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MI PRIMERA VEZ

Relatos traídos del recuerdo por los alumnos y alumnas de 2ºA de ESO de la Secció d’Institut Parets del Vallès II

Parets de Vallès, octubre de 2013


MI PRIMERA VEZ EN TAEKWONDO Recuerdo  que  fue  un  martes,  cuando  mi  hermano  Óscar  y  yo  nos  pusimos  por  primera  vez  un  kimono  de Taekwondo.  Empezó  a  las  18:00  y  cuando  llegamos vimos al profesor y a algunos  compañeros sentados en el  tatami  formando  un  círculo.  Nos  sentamos  y   empezamos  a  conocer  los  nombres,  la  mayoría  ya  nos conocíamos. Se ve que el profesor se llamaba igual que yo. Para  calentar  hicimos un juego, ya que  era el primer día. Al acabarlo  el  profesor  nos dijo  de hacer filas para aprender  a  hacer  volteretas  y  más  cosas  en  el  suelo.  Luego  hicimos  filas  de  nuevo,  pero  esta  vez  para aprender  como  se  llamaban  y  como  se hacían las  diferentes  técnicas. Después  hicimos combates  entre  dos personas. Estuvimos una hora, pues acabamos a las 19:00. Al  cabo  de  un  tiempo supimos que lo  que hacíamos no era Taekwondo sino Vale  tudo que  es una modalidad de  combate,  originaria  de  Brasil,  donde  los  luchadores  pueden  usar  cualquier  arte  marcial  o  deporte  de contacto, ya que las reglas permiten casi cualquier técnica, así como el combate en el suelo.


Mi primera vez Voy a explicar la primera vez que empecé a bailar en una academia de baile. Aproximadamente  a  los  9/10  años,  empecé  a  bailar  en  una  escuela  de  baile llamada  Elite  Dance,  pero  por  ciertas  razones  me  borré y ahora estoy en una  de  Lliça  de Vall, llamada Forum Licano. El  primer  día  que   fui  a  probar  a  la  nueva  academia,  fui  a  una clase  de  otras niñas para  ver  si  me  gustaba.  Ellas  ya  se  conocían  pero  yo  a  ellas  no,  entonces  me  sentía  un poco  cortada  a  la  hora  de  hablar  con   ellas.  Hice  la  clase  y  me  gustó  mucho,   decidí apuntarme,  pero  la  chica me  dijo que fuese a otro grupo que iba a montar nuevo, ya que  en el que yo fui a probar había muchas niñas. Días  antes  de  empezar  la  clase,  hablé  con  otras  niñas  y  me  comentaron  que también se iban  a  apuntar  a  esa  academia, pero no sabían si iban a ese grupo. El día que empecé, las vi, ya las conocía de la otra academia y tenía muy buena relación con ellas. Entramos  a  la clase  y  antes  de  empezar había otras niñas que también eran nuevas como nosotras, entonces empezamos a hablar con ellas hasta que nos fuimos conociendo. En ese  momento,  aunque yo fuera  con  niñas  que  ya conocía, fue la primera vez que empecé a bailar. Una vez pasaron los días, ya nos conocíamos y nos llevábamos muy bien. Los  primeros  días  estás   un  poco  cortada  a  la  hora  de  hablar,  pero  por  algo  se empieza y tenemos que hablarnos entre todas, ya que convivimos bastantes horas juntas. No me arrepiento de haber empezado en esta academia.


MI PRIMERA VEZ HACIENDO CLASE DE BAILE… Mi primera vez bailando (haciendo una coreografía) fue en el colegio para el baile de final de curso .Pero bailando en una clase de baile fue ya hace dos años y este año es el tercero. Mi primera vez fue muy extraña, la verdad, porque no conocía a casi nadie, solo a dos niñas y eso era un poco extraño para mí, aunque luego con los días nos fuimos conociendo todas y cogiendo confianza. Primero calentamos y yo me pensaba que no íbamos a calentar que solo íbamos a bailar, y entonces pregunté por qué calentábamos y me dijeron que si no lo hacíamos nos podíamos romper algún hueso o algo. Entonces lo entendí y luego cuando ya empezamos a bailar y ya me quedé un poco mejor porque estaba un poco rara con lo de calentar, pero ahora ya es una cosa muy normal para mí. Mi afición es bailar y me encanta.


