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Ibagué, 19 de julio de 2009

Destruyendo una cultura por medio del idioma Diario Público*

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esde la colina del barrio de chabolas de Yamashan, basta un vistazo rápido para apreciar la política de segregación étnica entre uigures y han que ha creado el caldo de cultivo para el estallido de violencia de esta semana en Urumqi, la capital de la región china de Xinjiang. Donde hace dos décadas se levantaban endebles casas de adobe, habitadas por la población autóctona uigur, hoy emerge una maraña de rascacielos que albergan bancos, hoteles y karaokes regentados por los han, la etnia mayoritaria china. Junto a ellos, destacan las villas estilo sueño americano de los han, emprendedores natos, que asocian el progreso con el consumo y el desarrollo desenfrenado. Declive de la cultura uigur. La llegada masiva de inmigrantes han a Xinjiang en 1949 representaban el seis por ciento de la población; actualmente más del 40 por ciento ha modificado inexorablemente el paisaje, engullendo insaciablemente las últimas migajas de la tradición cultural uigur, marcada por el islam. Pese a los esfuerzos del Gobierno chino por imponer en Xinjiang el mandarín, la lengua común de los chinos, pocos aquí hablan o aceptan expresarse en ella: se comunican en lengua uigur, que pertenece a la misma familia que el turco. Aún así, son conscientes de las consecuencias de la progresiva supresión de la lengua autóctona en el sistema educativo. «Al prohibir nuestro idioma, Pekín nos va destruyendo», denuncia un joven. «Si los niños no aprenden el idioma uigur no conocerán su cultura ni su religión y, por lo tanto, no serán

uigures. El Gobierno chino nos está destruyendo por medio del idioma», denunció un joven uigur a Amnistía Internacional. La convivencia entre las dos etnias nunca se había visto tan amenazada como en la última semana. «10.000 uigures viven en este barrio y entre nosotros hay siete familias chinas. Nunca hubo problemas entre nosotros y tampoco los hay ahora, pese a lo que está sucediendo. Ellos hacen su vida y nosotros la nuestra, cada uno con sus tradiciones», indica el líder de la comunidad, un fornido uigur de 40 años. «Pero somos musulmanes y no podemos aceptar por ejemplo los matrimonios mixtos entre han y uigures», matiza Ahmed, el nombre ficticio de este hombre que, como el resto de interlocutores, exige que su verdadera identidad se mantenga anónima por miedo a represalias. Desde el domingo nadie se fía de nadie y son muchas las historias de represión que han visto o escuchado en los últimos días. «El martes vinieron los han armados. Eran miles y nosotros apenas unos 40 hombres. La Policía trataba de frenar la violencia, pero permitía las incursiones de los han. Sólo nos reprimían a nosotros». Manipulación informativa. «Por si fuera poco, la televisión oficial china sólo explica el conflicto desde el punto de vista de los han. Nosotros no tenemos voz», explica una enfermera que vive en el lado uigur y chapurrea algunas palabras en inglés. Nadie pone en duda en Yamashan que la llegada masiva de los han ha traído el progreso económico. Pero este desarrollismo no ha servido para que cale el mensaje nacionalista del Gobierno chino. «No nos importa que nuestros hijos canten el himno chino en las escuelas cuando se iza la bande-

ra todas las mañanas. Pero si mañana nos colonizaran los americanos, no tendríamos problema en someternos a su insignia nacional. A nosotros lo que nos importa es el islam», resume. Del otro lado de la ciudad, en la Universidad de Xinjiang, los jeans y el lenguaje refinado sustituyen a los hiyab y el griterío de las clases populares uigures. Un contraste que no modifica las razones para comprender la explosión de violencia interétnica. «Me gustaría poder desempeñar todas las actividades sociales en mi lengua y seguir construyendo mi propia cultura. Pero es imposible y eso nos provoca insatisfacción», indica un grupo de estudiantes uigur. «Residimos en el campus y no se nos permite utilizar el uigur en clase, excepto para cursos específicos». «También hay restricciones a nivel religioso: no podemos orar ni ayunar durante el Ramadán dentro del recinto universitario», asegura una de ellas. «Aquí hay dormitorios para han y para uigures, muy pocos se mezclan, llevan vidas separadas», explica otra, antes de pedir al periodista que deje de hacer preguntas «porque no se puede hablar libremente. Aunque piense que no, nos vigilan, nos escuchan». Represión en la universidad. Apenas unos minutos después de finalizar la conversación, una mujer que se presenta como representante de la oficina de Asuntos Exteriores de la Facultad sugiere al periodista que «es mejor que abandone el recinto. No es por censura, sino por su propia seguridad. Hay mucho peligro y no queremos que le suceda nada», agrega, a pesar de que el espacio universitario presenta el paisaje habitual de un lugar como éste: estudiantes paseando y leyendo en el césped. «Estamos pidiendo a los estudiantes, tanto a han como a uigures, que vuelvan a sus lugares de origen cuando acaben los exámenes. Queremos evitar nuevos incidentes», concede la responsable, resumiendo la estrategia de Pekín para poner fin a la violencia: reprimir y dejar que el tiempo o la dominación han resuelva un conflicto que se remonta a varios siglos atrás por el control de la región. *Madrid. Diario Público

