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No todas las iniciativas culturales son a favor de las fechas navide単as. Es el caso de Fuckciembre, el proyecto que desde hace cinco a単os lleva a cabo, una casa de dise単o en contra del consumismo desenfrenado que se efect炭a durante diciembre. (JFV).

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tipografía

pg.

Pablo Ramos /---------------/ Daniel Lopez / @denialpolez / Franco Moscoso /----------/ Daniel Ojeda / @ma_x_power / Jorge Salinas / @iorchsalinas / Pablo Perez / @cahuenas / Pedro Arce /@truchakiller / Santiago Calle/ @ellacsan /

DIN HOUNDSTOOTH LUXEMBOURG COURIER TYPE STEELFISH NEUTRA BODONIA FRONTAGE

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Francisco Galárraga/ @FJ_Gl /

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Joaquin Perez /-------------/ Alexis Madrid / @el_srmadrid / Juan Dávila/ @d_cranimal / Roberto Ortiz / @roboto32 / Galo Carrión / @GaloCarrion /

TITILLIUMTEXT22L HOMESTEAD GHANDI ROBOTO SLAB THESIS

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Juan Francisco / @tocteman /

DIN

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creditos /

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LA FAMILIA ( ABCD ) EN ( E ) ( A ): La madre, la mejor. Soñadora y siempre rebelde, amante de la política y eterna revolucionaria. Católica por herencia. Una mujer tranquila. ( B ): El padre, el mejor. Siempre rebelde y soñador, político (de escala menor) y eterno r evolucionario. Católico por h erencia, n o gustoso d e eso. U n hombre inquieto. ( C ): Hijo y hermano mayor. Católico por herencia de 2da generación. Un hombre incrédulo. ( D ): Hijo y hermano menor. Católico por herencia de 2da generación. Un hombre tranquilo. ( E ): E l famoso m irador d e Turi. El desarrollo de u n pueblo a c iudad, su naturaleza y su cielo despejado es lo que tus ojos verán desde ahí. --------------------------------------------------------------------------------En ese e ntonces ( A ) y ( B ), al i gual que ( C ) y ( D ), tenían 2 0 años m enos aproximadamente de lo que tienen este año. Es decir ( A )= 40, ( B )= 48, ( C )=10 y ( D )=5. A las 19:45 el día jueves 23 de diciembre de ese año, alegres, la familia ( ABCD ) emprendieron camino hacia ( E ). El objetivo de ese corto y aventurado viaje era ver tras l as e strellas la l legada festiva d e un t rineo cargado d e paz y a mor y muchos regalos, o bueno, los esperados por ( C ) y ( D ); que ( A ) y ( B ) alentaban un m es a trás a ( C ) y ( D ) a que l os p idan a l señor chofer del trineo, que curiosamente y cada ves m as s e parece a ( B ). A este señor desde ahora lo llamaremos ( F ). En realidad ( D ) esperaba el trineo. ( A ), ( B ) y ( C ) esperaban ver feliz a ( D ) el momento que desde ( E ) observara a varios renos galopantes jalando un trineo hecho de estrellas, a velocidad fugaz y con el regalo de sus sueños. Ah !!! y con paz y amor. En la ciudad de ( A ), ( B ), ( C ), ( D ) y ( E ), por esas fechas llega ( F ) cuando nace ( G ). Que nace todos los años desde hace 2000.


( G ): Un niño de 20 siglos, que nace de una forma utópicamente bella, y muere de la forma mas cruel y tenebrosa. En esta historia era de porcelana y dormía bajo un árbol. Para muchos ( D ) y algunos ( C ) de la ciudad su llegada también es con regalos. Ah !!! y con paz y amor. Efectivamente desde ( E ), ( D ) vio la llegada del trineo, por lo tanto ( A ), ( B ) y ( C ) estaban felices de que ( D ) haya alucinado. En la mañana siguiente. Los regalos estaban ahí, en la casa de la familia, donde la noche anterior paró ( F ) y los dejó a lado de ( G ). --------------------------------------------------------------------------------( C ) y ( D ) agradecieron a ( A ) y ( B ) y no a ( F ) y ( G ). ( C ) y ( D ) jugaron hasta el hastío con sus regalos. ( A ) y ( B ) gozaron por lo que gozaron ( C ) y ( D ). --------------------------------------------------------------------------------( A ) nunca creyó en ( F ) y en el fondo tampoco en ( G ). ( B ) nunca creyó en ( F ) ni en ( G ). ( C ) el resto del año fue el cómplice de ( A ) y ( B ). Nunca le gusto ( F ) y nunca creyó en ( G ). ( D ) siempre creyó en las estrellas. ( E ) sigue igual. ( F ) no conoce a ( G ). ( G ) va a nacer otra ves. ---------------------------------------------------------------------------------

