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Las Nanopartículas

MALINALCO El crisol de los Guerreros Mexicas

El Camino de Santiago

DE SOPHIA 1 Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencidoELaMUNDO sí mismo. Buda


Contenidos Pág. 5 Ciencia Las nanopartículas Elvira Rey

Pág. 8 Filosofía Filosofía Práctica Elena Machado

Pág. 11 Lo que algunos dijeron sobre... Los viajes Pág. 12 Actualidad El Espíritu Olímpico Francis J. Vilar

Pág. 16 Historia Malinalco

El crisol de los guerreros mexicas Daniel Capllonch

Pág. 21 Libros y películas Pág. 22 Oriente La vía del Shibumi Francis J. Vilar

Pág. 26 Arqueología Arqueoastronomía Mónica Gutiérrez

Pág. 32 Literatura Walt Whitman Elvira Rey

Pág. 36 El Camino de Santiago Nacho Vilar

Pág. 39 Cartas a un joven idealista La Voluntad Herminia Gisbert

EL MUNDO DE SOPHIA 2012 Nº 44

DIRECTOR: Francis J.Vilar JEFE DE REDACCIÓN: Felipe Aguirre REDACCIÓN Y MAQUETACIÓN: Elvira Rey Rafel Ballester DISEÑO GRÁFICO: Víctor Vilar José Luís Gil HAN COLABORADO: Francis J.Vilar Herminia Gisbert Víctor Vilar Daniel Capllonch Mónica Gutiérrez Nacho Vilar Elena Machado Elvira Rey

Una publicación de: Fundación Sophia c/ Jaime Ferrer, 3 Palma de Mallorca (Baleares) www.fundacionsophia.com Tel: 971 72 15 55 mundosophia@mundosophia.com redacción@mundosophia.com www.mundosophia.com D. L. PM-2099-98 Los artículos firmados expresan única y exclusivamente la opinión de su autor, quien se hace responsable de la vercidad y autoría de los contenidos expuestos.


Los Juegos Olímpicos

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na vez, hace mucho tiempo, cuando el siglo XIX se encaminaba hacia su última década, y el siglo XX se perfilaba ya en el horizonte como un prometedor futuro de esperanza… un hombre tuvo un sueño. Se llamaba Pierre Fredy, Barón de Coubertin. Desde el año 1829 los gobiernos de Francia y Alemania habían estado excavando sistemáticamente para descubrir los legendarios monumentos de Olimpia, y en 1881, las ruinas de la antigua ciudad santuario que había sido la cuna ancestral del atletismo y la patria de los Juegos Olímpicos, quedaron por fin completamente desenterradas. Ahora, después de quince siglos envueltas en un silencioso manto de soledad y olvido, las viejas piedras de sus amplias calles y avenidas, de sus templos, fuentes y altares, de los pórticos y columnas que sostenían sus majestuosos edificios, de sus relieves con escenas legendarias y de sus estatuas de jóvenes héroes con cuerpos de bronce y mirada de eternidad, surgían de nuevo desde las arenas del tiempo para alzarse verticales y desafiantes a la luz del día, como perenne recordatorio de un sueño de siglos, de una leyenda viviente, de un espíritu intemporal… el Ideal Olímpico. Un ideal lo suficientemente noble, elevado y poderoso, como para perdurar durante más de mil doscientos años, desde el 884 a C., hasta el año 393 d.C., en el que el emperador cristiano Teodosio I prohibió la celebración de los Juegos Olímpicos por

considerarlos una festividad «pagana». A partir de ese momento las gentes dejaron de ir a la ciudad sagrada de Olimpia, bajo peligro de excomunión. Sus calles, plazas y edificios, otrora alegres y bulliciosos, estaban ahora desiertos. Sus templos y altares quedaron abandonados. Muchas de sus estatuas y relieves fueron intencionadamente mutiladas, y en el legendario estadio de Olimpia ya no volvió a escucharse nunca más el clamor de los vítores y aplausos que ensalzaban las hazañas de los atletas victoriosos. Sin embargo, la gloria de Olimpia no desapareció para siempre, ya que su recuerdo permaneció guardado en algún oscuro rincón de la memoria profunda de la humanidad. Por eso, quince siglos después, impulsada tal vez por la misteriosa ley del «Eterno Retorno», la antorcha del espíritu olímpico habría de iluminar de nuevo el corazón de los hombres, inspirando la celebración de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. m

Editorial

La Palestra del Santuario de Olimpia.

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el Tesoro de la Felicidad

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egún una antigua leyenda, hace mucho tiempo, en la llamada Edad de Oro, los hombres vivían felices en armonía con la naturaleza. Con el correr de los tiempos comenzaron a hacer mal uso de los conocimientos legados por los dioses y fueron separándose cada vez más de las leyes naturales, provocando grandes males a sí mismos y a las demás criaturas. Los dioses decidieron proteger y guardar «el secreto de la felicidad» de las egoístas manos de los hombres. El problema era dónde esconderlo. Si lo ocultaban demasiado, los seres humanos jamás lo hallarían y no habría esperanza para ellos. Por otro lado, si lo dejaban accesible, éstos volverían a encontrarlo fácilmente sin reconocer su verdadero valor. Después de mucho debatir, se percataron de que a pesar de ser escondido en un recóndito lugar, siempre la astucia de estos inteligentes seres lograría descubrirlo. En estas tribulaciones se encontraban, cuando un dios, tal vez el más sabio, sugirió encerrarlo en un lugar en el que al hombre no se le ocurriría buscar, su propio corazón. Afanado en buscarlo fuera de sí, nunca miraría en su propio interior. La historia no concluye aquí. Cuentan que, apiadados de la condición humana, los dioses entregaron a los hombres una llave mágica que le permitiera acceder a tal tesoro. Esa llave fue la Filosofía.

Tal vez esta afirmación les resulte un tanto extraña a los lectores. Más de dos mil años de filosofía y parece que la búsqueda continúa, cómo si ninguna persona la hubiera encontrado; cómo si en esto de la felicidad ningún método fuera universalmente válido, salvo el que uno es capaz de aplicar por sí mismo. Desde hace varios miles de años, tanto en Oriente como en Occidente florecieron diversas vías filosóficas que intentaron descubrir el secreto de una vida feliz. Así nació la «ética», rama de la filosofía que estudia las costumbres del hombre, el cómo ajusta su comportamiento al medio que le rodea, cómo afronta los problemas y las circunstancias. Hoy en día se le podría llamar la gestión de las emociones, inteligencia emocional, fusión mente-cuerpo, u otros tantos apelativos que en definitiva pretenden «actualizar» su nombre más riguroso: ética o moral. Desde Occidente, muchas escuelas post-socráticas se preocuparon por el «ser feliz», aunque esta mira tan alta, era alcanzada por diversos medios. Resumiendo mucho podemos decir que para los estoicos la felicidad se encontraba a través de la virtud, entendida como un autodominio en el que los valores espirituales prevalecieran sobre el cuerpo y sus instintos; para el escéptico, en la epojé, la suspensión del enjuiciamiento; los cínicos la encontraban en la libertad absoluta

frente a cualquier esclavitud de las cosas; y el epicúreo se sumía en la búsqueda del placer más sublime, como la amistad. Pero si bien todos difieren en cierto sentido del modo en cómo hallarla, todos coincidían en el carácter del que la conquistó. Un hombre feliz y sabio se reconoce por su serenidad, una especie de distanciamiento de los problemas comunes, una ataraxia para con las cosas del mundo y sus vaivenes. Lo paradigmático es encontrar en Oriente los mismos resultados en el comportamiento de un hombre feliz. Por ejemplo, desde este aspecto ético, el Taoísmo busca la quietud, encontrar el fluir en armonía con el Tao, sin que los acontecimientos aparentemente buenos o malos, desequilibren nuestro estado natural de ser. Desde el Budismo promovieron el desapego de la incesante sed de vida y de poseer que acucia al hombre y nos hace tomar por verdadero lo que en realidad es falso. Las técnicas de meditación y yogas orientales generan también ese estado de quietud. El estudio de las filosofías y sabidurías de la antigüedad es imprescindible para descubrir las claves que se ajusten más a nuestro carácter. Ellas nos enseñan la ciencia de la Ética. Sin embargo, la vida no sólo es método, requiere una gran dosis de arte. Depende de cada uno su aplicación y, en definitiva, la búsqueda y el encuentro. Por este motivo no hay varitas mágicas, ni métodos infalibles en esto de la felicidad. El secreto está en uno mismo.m

Víctor Vilar Gisbert. Licenciado en filosofía. 4

EL MUNDO DE SOPHIA


Noticias, curiosidades, actualidad...

Las Nanopartículas Elvira Rey

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n lo pequeño e invisible reside el misterio de lo que vemos y hacia lo que nos sentimos atraídos, pues desde el principio de la historia lo enigmático ha movido al hombre. Mientras que éste ha dirigido los ojos siempre hacia lo grande, las macroestructuras y macroedificios, ahora ya podemos decir que nos es posible soñar, gracias a una serie de descubrimientos que nos abren la puerta hacia lo diminuto. Es como entrar en una película futurista, donde nos puede costar un poco no sólo creer, sino admitir que ya forma parte de nuestro mundo. Las nanopartículas son medidas extremadamente pequeñas, «nanos», es decir, menores que una bacteria; 80.000 veces inferiores al diámetro de un cabello humano, o equivalentes a una millonésima parte de un milímetro. Aunque no estemos acostumbrados a trabajar con estas medidas tan pequeñas, pensemos que la vida celular y la mayoría de reacciones biológicas y químicas que se producen a nuestro alrededor tienen lugar a este nivel. La ciencia aplicada de las nanopartículas («la nanotecnología») puede, a partir de aquí, imitar a la naturaleza en la posibilidad de construir máquinas que influyan sobre el orden de los átomos de manera tan precisa que emule el proceso de creación. Como es de suponer, todos los campos biométricos, ópticos y electrónicos ven en esta ciencia la posibilidad de manipular las estructuras moleculares y de sus átomos, para poder llegar a fabricar materiales, aparatos, máquinas y sistemas poco costosos y con propiedades únicas.

El padre de la «nanociencia», es considerado Richard Feynman, premio Nobel de Física, quién en 1959 propuso fabricar productos en base a un reordenamiento de átomos y moléculas. Además escribió un artículo que analizaba cómo los ordenadores trabajando con átomos individuales podrían consumir poquísima energía y conseguir velocidades asombrosas. En vista de todo esto, ya se habla de que la nanociencia nos puede llevar a una segunda revolución industrial en pleno siglo XXI. A pesar de que las nanopartículas son un invento de la ciencia moderna, se ha encontrado que ya las utilizaban los artesanos del siglo IX en Mesopotamia para generar un efecto de brillo en la superficie de las ollas. También los mayas las usaban en su bello color azul, un pigmento formado por partículas híbridas de material orgánico (índigo, derivado de las hojas del añil) e inorgánico (un filosilicato que se encuentra en algunas arcillas). El resultado es una sustancia extremadamente resistente al paso del tiempo, a las inclemencias climáticas e incluso a la mayor parte de disolventes químicos y ácidos. También durante el Medioevo encontramos un ejemplo en la coloración del vidrio de las ventanas de las catedrales. Los diferentes tonos se obtenían calentando y enfriando el vidrio de forma controlada.


Pintura Maya: Pigmento formado por partículas híbridas de material orgánico e inorgánico.

