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Antimilitarismo: ¡aquí, allá, ahora, siempre! Selección de artículos publicados en El Libertario 1996-2011 He aquí una compilación de lo más relevante que se ha expresado en nuestro vocero en torno a este tópico. La lista de artículos es la que sigue, indicando título, autor, número de El Libertario en que apareció, año y página de este “dossier” donde ubicarlo: Pag. - A 7 febreros del 27 de febrero. Rafa. # 4, 1996 ………………………………………………….. 2 - La recluta continúa. Redacción. # 11, 1998 ……………………………………………………. 3 - Violaciones de los derechos humanos en la tragedia de Vargas: ¡el ejército culpable! Rafa. # 17, 2000 …… 4 - El antimilitarismo anarquista. J. Grave. # 17, 2000 …………………………………………….. 6 - ¿Cuánto vale el “valor” militar? Mariana. # 24, 2001 …………………………………………… 7 - Editorial. # 25, 2001 ………………………………………………………………………… 9 - La militarización en la frontera y el Plan Colombia. A. Ruiz. # 26, 2002 ………………………….. 10 - Editorial. # 28, 2002 ………………………………………………………………………… 11 - Tras el 11 de abril: con el ejército hemos topado. Redacción. # 28, 2002 …………………………… 11 - Que la guerra nos deje en paz. N. Machado. # 30, 2002 …………………………………………. 14 - El derrumbe militar. Pedro Pablo. # 32, 2003 …………………………………………………. 16 - 7 razones para el antimilitarismo. Redacción. # 34, 2003 ……………………………………….. 18 - Las fuerzas armadas venezolanas y su mito democrático. H. Decarli. # 37, 2004 ……………………. 19 - Paracos o milicos: la misma miasma. S. Comuniello. # 38, 2004 …………………………………. 23 - El negocio de las transnacionales de mercenarios. C Fresneda y P. Pardo. # 38, 2004 ………………. 24 - Burocracia y militarismo: sepultureros del socialismo de Estado. D. A. Rangel. # 43, 2005 …………… 28 - Libertad y militarismo en Venezuela: la respuesta antiautoritaria. R. Uzcátegui. # 43, 2005 ………… 30 - Militarismo: garante del populismo latinoamericano. H. Decarli. ALTERFORO, enero 2006 ……… 34 - Entrevista a J. Gárate y A. Speck, de la I.R.G. R. Manrique. # 47, 2006 ………………………… 37 - Militarismo a paso de vencedores. Cabeza. # 48, 2006 …………………………………………… 40 - El negocio de los mercenarios en Irak. J.C. Díaz Guerrero. # 50, 2007 …………………………… 42 - No necesitamos otra guerra más. Antimilitaristas de Latinoamérica. # 53, 2008 …………………. 44 - El grito silencioso. J. Gelman. # 53, 2008 ……………………………………………………… 45 - El teatro bufo de la guerra con Colombia. P. Hernández Parra. # 57, 2009 ……………………….. 46 - ¿Qué pasa con los especuladores de la guerra en Sudamérica? J. Gárate. # 62, 2011 ………………….. 49 - Anexo: Un texto extraído del Boletín (A) venezolano CORREO A …………………………. 54

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A 7 febreros del 27 de febrero RAFA - [# 4, mayo-junio 1996] La conmemoración de los sucesos del 27-F este año, pasó casi desapercibida para los habitantes del 23 de Enero en Caracas, aunque el día después haya sido titular en los grandes medios de información. Es que para ellos, amanecer militarizados es el pan nuestro de cada día: el toque de queda lo imponen alternadamente en todas las zonas populares las fuerzas de seguridad del Estado y el malandraje del sector. Los organismos de inteligencia predecían para la fecha jornadas de agitación en distintos puntos del país. Nada ocurrió, o al menos nada extraordinario que no se olvidara en un par de días. Los grupos recalcitrantes de oposición que quisieron llevar agua a su molino, quedaron con los crespos hechos. Para las madres del Comité de Familiares y Víctimas del 27/F (COFAVIC) no fue un día más. Desde 1989 y como verdaderas protagonistas en la brega por la dignidad en un país prostituido, se han echado el miedo a la espalda y enfrentan al Estado, deshidratadas por lágrimas que piden justicia. Su existencia, piedra en el zapato de los vendedores de las infinitas bondades de esta democracia, abofetea la amnesia colectiva con las cientos de ausencias impuestas a ritmo de fusil y metralla. Como Pilatos Italo Del Valle Alliegro, Ministro de Defensa en 1989, entrevistado recientemente por periodistas de El Nacional, que recordaban el llamado "sacudón", afirmaba que nadie había sido enterrado entonces en La Peste [sector aledaño al cementerio de Caracas]. Semejante muestra de descaro no la recordaba plasmada en diarios del país. 68 cadáveres mutilados fueron extraídos de esta maldita zona del Cementerio General del Sur. Fosas comunes pretendían tapar el sol del horror con un dedo. El estado de los cuerpos sólo permitió identificar a cuatro de la larga lista de desaparecidos. Los otros 60 y tantos, esperan por experticias forenses que yacen bajo toneladas de requisitos burocráticos y muestras de la desidia oficial. El reciente hallazgo de nuevas fosas clandestinas en la zona reaviva la llama de la esperanza para quienes desean ver por última vez, algún rastro de lo que fue un ser querido. Como si no fuera suficiente, el general retirado Del Valle Alliegro se atrevía a señalar que el ejército venezolano no tenía ninguna responsabilidad por los muertos del 27-F, y que ésta debía adjudicarse a los partidos políticos. No dudamos en que la casta política vernácula creó maquiavélicamente el cado de cultivo que detono la granada de la violenta insurgencia popular, pero pretender todavía que el ejército local es "Forjador de Libertades" es creer, y hacer creer, en pajaritos preñados. Todos tienen las manos manchadas de la sangre que los incrimina como asesinos. Si los partidos del status son los autores intelectuales de la orgía psicótica, los milicos no son nada menos que los autores materiales: los que dieron la orden a los grados inferiores, los que apretaron el gatillo, los que no escucharon la voz de su conciencia y si la de los generales, los que apuntaron a gente desarmada y hambrienta de justicia social y luego, a paso redoblado, se acuartelaron como si de una práctica de guerra se tratase. Siete febreros han pasado ya... ¡Y como si nada! Los ricos son los mismos y los menos favorecidos se reproducen por generación espontánea. Algunos tiemblan pues al firmarse la negociación con el FMI para nuevos préstamos, el ambiente parece aquel segundo mes del 89 y temen que la olla de presión vuelva a explotar. 2


Mis nauseas ante todo lo que camine y tenga un uniforme, amenazan mi salud estomacal cada cierto tiempo. Aprendí, escrito con bayoneta sobre mi espalda, que lo que llaman paz camina sobre una alfombra de cadáveres. Por eso me niego a realizar el servicio militar, porque ellos son mis contrarios y el de toda mi gente. En fin, porque en las madres de COFAVIC veo a la mía, y porque trato de no olvidar la lección a pesar de lo volátil de mi cabeza y mi corta edad.

La recluta continúa REDACCIÓN - [# 11, mayo-junio 1998] L@s antimilitaristas en general escuchamos con incredulidad las declaraciones de Caldera, a poco tiempo de asumir su cargo de presidente, en las que anunciaba que la recluta quedaba prohibida en todo el territorio del país. La experiencia ha enseñado al Movimiento de Objeción de Conciencia que mientras no haya un papel escrito que refrende una decisión como esa, este tipo de comentarios se quedan y se quedarán, en bonitos discursos ante los medios. No nos equivocamos. El nuevo procedimiento consistía en que aumentaban las regalías dadas a los soldados, esperando un tiempo prudencial a que los chicos se enlistaran "voluntariamente" con lo que aseguraban por lo menos sus tres golpes diarios (para nadie es un secreto que el servicio militar obligatorio sólo es para los pobres). Pero en los destacamentos que no llenaban el contingente, daban la orden para que en la última semana de conscripción salieran a reclutar a la fuerza, tal como lo manda la costumbre "democrática" venezolana. Una carta enviada al gobernador de Miranda, Enrique Mendoza, por parte del movimiento "Elige la Paz" le expresaba que a pesar de sus declaraciones sobre la eliminación de la recluta en su jurisdicción, su policía continuaba con esta práctica. La respuesta, a cargo del Secretario General de la Gobernación, es todo un poema al doble discurso de los políticos. La misma comienza diciendo que "ha sido criterio del señor gobernador estimular el cumplimiento del servicio militar promoviendo el alistamiento de manera voluntaria" y termina afirmando que "producido como ha sido el Plan de Llamamiento del Presidente de la República, corresponde al Ejecutivo del Estado dar cumplimiento al mismo, y utilizar en forma legítima la fuerza de policía para requerir de los ciudadanos la satisfacción de la obligación militar establecida". El derecho a la objeción de conciencia, es decir no prestar el servicio militar sólo por no estar de acuerdo con él, ha sido acordado en convenios internacionales que nuestro "querido" gobierno ha firmado. Pero como dice el dicho, "quien hace la ley hace la trampa", y en este caso, utilizan la coerción y las armas para legitimarse. Seguiremos luchando por la prohibición de la recluta y el reconocimiento de la objeción de conciencia en nuestro país. Mientras tanto, ¡mosca, que están reclutando!

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Violaciones de los derechos humanos en la tragedia de Vargas: ¡el ejército culpable!

RAFA - [# 17, febrero-marzo 2000] Los puños se crispaban dentro de las chaquetas impermeables. Las lluvias nos recordaban que el desquite de la naturaleza a la irracionalidad de los hombres puede ser implacable. Un techo de nubes grises y un temor sordo a que la infinitud del mal tiempo aumentara el número de víctimas por la improvisación de viviendas y construcciones inestables. Y mientras las labores de rescate a damnificados y cadáveres comenzaba, el desasosiego se aumentaba por causas ajenas al vendaval: las consecuencias de la intervención de las Fuerzas Armadas en la situación de emergencia. Se hablaba de "turbas de saqueadores y violadores" a quienes había que redimir a sangre y fuego. Los anarquistas nos temimos desde el comienzo lo peor. Y lo peor pasó. El beneplácito generalizado por la presencia de efectivos del ejército en las zonas de desastre mostraba cuan efectiva ha sido la inoculación de la idea de que, en los tiempos que corren, los militares son los únicos capaces de restaurar el "orden perdido" por la "fácil corruptibilidad" de los civiles. No es casual por tanto, que un gran número de uniformados y veteranos ocupen puestos claves en los distintos organismos gubernamentales, o que los operativos sociales realizados por contingentes de soldados (el llamado "Plan Bolívar 2000") reparen entuertos administrativos en comunidades, espacios públicos y centros de estudio. El desdén castrense por lo considerado "civil" ha tenido en la historia de este país consecuencias prácticas y cotidianas, cuya muestra más evidente son las formas de control sobre la población. La preparación intrínseca de los militares para enfrentar las "alteraciones del orden público" activa variados dispositivos psicológicos para eliminar a un hipotético enemigo, según su mentalidad, en situaciones de conflicto público. Por un lado, esto lleva a una total arbitrariedad para procedimientos menudos como el chequeo de identificación, y por otro, al uso permanente de armamento de alto calibre para cualquier labor de vigilancia y control (soldados vigilando con fusiles FAL espacios inofensivos como bibliotecas públicas por ejemplo), en donde la voz de alto es seguida por la ráfaga. Tales prácticas son asimiladas por el resto de los organismos represivos, que teniendo a militares en la cima de su jerarquía oficial, reproducen un modelo que consideran exitoso. Este esquema de polos enfrentados es el comúnmente usado por el presidente y obedece a su formación. Si se permitió la ligereza de dividir en la contienda electoral constituyente a los bandos como "patriotas" (el suyo por supuesto) y "corruptos", la población afectada del estado Vargas se clasificaba asimismo en dos polos irreconciliables: "sobrevivientes" y "saqueadores y violadores", contra los que anunció luego de los días álgidos de la tragedia "mano dura" según sus propias declaraciones a la prensa. Esta criminalización, al permitir la deshumanización del otro -abominable por tanto y merecedor de alguna reprimenda- es la autopista que conduce a los ajusticiamientos. Al no reconocerme en el otro, al que considero perjudicial además, darle el castigo que creo merece me da un cierto sentido de trascendencia. La opinión publicada La airada reacción presidencial al informe de la organización no gubernamental Provea colocó el tema de los derechos humanos de protagonista de los titulares de prensa. Al calor del debate, el sector que respaldaba las ejecuciones extrajudiciales era abrumador. Ante una confusión mayúscula, el clamor era "¿quién defiende los derechos humanos de las violadas y de los saqueados?" alentados 4


por las noticias sesgadas y manipuladas de los medios. Las voces que trataban de aclarar la diferencia entre un delito (agresión de una persona contra otra) y una violación de derechos humanos (transgresión de los derechos sociales de los individuos a cargo del Estado) encontraban poca palestra y poco público. "Por algo sería" afirmaban los más para escurrir el bulto. Nosotros, los menos, no sabíamos si habíamos retrocedido al tiempo de Videla o Pinochet. El morbo de los medios y sus historias sensacionalistas sobre ancianas ultrajadas por antisociales en medio de la tragedia, ayudaron a convertir la opinión publicada en opinión pública. Tales hechos efectivamente sucedieron, pero hay que darles su justa dimensión: el de acciones aisladas en medio de una situación límite. Una conducta generalizada -estamos firmemente convencidos de ello- fue la solidaria: el de personas compartiendo la poca ropa o alimentos que pudieron salvaguardar de las aguas. ¿Esto tuvo igual eco en los medios? Decididamente no. Las denuncias sobre atropellos servían asimismo a los directores de algunos medios que aprovechaban la coyuntura para pasar facturas al gobierno, o de quienes hace tiempo tratan de hacer bulto oposicionista desde las filas de los ex-partidos del status. Un caso típico es el de El Nacional quien hasta hace unos meses era un incondicional del chavismo y ahora torpedea las políticas gubernamentales. Los discursos oficiales Las primeras declaraciones de los voceros gubernamentales nos reafirman la noción de que los cargos de poder delimitan la actuación de las personas. Quienes otrora eran paladines en la denuncia de los desmanes represivos -Tarek William Saab, José Vicente Rangel- ahora descalificaban a priori la versión de los periodistas y las ONG. Chávez por su parte continuaba en el estilo que lo caracterizó en la campaña electoral: tantos auditorios tantos discursos. Si la verborrea cambió a favor de la investigación de los acontecimientos era por el costo político que podía acarrear servir de tapadera a la ola creciente de señalamientos. El presidente necesitaba una imagen simbólica que olvidara su airado reproche a Provea y Vanessa Davies, de allí el bajar a escuchar personalmente los testimonios sin guardaespaldas, pero bien acompañado por los fotógrafos de la prensa. Las investigaciones arrojaron algunos chivos expiatorios pero nada más. El ejército responde con férreo espíritu de cuerpo, por lo que algunos oficiales ya han declarado que "no entregaremos a nuestros muchachos". Un escudriñamiento completo señalaría la responsabilidad de la oficialidad en el entrenamiento de los contingentes de reclutas que son llevados a estos operativos y del papel que juega toda una institución en la vida social. Del por qué otros organismos más idóneos para afrontar situaciones de tragedia (Bomberos, Defensa Civil) poseen unos menguados presupuestos que contrastan con la tajada gorda que reciben los organismos de seguridad y represión. Desmontar la explicación de que fueron algunos "soldados que se excedieron en sus funciones" y no hechos esperables consecuencia de una lógica, es reiterar que los valores inherentes a la institución armada son antagónicos a una democracia profunda, directa e internacional. Los anarquistas no creemos en militares buenos ("revolucionarios") o militares malos ("de derecha"), existen diferencias de matices pero todos obedecen a una estructura rígida de mando y obediencia y al poder de las armas. Lo contrario es garantizar que cíclicamente estas cosas se repitan. Pero allí estaremos los antimilitaristas para denunciarlo.

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El antimilitarismo anarquista JEAN GRAVE - [# 17, febrero-marzo 2000] Los anarquistas son eminentemente activos en el sentido antimilitarista. El antimilitarismo constituye para el anarquismo un elemento esencial de su concepción antiestatal. Pero se conexiona también con su interpretación metódica y táctica de la revolución social y de la nueva creación de la sociedad. Los anarquistas ven en la actual forma social de organización de la violencia, cuya expresión sistemática es el Estado. Este sólo puede existir mediante el militarismo, que, por su parte, representa la violencia metódicamente organizada. El militarismo tiene dos puntos de apoyo principal: la autoesclavización espiritual y sumisión obediente del individuo a la autoridad, como la producción de útiles -armas, municiones, cuarteles, provisiones de boca y de su uso de los soldados, sin lo cual el militarismo no puede funcionar- por la clase obrera. Por ese trabajo para el militarismo, el militarismo se mantiene. Por eso reconocemos los anarquistas aquí una conexión indisoluble entre las condiciones de existencia del militarismo, del Estado y del Capitalismo. Los tres se funden en el mismo principio de la violencia. Si se consigue desterrar ese principio, imposibilitarlo en sus manifestaciones, entonces el problema de la liberación social está resuelto. El Capitalismo y el Estado se derrumban como un castillo de naipes en cuanto dejan de tener a su disposición la mecánica organizada de la violencia. Los métodos para superar la instauración de la violencia por el militarismo, es decir, para destruir el fundamento más poderoso de todo el sistema actual de la violencia, los anarquistas lo ven sólo en la oposición a toda violencia: en el método de la no-violencia. Esto último no significa de ningún modo sumisión, subyugación, dejar hacer a la autoridad, al capitalismo. Por no-violencia los anarquistas conciben: no empleo de la violencia militar de las armas; al contrario, destrucción de todas las posibilidades del emplearlas, aniquilamiento y sabotaje de toda la producción indispensable para el uso de las armas, negativa a prestar servicios y a obedecer las disciplinas militares. Nada es para los anarquistas más sagrado, más intangible que la vida humana. No se sienten nunca con derecho a suprimir violentamente ese maravilloso misterio del Universo. Repudian profundamente, desde el punto de vista de la ética anarquista, la pena de muerte: violencia, asesinato, ajusticiamiento, que sólo pueden ser realizados mediante las armas, y de los cuales se sirve el Estado. El antimilitarismo no sólo es para los anarquistas un método táctico, sino un elemento esencial de su concepción, que en su aplicación práctica se convierte en la negativa absoluta de todos los fundamentos del poder dominante, su destrucción y abolición. El antimilitarismo es, pues, acción individual de los anarquistas y revolución social del anarquismo. Toda defensa nacional lleva a la destrucción de vidas humanas, y como para los anarquistas las vidas humanas tienen más importancia que la fortificación de las fronteras de algún trozo de tierra por el Estado, niegan el derecho de obligar al individuo, bajo un pretexto u otro, a la acción militar. Los anarquistas no hacen excepción alguna ni siquiera ante el "Estado proletario". Los anarquistas son, por eso, los únicos antimilitaristas reales y enérgicos. Saben que la paz es una imposibilidad y el militarismo una eterna maldición que pesará sobre los pueblos mientras persista el Estado. Si se quiere la paz, hay que suprimir su perturbador, el organizador de la guerra, el Estado. El 6


antimilitarismo consecuente y absoluto es la única acción política de la gente, que lo acerca a su fin emancipador. Los anarquistas son por eso antimilitaristas consecuentes. No quieren transformar el militarismo, ni suplantarlo por la milicia, la guardia roja o el ejército revolucionario, sino que quieren abolirlo en lo absoluto, lo mismo que al Estado. En la revuelta del individuo espiritualmente libre y de todo grupo humano consecuentemente anarquista -por pequeño que sea- contra las prescripciones legales actuales, está el primer impulso hacia lo nuevo. El anarquista lo sabe; por eso ejercita diariamente su rebelión personal. No se somete a ninguna ley acogida usualmente por la costumbre, la tradición o la moral, e impuesta, porque sea declarada sagrada, por el Estado o la iglesia o la opinión pública. El anarquista obedece a los dictados de su razón, a las reflexiones de sus principios.

