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Editorial/ 1- 4

Por LEON SALVATIERRA COLABORACIONES / Páginas

India caída en el mercado/ 4 - 5 Las magdalenas del desierto/ 5- 6 Cuestiones para pensar/ 6, 9 El mundo es malo/ 7-8 ¿Cuál es la temperatura de un país?/ 10 Sala 3 / (Págs. 10,11,13) Anónimo/ 12 Distribución de la palabra y la imagen/ 1314, 16-17 Aún de pie, señora/ 15 Reseñas (Fragmento II)/ 18 –19 Vodka, sprite y limón/ 20

CONCEJO EDITORIAL: León Salvatierra

Poeta nicaragüense

La escena del mundo ha venido cambiando vertiginosamente; esto se ha percibido muy claro en las últimas décadas. Resulta impresionante la inmediatez con que la tecnología impulsa la globalización del mercado, que cada vez más intensifica nuestra experiencia, homogenizando la cultura y la sociedad en general. En Nicaragua, desde hace mucho tiempo nuestro sabroso pinol no es competencia para la delirante Coca Cola. Más allá de lo simbólico, no tiene mucho sentido llamarnos pinoleros.

Marcia Ondina Mantilla José Luis Pereira

Fotografías, Ilustraciones y Diseño: A cargo del Concejo Editorial

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(viene de la página anterior)

Auxiliado por la tecnología que soberbiamente ostenta su bata de ―progreso‖, el mercado, en sus diversas dimensiones, asedia los cuerpos, los ordena, los etiqueta y moldea nuevas subjetividades. Esta realidad disfruta de muchos aplausos intelectuales. No olvidemos que la tecnología ha hecho posible realidades que eran inimaginables en otros tiempos. Tal situación exige a los artistas y por consiguiente al arte, nuevas formas de interpretación y expresión. Sin embargo, el triunfo del libre mercado y la política liberal significa, para cierta intelectualidad reaccionaria, el fin de la historia del que habla Fukuyama; es decir, que no hay nada que hacer, que nosotros hemos alcanzado la recta final; ni el arte ni la conciencia humana en sus diversas manifestaciones de creatividad serían capaces de cambiar el curso de la historia. Bajo la condición actual de las cosas, a mi juicio, siendo realista, es más probable que el efecto sea irreversible. Pero hoy respiro los versos de Bukowski, debe haber una forma, seguramente debe haber una forma que todavía no hemos pensado, ¿quién puso este cerebro dentro de mí? que exige que dice que hay todavía una oportunidad, que nunca dirá que No, y todavía más profundo dentro de mi corazón, se niega a aceptarlo.

Hacia 1930 murió, al costado de la iglesia Matriz, una anciana que nunca fue santa, quien había bailado con sus pies desnudos por los bares, con el nombre de Divino Tesoro y juraba que había sido amada por el joven Félix, quien nunca pudo pagarle sus servicios… mas que con palabras. Pero le dejó algunos recuerdos: La novela Emelina autografiada y manuscritos de las “Acuarelas porteñas”. El rumor se esparció como pólvora. (Emelina. 3ª ed. 2007.-- Rubén Darío y Eduardo Poirier. Santiago: Ril editores. Prólogo de Víctor Rojas Farías, pp. 32-33. )

(Pasa a la página siguiente) César Vallejo se rehusó a ser presentado a Miguel de Unamuno en el Café Rotonde de París. Esta fue su explicación: "Respeto al maestro en todo lo que representa para España y en todo lo que merece su sabiduría... Pero si desdeñaba a Rubén (Darío) porque le veía la pluma india debajo del sombrero, ya es fácil deducir lo que sentiría por mí que llevo sombrero entero de plumas... Además, esa avaricia de Don Miguel, eso de que no quiera aceptar de nadie un café... es algo que hiere a mi temperamento. Y lo principal es que nada pierde el maestro con no conocerme..." (Armando Bazán. César Vallejo: Dolor y poesía. Fondo Editorial UAP, el año 2007.)


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Hay un dicho muy crudo en Nicaragua que dice: “a la conciencia se la comió un perro en el mercado Oriental”.

Hay un dicho muy crudo en Nicaragua que dice: ―a la conciencia se la comió un perro en el mercado Oriental‖. Aunque aparentemente los días se suceden, de algún modo, reafirmando este dicho, creo que mientras tengamos imaginación, emociones, sentidos y voluntad, siempre habrá esperanza para girar nuestra suerte.

