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IBAGUÉ, JULIO 4 DE 2010

FA CE

TAS CULTURA AL DÍA REPORTAJE

Artesana del folclor Nilda Flórez CUENTO

Breve carta a Ignacio Andrés Elías Flórez ARQUITECTURA

Siete maravillas El mundo antiguo


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El artesano

de las palabras Willian Geovany Rodríguez Gutiérrez*

“Escribir es quemarse vivo pero es también renacer de las cenizas” W. Blake

Sólo quien ama el juego con las palabras puede acercarse a la escritura de poemas, novelas, cuentos, ensayos, crónicas, porque la escritura es una cuestión de fe, que requiere mucha paciencia, dedicación, esfuerzo por parte de quienes pretenden ser artesanos de las palabras como lo fue el gran maestro del cuento Horacio Quiroga. En vista de lo anterior, considero que todo aquel que se proponga ser ese artesano deberá ser consciente, como lo ha sido el escritor Roberto Rubiano Vargas, “que los relatos están en nosotros. El ser humano es un animal que narra, que se comunica con sus semejantes contando historias, contando quién es él mismo. Por tanto escribir historias no es más que una consecuencia de nuestra naturaleza. De lo que ya hemos vivido, conocido y sentido”. Dicho planteamiento es en definitiva lo que llevó al escritor Quiroga a hacer de su escritura un retrato per-

Rufián El rufián es un proxeneta, esto es, un delincuente que explota la prostitución. La palabra proviene del italiano ruffiano, registrada en esa lengua y también en francés con el mismo significado desde el siglo XIII.

sonal, porque estaba imbricado de fracasos, derrotas, crisis, angustias, sufrimientos, decepciones, fantasmas y todo un sinnúmero de dificultades trágicas que tuvo que soportar durante su existencia. Como ejemplo tenemos el cuento “El hombre muerto”, en este se aprecia una atmósfera ensombrecedora que encubre sus pasiones bajo el tema de la muerte. Este es prácticamente el eje central de toda su narrativa. Allí, el escritor va develando el panorama de la condición humana, para ahondar sobre lo que será su propio duelo degradante, porque empieza a recordar en lo efímero que ya parece ser su existencia los recuerdos del ayer, mientras lentamente su machete le va destruyendo su vida, por eso la visión del escritor que se impone para ese momento es que este hecho es inevitable en la vida de las personas y él lo sabe. Por lo tanto, llega a decir, ¡que nos reserva aún esta existencia llena de vigor, antes de su eliminación del escenario humano! Además, termina sus divagaciones mortuorias afirmando desde

un humanismo insospechado ¡tan lejos está la muerte y tan imprevisto lo que debemos vivir aún! A partir de este acontecimiento creativo es como se funden en la complejidad de la que habla el escritor Albeiro Arciniegas en su texto “El cuento para jóvenes”, ésta resulta para él estar determinada “precisamente por su brevedad, la economía del verbo y el manejo de pocos personajes”. Así es como el escritor atrapa a sus lectores para que ellos disfruten de la tensión, el tono y el ritmo, propios de su narrativa. Quiroga con esto logra mucho más, porque desde su vocación despliega ciertas técnicas narrativas y estrategias estilísticas, las cuales hacen posible la resonancia en sus lectores no solamente de éste cuento sino de toda su obra, esta virtud permite que su escritura viva aún en nuestros días por la autenticidad. Al respecto, Víctor Montoya asegura: “Lo más importante en un cuento es la autenticidad del tema.” Esto como lo indica Arciniegas es que sea interesante para el lector. Finalmente considero que sin una trama sugerente, sin una historia deslumbrante

el lector muy seguramente abandonará el hecho literario, por eso se espera que el escritor de hoy se proponga luchar con sus temores para hacer visibles sus nuevas propuestas literarias desde el cuento, aquellas mismas que pueden nacer según la escritora Laura Massolo: “A partir de una anécdota que acaban de contarnos, de una noticia de radio, de una imagen instantánea, de un recuerdo que sobreviene. O de una historia que ya leímos, alguna vez,

hace mucho.” Si logramos eso, muy seguramente estaremos en concordancia con lo que propone el escritor Juan Gabriel Vázquez en su texto “Apología de las tortugas” al decir: “Un cuento logrado proporciona un grado de satisfacción emocional y estética directamente proporcional a la dificultad que implicó escribirlo, tanto para el escritor como para el lector” * Licenciatura en Lengua Castellana, UT

Palabra del día Aunque el origen de ruffiano no es conocido, Corominas cree posible que provenga del latín rufus, ‘pelirrojo’, debido a la costumbre de las prostitutas romanas de adornarse con pelucas rubias.

