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Academia del Perpetuo Socorro

octubre 2016

Arte por: Ana Acosta


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Carta editora Querido lector, Al toparte con las hojas de esta edición de Elipsis, te escaparás al mundo de las palabras. Volarás entre las páginas sin punto final en mente, alternando entre el pasado y el futuro, y a la vez en el presente. Despierta Boricua, que lo estadounidense viene. Si eres Frida, deja a tu Diego por un tiempo. ¿Paz y guerra, la plaga social y los amigos falsos? Otros problemas del mundo viviente. Olvida el “finsta” y la rutina, que hay otro día en el horizonte. Con la isla dormida, árboles obstaculizando el tránsito y la horrible presión de las solicitudes universitarias, despierta la creatividad de los adolescentes. Entre microcuentos y “La maleta” despeja la mente. Perpetuanos en fin, exalumnos, maestros y estudiantes, intercalándose entre sí, sin comunicarse oralmente.

Índice

Elípticos 2017

La voz poética En primera persona Rincón boricua Elípticos por siempre Política Cuentos Ensayos Microcuentos - Maratón de la lectura Humanos de Perpetuo La maleta La cervantina

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La voz poética

Alza el vuelo, pajarito Por: Alexandra Rodríguez Evans Alza el vuelo pajarito, aunque perdido estés, que el rumbo se desdibuja si no hoy, mañana tal vez. Mantén firme aquellas alas, aunque muertas del miedo estén. Son sobrevivientes porque lo natural es padecer. Recuerda siempre pajarito que por más alto que te ves otro aún más alto ronda y estate con eso bien. Respira lento y profundo. Todavía no hay que saber de aquella próxima rama donde los pies has de poner. Pero alza el vuelo pajarito. Ve que de muchas, una es y que de esas muchas, todas son temporeras a su vez.

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La isla se ha dormido Por: Jorge Jimenez En un alegre miércoles de septiembre, en el día veintiuno, Mientras el puertorriqueño gozaba sin miedo ninguno, La isla de Puerto Rico decidió dormir Y el pobre puertorriqueño se ha quedado sin reír.

Aquel que la mantiene despierta, se ha quedado prisionero de su hogar Y en vez de apreciar a su isla, ha puesto su celular a cargar. Aquel que no la pudo mantener despierta, se ha quedado pasmado Y por el miedo del calor y el Internet, a un hotel ha evacuado.

Se despierta el puertorriqueño el jueves y la Isla sigue dormida. Se limpia el sudor y él reza que la luz de su sala esté prendida, Pero la isla sigue en su siesta y ahora su celular no tiene batería. Y nada más de pensar en el calor que pasará, se le va medio día.

Pero puertorriqueño, ¿por qué de la electricidad te has dejado esclavizar? Date cuenta que se te ha dormido en la cara, para que la puedas apreciar.

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Arte por: Claudia Fernández Doble


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Plaga Social Por: Ana Burdiel Todo igual desde el principio, todo igual hasta el final. De arbolillo a arbolillo, de grito a grito, de campesino a campesino.

Todo igual desde el principio, todo igual hasta el final; contaminándonos de una plaga social que nos corrompe de diferentes maneras y nos estanca en una charca sin rumbo y sin progreso.

Si de la noche a la mañana la plaga se saciara, la ignorancia no infectara, el alcohol no emborrachara, el machismo se detuviera, el hambre se acabara, y la prostitución parara.

Si esto pasara, el progreso vendría, la charca fluiría, el campesino se salvaría y el final cambiaría.

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Otro día más Por: Adriana Rotger Otro día más, igual que los demás. Otro día observándote y enamorándome una y otra vez. Otro día totalmente cautivada por tu sonrisa, por tus ojos sinceros, que a la vez esconden un universo de pensamientos, deseos y temores como un secreto deleitoso que pocos tienen la dicha de conocer. Otro día que mis oídos son dignos de la melodía de tus carcajadas. Otro día anhelándote desde lo lejos. Otro día de miradas cruzadas y afanes reprimidos. Otro día condenada a la nostalgia y al desamor. Otro día extrañando lo que fue y soñando lo que pudo ser, atormentada eternamente con la duda. Pero… En fin, es otro día más. Otro día más desde afuera, sufriendo la aflicción del silencio. Otro día más ahogada en la desesperanza, en la soledad, en la censura. Otro día más, cada uno peor que el anterior. Mañana será, como siempre, otro día más… ¡Maldigo el día en que esto se transformó en mi realidad! 6

Arte por: Adriana Rotger


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voz poética séptimo

Flora Por: Tina Colberg Florecen en un jardín cerca de allí, unas montañas. Lucen especial, movidas por el viento, con cierta gracia. Olor de rosas llena el aire de un perfume calmo. Rojizo ya el sol con sus rayos fuertes, llenos de luces. Admiro tu luz, atardecer hermoso flor colorida.

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Arte por: Paula Fernández Doble


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Paz y guerra Por: Yénesis Cintrón En este mundo, paz tal vez no habrá. En un futuro, tal vez se logrará.

Guerra por aquí y por allá. Paz nunca se encontrará, y eso algunos piensan, pero imposible no será.

Paz no se busca, y si se busca es por guerra. Pero por oro y riquezas, sí se pelea.