( ABCD ) = PAZ Y AMOR ( FG ) = FUCK

Pablo Ramos /

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Y A MI ME DEJABA EL DOBLE, POR GUARDAR UN SECRETO.

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Daniel López //

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/Franco Moscoso


Daniel Ojeda //

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10 /Jorge Salinas


Pablo PĂŠrez Cahuenas /

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12 / Pedro Arce


-hijo, Tengo Algo Que Decirte. Papá Noel, No Existe. :( - ¿quien Te Dijo Eso “jesús”? -Ö

Santiago Calle /

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“ Q U E R I D O P A P A N O E L ÉSTE AÑO QUIERO TETAS N U E V A $ GRACIAS XD” SCARLET ( 1 2

16 / Joaquin Pérez

A Ñ O S )


Alexis Madrid /

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18 /Juan Dรกvila


Roberto Ortiz /

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20 /Galo Carri贸n


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LA CONFESIÓN

Yo no planeaba mucho eso de tener guaguas, y en parte era por situaciones como estas. ¿Cómo esperar que el malandrín se levante a las 2 y 35 de la mañana, como si fuese un heroinómono ansioso, a dejar su zapato vacío bajo el árbol? ¿Qué tan obsesivo compulsivo tiene que ser este chiquilín en partituclar este chiquilín, tan exagerado en sus ideales, tan desesperado, sherlockholmesco, por encuentrar las verdades absolutas? ¿Cuánto le puede importar la identidad del magnánimo regalón más que el regalo per se? En el sala hay este nacimiento de cristalería barata y hay galletas de avena con glaseado de limón con azúcar y colorante verde, muy verde, y hay 62 regalos empapelados con diferentes espesores y texturas. Hay, por ejemplo, este papel celofán turquesa que claramente exhibe que se trata chocolates comprados apurados y hay este glorioso cilindro de 40 centímetros de diámetro envuelto en papel reciclado con motivo de copos de nieve, sombreros con borlas, yedras polonorteñas. Sobre los regalos hay fotos de los primos más caucásicos y bajo las fotos hay una chimenea de la que cuelgan botas de colores: rojo, verde, rojo, con detalles dorados como trineos, renos, mamá noeles y con texturas afelpadas encima, como productoras de picazones tiernas, como malvaviscos que, al extenderse sobre la lengua, pican pero gustan. Pero son malvaviscos de doble textura, y los malvaviscos que están, hipotéticamente, sobre las lenguas son los mismos que están en uno de los platos: la corteza se diferencia del relleno, como si fueran caramelos de marshmellows más que marshmellows propiamente y, si queremos ponernos filáticos, podremos decir que se trata se Confitería de Pobres, pero también hay que considerar las circunstancias económicas y emocionales de la Tía María Delia cuando nos las regaló y, uno dice, si de todas formas se están metiendo la mierda de mcdonalds, hay poco que pueda hacer para que mijo no quede gordo y flácido y siempre sea relegado a defensa los recreos. Ah, pero mijo está flaco, y no sé, serán cosas del metabolismo, pero podrá comerse quince de estos caramelosmalvaviscos al hilo y no se va a empachar. Mijo es indestructible. Pero es