Todavía hoy es conocido, o al menos recordado por algunos, el prejuicio que existía antiguamente contra los pelirrojos, derivado de una versión según la cual Judas Iscariote habría tenido cabellos de ese color.

En la Edad Media, también se afirmaba en algunas regiones que las mujeres pelirrojas eran brujas, y es posible que alguna de ellas haya muerto en la hoguera por esa razón. Sin embargo, el etimó-

logo francés Jean Dubois apunta en una dirección diferente: para él, ruffiano provendría de roffia, ‘costra’, ‘suciedad del cuerpo’, palabra que, a su vez, se deriva del germánico hruf ‘flema’.


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l ministro de Cultura de Venezuela, Francisco Sesto, admitió el pasado 7 de mayo la existencia de una severa crisis en los museos del país, y anunció que los mismos dejarán de ser responsables por sus colecciones, las cuales serían trasladadas al depósito de la Galería de Arte Nacional. Las declaraciones del funcionario fueron emitidas durante un encuentro celebrado en la Sala Anna Julia Rojas de la Universidad Nacional Experimental de las Artes, Uneartes, antiguo Ateneo de Caracas, con los trabajadores de la Fundación Museos Nacionales, FMN, ente que fue creado por Sesto en 2005 y cuya dirección fue asumida por él en persona hace casi tres meses. Sesto reconoció que el manejo de la FMN desde su creación en el 2005 ha sido “pésima”, y dijo que la institución ha “ahogado” a los museos: “El manejo de la fundación fue pésimo, porque se creó un equipo por encima de los museos. Debieron darles mayor autonomía, pero lo que se hizo fue ponerlos por debajo. No pueden tener ahogados a los museos. Les decía que era para facilitarles las cosas, pero si eso no se ha entendido y se trabaja con resistencia no va a funcionar. Tiene que haber una autonomía administrativa, que es muy difícil porque a todos les gusta el poder. Lo que tenemos que hacer es trazar una línea de estrategia que justifique a los museos”, afirmó. El Ministro aseguró que los museos no poseen colecciones, pues éstas forman parte de la FMN desde hace cinco años. Por lo que los museos, según afirmó, sólo son salas expositivas. “El MACC no tiene colección”, dijo el funcionario refiriéndose al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, ante la preocupación de una trabajadora sobre el futuro de la Colección de Papel de esta institución. “La colección (del MACC) es de la Fundación y del Estado. Los museos son una institución expositiva con autonomía para hacer las planificaciones. El MACC dejó de existir como institución. Cambiaron las reglas de los museos. Legalmente no existe el MACC en esos tér-

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Museos venezolanos serán despojados de sus colecciones

minos”. El ministro agregó que en relación a los museos venezolanos la situación jurídica cambió hace cinco años. “El MACC (por ejemplo) tendrá un 80 por ciento del espacio para la exposición permanente. Esas obras se quedan en el museo. Las demás van a la Fundación y se trasladan a los otros museos cuando lo necesiten. Estarán en los depósitos del Contemporáneo, Bellas Artes o la GAN. Las que sean mejores”. La decisión ha levantado una aguda controversia en el medio artístico venezolano sobre la situación de las instituciones museísticas. Un grupo de artistas ha hecho público un manifiesto en el que expone su punto de vista y exhorta a las autoridades a derogar la medida que, a su juicio, atenta contra el patrimonio nacional. El texto es una iniciativa de varios creadores, curadores y gerentes culturales a propósito del Día Internacional de los Museos, que se

celebra el 18 de mayo. Entre ellos figuran Graciela Pantin, María Elena Ramos, Guillermo Barrios, Sandra Pinardi, Federica Palomero, Carolina Arnal y Miguel Miguel. “La idea es concienciar al público sobre las amenazas que se tejen sobre las instituciones culturales que respaldan el patrimonio nacional”, expresó Pantin, que estuvo al frente de la Gerencia General de la Fundación Empresas Polar por más de 15 años. Manuel Caballero, Rafael Cadenas y Simón Alberto Consalvi son algunos de los intelectuales que han manifestado su apoyo. En el comunicado se señala que la medida atenta definitivamente contra la razón de ser de los museos, como garantes y administradores de colecciones del más diverso tipo, “que le permiten proyectarse a la sociedad como instituciones de servicio público de extraordinaria potencialidad e impacto social”. El grupo considera que durante los últimos 11 años los museos venezolanos han estado a merced de cambios

