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Contradicciones del Reconocimiento Por Adriana Lorena Cortes Ayala* l escritor ibaguereño Libardo Vargas Celemín, en su texto Reconocimiento (Más allá del infierno. Pijao Editores, abril de 2004) cuenta la historia de la señorita Betty, una profesora que es enviada a un caserío, prácticamente a fundar la escuela en la que le enseñará a sus estudiantes caligrafía, además de buenos modales y la perseverancia frente a una causa. Esta profesora, se ve enfrentada a una serie de situaciones, que desde el inicio advierten que el orden social en el caserío, no se encuentra con la normalidad prevista, ya que los niños no asisten a la escuela por la ausencia de estructuras físicas y la situación de conflicto en la región, en palabras del narrador “...-Si se decide a quedarse va a tener que convencer a cada padre de familia para que los deje venir-le dijo a manera de saludo y ese fue su primer reto...” (pág., 55). Desde esta perspectiva se ve claramente

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cómo el cuento de Vargas Celemín presenta una temática que no es ajena a uno de los problemas sociales más persistentes: la violencia. Esta enfatiza en dos casos particulares, el uno corresponde a la negación de la educación y el otro, a la tarifa que debe cancelar

una profesora recién pensionada, a quienes deciden cobrar por garantizar una aparente tranquilidad. El cuento en mención, a pesar de su brevedad logra sintetizar los rigores de la violencia desde un caso específico: el nombramiento de una profesora en un caserío. Por medio de elementos estructurales como la carta y la utilización de recursos literarios como la analepsis el autor logra establecer una línea temporal que indica cómo ha sido la estancia de la profesora dentro de la región. Así mismo, se crean diálogos cortos que muestran un panorama de la realidad y la incertidumbre del porvenir. El cuento, además de presentar una historia totalmente verosímil, maneja diferentes tonos que hacen que éste tenga más fuerza argumental. La frialdad de los hechos, la crueldad de

El cuento, además de presentar una historia totalmente verosímil, maneja diferentes tonos que hacen que éste tenga más fuerza argumental. www.elnuevodia.com.co>Léalo.

las palabras, el reconocimiento de la realidad de la región, también permiten percibir un semblante de nostalgia y de frialdad en el relato. Las descripciones de la figura de la mujer, de la soledad y del espacio, logran mostrar un problema tan especifico pero tan universal como la violencia, además de las contradicciones del reconocimiento, en palabras del narrador: “...Como entendemos que para usted es difícil separarse de lo que ha constituido toda razón de ser de su vida, nos permitimos informarle que en caso de continuar trabajando, nos deberá cancelar el treinta por ciento de sus ingresos, como reconocimiento al esfuerzo que nosotros hacemos para mantener la paz de la región y permitir que usted desarrolle su labor...” (pág., 57). Por medio de expresiones sencillas, el escritor logra sensibilizar a los lectores frente a un acto que aparentemente es natural en la realidad nacional. De la misma manera, presenta una propuesta literaria que recuerda que no existe conciencia de la realidad, sino indiferencia y olvido de la historia. Tal vez la única manera de protestar contra esta injusticia social sea desde el discurso escrito, de aquí que la literatura sea el medio de expresión en la que el ser humano puede comprender la historia, posicionarse desde la diferencia y en definitiva acercarse a todos aquellos aspectos que como seres humanos enfrentamos a diario y en donde se pone en duda nuestra condición moral, religiosa, política y filosófica. *Licenciada en Lengua Castellana, UT., alca1508@gmail.com

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LA PALABRA DEL DÍA

Oriental Para los latinos, el verbo orior, orieris significaba ‘nacer’ y se aplicaba tanto a personas como a animales o cosas, según el uso que le daban Cicerón y Ovidio. Horacio fue quien empleó este verbo para referirse a la salida del sol, vista como un nacimiento. El participio presente de este verbo oriens, orientis (nacer, naciente) fue utilizado para denominar la región poco conocida situada al este, por estar del lado de donde sale el sol. Plinio llamó oriens hibernus y oriens aestivus al comienzo del invierno y del verano, respectivamente. Horacio llegó a usar el adjetivo oriental para referirse al punto cardinal Este, pero fue sólo algunos siglos más tarde que Justiniano acuñó el vocablo orientalis para referirse a los países asiáticos. Actualmente se utilizan las expresiones ‘Medio Oriente’ o ‘Cercano Oriente’ para denominar la región de Asia Menor, donde están situados Israel, la Nación palestina, el Líbano, Siria y Jordania. Un caso curioso es el del Uruguay, que hasta 1828 fue parte de la Argentina bajo el nombre de Provincia Oriental. Al tornarse independiente, adoptó el nombre de República Oriental del Uruguay, por estar al este del río Uruguay y sus habitantes son llamados uruguayos u ‘orientales’.