Mezquita de Id Kah, la más grande de China

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LA PALABRA Malabarismo

El malabarismo -también llamado juegos malabares- es conocido desde la más remota antigüedad; imágenes egipcias ilustran la práctica de estas destrezas en la época de los faraones. En cierta época, en los banquetes ofrecidos por los monarcas y por altos funcionarios, los músicos ejecutaban sus melodías antes de que se sirviera la cena, y luego los malabaristas mostraban sus habilidades a los invitados. Sin embargo, el nombre en español de estos juegos es mucho más reciente: se remonta al siglo XVI en la India, donwww.elnuevodia.com.co>Léalo.

DEL DÍA

de los ingleses conocieron los malabarismos practicados con sorprendente destreza por los nativos de la región de Malabar, en la provincia de Kerala, controlada por la British India Company. El nombre no se conservó en inglés, lengua en la cual los juegos malabares son llamados juggling games, pero la palabra se formó en portugués, en el habla de los navegantes lusitanos que transitaban por el océano Índico y más tarde fue acogida por el castellano.


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Falleció a los 83 años el escritor ecuatoriano

Jorge Enrique Adoum

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Jorge Enrique Adoum

l narrador y poeta ecuatoriano Jorge Enrique Adoum falleció la madrugada del pasado viernes 3 de julio a los 83 años de edad, víctima de un paro cardiorespiratorio. Sus restos fueron cremados y sepultados en el “Árbol de la Vida”, un saludable pino de 25 años a unos metros de la Capilla del Hombre de su amigo el artista Oswaldo Guayasamín, quien murió en 1999 y también se encuentra sepultado allí. Al frente de la casa que habitó Guayasamín, debajo del pino, se colocaron dos carpas y una mesa blanca frente a cerca de cincuenta sillas. Sobre la mesa descansaba una vasija de sencillos motivos que Hernán Crespo Toral le regaló hace años a Rosángela Adoum. Allí reposaban los restos de quien ha sido considerado el poeta ecuatoriano más reconocido internacionalmente de las últimas décadas. “Es una vasija antigua precolombina que al ‘turquito’ le hubiera gustado mucho”, sigue Rosángela. “Siempre quiso que su funeral no fuera un funeral sino una fiesta. Espero estar cumpliéndolo”. El poeta y el artista habían manifestado su deseo de ser enterrados en ese sitio. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien llegó a las 17:15 a la Capilla del Hombre, presentó sus respetos a Nicole Adoum, viuda del poeta, y en una corta alocución declaró su luto personal y el de la patria por la muerte del escritor. El gobierno, a través del Ministerio de Cultura, otorgó a Adoum el reconocimiento póstumo de la Medalla del Bicentenario. “Hoy no hemos venido a enterrar a Jorge Enrique sino a consagrarlo”, añadió Correa, quien agregó la militancia por

un nuevo país y el socialismo, que siempre fueron parte de la militancia del escritor. Para el mandatario la eternidad de Adoum está en el reconocimiento de su obra, y sobre todo en el ejemplo que dio con su trabajo y construcción de un Ecuador al que siempre amó. “Se va Jorge Enrique en este tiempo grave y al mismo tiempo de tanta esperanza, sólo podemos decirle que este Ecuador de hoy no es el Ecuador amargo de ayer, por eso luchamos día a día para erradicar la pobreza y el analfabetismo, la desnutrición y en especial es lacra universal llamada injusticia”, acotó. Nacido en la ciudad andina de Ambato en 1926, Adoum fue también político, ensayista y diplomático, y entre sus mayores y más conocidos éxitos figura la novela Entre Marx y una mujer desnuda, publicada en 1976, y posteriormente llevada al cine por el realizador ecuatoriano Camilo Luzuriaga. Adoum inició sus estudios de derecho y filosofía en la Universidad Central de Ecuador y los terminó en la Universidad de Santiago de Chile. En Chile fue durante cerca de dos años secretario privado de Pablo Neruda, quien aseguró alguna vez que Ecuador tenía en Adoum al mejor poeta de América Latina. En 1948 regresó a su país, donde ocupó diversos cargos en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. En 1949 publicó su primer libro, Ecuador amargo, que fue comentado por Neruda y Carlos Drummond de Andrade. Más tarde, con los dos primeros volúmenes de Los cuadernos de la tierra, obtuvo el Premio Nacional de Poesía de Ecuador en 1952. Fue redactor cultural del Diario del Ecuador, de Quito, colaborador de numerosas revistas latinoamericanas de cultura y profesor de literatura en diversas instituciones. Publicó otros libros de poesía, entre ellos Notas del hijo pródigo (1953) y Relato del extranjero (1955), y uno de ensayos críticos, Poesía del siglo XX, que abarca estudios sobre Paul Válery, Rainer María Rilke y César Vallejo, entre otros. En 1960 obtuvo, con su Dios trajo la sombra, tercer volumen de Los cuadernos de la tierra, el premio de poesía en el primer Concurso de la Casa de las Américas de La Habana, y luego publicó el cuarto volumen, El dorado y las ocupaciones nocturnas. En noviembre de 1961 fue nombrado director nacional de Cultura, cargo que ocupó hasta 1963, y en el marco del Programa Principal de la Unesco para el conocimiento de los valores culturales de Oriente y Occidente viajó a Egipto, India, Japón e Israel. Posteriormente se instaló en París, donde fue, sucesivamente, lector de literatura en español, portugués y catalán para las ediciones Gallimard. Fue, además, periodista de la Radio y Televisión de Francia y traductor de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra, donde en 1969 estrenó en francés su obra de teatro El sol bajo las patas de los caballos, traducida a seis lenguas y representada en numerosos países de Europa y América. Volvió a París