¿Cuánto vale el “valor” militar? MARIANA - [# 24, septiembre-octubre 2001] Algo que debemos comentar es la admiración y el culto que se rinde entre nosotros al coraje físico y a los alardes de guapeza frente al menosprecio al que se somete la inteligencia. Despierta más embeleso la ostentación de fuerza que la racionalidad eficiente, causa más fascinación el abuso personal que el respeto a la convivencia, genera más encanto la arbitrariedad irracional que el cumplimiento del compromiso. En consecuencia, las opiniones diferentes y las perspectivas disímiles siempre son tomadas como afrentas personales que, por supuesto, hay que vengar. Es casi inexistente el respeto al valor de sostener una idea, de indagar en razones que la sustenten o el coraje de replantear posiciones cuando se nos muestra que estábamos errados. Mucho ha hecho a favor de esta perspectiva un primitivismo religioso, muy influyente en nuestra educación, que nos ata al poder de un Mesías que nunca se equivocó y que tiene, lógicamente, un representante en la Tierra que puede ser el presidente de la nación, el cura de la parroquia, el gerente de la empresa, el dirigente de la junta de condominio o el profesor universitario. La combinación de la distorsionada apreciación del valor con los vicios de la educación nos conduce a la admiración sin fundamento que hay en Latinoamérica, y ahora entre nosotros, por los militares. Desde niños nos enseñan que en la historia patria lo importante son las victorias y el heroísmo sobrehumano de nuestros "genios militares", por lo que Ibsen Martínez dice que nuestro oficiales, así nunca hayan salido del Círculo Militar y lo más notable que hayan hecho es sacar el último out en el noveno jugando contra la Naval, hablan y actúan como si acabaran de llegar de la batalla de Ayacucho, oliendo a pólvora y sacudiéndose el polvo del camino. Pero en la historia mundial, y en la nuestra, hay muchos más casos de estúpidos guerreros que con su incompetencia han llevado a miles de hombres a la muerte y países al derrumbe, que de héroes verdaderos. Sin contar que estos últimos también cometieron sus errores. Dada la absoluta penetración que en estos tiempos tienen la casta militar en todas las instancias de la vida nacional, es conveniente conocerlos. Para conocerlos, podemos comenzar por una reflexión en torno al valor, del que los militares criollos hacen tanto alarde, comenzando por Águila 1. Digo casta y conocerlos porque, a pesar de ser venezolanos, no son iguales a nosotros: tienen revólver. No es lo mismo vivir la vida ganándose el pan con un martillo, un arado, un bisturí o una tiza que hacerlo con

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un revólver que, aunque hace muchos años que no se dispara contra ningún enemigo, está ahí, principalmente para mantenernos controlados (el último gran combate de nuestro ejército fue la represión del Caracazo). Y además ahora tenemos instrucción militar en los colegios. Mucho se ha tratado a lo largo de la historia el tema del valor, desde Aristóteles hasta hoy. Desde el medioevo se considera que valor es la fuerza del espíritu en el cumplimiento del deber, lo que hace que cualquier hombre, no sólo los guapos o los militares, pueda ser valeroso si pone su saber y empeño en superar las dificultades en el cumplimiento de su deber y compromiso. Tan valiente puede ser un médico enfrentándose a la enfermedad de un paciente, como un profesor dando su clase, como un albañil haciendo una casa, como un mecánico arreglando un carro o como un militar enfrentándose al enemigo. Si se compromete y no cumple, es un cobarde, carece de valor, como cuando cierto personaje dijo "Dejaré de llamarme...si no soluciono el problema de los niños de la calle", y todos hemos sido testigos de su firmeza de espíritu en el cumplimiento de ese compromiso, al punto que ahora lo llaman el Presidente sin nombre. En el caso concreto de los militares, el valor no tiene siempre las mismas características. En el estilo más primitivo de guerra, el valor se medía por la posesión de aptitudes, principalmente físicas, capaz de hacerlo adentrarse en el seno del combate e inspirar a sus hombres con su ejemplo, como lo hacían Ricardo Corazón de León o Juan Sin Miedo, que por eso ganaron tales apelativos (que por cierto ocultan las catástrofes que propiciaron como comandantes militares). Esta conducta sigue valiendo para el soldado en el frente y es la que se espera de él, aún cuando las tecnologías de guerra contemporáneas tienden a reducir esa exigencia. A medida que la guerra se hizo más compleja, que las responsabilidades de conducción se agrandaron, que se alcanzaron mandos de tropas numerosas y no sólo bandas armadas, el valor se empezó a medir con otra vara. Así, en 1503 los escoceses con Jaime IV a la cabeza, valiente como un soldado, se enfrentaron a los ingleses comandados por el Conde Surrey, de 70 años que viajaba en carroza por la artritis. Jaime IV marchó personalmente al frente del ataque. Surrey no, pero valiente como un sabio, como un general, midió los tiempos, distribuyó sus tropas, dio órdenes precisas, dirigió a sus hombres y masacró al enemigo. Tener como general al más bravo de los soldados fue un error, porque el valor de un general se mide más por su sabiduría que por su fuerza y bravuconadas. Elegir al frente de un servicio de inteligencia a aquel cuyos méritos son ser buen amigo y ser "cuatriboleao" también es un error, como sucedió recientemente en la DISIP. En esto también hay que apuntar que fueron muchos los comandantes que demostraron más valor verbal y literario que militar, en cualquiera de sus formas. Un ejemplo notable fue el comandante Visconti Praga que, en la II Guerra Mundial convenció a los italianos, y al mismo Mussolini, de su capacidad para invadir Grecia, anticipándose a los alemanes. Como no era un oficial completamente, formado, adaptó su estrategia a lo que sabía y podía, desoyendo por desconfiado los consejos de los capaces, atrapado en su propia verborrea y limitaciones. La campaña fue de las más desastrosas del ejército de los césares (si nuestro ejército es bolivariano, el de los italianos debe ser de Julio César). Cuando el que está al mando no dispone del valor de la inteligencia, sino del físico o del literario, tiende a minimizar las complejidades, se prepara inadecuadamente, subestima las dificultades, no está atento a los cambios y termina luchando una guerra fantástica que sólo existe en su imaginación. Así sucedió cuando los escoceses dirigidos por Wallace (el de la película Corazón Valiente) enfrentaron al comandante inglés Warrene que, por pensar que nadie podía medirse hombre a hombre con él, terminó con su ejército destruido en 1297 en el río Forth gracias a una hábil estratagema del escocés. 8


Pero nos hemos ido demasiado lejos buscando paralelos al Héroe del Museo Militar de La Planicie; seguramente los lectores encontrarán que son más adecuados los casos nacionales de otros "valientes" que resultaron un fracaso en relación a las esperanzas que se depositaron en ellos, como por ejemplo: Antonio Leocadio Guzmán, el Mariscal Falcón, el "mocho" Hernández, Jóvito Villalba, C. A. Pérez y Claudio Fermín, por mencionar sólo algunos de una lista muy larga. Es en esta compañía de nulidades engreídas y estafadores pomposos donde con todo derecho la historia tendrá que ubicar al Paladín de Sabaneta.

Editorial [# 25, noviembre-diciembre 2001] El rugido de motores de los portaviones del ejército estadounidense, movía tanto la maquinaria de la muerte, destino Afganistán, como nuestra consternación. Los hechos del 11 de septiembre, para los adalides del Pentágono, debían ser superados tanto en devastación como en horror: La escalada militar, promocionada como de “lucha al terrorismo”, escondía brutales maneras de asegurar la hegemonía norteamericana y promocionar gobiernos afectos a las reglas del libre mercado en el Medio Oriente. La lógica del exterminio del otro, el enemigo según el razonamiento militar, ha sido exacerbada al extremo por la reiteración de agencias de noticias como CNN. La interesada versión del enfrentamiento entre dos modos civilizatorios y la amenaza latente contra occidente, avaló la histeria que ahora es capitalizada por los perros de la guerra. Decenas de niñ@s, mujeres y ancian@s afganos escucharon el silbido de bombas como último sonido de sus vidas. L@s anarquistas hemos enfrentado todas las guerras, vengan de donde vengan y cualquiera que hayan sido los bandos en conflicto. Las mismas expresan la brutal intención de dominio, de apetitos conquistadores y festines mortuorios que encuentran sus víctimas en los ciudadanos de a pie y no en los presidentes y generales que las comandan. Las revoluciones de más alto vuelo han usado la defensa armada como último recurso, actuando con milicias temporales que han rechazado hacer del ejército rutina y profesión. Bien han sabido que la guerra como oficio, cualquiera sea el adjetivo que la acompañe, gusta acompañarse de valores de obediencia y estrategia castrense que pervierten, a la larga, las mejores intenciones. La paz no es solamente la ausencia del traqueteo de metralla. Asimismo, significa la desaparición de la miseria en todas sus caras y las instituciones que resguardan las injusticias. Hay que destruir el Poder, no a la gente. El capitalismo esta enfermo de la violencia que el mismo genera. Por eso, es necesario que nos articulemos desde la resistencia y con paciencia de abuelas, tejamos las nuevas relaciones sociales. Pero esto sólo será posible alejándonos, años luz, del Ejército y su lógica de guerra, síntesis de los antivalores que como libertarios tratamos de superar. La guerra, los ejércitos, el capitalismo y la autoridad deben estar siempre igual: enterrados bajo toneladas de cemento para que no puedan escapar jamás.

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Tras el 11 de abril: con el ejército hemos topado REDACCIÓN - [# 28, agosto 2002] El 11 de abril reciente, tras la marcha de oposición a Chávez, un grueso de los manifestantes torcieron el rumbo hacia La Carlota. Muchos tenían la ingenua pretensión de esperar la vuelta del presidente de la ciudad de Maracay para exigirle su renuncia. Otros tenían claro el objetivo de apostarse frente al aeropuerto militar: Invitar, una vez más, a que los militares actuaran para cambiar el orden institucional del país. Ángela Zago, exguerrillera comunista y vocero de la oposición más furibunda, documento de por medio, exigía tal pronunciamiento castrense. Pero la creencia que los militares son los actores decisivos y fundamentales en la actual coyuntura política no es exclusiva de la oposición. Las primeras concentraciones del chavismo durante el golpe de Estado no se realizaron en las sedes del poder ejecutivo, sino precisamente frente a una fortificación militar. El Fuerte Tiuna era testigo de una multitud que pedía la integridad física de Hugo Chávez y que fueran los mismos militares quienes lo restituyeran, cosa que efectivamente sucedió a la larga. Las movilizaciones ciudadanas ocurridas entre el 11 y el 13 de abril tienen, como ejercicio democrático, su particular significación. Pero la aseveración que las mismas fueron las que derrocaron o restituyeron a un presidente, en el caso venezolano, es una ilusión con claros fines 11


ideológicos y legitimadores. ¿Por qué las Fuerzas Armadas tienen tal significación en nuestro panorama político?, ¿Es el Ejército una fuerza verdaderamente democrática y/o revolucionaria?, ¿Qué tan positivo es para los movimientos sociales progresistas tal preponderancia? Un cuartel hecho país En primer lugar, la preponderancia de la FAN en nuestro ámbito político es un problema de carácter histórico, de reminiscencias de un pasado basado en algunas falsedades y pocas certezas, que hacen que el venezolano común vea con más respeto a un militar que a un político partidista. Venezuela es victima de la fe ciega en una mitología militar, condena esgrimida por el propio Simón Bolívar al expresar: "Quito una iglesia, Bogotá una universidad, Venezuela un cuartel". La constitución de la FAN bajo el lema "forjador de libertades" como todo mito, se sienta sobre bases idealizadas, pretender que fueron libertadores, creadores y fundadores de la Nación es risible, cuando fueron los ciudadanos, los civiles quienes lucharon por tales fines. No sólo en Venezuela sino en gran parte de Latinoamérica. Fue hasta 1903 que se dicta por orden de Cipriano Castro un decreto para crear la Academia Militar, y sólo en 1910 comienza a funcionar luego de la apertura realizada por Juan Vicente Gómez, quien priorizó la necesidad de un ejercito nacional (por no decir propio) para acabar con las escuadrillas regionales, bajo el mando de los caudillos de las zonas. La FAN nace más que para defender un territorio de algún enemigo extranjero (principal fin), para ejercer la represión, para obligar a un orden interno. Nunca en pro de forjar libertad, sino de reprimirla, acabar con ella. Un segundo mito lo conforma el supuesto resurgimiento militar como resultado del fracaso de la democracia, basado en su honestidad como lideres de autoridad, padres rectos, disciplinados que sabrán guiar y proteger el destino de sus hijos brindando bienestar. El fracaso de la experiencia democrática de casi cuatro décadas, imbuida en un deterioro de las condiciones de vida de los ciudadanos y los excesos en el mal manejo de la cosa pública, nubla la memoria colectiva. Desde 1958 los militares son los primeros que han ejercido un control subjetivo de su rol político, vendiendo su fidelidad al régimen de turno al punto de crear comisarios internos vigilantes a tal fin, conducta que fue premiada con ascensos y cargos en posiciones de confianza aún cuando sus credenciales académicas no cumpliesen con los requisitos. Los militares han sido grandes beneficiados de las aberraciones cometidas con la democracia. Sólo ellos y los gobernantes de turno han tenido carta blanca para hacer y deshacer a su antojo. Por otra parte, la existencia de un proyecto para la toma del poder político no surge del deterioro democrático en la década de los 90, sino es resultado de estrategias concebidas desde la década de los sesenta, cuando el régimen político aún no mostraba signos de ineficiencia. Recordemos, de 45 presidentes desde 1830 hasta la actualidad, 29 han sido militares y sólo 16 civiles. Considerando exclusivamente el siglo XX se realizaron 5 golpes de Estado y 4 intentonas, sin tomar en cuenta aquellos planeadas y desmontadas tras los muros de los cuarteles. Hemos sido dirigidos los últimos 43 años por protagonistas vinculados de una otra forma a golpes de Estado. Las elecciones de 1998 estuvieron signadas por una contienda política de dos candidatos provenientes de la insurrección del 4 de febrero de 1992, por tanto, la propia "revolución bolivariana" es producto de un intento fallido de golpe militar, que de fondo no se explica como mera respuesta a una crisis de carácter coyuntural, sino como resultado de esas dos décadas de estrategias entre algunos militares, sectores pertenecientes a los reductos de la guerrilla marxista y miembros de algunos partidos de izquierda, con apoyo de algunas figuras predominantes del país: las intenciones distaban de la supuesta condición mesiánica o por buenos samaritanos. Los militares, entre los que se incluye al propio presidente Chávez, son los únicos que han gozado y siguen gozado de una verdadera seguridad social, producto de las corrupciones y tergiversaciones incluso antes de la democracia. Hombres bien comidos, vestidos, con viviendas, 12


carros y beneficios por los que más del 80% de la población venezolana clama. La FAN estructura parasitaria que consume gran porcentaje de los recursos económicos del Estado, que son mantenidos con los impuestos que los civiles de cualquier estrato pagan, educados con diferencias tangenciales entre su condición y la civil, cuya única misión es la defensa del Estado, son míticamente padres y héroes que nunca han renunciado a sus comodidades o al pan que se llevan a la boca, en pro de los reseteados ciudadanos que aspiran por su cobijo. La alianza cívico militar es un mal chiste Lo anterior se vincula al mito del eje FAN-Sociedad Civil, que no es otra cosa que la agudización de las prácticas anteriormente criticadas de la llamada IV República, bochornosa la discrecionalidad personalista del presidente Chávez no sólo en ascensos sino en las inherencias públicas a las que son destinados los militares, la proliferación de oficiales en cargos ajenos a su profesión pasando a desempeñar funciones en planes de desarrollo social, manejando recursos financieros inmensos cuyo mejor ejemplo es el Plan Bolívar 2000, poniendo al descubierto la inoperancia de éstos en los aspectos de la vida pública. Sin hablar del malestar y la crisis que padecen quienes fueron instruidos como "líderes" nacionales y hoy ven rebajada su condición virtual por cumplir funciones que atañen a la exclusividad de los civiles comunes. FAN y sociedad civil, ¿no fueron los militares los que masacraron a la sociedad civil cuando esta salió a las calles el 27 de Febrero del 89?, ¿no fue la FAN quien asesinó, torturó y cometió excesos contra muchos de los camaradas de los que hoy son creyentes fervientes de tal alianza? La única alianza real ha sido la FAN y su parcialidad política, otorgar deliberancia a los militares en el ámbito político fue simplemente la legalización de una práctica ya legitimada con los años. Pensar que se puede deliberar y no tomar posturas o acciones con las resoluciones, deliberar para votar por uno u otro candidato sin que se ponga en tela de juicio la credibilidad y la obediencia a los regímenes, es una farsa que ni el propio presidente Chávez egresado de la Academia Militar y al mismo tiempo insurrecto del 92 puede soslayar. Por último, y en compendio de lo expuesto el mayor de los mitos, las FAN árbitros de los conflictos y de la intensificación de las tensiones político-sociales, tristemente los chavistas o antichavistas que optan por los militares como vía factible para solventar los problemas, están sumergidos, imbuidos en el mito platónico de la caverna, viendo las sombras en la pared, inventándose verdades en imágenes confusas por la facilidad de no pararse y salir a optar por nuevas visiones que reestructuren sus ideas. Los militares son históricamente protagonistas en la generación y perpetuación de los problemas de nuestras sociedades, ¿Cómo pueden ser la solución? Ni demócrata ni revolucionaria En segundo lugar las FAN ni es revolucionaria como pretende la V República, ni democrática como abogan los que claman por su accionar en un supuesto restablecimiento de la paz. La FAN posee un carácter CONSERVADOR, con oficiales entrenados bajo esquemas de defensa occidental, equipada por EE.UU. y países de la OTAN, que se enorgullece y reivindica las victorias y hazañas contra la guerrilla comunista que combatió a la democracia. Su función es ser un poder coercitivo, una fuerza legitima detrás de la ley, preservar un territorio y su soberanía, pero sobre todo están para garantizar las instituciones, conservar su orden. Revolución implica el cambio de las instituciones políticas de una nación, por tanto, la FAN es intrínsecamente contrarrevolucionaria aunque se le llame "pacifica" o "bolivariana". La FAN no es portadora de valores libertarios o de redención social sinónimo de defensor de los desposeídos: es única y exclusivamente una institución que administra el monopolio de la fuerza, por lo cual tampoco es democrática.

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Ontológicamente el militar no es democrático, su formación, educación, práctica y accionar es tangencialmente contrario a tales valores, aunque se use para defenderlos. La democracia implica el predominio de los ciudadanos en la organización social, donde se imponga una estructura crítica, de diálogo, con algunas formas de horizontalidad, en igualdad de derechos y deberes, muy contrario a la estructura vertical de los militares. El mundo civil es antagónico a la vida en los cuarteles donde se imponen las jerarquías, la autoridad incontestable, las órdenes irrefutables, los códigos de comunicación elaborados y constituidos en el pensamiento de la defensa, la táctica, la guerra. Los militares son profesionales, expertos, en el arte de la guerra, el civil se debe a los derechos de ciudadanía, entre los que se encuentra el respeto por el otro y la convivencia pacífica aún en las diferencias, nunca la imposición por la fuerza. Ni revolucionaria, ni democrática, la FAN es la organización de los artistas de la guerra con autonomía deliberante. Los militares sólo representan el uso de la violencia, no puede haber revolución pacifica creada por militares ni tomada de la mano de éstos, no puede haber paz, llamando a la intervención de los hacedores de la guerra. La lucha por la libertad es una condición natural al hombre, no se subsume a la intervención de terceros para accionar. Pensar en los militares como respuesta es perder la libertad de asumirse en defensa de lo que se cree, es ser esclavos de la violencia, de su coerción. Debemos desmilitarizarnos la conciencia y apropiarnos de todos los espacios de la sociedad, físicos y políticos, para derribar así los muros de los cuarteles y las ideas que los sustentan.

Que la guerra nos deje en paz NERVINSON MACHADO - [# 30, noviembre-diciembre 2002] “La Guerra es la Paz, La Libertad es la Esclavitud, La Ignorancia es la Fuerza...” (1) sigue siendo el lema de EE.UU. Una posible guerra empieza ha movilizar gente de todas partes del mundo, que tienen muy claro que las guerras no son soluciones, sino negocios para los dueños del mundo. Estamos ante un sistema económico que por un lado se le llama globalización, cuando se refiere a la gringolarización de la economía, la cultura y por subsiguiente a pueblos dominados bajo la hegemonía norteamericana. Desde hace mucho tiempo el mundo debió aprender que las guerras no eran la solución a los problemas. Dos guerras mundiales antecedieron en el siglo pasado, y fue más que suficiente el horror allí vivido. Pero el monstruo norteamericano no cedió ante ello, el horror tenia que ser más, y colocar un ejemplo a quien lo desafiase o asomara alguna idea distinta a los intereses de paz norteamericanos. Estamos ante la amenaza de una guerra, otra más para la gran lista de EE. UU. y que el resto de la población sabe escribir muy bien con su propia sangre y dolor. Estamos ante un escenario en que la paz se les ha enseñado a escribir a afganos, palestinos, africanos, latinoamericanos con un fusil apuntando a nuestras cabezas. Latinoamérica supo muy bien eso cuando en la época del 60´ 70´ los gobiernos militares fueron instaurados en nombre de la libertad, asesinaron miles de personas en Chile o Argentina. Tomando de cerca el ejemplo que su vecino Brasil se había por algunos años adelantado y dado muestra de cómo se tortura una población bajo el sueño de libertad militar. Hoy nos enfrentamos a armas cada vez mas sofisticadas, bacteriológicas, químicas, mísiles autodirigidos, nucleares, en si un verdadero festín para enfermos. Pero el mundo no necesita más guerras, no solo es una población la que se encuentra en peligro, sino el mundo entero, y serán muy pocas cosas las que podrán salvarse en una nueva contienda que tiene pretensiones mundiales.

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No es posible que se siga cambiando vida por petróleo, que se siga arrasando el medio ambiente en nombre del progreso, que se siga contaminando en nombre de la paz, libertad y poniendo como excusa el terrorismo. Humanos, animales, medio ambiente siguen corriendo peligro ante todos los gobiernos. Cada guerra busca un fin económico, acaparar riqueza, petróleo, mano de obra barata e imponer un ejemplo a todo el que contradiga por un instante la política de la globalización (gringolarizacion). A pesar de que muchas veces las políticas de los gobiernos herejes no sean muy distintas a las de EE. UU. y sus aliados. En el gobierno afgano antes del 11 de septiembre se había cometido tantas violaciones a derechos humanos como lo había hecho el gobierno de Irak (antes de la guerra del golfo y que aun continúan). Solo que en esos momentos eran los verdugos necesarios de EE. UU., ahora que transgredieron eso, se consideran terroristas y se acusa a Irak de tener armas bacteriológicas y químicas, las cuales en su tiempo fueron proporcionadas por el mismo EE. UU. Pero seamos claro, el interés primordial en Irak es que es la 2º reserva de petróleo del mundo, y los gobiernos que aun se oponen al ataque norteamericano es por temor a las inversiones que ellos tienen en materia petrolera. Y es una historia triste, pues cada ser humano para cualquiera de estos gobiernos vale menos que un barril de petróleo. En Afganistán sin embargo, desde hace mucho tiempo, distintos medios alternativos denunciaban constantemente violación a los derechos humanos hecho por el gobierno, mientras los medios de difusión oficiales mantuvieron una complicidad que sólo fue denunciada hasta la guerra después del 11 de septiembre, y que notablemente aumentó después de la guerra en nombre de la paz que USA había hecho. Afganistán es ahora un gran cementerio donde la mayoría de sus victimas siguen siendo mujeres, pero eso no le importó a EE. UU. ni al mundo intelectual que apoyó la guerra. Total la ignorancia es su fuerza, y los medios de comunicación sus principales maestros en tal doctrina. Seguimos expuesto al imperialismo, es cuestión de saber qué riqueza genera el país donde habitamos para saber que interés tienen en nosotros. Estamos sometidos a un mundo donde el poder central de USA impone gobiernos policías en cada país, encargados de fiscalizar a la población hostil y asegurar que las “libres inversiones” se sigan haciendo sin importar el daño que puedan traer. Seguimos con la misma historia, la que muchas veces no queremos ver, ya sea por el terror que lleva enterarse o por que simplemente no nos hemos dando cuenta de la magnitud del problema. Oponernos a la guerra que se nos avecina es un grito de paz entre el cementerio que ha dejado la globalización capitalista. (1) Consigna que utiliza el partido que domina la sociedad en la novela "1984" escrita por G. Orwell.