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Arte por: Daniela Wittenberg


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primera persona

#TodasSomosFrida Por: Cecilia Llull Yambó Todas hemos tenido nuestro propio Diego. Nuestro Diego, el que tiene otro nombre y es tal vez menos panzón y menos comunista, pero sin lugar a dudas, se apodera de nuestro corazón. Se puede decir que Diego Rivera es un arquetipo, un símbolo universal. Todas nos hemos enamorado ridículamente y hemos mirado a alguien como si fuese pura magia. Todas hemos tenido ese amor que lo sobrepasa todo, ese amor eterno e indestructible, y que no importa cuántas vueltas dé la vida, siempre encuentra, nuevamente, el camino a nuestro vulnerable corazón (vulnerable solo por él, claro). Todas hemos necesitado a Diego tanto que nos duele el corazón. A todas nos han enamorado con palabras y destrozado con acciones. Nos besan las imperfecciones; nos acogen y nos hacen sentir íntegras; llenan nuestros vacíos y luego de que los adoramos, nos dejan peor que como nos encontraron. Todas tenemos un Diego que no nos ama como nosotras a él, que desaparece y aparece a su antojo, y cada vez que aparece nos mata un poco más. Todas tenemos ese amor que nos vuelve locas, pero de esa locura nacen las mejores cosas, nace la inspiración. Todas tenemos nuestro Diego, nuestra musa, que nos inspira a escribir, a pintar, a dibujar, a cantar, a bailar, a hacer música… Todas tenemos ese Diego que despierta esa pasión dentro de nuestro ser, muchas veces, una pasión que había pasado desapercibida. Si no fuera por mi Diego, no estaría escribiendo esto, y si no fuera por tu Diego, no te estarías identificando con esto. Como dijo la gran Frida, “Muchas veces en el dolor se encuentran los placeres más profundos, las verdades más complejas, la felicidad más certera”. Al final del día, este dolor nos puede servir para inspirarnos, para reencontrarnos

o

para

reinventarnos.

Así

que

propongo un brindis simbólico por todos los Diegos del mundo y porque algún día les llegue su Navidad. Ustedes son nuestro denominador común. Gracias a ustedes todas somos Frida. 9


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Carta al Dios de la palabras Por: Ramón Verdeja, “el vandal” Durante la mayor parte de mi experiencia académica, a mí me enseñaron que debemos valorar el inglés de la misma forma que valoramos el español. Mis maestros alentaron el bilingüismo porque, según ellos, sería útil en los estudios universitarios estadounidenses, ya que, para una gran parte de la sociedad puertorriqueña, si no estudias en los Estados Unidos, no lograrás nada admirable. Nuestra situación política y la sombra que marca la bota gigante de la cultura estadounidense, con sus ¨fast foods¨ y tiendas muy caras para el puertorriqueño común, no proveen muchas soluciones a nuestro dilema lingüístico. El inglés domina nuestras conversaciones casuales y, aún en cantidades pequeñas, se inserta en nuestro vocabulario con tantos anglicismos. Aparte del aspecto político de estadidad versus independencia, la batalla entre estos dos idiomas se desarrolla con más furia que nunca. La mayor parte de las redes sociales y del entretenimiento son en inglés, lo cual estimula un pensamiento basado en ese idioma. Son pocos los que defienden la lengua española y casi siempre son vencidos por la simplicidad y la popularidad del inglés. Es más, hasta los más apasionados del español se les zafan unos cuantos anglicismos, todo para que se entienda mejor la descripción en contraste a tantos adjetivos confusos, lenguaje figurado y reglas gramaticales infinitas y complicadas que guarda nuestro supuesto primer idioma. Sin embargo, son estas complejidades del español las que deben fortalecer su valor en nuestra cultura. Muchos dirán que el hecho de que el español es el idioma principal en la comunidad puertorriqueña es simplemente un asunto de costumbre: cientos de años de influencia española comparados a un poco más de cien años de dominio estadounidense. A pesar de esto, el inglés parece haber hecho un cambio monumental en la cultura puertorriqueña en esos cien años. Si tomamos en cuenta, además, que no somos un estado, solo una colonia, este cambio tiene aún más impacto. Por esto, se debe formar un contraataque, una resistencia, una purificación tanto cultural como lingüística para nuestro país que tanto ha sufrido bajo el puño figurativo de la libre América. La uniformidad lingüística o la pureza de la lengua no importan; un cambio de letras no disminuye el poder de la palabra. Claro, tampoco podemos despreciar las cosas que ha hecho el inglés para mejorarnos, pero que se logre una relación de respeto mutuo entre las lenguas y no una de entrega cultural. 10


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Te escribo a Ti, Dios de la poesía, del cuento, de la belleza, de la comunicación, con la esperanza de que entenderás nuestros infortunios. Rescata a nuestro idioma del torbellino estadounidense y fortalece nuestra lengua madre, bella y precisa aún en su complejidad. Ayúdanos a nosotros, los puertorriqueños, mientras buscamos lograr algo más para nuestra cultura y mientras soñamos con la libertad de nuestro idioma. Demuéstrale a todos mis maestros, los que creen en la necesidad absoluta de ser bilingües, que el dominio y amor por nuestro idioma, el español, vale más que mil idiomas extranjeros.

