestres, astros comunes y corrientes convertidos en espíritus animados por su curioso ímpetu. Cajas para llevar en silencio, de regreso al mundanal ruido. Cajas, son cajas, objetos que dicen.


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Maracay, Sábado 13 de noviembre de 2010

La cigarra del trópico y la Escuela Nueva Esparta (II) -INGRID CHICOTE-

A

ly era un melómano. Tenía una colección de música hermosísima. Una vez nos dio por escuchar a Crosby, Stills, Nash and Young. Luego comenzamos a buscar versiones de Déjavú y de Bajando por el río... A veces nos daba por escuchar música celta, música experimental, solos… Por ejemplo el solo de Bajando por el río lo escuchamos en varias versiones, entre el que más me gusta y que descubrí en esa experiencia es la versión que hace Buddy Miles… Cuando yo le robaba algún CD iba tempranito a buscarlo a mi casa. Yo tenía una olla de peltre azul eléctrica. Era la olla de los granos. (Ahora es la olla del lirio blanco). Era una herencia de la bisabuela mía. Cuando iba a hacer granos lo llamaba. Y entonces mientras él leía cualquier poema que se le ocurriera yo iba picando los aliños… Era una relación demasiado poética. Estrechamente poética entre el sentido de las palabras, el horizonte de sentido y la vida. Una vez nos dio por escuchar vallenato. Pero no el vallenato de Los Diablitos, no el de los autobuseros. El vallenato de Escalona. Y hablamos por horas de la significación del festival de vallenato que se hace en Valledupar. También nos daba por escuchar versiones de Pajarillo Verde, El Elegido, Unicornio Azul, Yolanda, Cantos de Ordeño. También escuchábamos Erick Clapton, Oasis… A veces teníamos unas rumbas musicales que eran super densas y siempre Antonio, su hermano nos acompañaba. De alguna manera Antonio siempre estaba. Tenía la versión del Himno Nacional de los Estados Unidos que tocó Jimmy Hendrix en el Festival de Woodstock. Aly, además, era un extraordinario sibarita. Entre la escuela de acupuntura y la visión de Aly respecto a las artes recibí una gran escuela de observación. La observación es un asunto que hay que ir afinando diariamente. Aly tenía un taller que se llamaba la Cigarra del Trópico. Era un taller permanente con todas las personas que llegaran a su casa. Los temarios iban desde el café, té, licor, hasta los ríos de agua sucia y pare usted de contar. Entre las personas más constantes de ese taller estaban Pau-

la Montes y Rosana Hernández. El taller estaba donde estaba Aly. Si Aly estaba en su casa el taller estaba en su casa, si Aly estaba en el banco, el taller estaba en el banco, si estaba en la plaza, el taller estaba en la Plaza. Otros de sus amigos, con quienes compartía bastante eran el poeta Elio Martínez, con Morgado, con Cejota. Podía pasar horas hablando con las personas y jamás se terminaba la conversación. Siempre había de qué hablar y las conversaciones siempre terminaban en la espera de la siguiente conversación. Apreciaba mucho la obra de Orlando Pulido y de sus hijos Wladimir y Gaziel Pulido y les compraba piezas. Cuando lo invitaron a Colombia estuve muy cerca de la decepción que le causara la envidia de algunos poetas "reconocidos" de Maracay. La miseria humana que algunas personas esconden detrás de sus máscaras de poetas le hicieron una jugada sucia, sucísima a Aly para que no fuera a Colombia y cuando se enteró, la tristeza fue demasiado grande, sobre todo, porque, hablando una vez de la antología de los gallos que estaba realizando consiguió un poeta colombiano que era un tomador de caña, llamado Raúl Gómez Jattin que había llenado el Teatro de Bogotá con más de seis mil personas quienes habían asistido allí sólo para escucharlo. Aly siempre hacía las cosas con un sentido. Cada acción debía tener un sentido: desde la lectura hasta la cocina, desde la pintura hasta la colocación de un objeto en algún lugar de

