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NOTA EDITORIAL Asesinato de cuerdas vocales, enmarañando y desconociendo la mezcla de las onomatopeyas excitadas. Gritos desesperados buscando la atención con el idioma bailado. Escupiendo lo fumado y lo tomado prestado. Elegancia desmedida, pero calculada. Felices demuestran su asquerosidad que hoy noche es respetable para la visión sociedad. Secretan su sudor inodoro entre la muchedumbre de almas arrimadas, piden un trago, piden otro y roban lo que no les falta, la fiesta embadurnada. Cuando te jalan de la trenza para pedirte fuego, miras todo ese delicioso licor regándose, mezclado con babas, aguantándote el grito que delate el desperdicio de su simpatía forzada. - G.E.P.


SIN TÍTULO (por: Martín Samaniego)

pág. 2

SIN TÍTULO (por: Galo Esteban Pérez)

pág. 3

PEZ DE AGUA (por: Galo Esteban Pérez)

pág. 4

COQUETEO (por: Juan Andrés Zalamea)

pág. 5

¡TRAGICOMEDIA! (por: Andrea Tapia)

pág. 6

SHE’S A BUNNY AND SHE KNOWS IT (por: PP Couta)

pág. 8

CORRECCIONES (por: Juan Andrés Zalamea)

pág. 9

DOMINGO SIN VOZ (por: Juan Andrés Bustamante)

pág. 10

MEMORIA DEL MES (por: Andrés Pazmiño Pástor)

pág. 11

*LOS MAGOS DEL GRAN CARNAVAL (por: Vujo)

pág. 12

MEMORIA DEL MES II (por: Andrés Pazmiño Pástor)

pág. 14

KCABEEFEEDBACK (por: Juan Andrés Bustamante)

pág. 15

PELEA ANUNCIADA (por: Galo Esteban Pérez)

pág. 16

AMO TODO LO QUE FLUYE (por: Luciana Musello)

pág. 17

TÉ PARA UNO (por: El Primate Desnudo)

pág. 18

TODO GOCE REQUIERE LA ETERNIDAD (por: Raffaella Descalzi) pág. 20

SIN TÍTULO (por: Martina Miño)

pág. 21

DEMASIADO TARDE (AZUL) (por: Martina Miño)

pág. 22

QUIERO QUE NADIE LLORE (por: Teodoro Monsalve)

pág. 23

EL CANTO DE LA ZARIGÜEYA (por: Juan Andrés Zalamea)

pág. 24

pág. 26


(lapsus linguae)

TÍTULO POEMA

SIN TÍTULO

(por: Martín Samaniego)

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(fiesta embadurnada)

Se queda pequeña la ventana el frio es el que te sobra la compostura de la normalidad aterra, se afina la oscuridad. El silencio que se contorsiona, la muerte urge y revelándose disimula lo sobrenatural, camuflaje que ya pierde su utilidad. No duerme el miedo, solo se tumba, se corrompe entrega un idioma que se resume en palpitaciones, estampidas entre las costillas. Se conserva con el pánico, la inmortalidad del alma es amenazada tu tacto se vuelve frágil y lloras buscando discreción.

- Galo Esteban Pérez

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edición 1 (uno)

PEZ DE AGUA

Te aprovechas del sueño, te pasaste por mi brazo con tus patas agujas. Vives de las letras en las hojas. Después de tu aparición mi inconsciente te hace recorrer mi cuerpo, ahora estas dentro de mis pantalones, rozas mis bellos y creas senderos invisibles. La humedad te hace subir hasta mi cuello, te aprovechas del sueño y regocijas tu seguridad en mis labios, portal del espacio aguado dirígete por el túnel sin luz al final tropiézate, despiértame te trago.

- Galo Esteban Pérez

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COQUETEO

(por: Juan Andrés Zalamea)

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(fiesta embadurnada)

¡TRAGICOMEDIA! ...y el delirio del príncipe H.

