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Kevin Mendoza Villafuerte

TUS HUESOS A LA TIERRA Y otros relatos

Fuego Fatuo Editores


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TUS HUESOS A LA TIERRA

2013


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INFORME 01 Desearía escribir tanto como pudieran mis dedos soportarlo, para aplacar la renuencia de saberte esta vez sí, definitivamente ausente. Te fuiste Bettyta, doblegada por el cáncer, fueron casi dos años en este calvario y ahora sí ya no queda sino la estela de tu existencia en mi memoria, la corrosión que no quiero supedite los pedazos que todavía palpitan de ese hombre que perdió a su madre, su amada madre. Ahora, lo que venga correrá por cuenta de mi descuento con la vida que elegí y por la que incluso me atreví a no atreverme contigo, con tus deseos, ignorando muchas cosas, evadiendo muchas más y mira, ahora que ya no estás, ni mis lágrimas contribuyen con aplacar el dolor, todo lo contrario, pareciera que pegadas al fondo de mis ojos, se resisten necias, como yo, a salir y hacer algo por el mundo, algo como mojar el suelo seco, árido de mis pies, de mis sueños rotos. Descansa madre, dile a mi abuelita también que la extrañamos más que el sol a la luna, y menos de lo que ahora ya te extraño, necesito, yo le diré a mi silencio hecho miasma, basta!, calma!, por qué a ti!, por qué por quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quévpor quépor quépor quépor quépor quévpor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quévpor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor por quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quévpor quépor quépor quépor


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quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor quépor qué a ti, y no a mí, le dije al cielo, te cambio mi vida pro la suya, el cielo no sabe nada de nada, existe ufano y ajeno a todo lo que acá abajo sufrimos, perdemos, cada que nos arrebata lo más querido, no existe más que como lugar etéreo donde habría de irse en forma de vaho, de suspiro, de aliento, a mezclarse con las nubes o el viento, y entonces pienso: estás junto a mí verdad?, estás de pie y con la bata blanca cubriendo tu cuerpo, sonriendo por la vida, por la calma, por la esperanza por algo mejor, mayor,

para

nosotros.

Estás

acá

mamita,

estás,

lo

sé.

Estásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestáse stásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestásestás estás haciéndote en mi memoria ente doblegador, espíritu fatuo, instante vívido de absoluto dolor y desasosiego, pierdo la calma justo cuando pienso que todo acabó y que debería ahora sí respirarse paz, alivio, no puedo, no debo, y en sí, creo que no quiero, no quiero aceptarlo, no lo haré, quién en su humanidad justa podría?, quién dirá que la muerte sienta bien al fin y al cabo, consuelo barato, sintético, y si todos vamos para allá, entonces qué chucha esperamos, a Godot?, ya entiendo, ya veo, a nadie, perdemos el tiempo, el tiempo nos pierde con su eterna espera, estoy siendo fatalista quizá, estoy siendo lágrima viva, lamento y nada más que toda esa mierda de sentimientos nefastos, fatalistas, estoy viéndote madre, estoy pensando, creyendo que estás y no es cierto, nada ya lo es, parece el mundo desdibujarse mientras escribo esto, caerse el cielo, o yo en él, o bajo él, bajos las ruedas, hacia abajo, al fondo, más abajo, más y más...


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INFORME 02 No nos vamos a venir con cuentos, ni con hubieras y tantos voy a, el hecho está así: Por instantes ataca ese salir a borbotones de líquido salado que surca la piel de la cara y se precipita y deja estelas como de caracol y se pierde dolorosa en el cemento la tierra o el viento. Por otros está esa sensación de saberme ahora sí puesto sobre el tapete de la acción, mientras el resto corre sus sillas hacia atrás a ver de qué se trata lo que voy a hacer. No voy a darles una charla ni repartir condones ni pastillitas ni apologizar sobre esto o el otro, voy a cantar con la música de la palabra escrita, sobre un anciano, sobre un amor salido de enfoques, sobre una amistad arraigada en la naturaleza vegetal de sus terminaciones dactilares, sobre la fantasía como única salida a los tugurios de la razón, de la sinrazón, o de todo aquello que luego de dar las vueltas y vueltas convierte una lágrima en gota de mercurio o un gesto en indiferencia o una caricia en traición. Pero antes voy a dormir mis quince horas para irme contigo por los parajes de nuestra vida que tuvo que bifurcarse ese día fatídico, desde la mañana abril de ese diciembre de nuestras fuerzas, cuando vino Eilita, y me hice majadero edípico y busqué mi hueso en las noches, en la música, el arte, y mira, terminé hallándote a ti otra vez, en ese sedimento corpóreo que en muchas ocasiones e irracionalmente depositamos nuestras inútiles lágrimas. Pero bueno, ahora dormiré completo...


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INFORME 03 Deshojarte fue lo más desesperado que en facultad de toda tu insania hiciste. Vaya que todo resultó contrario a la lógica del buen huevón que espera, espera, espera que de pronto caiga del cielo una vaca con harta leche, en forma de hojuelas de cereal y a tu vaso y llueva vino a las cinco. Pobre huevón te dijiste una vez fracasado, un vez más. Sin embargo, hoy, un día especial, porque descubriste que bajo la toalla que pusiste hace tanto, todavía estaban las hormigas, empecinadas en carcomer la melaza del cuerpo que les dejé de refrigerio mientras me iba a la mierda. Y estaban felizmente, apretujadas y uniformes, algo enmohecidas pero estaban. Encendiste la luz que creíste quemada de inmediato y después esto. Hablar de ello sin más ni menos que ganas de seguir haciéndolo. Muchas veces el agua fría entre otras cosas te hace ver todo claro, esta vez había cucarachas y musgo en las paredes, y los pies sumidos en el fango hasta las rodillas, y tu rostro empapado más de lágrimas que del agua fría de las cinco de la mañana. Quisieras estar ebrio para luego dormirte, pero ya ves, el sueño cómodo ya no es tu fuerte, ya nada parece serlo ya. De modo que piensas y recuerdas otra vez a la cebolla sin más pétalos que sacar y el desazón de saber que no hay más, puro hedor, pura lágrimas, puta cebolla. Y dejas el cuarto de baño, te acicalas y sales decidido a esta vez sí lograrlo, esta vez sí hacer que vuelva a funcionar la maquinaria que en otra épocas hasta te daba de comer. No pretendes olvidar tu misión eso sí, solo que pudiendo estar mejor por qué no, te largas odiando ser cebolla, odiando la mano que te peló, las narices que te olieron y las lágrimas que exprimiste sin querer.. está el Pobre Johnny de Robert Cray rezongando y resonando como cuando bajo la lluvia de un enero te dijsite: basta ya, tuvieron suficiente de mi deshojado ser, ahora a recubrirlo con diamante y sagaz plasma, plasma!!!!


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INFORME 04 Querida Daphne: Olvidé encargarte les recuerdes a los maestros lo de mi condición. Ahora que saben lo de mi renuencia, dudo mucho la toma de otra decisión que no sea la repetición. Acepto tal disposición y no atento contra la carrera perdida que resta ahora, solo por tu arribo querida Daph. Tal acontecimiento sé que removerá muchos de mis cimientos volatilizados que yacen bajo mi enervada estructura. Jugué, unas veces gané, pero por lo demás veo, y sé que también tú, que la necedad imperando ya no incide para nada en desarrollar, en reconstruir, hablaba antes de compensar, ahora no, se acabó el juego, la parte divertida hace tanto que el dolor de infringírselo no radica precisamente en el dolor, sino en la constancia y repetición permanente de lo mismo. Entonces, para encontrarle sentido, traté de pensar que era en aras de un ideal remitido a la exposición pura al magma, pero tampoco. Por eso ahora que llegues no diré nada, solo iremos a donde tenemos acordado y esperaré el tren que te traiga, tienes tanto que contarme que no puedo permitirme ni un segundo perdido. Tengo pensado recobrar la importancia de la caja con libros que tengo en alguna parte, quizá me devuelvas esas ganas de verlo todo por los prismáticos de la magia, y si eso sucede, te juro que te abrazo y te beso y te leo algún poema de Benedetti con la mejor parsimonia y disposición, mientras con mis manos amase lo que será nuestra cena, panecillos, y el café, y de mi vicio su espectro inofensivo para recordarte de dónde venimos, y a mí mismo, a dónde voy, tregua, es eso lo que necesitamos, una tregua. Bueno, no tardes por favor, estaré en la estación con el jean de siempre y la vaguedad de mi presencia, no escatimes voces si me vez lejano y ausente, y no dejes de arrojarme tu mano si crees que la oscuridad es abrumadora donde te esté esperando, y sácame, luego no me dejes, nunca.