como miembro del comité de redacción del Correo de la Unesco hasta junio de 1987. En 1973 publicó Informe personal sobre la situación, y en 1976 la novela Entre Marx y una mujer desnuda, que ese año obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, otorgado por primera vez a un escritor extranjero no residente en ese país. Publicó en 1979 su libro de poesía No son todos los que están, en Barcelona, y ese mismo año apareció la obra de teatro La subida a los infiernos, en alemán. Regresó a su país en 1987 y dos años después se le concedió el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo, la más alta recompensa cultural del gobierno ecuatoriano. En 1994 fue nombrado profesor honorario de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en República Dominicana. Posteriormente, publicó De cerca y de memoria, recuerdos de lecturas, autores y lugares, recogiendo anécdotas sobre diversos escritores, pintores, políticos y otras figuras de la cultura latinoamericana Letralia, Tierra de letras.

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Entrevista a Javier Múnera Calle

Por una vida digna y sustentable Por LUZ ÁNGELA CASTAÑO GONZÁLEZ ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

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avier Múnera Calle gestor de un proyecto productivo exitoso con mujeres indígenas y campesinas tolimenses, es un antioqueño que llegó al Sur del Tolima en 1996 con el ánimo de apoyar proyectos sociales para la gente de la región. Con su trabajo busca recuperar para estos grupos sociales nuestros un sentido de solidaridad, de independencia ideológica, cultural, política y económica. Pretende apoyarlos también en su formación en salud, en un ambiente de preservación de la biodiversidad. Por eso, con ellos, se ocupa de la recuperación del orgullo por su propia cultura, los conocimientos heredados y sus formas de ver el mundo. Este activista social que estudió economía, nació en el corregimiento de Cedeño, jurisdicción de Yarumal, pero, a los tres años, la violencia de los años cincuenta desplazó a su familia hacia Medellín, donde vivió su infancia y adolescencia. ¿Siente que hubo algo en el ambiente de su casa o del colegio que lo orientó al trabajo comunitario? ¿Cómo era ese ambiente? Tuve el privilegio de ser estudiante del Liceo Antioqueño, del cual mi hermano Ramiro era un dirigente nato. Cuando estaba en quinto de Bachillerato, hoy grado 10, por allá en el año 68, alfabeticé en un barrio vecino al colegio público en el que estudié. Acuérdate de que esa actividad, antes como ahora, era obligatoria. El coordinador de las prácticas de alfabetización era un sacerdote maravilloso, René García, quien ya falleció, que nos enseñó muchas cosas. Tal vez la que más recuerdo es un pequeño libroguía de alfabetización: Pedagogía del Oprimido escrito por otro sacerdote: Paulo Freire, brasilero. Supe, años después, que él hacía parte de los llamados curas rebeldes, los de Golconda y de la Teología de la Liberación. De hecho esas prácticas me sirvieron para convertirme en lo que ahora soy: Activista. Después fue fácil ser presidente del Consejo Estudiantil del Liceo Antioqueño. ¿Cuál fue el panorama que usted encontró al llegar al Tolima? Tan pronto uno llega aquí, al sur del Tolima, presencia las consecuencias de una guerra que los pobladores de hoy ni saben que perdieron. Los descendientes de los Pijaos, Coyaimas y Natagaimas, antes señores de estas tierras, ahora están arrumados en unos peladeros infames, y los españoles y sus descendientes,

Junta directiva de Manos de Mujer elegida el 8 de marzo de 2007. www.elnuevodia.com.co>Léalo.