La primera vez que me monté en bicicleta La  primera  vez  que  me  monté  en  bicicleta  fue  cuando  tenía  tres  años  y  medio.  Las primeras  veces  que me monté me caía todo el rato y además tenía dos ruedas detrás, pero aún así  me  caía.  Mi padre siempre me agarraba  de la  silla, por si me caía, se preocupaba mucho de mí. Una  vez  fuimos  por  el  campo  de Gallecs, para dar una  vuelta, ese  día ya  no  me  caía tanto como  antes, pero en las  bajadas  yo  tenía  mucho miedo, así que las  bajaba andando. A  mí me  gustaba  ir  con  mucha  velocidad, porque era muy  guay pero mi padre me aconsejaba que  no  corriese  tanto.  ¡También  íbamos  mucho   más  lejos,  hasta  Llliça  d’Amunt!  Molaba mucho  porque  ya  ahí  corríamos  un  poco  más  y  es  lo  que  me  gusta  hacer.Y  ésta  es  la primera vez que me monté en bicicleta.


La primera vez que me subí a la montaña rusa más esperada de mi vida Una  de  mis   primeras  veces,  entre  otras,  fue  cuando   me  subí  a  la  famosa  montaña rusa  Shambhala. Soy  un  fanático  de  las  montañas   rusas,  tanto  que   cuando  me  enteré  que  estaban  construyendo  esa HyperCoaster,  la  más  alta,  rápida  y  con  la  caída   más  larga  de   toda  Europa,  me  registré  en  una página que se  llama  PAC   Community. En esa página sigues  toda la construcción de  cualquier montaña  rusa del  mundo. Estuve esperando un año hasta que llegó el gran momento, con el colegio fuimos a Port Aventura, en mayo. La  montaña  rusa  estaba  situada  en  China,  se  llama  así  la  zona donde está.  Hay  que decir  que verlo con  tus  propios  ojos  es   mejor  que  mil  imágenes,  ésa  es  mi  manera  de  decirlo.  En  la  entrada  se  veía   un bonito  arco,  que  ponía   SHAMBHALA.  Al  entrar  nos  encontramos con un  montón de  decoraciones,  muy bien hechas. No había mucha cola, media hora. Cuando   el  señor  que  retenía  la  barra  metálica  me  dejó  pasar,  se  me  puso  la  piel  de  gallina.  ¡En segunda  fila  nos  tocó!  Pero  yo  estaba  muy  emocionado,  me  senté,  me  puso   esa   especie  de  seguridad  y empezó  a  subir.  Subía  demasiado rápido ¡parecía que  iba a tocar el cielo!  Al llegar a la  cima  del Himalaya,  ya que  se  llama  Shambhala  expedición  al  Himalaya,  vi la pedazo  de caída que  me  esperaba.  Cuando bajó,  sentí que  volaba,   que  mi  cuerpo  no  pesaba  nada,  pero  al   llegar  abajo  pasamos  por  un  túnel  y  mis  ojos parpadeaban muy rápido, ya que la velocidad era de ¡135 km! Pasado  el  túnel  volvió  a  subir  y   a  bajar,  dando  otra  vez  la  sensación  de  gravedad  0.  Después   hizo una  doble  hélice.  El  recorrido  es  casi  todo  el  rato   lo  mismo,   aunque  hay  una  parte  donde  pasas  por  un pequeño   lago,  donde sale agua por  los  laterales. Cuando  se  terminó  la  atracción, lo  que hice por  intuición  fue decir:  ¡Otra!  ¡Otra!  Así  unas  dos  veces.  Cuando  salimos  de  la atracción nos fuimos a  ver  la  foto  y  el vídeo,  el cual me compré. Así  es   como  fue  la  primera   vez  que  me   subí  a  esta  esperadísima  montaña   rusa,  a  la  cual  seguiré subiéndome siempre, porque nunca me va a desagradar.