la casa. Y Nelly, silenciosamente, sabía y comprendía que eso era así. Gracias a Luis Alberto Crespo y a Miguel Márquez, Aly pudo representarnos en Colombia. No podía haber mejor representante. Sobre todo por la relación que Aly sentía con esa tierra y con ese sueño suyo de ir a leer a Colombia. Llenar todo un teatro de escuchadores de poesía. Eso fue justicia. Cuando le cambiaron el nombre a la escuela Nueva Esparta que quedaba por mi calle, comprendimos la indignación de la maestra Teodolinda Arocha de Hernández. Resulta que por mi calle había una escuelita unitaria. La única escuela municipal que quedaba en el municipio. Hace catorce años era impensable que aún pudiera existir una escuela unitaria. De esas escuelas que en un solo salón había los seis grados ordenados por filas. Esa escuela funcionaba en la casa de la señora Teodolinda Arocha de Hernández. Ella nos contó que había heredado esa escuela de Rosa de Faneites y Juan de Dios Faneites. Los Faneites habían llegado a Los Colorados, a una casa que queda donde está la Fábrica de Estantes de los Colombianos, y allí habían puesto una escuelita para enseñar a leer y a escribir a los muchachos. Al parecer ellos eran comunistas y habían venido huyendo hacia estos lados, pero, en 1960, cuando comienza a enrarecerse el clima político y comienza la persecución, los Faneites se fueron, pero como eran personas sumamente responsables le dejaron los niños a la

maestra Teodolinda Arocha de Hernández con el compromiso de que ella mantuviera viva la llama del aprendizaje y de la enseñanza. Teodolinda, en 1961, le pidió apoyo a José Tomás Ojeda en cuestión de pupitres y cobraba una ayuda que le daba, lo que para entonces era el Concejo Municipal. Esta escuela llevó ese nombre, Nueva Esparta, porque Teodolinda decía que la educación debía ser como en Esparta y ella era una gran lectora. De hecho, la calle donde vivo se llama así gracias a ella y sus ideas sobre la importancia de las cosas. La escuela duró treinta años con ese nombre hasta que en 1991 vino Alberto Roye y estableció una pelea con Teodolinda. Expropió la casa de la señorita Hernández, quien estaba bien viejita, y de golpe y porrazo derrumbó esa casa que quedaba en la calle Caoil, no se sabe el destino de los viejitos que vivían allí y construyó la escuelita a la cual le puso el nombre de su mamá. Espiritualmente la escuela Amanda Flores de Roye seguirá siendo la escuela Nueva Esparta. Lo cierto es que Aly y yo acompañamos a Teodolinda hasta donde pudimos: puro apoyo moral, porque no podíamos hacer más nada… aún seguimos luchando contra intereses creados a ver si esta escuela regresa a su nombre original. Un año antes de que Aly muriera discutimos por una metáfora. Discutimos muy feo porque él incluyó una metáfora que yo tenía en un poema de La Ruta de los Ancestros en un trabajo que había hecho él. Nos disgustamos tanto que dejamos de hablarnos. Lo cierto es que la metáfora ni era suya ni era mía. La encontré luego en un libro de Elizabeth Verde. Sin embargo dejamos de hablarnos. Cuando me enteré que Aly había fallecido sentí un gran dolor. Fui a la funeraria y allí estuve un ratico con Nelly y con Alicito. No era un espectáculo. La muerte de nadie nunca puede ser un espectáculo ni una competencia de llantos y dolor. Antonio Trujillo se me acercó y me dijo: -Los velorios de los poetas están llenos de viudas (y viudos)… Me quedé un ratico nada más. Al día siguiente acompañé el entierro desde lejos. Nadie puede tener un medidor de afectos. Aly era diabético desde los cinco años. Su abuelo,