asociados a la tendencia de centralización de la gestión político-administrativa del país. Debido a eso, agregan los firmantes, las instituciones han perdido su autonomía funcional y programática. En el documento también se señala que el vaciamiento de sentido de las instituciones museísticas, que hoy se intenta consumar con esta nueva medida centralista, tiene un antecedente en la creación por parte del ministro Sesto de la Fundación Museos Nacionales, en 2005, como instancia supramuseo que asumió desde entonces el control de estos centros y de su programación. El manifiesto se respalda en el Consejo Internacional de Museos de la Unesco para defender la existencia de una colección como parte definitoria del concepto mismo de una institución museística. “Una razón de ser que impulsa sus funciones: para conservarla, investigarla, comunicarla y exhibirla con fines de estudio, educación y deleite,

como testimonios materiales del ser humano y sus valores identitarios. Alejar la colección del museo heriría gravemente su esencia. ¿Es posible concebir museos sin colección y colecciones museísticas sin museo?”. Argumentan también que existen razones técnicas y de seguridad para que cada institución preserve y difunda el patrimonio de la cual es responsable: “No es funcional ni conveniente, ni seguro, tener los patrimonios de todos los museos en un solo depósito. Un incendio, inundación o terremoto resultaría una tragedia nacional”. Agregan que el traslado frecuente de las obras las pondría en riesgo. La iniciativa exhorta a las autoridades para que los museos recuperen la figura de fundaciones de Estado. “Deben seguir siendo instituciones del Estado, no del Gobierno, y las razones humanísticas, técnicas, artísticas, la historia de una cultura y de sus obras no debe estar nunca al antojo, autoritario y cambiante, de un gobernante temporal. Para cumplir con su imprescindible misión de conservación y difusión del patrimonio cultural se debe garantizar a los museos tanto el manejo de sus colecciones —base de su identidad y fortaleza institucional— como una amplia libertad de creación, autonomía programática y sustentabilidad financiera”. El comunicado finaliza con un llamado a tomar otras medidas más pertinentes para el fortalecimiento de las instituciones museísticas, fundamentales para la vida cultural. “Nuestro país requiere y exige que sus museos, orgullo de muchas generaciones, sean respetados como bastiones de nuestra identidad, diversidad y pluralidad cultural. En ese sentido, alzamos nuestra voz de enfático rechazo a la decisión de despojar a los museos nacionales de sus colecciones y su traslado a los depósitos de la sede, aún inconclusa, de la Galería de Arte Nacional”. Letralia.com Venezuela. Letralia, Tierra de letras.


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Nilda Flórez

Una mujer que hace realidad el folclor del Tolima Grande

Desde hace 20 años Nilda Flórez se ha dedicado a crear trajes y máscaras, a crear personajes y a hacer realidad sus ideas. Mitos y leyendas, la colonia y las danzas tradicionales son algunos de los temas que Nilda desarrolla a través de tela, espuma, pintura y muchos otros materiales decorativos. Nilda estudió dibujo publicitario y desde muy pequeña ha dedicado gran parte de su tiempo libre al teatro y a las danzas, de allí surgió un inconfun-

dible amor por las artes plásticas y por la creación de ambientes y escenografías. “Desde que llegué a Ibagué siempre había trabajado con colegios preparando clau-

suras e izadas de bandera, y en una oportunidad en uno de esos colegios me pidieron no sólo la escenografía y las máscaras, sino también los trajes de los niños; entonces,

ahí me dí cuenta de la importancia de saber confeccionar para mi trabajo”, comentó Nilda. A partir de ese momento y con una máquina de coser casera, Nilda decidió aprender confección y con algunos cursos en el Sena, luego de un par de meses ya estaba elaborando trajes para complementar el trabajo que siempre había realizado. Hace 22 años Nilda, nació en Caquetá, se crió en Venezuela y por cosas del destino terminó junto a su esposo tolimense en Ibagué, desde entonces se ha intrigado por el folclor literario y musical

de esta región y ha aprendido a amar los pocos espacios para el arte con los que cuenta la ciudad. Esta pasión por la cultura del Tolima Grande la llevó a elaborar no sólo disfraces, sino también a diseñar y confeccionar trajes tradicionales y máscaras mitológicas, situación que le permitió