En la afirmación de esa voluntad, intentamos reducir la distancia entre vida y arte: el mercado es la revista en la cual ponemos nuestros esfuerzos para llevar a cabo este proyecto. La iniciativa responde a la necesidad de un espacio donde se plantee la situación social, considerando la experiencia colectiva en el mercado contemporáneo desde el arte. A nivel formal, planteamos ideas que problematizan la relación artista/arte/espectador. De tal manera, asume coherencia el formato de nuestra revista, creando tensión entre los textos literarios con elementos extra-literarios, que surgen directamente del movimiento espontáneo de la cotidianidad. También suprimimos los marcadores de géneros literarios, dejando al lector ejercer su propio criterio en la categorización de los textos. En tanto discurso social, el arte en la actualidad ha quedado en banca rota, articulado por un artista desdeñoso de las formas de entretenimiento masivo, consecuencia del mercado global. En dicho contexto, vemos la necesidad de una actitud más dinámica en el entorno social, abordando aspectos tradicionalmente considerados de poca importancia en el arte, aunque en un cotejo más amplio, son determinantes en la transformación de la sociedad. Por ejemplo, un tipo de cine dirigido únicamente a un público especializado, filmes que usualmente son analizados por críticos-teóricos para generar nuevo conocimiento del campo cultural, ignorando las películas que entretienen a la multitud. Reconocemos la importancia del cine independiente, pero la influencia de Hollywood en la mayoría de la gente, nos obliga a considerar también la realidad de ese espacio, generando una crítica más pertinente al público en general. (Pasa a la página siguiente)


(viene de página anterior)

Lo anterior nos remite a una reflexión necesaria entre estética y política, asumidas generalmente como realidades separadas. Nosotros entendemos el arte y la política como dos caras de la misma moneda ya que la dimensión estética en las estructuras jerárquicas de la sociedad (que todavía se mantienen rígidas, pese a la aparente despolitización del mercado) se relaciona con la experiencia estética del espectador ante el arte, quien percibe y ordena, acorde a su propia subjetividad, un modo particular de experimentar e interpretar la obra. Lo cotidiano y el arte exhiben un tipo de relación en el que se incluyen ciertos espacios y se excluyen otros. En otras palabras, el espacio en que se permite decir, imaginar, hacer, etc., resulta amplio para algunos y reducido para otros. En este sentido, el mercado como una fuerza dominante en la experiencia colectiva, también juega un rol decisivo en el modo político de percibir lo cotidiano. Desde esta perspectiva, pensamos que sin caer en el panfleto, los artistas tendrán que responder de forma activa a las contradicciones del ser humano en esta sociedad, cuyo comportamiento y producción cultural se sujeta mayormente a las leyes del intercambio. De esta manera proponemos una esperanza: que la conciencia humana no siempre sea víctima de los colmillos caninos del mercado, según el dicho nicaragüense.

***

Pobre India doblada por el ataque todo su cuerpo flaco ha quedo quieto todo su cuerpo sufrido está pequeño, pequeño todo su cuerpo tronchado es un pajarito muerto. Su corazón─¡ah corazón despierto!─ pájaro libre, pájaro Suelto, Carlos, ha dormido un momento. JOAQUIN PASOS (Misterio Indio)

Ella se desmayó, la desmayaron. Al lavarle el estómago los médicos Lo encontraron vacío, lleno de hambre, De hambre y de misterio. Muy doloroso y sumamente amado. (Pasa a la página siguiente)


(viene de la página anterior)

Han volteado su cara─¡ah oscura palidez!─, Con el derrame

Licenciado en Filosofía.

las yugulares están secas y la sangre huyó secretamente, ¡ah, la viera su madre!

Una moña chiquita se desgaja

Santiago de Chile.

Y deja ver en la nuca una cruz blanca. Tan cerca de la muerte y tan lejana, Su vida vale mucho, vale nada. Los lustradores esperaban Obscenidades al levantar la falda Pero ella tiene una desnudez muy médica,

Y da la impresión de una ave herida Cuando cae su brazo como un ala. Abran, abran Todos las gentes malas sus entrañas Y no encontraba nada. Ella tiene un ataque que no lo sabe nadie. Un ataque malo, Carlos.

***

Profesor de la Universidad Diego Portales.

Cerca, Carlos, cerca del occipucio

Un lunar en la espalda,

TIRSO TRONCOSO SAAVEDRA

Hace 15 años que no regresaba. Mi padre, aburrido del desierto, me trajo al verde valle central. La nostalgia y el fin de Chuquicamata nos empujaron a volver, era la ceremonia del adiós definitivo. Llegamos a Calama a media mañana, el sol reverberaba en la loza lo que presagiaba un día pesado, de aquellos que el desierto sostiene !!! N luminoso hasta bien enÓ RAZ S É trada la noche. A TEN

, AN ITO PAS H C S Arrendamos un peque. N O S N DOS QUI A A N M ño auto y enfilamos a BAI PAL O OS L L Ó la mina, mi papá silencioS S TRO O S so bajó la ventanilla izquierda NO

pero el blanquecino polvillo nos provocó un concierto de estornudos como si una bolsa de pimienta se hubiese desparramado en nuestras caras.

