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IBAGUÉ, JULIO 3 DE 2011

FA CE

TAS CULTURA AL DÍA De Esperanza Carvajal Gallego

Peldaños para escalar la noche Ángela Lorena Osorio

Guadua, en exposición

Pilar de los cafeteros

Hernán Camilo Yepes Vásquez Carranga sinfónica

Raíces campesinas y alta cultura

Jorge Ladino Gaitán Bayona


FACETAS

IBAGUÉ, JULIO 3 DE 2011

Mujeres amadas, de Marco Tulio Aguilera Por: Pablo Giordano*

Quizá, todas las amantes sean una. Pero cuando cualquiera de ellas se erige como una más, es todas menos una, Irgla, que enferma a Ramos y lo lleva a contar esta novela de amor, y sospecho, de ninguna otra cosa. No es una chica fácil Irgla; al igual que la literatura, merece grandes sacrificios, embarcarse hacia lo desconocido y perderse de a momentos en viejos fantasmas ahora palpables, algunos dulces y eternos, otros decadentes, penosos; creyendo que eso nos hará mejores y merecedores de la amada. Pero nada más letal que el tiempo, el que todo lo destruye, el que nos descompone mientras nos creemos componiendo. Los personajes y sus paradigmas van sumando capa sobre capa en una historia hojaldrada y difícil, pero fresca. Siempre su amor por Irgla da anclaje al delirio y la expansión. Ramos no miente su paciencia ni su amor, está sometido a ella, a lo que el destino depare, todo será justo si incluye a Irgla. La prosa es oral y veloz, caótica de a momentos, florida y anecdótica. Su humor particular espera a la vuelta de alguna analogía que creíamos ociosa, pero que contemplamos vibrante. “Hay pocas verdades

Caudillo A lo largo de la historia, han sido incontables los pueblos que fueron (y los que son) dirigidos por caudillos, entendida la palabra como «aquel que guía y manda soldados» y, por

absolutas. Una de ellas es ésta: cuando el ser humano se halla al borde de la resistencia, agobiado por la desesperanza y se siente estúpido, inútil, mierda en su estado más puro, le basta enfrentarse y gozar de una obra de arte para salir del abismo. Esa misteriosa alquimia que produce el arte surge de extrañas fuentes que no quiero o puedo desentrañar. Después del partido de básquet, sudoroso y feliz, regresé a mi habitación convencido de que había participado en un ritual, en una especie de exorcismo, y que ya Jenny había sido expulsada de mi cuerpo”. La primera edición de Mujeres Amadas apareció en 1988 en la editorial de la Universidad de Veracruz, México, donde el colombiano trabaja como catedrático. Conocía cierta fama gracias a la edición argentina de Breve historia de todas las cosas (1975), su ópera prima a los 25 años, la cual recibió el Premio Nacional de literatura de Costa Rica “Aquiles J. Echevarría”. Después llegaron los volúmenes de cuentos Alquimia Popular (1979) y Cuentos para después de hacer el amor; y otra novela, Paraísos Hostiles (1985). Germán Vargas, uno de los sabios de Cien años de soledad y maestro de Garcia Márquez, dijo que esta novela era un “tratado de erotismo

burlesco-trascendental” y el propio Gabo “una de las mejores novelas eróticas de la literatura colombiana del siglo XX”. Como bien definió Diana Maritza Arango Loaiza, el lenguaje del amor, quiérase o no, es un lenguaje literario. Todo aquel que ama se convierte casi automáticamente en un poeta. Si se considera brevemente los mecanismos del amor, este fenómeno no tiene por qué resultar extraño. Amar es una apuesta por la esperanza (espera del ser amado, espera del encuentro, espera de la felicidad) en que el mundo se vuelve más detallado y colorido. Por ello son tan comunes las sospechas, los índices y las grandes pistas que el amante ve en los pequeños detalles y que a la larga conforman toda historia de amor. Imposible referirse a este mundo suprarrealista sin tener que echar mano a la poesía, imposible no sentir que el lenguaje corriente se torna escaso e insuficiente para describir lo que sentimos. No hay que extrañarse entonces de que la literatura, ya sea desde la poesía o la narrativa, ha sido desde siempre la forma por excelencia para referirnos al amor. Detrás de