Fotografías de Alejandro Sánchez Gallardo


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Estudio del folclor, un proyecto de identidad regional on mucho interés y con el propósito de contribuir al conocimiento de la cultura po- por bibliografía especializada y quipular, además de advertir que un Proyecto Integral de Educación no puede olvidar nientas catorce páginas, se van estulas raíces históricas y culturales de su pueblo y que el arte y la cultura influyen deci- diando temas sobre identidad y región, sivamente en el desarrollo de las capacidades y potencialidades del ser humano, se región y nación, región y globalizapresenta la obra titulada Estudio del folclor un proyecto de identidad regional. ción, cultura, arte y folclor, zonas folEs un documento que en forma pedagógica lleva a comprender las causas que clóricas de Colombia, historia del Alto explican los hechos del folclor, el porqué de los mitos y leyendas, las coplas y canciones, de Magdalena, folclor del Departamento las danzas y artesanías, del pensamiento de los compositores, de la fiesta y en general de la del Tolima en sus aspectos literario, idiosincrasia de un pueblo. Es una obra que lleva a desentrañar el contenido y el significado de musical, coreográfico y demosófico un discurso que está en la memoria colectiva de las gentes de una región y que demuestra que y una mirada muy general a Ibagué en toda la producción autóctona de las comunidades hay un pensamiento y un sentimiento, capital del Departamento del Tolima un lenguaje, que dice quienes somos, qué nos conmueve y cuáles son nuestros ideales y y su patrimonio cultural y turístico. necesidades. Que trata de responder interrogantes en el sentido de qué significa ser tolimen- Planteamientos y expresiones culturase, costeño, o colombiano etc., encontrando que son las raíces de una cultura las que le dan les en los que también se percibe un identidad a un pueblo y que sin ellos fácilmente se adoptan modelos culturales foráneos, que sentido ecológico y de protección al medio ambiente, tan necesario en este momento de arrasamiento y calentamiento global. muy poco dicen a su sentir. Este es un aporte que puede fortalecer el programa de bibliotecas departamentales y nacioEste libro da la respuesta y muestra un amplio escenario geográfico desde las tierras del Alto Magdalena o Tolima Grande en la nación colombiana, que llevan a comprender que nales a través de los institutos y casas de la cultura, de las Instituciones Educativas con sus grupos docentes y estudiantiles, a las diversas organizaciones cada pueblo tiene unas características propias que son comunitarias y regionales o de tolimenses en el exterior, a Planteamientos y expresiones culturales producto de su devenir histórico y son su huella ancestral, las diferentes entidades y empresas para promocionar el pero que también responde a un planteamiento universal en los que también se percibe un sentido departamento y a la ciudad musical de Colombia, porque o cosmovisión, hecho que explica la unidad en la diversiecológico y de protección al medio ampermitirá conocer y preservar las raíces culturales del puedad. blo al cual pertenecen. biente, tan necesario en este momento de A través de sus ocho capítulos, sustentado cada uno

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arrasamiento y calentamiento global.

Diana Margarita Mora Por Antonio Mora Vélez *

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uchas personas se han acercado a mí o me han llamado por teléfono para preguntarme si la señora Diana Margarita Mora Vélez, asesinada por la bomba terrorista de la calle 82 de Bogotá, era hermana mía. Sus apellidos y su ciudad natal así lo sugerían. Y a todas he tenido que decirles que no porque mi madre Rosa Helena -de los Vélez de Cartagena-- solo me tuvo a mí, pero que los apellidos dejaban abierta, de todos modos, la posibilidad del parentesco, en el peor de los casos, lejano. Al tenor de la genealogía de los Vélez elaborada por mi hermano y amigo luís Mendoza de la Espriella que demuestra que todos los Vélez, los aristócratas y los plebeyos, los caribeños y los antioqueños, tenemos un origen común, somos de la misma familia. Debo agradecer a todos quienes se interesaron en constatar mi posible relación familiar con la víctima, ese gesto de solidaridad. Él confirma la tesis de quienes creemos que el hombre no