desde hace muchos años, los siguen arrinconando. No solo les despojaron de sus tierras; también, de su lengua y su cultura. Además, les quitaron los saberes del manejo de la tierra porque, casi todos, llevan cuatro o cinco décadas trabajando como peones asalariados en las agroindustrias de la llamada revolución verde. Se les olvidó sembrar, pues ahora solo lo pueden hacer como se los ha enseñado el vendedor de agroquímicos, y creen que la única agricultura posible es la de los “señores”. Entonces, ¿en qué consiste el proyecto allá en Natagaima, en el sur? Yo comencé a reforzar un poco la recuperación de sus tierras o resguardos. He tratado de apoyar la recuperación de los suelos y las prácticas agroecológicas limpias, buscando aunar los saberes de la agricultura tradicional con los de la agroecología moderna. Empecé esa tarea tratando de no estorbarle a nadie: Trabajando en el margen, no en el cultivo principal. Buscamos que la gente cree huertas familiares y produzca alimentos para la familia, en los terrenitos que los indígenas y campesinos que viven en la ruralidad usualmente tienen alrededor de sus casas. ¿Por qué el trabajo con mujeres? Esta respuesta está ligada a la anterior: Porque todas las mujeres del campo cultivan hierbas aromáticas, verduras o tiene alguna planta de jardín. Y, como estos no hacen parte de los cultivos principales, no les invierten: no compran abonos, ni semillas, ni insumo alguno. Además, lo que producen lo utilizan para el consumo doméstico. Cualquier mujer rural le va a decir que las matas se ponen más bonitas con boñiga. Y, de allí a la producción sistemática de compost no hay sino un paso. Regar las matas es un rito, y seguir con abonos foliares es muy fácil. Pero, especialmente, las mujeres no manejan los prejuicios de la monetarización de todo su trabajo; este no se compensa en salario de forma directa, como es el caso de los hombres. Así, para ellas, producir para que la familia coma bien es la utilidad, así no vea el dinero o el ahorro. Esa distancia del mundo mercantilista facilitó nuestro quehacer. Además, el hecho de trabajar en huertas caseras, al lado de la vivienda, en los ratos libres, evita la posible recriminación de los maridos de que ellas abandonan el hogar y descuidan a los niños. ¿Cuál ha sido su factor de éxito en el trabajo con las mujeres? Yo podría hablar con más certeza de los factores de fracasos: Por un lado, las políticas asistencialistas de Familias en acción o Familias guardabosques, que han hecho que muchas señoras prefieran seguir con los programas del Gobierno porque les dan dinero y no les exigen trabajar. Además, la pérdida de confianza de la gente en sus propios valores y saberes. La derrota histórica de los Pijaos las llevó a subvalorar lo propio y a sobrevalorar lo blanco, lo comercial y lo de los terratenientes. También, la auto negación de los derechos propios, que se expresa, por ejemplo, en el control que tienen los alcaldes de los dineros del presupuesto nacional, o transferencias que se giran a los resguardos, y que terminan siendo manejadas por los alcaldes de turno. Esta situación también se refleja en los sistemas productivos o en la forma de intervenir en política. ¿Qué competencias, valores, habilidades, actitudes considera esencial desarrollar en las mujeres para darle al proyecto, continuidad en el tiempo?

En 2008 Guatavita Tua, Ortega, reunión con el Resguardo.

Lo más importante es recuperar la confianza en ellas mismas y en el valor de sus comunidades. Recordemos que la agricultura y la domesticación de animales fueron invento de las mujeres. Ya muchas han logrado que los cultivos familiares de maíz, cacao, cachaco y fríjol se trabajen con abonos compostados y foliares, producidos por la misma familia, lo mismo que purines e hidrolatos para control de las llamadas plagas. ¿Cuál es su propósito final con este trabajo? Encontrar la forma de que las gentes de esta región vivan en paz con la naturaleza; que frenen el proceso erosivo desatado por las quemas generalizadas, la praderización, los monocultivos y la ganadería extensiva. Buscamos que recuperen los suelos y la capacidad de esta región como bosque seco tropical, uno de los ecosistemas con mayor capacidad de producir alimentos. ¿Qué concepto de educación está en la base de su propuesta de trabajo comunitario? El maestro Mario Mejía nos recuerda, con una sistematicidad sin concesiones, que debemos usar el cerebro. La práctica productiva que promovemos se basa en un diálogo de saberes. Partimos de lo que la gente sabe y desde allí vamos avanzando en el diálogo, en la construcción conjunta de conocimiento nuevo. Ese diálogo, que muchas veces se enreda en los prejuicios de la sobrevaloración de los saberes productivos de la llamada revolución verde, oscurece la construcción conjunta. Por eso, aún dentro de las mismas comunidades, hay quienes desprecian lo tradicional, lo indio, y lo miran como feo, pobre y atrasado. ¿Con qué apoyos cuenta en la financiación de su proyecto? ¿Recibe ayuda de los gobiernos municipal y departamental? Cuando empezamos, a finales del siglo pasado, contamos con apoyo de AESCO de España y, en los últimos años especialmente, nos han ayudado las agencias de cooperación de la Iglesia Católica de Inglaterra, CAFOD, y de Irlanda, Trocaire, que en gaélico quiere decir compasión. En dos oportunidades recibimos unos recursos muy limitados de los gobiernos departamental y municipal pero, en este último caso, los alcaldes de Coyaima y Natagaima del período anterior se comprometieron con el proyecto y no cumplieron sus compromisos. Nos quedamos con dos obligaciones: una, de 25 millones de pesos y la segunda, de diez, que ellos incumplieron, pero nosotros, sí tuvimos que responder por ellas; tuvimos que vender el campero en el que nos apoyábamos para el trabajo. Aparte de lo anterior, hace unos cuantos años, tanto las FARC como las Auc quisieron ponernos a bailar en su melodía, pero las mujeres nos defendieron.