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El derrumbe militar PEDRO PABLO - [# 32, abril-mayo 2003] En todo el desastre que nos ha traído el gobierno del Comandante Chávez (y es poco comparado con el que nos espera), se ven algunas cosas buenas. Una de ellas es el derrumbe de la institución militar, que tantos males ha traído a Venezuela y Latinoamérica en el último siglo. Vale señalar algunos hechos que ha producido este gobierno, tomados al azar y que no son todos, que nos dicen que muy pocas veces antes alguien haya hecho tanto para demostrar que una institución es inútil y peligrosa como el “Proceso” ha hecho con la Fuerza Armada (FA). Sin duda que su eliminación señala cuál puede ser la vía para comenzar a resolver problemas en forma más o menos definitiva: > El Plan Bolívar 2000, extendido a lo largo de varios años, puso en grosera evidencia que la corrupción en la FA pueden alcanzar niveles inimaginables, al punto que la próxima vez que vea un coronel o un militar de más graduación, cuide su cartera. Si no piensa así, recuerde al general de la Guardia Nacional “expropiando” hasta refrescos. El Plan Bolívar, que en su concepción era perverso porque implicaba que se usaría la fuerza de trabajo cautiva en la milicia para reemplazar la fuerza de trabajo civil que sufría y sufre gran desocupación, muestra un afán de dominar ámbitos que no le competen solo con intenciones de lucro sin importarles resolver ningún tipo de problemas. > Se ha mostrado que la FA carecen de cualquier tipo de fundamento ideológico, principio moral, postura institucional y son meramente un cuerpo mercenario. Si hay real, lo mismo apoyan a los guerrilleros, los capitalistas, los liberales, los comunistas, los católicos, los protestantes, o el que sea. Hasta serían anarquistas si les pagáramos o les prometiéramos una Embajada. > Hemos visto que la defensa y seguridad del territorio (no necesariamente de la gente) para nada entra en sus preocupaciones. La FA ha dejado de lado lo que supuestamente son sus intereses fundamentales por correr tras prebendas y negociados. Hay guerrilleros, narcotraficantes, bandoleros, lavadores de dólares, tráfico de armas, secuestros, delincuencia, sabotajes (según lloriquea el mismo gobierno) en todo el territorio y nada se hace. Si los colombianos invadieran, se detienen en Guyana en menos de 48 horas. > Han mostrado que en ellos se puede confiar tanto como en una culebra venenosa. Los militares del 11-A eran todos nombrados por, y leales a, Chávez, como los de hoy. Nada más cierto que lo dicho por Luis Herrera Campins: “todos los militares son leales...hasta que se alzan”, o por Graham Greene, “en todo centinela hay un posible traidor". > La función que explícitamente ha asumido el alto mando de la FA es aprovechar su posición de privilegio para su beneficio. El Gral. Baduel dijo públicamente que había sido transitoriamente socio de una televisora no para trabajar en ella sino para agilizar y facilitar los trámites. Más claro, échele agua. ¿Se imagina lo que pueden conseguir ahora los generales con el control de cambios? > En sus relaciones con la sociedad civil, la FA se mostró tal como siempre ha sido, un eructo social, pero sin maquillaje, que responde exclusivamente a intereses de ciertos particulares. > La movilización de los que concurrieron al Firmazo de febrero muestra que tantos gastos que nos ocasionan los planes República cada vez que hay elecciones son una farsa. Esos millones de venezolanos no necesitaron militares para portarse cívicamente, sin contar que las últimas actuaciones públicas de los militares no los muestran como ciudadanos ejemplares. ¿Gastamos tanto 16


dinero para “formar” a un López Hidalgo, a un Medina Gómez, a un Rosendo, a un Acosta Carlés, a un García Carneiro para que nos defiendan o cuiden las elecciones? > Ha quedado muy en duda la capacidad de evaluación racional de los militares para enfrentarse a una contingencia. Si todo el alto mando de la Fuerza Armada se puede ver convencido por los absurdos de “Aló Presidente”, sin adoptar siquiera una opinión crítica, entonces o son ineptos o son corruptos. Esto se agrava porque, precisamente, el Presidente, que tantos fracasos ha sumado, es el líder militar más destacado. Imaginen los otros, incluyendo a los ex-altos mandos de la IV República que integran esa logia de necios presuntuosos llamada Frente Institucional Militar. > Si en medio de un paro de 60 días, incluyendo una huelga petrolera, la actuación pública de los militares se limitó a la represión tipo Chuao o Los Próceres. Esto definitivamente los saca de las instituciones a las que consultar y con las que hay que contar para superar situaciones difíciles de cualquier tipo. Son pura fuerza bruta, y más bruta que fuerza. > Si, como decía Julio César, la mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino parecerlo, la imagen que han dado los militares golpeando mujeres, que les colgaban pantaletas en las barricadas que montaban para defenderse...de ellas, hace quedar muy mal a ese reducto “forjador de libertades” que está allí para protegernos de los enemigos. Claro que esto es consecuencia del apoyo de la FA a la eliminación oportunista de la policía, encargada por el Estado en todas partes de controlar el orden interno. Esto los obligó a participar en la represión de las damas, olvidándose del tan mentado Bolívar. Y ni que mencionar el papel igualmente grotesco de los “defensores del honor institucional”, los altos oficiales que se cuadraron con la oposición y se fueron a hacer ese ridículo “camping” de la Plaza Altamira. > La ocupación masiva de todos los ámbitos de la administración pública por militares los muestra con la soberbia del ignorante que ignora su propia ignorancia. Se evidenciaron claramente como lo que son y más. No sólo quieren que les den, sino que los pongan donde hay, sin sentirse culpables de no estar ni remotamente preparados para cumplir mínimamente con tareas que no dudan en asumir. Si hay una VI República, podrá resolver un gran problema económico, social, cultural y realizar una verdadera revolución, disolviendo esta institución tan inútil que, habiendo dado muestra de que sirve para muy poco, siempre es un gran peligro para los civiles. Claro que no creo que ésta sea la conducta de quienes buscan ahora encaramarse en el poder del Estado, que también sabemos, tiene su asiento más cómodo encima de las bayonetas. Pero está claro cual es el camino para iniciar la solución de los problemas, si le sumamos que también podemos funcionar sin policías.

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Las Fuerzas Armadas venezolanas y su mito democrático HUMBERTO DECARLI - [# 37, abril-mayo 2004] Un mito recurrente del modelo político vigente reside en definir a las fuerzas armadas venezolanas como democráticas. El primer magistrado con frecuencia expresa loas para los uniformados y sus criterios son eminentemente militaristas. Su visión del mundo es desde la óptica castrense y de allí su preferencia por los oficiales para administrar al país. No obstante, esa idea es realmente ideológica. Lo afirmo empleando este último término en sentido estricto, vale decir, con su significado como versión falaz de la realidad impuesta por los detentadores del poder. Pienso que sostener la democratización de nuestros militares es ilusorio o en el mejor de los casos, una ingenuidad. 1. El ejército actual no es el libertador Hugo Chávez siempre trata de identificar a los actuales administradores de la violencia del Estado con el ejército de Simón Bolívar. Haciendo abstracción de una estimación crítica de la conducta de los oficiales que dirigieron el proceso de independencia en tanto expulsaron a los peninsulares y fundaron una nación con un conjunto de aberraciones intrínsecas, no hay ningún parangón en tal juicio de valor. En efecto, las formaciones guerreras de la revolución independentista o secesionista como la denominan algunos historiadores, fueron orientadas a la exportación del proyecto del Libertador. Así, se dirigieron desde la República de Colombia hacia el sur, ocupando Quito y Guayaquil antes de la histórica entrevista con José de San Martín. Siguieron a Perú donde enfrentaron a la vetusta oligarquía limeña y lograron liberar el Alto Perú creando una nueva nación, Bolivia. Incluso, en el Portete de Tarquí el Mariscal de Ayacucho tuvo que liquidar la invasión peruana en una brillante jornada. Hasta allí el alcance emancipador de aquel ejército. Ulteriormente, al hacerse trizas las ideas integradoras al morir Simón Bolívar presenciamos cómo los cuadros superiores militares se apropiaron de todos estos países. El movimiento de la Cosiata dirigido por Miguel Peña con José Antonio Páez como punta del iceberg en Valencia, el golpe de Estado de Francisco de Paula Santander sobre Rafael Urdaneta en Bogotá, la irrupción del general Juan José Flores en Ecuador; y las cúpulas hispanizantes de Lima, demostraron la poca perspectiva histórica de los otrora valientes combatientes por la libertad. Literalmente se repartieron cada segmento de la zona noroccidental de América del Sur. De tal manera que existen muy pocos o ningún elemento de vinculación entre los escuadrones venezolanos que combatieron ininterrumpidamente contra otros nacionales y los españoles, entre 1811 y 1830, y la actual fuerza armada. 2. Inicio de las Fuerzas Armadas contemporáneas Realmente las milicias contemporáneas nacen con el proceso centralizador regulado por Juan Vicente Gómez. Ya había un antecedente cuando Cipriano Castro derrotó con menos de la mitad de sus efectivos al banquero Manuel Antonio Matos en La Victoria. Este hecho lo aprecia el general Alberto Müller Rojas en su obra “Tiempo de Revoluciones” como el acto fundacional del ejército presente. El Benemérito, luego de asfixiar los movimientos y caudillos regionales federales, creó un Estado omnipotente y para ello consolidó un sistema impositivo nacional, una administración pública rígida orientada desde el centro del país y por supuesto, un aparato militar bien concentrado. El líder de La Mulera trajo desde Chile a un oficial prusiano llamado Sarría Mac Gill, quien con sus criterios inflexibles hizo una fuerza armada a su imagen y semejanza. La génesis castrense contemporánea está muy bien explicada por el profesor Ángel Ziems en su conocido texto sobre su formación y la ubica en esta época histórica al igual que Domingo Alberto Rangel. Esta organización castrense mejoró en 19


su operatividad y con las administraciones de López Contreras y Medina Angarita se movilizó una verdadera logia militar que dio al traste con la gestión del último y en alianza con Acción Democrática dominó durante el trienio de 1945-1948. Seguidamente se desembarazaron del partido del pueblo para administrar ellos solos, lo cual consiguieron hasta el 23 de enero de 1958. 3. Puntofijismo y uniformados Con el advenimiento del proyecto populista del Pacto de Punto Fijo, Rómulo Betancourt hubo de luchar con los agentes castrenses heredados de la dictadura perezjimenista. Era evidente que el órgano de seguridad del Estado, la espantosa Seguridad Nacional, se había disuelto pero el ejército del hombre de Michelena seguía siendo el mismo, al punto que un oficial de su administración (presidió el Círculo Militar y el Instituto Nacional de Deportes), el Contralmirante Wolfgang Larrazábal, era el personero más importante de la Junta que le sucedió. Incluso dos altos oficiales del régimen derrocado, el “Turco” Casanova y Romero Villate integraron ese mismo organismo pero el movimiento popular logró defenestrarlos para ser sustituidos por Eugenio Mendoza y Blas Lamberti, conspicuos representantes del gran capital, quienes presionaron para cobrar las acreencias contra el Estado venezolano imposibles de negociar en los mercados internacionales por la crisis existente. Ante unos administradores de la violencia del Estado seguidores del golpismo tradicional y con un accionar vehemente como lo demuestra el atentado de los Próceres, el gobierno blanquiverde debía tomar iniciativas. Los gorilas de la época no veían con buenos ojos a la coalición del denominado Club del Caribe (Pepe Figueres en Costa Rica, Muñoz Marín en Puerto Rico, Prío Socarrás en Cuba, Víctor Raúl Haya de la Torre en Perú y el Napoleón de Guatire en Venezuela), pero la aversión hacia izquierdismo, socialismo, comunismo o algo parecido, era infinitamente mayor. No podemos olvidar la formación gringa de todos estos ejércitos. Así las cosas, Betancourt comienza a disparar un discurso macartista buscando nuclear a su alrededor al espectro golpista. Con tal fin provocó a la izquierda, representada en el Partido Comunista y los sectores radicales de Acción Democrática y URD. El ametrallamiento de una manifestación de desempleados en la Plaza Concordia fue el primer paso de este plan. Nuestra izquierda fue siempre muy dependiente de los úcases de los centros de poder internacional del bloque socialista y en especial de la Unión Soviética. El Browderismo apagó a los comunistas en toda Latinoamérica y debido a esta razón se produjo el auge de la socialdemocracia, todo en función de la alianza antifascista con los aliados que generó una postergación de cualquier clase de proyectos. Por supuesto, el Departamento de Estado y el Pentágono acudieron en auxilio de la idea romulera. Así, a la Escuela de las Américas, un centro de torturas muy especializado, asistieron muchos oficiales cuyos conocimientos en esta área fueron puestas en práctica en los Teatros de Operaciones con el abyecto saldo de torturados, desaparecidos, detenidos ilegalmente y muertos. Los campos de concentración de la Isla de Burro (llamada irónicamente Rafael Caldera), Cachipo, Cogollar y otros que escapan a mi memoria, fueron escenarios de estos aprendizajes. No costó mucho la confrontación porque pequeños grupos de la siniestra (Triángulo Negro, el F.U.L, el Directorio Revolucionario Venezolano-DiReVe) presionaron para irse a la montaña a reeditar la experiencia de la Sierra Maestra. Después el P.C.V., el M.I.R. y ciertos segmentos urredistas como el de Fabricio Ojeda, tomaron el camino de la lucha armada rural en un país eminentemente urbano. La derrota fue la crónica de una muerte anunciada pero el proyecto populista incorporó al factor de poder más importante, el de las armas. Con esta actividad el puntofijismo alcanzó colocar a los militares alrededor de su modelo. Comentario aparte merece las insurrecciones 20


del año 1962 conocidas como el “Carupanazo” y el “Porteñazo”, acaecidas el 4 de mayo y el 2 de junio de ese año. Ciertamente, se trató de grupos del aparato militar del partido comunista insurgentes en dos centros de la armada. Ambas acciones fracasaron militarmente y se lesionó fuertemente al sector de izquierda dentro de la milicia. No fueron acciones coordinadas con las guerrillas y aisladas fueron derrotadas. No significan de ninguna manera alteración a considerar a nuestro ejército como una entidad al servicio de los intereses transnacionales. Durante el inicio del régimen populista se alinearon incondicionalmente con los Estados Unidos. Posteriormente siguen en la misma formación como lo expreso en el curso de este trabajo. 4. Inutilidad de la alianza cívico-militar Es verdad que inicialmente los comunistas intentaron penetrarlo y después Ruptura trabajó en esa orientación manejando la tesis de una combinación de civiles y militares con un aparente éxito. Sin embargo, si uno observa a los oficiales al servicio del régimen chavista puede ver la inexistencia de diferencias respecto a la praxis de los militares del puntofijismo. La victoria sobre la izquierda luego de ciertas escaramuzas agotó el peligro del comunismo en los uniformados. Era necesario formular un nuevo esquema para mantenerlos tranquilos. La bonanza petrolera después del embargo árabe en 1973 brindó la oportunidad. La corrupción fue el vector para sedar a esta sección de la sociedad venezolana y la Comisión de Defensa del Senado fue el eje de esta etapa. Ese organismo, facultado constitucionalmente para ascender a los oficiales desde Coronel y Capitán de Navío, fue dominado por los adecos y los copeyanos, quienes administraron los ascensos con criterios partidistas y sobornos mediante. Al colapsar el clientelismo venezolano por la baja del precio del crudo se hizo aguas el sistema. Esta circunstancia también influyó en la conducta de las fuerzas armadas donde se apreció un ostensible malestar. Pero previamente los militares realizaron un horripilante genocidio el 27 de febrero de 1989. A quince años de hacerse tangible reina aún la impunidad amén de desconocerse el destino de muchas personas asesinadas de la manera más olímpica. La primera gran insurrección contra la globalización fue ahogada en sangre. La masacre de El Amparo fue otra ocasión en la cual los militares y policías violentaron los derechos humanos. A pesar de haber sentencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos donde se ordena la indemnización de los daños por los difuntos se ha cumplido a medias y no hay responsabilidad penal de los causantes de esta tragedia. En la misma decisión se ordena la reforma del Código de Justicia Militar por su lesión al derecho a la defensa, lo cual no se ha llevado a cabo. Nuestra historia contemporánea conoce de varias razzias como las de Cantaura y Yumare, sin sanción alguna. 5. Nuestros militares no son nada institucionales El ruido de sables emergió cuando un grupo mecanizado hizo un raro movimiento cerca del Ministerio de Relaciones Interiores siendo presidente interino Simón Alberto Consalvi por un viaje de Jaime Lusinchi. Se conoció que el Teniente Coronel Ortiz Acosta dirigió esta extraña actuación denunciada por Eduardo Fernández como un golpe de Estado técnicamente hablando. Luego ocurrieron las dos rebeliones del año 1992, caracterizadas por ser muy ortodoxas con escasa participación civil. El colmo del 4 de febrero fue no haber tomado ningún medio de difusión de masas. Sus resultas fueron dos derrotas en el ámbito de las armas pero devenidas en victorias políticas y electorales. 21


En esa época ya circulaba una investigación del Coronel José Machillanda, “El Poder Militar y Poder Político en Venezuela”, obra donde ubicó a la sociedad venezolana como cuasi-castrense porque a pesar de no existir un régimen militar el estamento castrense tenía un diáfano privilegio por encima de los demás. Con la asunción del gobierno por parte de Chávez no se avizora ningún cambio sustancial dentro de los administradores de la violencia del Estado. Antes por el contrario, su primer ministro de la defensa fue un oficial de absoluta confianza de Washington, el general Raúl Salazar. Los cuadros superiores de los armados siempre han sido ocupados por personas con una aproximación a los intereses hemisféricos de los Estados Unidos. La actividad de nuestros militares está alineada sin condiciones al lado del Tío Sam. La anterior trayectoria ha estado cubierta por una normativa ad-hoc. Primero fue la viciada praxis de enjuiciar a civiles por delitos militares. Además, el Código de Justicia Militar es un texto legal realizado para hacer expedito el enjuiciamiento de los reos. Se potencia exacerbadamente al juez al poder dictar detención preventiva con un solo indicio y hay un estadio procesal en el cual el Presidente de la República puede ordenar el sobreseimiento o la continuación del proceso por encima de un “autónomo poder judicial”. Es un dinosaurio jurídico mantenido a toda costa a pesar de haber caído el Muro de Berlín. Durante el actual mandato han ocurrido algunos incidentes como el del Teniente Sicatt, quien quemó a dos subalternos así como varias muestras de maltratos y homicidios de conscriptos por parte de oficiales. Empero, creo estar en presencia de un nuevo 27-F-89 ahora en el mismo mes pero de 2004. La reacción en las calles por parte de quienes desean un referéndum fue liquidada con balas, perdigones, lacrimógenas y toda clase de proyectiles, recordando épocas que se creían formaban parte del pasado. Puedo concluir sin ninguna sorpresa, que la agresividad de la Guardia Nacional el viernes 27 de febrero del presente año no es accidental. Se corresponde con un modo de ser autoritario de las fuerzas armadas nacionales. Constituye el mismo cuerpo pretoriano de C.A. Pérez ahora con mayor participación en la conducción del Estado. Los cambios cumplidos se reducen al reemplazo de unos hombres por otros. Ha ascendido el nivel ocupado por los hombres armados en el seno de la sociedad. Ya no es cuasi sino muy militarizado el Estado en todas sus dimensiones. 6. Mitos fabricados El mito de unas fuerzas armadas democráticas e institucionales está desmoronándose porque no ha existido nunca en el país. Se trata de una formación pétrea al servicio de la gestión de turno y por sobre toda las cosas, del modelo político, socio-económico y cultural reinante en estos tiempos de globalización. Es un ejército con un puesto específico dentro del proyecto de colaboración de poderes inicialmente construido por Betancourt y ahora ocupando un espacio como factor de poder fundamental en un país donde no existe democracia sino una caricatura de gobierno popular. La manida tesis de la alianza cívico militar ha tenido un empleo perverso como es el de haber consolidado un proyecto cupular basado en la colaboración de algunos factores de poder internos articulados con los mundiales para mantener la demencia significada por la mundialización de la economía con su gran proeza, la exclusión social con sus componentes de hambre, miseria y desempleo.

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Por las consideraciones precedentes es difícil si no imposible contar con el componente armado para construir un modelo societario diferente. Representa un medio fundamental para el sostenimiento de un régimen caracterizado por el autoritarismo y no simboliza absolutamente un ente institucional por la misma razón de reinar una estructura de poder fundada en la esencia gomecista. No es el pueblo en armas sino el pueblo bajo las armas.

