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PROGRAMA DE EDUCACIÓN CÍVICA Y ÉTICA

Este deber de educar la conciencia individual es, en definitiva, el deber por excelencia. Con efecto: sólo favoreciendo con el mayor cuidado y con la mayor docilidad y con la buena fe más pura, esa fuerza que nace de las que juntas tienen la razón, la sensibilidad y la voluntad; sólo desarrollando esa fuerza puede el hombre ser hombre verdadero.

Para propósitos educativos podemos concebir la competencia para la conciencia moral y ética en términos de cuatro dimensiones o procesos, a su vez divididos en elementos o subprocesos. El fomentar el desarrollo de la conciencia moral y ética implica el trabajo con estas cuatro dimensiones y elementos. Estas dimensiones son: sensibilidad moral, nivel de juicio moral, deliberación moral y acción moral.

3. La sensibilidad moral La reflexión moral siempre ha hecho claro que nuestra aprehensión de las realidades morales implica un acto mental que es más que la mera cognición; un acto del “corazón”, es decir de nuestra dimensión afectiva. Ya Platón señalaba:

Quien carece de afinidad con el objeto en cuestión, no puede llegar a conocerlo merced a la buena capacidad intelectual o a la memoria, pues esa persona no tendrá nada en común con ese objeto. Por eso, tanto los que no se sienten inclinados por naturaleza a la justicia y a las demás virtudes ni disponen de una afinidad espiritual con ellas -aunque en otras cuestiones aprendan y recuerden con facilidad, como los que poseyendo dicha afinidad carecen de capacidad intelectual y de memoria, no tendrán un conocimiento verdadero de la virtud y del vicio, en la medida en que es ello posible.

La sensibilidad moral es aquella dimensión de nuestra conciencia moral que nos permite experimentar, es decir captar, sentirnos afectados ante situaciones en las que está en juego el bienestar humano. Ser sensible, moralmente hablando, implica que no sólo captamos cognitiva o contemplativamente una situación sino que la “vivimos”; nos sentimos involucrados en ella y movidos a actuar porque está en juego el bienestar humano. Desde esta perspectiva, la sensibilidad moral implica sobre todo simpatía y cuidado tanto del otro como de sí mismo (autoestima). Lo que hace que nos sintamos involucrados en la situación es la captación afectiva de un mal, es decir de un daño que puede sobrevenir sobre un ser humano o sobre una relación humana tenida como buena o valiosa. “Las ideas morales resultan de

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Educacion civica y etica  
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