hubiera podido construir esto que llamamos civilización si en él no existiera ese sentimiento surgido en el fragor de los inicios de la sociedad humana que lo lleva a pensar en el otro como complemento y en la necesaria relación con él y con todos los demás para mantener viva la gran empresa humana sobre la tierra, luchando contra el egoísmo de los genes que lo obliga a relegarlo a un segundo plano con resultados funestos: mala distribución de la riqueza, guerras, injusticias, despotismo, delincuencia. Cuando de las naciones se trata, no se requiere ser un genio para saber que allí donde los estadistas han olvidado este sentimiento, la sociedad se ha escindido y una parte se convirtió en enemiga de la otra y la geografía pasó a ser campo de batalla. Y que donde lo han tenido en cuenta, han edificado sociedades armónicas, como la sueca, que son motivo de admiración. Pero si bien Diana Margarita no es hermana mía, la he sentido como tal y me ha dolido su muerte, como la de todos los que mueren en esta guerra estúpida y sucia que el 80 porcien-

to de los electores -si acaso el 30 porciento de los colombianos- ve con los prismáticos de la subjetividad y en la dirección que les preocupa. Y ahora caigo en cuenta que he debido aceptar el pésame y decirle a todos mis amigos y conocidos que el estremecimiento que sentí cuando escuché su nombre por la radio era el estremecimiento de los muchos genes que tenemos en común con ella y el estremecimiento de quien siente que, por la ciencia y por la religión, todos somos hermanos, que, por tanto, nada de lo humano nos puede ser ajeno -como decía Víctor Hugo- y que la vida inteligente -propiedad maravillosa que escasea en los miles de millones de planetas habitables del cosmos- no puede ser truncada por el odio o por la equivocación humana, cuya expresión más ruin y desquiciada es el terrorismo. Vayan para los familiares cercanos de Diana Margarita mis sinceras notas de condolencia y resignación cristiana, acompañadas de la decisión de pensar en el futuro de Colombia y en el día en el que la solidaridad doblegue al egoísmo, la tolerancia arrincone al dogmatismo, la democracia

salga airosa

frente a los retos del autoritarismo, la justicia le gane la pelea al crimen organizado y el amor triunfe sobre el odio, para que los colombianos de mañana miren la tragedia actual del mismo modo que los suecos de hoy se enteran de su pasado de carencias materiales y espirituales: por los libros. Escritor colombiano. amoravelez@yahoo.com www.elnuevodia.com.co>Léalo.


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Eyirlenne, una profesora abnegada por los niños del campo Por Jorge Hernández EL NUEVO DÍA ientras algunos profesores hacen hasta lo imposible para dictar clases en la ciudad, Eyirlenne Macana sufre por sus niños del sector rural. Esta profesora de educación física, casada y madre de dos niños, pasó 11 años de su carrera como docente en la zona rural de Ibagué. “En 1996 salí de estudiar como bachiller

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pedagoga en el Colegio La Normal; ese año trabajé en la vereda Los Cucharos, cerca a La Martinica, donde inicié mi labor como docente. "Ya en el 2006 concursé y a finales del año anterior salió el nombramiento. Busqué por todos los medios para regresar a Laureles, pero no se podía. Estaba muy amañada porque nací allá, por los niños, la gente y los compañeros. "Estoy muy contenta por el nombramiento, pero me da tristeza porque no salió una escuela de la zona rural”, manifestó Eyirlenne.

La docencia en el campo Sus 11 años como licenciada los ha ejercido en las escuelas rurales, con entrega y dedicación a los niños del campo. Fotos Jorge Cuéllar/EL NUEVO DÍA “Siempre le dije a los niños del campo, uno no se puede ganar la vida con un azadón”. www.elnuevodia.com.co>Léalo.

“A ellos les toca trabajar muy duro. La poca diversión que tienen en la vida es la escuela, por eso mi disposición es total, porque no se les puede hacer pasar un rato amargo, ya que uno comparte tanto alegrías como tristezas”, indica la licenciada en educación física. “Yo sé que la vida de un niño en el campo es muy difícil allá porque lo viví”, añadió.

El paralelo Existen grandes diferencias entre los estudiantes de la zona rural y los del casco urbano. Mientras los niños del campo se esmeran por recibir clases, hacer sus tareas y realizar actividades de trabajo agrícola, algunos jóvenes de la ciudad no demuestran interés por el estudio, aunque tengan fácil acceso a los textos y medios tecnológicos. “De acuerdo con lo que me han manifestado los compañeros, hay niños que son cariñosos, pero hay otros de no lo son. Lo importante es que uno como docente tenga la vocación con los niños y los entienda a ellos”, señaló.

“Yo sé cómo es la vida de un pequeño en el campo porque viví allá”.


