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El sonido del mar


ÍNDICE Exploradores, MARION ……………………………………………… …... PÁGINA

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Relicario, CARLA CALVO ……………………………………………........... PÁGINA

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Profundidades, LUCERO ………………………………………………........ PÁGINA

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A golpes, ELITO Y WHILE ………………………………………………....... PÁGINA

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EXPLORADORES MARION fromwild.blogspot.com || @mpaumanok

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Marcus echaba de menos el mar. Terriblemente. Una parte de él todavía estaba allí: bajo un cielo rayado de cuerdas, con el tacto áspero del cabo en sus manos, o estas sobre sus ojos mientras escudriñaba el horizonte desde la cofa y mascullaba una vieja canción pirata. La Ciudad era sórdida. No es que no le gustase: en la Ciudadsiempre había algo que hacer, y la arquitectura de los edificios le conmovía casi de la misma manera, pero no era lo mismo y la nostalgia despuntaba casi en cualquier momento. A veces caminaba por la acera caliente y en sus oídos sonaba el ulular del muelle anochecido.Otras veces le llegaba el olor a salitre en un mercado y volvía a tener dieciséis años. Y aunque la Ciudad le encandilase con sus luces y le ofreciese constantemente cosas nuevas y distintas, simplemente no era el mar. No era las velas hinchadas como nubes de tela, ni el viento zarandeando sus ropas, ni el escorar, ni el orzar, ni el arreciar, ni siquiera su incómodo coy en el que aprendió a dormir suspendido, porque no soportaba poner los pies en el suelo. Todavía le costaba, y cada mañana antes de lanzarse a las calles le echaba un vistazo a su mapa de la Patagonia y su mapa de los Galápagos, una parte de él ya allí: bajo un cielo brumoso, con la humedad pegándose a su piel mientras visitaba a las tortugas gigantes y a las aves cruzando el cielo como dardos negros. Pero sin duda, lo que Marcus más echaba de menos era respirar profundo. La madera se quejaba. Había mar de fondo.

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RELICARIO CARLA CALVO http://carlacalvo.es/ || @JustABullet _________________________________________________________________

El día que escuchó que, si colocaba una caracola contra su oído, podría oír el mar, Eco decidió que no dejaría de andar hasta encontrar una. Así que caminó, durante kilómetros de playa desierta, durante decenios de salitre pegándose a las plantas de sus pies descalzos, bajo una eternidad de cielo completamente blanco porque solo reflejaba sal, caminó. Caminó y caminó hasta que una caracola su pie golpeó. Fue un golpe tan seco como la arena a la que nunca tocará el mar, un golpe de años de abandono en aquella playa desierta. Se arrodilló ante la caracola de la misma forma que lo haría ante un altar: dejando que la arena se clavara en sus rodillas como garras de todo aquello que había enterrado bajo ella rogando por volver a respirar. Las manos le temblaban como con un síndrome de abstinencia que no pertenecía a aquel tiempo sino a un punto remoto del pasado y que pesaba en sus manos como losas de piedra en las que alguien hubiera grabado un mandato divino. Cogió la caracola con aquel temblor en sus manos y aquellos arañazos en sus rodillas. No fue capaz de reunir la fuerza suficiente para ver si había manado sangre de aquellas heridas, si aquello que mojaba su piel era algo más denso y profundo que el agua del mar, así que se levantó sin mirar abajo. Y se marchó sin mirar atrás. Volvió a desandar todos aquellos kilómetros de salitre y soledad, con aquella eternidad de cielo sobre sus hombros como una cruz, y caminó como si más allá de todos los pasos que pudiera dar, solo le esperara la horca. Esperó a estar lo suficiente lejos del mar para poder comprobar que lo que oía en aquella caracola no era un eco de la masa de agua y, cuando la colocó contra su oído, solo oyó algo tan gutural y profundo como el mismo océano. Pero no olía a sal, sino a sangre. Solo escuchó un grito. Un grito que era su propia voz pero que no estaba saliendo de su garganta. Era el grito de angustia que llevaba años encajado en su pecho, entre costilla y costilla como un puñal o como un vacío. Aquel grito que no era más que 4


un eco y que jamás tendría final. Un grito capaz de recorrer kilómetros de vacío y seguir extendiéndose más allá de los confines del sonido y del propio mar. Era el grito del silencio y de todas las palabras que Eco estaba condenada a nunca pronunciar.