exponer sus creaciones en el Teatro Tolima. Durante este evento, hace cerca de cuatro años, la Corporación Festival Folclórico conoció el trabajo de Nilda y decidió invitarla a hacer parte de los artesanos y artistas que año tras año elaboran los decorados de carrozas, trajes para comparsas y la escenografía de la Concha Acústica “Garzón y Collazos”, que anualmente llena de vida la velada de elección y coronación de los reinados Nacional, Departamental y Municipal del Folclor. “Hace tres años estoy trabajando con ellos, empecé haciendo los trajes para la comparsa y ahora también elaboro los adornos de la Concha Acústica e incluso bailo junto a la comparsa; esto no lo hago por figurar en los eventos, sino porque verdaderamente me gusta mi trabajo y me gusta aprender de cada uno de los proyectos que emprendo”, agregó Nilda. Desde el momento en el que Nilda aprendió confección y diseño, y empezó con su pequeña máquina de coser, han pasado algunos años, durante los cuales ha conseguido reconocimiento. Ahora posee con un pequeño taller con cuatro máquinas planas y tres fileteadoras, emplea a cerca de cinco personas y tiene trabajo durante todo el año, pues ella sabe muy bien que las festividades folclóricas son únicamente en junio y que el resto del tiempo también lo debe dedicar a producir. Dotaciones, ropa de calle,


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vestidos para matrimonios, bautizos y primeras comuniones hacen parte de los trajes que Nilda realiza en su taller. La confección se ha convertido en parte esencial de su vida, incluso cuando recuerda que siendo joven no le gustaba ‘ni tener que pegar un botón’. “Hace mucho tiempo, mi esposo me regaló esa máquina familiar con la que empecé a confeccionar, pero en el momento en el que él me la regaló yo le dije que no tenía sentido porque yo no sabía coser y que no me veía sentada en una máquina de coser. Actualmente las cosas son diferentes, ahora el diseño y la confección me gustan mucho. Es diferente ver el diseño en el papel a poder llevarlo a la realidad, eso me emociona”, aseguró Nilda. Otra de las grandes pasiones de Nilda son las máscaras y el maquillaje artístico; en cuanto a las máscaras ha intentado experimentar con diferentes materiales, pues según ella “el yeso es un material muy caliente y pesado, tiende a quemar la piel o a producir alergia”. Por ello, esta artista ra-

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dicada en Ibagué decidió buscar nuevas posibilidades para elaborar sus creaciones. En esa búsqueda se encontró entonces con un material poco convencional: la masilla para automóviles. “La masilla es un material muy liviano, y a pesar de tener un olor muy fuerte en el momento de la elaboración de la máscara, una vez seca, es muy resistente y no queda con olor, así que es ideal para este tipo de trabajos”, comentó. Teniendo en cuenta que este es un material de rápido secado Nilda ha tenido que modificar también sus técnicas de elaboración, pues ahora debe moldear más rápido y agregar todos los detalles en el menor tiempo posible. De esta manera, Nilda ha perfeccionado sus técnicas tanto de confección como de dibujo y escultura. Ella espera año tras año conquistar a los espectadores del Festival

Folclórico Nacional con sus creaciones y por qué no, dentro de algún tiempo ser

parte de carnavales como el de Barranquilla o el de Blancos y Negros en Pasto, ya que admira profundamente a los artistas manuales que llevan a la realidad a cada uno de los personajes que cobran vida durante las festividades.


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El cuento

Breve carta a Ignacio Andrés Elías Flórez Brum* Ignacio

Cuando te llamé creo que advertiste que iba corriendo. Corría en el parque donde suelo hacerlo. Al marcarte iba al trote. Con la respiración entrecortada. Por la hora y el día había poca gente en este lugar. Por lo general, en este parque, siempre tropiezo con dos locos. Uno de ellos es peligroso. Altamente peligroso. El otro es inofensivo. Manso. Casi una madre. Triste y barbado. Ambos, como todos los locos, hablan solos. El peligroso camina y da vueltas con dos piedras en las manos. Y cuando no, lleva un palo como un bate de cedro. Porta, en las gruesas muñecas, sendas manillas de cuero, bien abrochadas. Un tatuaje de águila, de nuevo gladiador, en el pecho. Da miedo mirarlo con esas dos piedrotas. Dispuesto a lanzárselas al primero que le diga algo. El manso va y viene estrujándose las manos como hablando con el Señor de los cielos. Éste no ofrece peligro alguno. El parque donde troto tie-