De las viejas casas nada quedaba, el imponente club con sus canchas de bowling parecía bombardeado, los grandes bolos negros que antes rodaran por las vitrificadas maderas hoy parecían (pasa a la página siguiente)


(viene de la página anterior)

viejas municiones de barcos piratas. Los altos pimientos de la plaza proyectaban su árida sombra, haciendo más inmenso el abandono. Nos estacionamos para estirar las piernas y recorrer aquellas calles que alguna vez en coche recorrí junto a mi madre. Merendamos las magdalenas que guardamos del avión y luego de un par de sorbos de las ya tibias bebidas iniciamos la caminata. La inmensa mole gringa del hospital desplegaba aún su fortaleza, pero al acercarnos, su verdad era otra, la fachada se mantenía en pie, el resto ya había sido demolido. El viento hacía sonar el cartel ―urgencia‖ que pendía amenazante en la cornisa. Desde la explanada de ingreso recorrimos con la mirada el pueblo, es decir, sus ruinas. ―Vamos a la tumba de tu madre‖ -me dijo- y bajamos con la ventisca del mediodía. ¿El cementerio también desaparecerá? No, los cementerios siempre se dejan en pie –me respondió-.

***

MARCIA ONDINA MANTILLA Poeta nicaragüense

E

l término deuda externa dicho de manera simple sugiere la situación económica determinada de un país cuya subsistencia tiene como base principal o únicamente los préstamos realizados por los Estados con mayores ―recursos económicos” a través de sus organizaciones u órganos particulares destinados para ello, a otros estados o bien personas particulares.

Sin olvidar la incidencia que dicho estado de cosas, tiene de manera directa o indirecta en el desarrollo económico y social de un País. En principio no es un término asociado de manera directa al ámbito literario; sin embargo a propósito del ejercicio de la literatura en sus diversos géneros, se observa de manera decidida, la presencia de este concepto en la tradición literaria. Volviendo al término en su acepción restringida conviene observar los elementos que caracterizan tal estado de cosas, a fin de establecer la conexión. Al parecer los elementos préstamos- recursos por un lado y mayores recursos- menores recursos por el otro, destacan de tal manera que puede construirse a partir de los mismos una relación que indefectiblemente y desde su nacimiento se define como una relación de poder. Determinado el tipo de relación; los efectos o consecuencias inmediatas de ello se traduce en una clara incidencia en el desarrollo económico y social de un País directa o indirectamente. En tales condiciones se instala el desarrollo en el ámbito literario. (pasa a la página 9)


JOSÉ CORONEL URTECHO Poeta nicaragüense.

--Pitirre conoce un nido de chorchitas--decía el diablo.

--Si me das cinco cigarros te enseño--dijo Pitirre.

--Pero Pitirre no se lo enseña a nadie-- decía el

--Bueno--dijo el niño.

niño.

--Andá trete el tizón--dijo Pitirre.

--Sólo por cinco cigarros--decía el diablo.

El niño no se atrevía a entrar en la cocina.

--Si faltan los cigarros me cuerea mi papá--decía

--En la cocina está mi mamá--decía el niño.

el niño.

--Llamá a la Socorrito que te lo saque--decía el diablo.

--Tu papá anda bebiendo guaro en La Azucena--

La muchachita estaba junto a la puerta de la cocina.

decía el diablo.

El niño la llamaba por señas desde largo. La muchachita lo mira-

El niño miraba la gaveta.

ba desconfiada.

--Ya las chorchitas están emplumadas--decía el

--Vení--dijo el niño.

diablo.

La muchachita se le acercaba.

El niño abría la gaveta.

--Andá treme un tizón a la cocina--dijo el niño.

--Quién anda en la gaveta--gritó desde la cocina

--Anda vos--dijo la Socorrito.

la mamá.

--Pegale--decía el diablo. --Decí que andás buscando tu cortaplumas--decía --Si no vas te pego--decía el niño. el diablo. --Para qué querés tizón--dijo la Socorrito. --Yo mamá, que ando buscando mi cortaplumas-- --Para prender un cigarro--dijo el niño. gritó el niño, metiéndose los cigarros en el bolsillo. --Si me das uno--dijo la Socorrito. Pitirre estaba en la orilla del río.

--Bueno--dijo el niño.

--¿Qué estás haciendo?--dijo el niño.

--A ver--dijo la Socorrito.

--Nada--dijo Pitirre.

--Andá primero--dijo el niño.

--Vos conocés un nido de chorchitas--dijo el niño.

La muchachita se hiba a traer el tizón a la cocina.

--Quién dice--dijo Pitirre.

--¿Te gusta?--dijo el diablo.

--El diablo--dijo el niño.

--Sí--decía el niño.

--Mentiras--dijo Pitirre.

La muchachita volvía con el tizón.

--Juralo--decía el diablo.