ACTO I Después de tantos años, han vuelto, aquí frente a todos: ¡Los Trágicos de la Ciudad! No, no, no, ésta no es campaña política, se trata, simplemente, de un grupo de artistas enjutos con sus instrumentos y coloridos disfraces. Vienen a representar un gran acto. Sus cuerdas vocales van entonando un canto de ave mientras hacen su entrada a la ciudad. Su repertorio incluye Tres Marías y Una Rosa, y Candombe para José. ¡Negrito, negro José! ACTO II Comienza el acto. La muchedumbre mirando y chismeando los ve, ¡que fiesta se han de armar, pasen el aguardiente! Babas van rodando por las quijadas del público, hasta llegar a la punta más baja de los rosarios que cuelgan por sus cuellos. ¡Salud! Alguien de entre la multitud grita: “Vivan los Trágicos, que no saben de ostentaciones, sino del vulgo. ¡Que se queden!” Uno de los Trágicos, disfrazado de burro, agita sus patas y canta melodías que resuenan en el aire y atraen a chicos y grandes. Y enardecidos tras tanto aguardiente, todos bailan con pasos atolondrados al ritmo del Candombe. Las frentes sudorosas, las madres saltando con sus maridos y los niños imitándolos. ¡Todos son parte del acto! ACTO III De repente, suenan las trompetas, y la música se silencia. Ya no se escuchan pasos. ¡Ante ustedes, aquel que va saliendo de sus aposentos, tambaleándose de lo tan gordo que está y mirando por debajo al fanático pueblo: el soberano Gusano!

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edición 1 (uno)

Su corbata parece estar a punto de zafársele del cuello obeso que se confunde con su papada. Y todos estupefactos, ¿qué irá a decir? Alargando su brazo hacia la gente, en ademán de superioridad, el Gusano exclama: “¡Pueblo! Que no ven que éstos son farsantes. Artistas se hacen llamar, pero son meros payasos que vienen a aprovecharse de ustedes. Sus canciones y sus actos son mentiras, ¡puras mentiras!” Todos esconden el aguardiente, y consternados se miran entre sí, ¿será cierto, será que nos mienten? Se escucha un grito: “El soberano tiene razón, ¡siempre la tiene! Que se vayan los farsantes.” El resto hace eco a sus palabras. Los niños lloran. ACTO IV Está decidido: “Los Trágicos de la Ciudad están prohibidos en la ciudad.” Los Trágicos se miran con picardía como si la comedia continuase. Uno grita: “¡Es el fin señores, el vulgo sueña con ser Gusano!” Y así, hacen la venia a la ciudad, y montan su burro. El día se va terminando, y los Trágicos van cumpliendo con su suerte. A una mariposa se la traga la luz, a ellos el ocaso. Y a todos nosotros espectadores, nos arrolla un monociclo. Es hora de la cena y de engordar gusanos. ¿FIN?

- Andrea Tapia

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SHE’S A BUNNY AND SHE KNOW’S IT (por: PP Couta)

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(fiesta embadurnada)

CORRECCIONES Puedes separarte, aniquilar tu conciencia; destruirla y hacer de ella cualquier cosa que tú quieras. ¿Que cúal es el sentimiento que da la certeza? Todos. Tu acto ya es respuesta de alguna verdad, de una y de varias. La de que tienes miedo, la vergüenza, el amor, el respeto y la pereza. Y, ¿ahora? - te preguntas ¿A dónde voy? ¿Qué hago y quién soy? Tantas preguntas, todas a la vez. Sí, ambas tres.

- Juan Andrés Zalamea

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edición 1 (uno)

DOMINGO SIN VOZ ¿cuánto falta? voy horas disolviéndome aquí yendo y viniendo, fumando y, a veces, bebiendo tratando de redimir mis ideas hacer de ellas algo que no comprendo trato algo nocivo; eclipsarme entré los viñedos del olvido. hare que valga la pena cabalgando a la luz de la vela bostezando sin parpadear, metacognición dispar. imaginación sin procesos en estos sucesos llenos de besos bosquejos, planos y cartas un millón de motivos para ejecutar más del 20% de faltas mi pobre diafragma herido imposible no sentirse perdido con esta espada de berilo incrustada en el ombligo entre notas y movimientos voy sangrando por dentro litro a litro, más de la cuenta ahogado en plena tormenta tuve días mejores galvanizados y de colores viniendo; volverán solo que ahora el domingo los demora y solo lo hace peor el hecho de que estoy sin voz cantando en negativo apuntando hacia el olvido anémica mañana, a punte vino. - Juan Andrés Bustamante

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(Foto por: Andrés Pazmiño Pástor)

ALAJA JAM - Concierto en Catekill, UIO

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LOS MAGOS DEL GRAN CARNAVAL (por: Vujo)


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(Foto por: Andrés Pazmiño Pástor)

ALAJA JAM - Concierto en Catekill, UIO


KCABDEEFEEDBACK

(por: Juan Andrés Bustamante)

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(fiesta embadurnada)

PELEA ANUNCIADA

Solo se dejan sonar los teléfonos. Los lienzos se revientan. Ya no tengo fuerza para ganar experiencia o el alma se llenó hasta el tope y ya no guarda más. Los versos se repiten y gritando no llegan a emitir mensaje. La niebla, hoy es solo una “N” con otras cinco inservibles. Ya no hay suerte, la palabra se ha vaciado.