ne un perímetro aproximado de mil 200 metros. Hacia el oriente se ven pasando los autos sobre la Autopista Norte. Al fondo los cerros que se columpian. Hacia el occidente parece que el parque no tuviera fin o que fuera como el horizonte. Una selva de árboles. Si se columbra bien se ven detrás de los árboles entretejidos unos edificios. Para allá no coge uno, dado que el canal de un río impide el paso. Yo me quedo trotando acá. Como te contaba, si no lo sabes, el parque está sembrado de árboles. Norte y sur lo delimitan casas y edificios cercanos. Y la grama o el césped crecen con mucha facilidad. Yo voy por la pista. La pista de arena o cemento que bordea la grama. En cuanto a los locos, cada uno tiene su determinada área. Al parecer, nunca se encuentran. Se desenvuelven en el pedazo que les corresponde. El manso clamándole a alguien y el peligroso listo para embestir. Pero, te digo, Ignacio, con el que ya trabé amistad es con el peligroso.

Con el débil no he podido, aunque he intentado, hablar. ¡Qué suerte! Me imagino que tú también sales a caminar, así, como te lo digo. Y te vas por la alameda para calmar los nervios. Se me olvidaba, tú allá tienes la playa… y el mar. Yo acá tengo los carros y el gentío por todas partes, como para que te vuelvas loco y tú sudas y te estrujas las manos y te vas por el andén en busca de alguien… bueno y todo es así. Acaso tú también me ves en ésta. Voy y vengo y toco el tronco de uno de los árboles de la vera y digo, la lleva, recuerda, como aquel juego infantil que se juega allá en el Caribe y quien no la lleva no se deja alcanzar. “La lleva” le digo al tronco del árbol y tardo unos 13 minutos en dar toda la vuelta y volverle a decir, la lleva. O me voy mirando los animales que se forman y se deforman al mirar las nubes. Bueno, tú sabes que uno en esta ciudad se deprime o decae y de pronto se encuentra hablando solo y sin camisa y corriendo sin final. Yo sé que tú también te deprimes y sudas las manos y te vas por la orilla… Si me pu-

Poesía Este que ahora ven militante de corbata y saco, líder de proyectos y otros fantasmas del deber en las nimias batallas de escritorio:

Polvo

que también fue animal de mil lecturas en las más largas noches del espíritu; solitario y solidario se bebió la juventud en esa rara mezcla de licores.

Este que ahora ven

boceto y carne de cañón entre las prisas,

dieras ver. Yo voy corriendo o trotando. “La lleva” le digo al tronco y él ni me mira. Aunque yo tengo mis tres amigos. Tú que estás del otro lado, en Tolú, verdad, y yo que estoy en esta montaña llamada Bogotá. A veces digo que tres amigos. Pero al manso no le he podido hablar. Te acuerdas, recuerdas cuando me mandabas noni y yo te mandaba a vuelta de correo libros. Creíamos ambos que el noni era la panacea. Tú decías que los traían en lancha de la isla, de la isla de Providencia, o de Barú. Que crecían en el suelo escarpado. En los arrecifes. Me los mandabas y me hablabas de sus bondades. Yo te enviaba, entonces, libros. ¿Mi biblioteca?... ¡Ah!, sí, mi biblioteca, creo que la tiene el señor de enfrente. Vas pisando los ladrillos

y los cascajos y la arena y la dureza del cemento. Y te pierdes sobre tus talones y la gente te ve correr a todas. Dime, ¿tú corres?… Tener amigos de esa calaña. No me refiero a ti. Sino a los dos locos. Tú, ¿qué llevas en los bolsillos? Fíjate que el peligroso lleva dos enormes piedras en las manos. De pronto, es matador de elefantes. El sencillo, digo el débil, lleva las manos cogidas. El discurso ni se le entiende ni se le adivina. Y con las ganas que tengo yo de ser amigo de él. Pero, Ignacio, no te preocupes por eso, esos son dos locos que van al paso. Tú, qué piensas, Ignacio, qué dirán aquellos dos locos, qué dirán, en verdad, del que te habla… *Escritor colombiano

Presa fácil contando la poesía que le queda con los dedos; en otrora astrónomo felizmente venido a menos por encontrar unos ojos (aún su más caro descubrimiento):

Tiempo

que también es animal de mil venturas en los más largos días de la carne; presidiario y mercenario por pagar la sensatez a un magro patrimonio de valores.