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Arte por: Alexandra Díaz Schenetti


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Corriendo con el tiempo Por: María José Freyre Vamos a hablar claro: el tiempo se está yendo a las millas. El tiempo se va con cada paso que damos, con cada timbre que suena, con cada pregunta que contesta la maestra, con cada snapchat que mandamos, con cada plan que se hace para el fin de semana, con cada lírica que escuchamos. Se nos va. El tiempo es independiente. No se ralentizará ni acelerará. La clave es seguirle la corriente. ¿Cuántos años a ti te quedan en la escuela? A los de octavo, estimo que les faltan cinco años y a los seniors, ocho meses. Si estamos en séptimo o en décimo, estos son los años que nos quedan como niños. ¿Qué viene después? El futuro es una conversación que retumba sobre la mesa al ritmo de la inseguridad y el desconocimiento. Escuchamos constantemente las mismas preguntas: “¿Qué quieres estudiar?”. Cuando llegamos a una edad en la que ya tenemos dos dígitos, los adultos nos hacen pensar en el futuro, sin saber que somos el ahora. Esto no significa, sin embargo, que nosotros no tengamos sueños. Entre mis amistades, Claudia quiere marcharse a Nueva York a estudiar diseño de modas y canto; las áreas de psicología y marketing le interesan. Sebastián quiere estudiar en Cambridge y vivir en Londres; quiere eliminar la corrupción política poco a poco, formando un sistema mundial nuevo. Adrianna se ve como la estrella de una telenovela o como ejecutiva de negocios en Europa y Nueva York. Yo no tengo la seguridad para decir con firmeza mis verdaderas aspiraciones, solo recuerdo anhelos remotos, que a lo mejor me servirán en un futuro. “Tienes tiempo, cógelo con calma”. ¿De verdad tenemos tiempo o es que lo exageran a favor de nosotros? A principios de décimo grado, el pensamiento “¿qué pasará con el resto de nuestras vidas?” nos asalta a las dos de la mañana. La preocupación no disminuirá hasta que tengamos una confirmación, una respuesta final a todas nuestras dudas. Estas preocupaciones no son elementales. No es nada que no se pueda mitigar con un vaso rojo y buena compañía. ¿Por qué, si somos tan jóvenes, nos preocupamos tanto? Pues, ¿te acuerdas cuando mencioné que el tiempo se va a las millas?

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El "boom" del finsta Por: Tamara Pérez Cantalapiedra “Buen día seguidores, me encontraba en mi carro saliendo de Perpetuo, escuchando música con una motivación inexplicable cuando me percato de que varias personas me estaban mirando. #SoloAMí.” Esto es un simple ejemplo de una posibilidad de un post en finsta. ¿Qué es un finsta? Finsta o "fake insta" es una cuenta que se crea en la red social de Instagram. La misma consiste en una cuenta "privada" en la que solo se les permites a algunas personas tener el privilegio de ver lo que publicas. ¿En qué consisten estos posts? En lo que tú quieras. Pueden ser anécdotas de tu vida, nostalgias, momentos felices, momentos tristes... No se trata de la típica manifestación superficial que abunda en las redes sociales. Finsta es un medio para poder expresarse y tener gente a la que realmente le intriga esa expresión individual. Es un privilegio el que una persona te deje seguir su cuenta. Esto es simbólico de que te está permitiendo adentrarte en aspectos de su vida que nunca te hubieras imaginado. Gracias a finsta, uno se da cuenta de que nadie es perfecto y de que todos tenemos diferentes dificultades e intereses y, si no fuera por esta cuenta, nunca lo sabrías. Por otra parte, finsta cuenta con más seguidores cada día y se ha convertido en una comunidad. Aquellas personas que se dan follow son como una familia llena de historias únicas y en su mayoría cómicas. Gracias a finsta, adquieres más confianza con algunas personas con las que nunca te hubieras imaginado que entablarías una amistad tan profunda. En finsta hay una gran variedad y así lo demuestran los nombres de usario: las cosas que están malas, la santa, la pasta, la Frida, tu nena preferida, los aplausos, el mosquito, la canción, la princesa, el pollito, el pueblo puertorriqueño, la reina de las malas y muchos más. Encontrarás el aspecto que nunca esperaste de una persona, pero el que inconscientemente siempre sospechaste que estaba allí.

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Un balbuceo retratado Por: Daniela Wittenberg Desde el comienzo de la vida, uno se trata de comunicar con el mundo. El recién nacido abre sus ojos curiosos y analiza su alrededor, luego, utiliza su llanto tembloroso para comunicarle a su madre alguna necesidad. Mientras el infante va creciendo, los padres se ponen ansiosos por escuchar esa primera palabra tan significativa para ellos, “mamá” o “papá”. ¿A quién mencionará primero? Tan pronto la primera letra de esa palabra, que en verdad es solo un balbuceo inocente, sale de su boquita diminuta, sacan la cámara y le toman un retrato para inmortalizar el momento. Años después, cuando el niño se tropieza con el álbum de fotos, se encuentra con ese retrato sin descripción y les pregunta a sus padres cuál es su importancia. Llenos de alegría y nostalgia, sus padres explican que en ese momento había dicho su primera palabra. Encontrar la foto le reveló una historia. Si el niño no la hubiese encontrado, los padres no se la hubieran contado. Así también sucede con las palabras y las imágenes, una trae a la otra. Con una situación tan común y simple, comenzamos a ver la importancia tanto de las palabras como de las imágenes. Las palabras y las imágenes se necesitan una a la otra. Establecen una relación de simbiosis; al convivir juntas, se benefician mutuamente. Las palabras son una forma directa y precisa para expresar los pensamientos. Son una expresión dicha o escrita de lo que uno siente, opina o percibe. Por otra parte, las imágenes son una representación visual que estimulan a pensar, recordar o criticar algo; es decir, se prestan a una interpretación más subjetiva. Ahora viene lo interesante: sin una o la otra, ninguna estaría completa, ya que una palabra u oración crea una imagen en la mente y una imagen trae palabras a la conciencia. Un ejemplo para justificar la necesidad de ambas es, precisamente, esa primera palabra del bebé. Al decir ese balbuceo que sus padres interpretaron como su primera palabra, se fijó una memoria dulce para sus padres. Mientras tanto, al niño encontrar esa foto después de unos años, le causó curiosidad y necesitó explicación. Esa es la belleza de tener ambas; cuando le encargas a tu mente la tarea de unirlas, forman un pensamiento multidimensional. Si solo pudiéramos hablar sin imaginar, o si pudiéramos solo imaginar sin hablar, estaríamos en un estancamiento mental. Nunca podríamos comprender por completo una palabra ni una imagen, ya que una ayuda a explicar la otra. Por eso, el primer balbuceo retratado es tan importante, ya que une a la palabra con la imagen y nos recuerda la importancia de ambas. 14