tanto amor, y sexo y mujeres, está Marco Tulio, con su acidez galopante reflexionando sobre el mundo contemporáneo e inflando el pecho, como le gusta, hablando de sí a través de un personaje. Pero el resultado no es lo que a primera vista imaginamos como algo cercano a lo adolescente sino, muy por el contrario, un trabajo estético elaborado a la altura de un escritor como él; poco conoci-

do hoy a pesar de haber sido en los 70 y 80 la oveja negra y genial (underground) de un boom latinoamericano ya en merma. Mujeres amadas sugiere una pieza faltante en un rompecabezas personal, donde es inevitable perderse en otros brazos que no son los de la amada, para reconocer los encastres que la configuran, y la vuelven imprescindible. Aunque el tiempo nos devore. *Escritor argentino

Palabra del día extensión, «el que dirige alguna corporación, gremio o partido político». A pesar de que este vocablo ha adquirido en las últimas décadas un cierto tufillo despec-

tivo, los partidarios de la Dictadura en España (1939-1975) llaman así, y con mayúscula, al líder fascista Francisco Franco, en sintagmas como Su Excelencia el Caudillo de España

Francisco Franco Bahamonde. En América Latina, suele ser denominados actualmente con esta palabra a líderes populistas que se apoyan en grandes masas para conquistar el

poder o para sostenerse en él. La palabra proviene del latín vulgar capitellus, de denotación análoga y que se deriva, por su parte, del latín clásico caput, -itis (cabeza).


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Peldaños para escalar la noche Por: Ángela Lorena Osorio*

Desde el título mismo su autora, Esperanza Carvajal Gallego, tolimense nacida en Palocabildo, nos da una idea del contenido de su antología, nos indica que es de la noche que se va a hablar y más que de la noche como espacio cronológico que inicia con la caída del Sol y se termina con la puesta del mismo, es de la oscuridad, que puede ser comparada con la que siente el alma afligida del ser. Poco a poco, a través de cada poema, la autora ausculta los estados más recónditos del ser, pero lo hace de una manera tan bella, que es inevitable sentir cómo la piel se eriza al leer, por ejemplo, “me tiendo en el costado / más temible de la noche/ y reconozco el tiempo / en la sed de los espejos” (1). Toda su antología es una mezcla de angustia y melancolía, hilo conductor que es desarrollado en sus 70 poemas, antología que recoge algunos de los poemas pertenecientes a sus libros El perfil de la memoria, Las trampas del instante y Festín entre fantasmas. Esperanza poetiza la desesperación y la impotencia del ser frente a la desidia y el olvido. Nos hemos convertido en individuos sin memoria, capaces de dejar atrás sucesos que enmarcan esferas oscuras del hombre: la violencia, el dolor, la muerte, la envidia y el desamor; pero al mismo tiempo, como suerte de contradicción, devela la aflicción que causa recordar; recordar que a veces como “seres humanos” causamos daño y dolor: “De repente / nos encontramos en el festejo / de las pequeñas miserias, / pero en

cada instante nos asiste / el inmerecido oficio de recordar” (2). Cada poema es una sucesión del otro, concuerda con imágenes de dolor y soledad, estados que son inherentes al hombre, cosa que Esperanza Carvajal hace presente durante su antología. Desde el más sensible poeta hasta el más cruel y despiadado asesino ha sentido dolor, ha estado inmerso en la soledad absoluta donde su consciencia encarna el papel de juez y ha sentido la angustia que le genera su es-