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“Los alumnos del campo son muy allegados a uno porque a la mayoría de los pequeños les falta mucho amor”, añadió.

por los niños de la zona rural creció y siempre soñé en dictarles clases”, indicó.

Un día como docente en una vereda

Una labor gratificante

Hacia las 4 y 30 de la mañana, la mayoría de los alumnos inician su camino hacia la escuela para no llegar tarde a recibir clases. “Cuando uno llegaba a la escuela los niños lo están esperando en la mitad del camino. Los pequeños lo reciben con besos, abrazos y mucho cariño. Son muy lindos porque observan cada detalle, cuando llegaba al colegio, si iba con un arete nuevo, una blusa nueva o si me peinaba de otra forma. Era muy desgarrador ver estudiantes que guardaban su almuerzo a mitad de camino, para cuando el recorrido llegara por ellos al medio día, pudieran comer antes de llegar a sus casas en horas de la tarde”, recuerda la profesora con nostalgia.

Juegos, cantos, lágrimas, consejos y miles de enseñanzas que se mueven en el entorno de un docente se presentan a diario. Durante esta labor entregada a los niños, en muchas ocasiones les preparaba un bocado de comida para muchos que llevaban el estómago vacío, ante la precaria situación en sus hogares. Pero, David Alejandro, fue un niño que le marcó su vida para siempre, tanto que su hijo menor lleva ese nombre para recordarlo. “Había un niño que se llamada David Alejandro, era muy lindo, me quería mucho. Él vivía en la vereda Laureles, era muy buen estudiante, los padres eran analfabetas y tenía que ayudar a sostener el hogar porque el papá presentaba problemas físicos y la mamá estaba en la casa con los hermanos menores. A pesar del sufrimiento, el niño nunca se veía triste. Lo último que supe de él, era estaba trabajando en una plaza de mercado y estudiando de noche. Se le veían esas ganas de salir adelante”, expresó con deseos de volver a ver al menor.

Una familia de docentes Eyirlenne, quien adelantó sus estudios en educación física en la Universidad del Tolima, tiene dos hermanas licenciadas en esa materia. “Todo empezó cuando estábamos pequeñas. Debido a que vivíamos en la finca había poca diversión, pero nos la ingeniábamos para pasar el tiempo. "Recuerdo que siempre jugábamos a las profesoras. Las muñecas eran nuestras alumnas y las sentábamos para que recibieran nuestras clases. "Mi mamá quería que yo fuera policía, pero mi amor

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escuela de Laureles “Muchas cosas malas me habrán pasado en el campo, una de ellas muy duras fue la muerte de mi papá hace 20 años, quien fue asesinado frente a nosotras. "Pero pesar de eso, mi deseo de volver a Laureles, en medio de la naturaleza y con el cariño de mis alumnos, es muy grande. "Quisiera decirles a los niños que no se queden en el campo, porque en la ciudad se aprenden muchas cosas, ya que la vida allá es muy triste, debido a la violencia que hoy en día afecta el sector rural”, expresa con la voz entrecortada ante el recuerdo de su padre y los niños quienes algunos son maltratados, pero que algún día espera volver para enseñarles lo valioso de la vida. “Quiero volver a Laureles y algún día espero hacerlo, porque la actividad con los niños del sector rural es muy valiosa para mí”, sostuvo.

Los niños de las escuelas rurales se toman cerca de dos horas para llegar hasta la escuela y recibir las clases.

El anhelo de volver al campo Aunque Eyirleni se encuentra un poco incómoda de dictar clases en la ciudad, anhela volver al sector rural a la

Foto suministrada/EL NUEVO DÍA

“Era muy desgarrador ver estudiantes que guardaban su almuerzo a mitad de camino, para cuando el recorrido llegara por ellos al mediodía, pudieran comer antes de llegar a sus casas en horas de la tarde” www.elnuevodia.com.co>Léalo.