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¡Despierta, boricua! Por: Anónimo Querido Boricua: Ya es hora de despertar. Ya es hora de condenar esta opresión, este abuso, esta hipocresía, esta burla contra tu patria. Tu isla bella es víctima de los innumerables gringos incultos que te controlan. Te infectan el cerebro con el veneno mortal de la ignorancia y la indiferencia. ¡Gringos hipócritas! Cuando les resulta inconveniente, olvidan casi 400 años de historia. No recuerdan el maltrato de la realeza británica hacia sus ancestros en la época colonial, la Guerra de Independencia, la Constitución, los grandes patriotas que lucharon por esa dulce libertad... Ni siquiera el afamado “Give me liberty or give me death”. No, no. Eso se les pasa. En lugar de identificarse con nosotros, imitan a sus antiguos rivales y dejan que la historia se repita. Total, es diferente. Ellos son una nación monumental y próspera y nosotros una islita en yo no sé dónde. El famoso “territorio” de quien nadie se ocupa. Un Estado “Libre” Asociado encadenado al poderío estadounidense. Vivimos bajo el control de un presidente que no podemos elegir. No tenemos representación. Nos mantienen al margen, pero a la hora de imponer leyes o impuestos para llenarse los bolsillos, no tardan en percatarse de la existencia de su colonia. Y claro, las marionetas que tenemos como políticos tampoco aportan a la crisis. Se unen un sinnúmero de partidos inventados, “De la Manga Production”, en contra de un enemigo local. Critican a los azules y a los rojos, en vez de al azul, rojo y blanco. Una sola estrella que batalla internamente, desgastándose y difuminándose, en vez de cegar y superar a las 50 estrellitas infames del norte. Boricua, no dejes que te cojan de soquete. Date a respetar. Quiere a tu Patria. Cuestiona y critica la autoridad. No te conformes con la violación a la dignidad de tu Borikén. ¿Qué sabe un Donald Trump, una Hillary Clinton, o incluso un Barack Obama de nuestro Puerto Rico? Seguramente, su conocimiento se limita a la deuda, la pobreza, el crimen y la tasa de desempleo. ¿Pero qué pasa con lo que realmente es Puerto Rico? En sus vidas sabrán lo que es coger un ferri hacia Culebra con la neverita repleta o sumergir un tostón de plátano en esa salsita que deleita el paladar con sabor tropical, mejor conocida como mayoketchup. Nunca tendrán la dicha de conocer sobre patriotas como Albizu Campos, de Hostos ni Lola 15


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Rodríguez de Tió. Nunca sabrán lo que es un chinchorro en las Tetas de Cayey, un plato de bistec encebollado con arroz y habichuelas, ni las ansias por que llegue la época de quenepas. Jamás escucharán la canción icónica “La Perla” de Calle 13 , la armoniosa “Baja la tensión” de Cultura Profética, ni cantarán a todo pulmón “Mi gente” de Héctor Lavoe. Por eso, querido Boricua, te suplico: rebélate y provoca una transformación. Sé protagonista de este moderno “Grito de Lares” en el que nos armemos de nuestra voz y del amor por la patria. Es hora ya de un cambio y de dejar atrás el colonialismo. ¡Infórmate! ¡Protesta! ¡Riega tu voz! La rebeldía corre por nuestras venas. Está en nuestra sangre taína y la enriquece nuestra pasión. Haz que te arda el patriotismo. ¡Despierta, Borinqueño, que han dado la señal!

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; Elípticos

por siempre

Los días procastinados Por: Roberto Talavera Pagán Bajas la mochila del carro, a ver si eso sirve de algo. La subes al cuarto; prendes la lámpara que está encima de la mesita de noche; sacas la lectura. Empiezas o, al menos, finges que empiezas. Te haces creer que empezaste. Lees la primera oración y algo te molesta. Levantas la vista. “Los textos filosóficos me marean”, piensas. “Mucha vuelta, mucho adorno y poca sustancia”, te dices. Lo dejas. Miras hacia arriba, al techo. Te dejas ir. Tu memoria vuela. Recuerdas la conversación de hace unas horas. Piensas en ella, en sus ojos verde infinito, en su comentario sobre la polifonía en La guaracha del Macho Camacho. Una aplicación de la teoría de Bajtín que no entiendes mucho, pero te hiciste el más que entendías para no quedar mal ante los ojos verde infinito. Vuelves a tomar el panfleto. El examen es ya mismo y no puedes perder más tiempo. Tienes que hacer el intento. Si tratas, tal vez entiendas. Es que te da tanta pereza. Lo tiras otra vez; esta vez cae al piso. Agarras el teléfono. Abres los mensajes de texto: nada. “Nadie me quiere”, concluyes. Abres Snapchat: nada tampoco, pero están los stories. Algo es algo. Pulsas el primero: todos vestidos fichus, sonríen para la foto, ponen caras de nenes/nenas elegantes y famosos. “¿Janguearon ayer, un día de semana?”, exclamas. “A la verdad que esa gente nunca estudia”. “Tú tampoco estás estudiando…”. Te dan asco y te das asco. Recoges el mamotreto del piso. “Ahora sí”. Lees la tercera oración. Tampoco entiendes. La lees otra vez. Sabes qué significan todas las palabras, pero esa combinación te aturde. En ese contexto, parecen no significar nada. Ya no aguantas más. Vencido, espachurras el librito y lo escondes debajo de la cama. Te das cuenta de que anocheció. Te arrepientes de bajar la mochila del carro: ahora la tendrás que cargar por la mañana. Total, no sirvió de nada. Apagas la lámpara que está encima de la mesita de noche. Te acomodas y cierras los ojos. “Mañana será otro día”, te engañas. Otro día más de procastinación y de vida…

