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INSTITUTO NACIONAL PARA EL DESARROLLO CURRICULAR

Por su parte la ética se refiere a nuestra capacidad para analizar la moral. La conciencia ética es la conciencia de la conciencia moral. La autoconciencia o conciencia ética no nos dice cómo actuar, pero mejora la conciencia moral haciéndola más clara en sus contenidos, mejorando sus procesos y haciéndola más coherente. La conciencia ética surge cuando la conciencia comienza a examinarse a sí misma para mejorarse. La conciencia se toma a sí misma como objeto de desarrollo y examina tanto sus procesos como sus contenidos (valores). Por otro lado, la ética busca formular valores o deberes deliberadamente y de carácter “universal”, es decir a un nivel de generalidad que trasciende los valores particulares. Estos valores son necesarios en aquellas sociedades con una pluralidad de sistemas de moral porque crean un consenso en torno a ciertos fines de la sociedad en su conjunto. Tal es el caso de los valores de dignidad y solidaridad, los cuales pueden ser aceptados, en su formulación general, por diversas tradiciones religiosas y filosóficas. La conciencia moral necesita de los procesos que hemos analizado, y también de un contenido, que son sus valores. Es desde el punto de vista que nos presentan los valores que sentimos, juzgamos, deliberamos y actuamos. Sin valores no hay conciencia moral; como no hay pensamiento sin conceptos. Al ver a una persona necesitada, el sentirme involucrado y obligado a actuar, se debe a que en mí existe un valor de justicia, solidaridad u otro. La falta de conciencia moral es en gran medida, la ausencia de valores morales; la conciencia vacía de contenido. Al decir que hay un debilitamiento de la conciencia moral en nuestra sociedad, lo que queremos decir es que estamos perdiendo la capacidad para darnos cuenta, para sentirnos involucrados ante lo que ocurre a nuestro alrededor, para experimentar un sentido de deber, para deliberar moralmente y para tener una voluntad de acción. Igualmente implica la falta de claridad o la pérdida de valores. Por esta razón, un programa de educación moral dirigido a cultivar la conciencia moral implica fomentar el desarrollo de la sensibilidad, del juicio, de la deliberación y de la acción (voluntad) moral y del desarrollo de valores. El hogar es el principal lugar de la formación de la conciencia moral, de sus procesos y contenidos (valores). La escuela puede llegar a ser un espacio que apoye la formación de la conciencia moral. Pero más importante aún es que puede llegar a ser el principal espacio de formación de la conciencia ética. Por lo tanto, el ser humano tiene que desarrollar, como ya decía Sócrates, esa capacidad de examen de su propia conciencia, para mejorarla. La educación moral, sobre todo a partir de la pubertad, no puede consistir en que una persona constantemente nos señale “cometiste tal error” porque debe ser la propia persona quien críticamente reconozca sus errores y se convierta en el educador de su propia conciencia moral. Educar nuestra conciencia moral es, como decía Hostos, nuestro primer deber, condición de todo otro deber:

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Educacion civica y etica  
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