Nanotubos de Carbono: Estructuras tubulares cuyo diámetro es del tamaño del Nanometro

Richard Feynman, Premio Nobel de Física

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No sabemos si sus artistas conocían que este proceso conseguiría cambiar el tamaño de los cristales a nivel nanométrico y por tanto su color. También los ceramistas de Manises (Valencia), importaron una fórmula de los musulmanes andaluces con la que conseguían el tan elogiado brillo metálico de sus piezas gracias a una receta que incluía nanopartículas de plata y cobre, dispersas de forma homogénea en la matriz vítrea del esmalte cerámico. Como último ejemplo, con el acero de Damasco se han forjado, desde la Edad Media espadas duras, resistentes y a la vez capaces de cortar, con su afiladísima hoja, hasta un pelo. Recientes estudios han revelado la existencia de nanotubos de carbono en su composición, producidos por los métodos de forja empleados. Estos nanotubos son unas nanopartículas con unas propiedades de dureza extraordinarias. Cuando vimos la película «El Viaje Fantástico», en la que una nave mucho más pequeña que una célula humana viajaba por la corriente sanguínea a la caza de células enfermas para inyectarles su dosis de medicina, creímos que era todo fantasía. Podemos afirmar que lo que reflejaba esta película ya no es futurista, sino actual y real. Investigadores financiados por la NASA, comenzaron recientemente un proyecto que hace realidad estos escenarios futuristas. En los viajes al espacio los astronautas están expuestos a una alta dosis de radiactividad una vez que abandonan el paraguas protector del campo magnético de la Tierra. El resultado es que puede alterar su ADN y las células se pueden comportar erráticamente generando cánceres. Uno de los campos en que las nanopartículas tienen mucho potencial es en la medicina, especialmente para el tratamiento del cáncer, ya que pueden entregar directamente el medicamento de la quimioterapia a las cé-

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lulas cancerosas, sin dañar las células sanas. En el caso de que la radioterapia cause un daño muy grande, las nanopartículas podrían destruir las células dañadas, y si el daño no es muy extenso, pueden liberar enzimas reparadoras de ADN para intentar recomponer la célula y hacer que vuelva a funcionar normalmente. También se pueden detectar enfermedades en su estado inicial en los que hay baja concentración de células. Esto se puede entender sabiendo que cada molécula se diferencia de las demás porque emite una luz particular (es como su huella dactilar). Las nanopartículas con forma de estrella (nanoestrella) son las más indicadas para detectar la presencia de una molécula en particular, ya que la puede amplificar mucho y así detectar su presencia aunque estén en baja cantidad.Todos recordamos la enfermedad de las vacas locas; en este caso es muy difícil localizar la molécula o proteína causante de la enfermedad porque apenas emite señales ópticas, lo que hace que sea imposible detectarlas. Se introdujeron nanopartículas de oro con forma de estrella que amplificaban en miles de millones de veces la señal de la molécula defectuosa, con lo cual se podían observar incluso en concentraciones muy bajas. En enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson también podrían detectarse de forma temprana. Se están estudiando otras aplicaciones como es utilizar las nanopartículas como repartidoras de fármacos. Cuando la nanopartí-


«En el campo de la informática pueden tener lugar los ordenadores cuánticos, mil veces más veloces que los actuales procesadores». cula se hidrata, aumenta de tamaño y el fármaco se infiltra en su interior, el cual puede ser liberado por señales térmicas o por cambios de acidez en el medio. Al parecer también se puede manipular el comportamiento de las bacterias para que actúen de modo menos agresivo y así poder prevenir enfermedades. En cuanto al agua, se podría paliar su escasez siendo fabricada molecularmente. Además, el agua usada podría tratarse y reciclarse mediante filtros físicos de escala nanométrica, capaces de eliminar el 100% de bacterias y virus. De este modo, el consumo de agua se reduciría, al menos, en un 50%. Las ventajas de las nanopartículas se aplican ya en otros campos, gracias a la innovación de nuevos materiales. Es el caso de la cosmética, en la que se dan las aplicaciones contra las arrugas basadas en liposomas que transmiten los fármacos a través de la piel o incluso polvos de maquillaje que son nanopartículas que modifican el reflejo de la luz, para impedir apreciar la profundidad de las arrugas. En la fabricación de automóviles pueden servir para aumentar su seguridad, por ejemplo, mejorando la adherencia de los neumáticos, la rigidez del chasis o eliminando los deslumbramientos y empañamientos en los cristales y cuadros de mandos. El desarrollo de nuevos materiales con propiedades extraordinarias (más fuertes que el acero pero con solamente diez por ciento del peso); de otros materiales que no precisan lubricantes y que no se desgastarían con el tiempo. En el campo de la informática pueden tener lugar los ordenadores cuánticos, mil veces más veloces que los actuales procesadores. En el sector de la alimentación, se pueden utilizar las nanopartículas para mejorar la calidad nutricional de alimentos; parece que con el uso de micro frecuencias se pueden crear nanopartículas que contengan aromas, sabores o colorantes específicos. Esto permitiría que las empresas alimenticias pudiesen programar una bebida según el color o sabor deseado. También en los textiles se pueden elaborar fibras para la fabricación de telas con propiedades antimanchas o antiarrugas. En la óptica la producción de lentes irrayables, etc.

Aunque parece que todo son ventajas, sin embargo, el enorme impacto de la nanotecnología puede convertirse en un arma de doble filo. Las nanopartículas manufacturadas tienen propiedades y efectos muy diferentes a los de los mismos materiales en tamaños convencionales, lo que puede plantear nuevos riesgos para la salud del hombre, de otras especies y de nuestro entorno. Las nanopartículas se emplean como vehículo para que los fármacos lleguen en mayor cantidad a las células deseadas, pudiendo así disminuir los efectos secundarios. Sin embargo, en ocasiones no es fácil diferenciar la toxicidad del fármaco de la toxicidad de la nanopartícula. «Cuanto más se divide a la materia en trozos pequeños, más reactiva es y, por lo tanto, más peligrosa» (Daniel Bloch). Debido a la escala tan pequeña a la que se trabaja en la nanotecnología, se difuminan las barreras que separaban la investigación sobre la materia viva y la inerte. Aquí, la ciencia ha alcanzado un punto en el que las fronteras que separan las diferentes disciplinas han empezado a diluirse, y es precisamente por esa razón por la que la nanotecnología también se refiere a ser una tecnología convergente. Como consecuencia inesperada, el viejo sueño de unificar las ciencias podría ser posible. Lo es a nivel subatómico, atómico y molecular. Pero aquí se rebasa el aspecto estrictamente epistemológico. Podríamos decir, que la nanotecnología está tocando con la punta de los dedos cuestiones ontológicas. Se despiertan las preguntas sobre la naturaleza de los componentes del mundo, materia que en el pasado era especulación filosófica y que queda ahora expuesta por los medios tecnológicos más sofisticados. m


Elena Machado Licenciada en Filosofía

ecientemente leía Guía del autoestopista galáctico, una novela de ciencia ficción que en clave de humor realiza una corrosiva crítica de nuestra sociedad. En uno de los capítulos se narra la construcción de un sofisticado ordenador capaz no sólo de abarcar en su memoria todo el saber humano sino, además, de reflexionar por sí mismo manejando una cantidad de datos inimaginables para una mente humana. A esta máquina inteligente se le hace la «gran pregunta», es decir, el porqué de la vida, del universo, de todo. Cuando el gremio de los filósofos y demás pensadores se entera de esto, se pone furioso porque considera que la búsqueda de la verdad es patrimonio suyo, y si alguna máquina va y la encuentra, ellos se quedan sin trabajo. El computador les tranquiliza diciéndoles que iba a llevarle mucho tiempo elaborar la respuesta, exactamente siete millones y medio de años, y que durante todo ese tiempo ellos podían liderar todas las teorías acerca de la respuesta; al final él diría: «Mientras sigáis en desacuerdo violento entre vosotros y os destrocéis mutuamente en periódicos sensacionalistas, y en la medi8

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da en que dispongáis de agentes inteligentes, podréis continuar viviendo del cuento hasta que os muráis. ¿Qué os parece?». Ante esta propuesta, los filósofos se mostraron satisfechos y vivieron del cuento mejor de lo que lo habían hecho nunca. Por desgracia, me temo que la novela refleja fielmente lo que muchos piensan de la filosofía y de los filósofos. Ésta puede parecer muchas veces algo desapegado de la realidad, un pasatiempo de un grupo de «intelectuales» aburridos que mantienen elaborados debates teóricos que nadie entiende y que de nada sirven. A veces es incluso verdad. No obstante… la filosofía ha estado detrás o junto a los más grandes acontecimientos de la historia.


Filosofía Sus elucubraciones teóricas han sido, muchas veces, el paso previo a acontecimientos muy reales y de gran importancia. No se podría entender la Grecia clásica, la evolución del cristianismo, la revolución científica o la revolución francesa, ni el pesimismo existencial generalizado tras las dos guerras mundiales, sin la filosofía.Y son pocos ejemplos pero, a la vez, significativos, que tuvieron —y siguen teniendo— gran repercusión en grupos humanos. La pregunta es, ¿y a nivel individual, tiene algo que ofrecer la filosofía? Para mí la respuesta es rotundamente afirmativa. Considero que bien utilizada es una herramienta extraordinaria para trabajar con uno mismo, e incluso, para saber ayudar mejor a aquellos que están a nuestro alrededor. Sócrates, maestro del muy conocido filósofo Platón y considerado muchas veces como el primer filósofo propiamente dicho, muestra en esta máxima el interés práctico que tuvo la filosofía desde sus inicios: «La filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta». Aquí lo que «debe» puede interpretarse en clave moral, pero también es una muy valiosa pauta de vida. Lo que se debe hacer y lo que no, lo que se puede hacer y lo que no, lo que depende de uno y lo que no. ¡Cuánto dolor y cuánta angustia nos puede ahorrar saber diferenciar éstas cosas!... y saber vivir en consecuencia. Ya Epícteto, allá por el siglo I d.C., instaba a no olvidar que «si tomas por tuyas las cosas que dependen de otros, no encontrarás más que obstáculos por doquier; te sentirás turbado y acongojado a cada paso y tu vida será una continua lamentación contra los hombres y dioses». A lo largo de su dilatada historia muchos han sido los pensadores que se han decantado claramente por la vertiente práctica de la filosofía, y que han hecho de ésta un buen lugar para

Platón, filósofo Ateniense del siglo IV a.C.

ejercitarse en el difícil «arte de vivir». Epicuro, hace ya más de dos mil años, afirmaba que los argumentos filosóficos son vacuos si no mitigan ningún sufrimiento humano. Es algo que ningún filósofo debería olvidar. Buceando en el rico legado que ofrece la historia, y de la mano de un puñado de pensadores, ha surgido una forma novedosa de práctica filosófica: la Philosophical Practice. En la década de los ochenta el alemán Gerd Achenbach decidió recuperar esa parte eminentemente práctica de la filosofía. Empezó a atender a varias personas que no buscaban curarse de ninguna patología sino comprender y comprenderse mejor. Achenbach fundó en 1982 la Sociedad Alemana de Consultoría y Filosofía Práctica y la Sociedad de Consejerías Filosóficas (GPP), a partir de la cual el movimiento de Consejerías o Consultorías Filosóficas comenzó a ser difundido a nivel mundial. En una entrevista al Dr. José Barrientos Rastrojo, uno de los pioneros de España en filosofía aplicada, al preguntarle sobre qué es la orientación filosófica respondía: «es un diálogo entre dos individuos en el que se pretende que el cliente clarifique sus conceptos y, por ende, su propia vida». Y es que, ciertamente, todos aspiramos a ser felices, a llevar una vida plena, a sentirnos realizados y bien con nosotros mismos y con los demás. La dificultad radica en que, por lo general, no sabemos cómo hacerlo. En EL MUNDO DE SOPHIA

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los colegios no se nos enseña cómo afrontar y superar las muchísimas vicisitudes que trae el mero hecho de vivir. Como muy bien dice Alejandro Sanz es una de sus canciones, «vivir es lo más peligroso que tiene la vida». Con suerte, en casa nos regalarán algunas claves vitales para ser felices, con buena fortuna algún profesor nos mostrará nuevas herramientas a utilizar en ese gran viaje que es la existencia. Pero no es lo más frecuente, lo habitual en que se nos enseñe matemática, lengua, idiomas, a cómo comportarnos en la mesa, en público, etc. Con lo cual, ante los golpes de la vida, muchas veces perdemos el eje, nos desorientamos y quedamos como paralizados. Nos podemos sentir como un pájaro dentro de una jaula, que sabe que el mundo de ahí fuera está lleno de maravillas, pero no sabe cómo acceder a ellas. Ahí es donde puede ser de gran ayuda la filosofía aplicada. No se trata de resolver problemas psiquiátricos o psicológicos, sino de una ayuda para enfocar o reenfocar nuestra vida. Encontrar sentido a lo que hacemos, tener una meta y, al mismo tiempo, afrontar el día a día de forma positiva. Hacer del camino hacia la meta algo valioso en sí mismo. Sigue diciendo Barrientos en su entrevista: «Lo importante no es el principio de autoridad que subyace en los filósofos sino la fuerza de los argumentos de personas que han reflexionado con prudencia. Éstos han pasado por situaciones que guardan similitud con las personas que acuden al gabinete de filosofía». Como muy bien indica Shlomit Schuster, la orientación filosófica no es una terapia alternativa sino una alternativa a la terapia. Incluso empieza a ser utilizada por muchas empresas que funcionan con grupos en los que es primordial el trabajo en equipo. Esta nueva vertiente de la filosofía puede ayudar a sus miembros a entender mejor su papel dentro del conjunto y, de este modo, implicarse más en su desarrollo y a sen-

tirse bien con la labor realizada, no puramente con el trabajo individual sino, sobre todo, con el de todo el equipo. El sabio Sócrates comparaba la vida con el ejercicio de una actividad como la alfarería. Para realizar una buena vasija necesitamos estar en posesión de una técnica, de un pensamiento sistemático, pues la sola intuición no es suficiente. Si esto lo tenemos claro cuando se trata de la ejecución de una vasija, o de un buen traje, o con la construcción de un edificio, ¿por qué aceptamos que dirigir la propia vida, tarea mucho más compleja, puede hacerse sin ningún criterio, sin una constante reflexión acerca de las premisas y de las metas? Eso busca la filosofía práctica, que tengamos claras nuestras premisas de vida, qué es aceptable para nosotros y qué no, y hacia dónde nos dirigimos. Nos puede ayudar no sólo a saber que debemos responsabilizarnos de nuestra propia vida, sino lo más difícil, cómo hacerlo. Puede contribuir al desarrollo de una visión global, donde cada paso y cada pieza tienen sentido. No sólo eso, si aprendemos a mirar podremos percibir la belleza que puede haber en cada una de las huellas que dejamos al andar. Se trata de ampliar nuestra visión, de mirar de forma diferente para encontrar la salida a la jaula que nosotros mismos construimos sin ser plenamente conscientes de ello. La filosofía no va a resolver nuestros problemas, hará algo todavía mejor, nos ayudará a resolverlos por nosotros mismos, nos instará a ser, como muy bien cantaban los grandes humanistas del Renacimiento, los artífices de nuestro propio destino.m


lo que algunos dijeron sobre...