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Cuentos

Entre el pasado y el futuro Por: Natalia Sánchez Rocafort Juanita Sofía Arroyo Guzmán nunca había llegado tarde en todos sus diez años en la escuela. Sí, había faltado, eso lo puede admitir, pero no fue su culpa que unos de esos mosquitos cargando el dengue o chikunguña o zika (o cualquiera de las quinientas mil variedades de las tres) la hubiese picado e infectado. Es más, Juanita Sofía Arroyo Guzmán era tan buena estudiante que nunca había recibido uno de eso slips por haberse vestido inapropiadamente en un casual day, por tener la falda o medias muy cortas o por no haberse puesto los zapatos negros que pararon de estar de moda a principios del siglo diecinueve. Así que imagínate lo totalmente horrorizada que estaba el primer día de clases de undécimo grado cuando se dio cuenta de que todas sus faldas le quedaban un poco más apretadas y cortitas que el año pasado. Nota al calce: Cuando Juanita dice “cortitas,” se refiere a que el dobladillo estaba dos pulgadas por encima de su rodilla, crimen que, en el momento, la joven pensaba que la condenaba a una muerte lenta y dolorosa. Notando la desesperación y ansiedad de su nieta, Juana Marie Guzmán Moreno (abuelita de Juanita por parte de la mamá) cayó en el sofá con un sutil plop. Se acomodó, prendiendo la tele para ver a Walter Mercado III, y preguntó: “pero, ¿qué te pasa, mija?” Horrorizada, Juanita apuntó a su falda. La abuela cerró y abrió sus ojos, enfocando su mirada, pero no encontró nada fuera de lo común en su nieta. “Nena, ¿no te afeitaste o algo? No te preocupes, tal vez estoy un poco ciega, pero no se nota.” “¡No, abuela! ¡Es la falda! La tengo muy corta…” Hubo una pequeña pausa entre las dos- entre el pasado y el futuro, entre cómo eran y cómo serán- antes de que Juana Marie Guzmán Moreno soltara una risa que causó que una manta rojiza cayera sobre los cachetes de Juanita. “Abuela, ¡no te rías!” “Claro que me voy a reír.” La mujer mayor de edad respiró hondo, controlándose y evitando prolongar la vergüenza de su nieta (acción contradictoria a lo que sale en How to be a Grandma’ 101, libro que arduamente presentaba cómo la acción de avergonzar era un aspecto necesario para ser abuela.) “Nena, ¡olvídate de eso! Hay mayores problemas en el mundo, peores males que enfrentar, grandísimas decisiones que tomar, ¿y tú te preocupas de lo largo que es tu uniforme?”. Juana le dio al botón que subía el sonido de su televisión, dejando que la voz de Walter Mercado III inundara la sala. Sus ojos se quedaron mirando la palma de su mano, ojeando los millones de secretos, miles de aventuras y cientos de consejos escondidos entre 18


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las arrugas. Subiendo su mirada, se fijó firmemente en la adolescente inquieta que tenía de frente. Hace años, su abuela había sido la estrella brillante que guio su camino. Ahora le tocaba a ella y, sintiendo los años caer sobre su ser y la gran diferencia de edades expandiéndose en el espacio entre ellas- entre pasado y futuro, entre cómo eran y cómo serán- la empezó a aconsejar. “En mis tiempos eso sí era un problema, pero yo iba a la escuela superior en la era de los dinosaurios, mija. Imagínate, había veces que solo me ponía el jacket de la escuela" -y bajando la voz como si fuera un gran secreto -porque verdaderamente lo era, el gran secreto de la vida eterna- dijo: “Iba sin camisa”. Juanita Sofía Arroyo Guzmán se rio, las palabras “sabias” de su abuela la habían calmado un poco. No podía ni empezar a imaginar lo traviesa y rebelde que había sido aquella mujer durante su adolescencia. Guardó todos sus libros en el bulto y lo cerró, finalmente zumbándolo sobre su hombro. “Okay,” le tiró una de esas miradas que, escondida entre la rebeldía y el orgullo adolescentes, decía “te amo”. “Me voy entonces.” “Ay, espera. ¡Juanita!” La adolescente paró bajo el umbral de la puerta. Se viró, subiendo sus cejas, y esperó el anuncio abrupto de su abuela. “Llámame si te regañan por el color de tus mahones o algo así. Eso sí sería absurdo”. “¡Me voy, abuela!” Juanita salió por la puerta, cerrándola en su camino. Con un pequeño respiro, soltó la ansiedad que la había atormentado por la mañana. Mientras recorría la pequeña distancia entre su casa y la escuela, le vino una idea a la mente. Sacó su jacket de su bulto y siguió andando.