La primera vez que fui al instituto

El  primer  día  que  fui  al  instituto  me  puse  muy  nerviosa  porque  no  sabía  cómo  me  iría.  Cuando entramos  me  puse  mucho  más nerviosa pero a la vez con  ganas de comenzar para saber cómo sería  todo.  Nos  hicieron  una  foto  a  las  dos  clases  de  primero  ya  que éramos nuevos.  Cuando acabaron  nos dieron unos papeles  de colores  los cuales nos indicaban a qué clase teníamos que ir,  entramos  a  mirar   a  qué  clase  nos  tocó  y  mientras  fuimos  viendo  los  barracones.  Fuimos  al laboratorio  a  hacer  un  “juego”,  entonces  una  niña  (Marta)  me  preguntó  cómo me  llamaba... Y se me empezaron a quitar los nervios. Fueron   pasando  los  días  hasta  acabar  la  semana,  no  es  que  hiciéramos  grandes  cosas,  sólo nos  fuimos  conociendo  los  alumnos  y  los  profesores.  Pero  me  fui  acostumbrando  al  horario  y poco a poco fui cogiendo confianza y haciendo amigas… Hasta hoy.


La primera vez que vi a mi perro Darky La primera vez que vi a mi perro fue como ver un cojín de pelo negro, con diminutas perlas negras brillantes con un borde blanco, que se movían mirando de un lado a otro a causa de la felicidad. Este bonito cojín llamado Darky no paraba de mover la cola mientras, sin dejar de lamerme la mano, ladraba tímidamente tratando de volverme a llamar la atención cuando mi madre o yo nos girábamos intentando escuchar alguna de las muchas cosas que la propietaria, por aquel entonces, nos iba explicando. Recuerdo perfectamente las agujas que Darky tenía por dientes y los gruñidos cautelosos que soltaba al hacerlo enfadar mientras jugábamos. Con mi perro ha habido muchas primeras veces pero muchas muy curiosas. Recuerdo un dia que, Glòria, mi prima me dijo << oye Víctor,¿qué es eso que tienes en la zapatilla?>> y yo cogí ese algo y lo observé durante unos largos quince minutos hasta que me di cuenta que era una de las agujas que, ahora, iba a substituir por los definitivos dientes. En resumen, ¡se le había caído un diente mordiendo mi zapatilla! En fin, mi perro es una gran primera vez que de verdad merece la pena repetir.


La primera vez que… La  primera  vez  que  subí  a  un  avión.  Fue  una  experiencia  genial  y  nunca  la  podré olvidar. Fue  en  el  año  2008  y  cogí  mi  primer  avión  para  irme  con  mi  familia  a  Nueva  York. Estábamos muy nerviosos en el aeropuerto y no podíamos esperar más. Cuando  ya  faltaba  menos   para  despegar,  fuimos  a  embarcar  las  maletas  y  nos sentamos   en  unas  sillas  a  comer  unas  galletas.  Al  cabo  de  un rato nos dijeron  que ya podíamos ir a una sala donde allí nos pidieron los billetes, D.N.I... Cuando  nos  avisaron  yo  estaba  muy  nerviosa  y  pasamos  por  una  especie  de  túnel que nos conducía hasta el avión. Al  entrar  yo  no  me  lo  podía  creer,¡¡¡  estaba  en  un  avión  de  verdad!!!  Me dirigí a mi silla alucinando. Una vez sentada nos abrochamos el cinturón y despegamos. Ya  en  el  aire  encendí  la  mini­tele  donde  descubrí  que  podía escuchar música, jugar a videojuegos, mirar pelis... Primero nos dirigimos a París y desde allí nos fuimos a Nueva York. Fue  un  largo  viaje  pero  valió  la  pena,  primero  estaba  todo  el  rato  escuchando música,  y de vez  en cuando nos traían comida.  También miré las maravillosas vistas de las nubes. Cuando  se  empezó  a  hacer  de  noche  nos   pusimos  a  dormir  y  recuerdo  que  se dormía muy mal en las sillas del avión. Aunque  algunos  detalles  que  no  me  gustaron  tanto  fue  una  experiencia que nunca podré olvidar.

FIN !!


