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IBAGUÉ, DICIEMBRE 19 DE 2010

FA CE

TAS CULTURA AL DÍA Reportaje Gráfico

Tolima visto por los niños Sandra Lombana Crítica

El discuro de Vargas Llosa Carlos Arturo Gamboa Cuento

Sin testigo

Alfonso Carvajal


FACETAS

IBAGUÉ, DICIEMBRE 19 DE 2010

Sobre el discurso de Vargas Llosa Por: Carlos Arturo Gamboa*

Hay algo que no se puede negar, cuando Vargas Llosa hace literatura o habla de ella su discurso pertenece a las grandes voces universales; así lo expresa en su Elogio a la lectura y la ficción, documento leído en la recepción del premio Nobel, en donde expresa que: Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola. Esta alta concepción del oficio de lector y de escritor, sólo puede nacer de alguien que a través de su vida ha propendido por un ejercicio reivindicativo del arte y que ha dejando, incluso sin los ribetes de un Nobel, una obra prolifera en donde su voz narradora deleita y sorprende por el uso del lenguaje. El problema del discurso de Vargas Llosa se hace visi-

Propina El verbo griego pinó significaba ‘beber’. Con el agregado del prefijo pro-, se formaba propinó, que expresaba la

ble cuando, como defensor de la democracia liberal, trata de justificar el sistema como el mal menos malévolo, incluso como la panacea de la historia. Su confesión de marxista desencantado no alcanza a justificar su torpeza política, ya que juzga como malvados a unos y olvida la tiranía de los otros. Su sapiencia lo hace retornar a las palabras de Arguedas cuando afirmara que el Perú era un lugar en donde confluían “todas las sangres” y reclama, con justa razón, que nuestros pueblos aborígenes aún están sometidos a las tiranías que no han respetado sus cosmovisiones; pero en esa contradicción discursiva de ansiedad defensora de un modelo de globalización que no respeta la identidad de los pueblos, llega a tildar de “democracias populistas y payasas” a Bolivia y Nicaragua, negando con ello el proceso boliviano que le ha demostrado al mundo que aún es posible reivindicar el derecho de autonomía de los pueblos. Igual olvida Vargas Llosa que si existe una democracia payasa en el mundo es la que lidera los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Cómo puede alguien con la sagacidad de pensamiento de Vargas Llosa encubrir esta realidad latente? ¿Por qué denunciar procesos como los de Venezuela y Cuba y guardar silencio ante la barbarie de Guantánamo, de Abu Grhai y Pakistán? Si bien Vargas Llosa afirma descreer de las “ideologías totalitaristas”, su discurso avala

la peor de todas, la ideología del libre mercado, del capitalismo de consumo y la democracia impuesta, incluso por medio de la barbarie. Es tan miope la mirada del Nobel que llega a firmar refiriéndose a Latinoamérica, que: …en el resto del continente, mal que mal, la democracia está funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, República Dominicana, México y casi todo Centroamérica, respetan la legalidad, la libertad de crítica, las elecciones y la renovación en el poder. Ése es el buen camino y, si persevera en él, combate la insidiosa corrupción y sigue integrándose al mundo, América Latina dejará por fin de ser el continente del futuro y pasará a serlo del presente. Esta sentencia, más que mal intencionada es inocente, es la mirada inocua de un escritor que tal vez confunde sus ficciones con las realidades, porque desconoce las diferencias enormes entre procesos como los de Brasil y Colombia, y termina apoyando todos esos desmanes que en nombre de la democracia se han gestado en Colombia durante las últimas décadas, en donde por conservar un modelo se ha negado el mayor valor del ser humano, la vida misma. Decir que aquí “se respeta la legalidad, la libertad crítica, las elecciones y la renovación del poder”, sólo hace

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de literatura 2010

pensar que Vargas Llosa lleva años sin visitarnos, o que no lee los diarios, o que no escucha el llanto de un pueblo sumido en la pobreza, en la injusticia y en la violencia, mientras los defensores de la democracia venden sus recursos naturales y se enriquecen en sus recintos, alejados de la realidad de un pueblo que se ahoga entre el invierno y el olvido. Amigo Vargas Llosa, siga ficcionando, siga en los terri-

torios de la escritura, pero por favor no intente hacernos creer que la democracia globalizada es el remedio, que este es el tiempo de la justicia, porque nunca antes el dolor humano fue tan grande y el miedo al futuro tan arraigado. Amigo Vargas Llosa, un abrazo por ese merecido permio Nobel, pero no olvide que estas ciudades tienen sus propios perros. *Escritor colombiano. Profesor UT.