tado. Cada ser humano, desde sus diferentes facetas, encarna algo de miedo, se siente acompañado por la sombra de sus actos más míseros, y la angustia se convierte en “el pan de cada día”. La impotencia se apodera del hombre y es sólo a través de los versos que logra encontrar calma: “La poesía se emplea para aplacar las tormentas del alma, redimir a una mujer o un hombre” (3). Esto lo representa muy bien esta escritora tolimense. Cada verso está perfectamente

pensado y organizado de forma tal que hay tiempo para ir y venir en el desenfreno del hombre; ha escogido un escenario brillante: la noche. Ella se presenta aquí como la dueña, la culpable y la inocente de las emociones más intimas del individuo, es el mejor escenario para aflorar lo interno, para preguntarnos por el ser y su existencia; porque la noche, contrario al día, permite que el hombre revele su inconsciencia: lo oscuro, lo escondido, lo que a la luz del día nos genera temor y desconfianza. De allí que la soledad tenga el matiz de la oscuridad, que la ­muerte esté bajo pinceladas negras que encarnan la profundidad de la existencia. La muerte en estos versos no es el fin de la vida; por el contrario, es el comienzo de una nueva, es la posibilidad de algo mejor, y el regocijo de encontrar a quienes se han ido: “¡Cuánto habré de esperar / para que mis manos escalen la soga/ de otro cielo!” (4); “Exprimo un puñado de muerte a la muerte / y la hoja sangra / la hora del poema” (5). La muerte tiene su propio lenguaje, la muerte en las metáforas de esta escritora no genera miedo, la muerte es un fin en sí misma, porque se muestra al hombre como la alternativa de encontrar lo que se ha ido, lo que ella misma le ha arre­batado. Cada imagen que ella propone logra clavarse en la mente del lector produciendo emociones y sensaciones que pretenden hacer evidente que “la primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar”, en palabras de Gastón Bachelard. En esta

FACETAS antología se refleja una pérdida de la esperanza, estado que agota la existencia del ser y que concatenada al dolor y a la soledad lleva al hombre a experimentar la oscuridad de su vida. Hay espacio para la desolación, la tristeza y el abandono. Todo lo bello se crea a partir del juego de la noche con la soledad. Cada verso es una “transgresión del sentido común, un halo místico que impulsa los dedos, un flagelo al silencio” (6). Cada poema es una conexión con el ser mismo que busca dar respuesta a su existencia encontrándose con su realidad, cruel y temeraria, que a diario intenta ocultar: “Todos tenemos/ una hora mísera y perversa/ en la que salen a pastar/ nuestras secretas infamias” (7). *Estudiante de Licenciatura en Lengua Castellana, UT, alog2103@gmail.com

REFERENCIAS 1. CARVAJAL, Esperanza. Peldaños para escalar la noche. Poema titulado “teorema”. Ibagué: Caza de libros, p. 19. 2. Poema titulado “Inmerecido oficio de recordar”, p. 38. 3. HERNÁNDEZ OROPEZA, Prócoro. “Para qué sirve la poesía: el concepto de poesía en Octavio Paz”. Revista digitalinter-forum. Tomado el 17 de mayo de 2011 a las 22:00 horas, de: http:// www.revistainterforum. com/espanol/articulos/ 051202artliter.html 4. Poema titulado “La soledad empluma su vuelo”, p. 25 5. Poema titulado “La hoja sangra la hora del poema”, p. 28 6. HERNÁNDEZ OROPEZA, Prócoro. Ibiden. 7. Carvajal, Esperanza. Poema “Monólogo”, p. 60.