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un desgraciado, y más que Guepardo, es, si se quiere, Venom, o, peor, Carnage, el rojo que se descompone, flácido, pero sigue siendo elástico y de alguna forma se las arregla para robar el esférico a sus adversarios en los partidos especialmente intensos y salirse, insólito, con la suya, con el balón a sus pies, y manda estos pases largos que no se han visto nunca. A veces la Claudia me dice que sí, que tiene talento, que deberíamos haberle comprado pupos de verdad y dejarnos de bobadas, pero allí entro yo, que insisto enciclopedias del cómic, como para, ustedes saben, asegurarse de su flacidez futura y que ni venga con cosas como que le enseñe a dar volantines o le inscriba al Gato Ortega o que salga rapidísimo y que sea el orgullo de nuestro atletismo, porque entonces cómo le voy a entender del todo y cómo encontraremos el fraternalismo en burlarnos de Jefferson Pérez. Entonces llegará el día, a eso de los 15, 16 años, que se dé cuenta del impostor de padre que soy, y entonces, él tendrá los bíceps definidos y las axilas peludas y me va a dar una paliza y la mereceré. Le compramos pupos. Pero, puta madre, ese día puede ser hoydía, porque voy a tenerle que dar una explicación antes de mi tiempo y antes del suyo y voy a tener que explicarle por qué carajo no estoy durmiendo, o por lo menos, desatascando las chimeneas, asegurándome que las tejas están estables para que una vez aterrice el trineo, no tenga que preocuparme de las tejas, o, peor, de las placas de eternit traslúcido que están bajo esas tejas (nos arrepentimos del traslúcido con la Claudia solo luego, porque, decía que yo le había enamorado por cierto golpe de luz y esa placa en particular me lo arruinaba). Mijo me pregunta qué hago allí, como si violara algún ritual entre él y los osos polares o esa conexión mística que Discovery Kids le ha asegurado que sólo tiene Santa con los niños, porque, claro, a mí qué me va a venir a visitar, si yo soy un gordo nerd que es profesor y odia a sus alumnos y que come el arroz con alverjas con cara triste y que no le ve a los ojos tanto como quisiera cuando le da consejos de vida paternales. Pero él, ah, no, él tiene las emociones requeridas y las preocupaciones requeridas y su vida es suficientemente seria para que Santa se dé el viaje, a reno, de Groenlandia hasta su casa para darle lo que ha pedido y solamente porque lo ha pedido. Y es que, ustedes saben, ser niño es como si todas las puertas, por default, estuvieran abiertas y qué culpable me siento a veces por cerrarlas. Una vez entiendo que no, que no me va a decir “papá, esperamos a Santa junto la chimenea” o “cómete uno de los marshmellows que me mandó la Tía María Delia, que está hecho mierda” y todo bien que los caramelos regalados estén feos. O que no me va a decir, no sé, “sólo tenía sed”. No. Me va a pedir que le explique, con absoluto detalle, qué es lo que hago allí, que por qué interrumpo su momento más místico, su peregrinación en su Meca. La verdad es que esa angustia de mijo sí me hace sentir, por instantes, como colado. Tengo que recordar que no hay