Palabra del día idea de extender amistosamente el brazo (y el vaso) hacia otra persona para ofrecerle bebida.

Este verbo griego pasó al latín como propinare, con el mismo significado, pero en el bajo latín de la Edad

Media, se sustantivo cialmente de ‘regalo’

derivó de él el propina, que initenía el sentido o ‘dádiva’ y, más

adelante, denotaría ‘pequeña gratificación por encima de lo convenido para el pago de un servicio’.


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IBAGUÉ, DICIEMBRE 19 DE 2010

El pintor y la futbolista Poesía Por Jesús Alberto Sepúlveda*

Cuando Eduardo Mogollón, el pintor, encerrado entre paredes de viento y ramas caprichosas de árboles en su estudio de la Martinica, terminaba sobre el lienzo el caótico y encantador universo de “Rojo”, Yuli Paola Muñoz Carvajal, la futbolista, inflaba las piolas de la portería brasilera, marcando un gol histórico para la Selección Colombia femenina de mayores que, a la larga, resultó Sub-campeona Suramericana y de paso clasificaba al Mundial de Alemania, Los Panamericanos de México y Los Olímpicos de Londres. Todo para el 2011. Mogollón había pintado, un par de años después de la tragedia de Armero, sus doloridas y hermosas aguatintas de esa niña que contemplaba en cuclillas desde su mirada entristecida la desolación infinita de su pueblo, el mismo del artista; mientras Yuli Paola, la futbolista, que había nacido entre las aguas de piscis una mañana de marzo del 89, empezaba ya a patear pequeñas pelotas y todo cuanto objeto redondo se cruzara en su camino. Auguraba ya, quizá como una fiel herencia de unos arqueros, Torres ellos, Chito y Hernán, la historia futbolera que empezaba a construir día a día, entre el Liceo Nacional de la ciudad de la música donde leyó por primera vez el vallenato más largo del mundo escrito por García Márquez en las páginas de Cien Años de Soledad, y los estudios preliminares de psicología en la Universidad de Ibagué. Mogollón, el pintor, eternizaba sonriente al líder guerrillero del M-19 Carlos Pizarro, al ‘Negro Perini Somnoliento’ sobre su acordeón, a nuestro Nobel de Literatura entre mariposas ensoñadas, desde la magia de sus manos sobre la mesa, el caballete, la tela, el cartón; Yuli Paola, la futbolista, corre-

teaba el verde gramado de un estadio a medio llenar con la Sub-20 en Chile, en Brasil, con las mayores en la Argentina o los bolivarianos en los estadios del indio Evo Morales, donde conquistó con sus compañeras, las “Chicas Superpoderosas”, la medalla de oro para nuestro país, al que siempre le han sido tan esquivas las glorias futboleras por el lado de los varones; desde la magia de sus piernas que hacen vibrar al mundo entre gambetas, amagues y goles prodigiosos. Mogollón, el pintor, cuelga sus cuadros por igual en las paredes del Museo de Arte, la Sala de Exposiciones de la Univer-

Jaime Hales

sidad del Tolima o en cualquier galería del mundo. Yuli Paola, la futbolista tolimense juega por igual en el Murillo Toro, en el Metropolitano, en el Monumental Maracaná, en el Azteca de México o en un estadio de Londres muy cerca de donde se inventaron el futbol hace tantos años. Mogollón, el artista, pinta con sus manos; Yuli Paola, la futbolista, pinta con sus piernas. Los dos: el pintor de la Martinica y la futbolista tolimense, como dos pequeños dioses, hacen milagros.