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Arte por: Andrea de León


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Una historia colectiva Por: Adriana López Encarceladas en nuestros pensamientos… Rodeadas de cuatro paredes que nos llenaban de imaginación e intelecto, decidimos anudar nuestras mentes con el fin de crear magia a través de la palabra. Juntas, unimos nuestros propios sueños y fantasías. Dentro de un mar de letras fuimos confeccionando una historia que de oración en oración era un sinsentido en donde se liga un pensamiento a otro para encontrarse en un mismo final…

Perdida…, me encontré El hotel se quedó sin luz durante una noche y él aprovechó para besarla. Encontró el rostro con sus manos y por su cobardía, la soltó rápidamente. El hombre escapó, rápidamente, sin dejar rastro, pero la mujer se propuso encontrarlo. Meses pasaron y al fin lo encontró con otra a su lado. Le dio una cachetada y lo mandó a alejarse de ella. La mujer escapó en llanto y en la caja del olvido decidió dejarlo. Con el corazón en la garganta, respiró, profundamente, y decidió emprender otro camino. Ella, luego se fue para Argentina y allí conoció a un hombre con quien posteriormente se casó, aunque nunca lo llegó a amar tanto como al otro. Un día se llevó la sorpresa, la cual jamás pensaba recibir. Entendió por qué no podía estar con el argentino ni con ningún hombre…

Escrito por: Andrea Cabrera Ariana Cabrera Alexandra Cordero Carmen Fernández Cecilia Llull Adriana López Ana Montenegro

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Portal de hojas Por: Myrelia Marrero La fila de carros en el expreso veintidós era increíblemente larga. El día había sido caluroso, típico del trópico. No había señal de lluvia, de accidentes ni de nada por el estilo… entonces, ¿por qué el tapón? El sol comenzaba a caer y los postes de luces se prendían a su hora acostumbrada. Llegó un punto en que todos los carros se estacionaron, ya que no se movía el tránsito y no encontraban necesidad de gastar gasolina en algo que duraría fácilmente dos horas. Las personas se fueron bajando de sus carros y aquellos que pudieron ver la causa del tapón se la comunicaron a los que estaban detrás. Era un juego de secretitos entre los milenarios. En el juego de secretitos, el mensaje original usualmente se pierde entre palabras y malentendidos, pero este llegó claro a todos los oídos. La causa del tapón era sencilla: un árbol caído atravesaba los carriles del expreso. Quedaron estupefactos ante la idea de un árbol en el medio de la calle, “¡es un peligro!”. Pero nadie optó por preguntar cómo pasó; no había viento ni lluvia que pudiera causar eso. En un área sin árboles, ¿de dónde habrá caído uno tan grande y grueso como para obstaculizar todos los carriles? Nadie tampoco preguntó por qué a partir de ese árbol no había luz en los postes ni en los carteles. Horas después, lograron remover el árbol y las personas continuaron el rumbo a sus respectivas casas. Estaban todos pendientes a que los noticieros dijeran algo sobre el incidente para saber si fue madre Tierra o el gobernador con sus planes estupendos. Aún nadie se daba cuenta de la falta de luz, hasta que perdieron la señal en los radios y los celulares y se vieron obligados a prestar atención a sus alrededores. Los edificios desaparecieron y no había postes ni carteles. Las calles no estaban pavimentadas y no habían rótulos de dirección. Llegaron a sus casas para ver que en vez de urbanizaciones, era una aldea enorme; eran distritos en vez de pueblos. Sin poder seguir la vida rutinaria de prender el televisor, cocinar en una estufa eléctrica o conectarse al Internet, salieron todos y se reunieron en el centro de la aldea. Allí discutieron el hecho de que cómo era posible que teniendo todos estos artefactos e innovaciones ninguna funcionara. “Tiene que ser el gobernador, metiendo la pata siempre”. “¡Los estadistas!” y “¡Revolución!”. Tú sabes, la clásica, porque en este país es todo el gobierno. Las horas pasaron y aún no descifraban el problema, pero nadie se aburrió. Aquellos analíticos se pusieron a pensar. Los escritores redactaron cuentos y algunos comenzaban novelas. Los dramaturgos improvisaban hechos. Otros, se quedaron en el centro de la aldea contando historias y anécdotas bajo un cielo estrellado y una luna resplandeciente. Esa se convirtió en la nueva rutina para los milenarios, todavía sin darse cuenta de que el árbol era un portal a varios siglos atrás. 21


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Maratón de la lectura El ocho de septiembre decenas de estudiantes de séptimo a cuarto año entraron al DLC para ver papeles de colores encima de cada mesa. Allí impresos se encontraban varios microcuentos. Muy pronto se oyeron los comentarios incrédulos de los estudiantes: “¿Esto es todo? No entiendo. ¿Por qué tan corto?”. Y los estudiantes conocieron un género que pocas veces se estudia en el salón de clases: el microcuento. Perpetuo se unía así al undécimo Maratón de la Lectura, actividad en la que participan diversas instituciones educativas en Puerto Rico y América Latina, desde preescolares hasta universitarios. La escuela elemental también se sumergió en esta aventura y allí, armados de toallas de playa, los más chicos se recostaron en una esquina a abrazar la lectura. Los perpetuanos abrazaron la lectura durante el transcurso del recreo. Fue así que el bullicio tradicional del DLC dio paso al silencio y al deleite literario. Antes de terminar la actividad, muchos pudieron escribir su propio microcuento y experimentar con el género. Aquí les presentamos los microcuentos seleccionados por Elipsis.