LA BICICLETA Cuando iba a cumplir ocho años, pedí una bicicleta amarilla, roja y azul para aprender a ir sin las ruedecitas pequeñas. El día de mi cumpleaños, fuimos con mi tío y mis padres a una tienda de bicicletas. El hombre que las vendía me preguntó que qué bicicleta quería, y yo le dije que quería una que fuese amarilla, roja y azul. Mis padres no creyeron que hubiese una exactamente así, pero dio la gran casualidad de que sí. Ese mismo día nos la llevamos. Hicimos una celebración de cumpleaños con toda la familia. Supongo que estuvo bien, pero no lo recuerdo, porque estaba pensando en la bicicleta. Al fin me liberaron de la aburrida conversa sobre política entablada entre mis abuelos, mis tíos y mi madre y me dejaron ir al carril bici de al lado de mi casa con mi padre. Allí pusimos la bicicleta, mi padre me ayudó a montar encima e intenté pedalear mientras mi padre aguantaba recta la bicicleta. Las primeras veces lo hicimos así. Pero luego, mi padre empezó a soltarme para que fuera solo. A la tercera vez que lo intentamos me caí, y unas cuantas más. Obviamente no aprendí el primer día. Así que después de mucho rato volvimos a casa y deje la bicicleta en el garaje, preparado para volver a salir al día siguiente.


LA PRIMERA VEZ QUE VINO PAPA NOEL Era el 24 de diciembre de 2007, Nochebuena. Estábamos  toda  la  familia  reunida  en  casa  de  mis  abuelos  cenando.  Cuando acabamos,  mis  primos  y  yo  nos  pusimos  a  jugar  encima  de  la  alfombra  al  parchís, mientras los mayores tomaban café y turrones. Eran  las las doce menos cuarto, todos estabamos hablando,  cuando  de repente sonó el  timbre  de  la  puerta.  Todos nosotros nos  callamos y  empezamos a comentar quién podía  ser  a  esas  horas,  mientras  que  mi  padre  se  asomó  por  la  ventana.  Mi  abuelo salió  a  abrir  la  puerta,  mientras  nosotros  mirábamos  fijamente  por  la  ventana.  Al entrar  por  la  puerta  se  escuchó:  how,  how,  how, Feliz Navidad, y entró Papa Noel y dijo: ¿aquí vive un niño que se llama José Bartolomé? Yo,  un  poco  asustado  le  dije  que  sí,  que era yo a  quien buscaba. También preguntó que si me había portado bien y si había sacado buenas notas ese año.   Él  se  me  acercó,  me  dio  un  beso  y  una  bolsa  con  dos  regalos  y  un  montón  de chucherías.  Cogí  la  bolsa  y  abrí  el  primer  regalo  que  era  un  libro  y  el  segundo  que eran cochecitos. Me preguntó que si me habían gustado los regalos y le respondí que sí. Se  despidió  de  todos  y  me  dijo  que  continuara  siendo  bueno,  que  siguiera  sacando buenas notas y que al próximo año volvería, si me portaba bien. Salimos  todos  a  despedirlo  y  se  fue  calle  abajo a repartir sus regalos a  otros  niños y niñas.


Mi primera vez Cuando tenía siete años, en las vacaciones nos íbamos a ir a casa de mis tíos un par de días. Yo estaba muy ilusionada porque estaríamos en la playa. Cuando fui hacia la habitación de mis padres vi que tenían una maleta muy grande y me extrañé porque nada más iríamos dos o tres días. Al día siguiente ya teníamos todas las maletas preparadas pero yo vi que había más de lo necesario. En el trayecto vi que nos estábamos desviando un poco pero yo no dije nada, aunque no paraba de mirar carteles indicadores del aeropuerto. Cuando dejamos las maletas, nos subimos en el avión. A mí me extrañó mucho al subirnos y le pregunté a mi madre: -¿A dónde vamos? Y ella me respondió diciéndome que le había preguntado al piloto si nos dejaba ver el avión por dentro. Yo estaba un poco asustada porque era mi primera vez. En el trayecto lo pasé un poco mal porque me dolían un poco los oídos y pensaba que nos íbamos a caer. Al llegar cogimos las maletas y me dijeron mis padres que estábamos en ¡Euro Disney!