Poeta chileno

*Escritor colombiano

Mentiras Amapola amortajada estás muriendo en plena primavera. Todo hubiera sido fácil si tú no... si yo tampoco... si el mar y el fracaso no fueran uno solo, si las manos blancas y los ojos tristes ... todo hubiera sido fácil. Pero no hemos dicho la verdad. Callé mis excursiones por la tarde negando el giro del destino: anticipos de fin de primavera como invernal otoño, un accidente. No has dicho la verdad, musa desnuda, como yo, mentiste en la mañana. Aunque yo, miento por vergüenza, tú por traición. Ausencia Sentí tu ausencia en todos los rincones. El tapete persa añoraba tu pisada gemas de colores desparramadas por el suelo, las huellas del amor sólo en el aire. Partiste silenciosa con una despedida distraída

con ojos vigilantes por la tarde. La lluvia no era suave y el rayo cruzó por mis preguntas rodaban las hojas sin que nadie las viera. yo miraba el horizonte sin saber que partirías. caminaste en silencio hacia el abismo. Quise abalanzarme y controlé mis ansias. Anocheció dos veces en una sola luna. Nada es igual porque hay vacíos veo tu sombra en los muros y baldosas el alma errante de un amor callado cada árbol impregnado de matices cada minuto de placeres evocados cada paseo en los parques aledaños. El alma errante de un amor callado padecimiento en todos los rincones silencioso no hay palabra ni poema ni canciones. Todos los espacios eran otros aunque nunca dejaron de ser los que tuvimos y cuando tu mano ida recorrió mis piernas evoqué todos los minutos de mi noche. Sentí tu ausencia en todos los rincones.


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IBAGUÉ, DICIEMBRE 19 DE 2010

IBAGUÉ, DICIEMBRE 19 DE 2010

Los niños pintaron al Tolima Bajo la premisa “los niños son el futuro y los defensores de nuestro patrimonio cultural”, el Museo de Arte del Tolima y el Gobierno seccional instaron a la población infantil a participar en el concurso “Pintemos el Tolima, pintemos nuestro entorno”. La maratónica convocatoria tuvo la receptividad de 864 pequeños entre los seis y 12 años, quienes plasmaron lo que sienten por su región o sus localidades, en busca de que su creación resulte ganadora. “Los niños aceptaron positivamente la invitación dejando volar su imaginación para

plasmar sobre un papel sus sentimientos y diario vivir de su región”, indicó María Márgareth Bonilla Morales, directora Ejecutiva, del MAT. Cada una de las propuestas pictóricas está siendo sometida a un proceso de selección por parte de un jurado calificador, conformado, entre otros maestros, por Benhur Sánchez, María Victoria Bonilla y Julio César Cuítiva, quienes en pocos días darán a conocer su veredicto. Entre los mejores dibujos serán elegidos los ganadores, y todos los participantes podrán ver así sea un día exhibidas sus

creaciones en el recinto cultural. “Queremos intervenir con los dibujos el Museo, en busca de que los participantes y la comunidad en general puedan observar cómo los niños visualizan su entorno”, puntualizó Bonilla Morales.

Las propuestas

Colores, crayones, vinilos, óleos y plastilinas bastaron para que los niños del Departamento demostraran su creatividad a través de ilustraciones que destacan lugares y situaciones representativas de la Capital Musical y los demás

municipios del Tolima, como las zonas cafeteras, las fiestas y la idiosincrasia de su gente. Pequeños de Ortega, Rovira, Alvarado, Venadillo, Melgar, Fresno, Líbano, Lérida, Flandes, Cajamarca e Ibagué, a través de sus propuestas, plasmaron aquellos hechos y situaciones que han llamado su atención, entre ellos el empate del Deportes Tolima frente al Junior. Este dibujo fue una simbiosis entre la alegría y la tristeza sentida por los jugadores de cada equipo, al final de un partido disputado – en la pintura- sobre una extensa cancha

de grama adornada en el centro con una gran guitarra custodiada a lo lejos por el boga. A este inocente trabajo se sumaron decenas de representaciones de la identidad folclórica y musical que identifica esta tierra Pijao. Las esculturas del Parque de la Música se trasladaron a la carrera Tercera para un concierto a los feligreses de la Catedral, en algunas de las pinturas. En otras, el protagonismo se lo llevaron los ocobos florecidos, el paisaje del cañón del Combeima, la espesa selva de nuestras montañas y los ríos

que bañan al Tolima. El tamal, la lechona y los personajes de la mitología local como el Mohán en su coqueteo con las lavanderas en el río Magdalena fueron la temática abordada por algunos de los infantes que hasta con simples lapiceros recrearon la sociedad en que están inmersos. “La primera versión del concurso es muy satisfactoria tanto por la nutrida participación como por la calidad de los trabajos, teniendo en cuenta que la mayoría de éstos fueron elaborados por niños sin ninguna asesoría de adultos”, argumentó la Directora del MAT.