Paracos o milicos: la misma miasma SOFÍA COMUNIELLO - [# 38, junio-julio 2004] La discusión de pacotilla que hemos visto en los medios de difusión nacionales a raíz del tema de los paramilitares colombianos capturados por el gobierno, se ha esforzado por ocultar ese aspecto central del asunto que hace tiempo se reitera desde las páginas de El Libertario: la escena políticosocial venezolana está siendo ocupada a grandes pasos por el militarismo, de lo cual sin duda el gobierno de Hugo Chávez ha sido un promotor principal, pero en donde los opositores socialdemócratas y de derecha han sido un soporte igualmente valioso. No es ningún secreto, pues de ello se enorgullecen los grupos patrocinados, que este gobierno se ha hecho de la vista gorda o brinda apoyo tolerante a expresiones de "autodefensa popular" que son aceptables para el poder estatal en tanto puedan servir como disuasivo extra-legal ante adversarios de quienes hoy disfrutan de ese poder. Por lo demás, esos grupos vienen de la tradición marxistaleninista donde la vanguardia iluminada "sabe" lo que conviene al rebaño popular, lo que en este caso se asume como la defensa a rajatabla del gobierno y de quienes lo ejercen, vistos como depositarios de la "verdad revolucionaria". Con semejante pretexto, la idea clásica del socialismo en cuanto a que el pueblo en armas es el único que puede garantizar sus conquistas sociales frente a todo poder opresor, aquí se pervierte para dar origen a una suerte de "paramilitarismo izquierdista", pues sólo cabe este calificativo cuando, desde un Estado que se autocalifica de progresista, se apadrinan actividades que implican ataques violentos selectivos, ejecutados por vanguardias de cuadros militarizados, contra quienes el poder estatal califica de "enemigos del pueblo". Por otra parte, y ratificando el carácter paramilitar de estas actividades patrocinadas por el Estado, estos grupos en ningún modo enfrentan o desafían a la Fuerza Armada o a las policías controladas por el gobierno chavista. Sólo en el caso que intentasen acciones que se salgan del rol que se les ha atribuido, es que esas agrupaciones serían perseguidas por los órganos de seguridad pública, pero de momento parecen satisfechos de su papel y de la pequeña cuota de poder que les proporciona. En ese orden de ideas, el paramilitarismo auspiciado por el Estado debe verse en plena correspondencia con la creciente militarización que acompaña los 5 años de gestión chavista. Con un gobierno que sólo ha sabido responder a los problemas de todo tipo encarándolos como operaciones de combate o poniéndolos bajo la responsabilidad de algún uniformado, ha resultado inevitable que para enfrentar la disidencia social y política se recurriese a esa respuesta que ya es clásica en los manuales de contrainsurgencia que han sido por tantos años el alimento intelectual de la oficialidad venezolana. En cuanto a la oposición, su respuesta cuando debe pronunciarse frete a la creciente militarización oscila entre el oportunismo y la incoherencia. Por demasiado tiempo se han dejado embelesar por el deseo de que algunos príncipes de sables y charreteras se deshiciesen del actual ocupante de

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Miraflores, por lo que en la espera de la ocasión siempre han puesto sordina al tema del militarismo. Por si fuera poco, para la mayoría de esa oposición no ha dejado de estar claro que la única propuesta de recambio que tienen frente a Chávez es poner en su lugar algo similar en los hechos pero con discurso e imagen más "fashion", así que si ese hipotético sucesor necesitase de una buena dosis de militarismo o paramilitarismo para contener a la chusma no habría porque alarmarse demasiado. Para desgracia de la oposición, el ladino uso de los sobornos del poder ha reforzado el apoyo dentro de los cuarteles al Comandante de Sabaneta, aparte que sus galanos héroes castrenses han resultado ser del mismo talante inepto que los golpistas de 1992. Esto ha llevado a algunos a este desesperado juego de aprendiz de brujo que consiste en traer un contingente de colombianos, en la intención de usarlos en una acción aventurera que revolviese las cosas al punto de propiciar el golpe de Estado deseado. La idea debe haber sonado infalible entre los whiskies de la barra del Four Seasons, pero siendo sus ejecutores los mismos del fiasco de abril de 2002 y de la "liberación" de la Plaza Altamira, resultaba cuestión de tiempo que se llegase a la crónica del fracaso anunciado de la finca Daktari. En definitiva, ni quienes hoy disfrutan de las riendas del gobierno ni quienes aspiran suplantarlos tienen dudas en cuanto a que militarismo y paramilitarismo son herramientas indispensables para garantizarse el ejercicio pleno del poder. Ambas pandillas participan de visiones similares en cuanto a que su supervivencia en el control del Estado dependerá de ejercer mecanismos represivos que ahoguen toda disconformidad, para lo cual milicos y paracos sirven a las mil maravillas. Por tal razón, sólo desde el enfrentamiento más resuelto contra las coartadas autoritario-militaristas que hoy nos ofrecen gobierno y oposición será posible abrir el camino de paz, tolerancia, libertad e igualdad al que sin duda aspira la gran mayoría. En la construcción de esa opción consecuentemente socialista, libertaria y antimilitarista es donde l@s anarquistas venimos esforzándonos...

El negocio de las transnacionales de mercenarios CARLOS FRESNEDA Y PABLO PARDO - [# 38, junio-julio 2004] La Convención de Ginebra prohíbe el uso de "personas reclutadas para un conflicto armado por un país distinto del suyo y motivado por la ganancia personal". Pese a ello, Estados Unidos no ha dudado en recurrir a las Corporaciones Militares Privadas durante la ocupación de Irak. Más de 20 "contratistas" han muerto desde que arrancó la guerra. Todos ellos trabajaban para alguna de esas empresas de nuevo cuño, las Corporaciones Militares Privadas (CMP), que están suplantando poco a poco a los soldados. Ellos defienden su labor en aras de la „eficiencia‟ y de los requisitos de las guerras modernas. Muchos les ven simplemente como los mercenarios del siglo XXI. Los nuevos guerreros privados llevan más de 10 años tomando posiciones, pero es ahora cuando empiezan a salir de las sombras. Se calcula que en Irak puede haber de 10.000 a 20.000 en estos momentos, aunque el secretismo del Pentágono y de sus compañías hermanas tienen a todos los expertos haciendo cábalas. Se sabe, por ejemplo, que una sola compañía, Global Risk, tiene a mil cien hombres y ocupa el sexto lugar entre las potencias de la coalición, justo entre Italia y España. Entre los guerreros privadísimos de Global Risk hay decenas de ex soldados gurkas, conocidos precisamente por su fiereza en la batalla.

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Irak se está convirtiendo en el campo de batalla de las Corporaciones Militares Privadas, con su particular ejército paralelo, nutridos por miles de ex militares. Ahí tenemos a los hombres de Vinnell, años de experiencia adiestrando a la Guardia Nacional de Arabia Saudí. Y a los expertos militares de DynCorp, curtidos en la lucha contra la guerrilla en Colombia, y beneficiados ahora por un contrato de 40 millones de dólares para preparar a la policía de Irak. Y a los aguerridos expertos de Recursos Militares Sociedad Anónima (MPRI, Inc.), capitaneados por el ex general Carl Vuono, veterano de la primera Guerra del Golfo. Hace 12 años, sin ir más lejos, la proporción entre contratistas y soldados era de uno a cien. En Irak, ahora mismo, se estima que puede haber un "contratista" por cada seis o diez soldados. Muchas bombas han caído desde que el propio Dick Cheney, secretario de Defensa con Bush padre como presidente, encargara el primer estudio para impulsar la privatización del Ejército. Aquel informe fue elaborado precisamente por Brown & Root (filial de Halliburton, que luego dirigiría él mismo) y llegó a la conclusión de que era mucho más efectivo y barato ceder el trabajo sucio del Ejército a los "contratistas". Hoy por hoy, una tercera parte de las funciones del Ejército estadounidense está en manos privadas (incluido el mantenimiento y el manejo del Air Force One). La Administración Bush confía en seguir regalando pedazos de la tarta bélica a los "contratistas", hasta dejar la proporción en mitad y mitad. Las Corporaciones Militares Privadas, en plena "guerra contra el terror", son uno de los sectores industriales más boyantes en Estados Unidos y están creciendo más deprisa incluso que las empresas de Internet o de biotecnología. Según Peter Singer, analista del centro de estudios Brookings Institution y autor del libro Corporate Warriors (Guerreros empresariales), las CMP ya generan en todo el mundo una cifra de negocio de 100.000 millones de dólares. Allá por 2010, los ingresos previstos alcanzarán los 200.000 millones. Sicarios de la postmodernidad Estos mercenarios de hoy no tienen nada que ver con sus precursores de los años 60 y 70, que se movían en el borde de la legalidad cuando se iban a Biafra o al Congo a pegar tiros y leían la revista Soldier of Fortune (Soldado de Fortuna). Ahora se trata de un sector tan profesional como cualquier otro, protegido por el escudo de las grandes corporaciones y amparado por un vacío legal que nadie parece interesado en subsanar. Las Corporaciones Militares Privadas no ocultan su afán de lucro, aunque rechazan la acusación de mercenarios. Gran parte de los contratistas, sin embargo, son ex militares que deciden incluso abandonar el Ejército de su país para ponerse el uniforme de guerrero empresarial. Un miembro del cuerpo de elite SAS, del Ejército británico, recibirá el doble del salario si cuelga el uniforme y se va a una empresa privada. Un gurka especializado en misiones de alto riesgo será también una pieza codiciada de las empresas que se ofrecen para "operaciones tácticas". Las CMP están además empotradas en multinacionales que han empezado a olerse el negocio, desde Halliburton (propietaria de Kellog, Brown & Root) a L-3 Comunicaciones (que adquirió MPRI Inc.) En marzo pasado, los dueños de DynCorp la vendieron por 950 millones de dólares a CSC, uno de los mayores proveedores de sistemas de comunicaciones del Pentágono. La maraña de las CMP se ha extendido también por el sistema político, y ahí tenemos al mentor Dick Cheney, reinstalado como vicepresidente en la Casa Blanca. Tan sólo en 2001, las compañías militares privadas se gastaron 32 millones de dólares en grupos de presión en Washington, con notables conexiones tanto con el Partido Republicano como con el Partido Demócrata. La opinión pública norteamericana ha empezado a contraatacar con campañas como Stop the War Profiteers (Parad a los que se benefician de las guerras), pero el tema sigue siendo tabú en los grandes 25


medios y en el Capitolio. La congresista demócrata Jan Schakowsky ha sido la única en levantar la voz contra la privatización de la guerra. "No existe ningún modo de controlar a estas empresas que actúan por cuenta propia", ha denunciado Schakowsky. "Por un lado son empresas civiles, y por otra parte empresas militares, pero sus empleados no están sometidos al código militar y funcionan en una especie de limbo legal". La misma preocupación transmite Laura Peterson, analista del Centro por la Integridad Pública y autora del informe Making a Killing: the Business of War (Haciendo un asesinato: el negocio de la guerra). "No hay ninguna agencia del Gobierno ni ningún organismo internacional que vigile a estas empresas. Es imposible tener una idea exacta de ellas, saber cómo funcionan, cómo son los mecanismos de licitación y cuáles son las condiciones impuestas a los contratistas militares", denunció. Para mejorar su imagen pública, una docena de empresas han unido fuerzas en la así llamada Asociación Internacional para las Operaciones de Paz. Según su director, Doug Brooks, no se trata de despistar ni de lavar la imagen de las controvertidas corporaciones militares. "La paz y la estabilidad son siempre más rentables que las guerras", afirma Brooks. "Pero las guerras existen, y nosotros salimos al encuentro de unas necesidades que están ahí". El mayor intento de arrojar luz sobre este ejército transnacional, invisible y paralelo que está desplegado ya en 50 países acaba de hacerlo Peter Singer con su libro Corporate Warriors. "Tanto las corporaciones militares como los gobiernos democráticos tienen que entender que no se pueden seguir camuflando", afirma Singer. El autor adopta una posición neutral en el tema y acusa incluso a la ONU de doble rasero: "Por un lado critican la labor de estas empresas, pero por otro lado las utilizan como apoyo en misiones de paz". "Tenemos que partir del hecho de que vivimos en un mundo donde hay guerras", añade Singer. "Y estas empresas, que no son ni buenas ni malas en sí mismas, salen al encuentro de necesidades creadas por estas guerras. Otra cosa es el factor moral. Hay gente que piensa que los ejércitos nunca se deben privatizar, y que es injusto que haya quien se beneficie de las guerras". Singer le da la vuelta al viejo axioma y proclama, a modo de conclusión del libro: "Aun así, la guerra es una cosa muy importante como para dejarla en manos de las empresas. Necesitamos más transparencia y leyes que pongan coto de alguna manera a estas empresas, que hoy por hoy se mueven en un terreno muy ambiguo y cruzan la frontera con bastante frecuencia". Pero en Irak es precisamente donde la actuación de las CMP ha empezado a ser puesta en cuestión. Según muchos militares, la guerra privatizada no es una buena idea. La evaluación ofensiva terrestre llevada a cabo por la Tercera División de Infantería -la que tomó Bagdad- incluye quejas por la tardanza de KBR en entregar el correo. Otros soldados han criticado la pésima comida que les ha dado Halliburton. Finalmente, la empresa texana ha sido acusada de cobrar 2,65 dólares por cada galón -unos cuatro litros- de petróleo que transporta de Kuwait a Irak, cuando el Ejército lo hace por un dólar. Otros no lo ven de forma tan negativa. "En Irak ha habido un problema básico: el Pentágono ha llamado a los contratistas privados demasiado pronto. El resultado es que están en medio de una situación de combate". Guerreros corporativos sin fronteras En la última década, las Corporaciones Militares Privadas se han visto envueltas en numerosos incidentes en diversas partes del planeta. Hoy por hoy, sus efectivos están desplegados en unos 50 países, principalmente en África Central, Oriente Medio, Sureste Asiático, Sudamérica y los Balcanes. A veces son contratadas por los gobiernos locales para adiestrar a sus ejércitos; otras se limitan a prestar apoyo técnico a los ejércitos estadounidense y británico. En varias ocasiones han cruzado sin 26


embargo la línea y se han implicado en misiones propias de soldados. El secretismo que las rodea ha servido para mitigar el efecto de esta serie concatenada de noticias sin fronteras. Croacia: El 4 de agosto de 1995, el Ejército de Croacia lanzó la ofensiva para recuperar la Krajina, una extensa franja de ese país ocupada por los serbobosnios. Los croatas retomaron todo el territorio en apenas tres días en una ofensiva bautizada como Operación Tormenta, en la que cometieron ejecuciones sumarias, bombardeos indiscriminados y limpieza étnica. El ejército croata había sido adiestrado durante meses por una empresa americana cuyo nombre deja lugar a pocas dudas: Recursos Militares Profesiones (Mpri). La compañía está dirigida por el ex general de dos estrellas Carl E. Vuono, veterano de la Guerra del Golfo, frente a un equipo de otros 19 ex militares estadounidenses. Ninguno de ellos había realizado ese trabajo por orden del Pentágono. Era, simplemente, un contrato de consultoría de su empresa, que en 1994 consiguió la licencia del Departamento de Estado para entrenar al ejército croata. MPRI ha negado reiteradamente su participación directa en la Operación Tormenta (bautizada al más puro estilo americano) y ha sostenido que su labor consistió únicamente en preparar técnicamente al ejército croata. Los analistas reconocen que la ofensiva fue el punto de inflexión en la guerra contra Serbia. La otra cara de la moneda es ésta: la ofensiva rompió el alto el fuego de Naciones Unidas, causó 170.000 refugiados y provocó una nueva limpieza étnica. Los comandantes croatas que dirigieron la operación fueron procesados por el Tribunal Internacional de Crímenes de Guerra. Bosnia: Varios empleados de DynCorp, otra de las empresas punteras del sector militar privado, se vieron implicados en un escándalo de tráfico sexual, prostitución de menores y tráfico ilegal de armas en Bosnia. Según Peter Singer, autor de Corporate Warriors, el supervisor de DynCorp en Bosnia grabó un vídeo de sí mismo violando a dos jóvenes. Nadie fue procesado por el caso. Para que escapara a las autoridades locales, los empleados fueron sacados del país. Kosovo: En 1999, tras los bombardeos contra Serbia, Estados Unidos se hizo con un terreno de cientos de hectáreas en una zona rural de Urosevac, en el sureste de Kosovo. En cuatro meses, la compañía Kellog, Brown & Root levantó la mayor base militar norteamericana construida desde la época del Vietnam. Cuatro años después, mil estadounidenses y 7.000 albaneses trabajaron en la base, situada nada casualmente en la ruta del futuro oleoducto trasbalcánico Ambo. El estudio de viabilidad del oleoducto fue realizado en 1996 (y actualizado en el año 2000) por la misma compañía que construyó la base militar: Kellog, Brown & Root, subsidiaria de Halliburton, la empresa que dirigió en su día el vicepresidente Dick Cheney. Colombia: Es el escenario de una de las primeras y más ostensibles guerras privatizadas de la última década. El gobierno de EE. UU. ha evitado implicar a sus efectivos en misiones de combate, pero los soldados de compañías como DynCorp llevan tiempo ejerciendo ese papel y se han ganado -según Peter Singer- la reputación de "arrogantes y dispuestos a luchar". África: Con su serie inacabable de conflictos de baja intensidad, este continente es un campo abonado para las compañías privadas militares. Aunque en algunas ocasiones el Departamento de Estado ha denegado la licencia a algunos contratistas que pretendían adiestrar ejércitos en regímenes dictatoriales. Mpri ha conseguido contratos en Guinea Ecuatorial y en Nigeria. En 1996 firmó un contrato de 60 millones de dólares con el Gobierno de Angola, donde han llegado a trabajar hasta 80 compañías militares y de seguridad privadas. Executive Outcomes (EO), con experiencia en la propia Angola, en Sierra Leona, en Ruanda y en el Congo, es una de las compañías líderes del sector en Sudáfrica, el tercer exportador de servicios militares, tras Estados Unidos y Gran Bretaña. 27


Afganistán: La CIA dio una nueva vuelta de tuerca en la privatización de la guerra y pone parcialmente en manos de contratistas particulares los vuelos de sus aviones Predator durante la campaña de Afganistán. Una vez acabada la guerra, la empresa DynCorp -la que vela por el mantenimiento del Air Force One- consigue el contrato para la protección privada del presidente afgano Hamid Karzai. Su siguiente misión sería entrenar al Ejército afgano una vez que los Boinas Verdes abandonen el país. Kuwait: Decenas de contratistas armados participaron en cursos de adiestramiento del Ejército local en la estratégica base de Camp Doha. Arabia Saudita: poco después de que el presidente George W. Bush dio por concluidos los combates en Irak, un atentado suicida de Al Qaeda se cobra 34 víctimas (ocho de ellas norteamericanas) en Riad. Uno de los objetivos de los terroristas fue el bloque de viviendas donde vivían 70 empleados de Vinnell. Esta empresa, creada en 1975 por ex militares americanos, es la responsable del adiestramiento de la Guardia Nacional. Desde la Guerra del Golfo, el Gobierno saudí ha puesto millones de dólares en las manos de compañías militares privadas norteamericanas. Gaza: Tres guardias de seguridad estadounidenses que protegían al agregado de Cultura de la embajada en Tel Aviv, mueren al hacer explosión una bomba en Gaza. Irak: Un contratista de Kellog, Brown & Root que viajaba empotrado en un convoy militar en Irak murió al estallar una mina a su paso en agosto pasado en las cercanías de Tikrit. El 30 de noviembre, un día después de la muerte de los siete espías españoles, fallece tiroteado, también en Tikrit, un contratista colombiano de la misma Kellog, Brown & Root, que se negó a facilitar su nombre y su cometido exacto "por razones de seguridad".

Burocracia y militarismo: sepultureros del socialismo de Estado DOMINGO ALBERTO RANGEL - [# 43, junio-julio 2005] El socialismo real, tal como existió en la Europa del Este y aún existe en Asia y América, se caracteriza, ante todo, por la estatización de los medios de producción y de cambio. Es su rasgo emblemático, el signo predominante. De allí se desprenden las dos consecuencias que vienen condenando a tales sistemas al fracaso o a la deformación. La estatización lleva a crear una monstruosa burocracia centralizada y omnipotente. Cuando se agrupa toda la riqueza bajo una sola potestad es inevitable la burocratización de la sociedad entera. No ha habido en la historia orden, potestad, imperio o circuito centralizado que no engendre una burocracia. Diríamos que la tentación burocrática va haciéndose insoslayable en tales casos. Desde los imperios de arena del desierto mesopotámico hasta el Tercer Reich hitleriano o el Soviet del camarada Stalin, todos los sistemas centralizados redundaron en esa inevitable gordura burocrática. Si se estatiza la propiedad pronto habrá tres chóferes donde hace falta uno y cinco secretarias en el lugar que exigiría sólo dos.