silencio que vaya a ser suficiente y que tengo que inventarme una excusa y me siento, a los años, como ranclado del colegio; o como cuando me metí en el cuarto de mis primos y mis primos, sin sonar, se frotaban las piernas bajo las cobijas; o cuando, digamos, me colé a mi primer matrimonio y me quise salir poquito, poquito después por el achole. ¿Qué me voy a inventar esta vez? ¿Qué excusa será válida? Mijo está cabreado, y no me pide que me apure con la respuesta como me pidiera, digamos, Alfonso de los Monteros a segundos de su última inhalación en Quién Quiere Ser Millonaruio, sino me lo pide como, digamos, el teniente Swatchrz antes de su próxima ejecución. Yo soy el judío tartamudo que pide clemencia. Me lo pide, como, digamos, Gengis Khan antes de poner en llamas el mazo y saquearme a mí, en mi propia casa, y quemar mi propia sala de estar. O, no sé, como Hércules durante la pubertad. Y yo sé que no hay atajos: que no puede ponerle Nickelodeon, darle un billete de cinco y decir que él no ha visto nada. O no puedo, por ejemplo, desenvolver el sobre de escopolamina que tengo en el bolsillo de atrás del pijama y doparlo hasta las once de la mañána, cuando esté más feliz, menos existencial, más hambriento, para algo te hicimos las galletas, mijo, me dirá la Claudia, cómplice. Pero no, ella espera que, cuando no saco a relucir mi masculinidad de Atouk protector, por lo menos me he de poner ingenioso y no tengo la menor, la menor idea de qué responderle, entonces le tendré que dar la verdad. La verdad, lo saben ustedes, sólo se la da solemne. “Yo soy Santa”, le digo. Y lo confieso todo. Le digo que tuve que mudarme del Polo Norte al Austro ecuatoriano porque me sentía viejo de alma cuando su madre le embarazó. Que en un principio la adaptación al Tomebamba fue durísima, porque yo solo hablaba inglés, pero que gracias a mis amigos de Rashcuay Tours pude asentarme en la ciudad y una chica López me ayudó con el departamento. Le digo que las gentes de allá, los compatriotas, me cayeron más bien mal, y que tuve que adaptarme a los amigos de la Claudia contra mi voluntad. Que la transición del Polo Norte a acá fue terrible y que me envolví en la más tremenda de las depresiones y que tuvimos que vender a Reno a La Europea en el 2005 y que perdí 200 libras, que no son pocas, pero que me quedé gordo de todas formas porque era parte de mi esencia. No sé si me entendió esa parte. No quise ahondar en hablar sobre mi peso con mi hijo, porque sigo siendo su padre y porque, aún brutalmente confesional, sigo teniendo una imagen protectora que mantener. Le digo que la carta que me mandó tenía una caligrafía muy bonita y que los pupos que me pidió valieron 56.37, aunque realmente costaron 58 centavos. Entonces me pregunta, porque sí me está escuchando -¡al fin!- si es que los duendes del Polo Norte no hacían que mis labores salgan más baratas y entonces me veo obligado a confesarle que el Polo Norte me expulsó hace tiempos y contrató a Robin Williams para películas de Disney que hacen muchas ganancias materiales con

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mensajes que dicen que el materialismo no importa. Que yo, por mi parte, en un último forcejeo con el destino, implanté una red de maquilas en Bangladesh, y que la verdad es que trabajaban con el mismo esmero que los duendes y que se quejaban menos y en condiciones aún peores. Que luego Nike se dio cuenta de mi iniciativa, la juzgó por inmoral, me botó de allí y se tomó las fábricas. Le digo que un niño de su edad hizo su zapato y le describo, melodramáticamente, los callos multicolores de sus primos de Bangladesh y me pregunta, como intrigado, como sacudido, como quédemonios-sentirá-este-chico-de-todas-formas, que por qué me retiré, que por qué dejé que los duendecillos formen sindicatos y se vuelvan avariciosos, que cómo permití que Reno se convierta en un salchichón, que cómo me hice tan holgazán para comprar sus regalos en el mall y no supervisar el proceso de cocción del caucho en el Polo Norte, o, por lo menos, en el sur asiático. Que cómo me dejé vencer por la practicidad y la vergüenza que siente, a veces, que su papá sea profesor cuando la verdad ha sido tanto, tanto más emocionante. Entonces llega el giro realmente inexplicable de la escena con mijo: el tenerlo entusiasta por mis horrores pasados y el que mi tono de voz no lo haya afectado, sino, más bien, que sienta que soy un pendejo. Que no me he dado cuenta de mi don, de mis virtudes inmortales, que soy Santa, puta madre, y que me da vergüenza y cómo explicarle, tan pronto (porque tiene siete) y tan tarde (porque tengo 700), esa vergüenza. Y qué patético sería ahora desnudarme y mostrarle las lacras de los atoros en las chimeneas y las quemaduras en las chimeneas y tener que exigirle que comprenda que yo también, a veces, puedo sentir dolor, aún cuando soy una Deidad Americana, el Thor del Materialismo, aún cuando he sido apadrinado por su marca de gaseosa favorita y que no,que no puedo plasmar mi arrepentimiento cuando era dios y quise dejar de ser dios. ¿Cómo le explico eso a mijo, que se estremece porque entiende de mis estremecimientos pero no es empático con mis motivaciones? ¿Cómo le explico que Santa sí existe, o, por lo menos, existió, pero que tuve que asesinarlo para detener su monstruosidad? Ante esa certidumbre de mijo, ¿qué tan seguro estoy yo que el detenimiento fue positivo? ¿Cómo permití, en mi afán de mantenerme bajo perfil, que sea sometido a las publicidades de Comandato y de Coca Cola y de Créditos Económicos que le reafirmaban que sí, que yo era viejo y gordo y bondadoso? ¿Cómo me mantuve silente? ¿No sería mi silencio otra manera más de no ahuyentar al monstruo del todo? ¿No es ser Papá Noel, más que ser gordo, mi esencia? Y ya que me estoy sincerando, no sólo con mijo sino con ustedes, puedo decir que sí, que lo consideré: llamar a la coalición de renos mercenarios y embaucarme en otra de esas noches larguísimas, porque, ustedes saben, es Noche Buena de todas formas, y arrojarme con mijo a las chimeneas ajenas y encontrarme con otros nacimientos de cristalería barata y hacerle entender que el frenesí no es suficiente, que la adrenalina de llevar regalos hechos sin amor a los árboles de otros niños es ficticia, que es el paseo más inmoral del mundo y que continuar sólo llevará a la tragedia mutua