Los Viajes s is viaje m e d n o la razó n a t ro ignor n e u p g e o r y p u éh es me n de qu e i b A quien é s e esto qu usco. les cont lo que b taigne n o M e d Michel

Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar. Proverbio japonés

El viaje en la tierra es caro, pero incluye un viaje gratis alrededor del sol cada año. Anónimo.

Un viaje de diez mil kilómetros empieza por un solo paso.

gnito. ó c n i iaja de do, v e r p d siem ue ha pasa a d i c i l q La fe spués . e d o l de ella Anónimo. Só s o m sabe

Proverbio chino.

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la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cual era la estrella que lo guiaba. Antonie de Saint-Exúpery EL MUNDO DE SOPHIA

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Francis J. Vilar Presidente de la Fundación Sophia

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Reconstrucción del Templo de Zeus, que se encontraba en la ciudad sagrada de Olimpia.

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s curioso observar cómo las grandes creaciones del genio humano, aquellas que según afirman los sabios, los filósofos y los poetas, fueron inspiradas por las divinas Musas, no parecen tener realmente una fecha definitiva de caducidad. Más bien es como si estuvieran sujetas a la inexorable y misteriosa ley de los ciclos, que hace que todo pase, y todo vuelva. Hoy en día estamos acostumbrados a presenciar, casi siempre por televisión, la celebración de los Juegos Olímpicos cada cuatro años. Y no cabe duda que las Olimpiadas constituyen un gran evento internacional de carácter no sólo deportivo, sino también político, mediático y social. Realmente, los Juegos Olímpicos modernos llevan celebrándose poco más de un siglo, exactamente desde el año 1896, en el que gracias al trabajo entusiasta de un hombre genial y visionario llamado Pierre de Coubertin, que paseando por las ruinas de la antigua ciudad de Olimpia, se enamoró de un ideal tan noble como antiguo, que durante más de trece siglos, fue capaz de unir a todos los pueblos y ciudades estado griegas,

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para contemplar cómo sus jóvenes atletas, venidos de todas partes del mundo conocido, eran capaces de batirse bajo el sol de Olimpia con un noble espíritu de superación, de valor, de juego limpio y sacrificio personal, que hoy la historia reconoce con el nombre de el «espíritu olímpico». Un hermoso ideal, que nació hace ya más de 2800 años en el valle sagrado de Olimpia, al noroeste de la península del Peloponeso. La importancia que tuvieron los Juegos Olímpicos entre todos los pueblos de la Hélade fue tan grande que cada cuatro años, gentes


Imágenes de la ceremonia de encendido de la antorcha, que se realiza en Olimpia semanas antes de la iniciación de los Juegos Olímpicos.

de todos los lugares acudían como peregrinos a la ciudad sagrada de Olimpia para presenciar los juegos de los héroes. Un acontecimiento tan sagrado como espectacular, que se celebraba en honor a Zeus, el padre de los dioses olímpicos. Allí, en el valle de Olimpia, a orillas del rio Alfeo y bajo la protección del boscoso monte Cronos, se daban cita la flor y nata de la juventud griega, para demostrar su valor, su fuerza, su velocidad y su destreza, dando lo mejor de sí mismos para poder alcanzar un sueño, una ilusión, un ideal… conquistar la corona de la victoria y convertirse en campeones olímpicos… un logro, un triunfo, una hazaña cuya grandeza quedaría grabada para siempre con letras de oro en la memoria de los hombres, en sus propios corazones de atletas victoriosos y en el pedestal de la estatua que los escultores levantarían con su imagen en la avenida de los templos que conducía al estadio de Olimpia. Pero lo más curioso es que los campeones olímpicos no guardaban para sí sus triunfos. Su única condecoración era una sencilla corona de olivo que el último día de los juegos los vencedores depositaban a los pies de la gran estatua de Zeus, de oro y marfil, que Fidias había esculpido en el gran templo del padre de los dioses.Y no sólo eso, sino que a partir de entonces, ese año sería recordado por el nombre del gran campeón de Olimpia que más victorias había conquistado. Tal fuerza tenía el ideal olímpico, que cuando el spondoforos o mensajero divino de Olimpia, que cuatro meses antes de los juegos iniciaba su viaje hacia las cuatro direcciones del espacio para proclamar la Ekecheiria, la «Tregua sagrada de los dioses», a los distintos pueblos y naciones de la Hélade. Todas las ciudades de Grecia detenían las guerras y conflictos, depositaban sus armas en los templos

y marchaban a la ciudad santuario de Olimpia para festejar los juegos de la paz. Pero lo más curioso, es que la tregua no sólo era sagrada para las ciudades y sus ejércitos, sino que todo viajero o peregrino que marchaba hacia Olimpia, y que a veces tardaría semanas o meses en llegar, era sacrosanto e inviolable, incluso para los ladrones y salteadores de caminos que jamás se atrevieron a violar la tregua sagrada y ofender al padre de los dioses. Así pues, hubo un tiempo en el que los hombres rendían culto al valor heroico, a la nobleza, al esfuerzo personal y a la dignidad del espíritu humano. Un tiempo en el cual la distancia se medía por estadios y el tiempo por olimpiadas… De hecho, se cuenta la anécdota de que muchas ciudades, derribaban una parte del lienzo de sus murallas, para que los jóvenes atletas de su ciudad, que retornaban a casa invictos, ciñendo la sagrada corona de olivo sobre sus cabezas, pudieran entrar por esa abertura, ya que según decían sus propios gobernantes: «Una ciudad que cuenta con héroes tan nobles victoriosos como ellos, no necesita murallas de piedra para


...un ideal, un sentimiento,

que aunque naciese en Grecia hace mรกs de 28 siglos, pertenece por igual a todos los hombres y

a todos los pueblos de la tierra. 14

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defenderse de sus enemigos». Pero, por desgracia, el fanatismo religioso, la superstición y la ignorancia, acabaron por destruir la que probablemente fue una de las más bellas expresiones del espíritu humano, la ciudad sagrada de Olimpia y los juegos olímpicos de la paz. Sin embargo, los nobles sueños del alma, que durante un cierto período de la historia iluminaron las conciencias de los hombres, inspirándoles los más altos ideales de paz, de justicia, de nobleza, de valor, de auto-superación, de belleza, de concordia y de fraternidad entre los hombres y los pueblos, son, como las estrellas, inmortales. Desaparecen periódicamente del firmamento espiritual de los hombres, para reaparecer tiempo más tarde e iluminar de nuevo las conciencias, inspirando en sus almas los más nobles ideales, sentimientos y creaciones artísticas. Además, aunque a lo largo de la historia siempre ha habido algunos personajes que se esforzaron en ocultar, falsear, manipular o denigrar nuestro propio pasado como seres humanos, las piedras no mienten y su mensaje es tan atemporal y universal como los propios símbolos que yacen grabados en ellas. Así, hace mucho tiempo, paseando despacio bajo la enramada bóveda de los frondosos árboles que embellecen el valle de Olimpia, contemplando en silencio con profunda admiración las milenarias ruinas de lo que fue… un hombre tuvo un sueño inspirado. Soñó que el ideal olímpico podía resurgir de nuevo entre las cenizas. Soñó que los hombres y mujeres de todos los países, todas las razas, todas las creencias y todas las condiciones sociales, políticas o económicas, pudieran volver a reunirse cada cuatro años en alguna ciudad de la Tierra, para celebrar los juegos olímpicos de la paz, en los que la juventud de todas las naciones del mundo pudieran demostrar en el estadio su valor, su fuerza, su velocidad, su habilidad y

El Barón Pierre de Coubertin.

su destreza, dando lo mejor de sí mismos para honrar no sólo a sus padres, ciudades o países, sino a la humanidad entera. Después de tan loable esfuerzo, por fin el Barón Pierre de Coubertin pudo ver realizado su sueño. Y así, en el año 1896 se celebró la Primera Olimpiada de la era moderna. La ceremonia inaugural tuvo lugar en el antiguo estadio de Olimpia, en el que, tras más de 1500 años de olvido y de silencio, la antorcha olímpica volvió a arder de nuevo en la mano de un atleta. En esa primera olimpiada participaron 241 atletas de 14 países, que pudieron demostrar su valía y su destreza en nueve disciplinas deportivas. A partir de entonces, el lema «Citius, Altius, Fortius» (más rápido, más alto, más fuerte), y la bandera blanca con los cinco anillos entrelazados, en representación de los cinco continentes, se fueron convirtiendo en el símbolo de un sueño, un ideal, un sentimiento, que aunque naciese en Grecia hace más de 28 siglos, pertenece por igual a todos los hombres y a todos los pueblos de la tierra, pues, como muy bien expresó el Barón de Coubertin: «Olimpia y las olimpiadas son símbolos de una civilización entera, superior a países, héroes militares o religiones ancestrales». Es por eso que el espíritu olímpico no morirá mientras el hombre camine sobre la faz de la tierra, pues como dijo el poeta: «Lo que alguna vez realmente fue, es y será siempre». m EL MUNDO DE SOPHIA

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Daniel Capllonch

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U

n verdor indómito inunda faldas y laderas, valles y cumbres. El fulgor de su colorido regocija nuestra vista al acercarnos a Malinalco. Este antiguo santuario se erige en los acantilados de un macizo situado al Noroeste del pueblo que lleva el mismo nombre. Antaño, en este sitio se conocían los secretos de los astros, las plantas y tal vez del alma humana, Arcanos de sabidurías hoy olvidadas que al llegar los europeos clasificaron de hechicería y mandaron destruir de inmediato. Su saber se ha perdido casi por completo, o por lo menos eso parece, a juicio de nuestras miradas profanas que se acercan con respeto para intentar levantar un resquicio de su velo. Lo cierto es que en cada casa, en cada calle, en la mirada de las personas que se cruzan en el camino, en su historia, en su aire, en cada rincón del frondoso bosque subtropical de Malinalco se percibe la potencia vivaz de una naturaleza preñada de vida, por lo que no es extraño que en algunas opiniones Malinalco sea el lugar de la magia… de la transmutación. Vamos a intentar retratar la inmensidad de este pequeño lugar en unas cuantas líneas. Lo haremos desde dos puntos de vista: uno el arqueológico, tomando como referencia el templo más emblemático de su composición arquitectónica y dejando para futuros escritos el resto de las secciones, no menos interesantes. Por otra parte, echaremos un vistazo desde lo mitológico, que siempre guarda, vestidas de símbolo, claves no reveladas por el conocimiento racional. En este ámbito nos aventuraremos a proponer algunas hipótesis de interpretación y, disculpándonos desde ahora por las omisiones y errores que seguro se cometen, diremos que no es otra la intención de este artículo que la de compartir la fascinación que ha supuesto para el que escribe conocer Malinalco como una puerta de entrada a la prolífica cosmovisión del México antiguo.

En cuanto al sitio arqueológico, está compuesto de cinco templos dispuestos para aprovechar la explanada robada al risco, acrecentada en su día con la laboriosa adecuación de terraplenes que le dieron más amplitud. En todo el conjunto se puede apreciar una esmerada técnica constructiva y las sabias manos de un pueblo que pretendió, como tantos otros, levantar sus mejores monumentos para fines espirituales. A primera vista, la protagonista es la llamada «estructura I», por su relevancia arqueológica, antropológica y por ser la insignia de este santuario. Se la compara con otros tantos monumentos líticos que alrededor del mundo han sido excavados directamente en la roca como Petra, Abu Simbel, etc., pero parece ser que este es singular en el área mesoamericana. Su sección semicircular, la entrada en forma de boca de serpiente, la lengua bífida tallada en alto relieve que sobresale en la puerta a modo de alfombra y su interior, esculpido en la montaña, con un jaguar y tres águilas presidiendo el volumen, comunican de modo inmediato al visitante la finalidad mágico-ritual para la cual fue creado por aquellos hombres y mujeres de antaño. Sabemos que aquí se celebraban las ceremonias de iniciación de los Ocelotelcuahutli (ocelotel=jaguar y cuahutli=águila), sublimación de las dos vías del desarrollo y realización en el arte de la guerra. Lo habitual era que cada uno transitara las fases de la formación guerrera bajo uno de estos dos aspectos del rol masculino, águila o jaguar, sin embargo, en las etapas superiores, algunos lograban reunirlos en uno sólo. En ellos se unificaban el cielo (el águila) y la tierra (el jaguar), el día y la noche, el plasmador y el conquistador, la fuerza conservadora y la progresista, una dualidad dinámica que se armonizaba mediante la iniciación final, voluntad e inteligencia sintetizadas en el guerrero sagrado. Durante las ceremonias se

Fachada de la Estructura I, el Cuauhcalli o «Casa del sol». Edificio excavado en la roca viva. Abajo a la izquierda se conserva parte de un guardián del umbral con forma de ocelote. Aquí se celebraba la iniciación de los Caballeros Águila y Jaguar.

Panorámica: Vista panorámica del pueblecito de Malinalco. La foto está tomada desde lo alto del sitio arqueológico, que se ubica en el «Cerro de los Ídolos».

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El autor del artículo junto a una escultura de jaguar de las dos que flanquean el recinto. Detrás, se observa un portaestandarte que guardaba el acceso frontal.