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INFORME 05 Doctor, lo que pasa es que cuando experimento la frustración ante la inconsecución de mi cometido, luego de la rabia inicial basada en la posibilidad aun latente de otra alternativa, se posa sobre mi coronilla la enhiesta fuerza de un peso gradual en incrementarse hasta de pronto traducirse en un estado que va desde la febril ganas de explotar ahí mismo hasta moverse sin pena ni gloria en pos de la gota de sudor que hará caernos vencidos por el cansancio y de esa forma poder conciliar el sueño, al que realmente estoy dedicado con ímpetu y entereza más que a despertar. Me dijo usted que es una de las manifestaciones de estar deprimido, pues bien, estando así preferiría estar repantigado en la cama, secándome de a pocos como las hojas en el umbral del otoño, pero por más que juro no levantarme más, es el hambre, la sed, el amor, la nostalgia, las ganas de sí o de no, las que casi a sopapos me hacen ponerme de pie, salir al mundo una vez más con lo cansado que me encuentro, y luego, cuando ya recuerdo las calles y los rostros, respiro y nada, no pasa nada, el mundo pareciera haber sido desconectado mucho antes que yo, y que lo que veo transitar, rodar, hablar, no son más que ecos sordos de una mañana donde existió una ciudad que vi enorme, prometedora y hasta hermosa, a juzgar por lo alto, por lo grande, por lo ruidoso, etc. No obstante el cuchillazo entre las costillas, hundida hasta el mango, dejando la sangre drenar a mejores resquicios que mi cuerpo, en forma de letras, palabras más bien, con ideas, conceptos, pero llenos de casi nada, o sea todo, porque en ese casi nada se me va todo lo que queda, y es que confirmé también el flagrante hurto contra mi voluntad a cargo del necio empeño en repetir la ingesta, usted sabe, del juego al fuego y ahora mire, sentado frente a lo que representa usted, es decir, la cura, la sanación. Sabe, a veces pienso que todas las cosas que hice, hago, y haré


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conducirán a lo mismo, a mi tedio justificante y patológicamente repulsivo de aliciente alguno. Y si las cosas se dan así, para qué todo esto, para qué ya. Bueno, y sí, también está mi corazón y mente bipartidas, y los eventos que sucedidos entre ir y volver o viceversa de uno u otro departamento/vida, fueron carcomiendo esas partes antes importantes de mí. Desintegrando más bien creo yo, cada partícula del yo anterior, del yo escénico, del yo impostor y traidor. Hasta que terminé convertido en esto. Sé que tienen que ver los maestros, los de periodos intermedios, creí burlarlos, cuán equivocado estaba, yo, con mi insignificante ciclo de un puñado de vidas sin ascendencia ni superación, yo, simple organista de dedos callosos y mirada obtusa, yo de oídos sordos por tanta música y de acordes filudos como la hoja de guillotina, yo, qué estúpido fui, soy, seré. Es cierto que muchas veces también he recurrido a la desesperación para lograr asirme de la idea de mi grandeza, y que luego, colgando como péndulo corroboré que nada había abajo, que nada había sosteniéndome, eran pura ideas, y la acción, la única acción que aunque reticente, monomaniaca, era la acción, usted sabe, de cuclillas, entre la sombra y la nada, bajo la parra y entre las piedras, debajo del sueño y la cordura, sin control ni mesura, absorto en saber menos o pensar menos también, oh, qué tortura saberme de acción única y recurrente, y los sueños?, dónde doctor, por dónde están, ya no viven, y la fantasía doc, tampoco? ..no le oigo, más fuerte por favor, no le oigo, no le oigo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


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INFORME 06 Querido Hyde: Es obvio que las cosas quedan claras contigo, no necesito saber más de esa parte mía que deprava mi naturaleza y la sume ya sabes, en todo ese fango del que fui flor hasta un instante donde no pude más y me hice barro negro. Pero sigo vivo, importancia absoluta a ese detalle, y por eso de vivir por lo único que considero ahora sí importante, es de algún modo, lo más prudente y de paso, posible que haga. No serán más los efluvios de calles de niebla y sombras informes de no me hables, no me digas, no me mires; ni menos de aquella carga conceptual que mi mano hacía realidad con su parálisis, ni mucho menos los sombríos rayos de miedo que doblegaron mi astral causa deviniendo en esto que ahora trato de resarcir, mi yo agónico. Retiré las amarras hechas a base de excusas, y veo consternado, que la principal está exenta de manos y simples decisiones, me veo atravesado de lado a lado por el garfio aquel que denota impotencia y serias ganas de nada sino postración, sumisión, y bueno querido Hyde, de todos modos estaré ausente los últimos fines de semana, es por ello que te escribo, estaré mudándome y pues tú sabes todo lo que implica. Quiero que a Norman y a Aggie les digas que la alacena está llena de lo necesario, y que tan pronto como lleguen sus madres, me avisen para asegurar la casa, y que se lleven al perro y dejen libre al canario, mis libros me los dejan así como los encontraron, no crean que es parte del desorden, les dices, o bueno, que en ese aparente caos radica un sistema muy complicado de composición, dejo que la naturaleza sea quien escriba la novela, que justamente se llamará, "Naturaleza puesta, repuesta!", el


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viento a veces el fuego y los temblores, ellos colaboran con la escritura, empujan, soplan, queman, levitan, etc. son increíbles. Dejen todo como está. Me olvidaba, hay una página en el interior de un grueso volumen sobre el Paititi, a cargo de un doctor no sé cuánto, no se asomen, tiene que estar cerrado hasta que el lapso agónico concluya, antes no, luego les contaré por qué, solo puedo decir al respecto que el portal abierto es una oportunidad y amenaza al mismo tiempo, y créanme cuando les digo que la pena o la alegría de atravesarlo no es de índole humana, así que mejor olvídense del asunto. Por cierto, quiero que sepan que confirmé lo de las arañas, son blancas y con textura de algodón, saben como a Mashmelow y no tienen nada de sal, las tengo todo el tiempo en mi cabeza, como loros, solo que son arañas que crecen, decrecen, entran y salen por mis oídos y boca y a veces hasta se detienen dotándome el aire de un viejo etrusco, convicto y satisfecho de seguir a Diógenes y sus cebollas, en la olla que es nuestra casa, frente a la fuente que en mi caso, es mi muerte, pero ya, no olvides querido Hyde comunicar todo esto. Hasta pronto.


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INFORME 07 Querido Jeckyl: No se encuentran entradas de índice.Te ves tan bien que no puedo reprimir mi envidia. Todo cuanto encargaste lo hice, me tomé la molestia, si le puede llamar así, de además de decirles esas cosas a los chicos, de amordazarlos y dejarlos en el ático, estarán bien, les dejé varios frascos con tarántulas, quedaron fascinados con la noticia arácnida, y aunque por un instante quisieron negarse, supe doblegarlos con eso de que el mundo este no está para los que nacieron allá, que la paciencia es lo mejor que pudieran hacer, y qué mejor entre dulce seda. No te preocupes del portal, está a bien recaudo, pero por favor, la próxima vez tienes que ser más cuidadoso. Estamos tratando de encontrarle el vínculo a la inconclusa novela de tu juventud "Portales bosch" y bueno, ahí estamos dándole, ya te haré saber mis inquietudes, por lo demás, pura basura, gente que me sirve, otras que no, el mundo éste tan aburrido con su superficialidad y mutismo. Parecen estar tan tranquilos con la idea minúsculo de saberse únicos, ja ja ja, bueno Jeckyl, estamos hablando!!!