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n la influencia hacia la co­ o Historias como esta, que incluye eter Caf Eje del las o com ilias fam del descubrimiento y Toda una tradición que zación antioqueña, se generan a partir loni s, casa en dola lizán eria mat proviene del han logrado apropiar a sus rutinas, ión de la vida diaria de esta especie, que piac apro la as, saní arte s, piso s, ante en regiones tropicales de América, instrumentos musicales, puentes colg Repú­ bambú, una planta que crece la de co Ban del ural cult área el aca muebles y demás, dest Asia, África y Australia. de la exposición, blica en los años más recientes. plear la palabra ‘pilar’ en el nombre Em ca iote bibl la ito, pós pro este ducto más Por esto, y sin quedar atrás en acar que la guadua no es sólo un pro dest ifica sign ulos mód cteriza por Darío Echandía de Ibagué exhibe en 16 de la Madre Tierra, sino que se cara ura, cult , ción XXI en niza siglo colo , del icas os “Desde tiempos ir a la par de los requerimient atractivos, entre crón o rrid reco un soste­ a, ro, áne ade por ecosistema y vida contem cuanto a ser natural, renovable, dur milenarios, la guaien­ ham vec rgía, ene de a través de los diversos usos y apro nible en el tiempo, de poco consumo dua ha sido prota. tos de esta planta. rápido crecimiento y alto valor estético del dad utili la múltiples de la sus hab do can sólo gonista del paisaje Esto, añadiendo y reivindi La muestra no , bién tam ja, refle sus plan­ s ”; pue etal más conocido “acero veg y la cultura en el contribuciones medioambientales, Juan de el o l para con­ toda una inspiración de escritos com tas se constituyen como el recurso idea Eje Cafetero”. ñol, espa a lo que se de Castellanos, cronista y sacerdote servar suelos inestables y pendientes, una de y nte aves, 20 ame de 48 llad tas, deta quien la describiera añade las 120 especies de plan tres ilus nes ma. varo siste de eco el ías quecen manera épica, en sus Eleg de mamíferos y siete de reptiles que enri un ue, areq de Indias, en 1589. , la muestra visual se extiende al bah bién Tam ­ stru con 3 155 en que to l de muros de caña y tierra, que Se suma a este interés el breve rela historia­ ­sistema constructivo universa e ista cron r, tado quis con n, Leó de a partir de la utilización yera Pedro Cieza se resolvió en el Centro de Colombia una en ú, Per a tar con en o cad enfo su carácter sismorre­ dor nacido en España, pero guadua y barro, y que es halagada por de ca acer es cion erva obs sus lizó ­crónica en que también inmorta sistente. de la guadua.

n, En nuestra regió s los más cercano referentes a la bra guadua son la o los musical “Lloran guaduales”, com e puesta por Jorg serVillamil, y la re fé va natural Santa es, de Los Guadual de en el Occidente Ibagué.

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a ias a l “Grac , el a guadu antioe r homb udo p queño der la n e empr entura v dura a izar la n o de col afetera nc regió . y” de ho

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Generalidades Eduardo Londoño, Martha Lucía Usaquén, Ximena Londoño, ingeniera agrónoma de la Universidad Nacional, y María Alicia Uribe, arqueóloga, son los encargados de la curaduría de esta muestra, que además orientará al potencial observador sobre las contribuciones que la planta ofrece al medio ambiente y los procesos del siglo XXI en torno de la misma. La exposición, procedente de las áreas culturales del Banco de la ­República de Armenia, Quindío;­ ­Pereira, Risaralda, y Manizales, Caldas, ­permanecerá a la vista del público hasta el próximo 27 de agosto, de 8:00 de la mañana a 6:00 de la tarde en jornada continua.

4 1 De 16 módulos se compone la muestra, alojada en la Sala de Exposiciones del primer piso.

Entre México y Argentina crecen las 36 especies de guadua existentes. En Colombia, la más común es la Guadua angustifolia kunth, frecuente en el Triángulo del Café.

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La guadua se caracteriza por ser de rápido crecimiento, liviana, recta, larga, hueca y con alta resistencia a la tensión, la comprensión y la flexión.

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Tángara cabecifurra, especie aviar que depende de la guadua, que puede crecer 30 metros o más en cuatro años.

