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E LI SA O' FARRELL


LIVING 2017

Ministro Brin 1300 *

El Grabador cuenta que cuando sos nuevo en el barrio quieren saber quién sos vos. ¿Quién sos? La Artista llega al taller del grabador acelerando el pedaleo y escondiendo su teléfono. Dobla por Olavarría. No puede seguir porque la esquina está vallada. Se acerca a uno de los muchos policías. Ante la pregunta de la artista, el Policía sube los hombros y hace una mueca como diciendo “pasa algo sin importancia”. La artista insiste. “Nada. Nada importante”, se impacienta el policía, “lo de siempre. Un desalojo, seguí. Entra por la otra cuadra”. El Galerista estaciona el auto en la puerta del taller. Cuando baja aparece el Pibe: dame la llave y rajá. El galerista hace caso y entra al taller, pálido. Le cuenta al grabador, que inmediatamente sale corriendo. El auto seguía ahí estacionado. Caminando por la calle ve al pibe. Lo alcanza: “¿qué hacés?, ¿le robás a tus vecinos vos?”. Y el pibe devuelve la llave pidiendo disculpas. La Artista le explica al Grabador que lo que le da miedo es que el tapizado de los silloncitos Luis XV no contraste con las cortinas de terciopelo negro. “Negros de mierda”, dice el Vecino y se alegra cuando agarran a un pibe, “uno menos”, dice. El Arquitecto dice que su consigna fue transformar esa gran caja blanca en un hogar cálido con una impronta masculina de alta calidad. En un espacio robado al dormitorio principal, armó el vestidor, con estantes para zapatos, barrales para camisas y grillas para corbatas. Pero la vedette del espacio sigue siendo la cama hecha en madera de caldén y encima un cuadro que enciende el color del acolchado en crudo. El Pibe toca la puerta del taller y le pide al grabador dormir nuevamente en su auto. “Al final se usa más como cama que como auto”, dice el grabador. La Artista le cuenta que la Aguatinta se usaba para la reproducción de obras de arte, que leyó que servía para trasladar pintura al óleo al grabado, por su efecto pictórico. “Furniture prints”, así era considerada la Aguatinta en su momento, una estampa que es un mueble, como una obra que se usa como mueble, como un mueble sin utilidad, que la utilidad de la obra sea ser mueble, o parecer mueble… Mientras sigue hablando, la artista expone la chapa en el percloruro. Dos minutos y medio. Más exposición para las cortinas de lino color piedra, piensa. Un minuto treinta. Mira para afuera y ve las piernas del pibe que salen por la ventana del auto. “Energizada y revalorizada, La Boca se encuentra en uno de sus mejores momentos. Es el boom de los murales. En los últimos meses se llenó de un Street Art maravilloso que logró transformarla y embellecerla”, dice la Periodista. Pasa la camioneta de la brigada anti vandálica. Blanquean una pintada que dice: Ley de emergencia habitacional ya! El premio al que más blanquea es mucha cerveza. La Artista habla de gentrificación. El Grabador del día a día. El Jefe de gobierno dice que la gentrificación no existe. La Directora del Centro de Arte Contemporáneo, que es inevitable. La Vecina organizada dice que el barrio está pasando por la etapa final de un proceso de gentrificación. Acelerado y violento. El Teórico, que el artista es cómplice de esta gentrificación. Una fuerza expedicionaria. 22 de marzo. La artista va llegando en bici. En la esquina un contenedor corta el tránsito. No cree que sea un desalojo, demasiado revuelo para algo “sin importancia”, piensa. El Grabador la espera en la calle. Está preocupado. “La policía mató a mi vecina”, dice. La policía, que presuntamente perseguía al delincuente, mató a su vecina que tomaba mate en la vereda. La amiga está hospitalizada. La Periodista busca entrevistar al marido o al hijo, tocando insistentemente la puerta del conventillo. La Radio no dice nada. El Vecino culpa a los Pibes. Los Pibes a la Metropolitana. La Metropolitana a la Federal. El Grabador y la Artista lloran. La artista continúa pintando los pliegues del sillón laqueado gris plomo. Afuera, los vecinos exhiben los perdigones de plomo que tiró la policía. La radio habla de la Marcha Federal de los docentes. “Más vale que nos gane el enojo y no la tristeza”, dice el grabador y salen todos para la plaza. La escena se completa con un muro donde se suceden obras de arte, una banqueta y una pared de intenso color uva que inspira dramatismo. El dueño agregó otro muro divisor de machimbre y vidrio, sobre el que aplicó un vinílico que en inglés dice: vive una vida tranquila. 6 de abril. Paro Nacional. La artista pregunta si el taller va a estar abierto. El grabador piensa que está del tomate. “Vos vení, total, yo voy a estar en el puente”, responde. La artista entonces no va al taller el día del paro. Se queda en su casa leyendo revistas: la impactante escalera que conduce a este clásico departamento de fines del siglo XIX en un sexto piso, muy lejos de la calle y la multitud. Al día siguiente, el grabador cuenta: Al puente Pueyrredón lo cortaron ellos. Se fueron a las 3 de la mañana con toda la policía, cortaron ellos. Y cuando llegó el movimiento piquetero, estaban ahí mirando como diciendo: “ojito que te estoy marcando el terreno”.