Vista parcial de la Estructura III. Otros muchos edificios completan el conjunto de esta pequeña ciudad santuario dedicada a los guerreros sagrados.

constataban los grados de los que iban a ser máximos representantes de las culturas que un día poblaron estas tierras. Allí se celebraban los últimos pasos del tránsito y el nombramiento final de los verdaderos herederos de una tradición que se pierde en las brumas del tiempo. Hombres como el emperador Moctezuma o el mismo Cuauhtemoc, último dignatario azteca del vasto imperio que regó esta civilización, fueron iniciados aquí a los grados superiores del sendero de la guerra interior. Para cumplir su función, y ya que estas culturas vivían «mirando al cielo», el templo está orientado con una desviación de medio grado respecto del sur astronómico. Según las investigaciones del arqueoastrónomo José Galindo Trejo, realizadas in situ en la década de los noventa, si tomamos el eje de simetría que claramente marcan las cabezas del águila y el jaguar centrales, la desviación con respecto al sur verdadero es mínima. Hay que hacer notar al lector la dificultad que implica calcular, previamente a la construcción, una exactitud tal. Por lo que parece, esta ciencia era conocida por quienes horadaron este santuario en la roca. Esto nos da una idea de su precisión constructiva, pero además nos sugiere que, tal y como ocurre en otros lugares estudiados mediante esta nueva rama de la arqueología, la arqueoastrología, el sitio posee un objetivo concreto relacionado con el Sol y el solsticio de invierno. Si nos aferramos a los pocos conocimientos que tenemos, desLa zona en la que está incluida la «Casa del sol» se denomina Cuauhtinchan, que según los investigadores del INAH puede

traducirse de varias maneras: «la morada de los valerosos y fuertes hombresl», «lugar donde se encuentran los excelsos guerreros

águilas y ocelotesl», «los de ánimo invenciblel» o «los representan-

tes del sol en la tierral», etc.

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de la mentalidad trascendente de estos pueblos, es en este momento cuando el Sol lucha contra las tinieblas en el día más corto del año. Para destacarlo, un rayo de luz iluminaba a la hora exacta de las 12:40 a.m, la cabeza de la escultura de águila que se encuentra en el centro de la sala. Allí era donde se colocaban los aspirantes que iban a recibir su grado e iniciación. Es como si ellos, en un último combate acompañando al astro rey, tuvieran que constatar de esta forma simbólica su nivel ante la jerarquía cultural-social y salir victoriosos. Aunque es tema para otro artículo, hay que mencionar que solamente podían acceder a estas ceremonias quienes habían vencido al Nekok Yaotl (el guerrero en sí mismo) en el Yaotlali (la tierra de la guerra sagrada). Esto probaría que al margen del grado social se re-


quería un alto nivel de desarrollo interior pues esta exigencia era condición sine cua non. Hoy día el fenómeno astronómico no puede apreciarse pues se han colocado techados con visera para proteger la construcción y ésta provoca una sombra perpetua en el interior del recinto. Pasemos ahora al aspecto mitológico que de modo velado nos trasmite algunas claves para comprender el origen y función de este emplazamiento. No puede dejar de tenerse en cuenta que el relato que resumiremos a continuación ha pasado por el tamiz condicionado por la corriente religiosa imperante en los últimos quinientos años. Por ello se ha velado mucho más si cabe su verdadero significado al perderse las claves para su desciframiento. Narra la tradición superviviente que Malinalxóchitl, la luna, era hermana de Huitzilopochtli, el sol, divinidad principal entre los aztecas y líder de la peregrinación que este pueblo hubo de realizar desde Aztlan, el mítico lugar de las siete cuevas. En un momento dado del largo viaje, ella fue abandonada por su hermano. El motivo que se cuenta para el fraternal abandono es que esta poderosa hacedora de magia usaba «plantas ponzoñosas» y «artimañas extrañas» devenidas de antiguas artes, con las que vencía a los enemigos o los embaucaba haciéndoles caer en las redes de su influencia. Fue un día cuando se estaba bañando, o durmiendo según la versión, que el gran grupo de Hizilopochtli la habría dejado abandonada a su suerte. Sigue contando la historia que no quedó sola, pues la acompañaron unos cuantos incondicionales. Juntos lle-

garían al sitio de Texcaltépec, que así era el nombre anterior de lo que conocemos hoy como Malinalco. La maga se uniría allí con el rey Cimalcuahutli («escudo-águila») quien depositaría en sus entrañas la semilla de un hijo. El niño nació y se crió en aquellos parajes, bajo los auspicios y enseñanzas de su madre. Cuando el vástago creció y tomó conciencia de la afrenta de la que había sido objeto quien le dio a luz, tomó firme resolución de venganza, empresa que acometió apenas tuvo fuerzas para enfrentarse a su tío, a quien fue a buscar hasta Chapultepec, bosque elevado que forma parte del Distrito Federal de México y que fue primer asentamiento Azteca. Algunas versiones cuentan que acudió el mismo Huitzilopochtli, otras que envió a unos sacerdotes guerreros al encuentro, pero lo cierto es que Copil, el hijo de la señora de Malinalco, fue vencido, decapitado y descorazonado. Allá donde cayó su cabeza, brotaron unos manantiales de agua cristalina que dieron vida a su alrededor. El sitio es conocido aún como Acopilco (lugar de Copil). Su corazón, de otro lado, fue lanzado al centro del lago, sobre un roca de tepetate entre los cañaverales. Allí brotó un nopal, encima del cual un águila devorando a la serpiente se posaría más tarde, augurio fundacional de la gran Tenochtitlán y emblema que ondea en la actual bandera mexicana. Haciendo una primera lectura de este mito y teniendo en cuenta los aspectos básicos del simbolismo de la cabeza como elemento divino dentro de nuestra anatomía, podemos entender que desde la visión simbólica, en ella se aposentan las potencias espirituales al ser la parte más elevada, de forma circular, donde se crean las ideas y residen los sentidos. Muchas culturas realizaban decapitaciones rituales post mórtem con la intención de preservar la esencia más ele-

La lengua de la serpiente sobre el suelo, a modo de alfombra, evoca a Tlatecuhtli o «señora de la tierra». Hace alusión a las fuerzas telúricas, la matriz en la que nacen –o renacen espiritualmente– los seres vivos.

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Acceso a Estructura I: La única puerta del templo está custodiada por dos genuinas figuras: al fondo un tambor (huéhuetl) forrado con piel de ocelote y frente a nosotros una serpiente de guerra, Izcóatl. Sobre el primero existió antaño una escultura de guerrero jaguar y sobre la segunda aún se aprecia con claridad el caballero águila.

En el interior del Cuauhcalli hay en la roca excavadas tres águilas (laterales y frontal) y un jaguar. Si tomamos el eje de simetría que marcan las cabezas del águila y el jaguar centrales, la desviación con respecto al sur verdadero es mínima; asimismo, el monumento está conectado con ciertos movimientos del Sol, en especial el Solsticio de invierno, día en que el astro iluminaba parte de la sala.

vada del individuo que había habitado el organismo en cuestión. Los cráneos eran expuestos en los templos o lugares públicos como ahora lo son algunas partes del cuerpo de los santos en las iglesias. La creencia era que su presencia beneficiaba la transmisión de las ideas más elevadas que rondaron a estas personas durante su vida. Hay quien argumenta que los Tzompantli (muros de calaveras) poseían una función análoga a la descrita. Hay autores que al quitar los velos con los que se viste la verdad al convertirse en mito, han visto en esta narración el traspaso de una cultura matriarcal-lunar a otra patriarcal-solar, pues de modo similar se encuentra en otras culturas. Otros creen que expresa veladamente el olvido o separación por parte del pueblo Azteca de los más ocultos y ancestrales conocimientos de su raza y la continuación de su viaje con «un algo» abandonado en el camino, como si se hubiera perdido la esencia de su sabiduría simbolizada por Malinalxóchitl. Lo cierto es que, como hemos visto antes, en Malinalco encontramos uno de los más importantes centros de conocimiento del área de influencia azteca, por no decir de todo el Anauhac. Así, como última hipótesis queremos proponer que lo que revela el mito es la fundación de un centro de iniciación y enseñanza para los pueblos del Cem Anauhac (la totalidad rodeada de agua). Sobre el fruto de Malinalco (Copil), se pondrían las bases para la 20

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fundación y mantenimiento de la cosmovisión de México. Si el eje de la relación entre Malinalxóchitl y Huitzilopochtli se fundamentara en la versión del mito tal como nos ha llegado, donde ella representa «la hechicería», «lo demoníaco» sería incoherente que desde el principio hasta el final el santuario-escuela de Malinalco hubiera sido un centro de formación de las élites del mundo azteca y todo el Anauhac. Por tanto, sería bueno que en el futuro pudiéramos profundizar mucho más en la historia y significación de este relato. Lo cierto es que Malinalxóchitl y su hijo Copil forman parte principal de los inicios mitológicos de la gran Tenochtitlan, la metrópoli que dominaría esta parte del mundo en los siglos previos a la invasión europea. Esta ciudad se estableció sobre la base de una tradición milenaria que, dejando paso al tiempo nuevo, depositaría lo más trascendente de su legado en las raíces de su nacimiento. Por último, no quiero concluir estas líneas sin agradecer a Martín de Malinalco el haberme acercado a tantas y tantas cosas de esas que no se pueden encontrar en los libros. Sentados a la luz de una hoguera, con el cielo estrellado por testigo, pasamos horas penetrando el alma sin tiempo de los mexicas, para ir poco a poco desenmarañando la madeja. El desarrollo metafísico de estos pueblos alcanzó uno de los más altos niveles entre las culturas del mundo antiguo; en su mayor parte parece que se ha perdido para siempre, pero en sus hijos habita todavía el suficiente amor por su tradición como para que podamos albergar una esperanza de rescatar su esencia. Santuarios y monumentos como el de Malinalco son testigos elocuentes de su sabiduría. m


lo que algunos dijeron sobre...

Director: Eric Toledano y Olivier Nakache Drama. 2011. FRANCIA.

INTOCABLE

Tras un grave accidente, Philippe, un rico aristócrata, contrata a Driss como asistente y cuidador, un joven procedente de un barrio pobre que ha salido recientemente de prisión —en otras palabras, la persona menos indicada para el trabajo—. Juntos vivirán una historia que marcará para siempre sus vidas. Se mezclarán dos mundos aparentemente incompatibles, dos mundos que van a chocar y van a tener que entenderse mutuamente para dar lugar a una amistad tan demencial, cómica y sólida como inesperada, una relación singular que genera energía y los hace… ¡intocables!.

PUERTAS DE FUEGO Autor: Steven Pressfield Esta novela marca un hito dentro de la literatura histórica, ha sido calificada como una de las mejores narraciones de la prolífica «Batalla de las Termópilas», batalla en la cual

EL ÚLTIMO CATÓN

se enfrentaron una alianza de polis griegas lideradas por Esparta y el Imperio persa de Jerjes I, durante la segunda guerra médica, en agosto o septiembre del 480 a. C. Puertas de fuego nos introduce en el mítico pasado de un pueblo de héroes donde la sociedad, su cultura, su política, su forma de vida y en especial la forma de educar a sus jóvenes se ha convertido en un símbolo de la valentía frente a la adversidad insuperable.

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del “secretismo” tan puesto de moda dentro de las novelas histórico-ficticias apadrinadas por Dan Brawn. La novela nos introduce bajo el suelo de la Ciudad del Vaticano, donde encerrada entre códices en su despacho del Archivo Secreto, la hermana Ottavia Salina, paleógrafa de prestigio internacional, recibe el encargo de descifrar unas extrañas escarificaciones aparecidas en el cadáver de un etíope ¿Quién sabe donde conducirá este misterioso enigma?. EL MUNDO DE SOPHIA

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La

Via

del

Shibumi Francis. J. Vilar Presidente de la Fundación Sophia

D

esde mediados del siglo pasado, el hombre de la moderna sociedad occidental ha vuelto su mirada cada vez más hacia las culturas tradicionales de Oriente, buscando en sus sabidurías la inspiración necesaria para poder resolver determinados problemas y cuestiones trascendentes de la vida para las que ni la ciencia moderna, ni la filosofía académica, ni la sociedad de mercado en la que nos ha tocado vivir, ofrecen respuesta alguna. Fruto de esa búsqueda interior, en el transcurso de las últimas décadas Occidente ha empezado a valorar toda una serie de tradiciones, filosofías y técnicas espirituales que se han ido integrando de forma paulatina en el tejido de nuestra sociedad, como es el caso del Yoga, el Tai-Chi, el Feng-Shui, la Acupuntura, las Artes Marciales o los diversos sistemas y escuelas de Meditación. De todas estas tradiciones orientales no cabe duda que el Zen ejerce una fascinación muy especial sobre la mentalidad occidental. Pero lo curioso es que el Zen no es una doctrina religiosa basada en un dogma teológico 22

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concreto o en ciertos libros revelados, sino más bien un arte de vivir o filosofía práctica que promueve la meditación como vía de autosuperación personal y de desarrollo espiritual. Las enseñanzas de los maestros Zen no hablan de obtener ningún tipo de salvación, sino de alcanzar por propios méritos la iluminación. En este sentido, el Zen es un camino de búsqueda interior y de perfeccionamiento espiritual que promueve la atención consciente, la serenidad interior y la meditación sistemática, como forma de ejercitar el libre albedrío, el discernimiento y la libertad interior, para que a través de su propia experiencia consciente, el hombre pueda encontrar dentro de si mismo el sentido de la vida y comprender la respuesta vital a sus preguntas.