Este que ahora ven

de pequeña barriga y tirando a calvo en el espejo también es el otro, paternidad caída, presa fácil de la locura y la belleza.

Testigo

Al menos aquí en medio del desamparo tuve un testigo: me tuve a mí mismo sin ser la marioneta colgada de una historia, ni la parafernalia literaria entre concursos y limosnas.


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El don de

la vida:

la muerte y su escribano Por Jorge Ladino Gaitán Bayona*

Decía Baltazar Gracian que “la muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto”. Pues bien, Fernando Vallejo, el personaje-escritor de El don de la vida, elige un parque de Medellín para esperar su final, mientras sentado regodea sus sentidos con los muchachitos que llegan a prostituirse. Desde allí, tomando aguardiente y ejerciendo el arte del voyerismo, conversa con una presencia ambigua. ¿Otro paisa envejecido y charlatán? ¿Quizá la muerte verborreica?, buscando llenar un cuaderno en el que anota los difuntos que alguna vez haya visto. Convoca la muerte en sus páginas, a ratos le reza, la pone a rendir cuentas, a soltarle nombres de amigos, fincas, ríos y hasta fábricas que han dejado de existir y que merecen grabarse en el recuerdo y la palabra. El incrédulo Vallejo, quien sin embargo se expresa como en un rosario paródico, se turna con su interlocutor para orar por quienes partieron y quien habrá de sumarse: “Señora muerte que borras y callas hasta a misiá hijueputa, acuérdate de mí tú que estás en tu reino”. El don de la vida habla de seres y espacios conocidos que han desaparecido, desde una estética del desacomodo, de la provocación, del improperio ingenioso, de la ironía, la mordacidad y frases cortas pero certeras. Vallejo se nutre de una doble tradición para erigir su novela; por un

lado la tradición de sangre y sevicia en una Colombia donde la muerte trabaja día y noche, y, por el otro lado, la que le otorga el haberse nacionalizado en México donde se heredó desde los aztecas una particular y gozosa visión de la vida que se sabe finitud. Esta creación ficcional, publicada en el 2010 por la Editorial Alfaguara, tiene, como bien lo apunta William Ospina en su columna de opinión de El Espectador del 21 de marzo de 2010, “algo de libro mexicano: un dilatado y disparatado y cadencioso y delirante día de difuntos. Pero si existen el Libro tibetano de los muertos, el de Hermes Trismegisto, y los descensos al Hades de Ulises y de Dante y de Juan Preciado, ¿cómo íbamos a quedarnos sin el Libro de los Muertos de Fernando Vallejo, quien lleva 40 años hablando de muertos, y 30 hablando con muertos, y como 20 declarándose muerto él mismo?”. De entrada atrapa al lector la novela, pues nada tan familiar y tan poderoso a nivel de visibilidad como ver a unos viejos sentados en un parque charlando de todo sin importar el paso de las horas. Ese parque donde se opina de lo sagrado y lo profano hace parte tanto de la anécdota del libro como del sentido de la ficción. La memoria de Vallejo se constituye a la vez en un punto de vista de la memoria colectiva. Ha sido así desde sus novelas anteriores; lo reafirmó en su Virgen de los sicarios: “Yo soy la memoria de Colombia y su conciencia”. Ya en dicha obra canónica daba cuenta de compatriotas que

podrían hacer palidecer a la muerte inventando las más atroces formas de aniquilamiento: corte franela, corte corbata, modalidad motosierra, entra tantas (“ellos no conjugan el verbo matar, practican sus sinónimos”). Igual acontece con este libro donde se enumeran fallecimientos y se ofrece, como se enuncia metaficcionalmente, otro “catálogo de injurias”. Salvo los animales, una abuela, un hermano y la cuñada que orientaron la sociedad protectora de animales en la capital antioqueña, pocos salen ilesos de la pluma de Vallejo: de nuevo su madre, la élite colombiana, los presidentes de las últimas décadas, la guerrilla, el paramilitarismo y el narcotráfico, Bolívar y otros próceres, la Iglesia Católica, las clases populares alcoholizadas y procreadoras, incluso autores del canon nacional y universal. En El don de la