LA PRIMERA VEZ EN EL BALONCESTO   Tomar  una  decisión  sobre  mi  primera vez  en  algo  siempre  es difícil porque a lo largo de mi vida han  habido  muchas  primeras  veces.  Después  de  pensar  y   pensar  he  tomado  la  opción  de escribir sobre mi primera vez en el mundo del baloncesto. Empecé  en  el  año  2005,  cuando  tenía   4  años,  era  el  más  pequeño  del  grupo,  no  teníamos equipo,  éramos  la  escuela  de  básquet.  Era  el  equipo  del  pueblo  y  en  él  nos  encontrábamos algunos   compañeros  del  colegio:  Toni,  Pol,  Arnau  y   Pau,  conjuntamente  con  niños  de   otros colegios. Decidí   apuntarme  a  hacer  un  deporte  de  equipo  porque  ya  hacía  piscina  y  me  gustaba  mucho practicar algún deporte de equipo y mi opción fue el baloncesto. Antes  de  mi primer entrenamiento estaba muy nervioso porque era la primera vez que entraba en el  pabellón  a  jugar  al  baloncesto,  no  sabía  quién  sería  mi  monitor/entrenador,  tampoco  sabía quién  serían  mis compañeros en el equipo y me veía muy pequeño comparado con los demás  ya que  era  el  más  pequeño.  Los  nervios  del  principio  se  convirtieron  en  una  sonrisa  al  terminar  el entrenamiento,  me  di  cuenta  que  mis  compañeros   y  mi  entrenador  eran  amigables  y  buenos conmigo. Mi  recuerdo  es  muy  lejano  pero  la  ilusión  de  esa  primera  vez  siempre  estará en  mi cabeza y ha hecho que hoy en día siga jugando.


La primera vez que me puse unos esquís La primera vez que me puse unos esquís fue cuando tenía cinco años. Estábamos en la estación de esquí de El Port del Comte con mis padres y mi hermana. Mis padres me pusieron las botas de esquiar y después los esquís. Yo estaba llorando porque me daba miedo esquiar por si me caía. Al final me puse a esquiar, tenía mucho miedo pero lo tenía que intentar, subí por la cinta y baje haciendo “cuña” como podía, pero no duraba ni diez segundos de pie, todo el rato me caía de culo encima de la nieve. Lo volví a intentar pero me volví a caer, pero en realidad era divertido, cuando me caía notaba el frío de la nieve, una sensación que nunca había notado, y cada vez me caía menos, pero si me caía me volvía a levantar y seguía esquiando. Cuando mis padres dijeron que ya era la hora de comer nos quitamos los esquís y fuimos a comer. Al acabar mi hermana y yo nos fuimos a jugar con la nieve, ¡era muy divertido! Los reyes nos habían traído unos trineos y nos fuimos a la pista de los trineos y nos lo pasamos genial. Ese día fue muy divertido y si nunca hubiera conseguido ponerme los esquís ahora no estaría en el equipo de competición del Club d’Esquí Solsona.


MI PRIMERA VEZ La primera vez que aprendí a ir sin ruedines en la bicicleta, fue en el año 2006 cuando tenía 6 años. Estaba en un camping de Vic con mis padres y mi hermana, acababa de nevar y a mí sólo me apetecía coger la bicicleta, así que la cogí y fui dando vueltas hasta que me llamó mi padre, me fui hacia él y me dijo que me subiría los ruedines porque ya iba recta. Probé con los ruedines un poco más subidos y no me caí, luego mi padre me los quitó y me puse muy contenta, así que después de dar dos o tres vueltas me caí, pero seguí, y ese fue el día que aprendí a ir sin ruedines.


La primera vez que marqué un gol La primera vez fue una de esas veces que no quieres que pase así. Fue un día en el cual no tenía ganas de jugar porque tenía 6 años y ese día estaba enfadado con mi padre. Fue una jugada muy sencilla en la cual se la pasé a un compañero y se la pasó a otro, chutó, me dió y del rebote, cambió la dirección del balón y marqué. Como ya os he dicho nadie quiere que la primera vez sea así. Luego no marqué más goles pero me motivé y jugué un mejor partido que cualquier otro día. Ese día mi tío no estaba para felicitarme, y eso que siempre que juego mal el esta ahí para echarme la bronca, pero no, justo ese día no, y no puede devolverle las “collejas” que el siempre me daba. En los 7 años que han pasado no he marcado mucho más, aunque he ido mejorando y he probado a jugar en otras posiciones, portero y delantero, pero ninguna me ha gustado tanto como en la que estoy “lateral izquierdo”.