Shibumi

es el estado del , discipulo que transita la


La filosofía Zen enseña por ejemplo que cualquier arte u oficio, incluso las pequeñas tareas cotidianas, si las vivimos con una actitud de paciente humildad y tranquilo desapego del fruto de la acción; una predisposición interior a aprender en todo momento y circunstancia las valiosas lecciones que nos trae la vida; y un noble espíritu de superación y perfeccionamiento constante, pueden llegar a convertirse entonces en una Vía o Dô, un camino hacia la iluminación espiritual. La palabra japonesa dô proviene del sinograma chino Tao, un término que hace referencia al camino infinito del aprendiz de un arte. Dô implica, pues, un cuerpo de sabiduría y una tradición con una ética y una estética determinadas. Por eso en Japón encontramos un rico abanico de artes que van desde lo estético y ceremonial, hasta la jardinería, la caligrafía o el arte marcial, y que durante largos siglos han sido consideradas como un dô. Artes como la vía de la caligrafía (Sho-dô), el camino de las flores (Ka-dô) o vía del arreglo floral (Ikebana), el camino de la esencia o vía del Incienso (Ko-dô), la vía del Té (Cha-dô) o de la ceremonia del té (Chanoyu), la

poesía (Haiku), la vía del Guerrero (Bushi-dô), la vía del tiro con arco (Kyu-dô), la vía de la espada (Ken-dô) y las diversas artes marciales como el Karate-dô, el Ju-dô, el Aiki-dô, el Iai-dô, etc. Dentro de todas estas tradiciones ancestrales, Shibumi es una palabra japonesa que significa equilibrio, armonía, plenitud, serenidad, silencio elocuente y también simplicidad, elegancia y fluidez de movimientos. En el arte, el espíritu del Shibumi toma la forma de Sabi, expresándose como elegante simplicidad. Mientras que en el ámbito de la filosofía, Shibumi emerge como Wabi, la calma interior, el sosiego espiritual que invade el alma cuando el hombre se haya en perfecta posesión de sí mismo. De esta forma Sabi, que podemos definir como simplicidad elegante, y Wabi, la humildad en el éxito, se unen para formar el Shibumi, ese estado del ser o cualidad espiritual que caracteriza a aquel hombre que transita el camino de la Sabiduría. De hecho, el Shibumi, aunque es un término bastante utilizado dentro de la tradición espiritual del Budismo Zen, no hace referencia a ninguna Vía o Doctrina en particular, sino mas bien a una actitud mental, un estado del alma (o estado de ánimo) y una cualidad del carácter. Según la tradición espiritual que se cultivaba a las diversas escuelas Zen, Shibumi es el estado del ser que caracteriza al discípulo que transita la vía de la iluminación. Sin embargo, el Shibumi, como el Maat de los egipcios, el

ser que caracteriza al ,via de la iluminacio,n .

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Dharma de los indos o el Tao de los chinos, no tiene una única definición posible. Hay que usar varios caminos de aproximación para que la conciencia pueda dibujarse una imagen coherente de lo que es el Shibumi. Para el que ya lo ha experimentado, hablarle del Shibumi es como describirle el paisaje a alguien que lo conoce perfectamente por haber estado allí. Sabemos que en el camino espiritual, como en la vida, nada puede sustituir a la experiencia directa de las cosas, pero para el que aún no ha estado allí, le sirve de motivación para buscarlo y también para saber reconocerlo cuando lo encuentre. Es como el plano geográfico para el montañero, es obvio que «el mapa no es el territorio», pero sirve para identificar el paisaje conforme te lo vas encontrando a lo largo del camino. Síntesis sublimada de toda acción, podemos decir entonces que Shibumi se manifiesta como simplicidad elegante, perfecta concentración, desapego en la acción, humildad en el éxito, serenidad impecable, naturalidad en cada gesto y maestría en la ejecución. Como bien explica Raymond Thomas, «Shibumi es un comportamiento que denota una perfecta comprensión. Tener Shibumi es actuar en la vida de una forma “natural” en todas las circunstancias, sin miedo pero sin ostentación, con autoridad pero sin dominio, con modestia pero sin recato». Para la mentalidad tradicional japonesa, Shibumi es pues la actitud perfecta que debe conquistar todo aquel que aspira a alcanzar la Iluminación. En este sentido, el Shibumi es un concepto tan metafísico y abstracto como elegante 24

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y sutil, ya que hace referencia a un estado del ser muy especial. Un elevado estado de conciencia que podemos calificar de «espiritual», ya que engloba en sí mismo a todos los planos de la constitución humana. Es decir que Shibumi es a la vez un «estado mental», un «estado emocional», un estado de la «energía vital», un estado «sensorial» y un estado «corporal». Ya que en todo verdadero estado de conciencia superior es la luz del espíritu la que ilumina y polariza todos los demás aspectos de nuestro ser. Lo cual significa que podemos hablar de Shibumi como estado mental o actitud de vida, como estado de ánimo o sentimiento, e incluso como estado físico o sensación vital. Pero siempre habrá un aspecto del Shibumi que se nos escapa entre los dedos y que sólo la intuición puede llegar a captar. Shibumi es, ante todo, un estado de conciencia interior, que se expresa naturalmente a través de una especial actitud mental ante la vida y la muerte, una forma singular de percibir y experimentar la realidad del mundo que nos rodea, un estado del espíritu tan elevado que impregna de luz todo cuanto el discípulo piensa, dice o hace. Por eso el Shibumi, es a la vez un espíritu y una forma, es, en suma, «el secreto del misterioso arte de vivir en armonía con el Cosmos», y por tanto, no es sólo el camino… sino también la manera de recorrer el camino, pues es ese estado del ser que no se puede adquirir, sólo se puede descubrir. Es algo que nos ocurre cuando lo de fuera y lo de dentro se armonizan perfectamente en nuestro corazón, convirtiéndolo en un Axis-mundi, una columna de luz capaz de unir la tierra con el cie-


Sentirse en Shibumi es como navegar por la corriente de la existencia con el viento en la popa...

lo, el pasado con el presente, el pensamiento con el sentimiento, la acción con la intención, al hombre con su dios interior y al tiempo con la eternidad. Como diría el poeta, Shibumi es encontrar sin buscar, es saber sin pensar, es sentir sin desear, es reconocer sin mirar, es actuar sin esperar nada, es agradecer sin prejuzgar, es dominar sin controlar, es poder sin ambicionar. En suma, Shibumi es ayudar sin empujar, amar sin exigir y enseñar sin obligar. Los antiguos egipcios le llamaban Iri a la acción divina, la acción perfecta, la acción natural, la acción que está en concordancia con el flujo y reflujo del río de la vida, en armonía con Maat. Cuando el hombre actúa de esa forma tan especial, entonces está en Shibumi, o como dirían los egipcios: se halla «bajo la clemencia de Ra», pues sentirse en Shibumi es como navegar por la corriente de la existencia con el viento en la popa, y dejar que las aguas de la eternidad impulsen la barca de nuestro corazón hacia nuestro legítimo destino, mientras el sol de la vida acaricia la piel de nuestra alma inmortal. Lo cierto, querido amigo lector, es que a través del vuelo de la metáfora hemos querido dibujar con el esquivo pincel de la imaginación la sutil textura de un color del alma cuyos matices son tan inapresables como infinitos. Sin embargo, en honor a la verdad, el Shibumi no es algo muy complicado, ni tampoco tan espiritual o elevado que esté fuera de nuestro alcance. Todo lo contrario, posiblemente lo

hayamos experimentado fugazmente en algún momento de nuestra vida, aunque no supiéramos que se trataba de él. De hecho, si bien es un estado de ánimo maravilloso, no es nada espectacular ni aparatoso. Es un sentimiento de plenitud interior, de calma total, de belleza serena, de gratitud hacia la vida, de sana alegría, de lucidez inspirada y de reconocimiento sincero, que te hace sonreír por dentro porque descubres que te sientes en paz con la vida, contigo mismo y con Dios. Para el sincero buscador de la Sabiduría, Shibumi es el estado de ánimo que aspira a conquistar de forma permanente. Una actitud mental y un sentimiento que va descubriendo peldaño a peldaño, a medida que va recorriendo la vía. Un estado conciencia que es tan natural como necesario, como el agua para el pez, el sol para la flor o el aire para el pájaro. Un sentimiento interior tan grato, sereno y reconfortante que cuando lo perdemos es como sentirse lejos del hogar. Un estado a partir del cual la conciencia puede proyectarse hacia otros estados teofánicos aún más elevados, para poder derramar generosamente desde allí su cálida energía espiritual hacia los demás. Pues como muy bien enseñaban los maestros de sabiduría de Oriente: «Sólo aquel que ha despertado su propia luz, puede realmente iluminar a otros». m

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M贸nica Guti茅rrez

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Arqueología a contemplación del mapa celeste, más tarde o más temprano, hace surgir en nuestro interior las eternas preguntas que el hombre de todos los tiempos se ha hecho. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?... Como si en ellas estuviesen escritas las respuestas. Desde sus orígenes, la humanidad entera se ha sentido atraída por la bóveda celeste, ha mirado al cielo tratando de estructurar el calendario y el tiempo mediante la observación de los astros, además de orientar sus edificios sagrados como respuesta a una permanente necesidad de búsqueda de su lugar en el cosmos.

L

Actualmente, las luces de las ciudades, las prisas del día a día y la cultura de ocio enfocada en los medios audiovisuales, junto al bombardeo constante de las nuevas tecnologías, hacen que se vuelvan llamativos, aspectos que antiguamente siempre fueron normales. Contemplar hoy las estrellas se torna prácticamente imposible con la contaminación lumínica, que algunos llaman el «cáncer del cielo». Se hace necesario, a veces, ir a un desierto (como el de Atacama en Chile) para poder ver el manto estrellado en toda su plenitud. Los hombres de la antigüedad, sin embargo, no tenían estos problemas, pues en aquella época no había TV, ni reloj. Podríamos decir que el gran «cine» de entonces era la bóveda celeste. La luz natural de la luna y de los astros lejanos alumbraba sus noches y guiaba a los viajeros y navegantes como una brújula perfecta. Medían el tiempo de la cosecha o la siembra por la salida de Sirio o las Pléyades; construían monumentos orientándolos hacia determinadas estrellas, la salida del Sol, los solsticios y equinoccios. Esta relación regía su vida en sociedad y les otorgaba una visión trascendente de la realidad. Al desvelar los misterios guardados en los restos de antiguas culturas se agudiza cada vez más el ingenio de muchos científicos, egiptólogos, antropólogos y arqueólogos, haciendo surgir nuevas tecnologías que proporcionen métodos de investigación más precisos para el estudio del pasado. Hoy, gracias a los avances en la informática, podemos retroceder en el tiempo para indagar en qué posición se encontraban las estrellas en un momento determinado y reconstruir el cielo de la época de los Faraones o los Mayas. Dentro de esta línea ha surgido una ciencia que desde las dos últimas décadas se encuentra en continua evolución: la Arqueoastronomía, dedicada entre otras cosas al estudio de la orientación de

monumentos y restos arqueológicos, con el fin de poder fechar en un tiempo cronológico su construcción. Su sólo nombre despierta la inquietud del investigador y aúna en un estudio comparado dos disciplinas apasionantes que invitan a sumergirnos en el silencio de las arenas del pasado, o alzarnos a las regiones celestes para comprender un poco más sobre el origen del hombre en el Cosmos. La Arqueoastronomía ha empezado a relacionar los conocimientos de hoy con aquellos de hace miles de años. Como bien señala Rober Bauval (autor de El guardián del Génesis), resaltando el valor de esta nueva ciencia: «Existe una ciencia que cumple un requisito esencial, permite datar los antiguos monumentos de piedra no documentados con una exactitud mayor, dentro de una franja de apenas unas décadas. Es la Arqueoastronomía. La condición de la que depende su buen funcionamiento es que los monumentos a estudiar hayan sido orientados con exactitud por sus constructores hacia las estrellas o los puntos de la salida del Sol». Surge así otro elemento de datación además del carbono 14. La astronomía, ciencia exacta que mide con precisión de los patrones cíclicos que se repiten en el firmamento, se transforma en una herramienta fundamental para la investigación. Una de las claves de este estudio reside en la exactitud de los equinoccios. El cielo varía de una época a otra y este fenómeno que surge de una lenta oscilación del eje de la Tierra afecta a la declinación de todas las estrellas. Su ritmo, constante y previsible, permite un cálculo hacia atrás o hacia adelante en el tiempo en cualquier lugar del firmamento, transformándose en un dato revelador. Lo más sorprendente es que miles de años antes fueran estudiados estos fenómenos por Hiparco (astrónomo y matemático griego del siglo II a. C.), ya se aplicaba su conocimiento en calen-


este sentido, Sir Norman Lockyer, astrónomo de Inglaterra del siglo XX, descubrió allí una especial orientación. Asimismo, Gerald Hawkins del observatorio de Cambridge, determinó que podía ser utilizado a modo de un «ordenador megalítico» para calcular eclipses. Según él el hecho de que los menhires estén alineados con las doce direcciones solares y lunares no podía ser casualidad, ya que solamente existe la probabilidad de una entre un millón, de que esto ocurra. Desde entonces una infinidad de estudios se han ido realizando sobre este lugar. Egipto como «espejo» del cielo La idea que mejor define la realidad arqueostronómica del país del Nilo se refleja en una frase contenida en el Corpus Hermeticum:

darios, en la orientación de los monumentos o bajo forma simbólica en los textos. También encontramos alusión a ellos en la mitología de diferentes culturas (mito de Osiris, mitos babilónicos, antiguas tradiciones chinas, mitos mayas, textos de los puranas de la India, cábala hebrea, etc.). Por todo el planeta encontramos monumentos con interés arqueoastronómico. Desde las enigmáticas construcciones megalíticas, pasando por la ciudad perdida de China en Pequin, hasta los Moais de la isla de Pascua. La orientación perfecta de la Puerta del sol de Tiahuanaco, las líneas de Nazca en Perú, el Panteón Romano o el Templo maya del Sol en Dzibilchaltùn. En España, los Toros de Guisando en Ávila, la Mezquita de Córdoba, los dólmenes de hace 7000 años, los Talayots, Navetas y Taulas en las islas Baleares. También encontramos orientaciones astronómicas en diferentes catedrales como la de Chartres o la de Mallorca. Como en ocasiones ha constatado la NASA, los conocimientos astronómicos que revelan los precisos cálculos matemáticos con que babilonios, chinos, mayas y egipcios orientaron sus templos, parecen superar lo podemos conseguir hoy con nuestros modernos telescopios. En el «observatorio ritual» de Stonehenge nació la ciencia que nos ocupa. Este emplazamiento fue desde siempre famoso por considerarse un lugar de culto al sol, además de centro ceremonial y funerario con celebraciones importantes en ambos solsticios. En