Carmelo Aponte, era el dueño del terreno que nosotros compramos en Camejo. Él vendió ese terreno a mi familia. Aly me contaba que una vez, cuando estaba pastoreando con su abuelo se le subieron las hormigas y fue cuando le dio el primer coma diabético. En Nochevieja relata todas las incidencias dolorosas que le fue produciendo esa enfermedad tan terrible. Ese es un gran poemario. Aly estaba consciente de todo lo que producía la diabetes y siempre me decía: "No sufro de diabetes: convivo con ella". Su mamá, Domitila, que era una mujer muy trabajadora y luchó por la salud de Aly toda la vida. En su primer coma lo llevó al hospital y de allí lo pasaron a Maracay. En Maracay lo comenzó a atender el Dr. Carlos Osorio, quien se convirtió en su maestro espiritual, en su guía. Siempre me hablaba de la relación tan estrecha que había sostenido con el Dr. Osorio y lo quería como si fuera su padre. Creo que Aly merece una reivindicación como ser humano y como poeta. Leyó entre los mejores, se dedicó a formar mucha gente. Tuvo una gran influencia en el movimiento poético de los años ochenta y noventa. Por su casa desfilaron personas muy importantes. Entre la gente con quien se encontró estaban Adhely Rivero, Eugenio Montejo, Enrique Pérez Só, Luis Alberto Angulo y un pretencioso que escribió un diario que se llama Alejandro Oliveros y a quien él admiraba como maestro. Por éste también discutimos en varias oportunidades. Su interpretación de Oliveros le hizo hasta hacer un hermoso poema que fue publicado en Trapos y Helechos, la revista de Antonio Trujillo, cuando le dedicó ese número a Oliveros. Yo me reservo mis opiniones respecto al poeta Oliveros. Sus amigos lo amaron. Allí están las experiencias compartidas con Miguel Márquez y Luis Alberto Crespo. Testimonios de una vivencia que merece ser contada una y mil veces hasta que se logre rescatar del anonimato lo mejor de Aly.

"La casa y el barrio dejaron de amarse En ellos el ritual de la vida no fluye Ambos crearon distancia Hablan lenguas extrañas Ante cuadras de pesadumbre Dondecantanpájarosbarnizadosdenegro Frente a la chatarra y hedor De talleres mecánicos" "De Colorados Blues", Aly Pérez


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Maracay, Sábado 13 de noviembre de 2010

D.F. Maza Zavala: Poeta de los Secretos del Bosque -MERY SANANES-

A propósito de sus 84 años y su libro Quinta Estación a Domingo Felipe Maza Zavala poeta siempre de la hondura de los pétalos y la letanía musical de los días sin número apostados a la orilla de una ilusión sin término

A

veces una palabra, un gesto, un estremecimiento del corazón, puede dar la medida de un hombre, dibujar en tenues líneas su frugal recorrido por los abismos del asombro. Un verso puede dar cuenta de su batalla interior, del silencioso despliegue de sus ansias, en medio de un tiempo cercado. Y hay que detenerse en ese atrevimiento del espíritu, en ese expediente a la lejanía, en esa militancia con todo aquello que hace florecer la vida. Porque allí anida la esperanza, retoña desapercibido lo que somos, sin que ruido alguno lo suplante. Y hay que iluminarlo para que se proyecte en los espacios cerrados de nuestro propio deambular por predios que no conducen a anclaje alguno.

LA ESTACIÓN DE LA POESÍA

La poesía es entonces el recinto que devela esa quinta estación que agrega imagen y sentido, que abre los portales al tiempo que será. Esa es la magia, el combustible secreto que guarda la palabra, cuando se conjuga sin subjuntivo, más allá de lo que demoran los ritos de la ronda que gira en el perfil del tiempo, renovando la vida para vencer la muerte'.[1] Y esa es la trayectoria de Domingo Felipe Maza Zavala, el economista, el científico social, el hombre de ideas y pensamientos, el interpretador de números, estadísticas, historia; el crítico sagaz, que logra dimensionar en la totalidad el mínimo resquicio de una realidad diluida en innumerables verdades.