La radio dice que los gendarmes van a recuperar la calle.

nueva colección de mesas de mármol inspirada en la piedra natural más antigua.

La artista bruñe la pared del living; contemporáneo, elegante y minimalista, como su dueño. Dos mujeres toman mate en la esquina. Por Brandsen pasa un colectivo amarillo, sentados en el segundo piso van los turistas. Una pelopincho se llena en la vereda. La vecina dice que están en la calle porque no tienen espacio en sus casas.

2 de agosto 1907. Sobre las mujeres recayó una responsabilidad extra: enfrentar las amenazas de los desalojos. La Prensa cuenta que la policía intentó desalojos en un conventillo, pero las mujeres ya estaban preparadas e iniciaron un verdadero bombardeo con toda clase de proyectiles. Las conventilleras colocaron enormes calderos con agua hirviendo amenazando despellejar a quienes intentaran echarlos. Un siglo antes, ésa había sido la táctica contra el invasor inglés. Ciento diez años después la pancarta dice: la gentrificación es el nuevo colonialismo.

“Estás en la calle sin un mango, consumiendo”, le dice el grabador al pibe que duerme en su auto. “Llevás y traés, y te tiran una bolsita”. El responde “y si, es fácil caer, cuando lo tenés en tu casa, en la casa de una vecina”. “Si, yo te entiendo” responde el grabador “ahora, los que están en tu casa, en la casa de la vecina, son los que venden, tienen plata y duermen adentro de la casa, calentitos. El que duerme afuera sos vos”. Yo sólo duermo con caanon! Con ningún otro duermo yo! Yo me renuevo con canon! Canon es mi colchón! Dormir! Soñar! Canon es mi sueño! El arquitecto cumplió su sueño, demolió la cocina y la rehizo a su manera agregándole un office y un comedor diario fullcolor. Una verdadera revolución. Entra al taller el piquetero. En su gorra dice “Los Pibes” y en su remera “Revolucionados en la calle”. La artista le dice que lo reconoce de la tele, de cuando le hicieron la entrevista por la vecina asesinada por la policía. El piquetero responde: nos hacen famosos para estigmatizarnos. Y ríe. El grabador le estampa las pecheras. Y charlan: “La Boca tiene memoria histórica, pero con mucho polvo encima”, dice el piquetero. Y se va. En lo más alto de un edificio neoclásico con balcón incluido, el arquitecto remodeló íntegramente un departamento, generando vistas imperdibles sobre una Buenos Aires de tipas y fresnos. La artista expone la chapa y espera un minutos y medio. Mientras tanto mira el balcón del vecino con una bandera de boca colgada que dice: policía asesina. La vecina cuelga la ropa en la vereda. El pibe pasa vendiendo medias. El presidente dice que va a traer casas chinas. El loro de enfrente canta la marcha peronista. El desempleado pregunta si va Randazzo o Cristina. El