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La catedral alterna de Pereira, construida luego del ­terremoto de enero 25 de 1999, es una de las experiencias exitosas con la planta.

“Cañas altas, huecas, pero duras, tanto que no tendré por gran exceso comprarlas en estas escrituras a la dureza del humano hueso: largos cañutos son sus coyunturas, como muslos de un hombre lo más grueso”. (Juan de Castellanos, 1589)


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El cuento

Por José Hilario Yepes*

Aún conservo la imagen de esa casa. Las puertas y ventanas permanecen trancadas para no permitir la entrada de comentarios. La luz del Sol hace muchos años dejó de penetrar en esa habitación convertida en monasterio. El tiempo ha dado vueltas sobre sí mismo y se ha arremolinado en un espacio en donde las telarañas y el olvido reinan para siempre. Adentro, camina con pies hinchados y en unos alpargates de fique, con pasos felinos para no provocar ruido, una mujer con el pelo crespo y tinturado, nariz sobresaliente,

La tejedora que nunca ha dejado la misión de elaborar colchas, que ha ido coleccionando en una alcoba como depósito de fábrica. En la casa duermen los objetos añejos por el orín del tiempo, cocina en ollas de barro, y se ve el pilón y la piedra para moler, el molinillo de atornillar las frutas y despedazar la pulpa para el jugo de mango y chirimoya. No

cuenta con servicios de agua ni luz, utiliza una letrina, un aljibe y la lumbre de una lámpara de petróleo. En esa casa el tiempo quedó detenido con el fallecimiento de los padres de la mujer, que hace muchos años no deja ver su rostro. Cuando estaba entrada en años, un hombre sigiloso, como un zorro especializado en gallinas viejas, se metía en las noches sin luna por la puerta que da acceso a “la quebradita”. El hombre, que ejercía como notario del pueblo, enamoró a la mujer dándole frecuentes castigos en un plan estratégico para adueñarse de las propiedades de la familia. Tomó la firma de la anciana madre aprovechando que había refundido la memoria en los laberintos del tiempo. El dinero de la casa, la finca y otras propiedades le sirvieron al notario para dar estudio a sus hijos. A la mujer de las colchas

Poesía Uno

Diez

Mientras gime, en la noche, al vaivén de las olas de las sábanas, con voz entrecortada ella me dice que el pan que a ella le llena es este pan, que no hay guerra más justa que esta guerra ni paz más merecida que esta paz. Lo dice entre susurros; su boca es una brasa en mis oídos; no pesa más mi cuerpo sobre el suyo, no incendia más mi amor sobre su amor. Y yo que nunca tuve más milicia ni nací destinado para la hostilidad, obedezco estas órdenes tan fieras y hiero con destreza y acometo con furia, y sordo y ciego y despiadado no hago caso de los ayes ni caso al alarido: sólo acato su voz.

Acaso ningún poema sobreviva, y ni siquiera un verso, de todo cuanto escribo. Pero no aspira a ser pasto de los que vienen, vianda de los que aún ni siquiera han nacido. Yo escribo para ti, ahora que tú puedes leer estas palabras; ni el dolor ni la dicha conozco del futuro; de los que vienen digo que ellos hagan su amor y lo deshagan; si son capaces de apretar las brasas, podrán sin duda arder y sin duda pondrán otras palabras. Juan Domingo Argüelles Poeta y ensayista mexicano

le prohibió tajantemente salir de la casa, orden que ha seguido “La Tejedora” con todo el rigor de la promesa. Aún después de muchos años de la muerte del notario, quien falleció cuando tramitaba su pensión, la mujer continúa aislada con su labor obstinada de araña, tejiendo colchas, sin ningún objetivo comercial. Ha quedado sola, sin familia, ya que cuando falleció su madre y después de un tiempo de delicadas atenciones, los familiares se dieron cuenta de que la mujer de las colchas había vendido el patrimonio de familia, lo cual sirvió para el distanciamiento de hermanos y sobrinos. Ahora “La Tejedora” vive sola, sin amistades y sin familia, debido al mal genio que sirve de alimento en el patio próximo a “la quebradita”, a una bella colección de orquídeas blancas, rojas, moradas, azules, las hay matizadas y unas diminutas de tierra, así también como la exótica flor llamada “Zapatico del