Microcuento - Maratón de la lectura Ying y yang Jose A. Calvo (10mo) A de amable, b de bueno, c de cariñoso, d de diversión, e de entusiasmo, f de fabuloso, g de ganador, h de honesto, i de intelectual, j de jovial, k de karma, l de lujuria, m de malo, n de nefasto, o de opresión, p de prostitución, q de querella, r de rabia, s de soledad, t de tonto, u de ursula, v de vano, w de “warning”, x de xenófobo, y de yerba, z de zorro… en lo bueno hay malo y en lo malo hay bueno.

El cadáver Alejandra Quintana (11mo) A pesar de haber muerto en un accidente, su cuerpo lucía intacto.

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Ha llegado la hora... Adriana Suria (9no) Todos pensaban que el reloj en sus muñecas solamente mostraba la hora. Cuando la manecilla cayó en el próximo minuto, ellos colapsaron también. Solo grita Alejandra Febus (10mo) Solo quieres desahogarte de tu ansiedad ocultando tu decepción, lamentándote por los errores de los demás. ¡Oye!, ¡Oye! Nadie te escucha, habla alto. Guerras de pensamientos que quieren ser libres. ¡Relájate, no es tan malo! ¡Qué “show”! Imaginándote un mundo sin mitad de tus preocupaciones. Ten cuidado como te expresas, nadie te entiende. Ahora, lee las primeras letras de cada verso Porque un grito no escuchado equivale a un silencio. El tiempo Por Ricardo Rodríguez (10mo) Si tienes que pensar en algo importante en alguna ocasión, solo piensa en el tiempo. La rutina Por: Nicole Muñoz (10mo) Cuatro paredes, nada que hacer. Lo único que veo es un reloj. Lo único que escucho es “tic-toc”. Las 2:11, solo faltan dos minutos. Tan cansada estoy que a la maestra ya no escucho. Es casi la hora, ya voy recogiendo. La maestra está explicando, pero yo no entiendo. Llegó la hora, al fin la salida. Ahora solo falta el resto del día. Lo desconocido Por: Lillian Florian (11mo) Sin mirar de un lado a otro, sin mirar si hay alguien más, tomo un paso adelante y salto del borde, sin saber qué voy a encontrar. El viaje Por: Cesare Causin (10mo) El tren pasa; yo me muevo.

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Humanos perpetuanos “El mejor día de mi vida en realidad fue cuando logramos ganar el torneo Coca Cola, a pesar de que pensábamos que no lo íbamos a ganar porque de gente de 19 años, 21 años, pues nosotros teníamos 16. La probabilidad de nosotros ganar era poca. Nosotros mismos, como sabíamos que éramos los más pequeños, nos pusimos como nombre del equipo Los Menores. Después que ganamos, cuando sonó el último pito del juego, todos empezamos a llorar, los papás vinieron corriendo a donde nosotros, nadie lo podía creer. Fue una experiencia que nunca en mi vida voy a olvidar. Después de eso, cuando nos dieron el trofeo, te lo juro que tenía el corazón tan y tan acelerado, no podía haber estado más feliz. Tuvimos un montón de entrevistas en televisión y radio, salimos en el periódico, salimos en Univisión. Estuvo tan brutal que no hay manera de que ese no sea el mejor día de mi vida. Siempre nos preguntaban lo mismo, que cómo nosotros, siendo los más chiquitos, logramos ganar el torneo. Con el equipo contra quien jugamos el último juego, los conocíamos de toda la vida, habíamos jugado juntos desde que éramos chiquitos y sabíamos que eran mejores que nosotros. El juego al principio estuvo muy cerrado, pero ya al final nos entró esta adrenalina y metimos como cuatro goles corridos. El torneo era de nosotros. Habíamos jugado siete juegos, juegos que no habíamos pensado que íbamos a ganar, pero, lo hicimos. No sabes que es que te digan “Mira vas a ir a Madrid, te lo vamos a pagar todo, vas al campamento de Madrid”. Ese es el sueño de todo futbolista. Cuando la gente nos veía en la calle, se acordaban de nosotros y nos preguntaban “¿Ustedes fueron los que ganaron el torneo?”. Que alguien te vea por la calle y te reconozca fue como que “Wow, así que el torneo sí era importante”. En Madrid, nos encerraron en la Universidad de Madrid y había hondureños, brasileños, mallorquines, etc. Cuando llegamos, nos dimos cuenta lo que era vivir para jugar. No había distracciones. No teníamos la presión académica, ni siquiera nuestros teléfonos porque nos lo quitaron. Era lo que es la vida de un futbolista: entrenar y jugar. Era lo que todo atleta quiere. Nosotros tuvimos eso por cinco días y fue una experiencia inolvidable, y si la pudiera vivir otra vez la viviría mil veces. Pero pues, esas cosas pasan una vez en la vida nada más”.