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PROFUNDIDADES LUCERO @Lucer0delAlba _________________________________________________________________

Las bombas de oxigeno de los buzos laten como una segunda válvula vital pero no sirven en absoluto cuando las colas de las sirenas se asemejan más a una serpiente que a un pez. Hay secretos que los humanos aún no deben saber sobre las mujeres que habitan las profundidades: por ejemplo, no se pueden robar los tesoros de los barcos hundidos por muy bonita que tengas la sonrisa y por muy marrones, marrón-tierra mojada, que brillen tus ojos. Los piratas saben que prefieren las horcas en los patíbulos, teniendo que aguantar el discursito justiciero de turno, a enredar el cuello en las colas de sirenas con voces arrulladoras. Pero qué se le va a hacer, uno menos. El fondo de la inmensidad del mar está lleno de maravillas –siempre hay maravillas en el fondo metafórico de todas las cosas, aunque este, sea muy oscuro. Y la acepción de maravilla es tan difusa como la línea que separa el mar del horizonte. Las mareas se lo llevan todo y después regresan. Como si Neptuno renaciera cada mañana, exactamente igual que la resurrección del pirata, que, tras una batalla sangrienta, se queda sin pierna, o sin ojo -o sin pierna ni ojo-, y, aun así, sigue navegando. Y nosotros aquí, sacando bandera blanca después de cualquier reyerta y rindiéndonos. Hay que aprender más de los piratas, joder. Beber más ron, perder los dientes, salir ilesos de las tormentas y sobrevivir al naufragio. En cambio, seguimos ahí parados incluso cuando las gaviotas han echado a volar y el sol ya besa el agua cristalina. Sólo nos acercamos la caracola a la oreja y escuchamos cómo cantan las sirenas desde dentro estando fuera de las aguas. Donde no existe el peligro, ni la oscuridad, ni los abismos, ni la profundidad y por supuesto, donde tenemos cada parte del cuerpo en su sitio correspondiente.

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Todos los tesoros que dejaba el mar en nuestros pies son los mismos que se entrelazan las sirenas en el pelo: conchas, corales, algas y todos esos cristales limados que parecen piedras preciosas. Ahora s贸lo nos devuelve azules demasiado acuosos como para pintar las paredes blancas de la casa que nunca tuvimos.

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A GOLPES WHILE http://wguail.blogspot.com.es/ - @wguail

ELITO http://piel-de-nieve.blogspot.com.es/ - @Bajoelalmendro_ ____________________________________________________________

Creía que nunca me lo comentarías. No soy tan capullo. Sí eres tan capullo. –Dejo la birra encima de la arena. Las pequeñas olas la rodean, manteniéndola fría. Menudo acierto. Da gusto hablar contigo, joder. Sea como sea sabes de sobra que me tienes aquí. Le veo coger aire y soltarlo. Seguro que le hace cosquillas en la barba porque profiere una pequeña sonrisa, casi invisible a los ojos de cualquiera. Pero yo no soy cualquiera, por eso la veo y sonrío. ¿Y ahora de qué coño te ríes? ¿Pero tú cuánto llevas sin follar? Puto borde de los cojones. –Me levanto, enfadada. Odio cuando Sergio se pone así, de verdad que lo odio. Ya sabéis, en ese plan de soygilipollastodoloquemedigasmesientamalmerezcomuerte, o algo por el estilo. Y no le aguanto con ese estilo, porque Sergio es majo, de veras, pero a veces le enterraba vivo. Venga, Gabi, no te me pongas así. –Se levanta conmigo. Es bastante más largo que yo, pero me la suda, puedo con él si le meto una patada en los huevos. Ugh, déjame. 8