Obispo”, tal vez, como construyendo un camino romántico por el cual penetraba en sueños el notario enamorado en noches de plenilunio. En varias ocasiones la mujer de la historia se queda profundamente dormida, despertándose luego en un silencio monástico, enredada como un insecto entre los hilos de los tejidos. No se ha vuelto a observar en la puerta de “la quebradita” la sombra de un hombre deslizándose como serpiente en busca de la presa: un amor de mujer que nunca tuvo pretendientes. De aquel paisaje de pueblo desaparecieron hombres, burro, catabre y el tiempo, que sigue corriendo con pies de veloz atleta, pero aún sigue viva la historia de una mujer que continuará en un sueño de amor, tejiendo colchas de colores, para abrigar los fantasmas que habitan en su imaginación senil. *Escritor colombiano


IBAGUÉ, JULIO 3 DE 2011 Por Jorge Ladino Gaitán Bayona*

Decía Beethoven que “la música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”. Esta consideración toma validez al indagar la manera ingeniosa como la música Carranga condensa la forma en que el campesino colombiano contempla su relación con la tierra, los animales, el amor, el viaje y las tensiones entre el campo y la ciudad. Como lo destaca Claudia Isabel Serrano, la Carranga “llevó a las personas a pensar en su región, a reconocerse en una determinada cultura, que compartía saberes campesinos, formas de sentir, de soñar, de pervivir. Esta bailadorcita logró que las personas no sintieran vergüenza de identificarse con el ser campesino; un modelo pedagógico para los niños y niñas, objeto legítimo de estudio científico en las ciencias sociales” (1). Justamente, desde las ciencias sociales, los doctores Tomás Sánchez Amaya y Alejandro Acosta Ayerbe han explorado con acierto la Carranga como uno de los géneros insignes de la cultura campesina colombiana, oriunda del Altiplano Cundiboyacense, pero de rápida expansión a otras zonas del país y con ámbito de recepción en el exterior: sus giras por Argentina, Bolivia, Ecuador, México y Perú, pero también sus presentaciones en el Madison Square Garden de Nueva York y en teatros de Moscú, Barcelona, Madrid, entre otros. Es indudable que la producción musical de este género, con más de 30 años de historia, “se ha ocupado de un variado repertorio en términos de ritmos, estilos y temas, dirigidos en un primer lugar a los habitantes del campo; sin embargo, la difusión se ha extendido más allá de las fronteras de lo rural y ha incursionado por diversos medios en las ciudades. De modo que sus audiencias no son solamente campesinas, sino que sus mensajes impregnados de contenido social -reflejo de la realidad y de la condición humana-, han conquistado el gusto de una considerable audiencia, que la usa de diferentes modos y con diversas finalidades” (2). Desde 1979, en la Emisora

Carranga sinfónica: raíces campesinas y alta cultura Radio Furatena de Chiquinquirá, donde Jorge Velosa Ruiz (veterinario de la Universidad Nacional) empezó a comunicar sus coplas e interacciones con la música folclórica colombiana que derivarían en su primer álbum, titulado Los carrangueros de Ráquira (1980), hasta el nuevo siglo, la Carranga es un poderoso sistema cultural que no sólo suma los 19 trabajos musicales y más de 200 temas de Jorge Velosa en solitario y en colectivo, sino también más de dos mil canciones de agrupaciones carrangueras a lo largo del país. Otras esferas de la música no escapan a su influjo: no es raro escuchar en conciertos a una banda de rock alternativo como Doctor Krápula interpretando “La china que yo tenía”. Del mismo modo, en el departamento de Boyacá, de donde es oriundo el maestro Jorge Velosa (Ráquira, 1949), se conformaría un in-