vida, a la lista ya consabida de vilipendiados por el autor antioqueño en sus novelas, La Puta de Babilonia y otros libros, se agregan ahora Vicente Fox, el PRI, Cristina Fernández de Kirchner, Hugo Chávez y muchas personalidades de la actualidad latinoamericana. La excusa del parque donde la vejez habla de todo convierte al texto ficcional en una suerte de larga columna de opinión sobre lo pasado y lo reciente en el continente y, sobre todo, en la Patria de origen del novelista. La anterior característica, no obstante la estética particular desde la que es vehiculada, tiene el peligro de que resulte algo confusa para lectores de otros continentes, aún para colombianos del futuro que por las escasas menciones dadas no sabrán quién fue, por ejemplo, el procurador Alejandro Ordoñez. Esto debido a que,

excepto los dos personajes que conversan en el parque, todos los demás hacen parte fugaz del opinadero; se pasa rápido de un nombre a otro sin que la ficción dé las coordenadas precisas del personaje en cuestión (factor que no ocurría en obras anteriores). La novela, en cierta forma, opera como una colcha de retazos, de menciones que se dan en forma vertiginosa y de pasajes de otros textos de Vallejo. ¿Una novela mosaico? ¿Vallejo caníbal de sí mismo, quitando partes a libros anteriores para publicar otro más aunque su atractiva anécdota intente justificarlo? Acaso por lo anterior, el lector al deslizarse por las 162 páginas que integran El don de la vida, siente que varias de ellas las había leído antes casi en forma literal, lo cual no niega el deleite de estar otra vez frente a una “escritura del desastre” (usando la expresión de Maurice Blanchot) donde sus fragmentos prometen el desconcierto y el desacomodo por tratarse de una visión desencantada y rabiosa. Sin descuidar el rigor con la narración y esa “musicalidad del lenguaje que hace sentir sus novelas como largos poemas en prosa” como le atribuye a su obra narrativa el crítico Jacques Joset en su ensayo “La muerte y la gramática”, Vallejo juega a repetirse en lo sustancial, se burla de sí mismo, no le importa ofrecer novedosas visiones y textualidades, como los viejos que vuelven una y otra vez al mismo parque para hablar de los mismos temas y frecuentemente con las mismas expresiones. Estas resultan para unos exquisitas por su belleza enrarecida e hiriente, a otros pueden cansar. Justamente, el interlocutor del Vallejo-personaje al cuestionarlo en la novela por gastarse siempre con “opiniones drásticas” recibe como respuesta lo siguiente: “Compadre, el que va a mi casa come de lo que hay. Si no le gusta, afuera hay restaurantes de sobra para escoger”. *Grupo de Investigación de literatura del Tolima, UT, jlgaitan@ut.edu.co


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Las siete maravillas del mundo antiguo

Por: Alfonso Carrero Herrán

Arquitecto S.C.A.

La humanidad, durante todas las épocas, ha querido absolver una serie de interrogantes entre los que se cuentan aquellos que pretenden responder: ¿cuáles han sido las obras arquitectónicas que por su valor estético, cultural e histórico merecen considerarse como maravillas dignas de admirar? Fueron los griegos quienes se atrevieron a clasificar una serie de monumentos e hitos históricos y culturales que denominaron: “Las siete maravillas del mundo antiguo”. Ya en nuestros tiempos, la Unesco avaló un concurso para determinar las obras que se conocen como “Las maravillas del mundo moderno”, cuyo requisito básico era el haber sido declaradas patrimonio de la humanidad. Esta selección clasificó 14 obras. Posteriormente, a comienzos de la década de los 80, una firma comercial se inventó una nueva; clasificación, en este caso, de las maravillas naturales más exóticas y bellas. La falta de parámetros definidos llevó a este evento a un completo caos, pasando a la final 74 muestras entre las que estaba Colombia, al ser considerada parte de la Cuenca del Amazonas, elegida como la más bella. En estas notas describiré

las maravillas antiguas, cuyo grupo de obras arquitectónicas, esencialmente de la época helenística, se consideraban dignas de ser visitadas por los griegos, al estimarlas monumentos de la creación y del ingenio del hombre. De todas ellas (siete), sólo la Gran Pirámide permanece en pie al paso del tiempo y a las reconstrucciones no siempre afortunadas. El hecho de que cinco de las siete maravillas pertenecieran al mundo helenístico, demuestra el carácter “helenocéntrico” de las seleccionadas, todas ellas construidas a mediados del siglo III a.C. La lista básica es tomada de un breve poema de Antípatro de Sidón, hacia el año 125 a.C., en donde el poeta alaba “las siete maravillas del mundo” mencionando inicialmente la Puerta de Instar en las murallas de Babilonia en vez de los Jardines; relatos posteriores, efectuaron este cambio. Todas ellas, fueron construcciones humanas que los griegos pudieron admirar; algunos hablaron de una octava maravilla: la Torre de Babel o el Zigurat de Babilonia (descartados por estar en ruinas).