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La burocracia soviética de los responsables que se multiplicaban desde arriba y abajo, desde el Kremlin hasta los palacios decadentistas de las provincias siberianas, era un complemento ineludible de aquella estatización desde arriba a que conduce la concepción bolchevique de la estrategia. Aclaro, el camino bolchevique del asalto al poder y el repudio a la conciliación de clases fueron, son y seguirán siendo insustituibles, pero la estatización como sinónimo de socialización es fatal. La burocracia viene acompañada de un hermano mellizo, el militarismo. No ha habido tampoco en la historia sistema burocrático sin su complemento castrense. La burocracia del Rey Federico el Grande se explayaba en un aparato militar. Burocracia y militarismo son equivalentes, inseparables y convergentes. La Rusia del camarada Stalin tenía la burocracia más extendida, pero también el aparato militar más grande de Europa. El ejército rojo no fue derrotado en aquellos días desastrosos de 1941, gracias al heroísmo del pueblo ruso que no dio cuartel al invasor y también por las inmensas reservas de hombres ya entrenados que poseía. Cuando de las aldeas del Ural podían, bajaban hacia Moscú divisiones enteras de “mujiks” que ya conocían el arte militar, aquella fuerza era invencible. En realidad a Hitler lo derrotaron en 1941 dos hombres ya muertos, Lenin y Trotsky, que entre 1918 y 1923 crearon un ejército de ocho millones de hombres. El militarismo y la burocracia son buenos o apropiados para enfrentar los retos bélicos, vengan de Tamerlán, de Hitler o de Bush, pero resultan catastróficos, como lápida, para afrontar, orientar y desenvolver la construcción de una nueva sociedad. Las nuevas sociedades tienen que construirse con el espíritu de la libertad, desde abajo, a base del sudor de pueblo y ello es incompatible con la burocracia y el militarismo. Libertad, igualdad y fraternidad, los tres conceptos de Camilo Desmoulins, son el orden del día de la liberación. La burocracia y el aparato militar juegan un papel funesto en lo económico si pasan determinado nivel, porque se tragan el excedente de donde provienen los recursos para las inversiones reproductivas. El concepto de excedente es clásico en la Economía Política, con él distinguieron los economistas desde 1776 a 1830 – fundadores de una ciencia casi tan exacta como la que fundaran Isaac Newton y Antoine de Lavoisier - a la parte del producto que una sociedad no consume. Lo que sobra, cubiertas las necesidades básicas o inexcusables, es el excedente. Cuanto mayor sea éste mayor también será el progreso de la sociedad. Para que el excedente no se achique, toda sociedad gradúa o ajusta el volumen del consumo. Los dos gastos que cualquier sociedad controla, así sea sin darse cuenta clara de ello, son el gasto burocrático y el gasto militar. Las sociedades socialistas hasta ahora conocidas han extremado ambos gastos hasta lo grotesco, de allí su estancamiento y su frustración. La URSS tenía un aparato militar más grande que el de Estados Unidos con una economía cinco veces más pequeña. Igual ocurre con China y Cuba, con Vietnam o con Corea del Norte. Los niveles de vida de la población en esos países podrían ser superiores a los vigentes en países capitalistas de su categoría y jerarquía, si no mediare ese “escape” hacia el militarismo y la burocracia. No hay excusas para la falta de bienestar que en ellos puede observarse. El socialismo, desde 1848 con Marx y Engels y luego con Bebel y otros, fue siempre antimilitarista. El Manifiesto Comunista plantea la liquidación de los ejércitos permanentes por la figura sustitutiva del pueblo en armas. Nada más antimilitarista que la Comuna de París en 1871 cuyas tropas insurrectas iban a ser dirigidas por Giusseppe Garibaldi. El “affaire Dreyfus” en Francia fue inspirado y casi realizado por los socialistas. Los bolcheviques rusos introdujeron una variante sobre todo con Stalin. Fue la creación del ejército rojo como organización permanente. Así se acabó o empezó a deformarse el socialismo. Porque eso no podía hacerse sin una sociedad burocratizada. 29


Las sociedades libres no aceptan ejércitos permanentes. Y una sociedad donde las propiedades sean todas del Estado es tan esclava como la sociedad capitalista. Socializar es colectivizar, vale decir, entregar la propiedad a entes colectivos. El Estado en unos casos, las Municipalidades, los núcleos de trabajadores en cada fábrica, granja, taller u oficina serían los propietarios, pero la decisión de adoptar cualquier tipo de propiedad colectiva entre los enunciados, tocará a los trabajadores. Medios de producción y armas, ambos en manos del pueblo, serían el slogan de un socialismo genuino. Lo demás es engaño a la larga o espejismo.

Libertad y militarismo en Venezuela: la respuesta antiautoritaria RAFAEL UZCÁTEGUI - [# 43, junio-julio 2005] El anarquismo, como cuerpo de ideas y práctica social, asume un conjunto de valores cuya expresión depende de cada realidad concreta a la cual se enfrentan los anarquistas. Sin olvidar la acumulación teórica y de experiencias realizadas en el pasado, cada activista libertario ofrece una respuesta que se configura ante una realidad en permanente cambio. La formación de un potente movimiento anarcosindicalista agrupado bajo la FORA en Argentina a comienzos de siglo pasado, nutrido de la cuantiosa inmigración europea de la época o el énfasis indigenista de Ricardo Flores Magón en México, cuyo anarquismo remitía directamente a determinadas tradiciones comunales de los pueblos originarios, son dos ejemplos de la especificidad asumida por lo libertario en cada región. ¿Cuál es el contexto al que nos enfrentamos en Venezuela?, ¿cuál es el bagaje cultural e histórico que ha moldeado nuestra sociedad y ante el que deseamos ofrecer una alternativa?, ¿Cuáles han sido los errores y virtudes de otras iniciativas “progresistas” en el país? Las respuestas, a estas y otras preguntas, contrastadas con el imaginario antiautoritario, son las que definen los contornos de un anarquismo enraizado y sentido desde este pedazo de tierra. Ofrecemos, entonces, un primer aporte en este sentido: Lo libertario en nuestro país es –o deber ser- profundamente antimilitarista. En contraste, afirmamos que la ausencia de esta perspectiva desconocerá una de las matrices ideológicas de la dominación en nuestro país, su concreción institucional –las Fuerzas Armadas- y la influencia de uno de sus subproductos –el caudillo-. Boves, primer caudillo popular El culto a Bolívar, eje de la pretendida “identidad nacional”, se ha edificado sobre una larga y eficaz elaboración colectiva que ha mitificado –incluso falseando parajes históricos y omitiendo su deseo de gobiernos dictatoriales en el continente tras la gesta independentista- nuestra relación con la figura militar, la cual se percibe por una interesada construcción como sinónimo de protector de los oprimidos. La exacerbación actual de lo militar como garante de eficiencia, obediencia y orden público es sólo una expresión del tejido ideológico incubado en nuestro inconsciente colectivo, que empieza a hilarse en plena guerra de Independencia y ha sido capitalizado por sucesivos “hombres fuertes”. Durante 51 años del siglo pasado nuestro país fue gobernado por caudillos, con “una personalidad carismática, con amplia red de relaciones y con una fuente de recursos considerable y permanente; materializa ciertamente la concepción del orden y del progreso nacional”.

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No fue Bolívar el primer caudillo popular venezolano, sino José Tomás Boves. Al frente de un ejército de diez mil personas –de las cuales menos de 200 eran españoles-, logró granjearse la simpatía del pueblo llano y aprovechar su resentimiento contra los blancos criollos, clase a la que pertenecía Bolívar. Vallenilla Lanz afirma que “Redimió los esclavos de la servidumbre, fue el primero en comenzar la igualación de las castas elevando a los zambos y mulatos de su ejército a las altas jerarquías militares. Su popularidad llegó a ser inmensa”. Muerto en 1814, es otro José pero del bando contrario, quien por su origen humilde y recio carácter se pone al frente de los antiguos combatientes realistas: “Al pasarse de una a otra fila –nos dice el autor de “Cesarismo Democrático”no hicieron más que cambiar de jefe: en el fondo oscuro de su mentalidad y de sus afecciones, el Mayordomo Páez era el heredero legítimo del Taita Boves”. Electo como primer presidente de la República en 1830, Páez pronto es el principal acaparador de la deuda pública y poseedor de grandes fincas de terreno, controlando el monopolio de la carne, las casas de juego y el remate de los diezmos. “La libertad ha llegado para quienes logran entrar en el status de propietario, la sociedad sigue siendo clasista, el grupo detentor de privilegios es el único que ha sufrido reacomodos con la incorporación de los altos oficiales, ahora latifundistas”. Para finales del siglo XIX era la zona más occidental del país la que con su producción cafetalera sostenía económicamente a la nación. De esta región aparecen quienes conformarían la llamada “hegemonía andina”, donde la hacienda rural constituía la principal unidad económica basada en el poder individual y las lealtades personales, dos precondiciones del caudillismo. Juan Vicente Gómez, quien gobernó desde 1908 hasta 1935, es el padre de nuestro Estado moderno, especialmente por organizar un Ejército de carácter nacional. El oriundo de La Mulera reformó la constitución en siete ocasiones para legitimar su permanencia en el poder y se rodeó de una serie de intelectuales que trataron de darle coherencia ideológica a su mandato. El más conocido fue Laureano Vallenilla Lanz, quien con su libro “Cesarismo Democrático” trató de argumentar la necesidad del “gendarme necesario”, “el único que conviene a nuestra evolución normal”. El parto gomecista de las Fuerzas Armadas Durante el período 1830-35 con Páez el ejército libertador se extingue en los hechos. Su fuerza militar no llegaba a 2.000 hombres, concentrados en la Infantería. Hasta la llegada de Gómez fueron sustituidos por las montoneras capitaneadas por caudillos regionales. En 1910 se abre la Academia Militar de Venezuela para formar a un ejército que nace para conservar el orden interno, su papel predominante hasta el día de hoy. La mayor influencia formativa del ejército fueron las doctrinas de Helmut von Moltke, director del Estado Mayor Prusiano, en boga en la Europa del momento y quien entre otras innovaciones estableció el servicio militar obligatorio. Gómez comprende los beneficios de fomentar el culto a los “padres de la patria” y el nacionalismo en general, emparentando tempranamente al ejército nacional con el de los libertadores. Fallecido el Benemérito, asume el poder su Ministro de Guerra Eleazar López Contreras. A su vez, es sucedido por Isaías Medina Angarita (quien también regentaba la cartera de Defensa), derrocado por el golpe de estado del 18 de octubre de 1945. José Ramón Avendaño plantea que “la estructura gomecista encuentra su continuidad en el Ejército, formado como instrumento, pero que ha logrado estabilizarse en factor de poder”. Quienes alentaron y justificaron la asonada militar a su vez son víctimas de un golpe, y en 1948 toman las riendas por una década las Fuerzas Armadas como institución, teniendo a Marcos Pérez Jiménez al frente. La idea del “Destino manifiesto”, según la cual la superioridad de las armas los convertía en rectores de la estabilidad y el progreso –con la 31


Argentina peronista como modelo- da la justificación a los castrenses para tal tutelaje. El gobierno militar fomentaba el patriotismo con las fastuosas celebraciones de la “semana de la patria”, aliviando la presión interna abriendo frentes de lucha contra “enemigos externos”, Colombia –disputa del golfo de Venezuela- y con la Guyana inglesa por el Esequibo. Además del agotamiento del régimen perezjimenista y la agitación de la clandestinidad, hay quienes ven que el distanciamiento del dictador con las Fuerzas Armadas – imponiéndoles entre otras cosas ser vigilados por la Seguridad Nacional- una razón para el alzamiento militar, primero por Hugo Trejo y luego en la jornada del 23 de Enero de 1958. El ejército del dictador sufre pocas modificaciones, por lo que el Pacto de Punto Fijo debe entenderse no sólo como un acuerdo de gobernabilidad y alternancia en el Estado, sino como las reglas de juego que impidan a los militares retomar el poder político. Wolfang Larrazábal (presidente del Círculo Militar y el Instituto Nacional de Deportes perezjimenista), confirmaba entonces la efectividad del acuerdo: “La Junta de Gobierno declara con toda propiedad que las Fuerzas Armadas han sellado pacto de lealtad para respaldar, tanto al gobierno provisional como al sentido institucional y democrático del futuro Estado de derecho, ya iniciado”. A pesar de la existencia de uniformados fieles al antiguo dictador, el grueso de la institución se acopló a la nueva situación tanto por la extensión de su papel de por sí privilegiado como por la cruzada anticomunista emprendida por Rómulo Betancourt. Militarismo e izquierda criolla La izquierda venezolana ha afirmado durante toda su historia que el ejército venezolano –debido a su conformación por clases humildes- no es comparable con los ejércitos argentinos o chileno, quienes por su carácter gorila y elitesco mancharon de rojo sus países. Este análisis olvida que las Fuerzas Armadas, configurándose como una clase diferenciada –y privilegiada de los “civiles”, ejecutan el monopolio de la violencia institucional a nombre del Estado, poderes con blindados instintos de conservación que son ejercidos sobre el resto de la sociedad. Los libertarios consideran al ejército como un dispositivo cuya naturaleza es la organización jerárquica centralizada, la disciplina coercitiva, la autoridad vertical incontestable y la violencia como resolutora de conflictos. Comunistas y socialistas criollos realizan una mecánica lectura materialista a una institución que homogeneiza las identidades particulares en una cadena de mando/obediencia propia. Privilegiando conclusiones de una pretendida lucha de clases dentro de la tropa, diseñaron una política para “profundizar las contradicciones” y engrosar a las Fuerzas Armadas a las filas de la revolución. La izquierda en su conjunto asume la noción de que era necesario emplear al componente armado para lograr una nueva situación. El Coronel Jose Machillanda, en su obra “Poder político y poder militar en Venezuela” plantea lo siguiente: “Posteriormente a esa “nueva situación táctica” se avanzaría a una segunda más agresiva y violenta; conformar unas fuerzas armadas alrededor del núcleo militar que tomase el poder junto con unas Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, o sea una organización guerrillera, producir un profundo trastorno en la sociedad y en las relaciones de poder y de fuerzas que permitirían la toma del poder político”. Se cuenta que luego del golpe de 1945, quien primero trató de ganarse a oficiales para un movimiento insurreccional fue el accióndemocratista Alberto Carnevali a finales de 1951. Durante Betancourt, las iniciativas beligerantes asumieron un fuerte discurso nacionalista y antiimperialista como intento de ganarse al “sector progresista” verde-olivo. Tras algunos levantamientos como el “Porteñazo” o el “Carupanazo”, los intentos insurreccionales verán su vitalidad hasta los sucesos del tren de El Encanto, que sirven de excusa al gobierno para lanzar una contraofensiva exitosa contra el “comunismo”, cohesionando al sector castrense e inhabilitando al PCV y el MIR. 32


En lo sucesivo, la cuantiosa renta petrolera minimiza los conflictos y pacifica a buena parte de los alzados en armas. Los últimos reductos guerrilleros, el Frente de Liberación Nacional (F.L.NF.A.L.N.), compuesto por sectores del M.I.R., el grupo de Douglas Bravo luego del Manifiesto de Iracara cuando rompen con el P.C.V. y sectores militares (Moncada Vidal, Víctor Hugo Morales, Martín Parada), continúan esgrimiendo la tesis de la insurgencia “cívico-militar” para la transformación del país. Tesis que subyació en el imaginario izquierdista en las décadas siguientes y que fue asumido atropelladamente por los insurgentes del 4 de febrero de 1992 -aunque los alzados se atribuyeran, más o menos con éxito, el parto de dicha estrategia-. Pero, existe un gran cabo suelto en esta teoría. Desde comienzos de la década de los 50´s, oficiales venezolanos comienzan a peregrinar a centros de entrenamientos norteamericanos como Randolph Field, Nelly Field, Fort Benning y la Escuela de las Américas, como consecuencia del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR. El país tomaba decisivamente partido por los Estados Unidos en la Guerra Fría, asumiendo explícitamente el discurso anticomunista a partir de Betancourt. Los Teatros de Operaciones “pacifican” las zonas en conflicto con el traqueteo de los fusiles, a la vez que el ejército fue brazo ejecutor de las ocupaciones militares de las universidades. Durante la revuelta popular del “Caracazo”, el 27 de febrero de 1989, la Fuerza Armada en su conjunto ratifica el papel asumido desde su génesis gomecista: conservador del orden interno, o sea el status quo. ¿Es posible que este mismo ejército, diez años después, sea el garante de un proyecto autocalificado como “revolucionario”?. Los castrenses, sorteando sus luchas internas por el control de la dirección, se han sabido adaptar a las nuevas situaciones mientras éstas mantengan intactas su propia organización interna y sus prebendas. Si existe algún sector privilegiado por el presupuesto nacional, contando con una completa seguridad social y con la posibilidad de asegurar aún el ascenso del status de sus agremiados, ese grupo se llama las Fuerzas Armadas Venezolanas. Profundo y consecuente Es inexacto, y propio de la oposición obtusa de los partidos conservadores, calificar el actual estado de cosas como una dictadura militar. En cambio, nos encontramos frente a un progresivo proceso de militarización del poder gubernamental, cuidando las formalidades democráticas. Sin ser producto de una “nueva relación entre las FFAA, civiles y el Estado”, como se repite desde Miraflores, sino por la amplificación, en un caldo de cultivo favorable y la militarización subyacente en la matriz cultural venezolana. A ello se debería la recurrencia del golpismo y la conspiración uniformada como génesis del “orden” perdido, alentada sin distinción clasista, desde el 23 de enero hasta Plaza Altamira. Al respecto, Samuel Huntington da en el clavo cuando propone que “las causas del golpe de Estado más importantes no son militares sino políticas y reflejan no las características sociales y de organización del establecimiento militar, sino la estructura política e institucional de la sociedad”. La preeminencia de la lógica descrita reitera que el actual estado de cosas es una continuación, y no una ruptura, de la línea evolutiva seguida desde la Independencia. El militarismo, en cualquiera de sus variantes –prusiano, chileno o venezolano- impone la autoridad incontestable, la organización vertical, el machismo, la xenofobia, el chauvinismo, el culto a la violencia y al maniqueísmo, así como la autoconservación de la institución, de un dispositivo ejecutor del poder. La misma -y sus valores- son incompatibles con una democracia directa, inclusiva y no representativa, motivación de buena parte de los movimientos sociales contemporáneos. La respuesta ante el militarismo es la organización de la gente bajo valores antagónicos y la comprensión del papel dominador de la lógica caudillista y cuartelera. Una cabeza lúcida como la de Albert Einstein lo entendía: “ese fantasma se hubiera desvanecido hace mucho tiempo si no fuera por la 33


corrupción sistemática a que es sometido el recto sentido de los pueblos a través de la escuela y de la prensa, por obra de personas e instituciones interesadas económica y políticamente en la guerra”. Un antimilitarismo profundo y consecuente es la prerrogativa de cualquier iniciativa en Venezuela que pretenda merecer el adjetivo de “libertario”

Militarismo: garante del populismo latinoamericano HUMBERTO DECARLI - [ALTERFORO, enero 2006; publicación gemela de El Libertario que apareció con motivo de la realización en Caracas del Foro Social Alternativo.] [Se analiza el papel del militarismo en diversos procesos mundiales que se reivindicaron como progresistas, para enfocar la atención en el papel de la Fuerza Armada venezolana en la génesis de la "revolución bolivariana". Entender la figura de Hugo Chávez significa remitirse a la larga historia de caudillos que han gobernado a Venezuela. El autor refuta la posibilidad de construir una "unión cívico-militar" como eje de una transformación profunda, pues los valores castrenses son antagónicos a los revolucionarios.] Uno de los aspectos claves para entender el equilibrio de una sociedad reside en el militarismo. La ubicación de las fuerzas armadas en el seno de un país influye en su grado de democratización porque administrar la violencia no debe estar a cargo del Estado sino bajo control social. En la medida en que la disciplina irracional de órdenes sin deliberacion ni pensamiento alguno alcance a reinar, estaremos en presencia de un esquema autoritario y contrario a la más elemental concepción de injerencia de la gente en la toma de decisiones. La presencia castrense en los gobiernos ha variado de acuerdo a los contextos. En los Estado Unidos de la Gran depresión la salida fue la guerra y por ende, la expansión del complejo militar-industrial. La Europa luego de Versalles (1919) impulso a Alemania a desarrollarse militarmente y así resolvió la hiperinflación de la república de Weimar. Las experiencias nazi y fascista fueron expresiones de la activa participación de los uniformados con apoyo masivo en los destinos de esas sociedades. Durante la Guerra Fría, los norteamericanos apostaron a los gorilas en América Latina y no fue casual el apoyo a los Somoza, Stroessner, Trujillo, Pinochet, Videla, Ríos Montt, Pérez Jiménez, Odria, Rojas Pinilla, Batista, Juan Domingo Perón y Duvalier. Eran violadores de los derechos humanos pero respondían a sus intereses. El peronismo fue un efluvio de la mezcla de la arbitrariedad con apoyo popular, siempre favoreciendo a las cúpulas dueñas del poder. Los soviéticos no se quedaron atrás. Todos los estados stalinistas, desde la URSS y las democracias populares del centro-este del viejo continente, hasta Camboya, pasando por China, Mongolia, Corea del Norte y cuba, Eran altamente militarizados. El 1º de Mayo lo celebraban con un desfile de tanques, aviones y misiles, lo cual redunda en calificar tal simbología. Igualmente, los nuevos Estados nacidos en el proceso de descolonización occidental de los años 60 del pasado siglo fueron dirigidos o tutelados por las fuerzas armadas. La africanidad representada por Kwame Nkrumah, Modibo Keita y Sekou Touré, fue víctima de esta aberración. La Argelia combativa de Ben Bella fue defenestrada por las Wilayas de Houari Boumedienne. De la misma

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forma, los países asiáticos fueron pasto de la bota infame: Tailandia, Myanmar, Pakistán, Afganistán e Indonesia son ejemplos de ello. El panarabismo liderizado por Gamal Abdel Nasser fue también una muestra del predominio castrense, vigente en Egipto, Libia, Siria, Irak, Yemen y Jordania. El nasserismo fue el equivalente del peronismo en el mundo árabe, aunque el oficial argentino, por las inmensas entradas financieras, podía darse el lujo de organizar torneos electorales amplios. Militarismo en Venezuela Ahora la invasión de los armados se expresa de otra manera. Son cuadros administrativos del Ejecutivo, la educación civil es penetrada por su "instrucción" militar, la justicia castrense es dinosaúrica y predominante, invaden las actividades civiles y los valores del mundo prusiano están en boga. En Venezuela hay un serio intento de penetración a otras esferas por parte de este sector monopolista de las armas siguiendo una tradición gomecista. Hay claros antecedentes con las gestiones de Juan Vicente Gómez, las Juntas Militares de 1945 y 1948, y el régimen de Pérez Jiménez. Basta recordar aquella conocida canción interpretada por la conocida orquesta de Billo Frómeta donde se hacía un panegírico a los cadetes, teniendo un arreglo musical de fondo correspondiente al himno de los "marines" norteamericanos. La vieja tesis de que los intereses hemisféricos yankis pasaban por la destrucción de los ejércitos nacionales al sur del Río Grande ha sido aniquilada por los hechos. La experiencia costarricense no ha sido repetida por los gringos porque no lo requieren. Todos nuestros ejércitos son guardias pretorianas destinadas a la represión, la contrainsurgencia y el combate a la producción de drogas. En nuestro país los mandos de las fuerzas armadas fueron formados en la Escuela de las Américas y aprendieron muy bien las enseñanzas al desaparecer, torturar y asesinar a centenares de personas en los campos de concentración denominados Teatros de Operaciones. No fuimos una dictadura como las del Cono Sur por la bonanza petrolera posterior, que permitió liquidar los conflictos de otra forma, clientelismo mediante promovido por la indigestión de oro negro. El 27/2/89 fue día de luto en nuestra historia. Es el genocidio más grande perpetrado en Venezuela para aplacar la primera gran insurrección contra la globalización. De tal manera que no hay ningún prurito imperial en eliminar el ejército nacional porque realmente cumple muy bien su función. Quienes sostienen la manida tesis de la unión cívico-militar parten de premisas falsas. La realidad nos indica que esta combinación termina en situaciones aciagas. La del 23 de enero de 1958 brindó la oportunidad para el establecimiento de un modelo populista que ha dado al traste con el país, al convertir la bonanza petrolera de 1973 y 1978 en una nación miserable. A partir del evento electoral de 1998 se vuelve a presentar la misma coyuntura. Sin necesidad de actos de fuerza se consagra un cartabón militarista cuyo máximo cometido es insertar a Venezuela en la mundialización de la economía, rematando los recursos energéticos en beneficio de las transnacionales y cumpliendo los dictados de los grandes centros de poder mundial. El resto de Latinoamérica también padece de esta onda, como lo prueban los casos de Lucio Gutiérrez en Ecuador, Ollanta Humala en Perú y Colombia en su conflicto. Este tema es parte de la agenda del Foro Social Alternativo Caracas 2006 por ser una herramienta fundamental para comprender la estructura de poder en América Latina y la periferia del planeta. Por supuesto, en el otro foro, el millonario y oficialista, jamás se discutirá por ser un aspecto tabú y los militaristas en el gobierno jamás van a permitirlo. 35