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> POESÍA

> EL CUENTO

Amparito, la heroína Por Floriberto Cardona * El día miércoles 28 de enero de 2009 a las 11:40 p.m., cuando llegamos a nuestra casa del barrio 20 de Julio de la ciudad de Ibagué, fuimos víctimas de un intento de atraco. El taxi entró a la calle ciega. Como es frecuente vimos varias personas y una moto estacionada cerca a la casa. César que venía en el puesto del conductor se bajó de primero y se dirigió a abrir la puerta. La puerta de nuestra casa abre hacia afuera. Entré de primero a agarrar al perro Niki porque siempre que abrimos la puerta trata de huir. Luego entró César y cuando volteé a mirar para ver si ya Amparito había cerrado la puerta, ella forcejeaba con un tipo y cerró la puerta de golpe. El tipo había pronunciado la frase: “todos quietos”. Inmediatamente abrí la puerta y ahí estaban parados dos tipos: uno grueso, con cachucha y bluyín, el otro delgado, más joven y vestido de oscuro. Me miraron “como si nada”. Los insulté a gritos tratando de que los vecinos me colaboraran para la captura. César me puso un cuchillo de la cocina en la mano y cuando lo vi se me quitaron la ganas de pelear. Ellos se fueron caminando despacio hacia la carrera 13, observando hacia atrás de vez en cuando debido a mis insultos. Cuando ya habían desaparecido en la esquina empezaron a salir los vecinos de las casas y me preguntaron qué había pasado. Un vecino dijo que la esposa le había dicho que el día anterior había visto a dos personas sospechosas. La vecina del segundo piso de enfrente dijo que ella vio cuando llegamos y creyó que estas personas nos estaban esperando y pensó que iban a entrar a la casa con nosotros. Ya en la tranquilidad que nos dio el estar dentro de

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nuestra casa, empezamos a hacer hipótesis sobre los acontecimientos anteriores. La heroína de la noche había sido Amparito. Es una mujer que reacciona instintivamente. Cuando se sintió cogida por el tipo vestido de negro, lo primero que hizo fue cerrar la puerta con violencia. Los tipos no se imaginaron que iban a quedar por fuera en fracción de segundos. La mayoría de las puertas siempre abren hacia adentro y la nuestra se cierra de afuera hacia adentro. Hacía dos días el cable telefónico había sido cortado a la entrada de la casa. No sospechamos absolutamente nada porque siempre que llegamos a la casa están los vecinos sentados en los andenes jugando cartas. Como seres humanos nos imaginamos qué hubiera pasado si los tipos se entran. Yo personalmente creo que alguno de nuestros vecinos que se sienta a jugar cartas enfrente de mi casa y que todos los días nos observan llegar y ven que la casa permanece sola durante el día comentó esta información con algún vecino de otro barrio y, como se dice en otro lenguaje, “nos tenían en la mira para hacernos la vuelta o entrarnos al paseo”. Cómo experiencia de esta situación Amparito quedó con moretones en el hombro derecho y en la mano izquierda y se vino a quedar dormida como a las 3 de la mañana. Yo quedé con un dolor en los músculos del estómago en donde se me acumuló toda la adrenalina. César tomó las cosas con calma y esta mañana partió normalmente a sus clases en el INEM. Los tres concluimos: “soldado avisado no muere en combate”. *Ibagué, fotógrafo y escritor.

José Antonio Cedrón Buenos Aires/Argentina. Gaceta Virtual En esta casa alguien vivió antes. Dejó clavos de punta en las paredes la forma de sus manos en un viejo jabón olores a tabaco, el lavadero sucio. Huellas poco confiables. Vivió esperando un ruido que lo llame desde el amanecer? ¿Lo imaginó esperando? ¿Lloró también de frente, aquí, contra estas puertas? ¿Qué lloró cómo qué hizo cuando el sol se le secó en el horizonte? ¿Qué sintió de esta lluvia debajo del papel? ¿Humedeció sus miedos el cielo de este techo? ¿Dudó del calendario con las manos cerradas? ¿Del amor? ¿Compró pan en el barrio y fue observado? ¿Vio sonrisas por él y no hacia él? ¿Nombró con el silencio? ¿De qué cielo llegaba? ¿Escribió cartas? ¿En qué idioma dijo, señor no puedo más? ¿Era extranjero acaso? * Entre los jeroglíficos hallados en tu almohada enfrentarás la mueca de los días. La distancia idealiza. El sueño solamente demora esa costumbre. Las miradas de entonces no quieren saber nada. La mano que aún extrañas acostumbró su piel al paso de tu ausencia. * Los habitantes del cerro de Ma-

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cuto venden pescado fresco de espaldas a la costa. Hábiles con el filo, separan las escamas ya no ven hacia el mar de las riquezas. Las gaviotas se agitan, sobrevuelan la presa que aún respira. Aquí hay cerveza helada en abundancia tabaco, ron, collares de Taiwan, leche en polvo de Holanda, turistas que recorren como la quinta piel de las Antillas que alimentó corsarios dio a beber y morder, agua, mango, palmeras, muchachas reflotadas de barcos encallados que ofrecen su belleza a un excesivo ritmo en los 40 grados a la sombra. Los espacios grisados son los conquistadores que creyeron perder, por las llamas del sol, el rumbo de Indias. Me veo caminando en el paisaje que retienen tus ojos. Las gaviotas volvieron, el reinado no cesa. En cuartos arenosos dormimos nuestra piel humedecida. Olemos a arroz blanco y cuero de tambores dejando que los sueños enterraran sus manos en castillos de arena.