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El cuento

Sin testigo

Por Alfonso Carvajal*

Primero oí un grito, luego el silencio de puño de la madrugada. El reloj de la pared señalaba la una. Me asomé a la ventana y en la calle observé el cuerpo inmóvil de una mujer y una mancha de sangre corriendo en el pavimento. Distinguí al hombre que huía sin redención. Tenía un gorro de lana oscura, una desteñida chaqueta de cuadros blancos y pardos. Se refugiaría en el helaje de la montaña, pensé. La escena del crimen estaba alumbrada por el foco de luz del poste de la esquina, la mujer había quedado boca arriba como mirando por última vez a la luna. Tenía el pelo negro, largo, desordenado y una falda blanca se le arrugaba por encima de las rodillas, exhibiendo un erotismo macabro, su piel era morena y brillaba extrañamente, unos burdos zapatos rojos de tacón la delataban, era Maruja, la querida del “Ninja”. El asesino -no había la menor duda-, era él, un joven callejero conocido en el sector por la manera elegante y brutal de dar patadas en las riñas. En el fondo lo habitaba la bondad y una inmisericorde existencia. Nunca le vi amigos, sólo la compañía ocasional de la muerta. El licor, las drogas y la noche habían dañado su carácter. Por efecto de la embriaguez se mostraba hosco, malencarado y peligroso. De día era jovial, hacendoso, un príncipe mendigo. Ese trastorno de personalidad, del sol a la luna, siempre me recordó la transfiguración del doctor Jekyll en mister Hyde. Nunca creí ver el horror tan de cerca. Alguna vez me resumió su miserable vida, su cuna

turbia, y lloró amargamente. Habló de su padre muerto en un tiroteo entre malhechores, de su madre santa “como un clavel”, la única mujer en quien confiaba, al resto las trataba de vividoras y traicioneras. Le pregunté por Maruja, me miró receloso, “su novia, hombre”, y únicamente me dijo que “estaba perdiendo el año”. Me conmovió tanto, que lo abracé y le di veinte mil pesos para calmar o excitar su desazón. El ‘Ninja’ oficiaba como una especie de vigilante sin carné, de celador a la intemperie, protegiendo el vecindario de truhanes como él. La Policía recogió el cadáver, después de interrogar a los celadores del vecindario que no vieron nada. La calle quedó limpia, solitaria. Permanecí como una estatua trasnochada durante largo tiempo. Miré el

imprudente reloj marcando grave las cuatro. El amanecer estaba lejos. Un ejército de niebla que bajaba desde Monserrate ocultó todo. No pude dormir. La imagen del cuerpo enmudecido en el pavimento; la figura del verdugo corriendo una y otra vez, me agobiaba. Fumé un cigarrillo con una ansiedad enorme. Pensé que era un testigo excepcional, que mi deber me obligaba a delatar al asesino. Sentí miedo. Imaginé el rostro del ‘Ninja’ a la luz del día, fingiendo de inocente, de que nada había ocurrido, y yo con esa verdad, con ese monstruo consumiéndome por dentro: paralizado de asombro y pusilánime. Maldije a la una de la madrugada y a la silueta de cuadros blancos y pardos. Compadecí a Maruja, la occisa desparramada en el pavimento. Lívida y silenciosa. Hubiera

Recibí con fastidio el nacimiento del día y las montañas azules del poniente. Me duché en el vapor de la neblina del agua caliente. Me arreglé sin afán, me di fuerzas ante el espejo, ensayando mi declaración: “Yo lo vi doblando la esquina, era él, lo reconocí por la chaqueta de cuadros, conozco a la muerta, era su novia, pero señor juez es un buen hombre, las circunstancias, la desigualdad social lo empujaron…” y me dirigí a la Comisaría. Hablaría, señalaría, confesaría, le haría frente a la impunidad. Cogí la ruta del asesino. Creí seguir sus pasos, como si fuera tras él y no a la Policía. Al frente de la plaza de mercado de La Concordia, un puñado de personas rodeaba un bulto. Los rumores insinuaban una tragedia. En el suelo reconocí la sucia chaqueta de cuadros blancos y pardos, ensangrentada. Temblé de vértigo, me embotaron las náuseas. El finado tenía una última sonrisa. Los ojos abiertos de asombro. Esa madrugada tuvo dos citas con la muerte: una de ellas se lo llevó, -cavilé introvertido-. Yo no era nada. El asesino no existía, consideré innecesario visitar la Comisaría. El alivio de la tristeza me condujo al apartamento. Lloré un minuto en silencio por el ‘Ninja’ y la inmolada Maruja. Sin querer, el destino me había salvado de ser un delator, idea que nunca me agradó; me producía un agrio sentimiento de culpa y traición. Miré el sitio donde cayó el primer muerto y recordé que el ‘Ninja’ se había quedado sin testigo.