Es un imperativo ético el rechazo al militarismo si queremos acudir a un modelo democrático real. Este fenómeno ha canalizado la represión interna en las naciones donde se ha experimentado, para mantener intacta la estructura de poder y sus intereses. Es menester promover la discusión sobre este abyecto tema y para desmitificar su vigencia. º-º-º-º-º-º-

El "nuevo pensamiento militar venezolano" y la invasión de los Marines Un documento llamado "Nuevo pensamiento militar venezolano", disponible en Internet, dirigido por el presidente venezolano y coordinado por los oficiales retirados Alberto Müller Rojas y José Nicolás Albornoz, intenta "delinear los fundamentos para el desarrollo de una teoría de la guerra aplicada básicamente a la realidad concreta venezolana", así como "crear conciencia en la ciudadanía sobre la función de defensa estratégica del Estado dentro de la corresponsabilidad entre el pueblo y su gobierno." A pesar de su anuncio como "novedad", se establece que la Fuerza Armada actual es heredera directa del Ejército Libertador de Simón Bolívar y que aquella gesta fue la primera concreción de la "unidad cívico-militar". El documento plantea una estrategia de guerra ante un ataque del ejército norteamericano, "un adversario con las mismas condiciones con las cuales combatió la reacción del Imperio español en nuestra gesta de independencia", una posibilidad repetida hasta el cansancio desde el palacio de Miraflores. El texto afirma que las operaciones contra el país incluirán el uso de "quintas columnas" internas: "la opinión pública, grupos e instituciones económicas, religiosas y sectores militares". Varios hechos contradicen una confrontación real -distinta a la verbal y diplomática- con los sectores de poder internacionales que motivarían una invasión como la de Irak: > El gobierno venezolano, a pesar de su retórica antiimperialista (centrada en la figura de George W. Bush), ha realizado grandes y excelentes negocios en beneficio de sectores esenciales de la globalización transnacional: energía, telecomunicaciones, banca y finanzas, por mencionar algunos. > Ha pagado puntualmente sus compromisos multilaterales, como por ejemplo la deuda externa. > Firmó un tratado de no doble tributación que beneficia al capital extranjero, además de incluir un artículo en la Constitución que iguala la inversión foránea con la nacional. > "A Chávez hay que evaluarlo por lo que hace y no por lo que dice", declaró el embajador de los Estado Unidos John Maisto, figura importante para alcanzar los acuerdos económicos establecidos entre ambas naciones.

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Entrevista a Javier Gárate y Andreas Speck, de la Internacional de Resistentes a la Guerra

RAFAEL MANRIQUE - [# 47, mayo-junio 2006] La Internacional de Resistentes a la Guerra (WRI por sus siglas en inglés) se inició en 1921, siendo uno de los grupos antimilitaristas más antiguos del mundo. La IRG promueve la acción contra las guerras y el militarismo y pone en contacto, a través de todo el mundo, a las personas que se niegan a tomar parte en acciones bélicas o en su preparación. Dos de sus integrantes, Javier Gárate (Chile) y Andreas Speck (Alemania), estuvieron en Caracas comienzos de año para participar en el Foro Social Alternativo y conocer de cerca la situación venezolana. El Libertario conversó con ellos sobre el significado del antimilitarismo y la no-violencia en un mundo globalizado. -¿Por qué ser antimilitarista? Javier: ¿y porqué no serlo? Andreas: El militarismo representa todo en lo que no estoy de acuerdo: autoritarismo, sexismo, homofobia. Además crea desigualdad, no deja a las personas pensar. Así que si el militarismo es esto, entonces soy anti-militarista. Javier: Además de estos motivos está mi historia en Chile, de haber vivido tan fuertemente la presencia y la dictadura militar en sus relaciones, en su estructura y como esos años de represión dejaron una marca en el país de miedo, terror, desconfianza, respeto a la autoridad, todo eso. Todas esas cosas por las que estoy trabajando, tratando de cambiar en el mundo, específicamente en la sociedad chilena donde el militarismo marcó un quiebre importante. - ¿Por qué acciones no violentas contra el militarismo y no acciones violentas? A.: Mi visión es una sociedad anarquista, libre de autoritarismo e implica que esta sociedad no puede tener violencia organizada. Si quiero alcanzar una sociedad que no incluya ninguna no puedo conseguirla a través del uso de violencia. Para mi es algo que es muy grande y bello, y es una sociedad que conforma su visión de los medios en su fin. J.: Si estamos luchando contra el militarismo, el uso de violencia no tiene sentido. Al mismo tiempo como estrategia y como táctica es bien poderosa en la capacidad de involucrar más gente, incluyéndola de una manera inclusiva y no excluyente lo cual me parece muy importante. Incorporando la capacidad de cada individuo y además tomando en cuenta al colectivo. Como método es muy interesante, novedoso y con muchas capacidades sin exclusión como ha pasado con métodos violentos donde hay que sumarse, una cantidad de reglas y normas las cuales hay que seguir y si uno las sigue pierde completamente su individualidad. -¿Creen en un desarme general o sólo en la eliminación de la institución militar? A.: El militarismo también incluye a la policía como institución y al para-militarismo, y esto es lo primero que quiero abolir. Creo que siempre va a existir algún nivel de violencia individual en cualquier sociedad, ya sea en conflictos o en cualquier otra manera. Pero es posible abolir instituciones que existen con el único propósito de usar la violencia como la milicia, policía y otros. Además de minimizar el uso de violencia individual en lo menos posible y más si se usan armas. 37


J.: Hay que reconocer que el conflicto y la violencia van a estar presentes de alguna forma u otra. Pero creo que con la capacidad y la cantidad de armas tanto cortas como de los ejércitos institucionales y paramilitares, hay que tener una postura radical en estos momentos. Ante esta situación hoy de violencia extrema debe contrarrestarse también con una posición extrema. - ¿Los colectivos que están dentro de la red IRG son todos antimilitaristas o pueden ser de otra tendencia? J.: Para estar dentro de la IRG únicamente el colectivo o grupo debe firmar la declaración de principios. Debe de haber un trabajo constante por ello dentro de su quehacer, no pueden firmar algo por firmarlo y después estar haciendo actividades por una lucha armada o abogando por una resistencia violenta, sería una contradicción. Como ha pasado con grupos que han sido desafiliados por que no hay una coherencia, una consonancia entre firmar la declaración y sus actos. A.: Es importante decir que el firmar la declaración es básicamente decir que la organización debe de estar en pro de la no-violencia. Así que si firmas y haces un llamado al conflicto armado, no estas automáticamente fuera pero es una decisión política. En la IRG hay grupos anarquistas, la organización en la que yo estaba envuelto antes en Alemania, era un grupo específicamente anarquista que ya no existe y estaba inscrito a la IRG. Tenemos grupos feministas, bi-gay-lesbian que son miembros. El grupo bi-gay-lesbian de Zimbabwe pasa por una situación muy dura, ya que hay una dictadura. Y en especial gay-lesbians porque ven a la institución militar como una institución homofóbica. Su principal foco no es el antimilitarismo sino el uso de la no violencia, porque estas con dos cosas que van juntas, no sólo el antimilitarismo sino el uso positivo de la no violencia como herramienta de lucha para crear un movimiento. Armamentismo en el flujo global - Han participado individualmente o como organización en acciones contra la globalización ¿esto qué tiene que ver con el antimilitarismo? J.: Este año participé en las acciones en Escocia cuando se juntó el G-8, el grupo de las ocho potencias, dentro de una semana de actividades tratando de bloquear el encuentro lo cual era difícil por la cantidad de presión. Se juntaron miles de personas para protestar y para denunciar lo que significa la globalización económica desde los países poderosos. Pero al mismo tiempo demostrando como desde abajo también se construye una globalización, se puede decir, de colectivos, de individuos, de grupos que están por otro tipo de relaciones económicas, relaciones políticas, relaciones humanas que trabajan en conjunto. Crean un espacio muy interesante donde miles de personas se juntaban y se tomaban decisiones por consenso, había una relación de igualdad y donde desde el campamento se realizaron muchas acciones directas para boicotear el G-8. La IRG ahora tiene dos programas: uno del derecho a rechazar a matar que tiene que ver con la objeción de conciencia y esa parte más del antimilitarismo. Y el otro es el programa de no violencia, que es promover el uso de la no violencia como método, como técnica, como estrategia por los grupos anti-globalización, que lo incorporen dentro de su metodología, de su forma de afrontar su trabajo. Estamos organizando este año una conferencia en Alemania en julio que tiene como nombre “Globalizando la no violencia”, esa idea de hacer las conexiones entre el movimiento antiguerra que trabaja por la no violencia con los movimientos anti-globalización para hacer esos puentes, esas conexiones que me parecen fundamentales.

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A.: Mi primera acción relacionada con la globalización fue en contra del G-7 en 1985 en Alemania. Pero creo que ahora tenemos el programa de la no violencia más a nivel internacional para informar a los movimientos antiglobalización. Creemos que hay una relación muy cercana entre militarización con la globalización, en guerras como la de Irak y Chechenia. Si quieres ver las razones de las guerras solo debes buscar en la economía globalizada, solo tienes que ver la relación que existe. Así que muchos miembros de nuestra organización ven eso. Muestra de ello son los grupos de Estados Unidos que se organizaron en Seattle en 1999 así como otras acciones que fueron en Washington. Grupos pacifistas y grupos anti-globalización han comenzado a actuar, especialmente desde el 11S y la “guerra contra el terror”. Ahora es tan obvio que los grupos pacifistas no pueden ignorar globalización. También es por eso que nos hemos querido involucrar. América Latina - Pensando en los zapatistas y el tipo de conflicto que han desarrollado en Chiapas, ¿les parece necesario el uso de armas o no? J. : El rol de las armas en el ejército zapatista es más simbólico que nada, su poder es la comunicación, los discursos de Marcos, la capacidad que tienen dentro de las comunidades indígenas, su trabajo social; pero al nivel de ejército es un grupo muy pequeño sin ninguna capacidad militar. El que hayan usado armas también muestra su estrategia: han tenido de llamar la atención de los medios de comunicación de la sociedad civil tanto mexicana como internacional. Las armas sólo eran una forma de atracción. Marcos además dice que estamos juntos pero que estamos con las personas que trabajamos por otros medios. Y que ellos se vieron forzados a usar las armas pero que en verdad ellos más que nada quieren dejar las armas, que es más un simbolismo que la cantidad de tiros que hallan hecho. Y no es tampoco que se estén defendiendo en la selva con las armas, la manera que ellos tienen de defenderse es su comunicación y el respaldo que ellos tendrían en la sociedad civil al momento de alguna incursión militar del ejército mexicano dentro de Chiapas; para ellos el poder no es defenderse a balazos con ellos, el poder de la presión de los movimientos sociales tanto mexicanos e internacionales son su real defensa. - ¿Qué opinan de los gobiernos de corte militarista como Venezuela? A.: Cualquier gobierno utiliza la presencia militar, todo Estado depende del uso de las fuerzas armadas y de la policía para gobernar. Todo depende de la cantidad a utilizar, que cantidad de obediencia logras de una forma diferente y pienso que en la mayoría de las sociedades democráticas los medios hacen la mayoría del trabajo para que los ciudadanos obedezcan. En otros países esto no funciona así, la opresión por la fuerza es mucho más fuerte. Venezuela es muy interesante por que Chávez se proclama como progresista, pero no puedo entender como se puede construir una nueva sociedad, una nueva Venezuela más justa y más organizada utilizando una institución autoritaria, homofóbica y sexista que básicamente detiene el pensar de las personas, así que esto es una eterna contradicción. También se muestran muchos proyectos para esta sociedad que están basados en presencia de fuerzas militares. ¿Si Venezuela ahora es de todos por qué necesitan una milicia, por que necesitan una fuerza policial? Eso demuestra que esto no es verdad. J.: Es una situación compleja dentro del contexto latinoamericano por el rol que han tenido los militares. Por esta idea de que en Venezuela hay un ejército del pueblo, que puede tener algo de cierto, pero al fin y al cabo siguen siendo militares y sigue siendo una institución jerarquizada, discriminatoria, lo cual queda bien en claro. Y también demuestra lo que vemos ahora. Yo estuve 39


hace dos años atrás, también donde había una polarización más fuerte que la que hay ahora, pero la normalización de la presencia militar es algo muy fuerte y es preocupante el nivel de aceptabilidad de lo castrense. Y sin cuestionarse más allá de que si están con Chávez o no están con Chávez. ¿Cuales son las bases de ese militarismo, que lo sustenta mas allá de la contingencia política, cuáles son sus valores de fondo, autoritarios, cuáles son sus estructuras?. Creo que se hace un esfuerzo pero es importante que el resto de la sociedad venezolana se cuestione los fundamentos que hay debajo de la contingencia política, de que si estoy con Chávez o contra Chávez, que se cuestione esos valores que están presentes en el militarismo. º-º-º-º-º-º-

La Internacional de Resistentes a la Guerra (WRI - IRG) Fundada en 1921, WRI es una red de organizaciones, grupos e individuos que suscriben la declaración de WRI: “La guerra es un crimen contra la humanidad. Por ello me comprometo a no apoyar ningún tipo de guerra, y a luchar por la eliminación de todas sus causas.” WRI existe con la intención de promover la acción contra la guerra, así como también para apoyar y poner en contacto, a través de todo el mundo, a las personas que se niegan a tomar parte en la guerra o en su preparación. Hoy en día existen más de 70 grupos afiliados a lo largo de 33 países. Los grupos de WRI se han dado a conocer por su resistencia al servicio militar, a los impuestos de guerra, por sus campañas contra la producción de armas y el mercado de éstas, o trabajando en solidaridad con pacifistas expuestos a situaciones de guerra. Pero también pueden los grupos desarrollar proyectos de reconstrucción física y sicológica durante o después de las guerras, facilitar el diálogo entre grupos en conflicto, o promover el desarrollo a pequeña escala y comunitario. El “NO a la guerra” de WRI apunta a romper los ciclos de la violencia. Hasta en las situaciones más difíciles insistimos en buscar los recursos disponibles para la acción no-violenta, identificando cómo y con cuáles grupos la acción no violenta podría contribuir reducir la violencia. Entre los programas de trabajo actuales se cuentan “Encarando el pasado”, “El derecho a rechazar matar” y “Noviolencia”. Más información en http://www.wri-irg.org/es

Militarismo a paso de vencedores CABEZA - [# 48, septiembre-octubre 2006] El 14 de junio del 2006, el presidente venezolano entregó formalmente a los diferentes componentes de la Fuerza Armada Nacional (Guardia de Honor, Ejército, Armada, Aviación, Guardia Nacional, Batallón Caracas y Frente Francisco de Miranda) los fusiles AK-103 y los helicópteros MI-17V-5 rusos. El cierre del negocio se hizo en el 2005, entre el ex ministro de la defensa, general en jefe Jorge Luís García Carneiro y la Empresa Estatal Federal Unitaria Rosoboronexport, de la Federación Rusa. Esta compra consta de 100.000 fusiles AK-103 (33.000 de estos que ya llegaron), cada uno con 5 cargadores y una bayoneta. Junto con 74 millones de cartuchos de diferentes modelos, con toda la parafernalia que acompaña a estos juguetes (calibradores, manuales, simuladores, etc.). Esto sumado

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a la compra de 6 helicópteros MI-17V-5, que arriban con 9 venezolanos graduados en Moscú y los dos aviones rusos Sukhoi 30 MK2 (en el futuro cercano se le sumaran mas aeronaves). Para el gobierno el armamento ha llegado a buena hora. Fue mostrado al publico por vez primera el 24 de junio en el desfile del Campo de Carabobo. En la logística del acto se incluyó suministrar refrigerios y bebidas para los presentes. Otra muestra del método pan y circo del gobierno venezolano. La compañía encargada de esta compra es Rosoboronexport, empresa nacional de la Federación Rusa encargada de la producción/exportación de armamentos militares. Su catalogo va desde armas cortas hasta submarinos. La Federación Rusa es parte del G8, una de las “responsabilidades” de este grupo es crear un sistema de control armamentístico “eficiente”. Un trabajo cuestionable, ya que los 8 países pertenecientes a este grupo están entre los 10 mayores vendedores de armas en el mundo. La federación Rusa es el primer vendedor de armas de gran tamaño (esto incluye aviones, tanques, etc.). Haciéndolo el cuarto vendedor de armas, produciendo 26,200 millones de dólares en ventas según el informe de Amnistía Internacional sobre tráfico de armas. El principal producto de la Federación Rusa son los fusiles de asalto Kalashnikov. Este es usado en la mayoría de los conflictos armados, haciéndola el arma más “popular” del mundo formando parte del arsenal público de 82 países, en parte debido al poco control internacional sobre la producción de estas armas. Teniendo fábricas en 14 países -Alemania, China, Corea del Norte, Egipto, Hungría, India, Irak, Polonia, Rumania, Rusia, entre otros, próximamente una nueva franquicia estará operando en Venezuela. La compañía Rosoboronexport envió una comisión técnica para revisar los posibles lugares donde montar la factoría de estos fusiles. Ya es casi un hecho, el fusil 100.001 será producido en Maracay. Esta planta llegara a producir de 20.000 a 30.000 fusiles y por ahora no se habla de exportación hasta cubrir el mercado interno. La falta de criterio moral de parte de esta Federación Rusa ha hecho posible la venta de armas a países que están involucrados en conflictos violentes y/o abusos de los derechos humanos. Ejemplo de ello, fue en la guerra entre Etiopía y Eritrea, siendo en este conflicto el principal proveedor de armas para ambas naciones. Esto a pesar de que ambos países en conflicto se encontraban en un embargo armamentístico impuesto por el consejo de seguridad de la ONU en la resolución numero 1298 (17 de mayo del 2000). El gobierno justifica la compra de estas armas para el mantenimiento del orden interno y participación activa en el desarrollo nacional. Además de la “posible” intervención de los Estados Unidos en Venezuela, que no es más que el mismo discurso que maneja la izquierda desde hace años. Para Nikolái Demidiuk, encargado de asuntos especiales de la compañía Rosoboronoexport, sus comentarios sobre esta intervención de pacotilla fueron “No sé qué es lo que van a rechazar. No es nuestro asunto”. La compra de armamentos militares a la Federación Rusa demuestra que los Estados Unidos no son los únicos en la carrera armamentística mundial. Ni tampoco son los únicos que irrumpen en países (Afganistán, también fue invadido por la URSS) y realizan violaciones de los derechos humanos (Chechenia fue victima de estragos por parte de la Federación Rusa). El gobierno espera repetir la epopeya de Bahía de Cochinos, creyendo que la Guerra Fría aun existe, y sugiere que apoyar al capital de la Federación Rusa es contrariar al capitalismo globalizado. El capitalismo ha cambiado y el dinero menos que nunca tiene ideología. No se puede seguir pensando en que un capital es menos malo que otro y mucho menos en el negocio armamentístico.

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Pero la militarización va a pasos agigantados: esta compra satisface a los pequeños núcleos de poder en la institución castrense venezolana. La llegada de estas armas a causado revueltos en dicha institución, en los últimos días han ocurrido cambios en altos cargos y hasta un nuevo ministro de defensa ha sido nombrado. No solo eso, 70% de estos militares ascendidos están cumpliendo funciones en la administración publica. Estas armas crean un punto de partida al refuerzo de la militarización y de la presencia de represión en la sociedad venezolana. Contradictoriamente el Ministro de Interior y Justicia anuncia un plan de desarme por la presencia de 6 millones de armas en posesión de civiles. Para ellos mejor 100.000 armas en mano que 6 millones volando ¡Para nosotros desarme total!