pibe pasa vendiendo repasadores. A la policía se le perdió una bala. Se investiga si se le perdió a la metropolitana o a la federal. Mientras tanto, estacionado en la puerta del taller, está la camioneta de la prefectura, hace meses, protegiendo al testigo. La artista se sube a la bicicleta después de diez horas de trabajo y ocho minutos y quince segundos de exposición, y llora frustrada: la lámpara de hueso con alpaca no contrasta con la banqueta roja, súper moderna. “¿Cuál es el valor más alto?”, pregunta el grabador a la artista. Los almohadones de cuero de carpincho, contesta ella. “¿Cuál es el problema ahora, oficial?”, pregunta la artista al policía que corta nuevamente la calle, “¿otro desalojo?” En lo que va del 2017 se iniciaron al menos 72 juicios por desalojo en el barrio, lo que afecta a más de 350 familias, en el marco del avance del Distrito de las Artes, un plan inmobiliario impulsado por el Gobierno de la Ciudad. El artículo 29 de esa ley no se cumple: facilitar la permanencia de las familias radicadas actualmente en el Distrito. La vecina organizada se cruza con el vicejefe de gobierno y le entrega la lista y los números de expediente. El vicejefe le responde: ¿pero tu queja es en contra o a favor de los desalojos? 10 de abril. “Buen día”, dijo el sistema automático mientras sube tus cortinas Duette en la mañana. Cortinas inteligentes que simplifican tu vida. Llueve. La radio habla de un fin de semana de represión. El docente se da una vuelta por el taller de camino a la escuela. “Ahí estábamos debajo de la lluvia, y los policías impidiendo armar la carpa. Si soy cana me tiro del puente, mi vida fracasó. Por ahí no pueden dormir a la noche”. “De noche y de día está el tipo”, dice la vecina cuando entra al taller. Tiene miedo. “Hace diez años vivo acá, nunca había tenido miedo”. El tipo con capucha le chifla, al día siguiente la persigue un par de cuadras, la mira a ella y a su hija de 13. “No sé quien es, no quise mirarlo a los ojos, pero no es de por acá. Es porque la gente está muy metida, por el frío; con la gente en la calle esto no pasa”. “El tipo se confundió de barrio”, dice el grabador y escolta a la vecina a su casa. La radio dice que en ningún lugar del mundo a las 5:20 de la mañana una chica puede andar sola por la calle. La feminista dice que su hija no tiene la libertad de circulación que ella tuvo. “Es un momento en que hay un poder de dueños, una época de dueñidad”. Dueña de la calle, dueña de mi cuerpo, dice la pancarta. El diccionario dice que la propiedad es un hecho de poseer alguien cierta cosa y poder disponer de ella. Se la ve a Cindy Crawford parada encima de una mesa de mármol agarrándose el tajo de su vestido negro. ¡Sensual, distintiva, elegante y eterna, como la