UN SOLO LENGUAJE PARA LA CIENCIA Y LA POESÍA

Su punto de apoyo, lo que aglutina y recompone, es su don poético, su sentido vital de la existencia, su calidad de observador de los bosques, los pájaros, las flores, y de los manantiales que manan de la devastada vida del hombre sobre este planeta. ¿Será por eso que en sus escritos el lenguaje científico y el poético no se dividen ni escinden, sino que hablan la lengua del hombre?

Todo ser humano lleva en sí esa conjunción que su propia acción ha fragmentado, precisamente para que no pueda reconocerse ni conocer al hermano en cuya sangre, al igual que él, 'navegan las espumas del sueño, con sus claros perfiles matutinos, en su secreto afán de fecundar la espina'.[1]

EL RITO ELEMENTAL DE LOS ESPEJOS

Es, como dice el poeta, una historia que comenzó en el verbo, que madura en los trigales, para una resurrección que llegará en la mañana del mundo: 'Abierta entre los lirios la ruta de los pájaros, / la mañana del mundo multiplica sus colores / en el rito elemental de los espejos, / y en la simple geometría de los planos celestes.'[2] Y ese es el espejo en el cual se mira el hombre, para poder reconocer en la vastedad de sus pupilas la ingeniería del universo del cual forma parte. Precisamente lo que está roto, quebrado, hecho añicos.

ESCRIBIR LA HISTORIA EN EL TALLO DEL ÁRBOL

Y éste es Domingo Felipe: 'Hijo del hombre, de la tierra, del agua, / de la oscura vertiente del metal caído, / de la húmeda soledad de la montaña. / … / Niño frágil como la hierba y el sueño, / doblado al viento y su rumor de hojas, / comunión del canto y la plegaria', mientras escribe paciente y persistentemente en el tallo del árbol la palabra del ser y busca en sus ramajes la consigna anhelada. [3]

LAS CLAVES DEL FUTURO

Nunca ha cesado su poesía, sólo que le buscó otros cauces. Tenía conciencia de que debía hurgar en la realidad para desentrañar en ella los misiles del desaliento, las fugas de la ternura, los desaciertos de la muerte. Y se dedicó con empeño a atar

las coordenadas de los acontecimientos, a recomponer las imágenes fraccionadas. Y buscó en los números y los rostros, el pasado y los documentos, el desvelo y la inocencia, el mercado y sus leyes, en los terribles designios de un capital acumulado que no redistribuido, en la exacción y la destrucción, los signos, las claves de un futuro incierto, que tiene en este presente un tumulto planetario de tragedias, que dejan al hombre indefenso, soterrado, inmóvil en su miedo de no ser árbol, pájaro, cometa, universo.

UN SOLITARIO QUE AGUARDA SER ESCUCHADO

Domingo Felipe es, en este sentido, un solitario. Alguien que ha intentando sembrar en la desolación de los desiertos, retoños de alguna hoja que reproduzca los verdes sobre la ausencia de color. Sólo que no hay recolectores, ni quien lea entre las líneas de sus escritos el estallido solar de una entidad que aspira ser, permanecer, en y por una creación colectiva de lo humano. De allí proviene su dualidad, su tristeza, su melancolía, de quien intuye una cosecha que brotará en otras eras. Sus estudios-investigaciones publicados son muy numerosos y conocidos. Sólo que muchos permitimos que se queden en los anaqueles, en las bibliotecas, en las bibliografías, sin que aún no haya quien las desate en las vorágines poéticas que las hicieron posible. Sólo que no han revelado aún su grado de combustión, en la reconstrucción de una historia que pusieron a andar, sin consentimiento ni autoría del hombre plural que somos.