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Bicentenario de la Independencia

Encuentro con la campaña libertadora

Bogotá, Colprensa esde mañana, 20 de julio, y durante 19 días, 150 jinetes, de la Policía y el Ejército Nacional, harán el recorrido de la famosa Ruta del Libertador, como parte de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia. Será un trayecto que incluye 24 municipios de Arauca, Casanare y Boyacá, para concluir, el próximo 7 de agosto, en el mítico Puente de Boyacá, contando con transmisiones especiales a través de Señal Institucional. El objetivo es un reconocimiento al heroísmo de aquellos que realizaron dicha campaña hace casi dos siglos y lo harán miembros de la Policía, el Ejército Nacional, así como los Vigías del Patrimonio. “Este año nos hemos propuesto que se lleve a cabo una gran representación de lo que fue aquella campaña entre Tame (Arauca) y Pore (Casanare) y el Puente de Boyacá. Será una ruta en la que día a día se irán reviviendo las etapas de aquel heroico recorrido, haciéndolo, por supuesto, en vivo y también llevándolo a la televisión para que especialmente vincule a todas las escuelas y colegios de Colombia”, afirmó el Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, en el lanzamiento de la Ruta.

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Durante el recorrido los habitantes de los municipios por los que pasará la ruta, serán protagonistas de uno de los actos que dará inicio a las conmemoraciones del Bicentenario de la Independencia, en el año 2010. Los momentos clave de La Ruta del Libertador serán transmitidos por la Señal Institucional, durante 14 días, entre las 8 y las 9 de la noche, a través de un programa preparado por la Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República. “Tendremos un cubrimiento diario desde el 20 de julio hasta el 7 de agosto, en directo a través del Canal Señal Colombia Institucional, junto a los canales regionales, comunitarios, locales, en el horario estelar”, indicó César Mauricio Velásquez, Secretario de prensa de Presidencia de la República. El Comandante del Ejército, general Oscar González, manifestó que el recorrido tendrá el apoyo de seguridad de mil 800 hombres del Ejército Nacional.

Historia viva

Además de la Ruta del Libertador, se anunció que en Cartagena, el próximo mes de octubre se realizará el “Encuentro con Nuestra Historia”, donde reconocidos letrados, especia-

listas y cultores de la historia, expondrán diversas discusiones sobre contenidos de hechos y jornadas trascendentales del pasado del país. Este encuentro se realizará del 21 al 23 de octubre próximos en el Teatro Heredia del centro histórico de Cartagena. Se buscará que sea un divertido y enriquecedor debate sobre la narrativa verídica de acontecimientos que antecedieron a la República de hoy, la participación de los personajes del momento y los efectos históricos que han generado esos acontecimientos durante el itinerario republicano de Colombia. El encuentro con nuestra historia contará con la participación de 25 destacados historiadores, académicos y líderes de opinión a través de magistrales cátedras, seguidas por mesas redondas en las que se discutirán lo temas relacionados con nuestra independencia. Conoceremos distintas corrientes de pensamiento y otras visiones de historia que nos llevarán por un tránsito de hechos, con nuevos elementos, para enriquecer el inexorable paso del tiempo, contados por destacados historiadores, que le dan vida a jornadas episódicas vividas por nuestros antepasados.

Colprensa / EL NUEVO DÍA

Con esta actividad, se busca el reconocimiento al heroísmo de quienes protagonizaron la campaña libertadora hace 200 años. www.elnuevodia.com.co>Léalo.


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El rincón de los libros

1001 vinos que hay que probar antes de morir Autores: Neil Beckett y Juan Manuel Bellver, 2008. Grijalbo Mondadori, 2008. 960 páginas. Por Fernando Ramírez Díaz

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ESPECIAL PARA EL NUEVO DÍA

n gran vino es el resultado de 1001 detalles desde la uva hasta la copa, y es y será uno de los grandes placeres de la humanidad, así como uno de sus símbolos más potentes. Rastrear en sus orígenes resulta un tanto pretensioso. Sin embargo, los griegos atribuyen su aparición al rey Dionisios -Baco para los romanos- en algún lugar del Mediterráneo. Dado que la planta de la uva (Vitis vinífera) posee una enorme adaptabilidad, su cultivo se ha extendido por todas las regiones del planeta con climas templados. Árabes, persas y egipcios también se disputan su origen. Lo único cierto es que con su aparición, como dice Jorge Luis Borges, tuvieron la singular idea de inventar la alegría. Con la llegada de los españoles a nuestra América, llegó también la vid, la cual fue cultivada en las regiones de México por Hernán Cortés. Dada la excelente calidad de los viñedos, la corona española prohibió su cultivo, a fin de evitar la autosuficiencia en vinos, y sólo hasta bien entrado el siglo XVII se permiten las plantaciones de vino en la región de Baja California, en América del Norte. Sin embargo, un siglo antes ya se cultivaba la vid en lo que ahora se denomina la provincia de Mendoza en Argentina. Y así, ubicados en cuatro continentes, los viñedos producen el 70 por ciento de toda la fruta que se cose-