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INFORME 08 Justo cuando las cosas en el armazón de la vida del personaje que interpreto se cae a pedazos, despojado casi íntegramente de moral alguna y con todos, todos los valores de convivencia destruidos, sumidos a simples palabras sin la menor repercusión en mi accionar. Justo entonces, cuando todavía satisfecho de la ingesta brutal de comida luego de casi semanas de no ver más que agua y cosas masticables sin forma ni sabor alguno, pensaba que todo podía mejorar, es decir recomponerse; ilusa señal de mi humanidad aún con vida. Mi consigna deshumanizante fundándose y fundiéndose en el desacato, abandono y desarraigue tenía que definir ciertos cortes que concibiéndolos con la mesura del caso, solo devendrían en asfixiarme y estrangularme. Pero con los días sin estar contados podía pensar en eso con más calma, perdón, en más caos de sentir un pensamiento violentar contra el cráneo intensificando su sonido conceptual, explosionando su universo semántico en cada resquicio de mi conciencia. Descontrol!!!!! asomó por alguna ranura, y en segundos era una orgía de descontrol en cada célula neuronal, algunas de las cuales cayendo victimizadas, pataleaban desesperadas imposibilitadas de sostener aquello, el descontrol había perdido control, sus ligamentos al sistema nervioso central habían sido quebrados, arrancados por violáceas manos sin cuerpo ni reparo alguno, y la cosa crecía en tamaño y sonido y concepto, hasta que si no fuera por la usual fisgonería de la mañana a través de la raídas persianas y el reflejo de la luz solar en los trastos y vajillas sepultadas en fétidas aguas de lavabo oxidado y sin drenaje, no me hubiera confirmado que a levantarse como guiado en automático por la necesidad, la naturaleza, y esas cosas, pero nunca más por esa chispa que alguna vez me hizo brincar de un salto junto con el canto del gallo dominguero, para de inmediato reanudar la ingesta de Thrash o cultura


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artística, incluso el amor y la ensoñación, ahora nada, como una máquina en busca de su combustible únicamente, incapacitado para volver a sublimar o crear o hacer magia, solo existir, sin nortes ni reparos ni palpitaciones, como un espectro de la noche enferma. Y en realidad ya había hecho de mi realidad mi purgatorio, me flagelaba a mí mismo para expiar mis culpas que por lo general eran propiciadas por la subsistencia de mi humanidad, por ello que decidí eliminar esa parte de mí para poder buscar en la basura lo mejor y hurgar con mi hocico la inmoralidad de rascarla panza del muladar o arrancar las caretas de la gente enferma de tal vil infección que es llamarse humano, sentirse, creerse, devanarse. Justo entonces me es otorgado por el jurado infernal, la beca absoluta para achicharrarme en sus instalaciones, pero antes, contribuir con la guía artística de estos países (los infernales) y para ello luego de hacerme acreedor absoluto de la beca, me dieron dos regalos para con ellos empezar la redacción del libro. Como en esos países la consigna es única, purificar luego de cremar, todo!. Las especificaciones estaban implícitas en el dorso de las canciones, las cuales para el caso eran prueba fehaciente de la permanencia de cierto tipo de infernal música. Por un lado, estaban los chicanos Evil dead, a cargo del genial y monstruoso Juan García, retornando luego de una gira portentosa por gran parte del mundo, restregando en la cara de cuantos quieran lo predicho en los ochentas "Aniquilación de la civilización" ( valientes guerreros, eso hacemos!!!!) con un nuevo vocalista, que valgan verdades es tan bueno como Phil Flores, se trata de Steve Nelson, quien proveniente de su blackie banda Winterthrall hacía constar su capacidad. Renuentes en su insufrible talento para con los blastbeats y solos profesionales reinventaron la visión de aquella época dorada (80s) dejando claro que algo estaba claro en aquel entonces, al menos


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para los bangers, crear, reinventar, no repetir, ser distinto, desdibujar y redibujar, versionar, mejorar, superar (entendieron Gamma bomb, Bonded by blood, Fueled by fire , etc.?, a quién engañan niños, no están haciendo nada sino jugar al thrash, y no necesitamos eso los herederos de Dark angel o Evil dead o Razor o Demolition hammer o Sacrifice o Slaughter o Mx o Attomica o Accuser o Atrophy o Onslaught o Gammacide o Leprocy, están fuera, no dentro, así que no jodan con su mierdita lúdica!!!!) El otro regalo databa de unos meses antes, se trata del nuevo proyecto gestionado, solventado y producido por Phil Anselmo, gran mentor de caos en jóvenes mentes y heredero directo del vaho maldito de Exhoder y el blues de toda el sur de Luisianna y la ribera sur del Mississipi, los Warbeast, contundente nombre que asociado la imagen de portada de su primer entrega, le hacían a cualquiera de nosotros los chacales, decir, me tatúo eso en los huesos, ya!!! Provenientes ambos guitarristas de la genial e impía banda Gammacide del Texas ochentero, uno sabía a qué se atendría con semejante par, riffs corrosivos, intensos, hermosos si se quiere, del más insano blues y etílica forma velocidante de tocar sus escalas o llevar su temática (coincidente con la de Evil dead) a límites incompresibles en aquel entonces, pero ahora tangibles y sufribles. Para su caso, la casa productora de Phil, gran fanático como dijimos de toda esta música y músicos (tengamos en cuenta que su colega y fenecido por cierto, Dimebag, regaló en tributo y admiración por la gesta e imposición del brutal estilo sureño en los anaqueles del mundo, una guitarra simbólica de alta calidad y perfomance, a Walter Trachsler, actual guitarrista de los también míticos Devastation, pero piedra angular sobretodo en Rotting corpse, esos que decían en sus shows, "Jódanse, es solo thrash, pero nos gusta" ; bueno pues, a él le regalaron semejante joya del muertito Dimebag, y por


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cierto, este Walter fue sonidista de los Gammacide durante una de la pocas giuras que tuvo la banda por su país (USA)) la casa de Phil les grabó un disco entero de lo que junto con TENET (Sovereign) se instauró como LA NUEVA OLA DEL THRASH METAL DE LA VIEJA ESCUELA, los inventores (of evil) dando lecciones de cómo se hace a los niños Helloween y Brutal death, y Avantasia y chicos progre de mente gay y espectros diversos (me) que esto no ha terminado, solo empieza..... TOTAL THRASH!!!!!


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INFORME 09 La idea se tornaba simple desde la perspectiva del relato, mas no del cuento. Edificar cada nudo como lo planeé sería tan difícil como darle forma al universo sabiendo de su eternidad y quimera formal. Pero bueno, las siluetas estaban propensas a darse por concreto, pero sin las ganas necesarias y la sentada ipso facto, nada, divagar, darle al mouse sobre la obstinación y fanatismo por un Bobby y Victor Pentagram a un Von Reisnegger radicado en Londres, a cargo de Criminal y tocando esa vieja rola llamada Demenciado. Es cuando bajo las circunstancias y sin previo aviso el salto lo damos de a dos, de Bobby a Von y del Relentless al primer demo de los chilenos. Y todo sigue moviéndose, los riffs del Forever my Queen contraatacando contra la cara de bangers intergeneracionales y sus hijos, antes el sudor y el pasmo de nuevos fanáticos, como parte dela nueva era resurrecta de estos dioses cloacales, decidimos, tanto Venenonegro como yo, retomar las armas. Y revisando los bolsillos confirmamos dos monedas, suficientes para la renta. Acudimos, afinamos, probamos, descargamos, estallamos. Siempre que quisimos hacer algo lento se fue de nuestras manos, el furor y al rabia hechas velocidades a doble bombo y el desgarre a doble bass e iracundos desgarres, llenos de solos urdientes y corrosivos cual cuchillazos y relampagueantes marcadas y abruptos remates. Technical excess de Accusser, joya absoluta de cómo hacer buenos intros. La historia de alternancia y desintegración sigue tentando con su lujuriosa forma, sus caderas anchas y pechos pronunciados invitan a intentarlo, serán quizá 6 o 7 páginas, vagina hechas resmas de papel inmaculado, las que con solo acercar la punta del bolígrafo se harán lubricante mediante las ideas prefijadas y luego todo desliz, pasión y finalmente el cuento. Lo malo está en la


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influencia de Cortázar y Ribeyro, cómo definir esa línea, precisar ese mundo, colorear esos parajes, no tengo aún los rostros, quizá las calles, sin embargo lo que más me urge es tener el motivo, los motivos de ambos, en la primera será él quien parece tener todo bajo control, en la segunda, aunque trate nunca conseguirá más que un segundo lugar, y después, entre los niños, la conexión mágica que les hace ver de un Bobby a un Von en simultáneo, con la sola diferencia de volúmenes atenuados por la brisa del mar, la voz de las madres o sus sueños truncos, toda esa bola de eventos que unas veces desembocan en nefastas sorpresas donde de pronto te desintegras entre pasar de uno a otro departamento, y vas perdiendo y unas veces ganando, en forma, en carácter, o qué se yo. Hasta que un buen día notas en tu reflejo que no eres el mismo, que tu memoria te traiciona, y asustado partes al otro depa, donde efectivamente tampoco eres el que recuerdas, sino el otro. Y desesperado, hundido y extraviado más que siempre, casi recobrando ese orgullo mórbido, te sientas en un sillón, ya no importa cuál, y prendes el equipo, pones play y sorpresa!!!!!, Forever my queen otra vez, y en simultáneo, luego de abrir de par en par la ventana que da al otro edificio donde hallaste el portal que generó todo esto, notas que escuchan Demented, de Von, Pentagram, Chile, vaya!!!! gritas, y bajas corriendo las escaleras, arruinaste el ascensor, te maldices, subes los otros seis pisos del otro edificio, abres la puerta sin llamar y antes de saber quién está oyendo esa canción te ves a ti como usualmente lo haces cada que te extravías, sentado en el mismo sillón ese, solo que restándole importancia esta vez a lo que oye el vecino del frente, canción que sabes de haberla oído tú, te hubiera obligado a ir y descubrir eso que ahora descubrías. ¿Perdiste identidad, ganaste en magia, bonito cambio verdad? A escribir!!!!!!!