Luego de una larga estadía en París, el decorador fue contratado para redecorar la casa. Esta puesta a punto buscaba ese estilo mezcla de casual, chic y canchero que caracteriza al decorador, claramente influenciado por sus años de residencia europea. “Creo en las casas vivibles, donde todos pueden pasarla bien” dice. 25 de abril La radio dice que el presidente inauguró una planta de Techint en Texas. Techint es el apoyo permanente del Centro de Arte Contemporáneo. El Centro de Arte Contemporáneo exhibe actualmente Un salto al vacío de Yves Klein. A la vuelta del Centro de Arte Contemporáneo dos personas saltaron al vacío por un incendio intencional. No les quedaba otra que saltar, dice el vecino. “Muchas veces se generan incendios intencionales para que las familias se vayan del lugar y se pueda vender la propiedad a mejor precio”. Las chapas se caen lentamente. La madera es vieja, como aceitada. Madera de quebracho que está plantada en el suelo hace cincuenta años. “Nos decidimos por el piso de roble”, dice la dueña, “y las paredes enteladas en rafia negra, que parecen a punto de desaparecer”. La artista mira las estampas. El oleo abstracto se confunde con el florero. El Siquier necesita más exposición en las líneas. Al Benedit hay que bruñirle los costados. La señora del cuadro tiene que dar la sensación de estar saliendo por detrás del sillón blanco. Perdí la pata de la silla del Cohen y al Lockett, hay que darle más contraste en la frase: mirar hace bien. El grabador entinta la chapa mientras cuenta: En el 2001 yo vivía en San Cristóbal, un departamento que alquilé durante diez años. Y después de que se prendió fuego el país no había laburo. Pasé seis meses donde no me entraba guita, no podía pagar el alquiler. Al tercer mes el propietario me apretó. Me asusté. El abogado después me dijo, “pagá y andate. Si te hubieses afanado un millón de dólares te salvas, pero de ésta no”. La artista coloca la chapa en la prensa y encima el papel humedecido. Ajusta la presión y va dando vuelta la manivela. Pasa el docente a saludar. “Mis alumnos están quedando en la calle”, cuenta. Mira la estampa y pondera el piso de roble de eslavonia y el mueble que se recorta contra el blanco, en habitaciones frescas y despejadas. El Primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle dice que son 4.500. El Censo del gobierno se hizo en tres horas, un día de lluvia. Al grabador le robaron el auto. “¡Barrio de mierda!” le dijo el vecino. “Caballito barrio de mierda, me lo robaron ahí”, contesta el grabador. Y el pibe se quedó sin cama. 8 de mayo. La artista va llegando en bicicleta. Llueve. En la esquina un contenedor corta el tránsito. En la vereda del taller, el docente y el inquilino, pasan el lampazo. Sacan cajas y ordenan. El agua entró hasta las rodillas. No hay luz. La artista ayuda con el orden. Encuentra una bolsa con fotos viejas del grabador y las va desparramando para que sequen. “Salía todo por la alcantarilla allá en Brown”, dice el grabador. “A la vecina de acá al lado también le entró agua, la ayudábamos con un secador, pero no dábamos a basto. Y a la viejita de la esquina la sacamos de su casa, no se podía estar. En menos de media hora estábamos bajo agua. A mí me flotaban las estampas, los papeles, las latas, los yablones, los cuadros. El problema es cuando te flota la cama, el sillón, la mesa, las sillas, la ropa, tu casa”. Un sofá blanco, abrigado con una manta de arpillera y un popurrí de almohadones, se recuesta sobre una pared en la que convive una ecléctica colección de espejos y un cuadro. La artista va al Gallery Night de La Boca. Con mapa en mano recorre los puntos marcados. Entra a un enorme galpón blanco. Recorre los metros cuadrados y se queda mirando una paloma gris envuelta en una toalla. Mientras, escucha al curador que dice: “Sus creaciones focalizan las diferencias sociales y cómo estas afectan las interacciones interpersonales, las emociones y las relaciones humanas, trabajando la estratificación social, el capital cultural, la imitación de clase y la seducción. Su objetivo es el escrutinio de las estructuras jerárquicas, las relaciones de poder, la caridad y la empatía”. La artista se toma un vino. Camina al próximo destino. Debajo de la autopista, hay una instalación lumínica. “La degradación del bajo autopista y lo desconectado que está del resto de la ciudad, me estimularon a pensar y a tener ganas de hacer una obra que transforme realmente esa situación”, dice la autora. La artista se toma otro vino. Se le acerca un agente inmobiliario para felicitarla por su labor de hace diez años en una galería de arte de San Telmo.