teresante grupo de rock llamado Velo de Oza que interpreta clásicos del carranguero mayor como “La china que yo tenía”, “Julia, Julia, Julia” y “Las diabluras”. Teniendo en cuenta lo anterior, cobra sentido que, como fruto de ensayos y varias presentaciones en el 2010, saliera en el 2011 el disco compacto Carranga sinfónica. Jorge Velosa y los Carrangueros se unieron con la Orquesta Sinfónica de Colombia para llegar a este inolvidable álbum. El requinto de Jorge González Virviescas, la guitarra de José Fernández Rivas, el tiple de Manuel Cortez, la guacharaca y la armónica y la primera voz de Jorge Velosa (en definitiva la actual agrupación Jorge Velosa y Los Carrangueros) se funden armónicamente con violines, violas, violonchelos, contrabajos, flautas, oboes, clarinetes, fagotes, cornos, trompetas, trombones, timba-

les, tuba, piano, arpa y percusión de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro Eduardo Carrizosa. En Carranga sinfónica el acople de la cultura popular con la cultura clásica permite valorar ritmos folclóricos de los que abreva la Carranga (guabinas, rajaleñas, bambucos y torbellinos). Por este disco se deslizan coplas (“Dónde estarán tantán”, “Lero, lero, candelero”), odas al campo (“Canto a mi vereda” “El rey pobre” y “Boyaquito sigo siendo”), divertimentos que hablan de diablos traviesos (“Las diabluras”) y de avatares de animales de finca (“La gallina mellicera” o “La pirinola” donde se canta la tragedia de una vaca, “la mejor para ordeñar”, que terminó ahorcada), una rumba que celebra a quienes deciden unir sus vidas (“Por fin se van a casar”), canciones que exaltan la tierra, sus bondades, rituales de culti-

FACETAS vo, frutos y flores que llegan a seres humildes (“El cagajón” y “La rumba de las flores”), merengues carrangueros que contienen en sus melodías el violento choque cultural del campesino que migra a la ciudad (“La cucharita” y “La china que yo tenía”), un canto de amor que entroniza a la mujer por encima de camiones y objetos casi sagrados para trabajadores rurales (“Julia, Julia, Julia”) y hasta una rumba rap que moraliza a quienes con sus actos cotidianos generan daños ecológicos (“El marranito”). En fin, la Carranga, “pregonera de la vida y la alegría de la gente campesina” (3) alcanza un alto grado de legitimación antropológica y cultural al ocupar con acierto las instancias de la esfera clásica. Se trata de un diálogo intercultural valioso entre un ritmo campesino y la música sinfónica en un disco que vale la pena ser disfrutado por nacionales y extranjeros por la limpieza de su sonido, la jocosidad de sus letras y la alegría y armazón de sus melodías depuradas. *Profesor UT, Doctor en ­Literatura de la Universidad Católica de Chile, jlgaitan@ut.edu.co

REFERENCIAS 1. Serrano Otero, Claudia Isabel. La carranga, memoria y cultura. Tomado de 15 de junio de 2011 de: http:// www.correvedile.com/carranga-memoria-cultura 2. Sánchez Amaya, Tomás y Acosta Ayerbe, Alejandro. “Música popular campesina. Usos sociales, incursión en escenarios escolares y apropiación por los niños y niñas: la propuesta musical de Velosa y Los Carrangueros”. En: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, vol. 6 no. 1 Manizales, Enero - Junio 2008. http://www. scielo.unal.edu.co/scielo. php?pid=S1692-715X2008 000100005&script=sci_arttext 3. Ibíd.