El niño cogía el tizón.

--Por ésta--dijo el niño.

--A ver mi cigarro--dijo la Socorrito.

--Ya juraste en vano--dijo Pitirre.

--Decile sólo que juguemos a los casados--decía el diablo.

--Decile me condeno--decía el diablo.

--Sólo que juguemos a los casados--decía el niño.

--Me condeno--dijo el niño.

--Dame primero mi cigarro--dijo la Socorrito.

--Te condenás--dijo Pitirre.

--Tomálos-- dijo el niño.

--Sacá un cigarro--decía el diablo. El niño sacaba un cigarro. --Dame la Chiva--dijo Pitirre. (continúa en la página siguiente)


(viene de la página anterior) El niño y la muchachita encendían sus cigarrillos con el tizón. --Vamos, pues, a jugar a los casados--dijo la Socorrito. --Primero vamos a ver un nido--dijo el niño. Pitirre los esperaba a la orilla del río. --A ver mis cinco cigarros--dijo Pitirre. --Tomálos--dijo el niño. --Ónde está el nido--dijo la Socorrito. --¿Cual nido?--dijo Pitirre

--Dame uno--dijo la Socorrito. --Sólo que hagamos aquello--dijo Pitirre. --Primero dame el nido—dijo la Socorrito. --Después--dijo Pitirre. --Júralo--dijo la Socorrito. --Por ésta--dijo Pitirre. --Bueno-dijo la Socorrito. El diablo nada tenía que decir y se pasaba la lengua por el hocico. Tenía sueño y se durmió.

***

--El nido--dijo el niño --Te engañé, baboso--dijo Pitirre. El niño cambiaba de colores. --¿Son mentiras?-- dijo la Socorrito. --¡No pues!--dijo Pitirre. --A ver mis cigarros--dijo el niño. --Tomá--dijo Pitirre haciéndole la guatusa. --Mentale su mama--decía el diablo. --Tu mama--dijo el niño. --La tuya--dijo Pitirre. --Decile tu papa es ladrón--decía el diablo. --Tu papa es ladrón--dijo el niño. --Y tu papa es picado --dijo Pitirre. --Más picado es el tuyo--dijo el niño. --Tu papa tiene cara de lechuza--dijo Pitirre. El niño estaba enfurecido. Pitirre se reía. La muchachita los miraba el uno al otro. El niño se contenía para no llorar. --Tu papa le pega a tu mama--dijo Pitirre. --Tambien mi papa le pega a mi mama--dijo la Socorrito. El niño estaba ciego de rabia. --Cortalo con tu cortapluma--decía el diablo. El niño estaba sacando su cortapluma. Pero Pitirre era más fuerte, le arrebataba el cortapluma y le pegaba. El niño, dando gritos, corría en busca de su madre. --Ya salió llorando--dijo Pitirre. --Cochón--dijo la Socorrito. Cuando quedaron solos Pitirre y la muchachita, el diablo quedó con ellos, mirándolos y sonriendo. --¿No tenés nido, pues?--dijo la Socorrito. --Tres tengo--dijo Pitirre.

Ilustración: Alex — 2004. Page Web: AL CIELO UN BARRILETE


(viene de la página 6)

Usamos entonces el término deuda externa en la literatura, al identificar la presencia de elementos como el préstamo que en principio en la relación literaria nacida de un País a otro, su origen no es enteramente de carácter económico; como ocurre en el tipo de relación nacida para la subsistencia, donde los préstamos constituyen su esencia. En la literatura muda de rostro, por cuanto la idea de la carencia da cabida a ese tipo de relación. Se crea un estado de necesidad respecto al uso de las formas o bien la selección de los temas juzgados de mayor interés en ciertas épocas, generando así un tipo de literatura particular. Al establecer esa relación de necesidad se concentra principal y peligrosamente la atención en países considerados de alguna manera con mejores recursos económicos y por ende con más facilidad de publicidad, venta y expansión de su literatura a otros países. Es ese punto donde otro de los elementos requeridos para definir la deuda externa como el desarrollo económico y social se coloca a la par del desarrollo literarito e influenciado este ejercicio de la literatura por esa idea de necesidad, se endeuda con variables consecuencias. Las característi“Se trata entonces cas de la relación nacida a partir de esa práctide cuidar la postu- ca, donde uno presta y otra recibe de manera reiterada, marca el tipo de relación en la cual ra asumida en el una terminará dominando a la otra; en dicho estado de relación literaria es neceejercicio de la lite- sario observar las consecuencias derivadas de ello. Respecto a esta situación, ratura una vez de- se asumen diferentes posiciones, sin embargo la coincidencia de criterios se anota en: existencia de un estancamiento literarito, incorporación de elementos en la cidido incorporar literatura al margen de la realidad de la cual forma parte la literatura dominada o dichos préstamos sujeto pasivo; aparición de una literatura más de mercado dirigida a reafirmar la posición de dominancia, entre otros. Se trata entonces de cuidar la postura asuo bien no ignorar mida en el ejercicio de la literatura una vez decidido incorporar dichos préstamos su riesgo.” o bien no ignorar su riesgo. Debemos cuestionar con libertad los planteamientos y despojarnos de la idea de que la mejor posición económica de un País significa necesariamente el mayor desarrollo literario, pues aún en tales circunstancias pueden presentarse estancamiento o práctica de una literatura decadente. Finalmente se trata de intentar convencernos del perjuicio de colocar la literatura de forma dependiente respecto a otra asumida como dominante; más aún si deviene de un criterio económico y no estético, pues significa el empobrecimiento de la literatura receptora y el crecimiento de la deuda externa literaria volviéndola impagable, colocando el asunto en una cuestión para pensar no a corto, mediano o largo plazo, sino a lo inmediato. Es el momento apropiado para aplicar lo que en términos económicos se expresa sobre el objetivo de la deuda externa, uso de los recursos ajenos en función de conservar los propios teniendo como resultado nuevos bienes y servicios. Que sea pues este recurso teórico, con malos resultados en las políticas económicas; usados con mejor suceso en el ejercicio literario.