Hermes a Asclepio ¿Acaso no sabes, Asclepio, que Egipto es una imagen del cielo, o por hablar con mayor claridad, que en Egipto todas las operaciones de los poderes que gobiernan el cielo y obran en él han sido transferidas abajo a la tierra? Pero no, más bien debería decirse que el Cosmos entero mora en esta nuestra tierra como en su santuario. Hacer de la tierra un espejo del cielo fue un ideal práctico y vivencial en el mundo faraónico. Su propia geografía plasma un orden celeste difícil de encontrar en ninguna otra cultura. El trazo del Nilo, que coincide con la Vía Láctea, y el recorrido perpendicular del Sol forman una cruz perfecta. Sus templos estaban alineados con los astros y sus pirámides eran un reflejo materializado del orden celeste. Según sus textos más antiguos, estas gigantescas construcciones eran concebidas como un «rayo de sol petrificado», por el que descendían los poderes celestes y por donde el alma del Faraón difunto ascendía para unirse a las estrellas, como si de una mágica rampa se tratase. En 1989, dos descubrimientos de mano de Robert Bauval y Grahan Hancock revelaban la idea de que las pirámides fueron erigidas en un intento de reproducir en la tierra el mapa del cinturón de


Orión, una de las constelaciones más importantes dentro de las concepciones metafísicas egipcias. En una vista aérea se observó la correlación entre esta constelación y el plano de la llanura. Lo más sorprendente fue constatar que, aunque esa correspondencia era conocida y obvia en todas las épocas, se reveló como exacta y especifica sólo en un tiempo concreto: según sus cálculos astronómicos en el 10.500 a. C. En este momento se produjo un acoplamiento perfecto en el que el Nilo reflejaba la Vía Láctea y las tres pirámides las estrellas de Orión con idéntica situación respecto al meridiano.

Bauval también descubrió que los conductos de ventilación de la Gran Pirámide de Keops, de las cámaras del rey y de la reina, se encuentran orientados en la época de su construcción hacia una serie de astros, Orión y Sirio entre otras. Una última teoría, de John Anthony West, revelaría que en la era de Leo (que se inició en el 10.500 a. C.) se daba el correcto simbolismo donde la esfinge, marcador equinoccial con la mirada a la salida del Sol en cualquier época del año pasada, presente y futura, habría estado en perfecta alineación con su equivalente celeste mientras el Sol permanecía sobre fondo de la constelación de Leo.

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¿Es coincidencia que Gizeh este presidida por una estatua de león equinoccial y tres pirámides dispuestas a lo largo del cinturón de Orión en 10.500 a. C., y estas correspondencias funcionen al unísono, como las manecillas de un reloj, con una perfección asombrosa? A raíz de estos hallazgos empezarían a tener más sentido las numerosas alusiones sobre la hipótesis de la Atlántida. Autores como Platón, Kraton, Aristóteles, Homero, Hesiodo, Marcelino, Procolo, Herodoto, Dioro Siculo, entre otros, hablaron de su posible existencia hace 12.000 años, cuando se produjo el último hundimiento. Más descubrimientos En la ciudad de Machu-Picchu, en las escarpadas montañas del Perú, se encuentra una estructura monolítica, dedicada al dios Inti, la famosa Intihuatana. Al prolongar sus lados más largos coincide con la salida del Sol el día del solsticio de verano, estableciendo una clave más para su datación. Por su parte, el complejo piramidal de Teotihuacán en México continúa siendo un misterio, puesto que las pirámides del Sol y de la Luna y el templo de Quetzalcóatl tienen el mismo planteamiento arquitectónico que Gizeh. Otro lugar que despierta el interés de la Arqueoastronomía es el Caracol de Chichén Itzá. Similar a un observatorio astronómico moderno, construido con intención calendáricoastronómica, es un monumento que marca 29 alineaciones hacia eventos astronómicos importantes, además de coincidir con las orientaciones 30

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de Teotihuacán. En este mismo emplazamiento arqueológico se produce el espectáculo arqueoastronómico más conocido del mundo maya. En «El Castillo» o «Pirámide de Kukulkán» (calendario solar en piedra de forma piramidal de 28 metros de altura que marca la duración exacta del año solar, de sus 365 días, en los equinoccios de primavera y otoño) por medio de un efecto de la luz, la sombra del dios maya Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, desciende a la Tierra ejerciendo la simbólica unión de lo divino y lo humano, del espíritu y la materia. Todos estos ejemplos reflejan los conocimientos, el dominio de la arquitectura y de la astronomía que tenían las antiguas culturas. La Arqueoastronomía está contribuyendo con una serie de datos que hasta hace poco eran casi ignorados, aportando claves fundamentales que llevan a una nueva comprensión de la historia. La teoría lineal del progreso materialista, que nos hace concebir nuestro momento como el de máxima evolución, desvalorizando lo anterior, se derrumba frente a los recientes descubrimientos científicos. Detrás de estos emplazamientos está escrita parte de la historia de la humanidad. Ellos responden a una necesidad que hemos tenido desde siempre de comprender nuestro origen, de encontrar nuestro lugar en el cosmos y establecer una relación sagrada con un universo que nos trasciende. En un mito muy antiguo se cuenta que Sophia, diosa de la sabiduría, «tiene un inmenso corazón, capaz de albergar todas las preguntas y todas las respuestas, todos los enigmas y todas las certezas… y que al caer la noche, esconde preguntas en el firmamento de nuestras almas y después escribe la respuesta en el brillo argentino de las estrellas, a fin de que los hombres busquen la verdad por todo el universo…» Tal vez ésta sea la razón de esa inquietud de búsqueda que habita en nuestro interior y que nos iguala con los hombres de la antigüedad. m


Poesía

Primavera

Por Elvira Rey

Abandonadas quedaron las blancas horas tras la conquista de tierras marchitas por el luminoso manto de la aurora. Florecen mis cabellos al son de tu visita se espigan mis dedos donde tu rostro mora. Palacio de luz, de flores, de abejas atareadas en dulces labores una vez más te muestras tal y como eres desnuda, virgen y hermosa tendida sobre una alfombra de hierba espléndida, y de tentadoras rosas. Primavera, sabia esencia femenina prodigas como un manantial tu belleza descargas en el aire pupilas de vida y muestras sin velos tu grandeza. Un sol encendido de poder recorre montes y llanos derrite las sombras de los rincones antes de reposar en tus brazos. Eterna juventud de pasos risueños envuelves el aire con tu perfumado aliento; mis ojos se pierden en la corola de las amapolas mis párpados son alas de juguetonas mariposas y como vuelo de las palomas elevas mis sueños ERES LA MÁS BELLA EMANACIÓN DEL DIVINO MISTERIO.

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Walt Whitman Nueva York 1819-1892

«

El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante. Lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro, examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida...» En todos resuenan estas palabras claras, libres, con alas que imprimen motor a nuestro ánimo. Puede ser ésta la fibra que conecta la poesía con su autor, y es que como dijo Whitman, el poeta no debe contentarse con escribir unos versos bien forjados, ha de ser un profeta, un visionario, un bardo, un maestro y un moralista en cuanto que es portavoz del futuro y de la

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Elvira Rey

democracia. Es también un jefe espiritual, porque la edad de la religión ya ha pasado y el poeta debe asumir la labor del sacerdote. Whitman fue el primer poeta que experimentó las posibilidades del verso libre para escribir sobre el singular carácter de su nación a la que tanto amaba, creando una nueva mitología e ideales para el joven espíritu nacional. Por todo ello se le puede considerar como un escritor humanista que persiguió la unión de todos los hombres tanto bajo la identidad de una nación como bajo el sentido de hermandad humana. Esto es lo que singulariza su obra, que se abre paso después de su valiente ruptura con la poética tradicional, tanto en el plano de los contenidos como en el del estilo, y que marcó un camino que siguieron posteriores generaciones de poetas de su país.

La figura de Walt Whitman es el resultado de los aconteceres de una vida, que fueron forjando la esencia de aquello por lo que hoy mejor lo conocemos: su poesía. Pero en un principio nuestro literato no tenía certeza sobre su vocación. Su proveniencia de una familia de escasos


recursos económicos sólo le permitió pasar ocasionalmente por la escuela, hecho que compensó leyendo de niño con avidez los clásicos y todo lo que caía en sus manos, interesándose muy especialmente por Goethe, Hegel y Emerson, quienes se convirtieron luego en su fuente de inspiración. Empezó a trabajar primero como maestro itinerante, y más tarde en una imprenta. Allí se despertó su afición por el periodismo, que le llevaría luego a colaborar en varios diarios y revistas neoyorquinos. Debido a su disconformidad con la línea abiertamente pro-esclavista defendida por el periódico, le tocó vivir la Guerra de Secesión estadounidense, acontecimiento que le impresionó profundamente por su crueldad. Dedicó sus servicios como enfermero voluntario en los hospitales militares y escribió sobre su experiencia con la enfermedad en un diario neoyorquino y, doce años más tarde, en un libro titulado Memorias de la guerra.También manifestó de forma directa su postura claramente abolicionista, lo que le valió que se le cerraran algunas puertas. Su poesía surge de las preocupaciones esencialmente humanas, del momento y de la eternidad, de la búsqueda de su Yo, de la introspección, de la meditación, del diálogo consigo mismo, con la naturaleza, con Dios. Su extensa y única obra, Hojas de hierba (Leaves of Grass), es una colección poética que continuó editando y revisando hasta su muerte. Él mismo pagó la publicación de su primera edición que recogía sólo doce poemas sin nombre en 95 páginas. Whitman dijo una vez que el libro era lo suficientemente pequeño para ser llevado en un bolsillo, lo que inducirá a la gente «a que me lleve con ellos y me lean al aire libre». En un largo prefacio, el autor saluda el advenimiento de una nueva literatura democráti-

ca —acorde con el pueblo—, sencilla e irreductible, escrita por un nuevo tipo de poeta afectuoso, potente y heroico, que conduciría a los lectores a través de la poesía con la fuerza de su magnética personalidad. León Felipe, autor de la magistral traducción del «Canto a mí mismo» (The song of myself), el poema central, nos presenta a Whitman como un poeta revolucionario y heroico, que va en contra de las absurdas leyes de los hombres y de esa desigualdad humana de su época que continúa vigente en nuestros días. En su poema «Hasta la vista» (So long), el poeta dice del libro: «Camarada, esto no es un libro, el que lo toca, toca a un hombre», donde vertió todos sus pensamientos y sentimientos más íntimos. Además contiene «Los dormidos», vuelo visionario en el que queda simbolizada la vida, la muerte y el nuevo nacimiento; en «Yo canto al cuerpo eléctrico», el poeta no se refiere al soporte físico del alma, sino que es en sí mismo algo sagrado y territorio del espíritu que corresponde a un ideal armónico y equilibrado y donde la salud corporal va de la mano de la salud moral; «La cuna que se mece sin fin», en la que un pájaro, la voz de la naturaleza, revela a un niño (el futuro poeta), el significado de la muerte; «Hijos de Adán» y «Calamus» que afrontan de lleno los temas de la amistad y la sexualidad; «Redobles de tambor», que refleja la p re o c u p a c i ó n

Whitman abrazaba todas las religiones , por igual y negaba que una fuese mas importante que otra.


del poeta por la guerra civil estadounidense. En recuerdo al asesinado presidente Abraham Lincoln, escribió «Cuando las lilas florecían en la puerta del patio» y «Oh, Capitán, mi Capitán». Otros poemas son «En el trasbordador de Brooklyn», en el que el autor reúne a todos sus lectores del pasado y el futuro a bordo de un transbordador marítimo, y «Paso hacia la India», que se basa en una visión mística de la unión de Oriente y Occidente paralela a la del alma con Dios, simbolizadas por los medios de comunicación y de transporte. Póstumamente apareció un nuevo ciclo de poemas titulado «Ecos de la vejez», traducido por Jorge Luis Borges, que entró a formar parte de Hojas de hierba. El amor que sentía por su país no fue correspondido como quisiera, pues fue considerado por la literatura americana como el profeta sin honor en su propia patria. Mientras tanto, en Europa sí recibió la atención de la crítica que merecía. En Inglaterra, William Michael Rossetti editó una selección de Hojas de hierba y dio a conocer la poesía de nuestro autor a la escritora Anne Gilchrist, que se convertiría pronto en una gran admiradora suya y publicaría «Opinión de una mujer inglesa sobre Walt Whitman». Ella fue arrebatada

Charles Chaplin lo consideró su fuente de inspiración para sus películas. En «Tiempos Modernos», utiliza imágenes de una de sus poesías cuando aparece dentro de la máquina.