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IBAGUÉ, JULIO 3 DE 2011 Editorial: Fondo de Cultura ­E conómica Título: Zanaforius el grande Autor: Kestutis Kasparavicius Páginas: 62

Editorial: Sudamericana Título: Así vivo yo Autor: Pilar Lozano Páginas: 104 Bogotá, Colprensa

Bogotá, Colprensa

Pilar Lozano, junto con la ilustradora María Fernanda Mantilla, presentan el libro “Así vivo yo: Colombia contada por los niños”. Se trata de un viaje por Colombia a través de las narraciones que Lozano iba escuchando, en un libro que se puede comenzar a leer por cualquier capítulo, que va desde los niños del Caribe colombiano y pasa por la región Andina, hasta llegar a la zona selvática, donde los niños, desde muy pequeños, aprenden a reconocer las huellas que dejan los felinos que habitan dichas zonas. Un viaje sin maleta y, a la vez, una ruta distinta para transitar por una Colombia colorida, mágica y alucinante, como sólo los niños pueden plasmar en sus relatos.

Desde la lejana Lituania llega la obra de Kestutis Kasparavicius, uno de los ilustradores de libros infantiles de mayor renombre en Europa, en especial por su trabajo en acuarela, con textos traducidos a más de 16 idiomas. Ahora, llega con la historia de Zanaforius, un conejo que nota, con envidia, cómo su vecino oso crece más rápido que él. Así, decide dejar la dieta típica de los conejos y dedicarse a los dulces y pasteles. Cuando se da cuenta, no puede salir de casa por estar tan gordo. Un bella lección de vida para los niños, quienes suelen ser devoradores de dulces y chocolates, sin pensar que el exceso podría hacerles daño.

Editorial: Fondo de Cultura Económica Título: Arriba y abajo Autor: Oliver Jeffers Páginas: 40

Editorial: Lumen Título: Las barbas del árbol Autor: Triunfo Arciniegas Páginas: 36 Bogotá, Colprensa

El autor santandereano de relatos infantiles Triunfo Arciniegas presenta un hermoso y nostálgico álbum ilustrado, en donde el viejo abuelo es comparado con un árbol que envejece: mientras él muere, el árbol permanece y la vida continúa con nuevos afectos. Es, sin duda, un bello poema que habla sobre la vida y la muerte, sobre los que se quedan y los que se van. Un libro que permite entablar diálogos profundos con niños y con adultos. Es un cambio de temática en la ya extensa obra de este autor de Málaga, Santander, quien se había caracterizado por sus relatos infantiles sobre gatos bandidos, ángeles, vampiros y otros monstruos.

Bogotá, Colprensa

El niño anónimo que protagoniza una buena parte de la obra de relatos infantiles del escritor irlandés, Oliver Jeffers, vuelve a aparecer, esta vez con “Arriba y abajo”. Se trata de una historia de locuras y anhelos; siempre el protagonista junto con su fiel amigo, un pingüino, a quien ahora se le metió la idea de que quiere volar. Claro, tiene alas, ¡por qué no querría hacerlo! Así, los dos inician un viaje mágico, en que las derrotas son muchas, pero nunca se dan por vencidos, pues el sueño del pingüino se convierte en la meta de los dos, y no descansarán hasta lograrlo.

DIRECTOR: Antonio Melo Salazar JEFE DE REDACCIÓN: Martha Myriam Páez Morales COORDINADOR: Benhur Sánchez Suárez, Redacción cultural EL NUEVO DÍA PERIODISTA: Hernán Camilo Yepes Vásquez EDITOR: Hernán Camilo Yepes Vásquez DISEÑO: Freddy Herrán Peralta ILUSTRACIONES: Obras del pintor colombiano Luis Caballero. FOTOS: Camilo Yepes - Internet - Colprensa Carrera 6a. No. 12-09 Tels.: 2770050 - 2610966 Ibagué - Tolima - Colombia Apartado Aéreo 5476908-K www.elnuevodia.com.co Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa del Grupo Editorial Aguasclaras S.A.. ISSN: 021545-8.


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