preferido seguir muerto en el sueño; no vivo en esa pesadilla siniestra, real, que alargaba los minutos en un insomnio depredador. Parecía un fantasma esperando el sol en la oscura soledad de la sala. Las ventanas fueron las rejas de mi reflexión, de mi insoportable vigilia. Le eché la culpa a mi sueño liviano, a la noche rota por un último grito. A la casualidad. Renegué haber visto lo que vi. ¿Cómo olvidar el espanto, cómo callar el asesinato de una mujer? Yo era el delator de la noche, el juez implacable de la sociedad anónima, un sapo nervioso entre las sombras. Temí muchas cosas. A la venganza del “Ninja”, a la mudez, a la cobardía, a ser el único testigo que ante la ley me convertía en cómplice. *Escritor colombiano. ToLos rayos del sol despuntaron mado de su libro Pequela penumbra del apartamento. ños crímenes de amor.


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Por Estanislao Giménez Corte*

I Yo he visto al genio. Lo he visto ayer mismo, en una habitación contigua, en soledad, aquí, en el palacio. Escribía, el genio. Pequeño, casi insignificante, pasó en la tarde largos minutos inmóvil, con la vista sobre el papel, las paredes, la ventana, sucesivamente. A raptos de rabia o de excitación respondía resoplando, quejándose, moviéndose, acomodándose las vestimentas. Yo, expectante, desde unos tres o cuatro metros, detrás de la puerta entrecerrada, veía y escuchaba la pluma y la tinta casi cortar el grueso papel: notábase un trazo firme, inequívoco, que atosigaba el pentagrama. Luego me enteré de que no corrige. Tiene la obra completa en la cabeza, me dijeron los de la cocina. Pletórico, lleno de energía, escribía el genio. Lo he visto. Cada dos minutos, cada tres, tomaba aire, caminaba en círculos, se frotaba la cara. Acariciaba el clavel, el piano, el violín, apenas para confirmar el dictado de su mente, sospecho. Y se reía, el genio. Se reía mientras mojaba la pluma y dejaba destellos geniales en esas páginas. Destellos que yo nunca voy a poder escuchar en un concierto.

Curriculum Vitae

II Yo he visto al genio. Tiene ahora catorce años. Toca en las cortes desde los seis. Antes de los diez compuso su primera sinfonía, me dijeron los de limpieza. Conoce Londres, París, Bruselas, Roma. Su fama es moneda corriente entre reyes, príncipes, arzobispos. A nosotros, los sirvientes, no nos dejan asistir a sus presentaciones, por supuesto. Ha venido al palacio a recibir el título de maestro de conciertos, distinción casi inconcebible para alguien de su Wolfgang Amadeo Mozart

FACETAS edad. Aquí, en Salzburgo, su ciudad, su renombre es impresionante. En las esquinas se rumorea que su padre, Leopold, ha dicho que su hijo es un milagro de la naturaleza. En su mirada, que apenas pude divisar por la puerta entreabierta, hay una suerte de oscuridad o severidad que no se corresponde con su porte, aniñado aún. Acaso la férrea educación de su padre, que es además su maestro, lo ha atormentado. Pero yo qué sé. III Yo he escuchado al genio. No sé nada de música. No he tenido educación. Conozco al pequeño gigante por las desmesuras de la chusma y las exageraciones de los adláteres. Ignoro las corrientes musicales, los lugares de los vientos, la intromisión de las cuerdas; no sé lo que es un allegro ni un andante, pero ¿cómo decirlo?, después de escribir largo rato, se sentó al piano. Yo debía volver a mis tareas rápidamente; no pude. Allí quedé. Sentí entonces una suerte de placidez que no conocía y una leve excitación que corría en venas y arterias y cierta aceleración en la respiración y luego el silencio y la calma. Después devino algo así como un estallido, un estallido de notas, supongo, de hermosas notas. Yo vi tocar al genio: el clave, el violín; no leía. Sabe, de memoria, obras enteras. Puede plasmarlas en papel con escucharlas una sola vez, me dijeron los guardias. Mi ignorancia me permite apreciar, con suerte, menos que un ápice de su arte. Para mí basta. Yo, un bruto, he llorado escuchando al genio. Su padre lo llama Wolfgang; su hermana, Amadeus. *Escritor argentino. Gaceta Literaria Virtual.