cha en el mundo, con lo cual el singular invento de la alegría se propaga por el mundo entero, sin que ya nadie lo pueda detener. Organizados en cuatro grandes grupos: espumosos, blancos, tintos y fortificados, los 1001 vinos de esta guía del bon vivant, son un camino obligado para comprender por qué, en palabras de Plinio el Viejo, gracias al vino, el hombre es el único animal que bebe sin tener sed. El lector podrá encontrar, además, una rigurosa guía de vinos por regiones de origen, productores y precio. Cada ficha describe el sabor de cada vino, indica su precio aproximado y recomienda otras añadas del mismo vino, así como otros grandes vinos de la misma bodega. Junto con los textos, se reproducen las etiquetas de los vinos, fotografías de los viñedos, bodegas y viticultores. Y para complementar esta obra, los autores presentan un completo glosario de la terminología de los vinos. Sea esta una guía para aquellos que a través del vino, están sedientos de placer y alegría, pródigos de su música,

su fuego y sus leones. Esta obra y algunos otros títulos de la serie 1001 (discos de música clásica, películas, lugares, libros pinturas, entre otras), pueden adquirirse en Ibagué. Basta con llamar al 311-441-5671 o escribirnos a framirezdiaz@gmail.com y las hacemos llegar.

Soneto del vino ¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa conjunción de los astros, en qué secreto día que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa y singular idea de inventar la alegría? Con otoños de oro la inventaron. El vino fluye rojo a lo largo de las generaciones como el río del tiempo y en el arduo camino nos prodiga su música, su fuego y sus leones. En la noche del júbilo o en la jornada adversa exalta la alegría o mitiga el espanto www.elnuevodia.com.co>Léalo.

y el ditirambo nuevo que este día le canto otrora lo cantaron el árabe y el persa. Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia como si ésta ya fuera ceniza en la memoria. Jorge Luis Borges En: El otro, el mismo. 1964 Obras completas de JLB, volumen 2. Emecé, 1996. Pág. 297


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EL CUENTO

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> POESÍA

Maruja Vieira

Un soplo la vida

Poeta colombiana

Por Martin Rasskin*

Los 85 A Ana Mercedes Vivas

Corro por las calles de Buenos Aires. Voy a mi casa, en busca de no sé qué. El barrio está igual. Han reformado la fachada de la casa. Aún sobrevive el árbol que se colaba por la habitación de mis viejos. ¡Grande! Si me sitúo en el Pasaje Los Andes mirando hacia Helguera tengo una visión de lo último que contemplé al irme. Hace treinta años. Una tarde de verano subimos al coche del tío Santiago. Los abuelos se quedaron dentro, no quisieron, no pudieron salir a despedirnos. Su vida estaba hecha de adioses. De manos de niños que se sueltan en el bosque para no regresar jamás. De hundimientos. El arte de seguir viviendo. Plomo ladraba y movía la cola. En su fuero interno de perro pensó seguramente que nos íbamos al Planetario, que volveríamos esa misma noche. Que la abuela me colaría otra vez una porción de Mendicrim anunciándome que eran ¡duraznos con crema..! ¡duraznos con creeemaaa! Una pionera del control mental. Qué sé yo. Ese perro tenía un cráneo privilegiado. Alguien me ve merodeando la casa. Sale una señora de generosas carnes. —¿Qué se le ofrece? —Disculpe. Yo vivía acá hace mucho tiempo. Duda un instante. —¿Vos sos el pintor? —No —respondo—. Soy el hijo del pintor —caigo en la cuenta de que mi viejo tenía más o menos mi edad cuando dejaron definitivamente la casa. Ahora me parezco a él, aunque él tenía más éxito con las minas. Me invita a entrar. Es como si nunca me hubiera ido. La escalera, el comedor, la habitación donde dormíamos mi hermano Diego y yo. En la casa hay objetos desvencijados que lentamente reconozco. Una estufa, un mueble. Con una pátina de tiempo como si hubieran sido rescatados del Titanic y el restaurador se hubiera

ido de joda. Tal cual. Las voces, las risas. El olor a tostadas recién hechas que subía por la escalera. Cuando Independiente tenía la mejor delantera del Universo, con Bertoni y Bochini. Dejate de joder, ¡eso era un equipo! Salgo al patio escoltado por la dueña de casa. Ajá. Ahí está. La escalera que sube al tanque de agua y la terraza por donde llegábamos a las casas vecinas. Gloria de las tardes ferruginosas del verano porteño, cuando aún quedaban muchos días de enero por tachar para irnos al mar. Le advierto a la señora que el tercer escalón contando desde arriba está flojo. Uso el tiempo presente. De 1977. —Sí —me responde—, sigue flojo —sensación de haber caído en un agujero de gusano. Soy un pibe otra vez. Cierro los ojos y trepo al tanque. Se está bien en el techo. Tengo que salir a la calle. El oxígeno escasea en el túnel del tiempo. Mi yo de trece años abre la puerta. Venga compadre Tomemos mucho Porque a mi barrio Tal vez yo no vuelva nunca. La dueña de mi casa alcanza a decirme que está pensando en venderla para irse al sur. ¿Y a usted no le interesaría..? ¿Por qué me habla de “usted” esta dagor si soy un pibe? Qué rara es la gente. Sí, claro. Acá tenés, cien pesos. Tomate un taxi. Bajá en la Estigia, hablá con Caronte, saludá de mi parte al espectro de Aquiles pies ligeros, el más valeroso de los Aqueos y decile a mis abuelos, Lázaro y Sofía, y a mi perro, que ya he vuelto a casa. Que no volveré a irme jamás. Que nunca los olvidé. Que los estoy esperando para la cena. Tenemos que hablar de tantas cosas...