- Galo Esteban Pérez

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AMO TODO LO QUE FLUYE (por: Luciana Musello)

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edición 1 (uno)

TÉ PARA UNO La noche avanzaba con el usual vaivén de los clientes del Té para uno, ese burdel finísimo donde todas las putas eran ricas. Vestían batas de seda fucsia que combinaban con las alfombras y parecían una extensión del antro lujoso al moverse junto a sus cuerpos desnudos. Fue ella quien lo miró sentado en la mesa de la esquina mientras chupaba de su whisky doble en las rocas, lo único barato de ese lugar. Buscaba clientes para cumplir su cupo del mes y de pronto llenar sus bolsillos para conseguir una cena caliente. La bata ondulaba con sus pasos como una nube en el atardecer mientras se acercaba, y fue entonces que él levantó la mirada de su vaso después de otro trago profundo. El sentimiento de los pelos que se erizaban sobre su nuca fue el mismo que sintió al observar por primera vez los girasoles de Van Gogh; un escalofrío electrificante que viajaba por su columna y le calentaba el pecho, aunque eso podría haber sido el whisky. No adivinaba con certeza su silueta, buscaba entre los pliegues de su prenda una cintura, caderas, pero solo mostraba lo suficiente para hacer volar la imaginación del hombre. Con cada paso mostraba una pantorrilla que lo hipnotizaba hasta el borde de la cordura. Era flaca, de eso estaba seguro, y sus pechos pequeños, juguetones. Apuró su trago mientras se preguntaba si el aroma a azar que creía percibir era ilusión o si emanaba del cabello oscuro que contrastaba con el fucsia de su vestimenta. Su tez de cobre amplificaba el brillo de sus enormes ojos verdes. -Venga princesa, tome asiento. Ella sonrió, en parte porque por fin había conseguido cliente, en otra porque el señor Roberto era conocido por sus formidables propinas y cuentas llenas de trago barato en la barra. -¿Cómo se llama, princesa? – murmuró Roberto cabizbajo, mirando por encima de sus gafas a los ojos de jade. -Viviana. – respondió – Es un gusto conocerlo, precioso, sabe que es famoso en el Té. -Sí y no, tantas veces que vengo y usted nunca se asoma. ¿De donde viene, Viviana? -De Medellín. - la prostituta pausó, cerró los ojos y frunció las cejas. - Pero mi vida es asunto propio. Roberto apuró lo que sobraba del whisky aguado y alzó el vaso para pedir uno fresco. La chica de la barra ya conocía el gesto y se empeñó en servirlo. -En ese caso compartimos algo. - dijo el hombre – Medellín es mi vida, y mi amor. -¿Entonces por qué la abandonó? -Si no te incomoda, se trata de mi vida.- dijo reprimiendo una risa burbujeante. Se acercó la chica de la barra y le entregó el trago. Roberto estiró el brazo, encerró el vaso entre sus dedos y chupó hasta el fondo en un solo trago largo. -Vamos.

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(fiesta embadurnada)

Viviana lo agarró de la mano y lo guió hasta el segundo piso, la tercera habitación a la derecha. El contoneo de su cadera fue suficiente para que a Roberto le creciera una piedra entre las piernas. No podía más que jadear mientras Viviana se desvestía, jadear mientras lo desvestía a él, jadear mientras lo lavaba y le aplicaba el preservativo. Culearon tan suave que parecían hacer el amor. Roberto empujaba, sentía cada centímetro de la mujer, miraba sus ojos entreabiertos y besaba su cuello, los senos, la frente, hasta que ambos terminaron y se retorcían en el sudor del sexo. Por un momento quedaron los dos tumbados en la cama, tambaleando entre sueño y vigilia. Roberto rompió el silencio. -Fue mi madre- balbuceó, girando para acomodarse contra la cabecera. -¿Qué? -Dejé Medellín por ella. Viviana escuchaba sin mirarlo en la oscuridad, ya no tenían importancia las diminutas cortesías. -Ella es puta, yo soy hijo de su oficio. Siempre me amó, trabajaba para cuidarme, pero nunca me amó tanto como a su verdadero amor. -¿Tienes hermanos? -Solo la heroína.- La mujer se irguió y abrazó el brazo de su cliente. Lo miró a la cara pero no encontró sus ojos. -Escapé de esa casa cuando cumplí doce años, vivo en Quito desde entonces. -¿Tiene nombre? -Se hacía llamar Amalia, yo la conocía como Isabel. - Viviana se separó del hombre, su piel de cobre repentinamente rígida, encogida en sudor frío como de gallina desplumada. -Es hora de que se vaya, señor. -Te pago una hora más, princesa- le temblaba la voz. -Váyase por favor, señor.- dijo la mujer -Se acabó, por favor salga. Viviana se levantó, ocultó sus hombros con la bata fucsia que recogió del piso y salió hacia los camerinos. El maquillaje se derramaba por sus cachetes. Mirándose al espejo aguantaba las arcadas de su estómago vacío. Roberto pagaba su cuenta mientras la mujer calentaba el polvo blanco en una cuchara. La jeringa vacía la llamaba desde su maleta. Madre, por qué nos has abandonado, estamos tan solos, madre. - El Primate Desnudo