que ninguno de los dos nos merecemos. Quizás entonces comprenda los horrores desde su propio microuniverso y tenga celos de los otros niños o se descorazone por sus propias lacras en el vientre. Quizás tenga que ir con los renos a la Noche Buena de Bangladesh. Pero, ah, ya no es Noche Buena en Bangladesh. Es Navidad, es el día más feliz del año, el único que permite el descanso y me pregunto, en mi ilusión tergiversada, si Walmart ahora sí dará días libres en Navidad a sus empleados en Bangladesh. Me pregunto cuántos pupos se habrán confeccionado. Me pregunto si la miseria en la que fueron manufacturados dichos pupos es suficiente para que el imperio del Día Más Feliz del año se desplome en el interior de mijo y me digo que no, que tendría que llevarlo a una pasantía en las maquilas y obligarlo a manufacturar zapatos con látigos ardientes mongoles. No, tengo que esperar a que le salga el propio vello bajo las axilas, y que la vida lo haya golpeado tanto que la desolución de la farsa navideña le sea natural. Porque para entonces las chicas le habrán dicho que no es ni tan chistoso y los profesores ya le habrán castrado suficientes sueños y el que mi pasado exista o no exista le será más bien inconsecuente. Ah, pero no, yo he preferido cortarle los párpados y confesarle todo y explicarle todo como si pudiese jugar con años de emociones intensísimas, de sueños que nosotros mismo permitimos que se construyan, y que esos sueños se desplomen y que todo esté bien. Pero no, mijo no me ve con esta expresión de Sueños Desplomados. Me ve, más bien, con expresión de absoluta inversomilidad porque es imposible que yo sea Papá Noel y NO ME GUSTE. Y es que por eso permitimos tanto: qué pereza explicar. Qué pereza que sus sueños se vayan por otro lado. Qué pereza que nos salga raro y que se haga como yo y tenga mis propias agitaciones infantiles por ser cínico desde tan pelado y qué pereza, digamos, no mentirle. ¿Cómo me zafo de esta verdad? Hay silencio, y mijo se da cuenta que no tengo respuesta. Mijo mismo es quien me zafa del dilema. Me dice que yo he de saber, como cabreado, y ni siquiera se molesta en llevarse una de las galletas de avena y me dice que no quería putos pupos de nuevo y que, Papá Noel o no, soy el peor papá del mundo. Y que está harto que le mienta, porque es un irrespeto, porque ya era triste de todas formas, porque era imposible que yo sea Papá Noel, si soy un papá raro que trata de protegerlo de las pocas cosas que disfruta y que trata de convencerse que sus pases son buenos cuando realmente es un defensor, en el mejor de los casos, mediocre y que no pidió la enciclopedia del cómic por vergüenza, pero que ahora no la quiere, de todas formas. Cuando me dejó en la sala, yo sí que me comí una de las galletas de avena glaseadas. Estaban tan dulces y tan agrias y tan duras y tan suaves y tan sublimes. Estaban confieso, exquisitas. Mientras las masticaba, quise ser Santa de nuevo.

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/ Juan Francisco Vinueza



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