El negocio de los mercenarios en Irak JUAN C. DÍAZ GUERRERO - [# 50, septiembre-octubre 2007] [Versión resumida; original en http://lahaine.org/ index.php?blog=3&p=21054] No importa de dónde provienen: son una masa de hombres bien adiestrados en el oficio de matar por dinero que cumplen las más diversas misiones en Irak. Los llamados contratistas forman parte de ese bien organizado negocio en el que la administración de George W Bush ha convertido a ese país desde su invasión y posterior ocupación en marzo de 2003. Sus labores están enfocadas en la seguridad personal de políticos o empresarios iraquíes y estadounidenses, abarcando el cuidado de instalaciones petroleras y militares u otros servicios. Muchas de estas prestaciones, aunque poco se habla de ellas, están ligadas con tareas antes reservadas a fuerzas castrenses, como la construcción de bases, intendencia, interrogatorios y en combates. En el ámbito iraquí son acusados de intervenir en operaciones secretas de los organismos de inteligencia norteamericanos y en otros trabajos sucios destinados a promover el terror, el miedo, las diferencias religiosas e, incluso, la organización de escuadrones de la muerte para sembrar el caos. Peruanos, chilenos, colombianos, brasileros, hondureños, ecuatorianos, sudafricanos, rusos, turcos, estadounidenses, filipinos, nepaleses, hindúes, ucranianos, entre otros, componen la variada gama de nacionalidades de esos especialistas en las tenebrosas artes de la subversión. The Washington Post en su versión electrónica, que cita un censo del Comando Central estadounidense, reveló que al menos 100.000 asalariados operan en el país árabe contratados por el gobierno de los Estados Unidos. La cifra cuadruplica a los existentes en 2003; de ellos 48.000 trabajan como soldados privados, indicó un informe de la Oficina General de Contabilidad (GAO, en inglés). El Departamento de Trabajo norteamericano admite que 650 de esos empleados murieron desde el comienzo de la guerra, la mayor parte de nacionalidad desconocida y con funciones también ignotas. Negocios y compañías El Jefe de Operaciones Militares en el Ministerio del Interior iraquí, M. Niama, cifra en 236 las compañías extranjeras y nacionales que cumplen tareas de seguridad en su nación. Resulta significativo que la mayor parte, 200, sean consideradas ilegales por desconocerse sus funciones y carecer de registro legal. Niama reconoce que la mayoría de sus propietarios están implicados en

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actos terroristas. La contratación de esos expertos ocurre en todo el país, pero en Bagdad adquiere singular predominio por la falta de seguridad prevaleciente, que obliga a políticos y empresarios a recurrir a esos mercenarios extranjeros «para impedir infiltraciones» de nacionales, comentó el vocero del Congreso de Diputados. En enero pasado el presidente del Parlamento, M. Mashhadani, expresó que una comisión de seguridad contratará los servicios de una empresa sudafricana para su protección y la del resto de los diputados. Las grandes contratistas de seguridad tienen su asiento en Gran Bretaña y USA; en este último país se estiman en tres decenas las compañías dedicadas e ese lucrativo negocio. La mayor es Blackwater Security Consulting Company, especializada en contraterrorismo y combates urbanos, y que en Irak cuenta con un ejército multinacional calculado en 3.000 miembros. La firma cuenta con la principal base militar privada del mundo, con campos de entrenamientos sofisticados, decenas de aviones, 20.000 soldados entrenados y vínculos estrechos con las altas esferas del Pentágono y la Casa Blanca. El negocio de la contratación abarca, además, a corporaciones como Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman y la notoria Halliburton que se encargan de proveer pertrechos bélicos al ejército de Estados Unidos y de ayudar en la «reconstrucción». Informaciones indican que la inmensa mayoría de las compañías de producción de armamentos triplicaron las acciones desde el comienzo de la ocupación de Irak y sus utilidades crecieron en más del 10 %. Analistas consideran que el aumento de los activos de estas corporaciones está ligado al alza del presupuesto de la Secretaría de Defensa. Desde 2001 las asignaciones para la defensa crecieron en más de 50 %, de 300 millardos de dólares a 455 millardos en 2007. En 2005, oficiales de la CIA revelaron al Washington Post que el 50 % del presupuesto de la institución, 20 millardos de $, se destinó a pagar contratistas privados. Un libro publicado por el Brookings Institution refiere que el fenómeno de la contratación genera al año unos 100 millardos de $ y según estimados, trepará el doble para 2010. Ilegalidades, violaciones y maltratos La total impunidad con que operan los contratistas en Irak convierte a esta fuerza, la segunda mayor después de los 140.000 efectivos norteamericanas de ocupación, en una maquinaria de destrucción y muerte. El analista diplomático Pedrag Simic vaticina que en la medida en que los aliados de la coalición se retiren, más mercenarios tomarán sus puestos. Para el Ejército y el gobierno estadounidenses el negocio es muy ventajoso si se tiene en cuenta que son simples asalariados en busca de fortuna y que al morir no entran en la gruesa lista oficial de bajas, ni se ven envueltos en discusiones legales o presionados por la opinión pública. Estos soldados de fortuna se arriesgan a morir por salarios que ascienden hasta mil dólares por día, impagables en sus naciones. En reciente visita a países latinoamericanos, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre uso de mercenarios determinó que las contrataciones son posibles por irregularidades y vacíos legales existentes, como en el caso de Perú. J.L. Gómez del Prado, miembro del grupo de trabajo, dijo que más de mil peruanos brindan sus servicios en condiciones inciertas en Irak, donde predomina el riesgo para sus vidas, largas jornadas y viven hacinados. El experto manifestó la total falta de transparencia en las contrataciones por la inexistencia de controles sobre cómo son reclutados o las condiciones en que laboran. Un informe en el diario limeño El Mercurio denunció que la violencia bélica no es el único riesgo que corren esos peruanos, sino también sufren maltratos, discriminaciones y vejaciones por parte de la empresa empleadora estadounidense Triple Canopy.

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Aunque el fenómeno del mercenarismo no es nada nuevo, creció con la llegada de Bush padre a la Casa Blanca, cuyo hijo lo hizo florecer a niveles insospechados con su llamada guerra contra el terrorismo en 60 o más países a los que identifica como «rincones oscuros» del mundo. Como otras tantas regulaciones, la administración estadounidense convirtió en letra muerta la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, Financiamiento y Entrenamiento de Mercenarios, aprobada por la ONU en 1989 y rubricada hasta ahora por 28 países. [Otros dos textos recientes de mucho interés sobre este tema son: «Latinoamérica exporta mercenarios a Irak», www.elcorreo.eu.org/esp/article.php3?id_ article=7672, y «Latinos en Irak: soldados del infortunio», www.insurgente.org/modules. php?name=News&file= article&sid=9203.]

No necesitamos otra guerra más ANTIMILITARISTAS DE LATINOAMÉRICA - [# 53, mayo-junio 2008] Nosotras/os, objetoras y objetores de conciencia y antimilitaristas del Ecuador, Colombia, Venezuela, y toda América Latina y el Caribe, unidos, nos negamos rotundamente a una escalada bélica que desemboque en una guerra que, nuevamente, nos intente dividir. Ya bastante tenemos con el hambre, la corrupción, el militarismo exacerbado, el impúdico gasto militar, la inseguridad ciudadana, el continuo bofeteo a los derechos humanos por parte de nuestros gobernantes, para que nos quieran regalar un conflicto armado más. Una guerra sólo fortalecerá los respectivos nacionalismos de los países en conflicto, aumentando la xenofobia instalada en nuestros países. Fortalecerá a las Fuerzas Armadas, que encontrarán otra razón para incrementar sus presupuestos y servirá para esconder aún más los problemas que nos aquejan como pueblos latinoamericanos y del Caribe: la explotación sin control de nuestros recursos, los altísimos niveles de desempleo, la discriminación y violencia de género, la corrupción y las mafias del poder, las comunidades desplazadas por conflictos bélicos o por monocultivos agrícolas y forestales, el racismo y la discriminación por clase, etc. Nada eso se solucionará por la guerra. Al contrario, significará que esos problemas aumentarán como han aumentado en cada dictadura y guerra civil. Una guerra entre estados latinoamericanos es, al mismo tiempo, una conflagración civil entre pueblos hermanos, conducidos al matadero por gobiernos militaristas, tanto de derecha como de izquierda. Los únicos vencedores de un enfrentamiento fratricida entre hermanas y hermanos son los comerciantes globales de armas, que desde Estados Unidos hasta la Federación Rusa, construyen laboratorios de guerra y opresión en nuestros países bajo eufemismos como el “Plan Colombia”. Decimos no a la guerra y a sus preparativos. No al fortalecimiento de cualquier militarismo, sea de derecha e izquierda. Sí a la autonomía de los pueblos y de sus luchas. Sí al hermanamiento latinoamericano. Convocamos a una acción conjunta contra el militarismo y la guerra, partiendo desde nuestra convicción de seguir trabajando juntas y juntos por la promoción de la justicia y la solidaridad, fuera de los cuarteles, en cada uno de nuestros países.

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Antimilitaristas de Latinoamérica y el Caribe Organizaciones: Internacional de Resistentes a la Guerra – IRG/WRI Grupo de Afinidad Antimilitarista de Asunción GAAA (Asunción-Paraguay) Pelao Carvallo, consejero IRG Yeidy Luz Rosa Ortiz, Casa Feminista de Rosa – Quito, Ecuador Periódico El Libertario – Venezuela Xavier León, Grupo de Objeción de Conciencia del Ecuador – GOCE Movimiento Antimilitarista y de Objeción de Conciencia MAOC Chile Adriana Castaño Román, Red Juvenil de Medellín, consejera IRG Acción Colectiva de Objetoras y Objetores de Conciencia (ACOOC) Bogota Kolectivo Utopía Ácrata Libertario -Argentina

El grito silencioso JUAN GELMAN - [# 53, mayo-junio 2008] Hay más bajas de veteranos de Irak y Afganistán en EE.UU. que en Irak y Afganistán. Se suicidaron al volver. Una investigación de CBS News reveló que en el 2005, en 45 de los 50 estados de la Unión se quitaron la vida 6.256 efectivos que habían participado en esas guerras (www.cbsnews.com, 13-1107). Un promedio de 120 por semana, siete cada día, en sólo un año, casi el doble de los caídos en más de cuatro de conflicto. Padecían lo que hoy se llama “desórdenes por estrés postraumático” (PTSD, por sus siglas en inglés), una generalidad que oculta muchas cosas: horrores del combate, crímenes cometidos o vistos cometer, desilusiones de “la libertad y la democracia” que iban a llevar a esos países, angustias, pesadillas, remordimientos y a saber cuánto más. Son cifras escalofriantes: cada unidad del total corresponde sobre todo a un joven. La investigación duró cinco meses y reunió información de fuentes oficiales de los estados, del departamento de cuestiones atinentes a los veteranos de guerra y de la Oficina de Censos de EE.UU. Se consultó a especialistas y se comparó la tasa de suicidios de los veteranos con la del resto de la población. Los datos para el 2004 revelan que la primera duplicó con creces a la última: del 17,5 al 21,8 por cien mil contra el 9,4 por cien mil. Para el 2005, fueron del 18,7 al 20,8 y el 8,9 por cien mil, respectivamente. El número de suicidas varones triplica al de las mujeres. Y la tasa más alta se dio entre los veteranos de 20 a 24 años: es de tres a cuatro veces superior a la del mismo grupo etario de quienes no fueron a la guerra. Son estadísticas que el Pentágono no suele difundir. Explica que se trata de “problemas personales”. Más del 25 por ciento de efectivos en actividad y el 50 por ciento de los reservistas que regresaron a su casa presentan síntomas de trastornos mentales (Reuters, 13-11-07). Cuando el presidente Bush dice que los terroristas suicidas “no son como nosotros; no valoran la vida como lo hacemos nosotros” incurre en una tremenda ironía, tomando en cuenta los miles de soldados y veteranos estadounidenses que se quitan la vida. No eran fieles del Islam ni árabes que W. desprecia, sino –con excepción de los psicópatas de siempre– personas que se alistaron por pobreza o buscando oportunidades de carrera y no porque querían matar civiles.

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“Sentí cómo ese silencio gritaba dentro mío”, expresó Jessica Harrell cuando vio a su hermano, de regreso de Irak, muerto de mano propia. Hubo quienes se pegaron un tiro, otros se ahorcaron. Pero esto poco importa a la Casa Blanca. Son material desechable o ingresan al rubro “daños colaterales”. Todavía se suicidan veteranos de otras guerras. Y hay mujeres invisibles: por ejemplo, las viudas de Vietnam. Penny Coleman era una de ellas y vivió largos años con la carga del suicidio de su esposo Daniel. Fotógrafa de profesión, decidió entrevistar a decenas de mujeres que habían atravesado idéntica tragedia y reunió sus historias de vida en el libro Flashback - Posttraumatic Stress Disorder, Suicide and the Lessons of War (Beacon Press, Boston, 2006). Cuenta Penny: “Durante décadas viví agobiada por la culpa y la vergüenza que experimentan casi todos los sobrevivientes de un suicidio... hasta que a en los ‟80 los medios empezaron a publicar artículos sobre la frecuencia del suicidio entre los veteranos de Vietnam. Comencé a preguntarme qué papel habían tenido en la muerte de Daniel sus experiencias de la guerra” (www.flashbackhome.com). Comprendió que había vivido “una parte de la historia que fue completamente borrada de las versiones oficiales”. Sigue borrada. Encontró en todas las entrevistadas los mismos sentimientos provocados por una sociedad que estigmatiza y culpa al sobreviviente del suicidio del otro y considera que el soldado que no cae en combate es un débil o un cobarde. Advirtió que sus viejas preguntas –“¿amé lo suficiente?, ¿lo cuidé, me cegó la negligencia?”– no tenían otra respuesta que los trastornos causados por la guerra. Ahora habla muy claro. Penny Coleman señala en un artículo que difunde el Independent Media Institute, organismo que apoya al periodismo independiente (www.alternet.org, 26-11-7): “Hay algo de superioridad tan jactanciosa en la manera con que hablamos de los atacantes suicidas y de las culturas que los producen. Y asoma un pensamiento inquietante. En 2005, 6256 veteranos estadounidenses se quitaron la vida. Ese mismo año, hubo alrededor de 150 muertes documentadas de atacantes suicidas en Irak. Hagan la cuenta. La proporción es de 40 a 1. ¿Quién se muestra más eficaz entonces en la creación de una cultura de suicidio y de martirio? Si George Bush tiene razón (cuando dice) que es la desesperación, la desidia y la pobreza las que empujan a la gente a cometer tales actos, ¿no vale la pena subrayar que estamos haciendo en la materia un trabajo mucho mejor?”.

El teatro bufo de la guerra con Colombia PABLO HERNÁNDEZ PARRA - [# 57, octubre-noviembre 2009] Hace casi 10 años que existe el Plan Colombia, y desde aquel entonces los militares norteamericanos han tenido acceso a diversas bases militares colombianas, algunas de ellas construidas y operadas directamente por EE.UU., como la Base Aérea de Tres Esquinas, cuya tarea principal consiste en apoyar a unidades del Ejército y la Policía participantes en la lucha contra el narcotráfico y las operaciones anti-guerrilla en las zonas fronterizas con Perú y Brasil. Desde entonces el gobierno venezolano no solo sabía de esta situación, sino que uno de sus ideólogos declaraba en esa época: «Las Tres Esquinas es la base militar colombiana convertida en el corazón del Plan Colombia. Allí se preparan más de 3.000 efectivos del Ejército colombiano para iniciar las operaciones militares. Al plan se le presenta como un conjunto de acciones bilaterales para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado colombiano. Esa es la cara operativa y táctica que siempre envuelve la

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verdadera intención del centro del poder mundial, pero lo estratégico sigue siendo el control y dominio de los Estados Unidos sobre el continente latinoamericano. («Las Tres Esquinas», William Izarra, Viernes, 15/ 09/2000).Para esos años se conocía cabalmente la ubicación de esas bases tal como aparecen ubicadas un mapa de la época que puede localizarse fácilmente en www.globalsecurity.org/military/facility/tres-esquinas. Hoy Colombia ratifica ese acuerdo: «Las bases son las de Malambo, Atlántico; Palanquero, en el Magdalena Medio; Apiay, en el Meta; las bases navales de Cartagena y el Pacífico; y ahora, el centro de entrenamiento de Tolemaida y la base del Ejército de Larandia, en el Caquetá… «Se trata de profundizar unas relaciones que han venido siendo exitosas con el acceso a bases militares colombianas. No son bases norteamericanas, son colombianas, pero brindamos la posibilidad de que accedan a nuestras instalaciones», dijo el general Padilla.» (www.semana.com, consultado el 04/08/2009). Esto era del perfecto conocimiento del Sr. Chávez quien, ni corto ni perezoso, arma con permiso del amo - todo un escándalo, y llama a sus fanáticos a la defensa de suelo patrio una vez más en peligro de ser mancillado por «la planta insolente del extranjero». Se trata de la típica maniobra de distracción que acostumbra este gobierno con el apoyo de la izquierda socialdemócrata y de la «oposición democrática» para ocultar los verdaderos fines de una política dirigida no contra Colombia, ni EE.UU., sino contra el pueblo venezolano y especialmente contra sus trabajadores. En junio del presente año, las estadísticas del gobierno norteamericano indicaban que Venezuela se convirtió ese mes en segundo exportador de petróleo a USA (1.237 millones de barriles diarios), apenas superado por Canadá y por encima de México, Arabia Saudita y demás proveedores externos (ver:www.eia.doe.gov/pub/oil_gas/petroleum/data_publications/). Así se ratifica lo bien sabido: este gobierno es el principal aliado energético de EE.UU. en América Latina, y el Sr. Chávez pese a todas sus bravuconadas y frases grandilocuentes es sencillamente, como Uribe, un procónsul de los yankis en América Latina. Venezuela y su gobierno están atados no solo al capital y mercado norteamericano, sino a todo el capital internacional ante el cual ha empeñado el futuro del país, al colocar la producción petrolera como garantía de empréstitos contratados para pagar la creciente deuda interna y externa. La dependencia y alianza de este gobierno con el capital petrolero se expresa no solo en las empresas mixtas, en los convenios de doble tributación y en la entrega de la soberanía al firmar contratos donde el Estado venezolano queda sometido a tribunales internacionales, como se acordó recientemente con Rusia y Brasil, sino que EE.UU. es el principal proveedor de las divisas que financian al «socialismo del siglo XXI». 244.302 millones de dólares ha sido el monto total de los pagos hechos por EE.UU. al Estado y gobierno venezolano fruto del negocio petrolero en estos 10 años, constituyéndose en soporte financiero de la llamada «revolución socialista bolivariana», que depende prácticamente de los dólares norteamericanos y de los prestamos de otros países capitalistas como China, Rusia, Japón o Brasil. Agitando trapos rojos-rojitos El escándalo que se presenta (con previo acuerdo de todas las partes y reciclando una noticia que ya vieja) es una maniobra típicamente diversionista, con miras a inyectarle una dosis de «nacionalismo y antiimperialismo» a la ya gastada propaganda oficial venezolana, precisamente cuando las manifestaciones populares han superado las 1.100 en el presente año, y el futuro anuncia un incremento de estas, con la consecuente pérdida de apoyo al régimen, creando las condiciones para una nueva crisis de gobernabilidad ante el evidente agotamiento del modelo bonapartista de Chávez. 47


La oposición - fiel a su papel de aliado y cómplice en el mecanismo de dominación - embiste todos los trapos rojos y provocaciones que el gobierno monta; no participa ni apoya ninguna verdadera manifestación popular o de trabajadores y se presta para ser el globo de ensayo de la represión que se ha desatado en el país contra los oprimidos. Si analizamos con detenimiento este asunto, nunca veremos a la oposición o a sus dirigentes en las protestas espontáneas de los trabajadores, siempre sus manifestaciones son en «respuesta» a provocaciones oficiales, la marcha contra la Ley de Educación fue un ejemplo típico de esta alianza macabra oposición-gobierno, y ha sido el globo de ensayo que ahora permite a la Fiscal General Luisa Ortega Díaz ratificar, en torvas declaraciones de prensa, lo que será la verdadera política represiva del gobierno (ver http:// www.entornointeligente.com/resumen/ resumen.php?items=937919). «Provea advertía que 2.200 personas tenían procesos abiertos en los tribunales por protestar. Su coordinador general, Marino Alvarado, señaló que de esa cantidad, 120 son trabajadores, y alertó que la cifra puede aumentar aún más en el futuro… De los 120 afectados que contabiliza Provea, cerca de 30 trabajadores son de la industria petrolera, mientras que otros 25 son de Sidor…»La criminalización de la protesta se ha convertido en una política de Estado», indicó el representante de Provea». (http://www.analitica.com/va/sintesis/ nacionales/3022373.asp). La anterior cifra incluye cientos de campesinos(as), luchadores sociales, indígenas de Perijá, representantes sindicales y un sinnúmero de personas hoy sometidas a juicios por ejercer el derecho a la huelga y manifestación y reclamar legítimamente sus derechos y reivindicaciones, casos donde jamás la oposición levantó su voz de protesta. La represión y violencia del gobierno en Puerto Cabello, Curiepe, El Clavo, Timotes, Antímano, la policía comunal que oficializa la alianza entre policías y delincuencia para el control de los barrios populares, la concreción practica de la Ley Sapo rechazada en el pasado, el desarrollo y multiplicación de grupos de exterminios policiales y para-policiales en Anzoátegui, Monagas, Caracas, Aragua, Lara, Yaracuy, etc., son situaciones ante la cual la oposición y sus medios de difusión callan miserablemente y solo son tomados en cuenta en sus páginas rojas, noticieros amarillistas y no como un grave problema político ante el cual se deba manifestar. La explicación de esta alianza política es clara, gobierno y oposición como defensores de los mismos intereses del orden establecidos se unen y comparten los mismos fines cuando se trata de controlar y reprimir a sus enemigos históricos: los trabajadores y el pueblo excluido sin vivienda, ni trabajo, ni servicios. Una tramoya que debe desmontarse Las bases militares no le agregan nada nuevo a los planes de dominación y control del capitalismo norteamericano en América Latina. La IV Flota gringa que hoy surca libremente por el Caribe y el Atlántico Sur representa un mayor poder de fuego que cualquiera de los ejércitos de América Latina. El uso de las instalaciones y los acuerdos Colombia-EE.UU. son conocidos desde hace años. Las bases y ejercicios militares de USA con múltiples países del continente, son hecho cotidiano en las relaciones del imperio con su patio trasero, para que a estas alturas se desate una histérica campaña cuyo único y claro fin es ocultar los lazos cada vez más estrechos del gobierno chavista con el capital transnacional, especialmente norteamericano y sobre todo levantar de nuevo el espantajo del imperialismo y el enemigo exterior para incrementar dentro del país la criminalización de la protesta, la represión y el enjuiciamiento de todo aquel que manifieste o disienta de la represiva y entreguista política del gobierno. Que el imperio quiere el petróleo, la energía, el agua y los recursos del continente eso ya lo sabemos y todos los gobiernos de América Latina sin excepción cumplen fielmente con ese pedido norteamericano. Las bravuconadas y gritería de Chávez son parte del

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mismo show mediático del cual la burocracia cubana es experta, como el cuento del bloqueo para explicar porqué después de 50 años de revolución, el pueblo cubano pasa hambre y no sufre más por la importación de alimentos desde EE.UU. y las remesas en dólares del exilio cubano. Total, como dijo su colega peruano en funciones de entrega: De qué se preocupa el Sr. Chávez por que EE.UU. se apodere del petróleo, si es su principal socio y cliente. Una vez más gobierno y oposición logran encerrar a los trabajadores y al pueblo en la vieja trampa divisionista, con un gobierno del capital y la burguesía que acusa a la oposición y sus gobiernos anteriores – al servicio de los mismos amos - de causar los males que aquejan al país, mientras que la oposición acusa a Chávez y su supuesto «comunismo» de ser el origen de la miseria, pobreza, desempleo y exclusión que sufre la mayoría de la población. De esta manera se encierra al trabajador en el eterno circulo vicioso de gobierno y oposición que representan las dos caras de la burguesía y el capitalismo, y el sistema de explotación y dominación en el cual se asienta este círculo vicioso aparece libre de culpa, y lo que es peor, siempre sigue como única alternativa que se ofrece al oprimido. Romper ese círculo vicioso, combatir a los dos representantes políticos de la burguesía: gobierno y oposición, enarbolando un programa de transformación que ponga en primer lugar los intereses y necesidades de las mayorías, es la única opción de victoria que tienen los de abajo; de lo contrario repetiremos la conocida historia de una democracia que es sustituida por una dictadura y está de nuevo por una democracia y en todas ellas banqueros, compañías petroleras, transnacionales, importadores, terratenientes, siguen detentando el verdadero poder, eligiendo presidentes «demócratas» o imponiendo sus caudillos militares. Hay que construir una alternativa de las clases oprimidas resueltamente opuesta al sistema y su Estado, cualquier otra opción es seguir atados al yugo y esclavitud del capital. A pesar de todo el dinero invertido en la diplomacia internacional, con la cual se construye una imagen positiva del gobierno dando dinero para las mas disímiles actividades, los venezolanos y venezolanas comenzamos a sentir los efectos de la crisis económica y la caída de los ingresos petroleros. Para este año se estima una inflación cercana al 40%, mientras que por primera vez se ha experimentado una caída del consumo de productos de primera necesidad. El dinero destinado a las políticas sociales ha disminuido, mientras crecientemente se cierran fuentes de empleo. Una muestra de la crisis es la negativa del gobierno en discutir los contratos colectivos de los empleados del sector público, afinando los mecanismos represivos para frenar y dispersar las muestras de descontento, mientras los medios estatales y paraestatales se niegan a difundir imágenes de las protestas populares.