Las siete maravillas del mundo antiguo, en orden cronológico, fueron:

La Gran Pirámide de Giza: terminada alrededor de 2570 a.C.; construida por el faraón Keóps, ubicada en Giza, Egipto. Es la única que aún se pue-

de contemplar. Los Jardines Colgantes de Babilonia: construidos entre los años 605 y 562 a.C., ubicados en la ciudad de Babilonia (hoy Irak); perduraron sólo hasta el año 128 a.C. cuando fueron destruidos definitivamente por los Partos. El Templo de Artemisa en Éfeso (hoy Turquía): levantado hacia el año 550 a.C.; destruido por un incendio provocado en el año 356 a.C. Alejandro Magno ordenó su reconstrucción, culminada en el año 323 a.C. después de su muerte. Este templo fue nuevamente destruido por los Godos, en un saqueo en el año 262 A.C., desapareciendo para siempre. La Estatua de Zeus en Olimpia, Grecia: esculpida por Fidias en el año 430 a.C. Ubicada en el propio interior del templo de Zeus, desaparece en el año 393 a.C. cuando el Emperador Teodosio el Grande prohíbe el culto pagano; desaparece definitivamente en el año 426, cuando Teodosio II ordena demoler los monumentos de Olimpia. La Tumba del Rey Mausolo en Halicarnaso: construida hacia el año 353 A.C. en la entonces ciudad griega de Halicarnaso, hoy Bodrum (Turquía). Se mantuvo intacta durante varios siglos, pero una serie de terremotos la averían, especialmente el del año 1404 que lo reduce a ruinas. Lamentablemente nunca fue reconstruida. El Coloso de Rhodas: levantado entre los años 294 y 282

A.C. Ubicado en la entrada del puerto de la ciudad de Rhodas (Grecia) en la isla de su mismo nombre. Fue derribado por un terremoto en el año 223 a.C. Fué la más efímera de las maravillas antiguas. El Faro de Alejandría: diseñado y construido por el arquitecto Sóstrato de Gnido, entre los años 285 y 247 a.C., en la isla de Pharos Alejandría (Egipto). Servía para orientar a los navíos que llegaban al puerto guiados por su luz, producida por una hoguera interior alimentada por leña y resinas que se veía a una distancia de 55 kilómetros. Tenía una altura de 180 metros y estaba recubierto por mármol y cimentado sobre grandes bloques de vidrio para evitar la corrosión del mar. Sucesivos terremotos, en especial el del año 1323, lo redujeron a ruinas. Sobre estas obras realmente no existen evidencias gráficas o imágenes, sino que su existencia está refrendada en poemas y escritos de las épocas de su construcción; por ejemplo, sobre el Coloso de Rhodas existen bocetos acuñados en algunas monedas al igual que del Faro y el Mausoleo. Solamente el Templo de Artemisa prueba de manera cierta su existencia, pues sus dimensiones reales y propiedades estéticas y arquitectónicas están consignadas en los diseños, planos y dibujos elaborados por Plinio el Viejo, que aún

se conservan. Sobre los Jardines de Babilonia siempre ha rondado la duda si en verdad existieron, pues las referencias orales de los soldados de diferentes ejércitos que lo invadieron son las que dan testimonio de su existencia. De las siete maravillas antiguas, tres fueron destruidas por terremotos (el Faro, el Coloso y el Mausoleo); el Templo de Artemisa fue destruido por acciones vandálicas y las restantes desaparecieron con el paso del tiempo. Como se ha señalado, la única que se encuentra en pie es la gran Pirámide de Giza, a pesar del tiempo y de los permanentes robos de sus piedras blancas que la cubren, originarias de Tura. Dos de estas obras merecen destacarse al derivar la humanidad de sus nombres significados genéricos: faro, para denotar luz y guía para los navegantes y el Mausoleo, para señalar monumentos funerarios.

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Facetas Julio 4  

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