***


MILENA RODRÍGUEZ (La Habana, 1971)

¿Cuánta sal hay que echarle, Y cuánta azúcar, para que esté en su punto? ¿Debe hervir un país o debe cocinarse a fuego lento? Y, sobre todo, quién se atreve a probarlo y decir: -Está ya listo. Traigan sus platos, por favor, y buen provecho.

***

DANIEL PULIDO Escritor nicaragüense, de origen colombiano. - ¡Sección B, ticket 93, pasar a la ventanilla 18…! Aun no es mi turno, soy el 109. Saco mi celular, marco el número de una oficina, me responde una voz mecánica, robótica: - Hola, bienvenido a “Financiera Americana”, si conoce el número de extensión marque ahora, para información general marque 1, para comercialización y ventas marque 2, para atención al cliente marque 3, para contabilidad marque 4 o espere en línea para ser atendido, gracias… (pasa a la página siguiente)


Decido colgar, demasiada burocracia. Ahora todo es con números. Sos un número más, una cifra. No importan tus señas particulares, tu sexo, tu historia personal. No importan tus huesos, el timbre de tu voz, si te gusta cantar, qué comes…nada de eso, sólo tu número, tu placa colgando de la frente, tu marca de propiedad y tu estado de cuenta. Estoy sentado en una sala amplia repleta de sillas modulares plásticas, todas del mismo color. Pasa gente de todo tipo, edades, color, contextura, sexo. Parejas con hijos, inválidos, ancianas, “Miami boys”, chicas fresas, pandilleros… unos buscan asiento, otros deambulan con expresión extraviada. Todos aferrados a un papel numerado, esperando a ser llamados fríamente por el altoparlante. Ya dije que soy el 109, ese es mi sello, mi identidad, nada más vale. Hay muchos números en los monitores que circundan el salón, cada número tiene su historia pero eso no es relevante. Mañana el 109 será alguien totalmente diferente ¿qué importa? Los individuos pasan, los números en las papeletas quedan. Los números, las pantallas y los altavoces son el control que te deja respirar, sentirte con derecho a vivir, casi sentirte libre, casi te olvidás que sos un número, casi llegás a creer en la felicidad, en la libre empresa, en los sueños, hasta que te toca la hora de un trámite, entonces volvés a lo que sos: primero una cifra en la lista infinita de nacimientos, después una cifra durante el tiempo que seas mercancía productiva y, finalmente, otro número a la hora de tu muerte. Los números entran, salen, se sientan, ríen, comen, comentan, se tocan, preguntan, escriben incoherencias en los formularios, se toman fotos asustadas donde saldrán sus imágenes con caras de difuntos, con caras de delincuentes. Tu rostro monstruoso, grasoso, mal iluminado, el flash de la cámara aplanándote las facciones, rostro arrugado brillante, cabeza despeinada por más que intentés no estarlo (antes de la foto tratarás de componerte el cabello con algún peine que traes en el bolsillo, en la cartera. Tal vez será el fotógrafo de algún cuchitril de esos que ofrecen servicio de fotos instantáneas, quien te pase un artefacto mugroso lleno de pelos y caspas de otras personas o, al menos, como último recurso intentarás alisarte el pelo con los dedos de tu mano). (pasa a la página 13)


JAVIER O. HUERTA Poeta chicano Termina su doctorado en Literatura Inglesa en la universidad de Berkeley California.