PODER DESATADO DE CREACIÓN Y PENSAMIENTO

En la Cátedra Pío Tamayo y el Centro de Estudios de Historia Actual de la UCV, tuvimos el privilegio de hacer un libro con él: Venezuela: historia de

una frustración. Habla Domingo Felipe Maza Zavala[4]. Allí, sin las exigencias de árbitros ni limitaciones científicas, sin el orden incisivo de las investigaciones, se desató su poder de creación y pensamiento, de poesía y predicción, y trazó lo que consideramos son las grandes líneas maestras de todo su hacer. Ese libro, de escasa lectura, en un ex-país extraño a sí mismo, es síntesis y revisión del acontecer del hombre en el tiempo. Deja vertientes gigantescas para navegar en ellas, con una sólida brújula fabricada con troncos de árboles milenarios y el aroma de frutas recién recogidas. Dice y predice, interpreta y reinterpreta, desordena y pone de nuevo las cosas en su lugar, interroga, exclama, protesta, afirma con contundencia, analiza, expone, vuelve, y se dispara hacia mañanas siderales. No agota, abre surcos, suelta sin amarras su imaginación científica, su visión poética, su condición humanística.

UN DESCONOCIDO E IGNORADO

Domingo Felipe Maza Zavala es un hombre ignorado, desconocido en este territorio y tal vez más allá, en sus verdaderos y subversivos contenidos. Aunque su nombre aparezca en todos los índices y sea consultado y citado en todo este continente y mucho más allá. Sigue siendo una entidad subutilizada o utilizada, sin que en su interior se hayan identificado las claves auténticas que lo miden y definen. Un científico cuya ciencia a pocos les interesa. Un poeta cuyos versos se convierten, por obra de los otros, en un ejercicio doméstico, cuando en realidad contienen la base esencial de su teoría de la vida, el hombre, la sociedad y el cosmos. Por ello Domingo Felipe es materialmente desconocido como poeta. Para muchos es un pasatiempo o un escape a la apretada agenda de conferencias, foros, seminarios, y exposiciones a los que ha dedicado mucha parte de su tiempo. Cuando aparece uno de sus libros de poesía, se reúnen los amigos a festejarlo. Pocos se atreven a abrir sus verdaderas compuertas para dejar salir todo lo que allí se genera. Pero su obra es una sola. Y su contenido es un clamor permanente por la justicia, la igualdad, la redistribución, la producción natural de una riqueza que pertenece por igual a todos. Una invocación a la alegría que aún no conocemos.

VIVIR RICO EN NUTRIENTES POÉTICOS

Y en este cumpleaños 84, de un vivir rico en nutrientes poéticos, vasto en producciones científicas, en aportes al estudio de estos tiempos, en avanzadas hacia el porvenir, lo celebramos y

festejamos, una vez más, desde el Centro de Estudios al cual está adscrito desde la década de los setenta, y la Cátedra de la cual es miembro fundador y profesor permanente. Y en ese marco, tenemos la alegría de decirle que hemos acodado otorgarle la más alta distinción que hacemos, la de MAESTRO FLORICULTOR, por estar en el camino de quienes dejan huella perdurable, combate por la trascendencia e ilusión de porvenir.

POESÍA PARA ECHAR A CORRER LA MAQUINARIA DEL MUNDO

Esta celebración coincide con la aparición de uno de sus nuevos libros de poemas. Y no puede ser ni gratuita ni casual, esa coincidencia. El Maestro Maza Zavala quiere poner de relieve con ello, en estos tiempos sombríos a los que nos hemos acostumbrado, que la poesía es indispensable para echar a correr la maquinaria del mundo, el artificio de la vida, en dirección a rescatar nuestra preterida humana condición. Quizás este testimonio sencillo, breve, en medio del estruendo de palabras inútiles, de una confrontación que sólo lleva en su interior, el anuncio de nuevas tragedias, tiene un significado de extraordinaria importancia. Nos devuelve a los orígenes, nos sitúa en el centro de lo que somos, nos convoca a la batalla por la vida que todo hombre debe dar, para que no nos arrebaten la espiral sin fin que nos pertenece por derecho y por esencia. Vale la pena volver a sus obras, releer sus escritos, detenerse en sus versos. Tal vez allí esté un mensaje contundente, una expresión no escuchada, que nos devuelva a la verdadera y autentica militancia en la vida. A las fronteras de un horizonte que no concluya. En nombre de aquellos hombres que 'doblaron sus perfiles / en el espejo de la risa sumergida, / en el fresco llanto de la rosa, / en el cauce seco que maldice el sediento, / ( y que) multiplicando el rostro de los nombres / hallaron su propia imagen invertida.'[5]