                        


MI PRIMERA VEZ No tendría más de seis años cuando un coche se quemó a las tres de la madrugada, delante de mi casa. Tenía muchísimo miedo. Había un coche de la policía y los vecinos intentando apaciguar las llamas. De golpe, al cabo de un rato que fue corto pero a mí se me hizo eterno, llegó un camión enorme, rojo y con muchas luces azules. Fue alucinante, dos bomberos (palabra que descubrí más adelante), con unos cascos amarillos, un traje muy grueso súper chulo y bombonas de aire. En un abrir y cerrar de ojos, sacaron un par de mangueras y en nada las llamas se quedaron en cenizas. Yo no sabía que eran y, en ese momento, me creí que eran súper héroes. Esta vez ya tenía mis diez añitos cumplidos, cuando a mediados de año un coche penetró en nuestra valla. ¡Esta vez no solo vino un camión sino cinco! Eso fue él no va más. Yo quería ser BOMBERO. Salvan vidas, arriesgan las suyas, te protegen, realmente no es que tengan unos sueldos muy elevados, mejor diría que es uno de los sectores que más se está recortando, conducen súper rápido y me fascinaban este tipo de cosas. Quise seguir siendo bombero, hasta que descubrí que mis talentos no tenían demasiado futuro en este oficio y finalmente he cambiado de elección.


Mi primera vez… La primera vez que fui a entrenar fue en el verano del 2006. Aquel verano mi padre me dijo que si me gustaba el futbol, yo le contesté que mucho y me llevó al campus del Parets. En el campus me dieron dos camisetas y una pelota. Íbamos de lunes a viernes a las 17:45 hasta las 19:15, eso en verano 15 días. Allí me enseñaron a chutar, a controlar con las dos piernas y hacer buenos pases. También los últimos minutos hacíamos partidos o chutábamos a los porteros. Los niños que estaban conmigo eran más buenos que yo, pero yo le puse ganas y estuve a su nivel. En el campo me junté con compañeros de ahora como  Marc, Jep, Aleix… El último día del campus el club nos invitó a un refresco y a una bolsa de patatas. Ese día todo el rato estuvimos haciendo un partido. Cuando acabé el campus le dije a mi padre que me apuntará a un equipo del Parets.


Érase mi primera vez El primer día de instituto acerté que no me habían cambiado de clase con los de 2b. El primer día dijeron que teníamos cuatro alumnos nuevos. Dos se fueron a la clase de mi hermano y los otros dos a la mía. Nuestro tutor se llamaba Pedro, era simpático como los otros profesores. Antes de entrar en clase nos dieron una hoja con un dibujo. Había seis dibujos diferentes y cada dibujo corresponde a una mesa y nos teníamos que sentar en la mesa que tenía el correspondiente dibujo. Para  presentarnos,  el  profesor  nos  tiraba   un  rotulador  y  teníamos que decir nuestro nombre a la vez que lanzábamos el rotulador. En la última clase nos fuimos a probar los talleres que había. Este  fue  mi  primer  día  de  clase  en  el  cual  disfruté muchísimo  con las presentaciones y la elección de los diferentes talleres.


La primera vez que me subí a un escenario a bailar La primera vez que me subí a un escenario a bailar estaba muy nerviosa, tenía miedo de que se me olvidaran los pasos o de no ir al compás. Antes de que empezara, nuestra profesora nos dio como “un discurso” para que no nos pusiéramos nerviosas, a mi eso no me sirvió de mucho, porque yo seguía nerviosa. Mis compañeras habían actuado varias veces y por lo tanto no estaban tan nerviosas e intentaron ayudarme y tranquilizarme. A la hora de salir estaba un poco más tranquila, aunque tenía un poco de miedo de que se rieran de mi. Poco a poco el baile iba avanzando. Yo, como estaba nerviosa, al principio me saltaba algunos pasos o los hacía sin ganas pero poco a poco me di cuenta de que no importaba lo que dijera la gente porque me sentiría peor si no daba el máximo de mi. Ese día di el máximo de mi me esforcé por hacer lo que más me gusta, bailar. Esa era mi pasión y lo sigue siendo.


