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E L I S A

T O R R E I R A


“El pensamiento melancólico se tiende, cuerpo, a tus orillas” José Ángel Valente


Elisa Torreira: esperando la marea. De la emoción al conocimiento a través de las palabras y de los objetos depurados Mª del Mar Díaz González Universidad de Oviedo “Solo el que aprende bien sobrevive más y mejor. Seguir vivo en un mundo exigente (y el mundo vivo lo es), desde vivir en la selva hasta vivir en un mundo social duro y competitivo, requiere aprender, y aprender bien.” Carlos Arroyo

Elisa Torreira (Avilés, Asturias, 1961) me ha invitado a aportarle un prólogo al catálogo de su exposición ibicenca Esperando la marea (2015) y, como ya suele resultar habitual, mi primera reacción intuitiva ante tal solicitud ha desencadenado un conflicto interno entre la razón y la emoción. Aflora inmediatamente a mi mente el impulso de la historiadora del arte empeñada en la sistemática del texto, la estructuración de la trayectoria artística y la compilación de datos, con el fin de preservar su memoria. Al mismo tiempo, aletea en los intersticios de mi mente un irrefrenable deseo de expansión emocional y de abandono al gozo contemplativo de sus obras. Siento la necesidad de dejarme arrastrar sin ataduras por el entretenido acertijo de la simbólica que toda esta bellísima muestra ofrece al espectador. Afortunadamente, al requerirme una impresión personal, Elisa disipa muy pronto mis inquietudes metodológicas con respecto al planteamiento del escrito, que se dilucida desde mi cartografía emocional sin eludir tampoco, por supuesto, la breve diacronía de su trayectoria precedente. Por lo que a mí propia experiencia concierne, la artista se ha expresado al inicio desde la poesía y aún recuerdo sus escritos primeros, que ella me aportó hace bastantes años en unos pliegos de papel en busca de una opinión, sin lugar a duda inmejorable, y deslumbrada por su talento.

Carlos ARROYO: “La neuroeducación demuestra que educación y conocimiento van juntos” en El País [Blogs Sociedad], 19 de diciembre de 2013. El artículo fundamenta su reflexión en las obras Neurocultura y Neuroeducación de Francisco Mora, catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense. En línea http://blogs.elpais.com/ayuda-al-estudiante/2013/12/laneuroeducacion-demuestra-que-emocion-y-conocimiento-van-juntos.html [24/07/2015].


Progresivamente, al dotar sus evanescentes conceptos de una corporeidad latente, su poética adquirió una consistencia mucho más visual. Sin renunciar a la palabra como medio de expresión primigenio, la artista también se ha visto atraída por el venero objetual, situándose de este modo en un territorio transversal muy fértil, a medio camino entre uno y otro género, en apariencia inconciliables. Tanto por la forma de trabar la presentación de sus escritos, como por la irrupción de una cromática plana, intensa y sobria, que se fue adueñando de las composiciones, Elisa cohesionó las dos poéticas, indisolublemente unidas, ensambladas y conjugadas en una unidad sintáctica acertadísima. Quiero apoyar esta afirmación en algunos ejemplos, entre los que no puede faltar la edición artística de su poemario Efímeros charoles (2009), donde se aglutinan los textos y los dibujos. Esta obra sutil y delicada traduce, como resulta siempre habitual en los trabajos de la artista, una mirada singularmente aguda. A medida que Elisa se ha afianzado en la conformación de sus objetos, sus creaciones se han independizado del formato libro, sin desvincularse nunca por ello de la palabra, en tanto que símbolo universal codificado, inserto en la plástica pictórica desde el cubismo en adelante. La estampa-poema Tic-Tac-Tic (2009) asienta su reflexión sobre el efecto visual del propio término, cuya grafía ocupa todo el espacio plástico. No obstante, tampoco renuncia la autora al efecto nominal de esta alusiva onomatopeya que verbaliza el paso del tiempo, evocándolo yo ahora en palabras de Fernando Pessoa . Desde este planteamiento, surgen diversos poemas-objeto tales como Tac y Lápida de la memoria (ambos de 2009), probablemente una de sus aportaciones más sentida, concentrada y emotiva. Elisa cuida al máximo la resolución de sus pulquérrimos trabajos. Aparecen siempre límpidos e inmaculados, y dotados además de una austeridad sincera, lo que contribuye a afianzar más aún el plano conceptual de sus creaciones. Al hilo de su evolución artística, advertimos un interés específico por desarrollar asuntos de carácter introspectivo y relativos al tiempo, la soledad, el amor o el vacío existencial. Son temas que se nutren de su experiencia vital y que anidan en su memoria personal tal y como se advierte en determinadas piezas escénicas, entre las cuales Por el desván de mi infancia (2011), donde Elisa transita por los recuerdos de su niñez, tal y como aparece reflejado en el enunciado de la invitación de la Sala Vorágine.

“Del otro lado de mí, allá por detrás de donde yazgo, el silencio de la casa toca al infinito. Oigo caer el tiempo gota a gota, y ninguna gota que cae se oye caer”. Entresaco esta cita alusiva al paso del tiempo proferida por el siempre fascinante Fernando PESSOA: Libro del desasosiego, Seix Barral, 1984, p. 94.