A los 85 estamos descaradamente vivos. Se supone que los que nos aman deben saber que caminar ya no es la alegría de antes a menos que sea al sol y sobre la hierba. Se supone que deben saber que nuestras noches son demasiado largas, porque tenemos que acostarnos muy temprano y hay muchas cosas a las que ya no podemos ir porque nos cansamos. Pero seguimos descaradamente vivos y no son nuestros ojos, es la luz que se debilita cuando queremos leer y no son nuestros oídos, es la voz de los otros la que ya no tiene sonido. Son las calles las que se han vuelto demasiado largas y las escaleras demasiado altas. Pero seguimos descaradamente vivos y algunos afortunados tenemos una ventana por donde entra el sol de la tarde y una voz muy amada que nos llama Magritte 1867 – 1967 A Juan Manuel Roca Magritte vivió en esta calle. Aquí vuelan pájaros de piedra y las nubes descansan en la hierba. Llamas de música incendian los techos. Magritte vivió aquí en Bruselas con su amor, su caballete y su perro. Como era tan feliz no quiso cumplir setenta años. Y decidió pintar la imagen surrealista de su muerte.

*Músico y escritor argentino

Ilustraciones: Acuarelas de la artista colombiana Zarita Abello www.elnuevodia.com.co>Léalo.


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A diez años de la partida definitiva de Denzil Romero

Por: Alberto Hernández*

Hace diez años se murió Denzil Romero. Falleció como cualquier ser humano que pierde una batalla y asume el silencio con hidalguía. A una década de ese sobresalto, retorna a nosotros gracias a un testamento que poca gente toca, pese a encontrarse en librerías y bibliotecas. Denzil nació en 1938 y llegó a ser una de las escrituras más importantes de nuestro país. Reconocido nacional e internacionalmente, este escritor oriundo de Aragua de Barcelona nos “habla” desde el más hondo silencio en que lo mantiene la eternidad. En marzo de 1999 dejó esta tierra para instalarse en la otra del tiempo para siempre.En su casa de Sartenejas, donde nos bebimos todo el licor y el café, dejamos correr el olvido, pero fue posible hacernos de su sonrisa amable, de su muy criolla ambición por alcanzar la amistad de quienes lo miraban de lejos... —¿Qué significa sacar a Miranda del panteón de los héroes? —Mira, en la novela que escribí, Grand tour, la segunda de la tetralogía que tengo prometida sobre el Generalísimo Francisco de Miranda, respira un personaje que me he empeñado en sacar del panteón de los héroes para convertirlo, cada vez más, en un arquetipo universal, mi propio arquetipo y, un poco, quizás, el arquetipo de

todos nosotros, como tan bien apuntó Pancho; por eso, digo, en el primer capítulo, de esa novela, pongo a Miranda a descubrirse escribiendo la suya y a esbozar lo que, en síntesis, contiene mi propia teoría sobre el género. Aquí, en este sitio y en este tiempo, redondo como el silencio, Denzil agrava la voz, entra en él y sale: “A saltos, generalísimo, diríase que escribes una historia de la humanidad. Una historia de la que tú mismo eres el personaje principal, una especie de Adán primigenio, no entendido precisamente como primer hombre, sino más bien, al modo de Fabre d’Olivet, como la primera humanidad, le prèmier ‘Regne hominal’, suerte de dinastía de la humana existencia, diríase, generalísimo, que escribes una novela. Una novela total...”. —Vale, vale. Ese texto formó parte de una lectura el día que te declararon hijo Ilustre de Aragua de Barcelona... —Sí. Creo a pie juntillas que esa mañana, y con el estupendo motivo de mi proclamación como “Hijo Ilustre” de Aragua de Barcelona, he escrito... algunas de las páginas más válidas de la novela de mi propia vida. —¿Cómo llegaste a la literatura, a esa desmesura donde fundas el mundo a cada instante, como si fueras un mago? —En el pueblo de mi infancia, los actos de magia eran sucesos cotidianos. Veo a las doncellas de entonces consumiéndose interiormente, feas y desgreñadas, mientras sus imágenes de cera se derretían al rescoldo de los fogones por encargo de los pretendientes rechazados. —Cuéntanos una de esas magias frecuentes en tu pueblo. —Albertico, te cuento varias: un revuelo demoníaco de ollas y vasijas podía danzar por instantes en cualquier cocina sin intervención de viento alguno; los árboles más altos se desprendían de raíz, bajo el influjo de súbitas tolvaneras; se perdían las cosechas o se malograba el ganado de los enemigos por la sola recitación de fórmulas deprecatorias. Y con inefable sensación de deleite, pude observar en una sola tarde cómo una de las brujas del lugar conjuraba a voluntad el nombre de sus malqueridos, y pociones de yerbas innombrables para consumo de los dioses subterráneos, y virginidades reconstruidas, y pentáculos semíticos, y libros