―Lo Voy Hacer‖ tiene algunas tareas

para hoy. Las ha escrito ya abajo ...: Ir a la oficina de correo. Ir al supermercado con una lista -Hablarle a mamá por Skype o en su defecto, escribir un correo electrónicoRecordarme de mi amigo obeso con un SMS – Limpiar el apartamento, Darle de comer a las aves. ok, he estado durante 2 horas haciendo nada. Es hora de ponerse a trabajar.

Actualización: alimentar a los colibríes, el alimentador está vacío!

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(viene de la página 11)

Tu foto siempre con gesto ausente, con expresión de cifra estadística, nervioso, la mirada fría, gestos extraños de tu boca, de tus pómulos (―suba un poco la cabeza‖ te dirá el fotógrafo), hasta los cuellos de la camisa, camiseta o vestido salen arrugados, nunca impecables. - ¡Los tickets 100 al 149, favor pasar a la sala número 3...! Mi turno, el 109, corro a la fila que ya se forma en la entrada de la sala 3. Frente a una puerta metálica similar a una fauce, un hombre nos hace señas con el brazo izquierdo mientras el derecho lo mantiene recto, horizontal, indicándonos la dirección a seguir. Su semblante indica el aturdimiento de la rutina, su trabajo lo podría hacer dormido. Es un bicho insignificante, sólo cobra importancia al momento de plantarse frente a la boca abierta de la sala 3 y ejercer su función de policía de tráfico; entonces su rostro se llena de arrogancia, a simple vista te das cuenta que ese mísero ejercicio de poder es la razón de su existencia. Su vida depende de su uniforme y del gesto diario de levantar el brazo derecho de manera horizontal mientras con el izquierdo va empujándonos como recua, a nosotros, los números 100 al 149 de hoy, hacia el estómago de la sala 3.

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JOSÉ LUIS PEREIRA Poeta nicaragüense.

A donde quiera que vayamos, se escucha frecuentemente hablar sobre la crisis actual. Esta expresión ―crisis actual‖, es como una enfermedad viral que se manifiesta en cualquier tipo de conversación. Al escuchar esta frase o similares, damos por sentado que alude a los altos costos de la vida; a la escasez y precios elevados de los bienes que aseguran nuestra subsistencia. En resumen, ―crisis actual‖ formula la imposibilidad del individuo común y corriente, por alcanzar el estándar de lo que hoy se concibe como ―calidad de vida‖. Contrario a lo anterior, nos percatamos que los centros de entretenimiento reciben un flujo masivo de personas, lo que valida la siguiente pregunta: ¿Por qué la gente despilfarra su dinero en el estado de ―crisis actual‖ en que vivimos, habida cuenta que no somos necesariamente privilegiados, los que consumimos en tales sitios? Algo habrá en estos que nos dice ofertar una buena parte de la ―calidad de vida‖ que orienta todos nuestros esfuerzos. Esta contradicción entre ―crisis actual‖ y despilfarro, nos alerta acerca de lo que se dice con relación a lo que se observa; nos ubica en actitud vigilante de las palabras frente a las imágenes y cómo la distribución que de éstas hacemos (pasa a la página siguiente)


en la vida cotidiana, ya sea de forma volitiva o inconsciente; reorganiza el sistema de relaciones en la sociedad moderna. Si el acto de pensar es figurarse o imaginar, entonces figura e imagen, en el sentido de forma que adquiere el pensamiento, nos revela desde un inicio la presencia de signos organizados otorgando valor semántico a las palabras, pero también encontramos una fuerte participación de símbolos e imágenes de uno mismo ejerciendo roles en la realidad concreta, y nos damos cuenta que interactuar en ella; implica someternos continuamente al intercambio de palabras e imágenes que son el inventario de recursos con los cuales, en el transcurso del tiempo y las relaciones, se construye o se adopta, un sentido de la existencia que vendría a ser la famosa ―calidad de vida‖. No es difícil encontrar personas cuyos hábitos de consumo nos dan una idea hacia dónde se inclina la balanza de su ―calidad de vida‖. Vemos el peso decisivo que en ellos ejercen los bienes suntuarios que pueden adquirir en beneficio de su propia imagen, aún cuando atentan contra su economía. ―A como te ven, te tratan‖: No dudamos que la imagen es uno de los bienes de consumo más apetecibles y onerosos, puesto que la imagen nunca se termina de adquirir por completo y siempre habrá de ajustarse a la tendencia socialmente aceptable. Pero ¿qué sucede con los bienes alimenticios que gozan de prioridad en el orden de los gastos? La carne, los granos básicos, las frutas; la mayoría de los alimentos ahora se nos venden bajo un sello o marca que nos dice asegurar su calidad, entretanto, observamos que las tablas de nutrición impresas en los empaques, no son un distingo competitivo a la hora de comprar o vender en el mercado interno.