Mi primera vez La primera vez que monté en bici sin ruedines fue en 2005, en un camping de Banyoles. Era un día de verano cuando me dispuse a aprender a montar en bici sin ruedines. El primer intento fue comenzar parado pero me caí, el segundo fue desde arriba de una cuesta pero también me caí porque me estrellé contra otra persona que iba en bici. Y el definitivo fue abajo de la cuesta y me ayudó mi padre a arrancar y ahora sí que no me caí. Me puse tan contento que le dije a mi padre de ir a dar una vuelta en bici por el lago.


LA PRIMERA VEZ QUE MONTÉ A CABALLO La primera vez que monté a caballo fué cuando tenía 7 años, en esos momentos estaba de vacaciones en Mallorca, me volvían loca los caballos desde pequeñita. No es algo que con el tiempo te va gustando cada vez más, sino que ya nací con amor hacia los caballos, por eso son mis animales favoritos. El día que monté por primera vez a caballo, fue un regalo de mi madre, pues alquiló un caballo para 3 horas por la playa de Mallorca. Mi hermano se reía de mi, ya que era la primera vez y entonces tenía un poquitín de miedo, entonces le hice montar a él, para que viera lo que se sentía. Cuando él estaba ya encima, el caballo agachó la cabeza para comer unas yerbas que había y mi hermano cogió miedo y se cayó. ¡Que risa nos entró a todos!. Ese día se nos quedó marcado, siempre que lo recordamos nos reimos todos. Desde entonces, casi cada fin de semana me llevaban a montar a caballo, ahora sé más sobre como montar y ya sé ir sola.  En 2012 para mi santo me hicieron una sorpresa y me llevaron a un terreno de tierra en Lliçà d’Amunt. Me hicieron limpiar todo aquel terreno, sin yo saber el porqué. Cuando acabé me hicieron cerrar los ojos, cuando los abrí, en el mismo terreno de tierra, había una preciosa potrilla árabe tumbada. Ese dia fue mi mejor día y decidimos llamarle ‘’Luna’’. Aún no la puedo montar, porque tiene solo 2 años y hasta los 3 no se puede montar ni domar. Por eso monto otro de mi mejor amigo, que es Español y ya está domado. Desde que monté por primera vez, ahora monto casi cada fin de semana y cada vez sé más sobre ellos.


Mi primera vez en montar en bici Cuando era pequeña, yo quería montar en bici y me subí en la de mi hermano mayor y fui probando con 4 ruedas, pero me caí, aunque yo no paraba de probar porque yo quería aprender. Un día le dije a mi hermano mayor si  me ayudaba a ir en bici y me dijo que si, entonces fuimos a un parque porque yo solo practicaba en subidas y bajadas y en el parque era todo plano. Mi hermano Santi y yo llegamos al parque donde nos encontramos a otro niño con su hermano que también estaba aprendiendo ir en bici. Santi y yo nos fuimos a otra parte para no molestarlos. Me subí en la bici, mi hermano me agarraba de detrás un rato pero luego me dijo: Sara, te suelto, y yo dije que no y me soltó y me caí. Lo volvimos a probar y a la segunda vez me salió y me puse muy contenta de haber aprendido. Un día mi hermano Santi me dijo que ya era demasiado grande para ir con 4 ruedas y que me tendría que quitar dos ruedas y yo dije que vale y entonces fuimos otra vez al parque para aprender. Mi hermano me agarraba  de detrás y luego me soltaba pero me caí y me dijo: Va, Sara, la última vez y nos vamos, y yo dije: “vale” y no me caí en la última vez y aprendí. Y ese día fue el mejor de mi vida de pequeña.


MI PRIMERA VEZ EN EL FÚTBOL

Mi  primera  vez  en  algo  fue  en  el  fútbol,  cuando me  apunté  tenía  4 años  y fue  en  el  CF  Parets.  Fue  muy  emocionante  porque  a  mí  el  fútbol  me apasiona,  no conocía  a nadie  pero me hice muy rápido amigo de todos los niños. Estaba  muy  nervioso  pero  tuve  muy  rápido la  confianza de mi entrenador. Ahora  ya  tengo  13  años  y  me  he  cambiado  de  equipo,  juego  en  el  CF Mollet  del  Vallès.  He  crecido mucho y  conozco  muchísimo más del  futbol, de  cuando  tenía  4  años  ahora  soy  más  consciente  de  cuando  pierdo  un partido  porque  cuando  era  pequeño  no  me  importaba  mucho  perder  un partido, pensaba en otras cosas, como en los dibujos animados… Y  así  sigo  entreno  a  entreno  esforzándome  con  mi  deporte  favorito  y espero que llegue muy lejos con el fútbol.