HACIA LA QUINTA ESTACIÓN DE CAUCES AURORADOS

Hacia esa quinta estación enfilan sus ansias los días del hombre. Hacia el andén de una vida que hoy guardan en secreto los bosques, en murmullo de un tiempo de cauces aurorados y enamorados infinitos.

[1] DFMZ, "Tres instancias", Quinta Estación. Caracas, MonteAvila, 2006, 116 p. [2] Idem. [3] Ibídem, "Arbol" [4] Agustín Blanco Muñoz. Caracas, CPT/CEHA/UCV, 1986. Col. Testimonios Violentos No. 9. [5] Ibídem, "Estos hombres


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Maracay, Sábado 13 de noviembre de 2010

BREVIARIO DEL LUGAR -Alejandro Cardozo Uzcátegui-

Nocturnal El insomnio acorrala mi apacible lógica nocturna, se vienen vengativos mis amigos con máscaras de niños bravos bailando danzas paganas, yo intento filmarlos como en un acto de redención y al final, la cámara no estaba encendida.

Gesto de partida Tristísima partida: inventamos la lengua para el decoro en la despedida; Fue tan inútil como simular alegría esa tarde que la lluvia arruinó el paseo en moto y sin zapatos.

Ralea Tengo un primo que es como Luis XVI antes de la Toma, navega por el mundo en corbata, arde por dentro, lleno de piedras grises, no tiene llama ni ardor en los ojos, su burla, tonta

EN SEPTIEMBRE RITUALES DE SOMBRAS

y secuaz, es como pasear con traje y zapatos de charol una tarde líquida

Carlos Efraín Arana Palacios

Sonámbulo I

y

busca afanosa su torrente de palabras y presencia, La muerte es un umbral que atravesamos

caliente,

seguimos y seguimos (…)

por Anatolia. Sin embargo es mi primo; mi sangre de violetas espesas, ahí yo soy el secuaz.

Cauce en la memoria, que en invierno

Marie Howe

destilan las horas grises del insomnio, bifurca la mirada desahuciada por el sueño. Y el pardo de la mesa ha de poner su lomo de carpintero

Resina de luna transpira la enramada sonámbula

desafiando el tiempo

salino sabe el fruto prohibido;

métrico con la vida misma.

desde siempre, al gusto dela serpiente cada mordida es un pecado. Juglar

Del pecho férreo salieron los signos alicaídos,

Nosotros escondemos

hoy me conducen en brumas a la nada.

el breviario del grito del sol,

La nada (en septiembre)

nosotros escuchamos la furia de los colores,

el vuelo de ésta tu muerte que está por despejar.

las ventanas hablan de las carcajadas del viento, los bandoleros dan la misa.

Sonámbulo II

Nosotros intentamos resolver

Es un oficio que desempeño al filo de las sombras

el camino de la salvación. De "Breviario del Lugar", Editorial La Espada Rota, Caracas, 2010

Almanaque Es tiempo de arrancarte del clavo al que te aferras como un feto al vientre de esta pared.

Ritual Sin arrepentimientos romperé la hoja de un tajo e iniciaré el ritual de los almanaques.

pálpitos inoficiosos que apretujados caen al suelo

De "En septiembre rituales de sombras".

trance de hosco desvelo.

Editorial La Espada Rota, Caracas, 2010


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