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por la libertad del verso y la franqueza de sus sentimientos, por la generosidad de espíritu y el intelecto del poeta. Se había enamorado del alma de Walt Whitman, estableciéndose entre ambos una profunda amistad. Whitman abrazaba todas las religiones por igual y negaba que una fuese más importante que otra. «Adopto cada teoría, cada mito, cada dios y semi-dios. Veo que los viejos mitos, biblias y genealogías son ciertos, sin excepción». Dios, para él, es inmanente y trascendente, y el alma humana es inmortal y se encuentra en un estado de constante y progresivo desarrollo. En «Canto a mí mismo» dice: Sé que soy inmortal. Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero, y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido. Soy sagrado. Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan. Las leyes elementales no piden perdón. (Y, después de todo, no soy más orgulloso que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)


El argumento de ese poema es una gradual universalización de la propia personalidad, del propio «yo» del poeta. Adopta la forma de diálogo con cualquier hombre o mujer en un plano de perfecta igualdad en la vida. Más adelante se introduce al «yo» dialogando consigo mismo, de igual modo que podría imaginarse al alma hablando con el cuerpo. La emoción que se desprende lleva a Whitman a una de sus más hermosas afirmaciones acerca de sus sentimientos de hermandad con la naturaleza.

Dije que el alma no es más que el cuerpo, Y dije que el cuerpo no es más que el alma, Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo, Y quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral envuelto en su propia mortaja; Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso de la tierra, Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden la sabiduría de todos los tiempos, Y no hay oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no pueda ser un héroe, Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo, Y digo a cualquier hombre o mujer: que tu alma esté serena y en paz ante millones de universos.

Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo más mínimo, Ni comprendo cómo pueda existir algo más prodigioso que yo mismo. ¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día? Veo algo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada momento, En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo; Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y con su firma en cada una, y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya, otras llegarán puntualmente, por siempre. Sin duda,Whitman convierte los diálogos consigo mismo en evocación que resuena en el pecho del lector, pues, como él sugiere, las palabras del poeta son universales porque conectan y se reconocen, como delante de

un espejo. En esto vemos a un Whitman revolucionario y valiente que lleva el mensaje sobre el viento de su espíritu.

Aprovecha el día. No dejes que termine sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber alimentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho de expresarte, que es casi un deber. No abandones tus ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y la poesía sí pueden cambiar al mundo. Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta. Somos seres humanos llenos de pasión, la vida es desierto y es oasis. Nos derriba, nos lastima, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.

Y digo a la humanidad: No hagas preguntas sobre Dios, Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre Dios, (No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios y la muerte)

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Nacho Vilar

¿

Por qué aún hoy, en el siglo XXI, miles de peregrinos llegan hasta la tumba del Apóstol en Compostela y más allá, hasta Finisterre, el lugar donde en la Antigüedad se creía que terminaba el mundo, donde muere el sol y nace la noche repleta de misterios por descubrir?. Tal vez, al realizar este viaje o ruta mágica, también hay algo dentro de nosotros que muere para dar nacimiento a una nueva etapa. Todos los peregrinos coinciden diciendo que hay un antes y un después de la ruta jacobea. Con las horas de caminata uno tiene

tiempo para reflexionar, para estar sólo consigo mismo y disfrutar de esa soledad. El paisaje que nos acompaña permite también que se pueda producir ese cambio. La naturaleza, que a lo largo de los kilómetros es rica en distintos matices, nos lleva desde las altas montañas de los Pirineos, vestidas de blanco en invierno, pasando por campos inmensos en los que no se


atisba el final, hasta los bosques que parecen salir de cuentos de hadas repletos de leyendas druídicas. Y cómo no, las iglesias, ermitas y monasterios cargados de símbolos nos recuerdan que estamos realizando un peregrinaje especial, que puede, si se vive con la actitud adecuada operar dentro de nosotros mismos una transmutación o alquimia individual. Esta ruta es más antigua que el cristianismo, se cree que ya en época celta, alrededor del 2000 a. C., comenzaron las migraciones hacia el fin del mundo. Las construcciones funerarias y la rica tradición pagana que se gestó en el norte de la Península nos hacen pensar que las peregrinaciones se iniciaron mucho antes de que Pelagio (en el 813 de nuestra era) descubriera la tumba santa. El caminante marchaba siguiendo el sol por el día y la vía láctea por las noches, indicándonos el sentido original del camino. Muerte y renacimiento, ritos de iniciación, esa era la meta de aquellos viajeros y ese el sentido genuino de la ruta. El camino que ha llegado a nuestros días es aquel que está construido sobre las ruinas de arcaicas tradiciones celtas, ligures y priscilianas, con lo que está jalonado de esoterismo, haciendo que se fusione lo sagrado con lo profano, lo evidente con lo misterioso, lo visible con lo oculto confiriendo a Santiago un carácter universal y haciendo de él un recorrido diferente para todo aquel que decide introducirse en su misterio. Para los peregrinos de antaño, el camino era una ruta firme que recorrían sin que nada ni nadie pudiera distraer su devoción cristiana. Para otros, aquellos que lo emprendían como una marcha trascendente, el camino se convertía en su razón de ser; a lo largo de las etapas se iban poco a poco venciendo a sí mismos y si marchaban atentos era posible esclarecer los mensajes, lo que decía cada piedra, cada parte del camino, permitiendo al viajero ir, a la vez que caminando, transformándose internamente. En la actualidad el peregrinaje no sólo constituye una experiencia de superación o de camaradería y concordia entre caminantes. Si vamos atentos hallaremos distintos símbolos que los antiguos constructores dejaron

como señal de trascendencia, elementos arquitectónicos sacralizados que nos van a permitir alcanzar la meta, ya que sin ellos el camino hacia Santiago no sería lo mismo. Nos toparemos con monasterios, albergues de peregrinos y hospitales; pero con «hospitales» no nos referimos a los que conocemos hoy en día, sino que más bien se trata de lugares donde se atendía al peregrino proporcionándole cama, comida, lumbre y ayuda espiritual, siguiendo el lema tan hermoso del hospitalero que es el de «dar posada al peregrino». En ellos el viajero encuentra un lugar donde descansar después de cada etapa, donde compartir vivencias y reflexiones entre peregrinos. También llaman la atención los numerosos puentes emplazados a lo largo de la ruta. Haciendo de punto de unión y acercamiento a la meta, se hacían necesarios sobre todo en la Edad Media, época en la que muy poca gente sabía nadar. A lo largo de las horas de caminata es muy normal encontrarse con cruceiros, que tienen un marcado carácter religioso y nos recuerdan la vocación cristiana de la andadura, algunos encierran leEL MUNDO DE SOPHIA

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yendas y tradiciones, como es el caso de la cruz de Fierro Foncebadón. En ella los peregrinos depositan un guijarro traído desde sus lugares de origen, con una frase o leyenda sobre algo de lo que se quieren liberar en el camino. Allí la depositan y con el tiempo va creciendo, permitiendo al peregrino liberarse simbólicamente de una pesada carga. Otros objetos, presentes a lo largo de la vía, indican al peregrino que

está siguiendo la ruta correcta. Se trata de señales como la sempiterna vieira, típicamente jacobea, las indicaciones azules de la Unión Europea, otras de bronce incrustadas en el suelo de algunas ciudades, y las famosas flechas amarillas.Todos éstos son símbolos que el caminante despierto y atento reconocerá también como alusiones a la vida misma. Son comunes los que nos recuerdan la muerte y resurrección, pues ponen de manifiesto la

El Camino de Santiago deja una huella imborrable en aquel que lo transita.

necesidad de abandonar ciertos esquemas vitales, que son obsoletos, para asumir otros nuevos. Así como aquellos que invitan al silencio, pues parecen una advertencia de que las enseñanzas son intransferibles y personales y que a los recintos sagrados se ha de entrar con una actitud adecuada para lo que allí se vive. Llaman también la atención elementos donde se refleja un sincretismo entre el cristianismo y las religiones antiguas. En la localidad de Puente la Reina, por ejemplo, encontramos en la Iglesia de la Crucifixión, un Cristo único y especial ya que la cruz que lo sostiene tiene forma de pata de oca, símbolo de carácter iniciático. En suma, el Camino de Santiago deja una huella imborrable en aquel que lo transita. Cuenta la leyenda que en otros tiempos los peregrinos traían a Santiago una piedra de granito o cal para ayudar a la construcción de la catedral. Los viajeros de hoy también llevan una consigo de la que se liberan al final del periplo. Ésta simboliza las ansias, los agobios de la vida cotidiana, el estrés y los sinsentidos de nuestra sociedad que se ha olvidado de lo importante que es reencontrarse con uno mismo y con lo que está más allá de nuestra esfera egoísta. El camino es, como la propia existencia, una escuela de aprendizaje que permite al caminante reconocerse a sí mismo y darse cuenta de lo que realmente se necesita para ser feliz. Muchos piensan que el camino termina en la Catedral de Santiago; otros que hay que marchar hasta Finisterre como lo hacían antaño. Yo creo que para el peregrino que realmente se ha transmutado, el verdadero camino, el más difícil pero también el que conduce a la felicidad, es justamente el de la vida misma. Así que, como dicen los hospitaleros: ¡Buen camino para todos! m


Cartas a un joven idealista La

V

oluntad Herminia Gisbert

Vicepresidenta de la Fundación Sophia

Querido Jorge: Muchas han sido las definiciones filosóficas sobre la voluntad a lo largo de la historia, pues, ¿cómo no se iba a ocupar la «ciencia de la razón» de una de las más importantes cuestiones de la existencia? Así, desde Platón y Aristóteles en la Antigüedad clásica, pasando por Tomás de Aquino, Kant o Schopenhauer, hasta Nietzsche, muchas han sido las teorías, explicaciones y reflexiones respecto a tan valiosa cualidad. Tampoco podemos olvidar las nuevas corrientes de coaching, inteligencia emocional o autoayuda que se ocupan ampliamente de este tema, por cuanto que la voluntad es la punta de lanza de otras muchas facultades humanas y uno de los pilares del éxito en la vida… Y eso, por no hablar de los grandes místicos y sabios de todos los tiempos y lugares, que nos dejaron grandes enseñanzas sobre tan divino poder, para que nos sirvieran de brújula interior en el camino que todos andamos. Por eso, de las tres posibilidades elegiré para que reflexionemos juntos la última, ya que según mi parecer es la fuente de las demás, por cuanto

que constituye la base y el sustento espiritual de las otras, tanto de aquellas que han sido trabajosamente elaboradas por la razón, como por aquellas otras más sencillas y asequibles, procesadas por profesionales dedicados a la mejora humana. Lo que sí podemos decir es que en todas está impresa la huella de la divinidad, pues están imbuidas de una necesidad «metafísica» por desvelar el secreto de la virtud que tal vez posee más «poder»: su Voluntad. Según nos habla la Sabiduría intemporal, el Alma del Universo se expande hacia la manifestación a través de una triple energía divina. Tres rayos en uno que se expresan tanto en el universo visible como en el invisible, en lo grande como en lo pequeño, en el cielo como en la tierra, en el macrocosmos como en el microcosmos. Una triple energía que ha sido expresada por todos los sistemas religiosos como las tres Personas divinas PadreMadre-Hijo o Caos-Theos-Cosmos, o como llamarían en las distintas religiones: la Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo en EL MUNDO DE SOPHIA

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Representación de la Tríada egipcia Osiris-IsisHorus , y la hindú BrahmaVishnu-Shiva.