fulgurales, y pezuñas de cabros, y plumas de búhos, y rabos de gatos muertos. —¡Uff, qué carga de brujería, Denzil! —Sí, una vecina había, capaz de localizar los objetos perdidos con el deliberado auxilio de una rama de guayabo, y otra que preservaba del mal ojo por medio de cordones de zapatos, y otra más aun que provocaba eclipses de sol invirtiendo las manecillas de su reloj al tiempo que imprecaba versículos rituales. —¿Y todo eso ocurría en ese pueblito? —Y más, el menos listo de los lugareños adivinaba el futuro a través del vuelo de los gavilanes o el chillido de los acures. —Denzil, ¿tú conociste al general Arévalo Cedeño? —No. Hay una historia que no me pertenece. Una noche se la oía contar a Salvador Pérez Hernández, entre tragos y consejas, en una pulpería del banco Telésforo. —Por eso te pregunto por La paga de los soldados, aquella sabrosa crónica cuyo escenario fue Valle de la Pascua... —El general jugaba con nosotros a la guerra, me contó Salvador. Ancianito ya, muy arrugado y casi sin memoria, nos reclutaba al alba casa por casa. “Sonó la diana, sonó la diana, sonó la diana”, decía dando bastonazos en las puertas y en las ventanas... —Denzil, yo conocí al general cuando aún se podía hablar con él. Se reunía con mi padre bajo la sombra de un inmenso tamarindo en La Pascua, en la calle La Mascota. Allí le contaba a mi padre, Baltazar Hernández Loreto, esas historias que luego fueron recreadas por él mismo... —Bueno, déjame contarte. Enseguida, se arremolinaban a su alrededor. Salvador enumera a sus hermanos y primos, mientras las mamás también salían, atribuladas. Así, una vez, en la laguna, el general procedía a repartir los rangos militares y los puestos de comando... Acto seguido impartía las instrucciones pertinentes sobre organización, conservación y entrenamiento de todas las armas, la topografía del terreno, los alcances y proyectos posibles del enemigo imaginario. Después, efectuaba el pagamiento. Un real y medio para cada soldado. Un bolívar o más para los oficiales... dinero de la paga que sacaba de su pensioncita de antiguo telegrafista jubilado o de las contribuciones que sus

familiares y amigos le proveían. —Después se murió el viejo general, Denzil, olvidado. Recuerdo su entierro, tan de poca gente... ¿Recuerdas Memoria sobre torturas? —Claro, te voy a contar algunas, porque me están esperando, tengo que irme. —Está bien. —En todos los pueblos del distrito quedó el mal recuerdo de José Gregorio Capó, el más temible de los jefes de la Seguridad Nacional que por aquí pasaron. Y mire que pasaron varios. Pero ninguno capaz de tantas demasías como ese, sí señor. Adecos y comunistas y uno que otro urredista supieron de sus tropelías. Copeyanos, no; porque por aquí, entonces, no se veía copeyano. Guardajumo le llamaban por mal nombre, pero nadie se hubiese atrevido a decírselo de frente. No más por la espalda; por la espalda, no más. A Nicasio Figuera, un maestro de escuela de El Chaparro, lo hizo colgar de la campana de la iglesia que estuvo sonando y sonando y sonando tres noches con sus días hasta que las vibraciones lo mataron. Más que matarlo, lo hicieron estallar. Estalló por todas partes, el pobre hombre; por los ojos, por los tímpanos, por las venas. —Vaya, ¡qué crueldad! —Bueno, me despido, no te cuento más. Debo irme. Y se fue. A diez años de distancia, mientras los pájaros cercanos a la casa cantan desaforados, Denzil Romero se encuentra con Francisco de Miranda, ebrio y recostado del catre donde lo encontró la otra muerte, la que lo mantiene fuera del panteón de los héroes.

*Escritor y crítico venezolano. Letralia, Tierra de Letras

DIRECTOR: Antonio Melo Salazar JEFE DE REDACCIÓN: Martha Myriam Páez Morales PERIODISTA: David Santiago Gómez Mendoza COLABORACIÓN: Luz Ángela Castaño González COORDINADOR: Benhur Sánchez Suárez, Redacción cultural EL NUEVO DÍA, DIRECTOR GRÁFICO: Ernesto Lombana, ASISTENTE: Ingrith Johanna Buitrago Castañeda, FOTOGRAFÍA: Ilustraciones: Acuarelas de la artista colombiana Zarita Abello, Colprensa / EL NUEVO DÍA Carrera 6 No. 12-09 Tels. 2770050 - 2610966 Ibagué - Tolima - Colombia Apartado Aéreo 5476908-K www.elnuevodia.com.co Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa del Grupo Editorial Aguasclaras S.A.. ISSN: 021545-8. www.elnuevodia.com.co>Léalo.

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