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INFORME 10 Sobre un sábado: No cree que las cosas planeadas puedan sufrir alteraciones una vez decididas e inscritas en la mente, no cree que a veces lo imprevisto prima, dando lugar a confusiones caóticas donde un puta mare o un mierda nada valen para aplacar el curso de los eventos a seguir, y es que es un necio de la patada, capaz de mantenerse rígido y aferrado en ideas contrarias a la lógica, como por ejemplo, son las cinco de la tarde, y él dice que sí son las cinco, pero de la mañana, no comprendemos porqué tamaña confusión, sin embargo, el mantiene su posición y prosigue con su vida como si fuera de madrugada, y se larga a tomar su maca con leche, a preparase para ir al trabajo, mientras en el cielo las primeras estrellas dibujan su fulgor en nuestros ojos exhaustos del viernes tedioso que por fin se aproxima a su fin. Es sábado y dentro de unas horas su madre volvería a casa, lugar que desde ella ida, no volvió a pisar, a pesar de las advertencias de ella, que cuidas y limpias la casa diario, no la dejes sola a tu hermana, velas por las necesidades propias del hogar como pagar la luz, el agua, el teléfono, etc. Lo cierto es que hacía medio año no asomaba sus huesos por la casa, esta noche pretendía hacerlo, pero enmarañado con planes nefastos para cualquier mortal, comprendió que tampoco hoy podría ir, ni modo pensó y continuó su marcha hacia casa de otro como él, que esperándolo dibujaba rostros siniestros en la pared de sus sala, disfrutando de la comedia interpretada delante de los oros maniacos que en ese instante debían estar preguntándose cómo es que alguien confunde la madrugada con la tarde tan fácilmente. Lo cierto es que él no sería quien les dijera que todo es una broma, una tomada de pelo de la peor calaña,


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como a mocosos de cinco cuando les dices que eres un agente de policía y que los meterás a cana si no te dan su propina. Bebiendo arribarían al mediodía, escurridos, tumefactos, posesos, infames de palabras e ideas, muertos para el mundo, sometidos a los designios de su resistencia orgánica, pero con necesidad de más, de menos irrupción. Y luego dormirían la mona, como cadáveres, como entes olvidados del universo, en una cuneta, en una escabrosa cama de hotel o simplemente en la calle, bajo un farol moribundo y a expensas del frío y desolador concreto solitario, de las mañanas de domingo con modorra y tedio hasta el hastío. Ellos en cambio, se encontrarían, desayunarían con cervezas matutinas y observarían desde las grandes ventanas del restaurant Everest, al resto de la jauría, revolverse como cerdos en su inmundicia, y se burlaría, claro, desde arriba es fácil sentirse superior, ajeno a la ínfima condición humana. Pero él, al margen de su aliado, recuerda falaz que su madre debe ya haber llegado, que la sorpresa que ha de llevarse será tan fuerte como su enfermedad, por lo que podría morirse ahí mismo, tras entrar a su casa. Esto le preocupa de sobremanera, pero al observar sus grotescos dedos producto de la quema de estupefacientes y su delgada sombra, producto de la falta de apetito, considera que no importa nada, que en sí es él un cadáver andante, un zombie. Por lo que decide pedir más cervezas, con lo último de sus ahorros, a ver qué pasa, o qué más tiene la vida para él, porque la última vez, estando en peores condiciones, pudo a rastras llegar a unas oficinas de un diario local, y conseguir, luego de un discurso en torno a lo caótico de la situación ortográfica y de la diferencia que podrían marcar si consideraban meter en sus filas a alguien que modestamente sí dominaba tal materia, un empleo que se encargó de su supervivencia durante el medio año que llevaba viviendo solo. Ya le decían por todas partes, incluso en sueños, que era un idiota, siendo tan inteligente, tan audaz, vivir y trabajar


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como lo hacía, prácticamente como un indigente, en un cuartucho de dos por dos, sin muebles más que su cama, pedazo de espuma, tirada en una esquina, y encima sus discos, libros y ropa, todo hecho una gran bola de basura, porque no podía ser otra cosa que eso, basura que en cualquier momento volvería a quemar, puesto que de nada le servía, sino para atizar esa mórbida consigna de echarse al abandono.


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INFORME 11 Y creyó poder decirle así como quien dice me da un pan y arroja diez céntimos. Pero no pudo, en parte por evitar darle más cola al lagarto y en otra porque se supone que lo sabía, o sea que tácito el acuerdo o el conflicto, sobran las palabras. Me amas, pero ni bien desvío la atención o el aparente interés, me odias, me condenas, me olvidas, me haces mueble. Eso decirlo hubiera sido más difícil, en realidad hubiera incurrido en la misma cantaleta de dotar a sus acciones de ese tono humano, que hago esto porque esto otro, jamás se atrevería a decirle, porque sí y punto, sin que esto afecte para nada la relación, pues es obvio que las sintonías ( en honor a Meg y Tom en Sintonía de amor, excelente film ochentero donde entre otras cosas uno puede regocijarse cuando ella y él van sumiéndose en esa vorágine de incertidumbre, pero que en el fondo les excita saber hasta dónde) parecen dejar su precisión. No pedirías más comprensión pues has hecho de tu vida la misma incomprensión, inaudito e imprevisible, como si a todas esas palabras les hubieras dado cuerpo y patas y voz....así que mejor reconsideras a Margarita (la del film Mis tardes con Margarita), la de la película y la de carne y hueso, la margarita que casi deshojada yace en la cama contigua a la tuya, desde donde siempre injuriando y dudando, negando, representa a toda la legión de su género, dispuesta a todo, menos a amar como realmente se dice que se hace....sin condiciones ni restricciones, ni inversiones ni nada....pero bueno, así es todo cuando las distancias se hacen cicatrices sin sutura.........está Virginia Wolf, y Howlin Wolf y Sign of the Wolf, y el mismo Wolf, el tío que vende agua de ajenjo a las 4 am entre 13 y hcva, desde hace 30 años, sin que yo o alguien más de mis allegados lo sepa. Tanto por descubrir, y estos cerritos de valles andinos que todo lo obnubilan, retomo mis alas señores, here i go again!!!!


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INFORME FINAL: De funerales por la madre, explosiones de thrash, conflictos de perpetuación y descendencia, espejos remontados cóncavos y retribuyentes de sombras blancas, de eso y más, informes consecutivos y permanentes de un año que se fue, que vendrá y seguirá entre palabras y sueños.


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UN DÍA EN LA VIDA DE WALT ROTTING CORPSE Un tributo al maestro Walt!!! De modo que Prometheus era parte de la saga de Alien a cargo del mítico Ridley Scott, quién iba a pensarlo, sumamente interesante manera de dar continuidad a semejante temática, ver otra a Ripley renacida y extrañar de alguna forma la vida parásita dentro de uno hasta que de un momento a otro pum! sale el pequeño alien y la cosa del gato y el ratón retoma su recreación. Tales eran los pensamientos de Charly una vez que estando solo, recabó en la película que acababa de ver solo, puesto que todos habiéndose marchado, no le quedó otra opción. Permanecía en casa todo el tiempo, bajo los treinta y siete grados de temperatura ambiente, imposibilitado de calzarse siquiera un par de chanclas debido a la infección a los pies recientemente adquirida durante su travesía al río. Eran erupciones subcutáneas índigo y supurantes gris en ambos pies hasta las rodillas que al principio (hace dos semanas) le pareció una simple afección a causa de un agente micótico o algo así según los médicos. Pero luego de recibir el resultado de los análisis: Infección por agente desconocido y de tendencias degenerativas agudas pero también desconocidas, se recomienda reposo absoluto y uno que otro analgésico (porque dolía como fuego en la piel); pensó que quizá sería este su fin. Y no es que el fatalismo fuera su fuerte, pero por lo general parafraseaba a Ribeyro en su pesimismo verde (como parecía concebirlo el barranquino) y se decía o decía al resto: Esperando que pase siempre lo mejor, o en todo caso lo peor de lo peor..., y como en casa a nadie más que a él parecía importarle vivir más (todos muertos en un accidente de aviación hace un lustro) se hacía la idea vil de estar siendo convocado por la familia muerta hacia su nueva morada. Por qué así mamá, por qué de esta forma abuelo, no podían mandarme un camioncito encima o una bala perdida?