Cierto es que esta intervención ya había sido vivificada por ella en diversos lugares desde 2009. Sus obras más complejas se han ido enriqueciendo con sus propias intervenciones corporales, apropiándose de ese modo del espacio ambiente, en tanto que contenedor de unas semillas creativas tan escuetas en el plano formal, como profundas en el simbólico. La dialéctica de estas aportaciones, imbricadas en terrenos deslizantes, incrementa la complejidad de sus referencias, por cuanto la artista se vale de toda clase de recursos que se suman en propuestas de difícil clasificación. No renuncia a la noción objetual, pues ahí está, tampoco reniega de la creación artística tradicional para materializar sus piezas, ni del plano literario como enunciado omnipresente. Incorpora asimismo recursos teatrales y efectos sonoros, resultando de todas estas asociaciones unos trabajos poliédricos muy arriesgados asimismo, debido al compendio de medios expresivos en liza que multiplican la dificultad de la concepción. Llegada a este punto de mi argumentación, siento la necesidad de insertar su última instalación, Esperando la marea, en el ámbito de la emoción, por cuanto entiendo la vía perceptiva como un medio apropiado para la adquisición del conocimiento, y de eso trata la propuesta de la artista. Desde que emprendió su trayectoria en 1996, Elisa Torreira se ha empeñado en forjar su aprendizaje artístico sin desvincularlo nunca de su experiencia personal, subyacente siempre en todas sus obras. Aprendemos más y mejor aquellas disciplinas y cuestiones que nos deleitan, conmueven o perturban y profundizamos, por lo tanto, nuestro conocimiento por medio de la emoción, como vehículo de educación individual. Las piezas que componen esta instalación traducen la sabiduría personal de la artista, su entendimiento vital y su proceso de aprendizaje constante. Estas directrices, formuladas en sus obras como una auténtica autoexigencia personal, la llevan a columbrar retos creativos cada vez más estrictos y, en el acercamiento a su trayectoria, ese planteamiento riguroso salta muy pronto a la vista de cualquier espectador interesado. He destacado líneas arriba la cualidad de su mirada selectiva, atenta a los detalles más tenues como se puede advertir en instalaciones de fértil inventiva, tales como Casas de viento, sostén de caracoles perdidos (2003) o Congoja de una hoja (2009) donde, entre otras muchas piezas, se enuncia la acción creadora de la naturaleza. Esta peculiaridad, sobre la que la artista asienta sus poéticas visuales,


es una de las que más retienen mi atención. Sin que se pueda insertar propiamente su trayectoria artística dentro de una dialéctica ecologista, sus instalaciones no son ajenas a esa preocupación muy honda por el entorno, que es arrastrado selectivamente por ella a sus obras. Al ensamblar su quehacer con la acción modeladora de la naturaleza, logra de este modo una amplificación contundente del mensaje. Las piezas que componen la instalación Esperando la marea profundizan más si cabe el paradigma del contexto natural, del que se nutre Elisa y al que glosa incesantemente. Centrada en los desechos del mar, detiene ahora su mirada en los materiales más humildes y, posiblemente, más anodinos e imperceptibles para cualquier paseante. El azar dispone a diario los despojos sobre el manto de arena y la mirada escrutadora de la artista los exhuma con parsimonia de coleccionista. Arte y vida se aúnan de este modo en un cúmulo de referencias interpersonales que ella misma invoca en su intervención escénica: “Esperando la marea comprendí./Soy el mar./Yo soy el mar”. La mirada ávida y escrutadora de la artista se empeña a diario en la búsqueda de tesoros inertes que el insondable útero marino tiene a bien concederle para labrar sus preciosos trabajos. Entretejidas de posidonia, las pelotas pautan el pentagrama objetual de este discurso estético, completado asimismo por medio de dibujos, estampas y por dos libros de artista, que sintetizan su viaje experimental. Al margen del proceso selectivo diario en la playa, su intervención avala su insistencia en la simbólica de los hallazgos, que hablan por si mismos para ella. Elisa y la mar se concitan a diario para intercambiarse sus secretos, la una se confronta impaciente a la espera de una incógnita indefinible, la otra le entrega avariciosa sus excrecencias. Tanto como la instalación misma, interesa destacar este proceso de gestación competitivo entre ambas contendientes. Indudablemente, el desarrollo procesual implica a la artista al conocimiento del medio y a la traslación de sus vivencias, configuradas de certezas evanescentes. En mi opinión tamizada por el afecto y la emoción, así se apuntala su aprendizaje vital y artístico, cuyo enunciado nos ha sido ofrecido ahora a la contemplación para que entresaquemos nuestras propias conclusiones. ¡Yo así lo hice y os animo a seguir el mismo rumbo!


Hoy regreso al olor de la espuma, me acerco m谩s y grito. S贸lo el silencio Solo.


Es posible que la forma de llamar haya cambiado y yo no lo sepa, que la sordera del mar no sea sordera sino confusi贸n, que la atenta mirada de su profundo no me vea.


Es posible que la chachara del agua, hoy, tenga dificultades.


En la espera


Poema visual


libro de artista S/T


Poema visual “Tu nombre salpica mi memoria”


Libro de artista S/T


Instalaci贸n


Acci贸n po茅tica


Esperando la marea comprendĂ­: Soy el mar Yo soy el mar


Agradecimientos: Diario de Ibiza María del Mar Díaz González Susanna Rozsa José Ferrero Vicent Torres Ferrer José LuisTorres Ferrer Diana Bustamante Giovanni Tarallo Anamaría Bilanin Yolanda Veny Catalina Bonet Pepita Torres Juana Garrido Ana I. Molero Alexandra Stchmitová Garden Art Gallery y a todos los que, de un modo u otro, me habéis acompañado en este proyecto.


Profile for Elisa Torreira Pérez

Catálogo "Esperando la marea"  

Catálogo "Esperando la marea"  

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