La marca de un producto, las promociones que este financia, sus anuncios publicitarios, y las rifas de bienes suntuarios para la captación y conservación de clientes, han sepultado en el fondo de nuestro interés las tablas nutricionales y puesto por encima la posibilidad de comprar un producto en promoción con la esperanza de obtener el premio; que aun cuando no se trata de objetos estrictamente suntuarios, responden en cierta medida, más a la imagen de la ―calidad de vida moderna‖ que a la necesidad. (pasa a la página 16)


DAVID ROBINSON Poeta panameño

A "Peraltón"

Hay fieras que saltan la cerca, se arrastran por el prado, se cuelan por una ventana y atacan a sus víctimas en su propio hogar; así es el cáncer, no sospechas su presencia hasta que es muy tarde. El Checo, sin ser un anciano, era devorado por uno. Cuando representó al país en un congreso en Praga le dieron las llaves de la ciudad; fue tan grande su orgullo que creyó estar en el cielo en el que no creía. ¡Qué tiempos! La revolución era un hecho real defendido por muchos; ahora, parecía negocio abandonado. Él, a su modo, seguía defendiéndola. Pero los tragos, la pobreza y el ataque certero del cáncer lo separaban de aquellos días. Ahora, acostado en un rincón de su cuarto, alumbrado por el punto rojo de un cigarrillo, oía los pasos de la muerte, su última novia, rondar su viejo colchón. Asistía a la escuela y mal que bien, intentaba dar sus clases; las fuerzas no le duraban mucho y pronto debía acostarse en un sofá del salón de profesores. Era entonces cuando la cafetería hervía en rumores sobre su evidente deterioro. Él, desde su cama improvisada, replicaba irónico: "Eso es cuento de los guacamayos". No soportaba el olor de la intriga. Su desquite, pedir prestado. Para nadie fue sorpresa que dejara de ir al colegio. Hubo quien dijo verlo por las cantinas del mercado y muchos se quejaron por no cobrarle lo adeudado. Otros lo encontraron en una cama de hospital. Allá fue a verlo su última novia y sintió el roce de su velo, el olor de las flores del ramo y aquella mano fría acariciándole el pecho. A su pregunta final de: "¿Cómo está profesor?", él le contestó: "Muriéndome, señora, pero aún de pie". ***


(viene de la página 14)

Obviamente la palabra conserva su vigencia en nuestra forma de vida, cualquiera que esta sea; pero es claro que asistimos al nacimiento de una era en que la comunicación visual, podría terminar suplantando al lenguaje oral y escrito, en su función dialéctica para las mayorías. Hubo una edad de oro de la palabra hablada o escrita, un tiempo casi mítico durante el cual la calidad de vida de un individuo estaba determinada por el manejo de la retórica, y aun cuando el uso de ésta fuera rudimentario, la ―palabra‖ era sinónimo de garantía. Es posible que a partir de la primera guerra mundial, esta importancia dada a la palabra cayera con todas las consecuencias observadas, en un profundo descrédito. Así vemos por ejemplo en Altazor o el viaje en paracaídas de Vicente Huidobro, un registro crítico en el que se pone en duda la eficacia de la palabra en todas las dimensiones de la vida y la necesidad de echar por tierra el lenguaje de una fe basada en la razón. La gran depresión, la Segunda Guerra Mundial y la llamada guerra fría, así como los conflictos socio políticos, terminaron por instaurar el escepticismo en la conciencia colectiva, acerca de los discursos políticos. La era de la comunicación es para este escepticismo, una especie de acelerador, que informa a la comunidad, de la marcada diferencia entre los discursos oficiales y la gestión gubernamental. La historia nos ha demostrado que los discursos sociales pierden todo sentido frente a las necesidades básicas. Tristemente, también nos ha enseñado que la intervención de los escritores sólo ha sido crucial en momento de crisis bélica. Por lo demás, estos buenos hombres que somos los escritores, por bien intencionados que seamos, nuestro papel se ve reducido a la imaginación que de nosotros, demanda un mercado angustiado por su realidad ―pacífica‖. El Best Seller es un claro ejemplo del gusto y la preferencia del mercado y desde luego el único discurso político que parece atractivo para las mayorías, pues a la vez que nos muestra la magia y la atrocidad del mundo, nos brinda fuerzas anímicas con breves y oportunos manuales de instrucciones para sobrevivir en este sistema de producción, que dicho sea de paso, rediseña sus estructuras en función de las oportunidades que genera la desigualdad. (pasa a la página siguiente)


E. Pound proponía “cargar las palabras de significado”, apuntando a la economía del lenguaje, sin necesidad de empobrecer el discurso es decir, sin exponer la conciencia.