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se cuestionaba constantemente durante la contemplación de sus heridas, que modestia aparte eran toda una sesión ritualista a causa de la gravedad del asunto; básicamente de esta forma: 1.- Quitarse las vendas e hijoputear a su suerte al ver tras ellas la inminencia en el degenere de la piel, la cual roja e intensamente verdosa también comenzaba a supurar pus blanca y luego agua negra. 2.- Colocar el espejo de manera que multiplique la imagen y de paso la gravedad del asunto -eran cuatro piernas con sus pies los infectados recordándole las viejas películas de Peter Jackson de serie B o las del buen Necros de Finlandia de la post Guerra o la de Passolini en el periodo Salo y esas cosas-, observarse y decirse: estás cagado Charly, muy cagado. 3.- Disponer antes del aguardiente y el algodón, del control remoto, y seleccionar una rola regularmente extensa para paliar o cortejar la "curación" que para ser menos pretensioso, solo era lavarse y darse la impresión de estar curando semejante incurable herida. 4.- Ante la indecisiónd de poner Bloodfeast o Leviathán(pre Cannibal Corpse), ya que solo esas dos bandas estaban en el USB, sobre todo por la calidad vocal de ambas bandas, decidió ponerse de pie (acción loable para alguien a punto de perder la piernas) y caminar hacia el baúl virtual de música y añadir a los dos anteriores algo de Síndrome de Chicago, Apostasy de Chile y Blizzard (pre Possessed). Ahora sí, con las armas cargadas, puso reproducir y escuchó al joven Chris Barnes hacer de las suyas en una descarga insana de blastbeats thrash metal en Lamentación de muerte, justamente cuando su mano sin querer, es decir, las uñas de los dedos de su mano, toda manchadas de mugre extraída de las orejas y del acné eyectado a chorro, laceraron una de las heridas más grandes que lucía su pierna izquierda (esta mañana había notado que conforme


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menos reparaba en las partes no afectadas, más crecía la herida, copándolo casi todo en mente fatalista) y gritó casi casi como el vocalista de la banda, pero con la diferencia que a él le brotaron lágrimas por semejante accidente. 5.- Limpiar con el algodón empapado cada herida, frotándola con la intensidad de estar lijando la pared para borrar un grafiti. 6.- Creo que este momento es el indicado para hacer constar el nuevo límite sufrible que una persona puede tolerar en simultáneo con el disfrute exacerbado de placer por hacerlo, ya que el escozor era tan intenso como el dolor de rascarse hasta el desangramiento. De manera que el arrebato en hacerlo, junto a las intensas ganas de no parar hasta desollar los miembros y visualizar tal vez el hueso ensangrentado, es impostergable e innegablemente irracional, sobre todo teniendo en cuenta que con cada rascada la herida se diseminaba más rápido que el fuego alentado por el ciclón. 7.- Quedarse sudando por todas partes y con los espasmos por la arremetida contra sí mismo, oyendo a los Possessed de quince años llamados Blizzard, y deseando haber puesto R.A.V.A.G.E., los pre Atheist, con las manos sueltas y aun temblorosas, las piernas abiertas, chorreando sangre, aguardiente y pus, a parte del dolor placer, era el cuadro final de la sinfonía de curación putrefacción a la que se sometía a diario con mayor pasión. Mañana veré mis huesos, pensando, deseando, soñando sumar placer al dolor, y restar importancia a la gravedad, era todo cuanto su mente podía hacer por él. Casi a rastras, acabado la sesión ritualista, se dirige Charly a la cocina a comer algo como una zanahoria perforada y ahumada con un encendedor en la puerta de su boca, o beber del grifo el agua cruda llena de bichos de la noche que SEDAM no podía evitar se cuelen (cucarachas y otros afines). Retorna luego a la cama, pero antes observa por la ventana a la calle que se tiñe del


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negro atardecer anochecer y experimentando esa nostalgia de épocas donde por ejemplo podía salir, caminar, irse a beber o solo caminar tras de nada y para nada, se dispone a llorar un poco para luego iniciar la sesión nocturna de envilecimiento post curación mediante la ingestión de ketaminas y analgésicos vía intramuscular. Suena algo de Rotting corpse, su banda de juventud, Walter Trachsler, apodado por sí mismo Charly, empina la rodilla, pero se levanta envalentonado por el Fuck It, It's Only Thrash., el mejor trabajo que pudo grabar, joya absoluta que hace de su calvario, regocijo morboso como entrada a la dimensión demencial


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¿ALÓ?, ADIÓS! En memoria de mi madre Beatriz

Llamó desde su propio número una vez que hubimos enterrado el cuerpo, hubieron quiero decir, pues yo me hallaba insensible e indolentemente lejos, caminando entre calles húmedas, con ojos entornados de ojeras mora y miradas furtivas a los que suponía todavía vivos, envidiables, dichosos; diciéndome, recriminándome, detestándome: qué eres tú, qué dejaste de ser. Acaso ir devolvería a su cuerpo el hálito de vida, claro que no, pero no estar qué devolvía; eso atormentando mis pasos hacía que de rato en rato, de pulso detenido en agitación consumada, me preguntara a dónde iría ya que no quería ir a donde debía. En minutos me extravié en mis cavilaciones en forma de calles cada vez más ignotas, y la luz que mis ojos necesitaban para quizá encontrar de nuevo el camino se hizo tenue, bajita hasta casi extinguirse en un punto pequeñito que confundí con la estela de una luna en agonía, decreciendo, obnubilando, huyendo… Llamaste de tu mismo número que inclusive en muchas oportunidades hice caso omiso, dejando que el aura de un viejo Mc más adelantado en la misma senda funesta, o el fulgor de un negro cigarrillo supla esa intensa necesidad de precipitarme a ti, a tus abrazos y besos. Ahora que ya no estás ni estarás más creo suponer febrilmente convencido, que una vida enhestada de tormentos sería poco para compensar lo evadido. Pero compensar tampoco devolverá nada, y creo que se trata de resarcir, o sea devolver de manera justa, lo arrebatado, y qué es lo justo, ¿acaso tu muerte lo fue?


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Te arrebaté la posibilidad de sonreír por la presencia de tu hijo, por el sonido de su voz o por la gran felicidad que un abrazo suyo infundía en tu enfermo corazón. Y ahora me va pesando tanto como el encierro en una roca, o el polvo de una estrella hecha añicos cayéndome en forma de cataratas que aplastándome me hacen sentir que inclusive cuando muerta llamaste desde tu número, como la peor abominación, indigno de todo y para todos, pues tampoco me atreví a contestar, y cerrando los puños y párpados dejé que lágrimas orilladas por mi petrificado espíritu fueran en representación mía, mientras adentro, yo acomodaba los cobijos del lecho que tocaba definitivo, para dormir, o solo sentarme a llorar como el niño que más te añora y al que tu falta le será tan nefasta como para en adelante pensar en un Río, en un tiro o en el vacío como camino irreversible. Esa llamada no tendría jamás el tono de algo que yo pueda concebir propio, era tan indigno si se quiere, y tan solo imaginar tu voz volviendo a articular palabras me es tan inalcanzable que de seguro hubiera oído solo interferencia, en el mejor de los casos, o nada en el peor. Pero cuando el rostro de quien recibió la llamada se iluminó y tradujo en una inmensa sonrisa de oreja a oreja, inundada de lágrimas por tal emoción del cielo a la tierra, di un brinco de estupor y salté hasta la luna. Pero cuando caí me enteré que la comunicación se había interrumpido al enterarse que otra vez no me encontraba; entonces sí pareció despedirse, me dijo ella, la que contestó, pues su voz se fue apagando en la distancia, como si hablara alejándose del teléfono, cada vez más hasta en un momento dado, justo cuando ya casi mi cuerpo recobraba el equilibrio luego de la propulsión y caída, perdió totalmente su calidad de sonido objetivo y palpable al oído. Reaccioné orgánicamente, instintivamente, deshaciendo mi cuerpo y asestándolo contra la roca. Me hubiera gustado horadar el suelo hasta hallarla


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en el inframundo y unirme a ella aunque sea en el festín de los gusanos, pero la parálisis e intensas ganas de no hacer ya nada, doblegó mi capacidad de siquiera darme cuenta que me hallaba bajo un puente, tirado con la cara siendo mojada en el constante y lento goteo de un tubo de desagüe. Así me hallaba y me molestó tanto no poder con tal situación cambiar mi fortuna, menos la de ella, que poniéndome de pie, limpié mi rostro con la manga de la chaqueta y emprendí el ascenso a la superficie nuevamente, quizá para volver a tirarme y mejorar el impacto. Mientras así lo hacía volvió a sonar el teléfono, me disponía a arrojarlo a donde en segundos también yo iría a parar, cuando observo el número y veo que otra vez eres tú. Digo aló y es testigo el viento que mis dientes temblaron hasta salirse de sus casillas y escupidos vertiginosos por mi negra lengua, que lo dije con toda la esperanza del mundo, del hombre, en las segundas oportunidades, más allá de esta vida incluso, o de otras tantas que no hacen sino recaer en la misma ciclomanía. Y me dijiste tan solo Adiós con una dulzura capaz de hacer a mis células revolucionar sus funciones y ciclos hasta el momento donde entre pañales y dinosaurios de juguete que con tal fervor coleccionaba bajo tu tutela o la lectura de Lalito 2 o las canciones de Carmencita Lara o Los Ángeles negros, se hizo deja-vú para quien mañana o más tarde renueve ese Aló y cierre el ciclo con ese Adiós, para siempre.