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Por Jorge Ladino Gaitán Bayona *

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s el camino el que salva, no el echar raíces” (Mafessoli, 2004, 208) dice Michel Maffesoli en El nomadismo, vagabundeos iniciáticos. Para el autor italiano, la urgencia del viaje posee raíces arcaicas, es el deseo de romper con el enclaustramiento para buscar nuevas experiencias, sensibilidades y encuentros con otras formas de comprender el mundo. El nomadismo sería una cualidad propia del hombre, al ser éste perpetuo devenir y cambio, de ahí que no sea privilegio de unos cuantos pues “hay migraciones cotidianas, las del trabajo o las del consumo” (Mafessoli, 2004, 29). No obstante, tendría que pensarse que así como existen los migrantes voluntarios para los cuales el camino es búsqueda, aventura, sinónimo de intercambio cultural y riqueza, para otros, los migrantes forzados, el camino es expulsión, derrota, desarraigo y condena. Estos últimos son los que, obligados a partir violetamente de su tierra, llevan “una existencia mutilada” (Adorno, 2006, 37). Habría que tener en cuenta a estos últimos migrantes al abordar Desheredado del paraíso, opera prima de Albeiro Arias, ganadora de una mención en el XX Premio Nacional de Poesía Universidad externado de Colombia en el 2007 y finalista en el XII Premio Nacional de Poesía Ciro Mendía en el 2008. Desheredado del paraíso, publicado por Caza de libros y Pijao Editores en el 2009, desde la primera parte del libro (titulada “Los ojos del nómada”) señala que el camino a cantarse tiene las huellas del agotamiento, el deterioro, la soledad y el anonimato. El peso de la insatisfacción agobia no sólo a los hombres. En el segundo poema, el pez, cansado de su suerte, ansia ese otro mar que es el cielo, mientras el pájaro, hastiado del vuelo, sueña deslizar su cuerpo entre las aguas. Hasta los propios caminos, frecuentemente asociados con la idea de movimiento, ahora, exhaustos de su condición, quieren negarse cuando eligen la quietud, como bien se personifica en este verso del tercer poema: “Los caminos disipados bostezan sobre la piedra” (Arias, 2009, 23). No obstante, a diferencia de éstos que escogen la inmovilidad así con ella venga su muerte, los migrantes forzados están condenados a errar, a tornarse formas del polvo y la niebla, su ser se diluye ante la indiferencia y la pérdida del contacto con lo que antes era familiar (su territorio, costumbres, juegos y nexos con la tierra). Ellos, los que debieron huir porque su “aldea se consume por el fuego en la cordillera” (23), arrastran su infierno por calles donde los que no han sido violentados en su devenir prefieren “apostar la cabeza en el juego de la indolencia” (41). Sólo el poeta intenta nombrarlos, pero él también vislumbra la imposibilidad cuando su voz no alcanza a fijar en la palabra

Liminalidad y representación paradójica en

la tristeza y los dramas de los que por su desplazamiento incesante van dejando de ser hombres para convertirse en siluetas dolientes: “El poeta escribe versos -es lo único que le queda-/mientras observa con impotencia las siluetas ardiendo en el croquis del mundo” (23). En este verso, donde se despliega una autoconciencia lírica que da cuenta de que ni la belleza estética es consuelo cuando se trata de realidades crueles (“¿Cuánta realidad puede soportar un hombre?” se preguntó alguna vez Franco Rella) es el mismo que permite situar tanto a los individuos que cruzan el libro, como a los propios poemas en su estructura, dentro de los territorios de la liminalidad. Justo es recurrir al concepto de liminalidad usando en la antropología y la sociología para comprender temática y composicionalmente la propuesta estética de Albeiro Arias. Víctor Turner habla de la liminalidad como estado de inadecuación donde el individuo está por fuera del orden establecido al perder la estabilidad que le brindaba su pasado. Retomando los conceptos de este teórico escocés, Luis Méndez aclara que existe un sujeto liminal, difícil incluso de representar en forma exacta, el cual “parece no ser, existe pero no tiene lugar: es indefinible (...) Se le aplica con certeza la metáfora de la disolución: no está ni vivo ni muerto. Su condición es de ambigüedad, es confusa, es paradójica (...) No tiene nada: ni status, ni propiedad, ni insignias, ni rango. Es el prototipo de la pobreza sagrada” (Méndez, 2003, 195). Como ejemplo de sujeto liminal está el desplazado, quien vive un “estado de liminalidad forzada” (Castillejo, 200, 93), así lo revela Alejandro Castillejo