Alberto “Beto” Martín

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Por: Claudia y Paula Fernández Doble

Con el comienzo de un año nuevo, llega la oportunidad de volver a empezar y de sentir de una manera diferente. Es un momento para crecer, aunque no queramos, y de sobrevivir, aunque sintamos a veces que no podemos; es una página en blanco, un lienzo sin pintar, un libro sin pliegues. Es una maleta nueva, que se llena hasta que no se pueda cerrar. La sección de “La maleta” no es solo una recopilación de aquello que debes llevarte contigo por el resto de tu vida, sino también lo que te ayudará a huir de la realidad- algo que todo adolescente necesita hacer de vez en cuando. Es el escape al alcance de tus manos. Para la primera instalación de “La maleta” de este año escolar, decidimos hacer una lista de las diez películas más enigmáticas; las que te mantienen adivinando, te llenan de suspenso y hacen que tu corazón lata fuertemente; las que te dejan boquiabierto en su final y te hacen reflexionar sobre los límites de la mente humana. Ellas te tendrán tan absorto que te olvidarás de todo y, ahora que en octubre comienzan a alargarse las noches, no hay nada mejor que una buena película que te haga cuestionarte en la oscuridad.

Películas enigmáticas: El escape inverosímil de una asesina brillante trae al mariscal Teddy Daniels y su nuevo compañero al Hospital Ashecliffe, un manicomio situado en una isla remota. A medida que la investigación se lleva a cabo, Teddy se da cuenta que tendrá que enfrentarse a sus propios miedos si espera salir de la isla con vida.

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Un hombre deprimido que sufre de insomnia conoce a un vendedor de jabón llamado Tyler Durden y pronto se encuentra viviendo en su casa después de la destrucción de su apartamento. Los dos hombres aburridos forman un club subterráneo con reglas estrictas y pelean contra otros hombres que están hartos de sus vidas mundanas. Ya con esta descripción estamos desobedeciendo la primera regla del club: No hablamos sobre "Fight Club".

Al final del siglo XIX en Londres, los amigos Robert Angier; su esposa, Julia McCullough, y Alfred Borden son ayudantes de un mago. Cuando Julia muere accidentalmente durante un acto, Robert culpa a Alfred de su muerte y se convierten en enemigos. Ambos se hacen magos famosos y grandes rivales, tratando de destruirse el uno al otro en el escenario. Cuando Alfred realiza un truco exitoso, Robert se obsesiona con tratar de revelar el secreto de su rival, lo que le trae consecuencias trágicas.

Caleb Smith, un programador en una gran compañía de Internet, gana un concurso que le permite pasar una semana en la finca privada de Nathan Bateman, el director general de su empresa. Cuando llega, Caleb se entera de que ha sido elegido para ser el componente humano en una prueba de Turing para determinar las capacidades y conciencia de Ava, una robot. Sin embargo, ambos se empiezan a percatar de que Ava es mucho más consciente de sí misma de lo que habían imaginado. Menciones honorables: • Sixth Sense • Memento • Prisoners • The Usual Suspects • The Talented Mr. Ripley • Psycho • Mystic River • The Others • Silence of the Lambs

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¿Cómo se siente ser parte de la clase más competitiva?

Nunca nos imaginamos cuán difícil sería el Senior Year. Decimos que lo peor fue Junior Year, por las clases, los exámenes estandarizados y todas esas boberías, pero llega la segunda semana de duodécimo grado y te da tres bofetones en la cara. Y es que muchos que aún no han llegado a este grado y no se dan cuenta que, en realidad, las clases no son el problema (aunque de vez en cuando sí), sino las solicitudes. Cada día llego a la escuela para escuchar repetitivamente: “¿Cuáles son tus top unis?” o “¿Cuánto sacaste en el SAT?”. Honestamente, ¡paren de preguntarme sobre mis universidades, notas o cualquier cosa que tenga que ver con las solicitudes! Siempre hay algunos que no le dan mucha cabeza a eso de que somos la clase más competitiva, (y así quisiera ser yo) pero la gran mayoría sí. En vez de enorgullecernos de los logros de los otros, hay momentos que sentimos un pequeño resentimiento dentro de nuestro corazón (aunque no quisiéramos sentirlo). Todos sentimos esas ansiedades porque la realidad es que las universidades se han puesto más estrictas, más exigentes y todos nos matamos para cumplir con todas las expectativas. Pero, da la casualidad, que hay otros cuarenta más al lado de nosotros con ese mismo sueño. Y que no quede sin decir que también estamos compitiendo con TODOS los Estados Unidos. Entonces, nos sentamos en nuestras camas, listos para descansar las tres horas que nos quedan de la noche, para darnos cuenta de todo esto. Ah, y entrar a la UPR tampoco es tan fácil. Por cierto, hay quien dice que solo acepta a los primeros cien en cada facultad. Y vuelven los pensamientos negativos y suavemente me muero en mi camita. ¡Ay, lo que daría por no pensar en esto! Sin embargo, hay una cosa que siempre me dice mi padre y es que en vez de predecir el futuro y decir que no vamos a entrar a ningún lado, debemos disfrutarnos lo que nos queda (cliché). No fue hasta los otros días que me di cuenta cuán cerca está la graduación. Estaba en una tienda viendo ropa de otoño y mi madre me dijo: “Ya ve comprando ropa así porque la vas a necesitar para el año que viene”. ¿QUÉ? Ja ja. No. Así que enfóquense en los estudios y en pasarla bien con sus amistades, que, oye, tiene que haber una universidad por ahí que sea perfecta para ti. No le den cabeza a eso que no pueden controlar. Todos formamos parte de la clase más competitiva de Perpetuo y por eso nos tenemos que sentir orgullosos. Eso dice mucho de quiénes somos y de cómo trabajamos.

La Cervantina

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APS no se solidariza con las opiniones en esta publicaciรณn.

Elipsis - octubre 2016  

Revista literaria de los estudiantes de la Academia del Perpetuo Socorro.

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