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DESHOJANDO MARGARITAS No volveremos a sentir la magia de los momentos aquellos. El Río la mejor lección de vida, fluyendo sin más ni menos, bueno, quizá de agua, nunca de otra cosa. Por eso, al darse la mágica experiencia en la playa, a orillas del gigante de agua, ni siquiera la manera cómo ella dispuso sus labios al fluir de aire y pronunciar cada palabra para entonar una canción no será más que parte de una serie de evocaciones que luego serán simples recuerdos que incluso dejarán de tener importancia y valía para el relato hablado y menos escrito, porque ahora mismo se va perdiendo en la jungla de la experiencia, en ese finito número de sucesos importantes para cada uno de nosotros, indefectiblemente. Nos referimos al instante perpetuo en nuestra memoria cuando ella dijo algo, dijo mucho, pero cantando. Y si en el quimérico caso la volviésemos a ver, porque sabemos que nosotros mismos no volveremos la mirada ni la experiencia, no sería grato, puesto que el beso que nos dio en forma de canciones ya se desvaneció y aunó con el aliento cálido de esta tierra haciéndose polvo en el viento, ahora por ejemplo que tratamos de recuperar algo de todo eso, la insuficiencia semántica de ciertas palabras irá mutilando lo glorioso de ese momento. Sin embargo vale intentarlo. En la esquina de la calle Luis Egg con Juan Frantze del distrito de Palcazú, la esperamos. La conocimos un día antes y ya nos había mostrado gran parte del pueblo comentándonos durante el almuerzo de su maravillosa tierra, de sus bordes y centros de oro verde. Cuando la vemos llegar con su sombrero de ala ancha puesto y la blusa anudada sobre el ombligo, dotándole de la figura precisa para someter la mirada de un varón y su deseo, caminando con ese salvajismo de mujer pantera, sonreímos y más de uno pensando


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lujurioso la saluda como queriendo decirle Bella Margarita cómo te deshojo, pero diciendo: ¿a dónde nos llevarás niña buena? Escalamos la loma verde más próxima, ascendimos hasta su cima, fotografiamos la hermosura de los pastizales, de los árboles frondosos y raros, de nuestras figuras en medio, ya sea con una sonrisa, una mueca, una pose; después a pescar. Descendimos por la parte posterior de la loma, entre pantanos y plantas tóxicas que propinándonos chicotazos infectaron nuestra piel en forma de llagas de mucha importancia en la poca gravedad, pero esa es otra historia, ésta es sobre deshojar margaritas cuando la caída del sol se sumergía en el horizonte acuoso del río Palcazú. Anudar la cuerda al anzuelo, colocar la carnada (gusanitos de tierra o carne de talón) y arrojarla lo más lejos posible y esperar entre el discurrir del agua turbia y el silencio perturbado por la sinfonía de la naturaleza que en instantes se haría mayor al adquirir el tono fosforescente de la noche, esperar como las rocas al viento para hacerse polvo, paciencia enfocada en el objetivo, absoluta calma contemplativa de la naturaleza, absorción de la médula espinal del mundo natural. Mientras tanto pensar en una fogata o hablar sobre la hermosísima vista que tenemos desde el remanso al que apelamos para la pesca, pensar y hacer digamos lo que en metafísica se llama Elevar el momento de espera a categoría astral donde no se espera sino se atrae, se invoca. Pescados: doncellas, pacos, zúngaros, palometas, chupadoras, etc., etc. Es toda una mina de estos animales, y es que estamos en la capital ganadera, acuícola y ecoturística de toda esta zona, comprobamos por qué. Amamos el slogan y sin conocerlo al alcalde Kristen, nuestros respetos le ofrecemos por la gestión de tipo germana, suponiéndola tal por su ascendencia. Todo limpio y sostenible, la gente pareciera no pedir más al cielo y al suelo, menos al estado, que existe como entidad improbable allá muy muy lejos. Los miembros de las


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familias enfocados en seguir estando tan bien como están, bajo los treinta y cinco grados de temperatura ambiente en este invierno de esporádicas lluvias torrenciales que el magnífico suelo no se cansa de beber con sus labios profundos como las raíces de sus brazos/árboles para retribuirle luego a los hijos del cielo, los hombres, con apetitosas yucas, bananas, achiotes, cocos, zapotes, nonis, limones y tantos otros productos que quedaría corta la paciencia de quien decidiera saber todo lo que en este lugar da prodigiosamente. Rozar la locura ingiriendo mapacho (cigarrillos brutales de tabaco negro) con masato (macerado de yuca) añejado lustros de décadas y siglos, mientras la cuerda se afana en tensarse de un momento a otro que nunca llegaría, y sabiéndolo incluso antes a juzgar por nuestro empeño en otra cosa que no fuera el tabaco o la bebida. Conversamos sobre la visión del mundo desde los ojos de una niña de quince, sobre el sexo, la vida, el amor, esas cosas que tratando de ser solapadas por hablas huevadas de los colegas, erigieron en el discurso de su respuesta trozos de notoriedad, de racionalismo, pero sobretodo de simplismo. Solo era cuestión de hallar un hombre (como medio) y salir al mundo a ver dónde parir a los hijos, sorteando dificultades de índole físico: comer, dormir, desvivir, etc. Y nada más. ¿En serio, solo eso?; Bueno a veces canto y en el éxtasis de la música pierdo noción del tiempo y el espacio… ¿Así?, Sí, pero no me pidan que lo haga, sé que suena grosero, y por eso mismo les pido olviden el asunto, mejor volvamos al pueblo que la noche ya llega, y con lluvia negra, ¿Negra?, Sí, ¿ven esas nubes?, ya pues, están negras no?, y con ellas, la lluvia adquiere el mismo color, al menos cuando cae yo la veo negra en su torrentosa descarga, negra en su manera de inundarlo todo a su alcance, negra desde la punta de sus gotas hasta el vaho que la devuelve a los cielos. Contundente respuesta pensamos en simultáneo y nos disponemos a partir sin pescado ni ganas de más mapacho, pero sí de oírla cantar.


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Caminamos, ascendiendo sudorosos en demasía, sonrientes por lo extenuados, por destilar de manera tan efusiva, toda la mierda citadina ingerida durante toda la vida. Y nos dispusimos a partir decepcionados, íbamos vistiéndonos, calzando las zapatillas, los shores, las camisetas, cuando a alguien se le ocurre cruzar dos trozos secos de madera y prenderle fuego y decir hagamos una redondela, hablemos, cantemos, elevemos este humo de la tierra hacia el cielo para que las nubes sigan sabiendo que las amamos tanto como el fuego a la flama y la luz y el calor… Nos quedaríamos un rato más que valdría para siempre, pues la oiríamos cantar, que es todo lo que mueve este relato y lo único de lo que valdría la pena recordar y llevar al universo escritural, el resto para qué preocuparse incluso de tratar de evocarlo, no obstante lo haré porque no tengo ganas de otra cosa, digo no tengo ante la inutilidad de seguir usando el pronombre nosotros, y es que ya sin pretensiones de dotar de más a lo menos por naturaleza, solo me queda la maldita rabia de saberme preso del dolor por la reciente pérdida de mamá y de mi hijo y de mi mundo tornasolado que hasta hace poco parecía infundir la certeza de un futuro probable basado en la normal marcha de eventos. El quiebre suscitó el desarraigue, el abandono, la introducción de una vida en los parajes solaces de la muerte tentativa, la evasión como síndrome y las devastadoras ganas de irme, solo, a donde fuera, sin retorno, sin nuevos inicios ni definitivos finales, un deseo, una actitud, una condición salida de mis expectativas ultra nocivas, sueños psicodélicos lacerantes y mucha, pero mucha confusión sobre a dónde ir o qué hacer ahora que la orfandad referida a lo existencial imponía sus modos, sus vértices. Enloquecía gradualmente, y ya no hacia esa locura auto infringida pero tiernamente divertida, sino más al fondo, a esa donde solo visualizas un puñal persiguiéndote en las manos de una bruja o al fuego que calcina tus venas sin