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TODO GOCE REQUIERE LA ETERNIDAD (por: Raffaella Descalzi)

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(fiesta embadurnada)

Y salen manchas. De todos los tamaĂąos, de todos los colores, de todos los sabores, de todos los olores. El rastro baboso del fracaso, que me recuerda que por lo menos lo intentĂŠ.

- Martina MiĂąo

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edición 1 (uno)

DEMASIADO TARDE (AZUL) Puertas se cierran, ventanas se abren. La luz entra y la oscuridad sale de una mente paralizada por la nostalgia restregada con azul. El miedo es exprimido del alma, como gotas de limón. Un pánico tan reconocible, tan propio, tan idéntico a uno mismo. Tan difícil de aceptar, tan difícil de entender. Tan presente en la memoria triste y sucia del amor. Y ahora, la briza helada del invierno de un sentir, me avisa que todo está roto, que es demasiado tarde para aferrarse, a lo extinto. Resulta insólitamente tarde, pensar en un ayer, pensar en un tal vez. Demasiado tarde para besar cálidamente la posibilidad de un reencuentro, pues lo que tú no entiendes es que esta mente petrificada, fija su vista en un sentimiento que se ha marchitado en tu corazón, que ha muerto. Qué solo y probablemente nunca existió dentro de lo efímero de tus miradas, dentro de la electricidad de tus caricias. Y así pues, se pierde la cordura, esa que nos ata, muerde y desgarra y se bebe de la locura, ya que ésta calma nuestra sed, y nos lleva a un mundo en dónde el tiempo está a tiempo, el reloj a nuestro favor y nuestra suerte es rosa. - Martina Miño

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QUIERO QUE NADIE LLORE (por: Teo Monsalve)

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(fiesta embadurnada)

EL CANTO DE LA ZARIGÜEYA (en Do Mayor)

-A mi loca mente y Leo Legris.

Lo que mientras en intensos estados se sienta, las locuras y bellezas maravillas y grandezas, pequeñeces disueltas como azúcar en la leche. Así es como se expresa la fineza de sus trucos, que empaquetados al vacío nos aturden y nos dan vueltas la cabeza, llegan y tuercen nuestras piernas.

Maravillado me quedé, su tristeza y su increíble conciencia me deliran cada vez más. Pero, por favor, no os preocupéis, si con delirio también andáis, pues tal como dice aquella vieja canción,

-En otoño o en primavera, todo lo mismo da, que si la locura de la Zarigüeya oculta no está, pues ¡JA! Grandes cuentas deberán ustedes soldar. -

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edición 1 (uno)

¡Muchachas, muchachos! Se los pido, ¡no os alteréis! Que el canto de la Zarigüeya recién en su preludio, se encuentra.

-Juzgada siempre de patas, he sido yo, pobre loca Zarigüeya. Saltar y bailar, es hoy por hoy lo único que me queda, si es que ustedes extraños me siguen haciendo a un lado.

Bum bucutún pun burúm pun pun.

¿Dónde dónde, mi pequeña amiga, te encuentras? Sal de tu oscura cueva, escuché que por allá nadie te quiere ya. Porque amigas ni amigos tienes, el gran honor de ser mi compañera ahora posees. Ahora tú y yo, la loca Zarigüeya, inseparables somos y con este mismo beso es que dentro de tu propia mente para siempre te encierro.-

- Juan Andrés Zalamea

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Profile for El Monociclo

Edición 1 (uno)  

(FIESTA EMBADURNADA)

Edición 1 (uno)  

(FIESTA EMBADURNADA)

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