en Poética de lo otro, antropología de la guerra, la soledad y el exilio interno en Colombia. El mismo Castillejo postula que la representación del sujeto liminal es siempre paradojal. ¿Cómo darle voz al que no importa al conjunto social, al que ya no llaman por su propio nombre, sino por el de desplazado, borrado en su individualidad, apenas masa o parte de una estadística? Precisamente sujetos liminales y una representación paradójica se hallan en el libro de Albeiro Arias. Por eso la voz poética (impersonal en unos poemas, en otras la del hombre, la de su compañera o la de la multitud) en ningún momento otorga un nombre concreto a los individuos que soportan el desarraigo o a la patria que alguna vez tuvieron. De ahí la aceptación metaficcional de que más parecieran siluetas, de que por los espacios que se deslizan el único al que podría nombrarse es a Dios, quien ha dejado a los suyos huérfanos: “Dónde está Dios? (23); “Dios, el ausente, juega con las fechas a su antojo” (35). Las múltiples metáforas que se ofrecen al lector aluden a que esos seres liminales que deambulan poema tras poema hacen parte de un país donde de nada les valió su religiosidad y oraciones ante la crudeza de una historia, de unos dirigentes y hombres concretos que imponen sus nuevos credos: “La historia desgarra los intestinos donde los profetas de la catástrofe/ han pregonado salmos y antífonas con sus ejércitos invisibles” (23). Acaso un lector colombiano podría encontrar en la lectura de libro de Albeiro Arias una poesía que refigura aspectos de su contexto nacional y de una realidad tan cruda como la presencia de tres millones y medio de desplazados según ACNUR. Podría incluso pensarse que el penúltimo poema de Los Ojos del nómada alude a la bandera tricolor cuando el personaje reflexiona las formas de un rojo que no le permiten recordar las del azul y el amarillo. No obstante, sería reduccionista quedarse en una lectura que intuye la realidad colombiana, pues al interior de sus páginas no hay unas coordenadas específicas, ni nombres que fijen el ser y el territorio, ya que incluso los poemas no se dejan atrapar por un título. Ellos fluyen solos, son también formas errantes por más que exista un índice que caprichosamente asuma el verso inicial para numerar los poemas cuando éstos, en verdad, son presentados en forma directa y sin título. Por lo tanto, es clave señalar que subyace

en Desheredado del paraíso una pretensión de universalidad, en tanto el eje temático del libro (la errancia con sus implicaciones de soledad, nostalgia y abandono), sustentado en imágenes, ironías, juegos en la distribución espacial de los versos, es un fenómeno que puede darse en distintas latitudes del planeta, al fin de cuentas, como recuerda Eduard Said en Reflexiones sobre el exilio, vivimos la “era del refugiado”, de innumerables individuos arrastrando su desarraigo, desesperanza y miseria. A la experiencia del despojo no son ajenas las siluetas que cruzan el libro de Albeiro Arias, como tampoco la historia, personificada en la segunda parte del libro (escrita en prosa poética y titulada Vestigios del caminante): “hoy la historia está desnuda como la hierba que reduce al silencio mi rastro” (67). Ese silencio es quizás la aceptación del poeta de que si bien al final de su camino permanece la sensación de que la sublimación no alcanza para hacer más soportable la realidad de la que germinan sus versos, no queda, no obstante, otra esperanza que la palabra misma. Extraña y bella contradicción de la que se nutren los versos del poeta, tan real el silencio como la palabra, la liminalidad cruzando los territorios de la metáfora, lo que se nombra y lo que se calla, entre la muerte y la vida, entre la presencia y la ausencia: “Incansable, te prometo la próxima línea. Pero estos pies -pródigos- prometen el silencio. Renunciar a toda la palabra. El camino, sin embargo, desea ser hablado” (67) (Grupo de Investigación de literatura del Tolima, UT. jlgaitan@ut.edu.co)

BIBLIOGRAFÍA: Adorno, Theodor (2006). Mínima Moralia. Madrid: Taurus. Arias, Albeiro (2009). Desheredado del paraíso. Ibagué: Caza de Libros, Pijao Editores. Castillejo, Alejandro (2000). Poética de lo otro, antropología de la guerra, soledad y exilio interno en Colombia. Bogotá: Ministerio de Cultura. Maffesoli, Michel (2004). El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos. México: Fondo de Cultura Económica. Méndez, Luis (2003). Ritos de paso truncos en la industria maquiladora fronteriza. En: Graffylia, Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Puebla, Nº. 2, Puebla (México) p. 189-204. Said, Edward (2005). Reflexiones sobre el exilio, ensayos literarios y culturales. Barcelona: .Debate. www.elnuevodia.com.co>Léalo.