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motivo aparente, obligándote a doblar tu cuerpo, a plegarlo contra el piso y esperar gritando y sollozando, que pase todo, que ya pase, que me muden de mente, de trastorno, de planeta, de lo que chucha sea ¡¡¡pero ya!!! con tal de aplacar este vacío, este sentimiento de absurdez que iba creciendo conforme iba pensando que ya pasaría, o cuando el fulgor de un nuevo día, de un sentimiento asentándose conjeturalmente en el recuerdo de una persona, de varias personas: que ya pasó; hacia cuestiones cada vez menos racionales, incluso desde la perspectiva artística, donde se supone todo vale, todo fluye, todo funciona según el criterio y designio del artista. Empeñarme en cosas menos racionales es tan poco, inclusive para pretender explicar por qué en una jugada rápida de mi mente a favor o en contra mía, ya no sé, me hace decir, escribir sobre ese instante crucial, como quiero pensar o hacerme creer y hasta hacerles creer a ustedes, sobre ese evento tan trivial como salir guiados por una niña de quince, mujer según ella, según mis colegas, tan niña como mi pequeña hermanita asociada a su condición todavía infantil, a conocer mejor el pueblo y sus atractivos. Solo para que todo esto geste en la necesidad de hallar un motivo, un estímulo sublime, poético, que me permita dedicarle tiempo y esfuerzo mental y hasta físico en representarla con mi palabra, recrearla para quién sabe, hacer de esta experiencia trastocada por mi óptica, aliciente que aporte en el misterio del proceso de creación artística, o aunque sea simple entretenimiento devenido en anécdota y luego a nada. Entonces cantó y no se detuvo hasta que el éxtasis nos hiciera movernos conmovidos y estupefactos a decir ¡bravo, bien, genial, otra vez! Lelos tratamos de decirle lo maravilloso de su talento y que podría mejorar o hacer de tal virtud motor de su vida, pero sabiendo que incluso cuando la reafirmación del talento en su fuero interno, se opacaría con la continuidad de su vida como


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hasta entonces la llevaba. El mercado y el negocio de comida de su madre durante el día, las eventuales salidas con amigas a la discoteca, donde entre todas las cosas, solo se va a ligar o a que liguen con uno o la hermana perdida debido al repentino embarazo. Oye pero puedes dejar este sitio y hacerte en otro, no sé, Ciudad Constitución podría ser pensamos decirle; aunque pensándolo bien fue acertado no decírselo, incluso si ya lo había considerado como opción, pues el único futuro para un niña de su condición en aquel lugar es la prostitución. Claro, yo y mi jodida manía de ser absolutista, futurista en el plano actancial, mañana sí esto, mañana sí el otro, y cosas así, ¿acaso sería lo único que podría hacer alguien ya sea en ese sitio, en Sodoma o en el mismo infierno? Podrías por ejemplo formar un grupo de cumbia y salir bajo la tutela y dirección digamos, de tu padre, te aseguro que tendrías el éxito garantizado. Y con éxito me refiero a que podrías crear tus canciones y hacer que legiones de fanáticos te coreen en cada situación de sus vidas, o vinculen tu arte con el desenvolvimiento de sus penas y alegrías, ¿no te gustaría eso? Claro el dinero fluiría como el Río hacia tus bolsillos, ni mencionarlo porque así sería, pero fíjate, trata de imaginar cerrando los ojos lo grandioso de poder más adelante conocer mediante la confluencia de circunstancias, a alguien como tú. ¿Comprendes lo que quiero decir? ¿Ves lo grandioso y maravilloso de tal posibilidad? Sin peros por favor, dirige tu pensamiento hacia la consecución de tales propósitos, solo tienes que cantar en tu caso, cantar a viva e incinerante voz, no dejando que te afecten los altibajos de la vida, del amor, del trabajo, tonterías y obstáculos que créeme solo acarrean mediocridad, retraso y a la larga en frustración; sé ciega, sorda, muda, necia, para todo lo que no tenga que ver con el desarrollo de tu talento, haz de tu vida una canción reproduciéndose sin estopes ni pauses, y si es posible olvida esto que te digo también, para evitar la complacencia o creación de ilusas expectativas; ignora las adulaciones


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a las que estás propensa por parecer esto o lo otro, más o menos, pura basura, en serio; y sobre todo, no dejes que tu naturaleza interfiera con todo lo que te dije, pues será ella quien te quite del camino a la trascendencia, infundiendo en tu pote de necesidades el sedimento que irá creciendo hasta hacerse realidad a través del nacimiento de un niño, o de dos, depende. No te digo no lo hagas, pues de todas maneras, pasará sin que repares en ello, ¿así lo ves ahora verdad? Lo sé porque eres como mi hermanita, tienes su edad, su estatura, sus motivos; por eso es que no puedo evitar dejar de verte con la entereza y cariño que por ella tengo y siento. Sabes, ya que lo menciono, por qué no referirte que si bien el clima ha moldeado tu figura en beneficio de los ojos lujuriosos que te ven, yo sigo viendo a la niña que encarnas por ahora, y por eso mismo te digo lo que te dije y lo haría incluso si tuvieras cincuenta o treinta o estés por nacer o no existieras. Ajá, también si murieras, pues últimamente me pasa con las personas lo que con los símbolos o conceptos, asocio un cúmulo de semas o significados a la figura humana y sus cualidades subjetivas que a partir de un detalle tan hermoso como en tu caso el canto, erige el posible busto de alguien ascendente; luego si me configuro renuente, decepcionado y me largo en busca de nuevos sujetos simbólicos ya no importa, importas tú solamente, tú en contra y para la mejora del mundo y su tendencia animalista, minimalista, utilitarista y mecánica. Pero eso no tiene importancia si no haces nada, lo que sí lo tiene aún sin tu empeño es que todavía eres una niña, no te contamines por placeres prematuros que por ello mismo son nocivos, yo sé que el clima, la soledad, el contacto, el flirteo, la persuasión, están aleteando en tu alrededor, pero sé fuerte, no sé si la pena o alegría lo valgan, solo quiero decir que si fueras mi hermanita te diría todo esto dos o cuatro veces al día, aunque fueras como ella o como yo, que odiamos la insistencia, lo ideal quimérico, lo subjetivo, lo repetitivo, pues es la única forma de calar en el alma, después del


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cerebro y toda la racionalidad que segrega y de la que se alimenta el alma ante la ausencia del arte. ¿O sea que soy artista? Lo eres. Y por qué no me siento distinta por ejemplo, de mi prima que no canta, ni baila, ni nada, solo se la pasa en casa escribiendo en su diario no sé qué tonteras. ¿Tu prima escribe? Así es. El cazador de personas que escriben entra en escena, sus fauces son inmisericordes y sus deseos impostergables. Tengo ganas ahora sí de ti, es decir, de la información sobre la prima que escribe, o de mí mismo preguntando sobre cómo me veo cuando me entero sobre personas que escriben. Sin embargo te han movido el piso y te tienes que ir con mis colegas, dejando de oírme. Ves que algunas cosas por más improbables que me parezcan suceden de manera tan normal que me pesa saberme pesimista y fatalista. Te dejas llevar por la miel que segregan labios masculinos, los oyes ahora sí, encantada por los gestos y modos de verte, tratarte, persuadirte; y caes, te entregas. Después luces callada, supongo que ni por dentro ya cantas, confundida, extraviada, supongo que piensas en ellos, pero más que suponer aquello, contemplarte aunada al gran redil, adaptada dinámicamente a las nuevas condiciones que de nuevas no tienen sino los sujetos implicados inspira nuevamente pena prefigurada en rabia e imprecaciones que solo yo puedo eludir respirando hondo; el resto pura vanagloria en el cortejo y eficiencia en el sometimiento de una niña por dos sujetos que valiéndose de ser mis colegas, o quizá al revés y gracias a ello, lograron su propósito: poseerte. ¡Ay niña! Deja ya de llorar, no lo mereces, es decir, derramar tanta lágrima por algo que sucedió por pura decisión y acción tuya, sé que te enamoraste, estás en la edad que te enamoras hasta del silencio, y te entiendo, pero no justifico nada de lo sucedido, por eso quiero que olvides o hagas como si nunca te hubiera dicho nada sobre cantar y esas cosas, por favor, solo ve a casa, abraza a la mamá, aférrate a su cintura, bésala y dile te amo, quizá así te


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sientas mejor, quizá, y en todo caso, si solo quieres llorar y empezar a sentirte mal por todo lo sucedido, adelante, ya no me importa, me quedo con el gusto maravilloso de haberte oído cantar y dicho que lo haces muy bien. Lo demás puro instinto de conservación de la palabra escrita y construcción del perfil heroico del personaje, fundido en fuego y reducido a canica compacta del tamaño de tu cabeza de cristal.