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IBAGUÉ, DICIEMBRE 19 DE 2010 Editorial: Plaza & Janés Título: Un traidor como los nuestros Autor: John Le Carré Páginas: 395

Editorial: Norma Título: Ponqué y otros cuentos Autor: Carolina Sanín Páginas: 126

Bogotá, Colprensa

Luego de presentar su primera novela, ‘Todo en otra parte’, y un ensayo biográfico ‘Alfonso X’, la escritora bogotana Carolina Sanín presenta su primera colección de cuentos: ‘Ponqué y otros cuentos’. Son ocho relatos los que se encuentran en este libro, producto de años de trabajo literario, de escritura lenta y pausada de historias que llegan, son escritas y luego esperan pacientemente ver la luz en una publicación como esta. Entre personajes inocentes y fatales, a través de los cuales Carolina Sanín ha buscado su tono literario, junto a los miedos y obsesiones de los que ella desea escribir.

Bogotá, Colprensa

David Cornwell, considerado uno de los autores más importantes de la lengua inglesa, reaparece bajo el seudónimo de John Le Carré, presentando una historia entorno a la corrupción financiera. En su vigésima segunda novela, este autor plantea una intriga, denuncia política y psicología obsesiva en un mundo que para muchos puede llegar a ser tedioso y monótono, como lo es la economía. Una joven pareja de clase media alta va de vacaciones a un lugar idílico, donde se encuentran con un amable ruso, sin saber que él los involucrará en una tenebrosa mafia que posee los más grandes secretos de quienes manejan la economía mundial.

Editorial: Intermedio Editores Título: Dios no conocido Autor: Juan C. Villegas Páginas: 206

Editorial: Planeta Título: Revelado Autor: Santiago Cepeda Páginas: 250

Bogotá, Colprensa

Este año, con el fin de promocionar las nuevas plumas de la literatura colombiana, se creó el Premio de Novela Joven de la Embajada de España-Colsanitas, el cual ganó el escritor bogotano Santiago Cepeda, de 24 años. Cepeda este año ha logrado ganar el Premio Nacional de Poesía Inédita con su obra ‘Arder no ha sido luz’, así que culmina un año de excelentes resultados en sus primeros pasos en el mundo de las letras. Gracias a su ritmo propio en la escritura y su visión particular sobre el mundo, Cepeda logró este galardón literario, contando la historia de un joven que intenta sobreponerse de la muerte de su padre, mientras recibe como herencia el diario secreto de un legenda rio rockero de antaño.

Bogotá, Colprensa

Juan C. Villegas ha entregado su vida al mundo de la fe y el espíritu, siempre encami nada a ser útil para los demás, lo que le ha permitido tener una visión más amplia de su noción de Dios, que ahora comparte en este libro. Se trata de ‘Dios no conocido’, un ser que no pertenece a ninguna religión, la presenta como una Divinidad que no distingue credo, raza o clase social. Tan sencillo como profundo, Juan C. Villegas muestra a Dios como “Un modelo de amor para todos”. De manera afortunada, el escritor se aleja de la rigidez de los dogmas religiosos, para crear un libro que no es una última palabra. Es una brújula que le permite al lector superar sus problemas del pasado, una guía diaria y hacerse una visión propia de la vida.

DIRECTOR: Antonio Melo Salazar JEFE DE REDACCIÓN: Martha Myriam Páez Morales COORDINADOR: Benhur Sánchez Suárez, Redacción cultural EL NUEVO DÍA PERIODISTA: Sandra Lombana M. EDITOR: Jenny Perdomo DISEÑO: Katherine Moreno ILUSTRACIONES: Obras del pintor colombiano, Fernando Mogollón. Colarte.com FOTOS: Hélmer Parra, suministradas, Colprensa, EL NUEVO DÍA. Carrera 6 No. 12-09 Tels. 2770050 - 2610966 Ibagué Tolima - Colombia Apartado Aéreo 5476908-K www.elnuevodia.com.co Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa del Grupo Editorial Aguasclaras S.A.. ISSN: 021545-8.


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