¿Qué pasa con los especuladores de la guerra en Sudamérica? JAVIER GÁRATE - [# 62, marzo-abril 2011] A pesar de lo que se pretende mostrar, Sudamérica no es la excepción cuando hablamos del complejo industrial - militar (la relación entre gobiernos y la industria armamentista en favor de esta última y con claras consecuencias de una carrera armamentística sin final), aunque no se manifieste tan brutalmente como en los Estados Unidos, la presión de la industria bélica en la política es incuestionable, sino ¿cuál sería la justificación para todo el derroche en armas? El subcontinente lleva años sin guerras entre países, aunque si ha existido un aumento de las tensiones, principalmente entre Colombia y Venezuela. La retórica militarista dirá que esto es gracias a la política disuasiva de las Fuerzas Armadas, con su recurrente afirmación bélica: “armarnos para la paz”. La verdad es que la 49


reducción de la conflictividad no es a consecuencia de la capacidad disuasiva militar, sino producto de muchos factores, entre ellos, la inter-dependencia económica motivada por el libre mercado. Sistema que a pesar del discurso progresista dominante, es el común denominador en la región. Potencias militares Justificaciones para el aprovisionamiento armamentista no faltan, mas bien sobran. En los últimos años, la mayoría de los países de Sudamérica han argumentado que el incremento de su gasto militar se debe a la necesidad de renovar material ya obsoleto. ¿Justifica esto, su aumento en 150% en la región los últimos seis años? Durante este periodo, se pasó de 24.000 millones de dólares a 60.000 millones de dólares, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS). El incremento ha sido sostenido en toda la región, los países con mayores gastos militares son: Brasil (27.124 millones de dólares); Colombia (10.005 millones de dólares); Chile (5.683 millones de dólares); Venezuela (3.254 millones de dólares); Argentina (2.608 millones de dólares). Con relación a los años anteriores, el país que proporcionalmente aumentó más su gasto fue: Ecuador, seguido de Venezuela, Colombia y Chile. Al relacionarse con el PIB Colombia lidera (3,7%), seguido por Chile (3,5%), Ecuador (2,8%), Brasil (1,5%) y Venezuela (1,4%) según los datos para el 2009. (fuente: SIPRI). Miremos algunos de los casos: Brasil: recientemente firmó un acuerdo para construir cuatro submarinos Scorpéne y un submarino nuclear con la empresa francesa DCNA, además, ha comprado aviones de guerra y otros armamentos. Brasil busca tecnología para revigorizar su propia base industrial militar. Según el propio discurso oficial, esto es de gran importancia. El Ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobim afirmó: “Nuestra prioridad actual es el empoderamiento tecnológico en la área de defensa, especialmente en el cyber espacio y el área nuclear... La primera consecuencia de esta política es el término de compras “en oferta”. Desde ahora en adelante cada compra importante tiene que incluir la transferencia tecnológica y asociación con empresas brasileras”. Algunos de los países proveedores de armas a Brasil de los últimos años son: Alemania, Italia, Jordania, Rusia, España y EEUU. El acuerdo más grande se efectuó en el 2009 con Francia por 12.000 millones de dólares. A parte de la compra de 50 helicópteros de transporte militar y 5 submarinos (uno a propulsión nuclear), el resto es sólo para transferencia tecnológica. Brasil justifica estas compras como necesaria renovación de su arsenal, pero como el mismo ministro de defensa afirma: Brasil ve como un elemento estratégico en el posicionamiento internacional, el desarrollo de su industria militar. Colombia: cuenta con el mayor presupuesto de defensa en relación al PIB. Como es bien sabido, este país recibe un gran aporte económico por parte de EEUU, bajo el argumento del combate al narcotráfico, el cual desde el año 2000 asciende a más de 6.000 millones de dólares. Los principales países proveedores de armamento a Colombia son, Israel, España y EEUU. En los últimos años, ha comprado una importante cantidad de helicópteros, incluyendo brasileros. Colombia justifica su gran gasto militar, debido a la prolongada guerra contra las FARC y el combate al narcotráfico. Sin embargo, en los últimos tiempos el aumento de la conflictividad con Venezuela, ha sido utilizado como alegato para la necesidad de incrementar dicho gasto. Durante los periodos del ex presidente Álvaro Uribe en el poder, éste aumentó de sobremanera, cumpliendo con la estrategia de la derrota vía militar de las FARC, y las políticas de la “seguridad democrática”. Con la elección de Juan Manuel Santos, se espera una continuidad de estas prácticas e incluso un aumento significativo en el predominio del poder militar.

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Chile: también aduce su gran gasto militar a la necesidad de renovación de su parque. Sin embargo, su nivel de regeneración no ha mostrado límites, creando un preocupante grado de incertidumbre especialmente en Perú, lo que ha provocado que este país haya aumentado a su vez su gasto militar, opuesto a los argumentos de su presidente Alan García contra una carrera armamentista. Chile, aprovechando el buen precio del cobre durante la última década y debido a la ley - heredada de los tiempo de Pinochet - , que estipula que el 10% de los ingresos del cobre son para las Fuerzas Armadas, el estado ha gasto miles de millones de dólares en armamento. Esto ha incluido la compra de 2 submarinos Scorpéne al consorcio franco-español DCN/IZAR por costos que superan los 800 millones de dólares, submarinos que a su vez han sufrido innumerables problemas técnicos. Otras de las grandes inversiones militares de Chile corresponden a 44 aviones de combates F-16, los cuales fueron comprados a Holanda y a EE.UU. La última adquisición a Holanda correspondió a 18 aviones (usados) por la suma de 270 millones de dólares. Este país, también está interesado en el desarrollo de “nuevas tecnologías” como los vehículos aéreos no tripulados, mejor conocidos en inglés como drones. En octubre (2010), Chile recibió como “regalo” de parte de Israel, el modelo Skylark, como un “acercamiento” para el acuerdo de tres o cuatro contratos de compra de aviones no tripulados. A su vez, espera desarrollar su propia tecnología de aviones no tripulados con la universidad de Concepción, trabajando en cooperación con el sector privado a fin de desarrollar esta tecnología. Los aviones no tripulados, son utilizados en labores de vigilancia de inteligencia, por lo que recomendamos a los movimientos sociales, y en especial al movimiento Mapuche, a estar atentos de la aparición de estos robots en el aire. (Fuente: http://chiledefense.blogspot.com/) Venezuela: durante los últimos años muestra un aumento significativo del gasto militar, producto del usufructo de la renta petrolera, bajo la justificación de una inminente invasión por parte de EE. UU. con cooperación de su servidora Colombia, especialmente después del acuerdo de instauración de bases militares colombianas con presencia de efectivos de las fuerzas armadas estadounidenses. La principal adquisición de armamento de Venezuela ha sido a Rusia, alegando que es un acto “antiimperialista”. El primer ministro ruso Vladimir Putin durante una visita a Caracas, reveló que las compras realizadas por el gobierno de Caracas sobrepasaban los 5.000 millones de dólares. Durante su declaración, dio a conocer un informe sobre el sector de defensa, mencionando que los contratos estaban a cargo de 13 empresas rusas, incluida IzhMash, fabricante de fusiles. Según datos de SIPRI, en los últimos diez años, del total de importaciones de armas del país latinoamericano un 77.6% provienen de Rusia. Entre las adquisiciones se cuentan aviones de combate Sukhoi, helicópteros Mi17 y Mi-35, fusiles de asalto Kalashnikov (más el convenio para instalar una fábrica de los mismos rifles y sus municiones), tanques S-300 y misiles antiaéreos. Mercenarios Es conocida la presencia de soldados chilenos privados y activos en Irak. Al principio, muchos de estos - en su mayoría ex soldados del ejército en búsqueda de mejores sueldos -, recibían contratos millonarios como anzuelos para la ejecución de labores de seguridad. Un soldado privado chileno en Irak, en el año 2005 podía llegar a ganar hasta 1.300 dólares al mes mientras los soldados privados estadounidenses ganaban cerca de 700 dólares al día. Actualmente en el 2010, estos militares privados suramericanos que se encuentran efectuando labores de seguridad en la embajada de Australia en Bagdad, perciben sueldo mínimo: 310 dólares al mes. Muchos han sido contratados por la empresa

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Blackwater, conocida por crímenes y torturas en Irak. En los últimos meses, ha salido a la luz pública que Blackwater hoy re-bautizada Xa Service LLC - en su afán de limpiar su imagen - en el año 2005 realizó entrenamientos ilegales en Colombia (bajo un acuerdo con el Departamento de Estado en Colombia), donde se adiestraba a personas que luego eran enviadas como nacionales (de terceros países) apoyados por un contrato con el Departamento de Estado de EEUU. En la propia Colombia, mercenarios son contratados por empresas militares privadas para realizar labores en el extranjero. A principio de este año (2010), se conoció la noticia de que 60 colombianos realizaban estas funciones en Afganistán. Este caso se repite en muchos países, dado que los soldados son tentados a través de jugosos sueldos que en ocasiones nunca llegan a ver. El mayor problema para realizar una campaña contra estos mercenarios, es que las empresas contratistas en cada país, actúan bajo confidencialidad, sin embargo, resulta de suma importancia investigar a las compañías proveedoras del servicio de búsqueda de ex soldados para empresas militares privadas. Recursos naturales Uno de los argumentos comúnmente utilizados para justificar la necesidad de armamento es la protección de los recursos naturales y la soberanía del país. Brasil ha excusado la compra de submarinos nucleares y la producción del arsenal militar dada la necesidad de proteger los yacimientos petroleros y gasíferos recientemente descubiertos frente a sus costas, aunado a la defensa de los recursos naturales en el Amazonas. Bolivia por la necesidad de proteger los yacimientos de gas y mineros, de las multinacionales apoyadas por el imperialismo. Venezuela por su riqueza petrolera, como también lo hace Ecuador por el petróleo y el gas, repitiéndose así en la mayoría de los países. Esta argumentación tiene la contradicción que - en la mayoría de los casos - los militares son ocupados no para “proteger” los recursos naturales, sino la explotación de estos en desmedro de las propias comunidades. La fórmula se repite casi de forma idéntica en cada país: presencia militar para proteger la explotación de los recursos naturales que - a pesar de la retórica nacionalista - finalmente son vendidos a empresas extranjeras quienes terminan siendo las grandes beneficiadas. Panorama regional Aunque las fronteras en la región todavía no cuentan con verdadera estabilidad, no se puede hablar de una situación de beligerancia activa entre la mayoría de los países de Sudamérica. La excepción a la regla, estaría representada por las relaciones entre Venezuela y Colombia que son bastante volátiles y sin embargo, muy bien aprovechadas por ambos gobiernos como justificación para armarse y protegerse. En el caso de Venezuela, de la amenaza imperialista de EEUU a través de Colombia; y ésta a su vez por la guerra contra el “terrorismo” - según el gobierno colombiano - de las FARC que estarían siendo apoyadas por Venezuela. Otro caso similar, con una menor polarización son las relaciones entre Chile y Perú por temas de carácter limítrofe, como el acceso al mar para Bolivia, una materia no resuelta pero que no presentan un riesgo como para llegar a un conflicto militar. La mejor muestra de esta falsa imagen de necesidad de defenderse de los vecinos, es la formación del UNASUR con su correspondiente Consejo de Defensa Sudamericano, el cual pretende la integración militar de la región. Es decir, lograr un alto grado de integración, al punto de proponer una fuerza militar conjunta para Sudamérica, tal como fue planteada por el Coronel Oswaldo Oliveta Neto del Brasil durante las primeras reuniones de formación del Consejo de Defensa. Sin embargo, sabemos por otros casos de cooperación regional, como la Unión Europea con su Agencia Europea de Defensa -donde se promueve el desarrollo de la industria militar de la región, la capacidad de actuar militarmente como bloque en alianza con la OTAN- que una fuerza conjunta militar sudamericana,

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implicaría un aumento del gasto militar para poder costear esa misma fuerza, con la consecuente presión a los países para el incremento de su parque bélico a fin de estar a nivel del estándar regional. Otro de los objetivos del Consejo de Defensa Sudamericano, es impulsar la industria armamentista de sus miembros. Brasil ya se encuentra a la cabeza en cuanto a industrias nacionales y no resultaría extraño que como parte de las políticas del Consejo de Defensa se desarrolle un plan de apoyo a las industrias militares nacionales. El intercambio de información es otro propósito de este Consejo de Defensa, sin embargo, no queda claro a qué información refiere. Son conocidos los riegos de la cooperación militar cuando se trata de combatir a los movimientos sociales, un lamentable ejemplo fueron las dictaduras militares de los 70 con la sangrienta Operación Cóndor, en el Cono Sur. La pregunta es ¿Cuál es la necesidad de las armas si no existe riesgo de conflictividad en la región? Considero que existen dos grandes razones las cuales dependen de qué arsenal se refieren. Hablar de aviones de combates como los F-16 o submarinos u otro renglón de gran poderío, esta ligado a la necesidad de los países de posicionarse como potencias en lo militar y obtener un estatus internacional. Son ampliamente conocidos los planes de la creación de una “OTAN del Sur”, para la cual se requiere obtener el estándar exigido por esta alianza de guerra. Varios países de Sudamérica ya han formado parte de las “Fuerzas de Paz”, principalmente en el caso de Haití, donde Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador y Perú participaron con tropas militares o miembros de la policía. Si la OTAN del sur se transforma en una realidad, las Fuerzas Armadas sudamericanas formaran parte de más intervenciones militares fuera de la región. Por otra parte, la compra de este arsenal esta vinculada a las relaciones con los países del Norte. La Unión Europea y EEUU abogan por el apoyo del desarrollo de Sudamérica, manifestado en acuerdos de libre mercado y la venta de armamento, favoreciendo con estas políticas a las grandes corporaciones y los militares. Otro parque militar esta destinado al control del “enemigo interno” con las políticas contra el “terrorismo”, “narcotráfico” y de “seguridad ciudadana”, donde las policías se dedican al control social por medio de la fuerza, acompañados de la criminalización de los movimientos sociales desde el discurso gubernamental. Como movimiento antimilitarista, tenemos la gran responsabilidad de investigar el negocio de la guerra, y pasar a la acción. Existen muchas opciones para efectuar acciones contra las empresas que lucran con la guerra. Una muy clara que sirve para mostrarnos frente a las empresas y los gobiernos pero también al público en general, es hacer acto de presencia en las ferias de armamentos - que muchas veces son disfrazadas como feria del aire y del espacio -, y realizar acciones denunciando lo sangriento del evento. También en Sudamérica, las infaltables paradas militares representan una buena ocasión para expresar nuestro rechazo a la industria militar y al militarismo. ¡Allí nos vemos!

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Anexo: Un texto extraído del Boletín (A) venezolano CORREO A Pacifismo y antimilitarismo PETER SCHREMBS - [CORREO A # 23, pp. 16-17; julio 1993. Tomado del libro: L‟ Antimilitarismo Libertario in Svizzera, Dalla Prima Internazionale a Oggi, -compilado por G. Bottinelli y E. Zarro-. Ed. La Baronata, Suiza, 1989. Traducción: M.S.) En primer lugar es necesario definir el concepto de antimilitarismo. Antimilitarismo y pacifismo no son la misma cosa. Antimilitarismo y reivindicaciones sindicales en el ejército tampoco son la misma cosa. Podemos en cambio definir el antimilitarismo como el compromiso individual o colectivo hacía la eliminación de la estructura militar en tanto medio de solución de conflictos. Y así obtenemos una definición neutral. En otras palabras, diríamos, destruir uno de los aparatos ideológicos del Estado. O también, acabar con el brazo armado del Estado. Como sea, el antimilitarismo es por definición la negación de la estructura militar. Luego, aceptar la estructura militar no es posible para un antimilitarista. A su vez, estructura militar es sinónimo de ejército, es decir, organización jerárquica de seres humanos en armas y servicios vinculados (fábrica de armas por ejemplo), aun cuando tienda a anular el rol subalterno para concentrar la respuesta en ataques a distancia en manos confiables. Especifiquemos mejor el antimilitarismo en una distinción que encuentro legítima: antimilitarismo (AM), antimilitarismo revolucionario marxista (ARM) y antimilitarismo revolucionario anarquista (ARA). El antimilitarismo (AM) considera realizada su tarea con la desaparición de la estructura militar. No considera entonces necesaria la extensión de su compromiso subversivo a todo el sistema social (es la posición de ciertas agrupaciones de inspiración religiosa), o considera prioritario el compromiso de la eliminación de la estructura militar a cualquier otro compromiso (Cassola). El ARM o comunista autoritario, considera indispensable un cambio del sistema social en sentido comunista para proteger la humanidad del flagelo militar, considerando inútil la eliminación del ejército si se mantiene la estructura económica capitalista. La propuesta marxista prevé entonces la prioridad de la conquista del poder, seguida por la consolidación del poder - y el fortalecimiento de su brazo armado - para crear aquellas condiciones estructurales que finalmente permitan objetivamente su extinción. El ARA, en cambio, considera la existencia del mismo Estado como una causa de la guerra y en consecuencia del fortalecimiento histórico de la estructura militar. La condición para la paz sería entonces la Anarquía. Se asocia, sin embargo, al antimilitarismo, en su compromiso con la eliminación inmediata del ejército, ya que considera que tal estructura es una amenaza permanente para la vida y la dignidad del hombre, y porque piensa que es posible debilitar al Estado y a la ideología del poder golpeándola en su estructura militar. Esto significa que quien de un modo u otro sostiene al ejército, en el presente o en el futuro, en Suiza o en otro lugar, ciertamente no puede proclamarse antimilitarista. Por otra parte, cada anarquista es por coherencia antimilitarista. Hubo, es cierto, un triste manifiesto, firmado por algunos anarquistas intervencionistas al lado de la Entente en la 1ª Guerra Mundial, y hay anarquistas que han participado en determinadas estructuras militares o que las han apoyado (determinados “ejércitos de liberación nacional”). Todavía es licito afirmar que se trataba, y se trata, de contradicciones, de situaciones donde el juicio del particular sobre lo que haya de hacerse en un 54


momento dado para acercar la libertad o alejarse de la tiranía permanece para nosotros no evaluable, con el respeto por aquel que paga en persona sus elecciones (caso de Emiliano Zapata). El momento histórico actual ha restringido las posibilidades de elección. El terror atómico no concede espacio para ilusiones revolucionarías resultantes de la situación desesperada creada por el conflicto mismo. Así, hablábamos al comienzo de una relación antimilitarismo-pacifismo. En realidad el término pacifismo se encuentra muy aguado. En un tiempo sinónimo de antimilitarismo, se convirtió después, en los 60, en equivalente de no violencia, para transformarse ahora en encubridor del movimiento por el desarme equilibrado y la política SALT y las conferencias de Ginebra (expresión de aquella política gubernamental y partidocrática, anti euro-misiles y antineutrónica). Hoy día, pacifismo y antimilitarismo son parientes lejanos, por lo menos en el nivel de interpretación de partidos y gobiernos. Es obvio que el antimilitarista sea pacifista en sentido general. Pero no es necesariamente un noviolento porque, por definición, sólo rehusa el monopolio de la violencia por parte de una estructura jerárquica. En particular el ARA puede obrar coherentemente de manera violenta, especialmente en una situación desesperada, causada por los hechos (instalación de una central nuclear) o por un tirano, que así lo exija en tanto actitud de dignidad humana. Finalmente el antimilitarismo es indiferente a la política sindical en el ejército. Enfrenta la propuesta de la licencia prolongada con el rechazo al servicio; al orden con la deserción; a la petición con el sabotaje. Alentar las reformas de la estructura militar, en tanto alimenta la apariencia de inocuidad y frena la oposición, se opone al antimilitarismo.

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Dossier Antimilitarismo  

Recopilación de textos sobre antimilitarismo y anarquismo aparecidos en El Libertario de Venezuela

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