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Fernando Botero: La emoción de volver a la tierra Por Natalia Estefanía Botero Medellín, Colprensa-El Colombiano

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nvierno en París. Menos tres grados centígrados y el maestro Fernando Botero tiene el jet lag, por el viaje de regreso de Medellín. Duerme toda la mañana, lo que le asegura estar listo para entrar en la tarde en su estudio inmenso, de siete metros de altura, en la antigua sede de la Académie Julian. Antes de entrar de lleno a lo que lo divierte: pintar, dice que está listo para hablar un rato. Al otro lado de la línea telefónica se siente cálido y tranquilo, y se sumerge en los recuerdos de las tres semanas que pasó en Rionegro, en donde no había estado, por un período largo, desde 1950. -¿Qué recuerdos le trajo su estancia en Rionegro? “Yo compré la casa hace tres años y apenas la inauguré este año. Disfruté mucho de la finca, del paisaje y de la gente en los alrededores, que fueron muy amables. Estar en la tierra de uno es algo maravilloso, en especial después de tantos años que no pasaba una temporada en Antioquia: desde 1951, cuando me fui de Medellín”. - ¿Qué lo devolvió a aquellas épocas? “El paisaje y el verde de esa región es maravilloso. Estuve por Marinilla, El Retiro y Rionegro, y todo estos sitios tienen un sabor local y están muy cerca de mi sensibilidad. Lo disfruté mucho”. - ¿Cómo encontró a Medellín? “Maravillosamente transformada. Muy limpia. Es quizás la ciudad mejor mantenida de Colombia”. Hace años que no tenemos una exposición suya en la ciudad. -¿Tiene alguna sorpresa reservada? “Soy el pintor colombiano más exhibido en Colombia, porque tengo una exposición permanente en el museo de Antioquia y en el museo Botero de Bogotá. Con esto ya todo el mundo sabe cómo trabajo y las inquietudes de mi pintura... Más, sería exagerar (risas)”. - A usted nunca lo ha abandonado el acento antioqueño,

¿qué tiene de la exageración paisa? “Qué más exagerado que el trabajo mío. Llevo 52 años fuera de Colombia y sigo hablando como los de allá”. -¿Qué comió en su visita? “De todo; muy engordador: chicharrones, arepas, chorizos. Ahora me va a pasar la cuenta. Aumenté de 3 a 4 kilos. Tendré que hacer régimen, pero hacerlo en París es difícil (risas)”.

Lo que viene - Prepara una obra sobre el circo ¿Cómo ha sido este proceso? “Visité un circo pobre en Zihuatanejo, un lugar en la costa pacífica mexicana, al norte de Acapulco, donde paso cada año una temporada, que me recordó los que iban a Medellín, en mi infancia. Empecé a pintar el circo hace dos años y ahora estoy terminando una gran serie. Es un tema muy favorable, que tiene mucho color, poesía; no solo del espectáculo sino de la vida detrás del circo”. -¿Recuerda el nombre del circo que visitaba Medellín en su infancia? “El circo Atayde, con unos animales muertos de hambre, los

leones sin dientes... Son más poéticos que los que se pueden ver en Nueva York o en París (risas)”. -¿Qué sigue en su calendario? “Ahora expuse en Zurich, luego, en marzo, en Londres y, en julio, en el Museo Nacional de Seúl”. -¿Y volverá a Pietrasanta, luego de la imputación del gobierno italiano sobre evasión de impuestos? “Esto se está solucionando rápidamente. Los abogados y expertos me han dicho que no me debieron haber pedido ese dinero. Yo creo que eso se va a arreglar en unos quince días”. -¿Qué le expresan personas como Hirstch, quien dice que hace arte de una calavera llena de diamantes o con un becerro de oro en una urna? “No me dice nada. Siempre he dicho que son curiosidades. Son ideas simpáticas e ingeniosas, pero el arte es otra cosa”. -¿Cuándo vuelve a la ciudad maestro? “Quiero ir (a Rionegro) por lo menos una vez, ojalá dos veces al año. Me encantó estar allá. Volver a la tierra siempre es emocionante”.

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