¿Qué pasa, tienes la puta regla o qué? Los comentarios machistas te los metes por el culo para que te hagan boquete, unineuronal. Y no, no tengo la regla, pero tú me provocas el mismo dolor de ovarios. Eres mazo cargante. O sea, que eres tú quien me viene y me come la cabeza con sus movidas carcelarias. Te animo después de eso, y soy yo la cargante. Pues de puta madre, tronco, de puta madre. Bah, vete a cagar. Cojo aire, de verdad que lo mataba ¿eh? Voy a darme un baño, a ver si me relajo. Gabriela, son las ocho y media de la tarde y estamos a principios de marzo, un baño de agua cantábrica no va a relajarte. Como mucho me matará, y eso ya es mejor que estar hablando contigo. –Le doy una patada a la cerveza antes de acercarme al mar, no me apetece ni quitarme la ropa.

que Sergio me está mirando mal, porque él también quería beber del

botellín, pero que se joda. No haber sido tan estúpido. El agua está helada, pero me hago la valiente y sigo avanzando, aunque la ropa empapada se me pega a la piel y noto el frío más y más y más. Quiero meter la cabeza en el agua congelada y que me apague las ganas que tengo de darle una bofetada a ese capullo. ¿Sabes? Siempre nos pasa lo mismo. Sergio aparece detrás de mí. Como es más alto, el agua tan sólo le llega por las caderas; parece que el frío no le afecte, aunque seguro que se está esforzando por aparentarlo. Y yo aquí temblando, con la tripa tan fría que a lo mejor se me han congelado todos los óvulos. Tampoco me hacía mucha ilusión tenerlos vivos y coleando, saltando e hirviéndose como en una olla, la verdad. 9


¿Qué quieres decir? No vayas a ponerte a desenterrar mierda, porque ya me tienes bastante contenta. Nada, que siempre nos pasa lo mismo. Nos usamos como sacos de boxeo, y eso es una mierda porque luego encima nos extrañamos de que el otro se haya enfadado. ¿Yo también te uso de saco de boxeo? -Me río un poco, porque me imagino a Sergio colgado bocabajo del techo, y a mí misma apuntando con los puños para darle bien fuerte en las pelotas y conseguir hacer Touchdown. Es una escena maravillosa. Sí, Gabi, y a veces das unos golpes que te cagas. Antes de que siga hablando, cojo aire y me meto de cabeza en el agua. Sigue helada, pero he conseguido acostumbrarme un poco. Y aunque el agua está densa y pesada por la sal, abro los ojos, y todo lo que veo es negro. Negro sobre negro, como diría el pintor ese. Decido contar hasta tres, por terminar de relajarme. 1. Me tengo que calmar, porque cabreada no voy a conseguir nada. 2. Al salir me pienso pillar otra cerveza. 3. Si suelta otra perla y me toca los cojones que no tengo, me concedo carta blanca

para arrearle de lo lindo. Cuando por fin salgo del agua, Sergio sigue ahí. Me mira con cara de pocos amigos, resoplando. Se ve que le he dejado con la palabra en la boca. Bueno, ¿y tu discurso diplomático en qué quiere acabar? En que lo siento. Lo miro un rato. Un rato pequeño y corto, que aún así se hace lentísimo. En realidad estoy pensando en la cerveza, en el puto frío que hace, en que he pisado un alga y estoy intentando reprimir la cara de asco. Pero bueno, está bien darle un poco de tensión al momento y que Sergio crea que no puede ganar. Aunque la verdad, yo soy un saco de boxeo blandito. 10


Bueno, no sé. A lo mejor mi discurso diplomático también va por ahí.

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CRÉDITOS CREACIÓN PROYECTO

ELITO http://piel-de-nieve.blogspot.com.es/ || https://twitter.com/Bajoelalmendro_

MAQUETACIÓN

WHILE http://wguail.blogspot.com.es/ || https://twitter.com/wguail

Gracias a quienes habéis propuesto temas. A quienes habéis votado. A quienes habéis participado. Hemos escuchado el mar y nos ha susurrado palabras. Y hemos escrito y dado vida. Así que gracias. Esta semana es toda vuestra. ELITO

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Proyecto Semanas #3  
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