El diálogo y por consiguiente la importancia de la palabra se nos reducen al ámbito estrictamente político o debería decirse a la tradición partidaria. El libre mercado por su parte, también ha contribuido a distanciar al gran público de la palabra, a la vez que nos acerca a la imagen por el sentido de inmediatez que genera y la eficacia persuasiva que posee, puesto que ―una imagen vale más que mil palabras‖. Con lo anterior tenemos evidencias para sospechar que en el clima de negocios y de las relaciones en general se promueve el uso moderado del diálogo, entendido este en términos de comunicación básica de las necesidades, de las instrucciones básicas para realizar un trabajo técnico o profesional.

Por su parte la literatura no científica: teatro, poesía y demás géneros, se enfrentan a esta realidad en que la palabra funciona como un recurso distribuido y administrado por el gobierno, y aplicado en menor grado a los requisitos formales del entorno laboral. Aquellas artes que en otros tiempos gozaban de mejor posición, hoy tienen que mendigar un espacio y tratar de conservarlo aún sabiendo que la lentitud de la palabra escrita y el esfuerzo de concentración mínima que esta demanda de sus consumidores, no compite con el ritmo acelerado de la imagen audio visual. Sobra decir que uno de los valores promovido en este sistema, es la correcta administración del tiempo, ya que perderlo implica también, perder las oportunidades de generar riquezas. Quizás el único recurso que nos aporta una visión crítica de la sociedad lo encontramos en la literatura que propone maneras de enfocar nuestra realidad al margen de la moda, aunque sepamos que la conciencia es débil ante las circunstancias adversas, y fácil de seducir con las imágenes apropiadas. Si no me traiciona la memoria, E. Pound proponía ―cargar las palabras de significado‖, apuntando a la economía del lenguaje, sin necesidad de empobrecer el discurso es decir, sin exponer la conciencia. Hoy esta propuesta de ―cargar‖ se aplica a las imágenes audiovisuales, porque se sabe que a las palabras, simplemente ―se las lleva el viento‖.

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ANTONIO SALAZAR WACEOLS Poeta chileno Actualmente radica en Valparaíso. La materia no desaparece, se transforma:

Una polilla se hace polvo alrededor de la ampolleta. El vecino ronca que se traga el oxígeno: todo ese aire útil: faringe, laringe, pulmón y su regreso llega ineludiblemente a mezclarse con lo echo polvo, como quien dice: polvo eres y en polvo te convertirás; o una chica medio caliente y chilena: y del polvo naciste. No sé si reírme o disimular el aburrimiento, limpiar el polvo de la cama de mis padres hace mis 34 años, ese intercambio de fluidos que me hizo ser; sacárselo tan fácil como pegarle un sablazo a un amigo y decirle: mañana te pago; envuelto en la primera de cervezas de una cantina portuaria en 3D, esquivo y ramificado, hijo!

Pero la materia no desaparece, se transforma.

El único triunfo es haberle ganada a ese millón y medio de espermios metantropófagos allá dentro: lo demás son interpretaciones de quien escribe la historia o cómo la recuerda para contarla – padre.

Celebrar el último puesto. Desaparecer en la materia de quien dice llamarse


YO!

Celebrar el primer puesto. Meterme en esa bola de carne nuevamente y no salir jamás, comida y techo gratis.

El primer triunfo y la primera derrota: desarrollarse. Uno más en la fila de desempleados: agua y circo, encontrar algo por hacer, objetivos en la vida, relaciones sociales, mi propio espacio metas.

Poner mi materia donde sea (en ella, en el condón) Fumar el cigarro. Echarla a patadas de mi pieza hace mis 34 años, Porque: La materia no desaparece se la roban otras materias similares Porque: ladrón que roba a ladrón…: para que nada nos amarre, que no nos una nada: el único triunfo sin primeras planas, piolamente… …a ese millón y medio de metacaníbales, anónimos

desesperados.

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La moneda que usamos en el mercado tiene valor facial simbólico y su propósito es llevar un registro de las publicaciones de cada colaborador.

El valor incrementará a razón de colaboraciones publicadas en próximas ediciones. ***


MANUEL MEMBREÑO

“Don Quijote de la m...”. Corre-

Poeta nicaragüense

gido y Aumentado en 24 horas, por Salvatierra (incluye CD

El silencio es polifónico.

con aplausos)

Las luces trazan manos que te acarician, imperceptibles, el rostro, el cuello, los senos, el alma. Te aferras a tu trago acerbo y te dejas caer a la noche con la boca abierta, mordiendo la oscuridad en sus cuatro rabos; dulce veneno de escorpión mezclado con Petrov. El cazador y la presa bailan juntos en el salón de los espejos y violines, la selección natural termina en siete horas. Lejos del reggaetón y el encanto de un jueves cualquiera, tratas de convencerte de que la resaca no le da tregua a la moral.

Síntomas del CCPM: Padecimiento ocasionado por el Cierre de convocatoria para PUBLICAR EN EL MERCADO Envíe con tiempo sus colaboraciones a:

Así y sólo así la soledad será menos que un condón tirado en el piso. ***

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