En el 2006 la artista trabajaba atendiendo al público. “Ustedes fueron las pioneras”, le dice emocionado. “Ahora todos están en zona sur”. Ella lo mira desconcertada y dice: “lo hacía por el dinero”. La artista trabajaba ahí los fines de semana, iba mal dormida y solía tirarse a descansar en la trastienda. Se despertaba a atender cuando tocaban el timbre, que no era muy seguido. Se vendía poco, algunas pinturas de vacas a extranjeros. Se las envolvíamos en fundas de esquís para que no pagaran impuestos en la aduana. La galerista esperaba una oleada de extranjeros que comprara en dólares, pero nunca llegó y entonces cerró. Al día siguiente en el taller, la artista cuenta sus recorridos por el Gallery Night. “Esos pagan menos abl que los conventillos” dice el docente y empieza a cantar: El distrito de las artes es una gran mentira ira ira Todo hecho sólo para gente rica ica ica La revolución de la alegría ía ía Llega al barrio de la boca oca oca La directora del Centro de Arte Contemporáneo dice que el Distrito de las Artes tiene que ver con la tradición porque recupera la idea del arte como revolución social. “Hiciste tantas cosas vos por el barrio”, le dice la periodista a la directora del Centro de Arte Contemporáneo, “se postularon como un faro hacia una nueva Boca. Es uno de los lugares más prolijos, más maravillosos, de conexión con el mundo, de excelencia, donde se cuelga lo mejor del arte”. La artista se acuerda cuando descolgó sus obras del Centro de Arte Contemporáneo. “Como Institución considero que si la artista no está conforme con el trato y formas de la institución, debe retirar su trabajo”, le dijo la directora a la artista un año atrás. ¿Cuál era el trato? No iluminar las obras. ¿La excusa? La crisis energética. “Energía creativa” dice el Stand del Distrito de las Artes de Arte BA. En el video se ve un artista con taller en La Boca, debajo, el logo del gobierno de la ciudad y un par de folletos promocionales: Que buscan la regeneración urbana desde la actividad cultural. Que los murales apuntan a revitalizar el barrio. Que La Usina es un referente cultural. Que el artista representa la energía creativa. El grabador prepara la bandera y estampa los delantales para la olla popular. La decoradora dice que nada le importa tanto como lograr atmósferas de lujosa sencillez. Así rehízo el comedor, de una sofisticada simpleza, acorde con su uso ocasional. Cuelgan ollas y accesorios de bronce, llamativos y resistentes. El Comedor comunitario resiste un intento de desalojo. La radio no dice nada. Pasan el audio del oyente que dice: “vivo en la boca, antes prefectura estaba 24 horas, ahora la policía sólo de día, pregunto si no la pueden poner todo el día?”. El vicejefe le responde: estuve hoy en La Boca, Gastón, con reunión de vecinos a la mañana, es verdad lo que plantea, sienten que han perdido seguridad, pero nosotros estamos llevando el plan integral de seguridad que hemos lanzado hace un mes y medio con Horacio, la policía va llegando a todos lados, necesitamos más policías en la calle”. El grabador estampa afiches contra la violencia institucional. Que no maten a un pibe más. El candidato dice que están haciendo un metro más de asfalto, una salita más, un pibe más que está preso. La radio no dice nada porque los dueños no pagan los sueldos. Un óleo corta con la rigidez de la atmósfera. Salió el sol y el grabador rasquetea el frente. Viene el desempleado de visita. “Es difícil cargar con el estigma del propio barrio, que empiecen a hablar mal de vos porque no llegás a pagar el alquiler”. Vive en un conventillo sobre Brandsen hace cuarenta años. “Lo vendieron con nosotros adentro”, dice. “Terreno en venta en La Boca – Martín Rodríguez 500. A una cuadra de la futura Universidad del Arte y del Proyecto Nueva Bombonera”, dice un aviso publicado en Clarin.com por Tringali Propiedades. Pero al cliquear, el terreno se vuelve conventillo. Y aparece otro pequeño detalle: “Propiedad ocupada, sus ocupantes poseen sentencia de desalojo, salvo uno”. “Y uno piensa que se está volviendo invisible”, dice el desempleado.

* Este trabajo comenzó en febrero del 2017. Surge a partir de la invitación de la Galería Atocha, especializada en obra gráfica. La galería Invita a los artista a que realicen una obra inédita en una técnica de grabado. Durante siete meses la artista trabajó en una serie de aguatintas en conjunto con un grabador en el taller La Panadería, ubicado en el barrio de La Boca.

Publicación Living 2017  
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