Mi primera vez en moto La primera vez que me subí en moto tenia 4 años, me la regalaron para reyes y me regalaron una Rieju. Me intentaba subir y no podía porque era muy alta y tuve que hacerle unos arreglos a la moto para que la pudiese llevar porque no llegaba. Al principio mi tío me tenía que aguantar pero luego ya poco a poco iba solo. Solo me caí una vez de la moto que fue porque puse los pies en el manillar y aceleré a tope, en la curva me caí y me estampé contra las basuras.


La primera vez que vi a a Ona, mi perrita Recuerdo que ese día llovía, lo recuerdo porque mi padre me vino a buscar con un paraguas en la mano. Yo salía de la clase de Kárate. Por aquel entonces yo sólo tenía seis años y el Kárate me cansaba un poco. Cuando mi padre me vio esbozó una gran sonrisa y me dijo que tenía una sorpresa en casa. Me sentí muy emocionado, subí las escaleras de dos en dos. Escuchaba a mi padre haciendo ruidos de gallina, pero, sabía que se trataba de otra cosa. Entré corriendo al comedor y la ví por primera vez. Había una bolita blanca en el suelo. Me habían comprado una perrita. Corrí a abrazarla. Nunca olvidaré ese momento, el momento en que conocí a Ona.


Mi primera vez La primera vez que fui a cazar fue cuando tenía 4 años, iba con mi primo y mi tío a cazar a un pueblo que se llama Massanes (Girona). Para mí la caza es mi vida porque llevo 10 años yendo a cazar y toda mi familia por parte de madre siempre lo han hecho. Mi abuelo siempre me cuenta anécdotas de cuando él era joven y se iba a cazar con su padre. Todo ha cambiado mucho desde entonces... Ahora ya tengo 14 años y todavía recuerdo aquel día sin ninguna duda porque fue la mejor experiencia de mi vida. Todavía sigo yendo a cazar y ahora estoy estudiando para sacarme el permiso de armas. Voy a contaros mi primer dia de caza con 4 años: Aquel día tuvimos que madrugar bastante, al llegar al coto de caza fuimos a almorzar con los cazadores del pueblo, cuando terminamos de almorzar es lo más interesante del almuerzo porque los cazadores más mayores cuentan historias de cuando ellos eran jóvenes. Una vez terminado el almuerzo cada uno se va con el coche a cazar, nosotros fuimos a una casa que se llama “Ca’l botiguer” donde siempre que vamos cazamos bastante y sobretodo disfrutamos los cazadores y los perros. Recuerdo que aquel día cazamos: 3 perdices, 1 faisán y 1 conejo que cogió la perra. Después de cazar en ese terreno nos fuimos a cazar al jabalí porque nos llamaron los cazadores. Mi tio y mi primo se fueron al puesto que les dijeron y yo me fui con la “rehala” de perros y el resacador que se llama Esteban. La verdad es que lo pasé mejor con la rehala de perros cazando el jabalí. Cuando estábamos cazando el jabalí, un macho de jabalí le rajó la tripa al perro con los grandes colmillos que tenía y lo tuvimos que cosser en el carro de perros. El gran jabalí que rajó al perro fue abatido por un joven cazador, el jabalí abatido fue un trofeo de bronce (un trofeo se da al cazador porque ha abatido una pieza grande cuando la pieza tiene ciertas características que otros animales de su especie no tienen, como los colmillos que algunos los tienen más grandes, el peso, etc.). ¡Aquel día se abatieron 10 jabalíes en todo el coto de caza! Cuando terminamos de cazar fuimos a comer todos los cazadores juntos al campo de tiro del pueblo donde tenemos una barbacoa y nos hacemos la comida. Una vez terminamos de comer volvimos para casa a descansar porque al día siguiente teníamos que volver a ir a cazar.


MI PRIMERA VEZ