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el Cristianismo; Osiris, Isis y Horus en Egipto; Brahma, Vishnu y Shiva en la India; o dentro de la filosofía, como expuso Plotino en su ánimo por armonizar las distintas formas religiosas en conceptos comunes a todas ellas, como Ser, Inteligencia y Creación. Lo cierto es que más allá de sus nombres, parece ser que estamos hablando de tres energías derivadas del Uno, que canalizan el impulso de Voluntad, de Amor y de Inteligencia en el plano de lo objetivo, y de la Ley, la Vida y la Forma en el plano de la manifestación subjetiva.Tres Leyes con las que se desenvuelve el universo y también el ser humano. Comencemos hoy por la primera de esta trina manifestación, por la Voluntad, por aquella con la que se han identificado todos los dioses «Padre» del panteón de las diferentes religiones: Zeus, Júpiter, Brahma, Amón, Odín o Wiracocha… todos los dioses que simbolizaban el aspecto de Padre creador y que por ese motivo fueron también símbolo de esa primera energía de Voluntad-Ley, capaz de poner en movimiento la Creación. ¿Qué es la Voluntad? ¿Cómo se manifiesta en el hombre y cómo puede desarrollarse? ¿El «querer» es obra de la Voluntad, o existen otras energías que también impulsan nuestras acciones? ¿Todo deseo hacia el que dirigimos nuestra atención tiene el áureo sello de la Voluntad? ¿Es mi voluntad de ser la que me hace libre o sólo cuando soy libre puedo usar la Voluntad?… Como en el mito de Teseo, que debió enfrentarse con la bestia en el centro del laberinto, así también tendremos que penetrar en nues-

EL MUNDO DE SOPHIA

tros laberintos mentales, para hacer frente a nuestro Minotauro interno, no sin antes agarrarnos bien al hilo de Ariadna, y ceñir en nuestras sienes el divino regalo de su diadema de Luz, que nos permitirá entrar y salir sanos y salvos de tan crucial prueba, aquella que más pronto o más tarde todo ser humano tendrá que enfrentar para conquistar y llegar a dominar su Centro… Los grandes sabios nos dicen que ya desde antes del nacimiento, la suprema Voluntad late dentro del feto como late en él la sangre vital de su propia madre, y que venimos a la existencia por nuestra propia «voluntad de vivir». Más tarde, el propio Ser, encarnado en un pequeño y delicado cuerpo, expresa su voluntad abriéndose paso con dolor para atravesar el estrecho y oscuro útero materno que le separa del día de su vida, para alcanzar la aurora con el primer llanto… Poco a poco vamos creciendo, rodeándonos de personas que actúan como testigos de esa voluntad ávida de experiencia y conocimiento, con sus esfuerzos y triunfos, con sus caídas y derrotas, con sus deseos y sus miedos. Aparecen en nuestro camino algunas personas que se convierten en maestros y mentores, ejerciendo


de modelos y paradigmas de vida; y otras que nos hieren más o menos inconscientemente, dejando también su huella profundamente marcada en el alma.Así, caminando paso a paso, vamos enfrentando encrucijadas, momentos decisivos que sabemos en el fondo de nosotros mismos, que para bien o para mal van a cambiar nuestra vida, que ya jamás volverá a ser la misma… mientras vamos construyendo una personalidad que, según cada caso, se expresa como vestidura luminosa o como armadura asfixiante a través de la cual vemos el mundo y a nosotros mismos… De esta manera, si vinimos al mundo desnudos de ropajes personales, con el correr del tiempo nos vamos revistiendo de máscaras o velos que van ocupando un lugar de privilegio en nuestras propias vidas, opacando o enmascarando en mayor o menor medida nuestro Ser, y, por ende, nuestro auténtica Voluntad de Ser. Casi sin darnos cuenta, vamos levantando en torno nuestro un laberinto de cristal o de dura roca, y así el genuino poder de la Voluntad espiritual que hizo su inmersión en nuestra esencia, va revistiéndose de una personalidad que absorbe todo el protagonismo. La usamos para tratar de comprendernos a nosotros mismos, para interpretar el mundo que nos rodea… Con ella nos protegemos, con ella nos expresamos, con ella leemos las señales de la vida, con ella amamos y sufrimos… con ella vivimos nuestro presente, y es con ella con la que enfrentamos el pasado y proyectamos el futuro… Y mientras nuestra «voluntad de experimentar y de vivir» nos lleva a perseguir cuantos deseos se cruzan en el camino en nuestra insaciable búsqueda de felicidad y anhelo de comprensión, va creciendo paralelamente en nuestro interior un desasosiego profundo y callado, que nos hace estar constantemente insatisfechos por errar muchas veces, o confundir nuestros objetivos con cuantos juguetes la vida presenta ante nosotros. ¿Es eso lo que realmente anhelamos? ¿Es nuestra libre Voluntad la que se ha movilizado o han sido nuestros instintos, nuestras máscaras o hábitos adquiridos los que nos han impulsado a lanzarnos hacia tal o cual deseo?... Así, yendo en pos de aquello que ambicionamos —un mejor coche, una casa más con-

fortable, un trabajo más rentable...— van pasando nuestros días con la monotonía de lo inerte y la rutina de lo insustancial, sin que ninguno de nuestros días sea esencialmente distinto al anterior. En ese momento, cuando el alma en su caminar por el interior del laberinto siente esa sensación de frustración que le oprime el pecho por lo que hubiera podido ser y no es… y con la mayor honestidad de que seamos capaces, hay

que parar el mundo a nuestro alrededor, hacer el vacío interior y tener el valor de escuchar en el silencio de nuestra angustia a la Voz que mora dentro nuestro. Seguramente, allí, en las profundidades de nuestra conciencia, y posiblemente con un gran dolor únicamente soportable por las almas valientes, escucharás una vocecita que te susurra: observa de qué divina pasta estás hecho… Siente la suprema Voluntad dentro tuyo… No temas, tú sabes realmente qué debes hacer, atrévete, eres un átomo del gran Demiurgo, un célula viva del Señor de la Totalidad… Sé Tú mismo y así Me permitirás manifestarme y tu alma podrá entonar la canción del divino poeta… «Busca al Guerrero y deja que pelee en ti» Combate a mi lado, Guerrero sublime, combate de todas tus armas vestido; la selva es oscura, yo vago perdido, y el miedo me hiela y el ansia me oprime. ¡Son muchos los trasgos!, y al pobre viajero lo invaden continuas angustias y alarmas; combate a mi lado, sublime Guerrero, combate vestido de todas tus armas. Sé que hay un abismo de horror, escondido muy cerca: si caigo ¡ya quién me redime! ¡Combate a mi lado, Guerrero sublime, combate de todas tus armas vestido! (Amado Nervo) EL MUNDO DE SOPHIA

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El querer va haciéndose más libre y autónomo en la medida que lo ejercitas, pues en el mayor de los «quereres» está la suma renuncia, que no es otra que la ofrenda de ti mismo.

Es justamente ése el momento de enfrentar el «gran desafío», el camino de retorno a casa que comienza con la posesión consciente de tus armas mágicas, la más poderosa de las cuales es la voluntad… Como su raíz etimológica indica, la voluntad está íntimamente asociada con el querer, un concepto muy amplio que abarca desde el simple deseo, hasta la intención, el intento, o como dirían los maestros egipcios, el «querer con el corazón», que es algo así como emplearse con toda el alma para conquistar algo. Si bien el deseo es el gran estimulante de la voluntad, hay una gran diferencia entre ambos que deberemos dilucidar. El deseo tiene su raíz en el instinto y su motor en las pasiones y emociones. Sin embargo, el querer asienta sus bases sobre la conciencia activa que busca su realización, moviéndose determinadamente por una buena motivación. Por eso el deseo constituye una base de acciones y decisiones muy frágiles y volubles, marcadas con el sello de la superficialidad y el capricho. Mientras que el querer, previa valoración de intereses, establece una base sólida donde resistir los embates, que tarde o temprano pondrán a prueba nuestra búsqueda. El deseo es efímero y pasajero, pues desaparece en el momento en que lo haces realidad… y es ambiguo, puesto que en su objetivo está su propia muerte… Esto genera en el alma de aquel que, hipnotizado por el brillo fugaz del objeto de su deseo, corre hacia él, un sinfín de contradicciones y confusiones que le llevan irremediablemente a la insatisfacción y a la ansiedad. Por el otro lado, el querer es premeditado, requiere enfoque y determinación, esfuerzo y estrategia, cualidades que generan en el alma la sensación de ser uno mismo. Como diría William Ernest Henley: ser el dueño de su destino, el capitán de 42

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su alma. Esa sensación siempre va acompañada de un gran poder para realizar aquello que te propones, pues con cada logro aumentas en progresión geométrica tu voluntad, que se multiplica por un factor mayor con cada victoria conquistada… El deseo es tiránico, pues exige una recompensa a la que quedas esclavizado. El querer va haciéndose más libre y autónomo en la medida que lo ejercitas, pues en el mayor de los «quereres» está la suma renuncia, que no es otra que la ofrenda de ti mismo. El querer con el corazón es una acción en donde tu Yo está tan implicado en el acto mismo, que quedas en él disuelto y por lo tanto dejas de ser en lo personal, para convertirte en un agente colaborador de la propia vida… El deseo es meteórico y la estela que deja es la de la insatisfacción, puesto que rápidamente se desvanece; mientras que el querer puede llegar a superar los abismos de la tumba, el tiempo y la distancia, pues en su esencia de voluntad pura es eterno y no muere cuando muere el cuerpo… Siendo —como han apuntado algunos pensadores— que el fin del deseo es el deseo mismo, no tiene Ser, pues no tiene «la dignidad de lo completo y acabado»; en cambio la voluntad ha sido alabada como la energía motriz más poderosa del Universo, por encima incluso de la atómica, como apuntó el mismo Einstein… De ahí que una sea la acción derivada de una elección consciente entre diferentes posibilidades y de una determinación imparable del Ser interior, y otra muy diferente la acción derivada del deseo, del impulso instintivo, del automatismo o del hábito. La una, como diría el filósofo estoico Epícteto, depende de uno mismo y es libre por naturaleza, mientras que la otra forma de actuar es esclava, puesto que está condicionada por factores inconscientes y automáticos, que muchas veces, de una triste manera, dirigen nuestras vidas sin que nosotros podamos hacer nada para evitarlo… Mucho se ha escrito, y mucho podríamos hablar de esta divina cualidad, pero deja que hoy, mi querido amigo, te transmita mis secretos, aquellos que he destilado con paciencia y con amor a lo largo de la vida y que me han dado grandes satisfacciones interiores. Ellos tienen la sencillez de las cosas hechas con el corazón, y el frescor de las claves prácticas para la vida cotidiana; la contundencia de lo válido, por ser útil y duradero, y el brillo que imprimió el divino Artífice cuando ideó al ser humano. En ellos te dejo mi regalo. Como diría el gran Machado: «Yo no sé muchas cosas, es verdad, digo tan solo lo que he vivido… Y he vivido…»


1. Cuenta 1, 2 y 3 y lánzate, cuantas veces sea necesario, al desafío de ser tú mismo… Puede que te equivoques y tengas que desandar el camino, pero serán tuyas para siempre las lecciones aprendidas que sin duda te serán muy útiles en próximas contiendas. Y de esa manera ejercitarás también tu capacidad de decisión. Verás cómo la sombra del miedo, siempre presente, se aleja de tu lado… 2. Ejercítate en conquistar pequeñas cosas cada día. Por pequeñas o insignificantes que parezcan, ellas serán los escalones que te conduzcan paulatinamente a la cima de tu voluntad. Así, casi sin darte cuenta, irá aumentando tu autoestima, la confianza en ti mismo y tu poder para enfrentar mayores desafíos. No desprecies las pequeñas cosas del día a día para ejercitar tu voluntad, pues no debes olvidar que inexorablemente, un cántaro se llena gota a gota de agua… 3. Sé naturalmente esforzado, ponte a prueba periódicamente llevando al extremo tus fuerzas. Así ensancharás tus propios límites y ampliarás tus horizontes concienciales… No coartes tus sueños, no cohíbas tus impulsos generosos, no limites tus anhelos del alma. Más bien comprométete con todo tu ser… y vive la vida con pasión. 4. No cedas ante las adversidades. Ellas llegarán sin duda alguna. Es más, espéralas con tus armas en la mano y una sonrisa en el rostro. Las dificultades son el medio que usa la Naturaleza para que valores la altura de tu misión, agudices tu inteligencia y aprendas a extraer y usar todo tu potencial interior. Cuanto mayores sean los obstáculos y las dificultades, mayor la calidad de tu desafío… y mayor también será la gloria.

5. Disfruta en tu ejercicio de voluntad.Todos tenemos la posibilidad de vivir la vida como un trágico combate o como la más fascinante de las aventuras. Es tuya la elección… Y está demostrado por todas las corrientes neurocientíficas que con alegría en el corazón y sentido del humor hasta lo difícil se hace fácil y lo imposible se hace posible… 6. Ejercita tu mente a través de la meditación y el silencio interior. Enfoque, atención, concentración, auto-observación, templanza y autodominio son claves insustituibles para tu evolución espiritual. Recuerda la máxima budista que dice que ni un padre, ni una madre, ni amigo o pariente alguno te harán tanto bien como una mente disciplinada… Y con sólo veinte minutos al día bastará para transmutar tu mente en la más luminosa y eficaz de las herramientas. 7. Y por último, selecciona tus objetivos. Si, como decíamos antes, el deseo es el primer escalón de la voluntad, es muy importante que aprendas a estimular o descartar los deseos según su naturaleza. Aquellos que no ayuden en la realización de tus sueños e Ideales, o que sientas en lo más íntimo de tu conciencia que no son legítimos y que te alejan o te apartan de tu verdadero Ser, deberás abandonarlos en pos de aquellos otros que espoleen tu imaginación creadora y hagan estallar tu alma en chiribitas de luz ante la visión de la meta. Cultiva con la imaginación el deseo adecuado… convierte en hoguera las brasas que arden en tu interior. Todo ello te dará la motivación necesaria para ejercer tu Libre Voluntad, aquella luminosa dádiva que los Dioses creadores insuflaron en tu alma, in illo tempore, para que recordases tu divino origen… m

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