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VEDDÚA scozacín, 31 de enero 2013 4.30 a.m. Ve tú hermano, anda y dale por el assterisco, renueva la vida a partir de ese tugurio hediento, si puedes. Pero antes dile que la amo, hip, hip, salud! que si ella dejara de zafarse de mi brazo y torcerme la boca cada que le toco lujurioso o la observo carnívoro, yo le diría vámonos, pero como ella a felar se dedica a poco exclusivos miembros, solo me queda decir: follar, follarte, que te follen como te merezcas. Los brazos de quien aceptaste se dibujan como collares que decoran tu estandarte de dártelas de sola, de dispuesta (a pesar de tu organismo destilado en sendos chorros de excitación) de mujer veneno. Ve tú, yo me quedo a disfrutar de la idea, de la ausencia, creyéndome invulnerable al lento degenere del verdadero amor llamado coital para los fanáticos, quizá porque albergo en mi desidia verdosa la quimérica posibilidad de surgir de pronto, entre tanto gemido y complacencia, como espectro lacerante del momento, otra vez hacia las costas jamás tentadas ni siquiera por deseo alguno de la que extraño tanto como a la luz de mi sol, para arruinarles toda la fiesta, de manera que no poder desasirme, ni hacerme el desentendido con respecto de esto que de instante gobierna mi discurso, es por gusto y nada más. Tu cuerpo y sentencia distintiva conspiran contra ti, contra él, gobierna mentes, propósitos, morbo, es todo cuanto mi piloto automático puede hacer por ambos, tú y ella. Él se mete un polvo. Aquél que regodeándose de la imbecilidad natural de las mujeres se permite decir te amo, te deseo, como si fuera cierto. Y nosotros tratamos de pensar que ella recapacitará y pegará el grito de auxilio, lástima que no pase de saberlos un tanto ausentes y luego renuentes y después


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complacientes. Enseguida nada, pura reticencia en la imaginación y fantasía sexual. El otro, un tanto alejado pero igual de belicoso por el mismo motivo, yo cerca de las mías, es decir, mis fantasías, un poco menos ofuscado pero sí frustrado por no tener alternativas; a treinta y cinco grados de temperatura hacia la pendiente que el río obliga a tenderse; qué menos que pensar en hacerse la idea de continuidad, del destino, mientras el aleteo de concebirla inmaculada, apartada de toda esta basura traducida en lujuria me hace seguirte la rienda y tomarte el molde: enamorado, ilusionado, brujerizado, perpetuado te digo, les digo. ¿Perpetuado? Me digo de inmediato, y con los pies, pensando en lo que pudieran hacer las manos, dibujo la silueta de un brazo fracturado, de unos dientes escupidos sin escrúpulos, manchados de peste y corrosión cuando detenidos en el suelo parecen convertirse en maíz podrido. Y no está, no existe como tal, aun cuando mi deseo empedernido se proyecta hacia el recuerdo de sus objeciones y fantasías nunca descifradas, y refiriéndome a ti en primera persona bajo la tutela lúdica, digo te veo, te recuerdo, remordiéndome o tratando de hacerlo como jamás te imaginarías hacer ponche de huevo batido con limón y especias del monte; o enfundada en lo graso de someterte a designios derechitos a tu soledad o autocomplacencia, sobre todo las de índole Penetreitor. Nunca vuelves, claro, como ligaste, como le ligas y estás fuera de ti, con que te digan, Cuánto es?, o si ya dejarás esta vida?, te basta para considerar todo este show esquizoide como antesala al mañana de ensueño, de reafirmación, de seguir la estela del tiempo cada vez más inclinado, doblegado, o estarse vivo cual árbol, hospitalario, accesible, frondoso en su imbecilidad inmóvil, me digo y repito soliloco hasta el hartazgo o las mañas de escribir tonterías por nostalgia disfrazada de frustración.


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2: 00 p.m. Despierto como de un sueño de apaleo, magullado, erizado en el violento existir fuera de la cama, pienso en lo escrito durante la víspera, me río, acaso hubiera tenido peor suerte de haber sido yo quien esté con ella en la habitación contigua? No lo creo, por eso, ahora que las ganas de yuca frita arrebozada con huevo y arroz con café se instauran en el plan inmediato, no te diré, no les diré lo que pensaba decirles, sino más bien como condolido por lo nefasto hasta daré palmaditas en señal de congoja por lo sucedido. La miraste bien verdad? ahora huélela y deja ya esa manía de estarla penetrando con los ojos cerrados, tratando de con la mente desdibujarla y hacerla aunque sea menos horrible a tu imaginación. A sus hijos no tendrás que explicarles nada, prácticamente son de la mamá loba, por lo tanto silvestres y ajenos a todo esto, menos al hambre; pero lo que sí dudo mucho que puedas evitar, es enfrentar aquellos morbosos rollos plegados a sus costillas o el caliente dorado de sus brazos rechonchos, aparte claro de los ojitos tirados por ellos mismos, ojitos que fueron cerrándose para dar lugar al cobijo en su corazón; y entonces espero que ya te hayas dado cuenta a estas alturas de la mañana, que estás jodido, atrapado, ella es Veddúa, la hechicera de Iscozacín, la descendiente Yanesha más directa del Gran jefe ahora radicado en el gran Pajonal en forma de jaguar ancestral. Ella te eligió para renovarse a sí misma desde lo grotesco de involucrarse con un niño jugando a hombre, accionado por el lúpulo de la cebada y envalentonado por el deseo ciego. Gerontofílico pensarás asqueado de ti mismo, vil amador de ancianas indefensas, inocente víctima de un propósito supeditado a la magia oscura. Estás frito como un Paco. No decimos nada cuando concluimos nuestra labor y nos disponemos a partir, sabemos que desde alguna parte nos observas arrepentido o quizá solo


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nos observas desde la indiferencia natural de tu nuevo cuerpo emplumado y posado en el hombro de ella como mascota. Eres un ave, un carroñero por cierto, cernícalo. La china Veddúa se balancea orgullosa de ti, se enfila hacia nosotros y nos dice que nos vaya bien y gracias por todo. ¿Gracias por todo? me indigno pero soporto la mueca de gracias a ti también naciendo de mis labios; y se va contigo en el hombro, tu mirada ya dejó de ser la tuya, tus patas se aferran a su piel como en la víspera tu sexo al suyo. Casualmente solo necesitaba ese pequeño acto para recordar el viejo hechizo mediante el cual sus años decrecerían devolviéndole cierta fortaleza y vigor, pero a costa de hacer de ese cuerpo masculino, alimento. Te ha comido vivo, no ha dejado nada, ni siquiera huesos, y luego, con la regurgitación que solo ella sabe cómo hacer, te ha devuelto al mundo transformado en ave. No pretendas comprenderlo, ya no está en tu naturaleza hacerlo, solo empuña aire en tus alas y salta al firmamento, chilla y ataca, ya no eres el de ayer, solo vuela por favor, no mires atrás, trata de no volver a sus hombros, trata te digo, inténtalo, no seas cobarde, vamos, muérdela. ¿Ves que no sirve de nada hablarte? En fin, ya tenemos que irnos. El vehículo arranca, la tarde muestra sus encías crepusculares, levantamos una mano para cubrirnos del sol y sobre todo para ubicarte entre el denso follaje y despedirnos con el ademán de siempre, solo un aleteo y chillido es todo cuanto de ti sabemos, después nada, pura carretera marginal hacia Puerto Bermúdez, y luego hacia Ciudad Constitución, donde nos han dicho que hay brujas más jóvenes. Quizá nos encontremos por los cielos amigo, surcándolo y volando libres, aunque han dicho que algunas optan por el gusano en lugar del ave, esperamos no tener tan mala suerte, esperamos. Adiós.


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LA VILLA RICA

Enviudó. Después de aquello las cosas marcharon digamos que de manera normal, si por normal se entendiera que la tristeza aunada a la desazón de no saber qué ahora que no estaba ella, Judith, no se tradujera en la postración en completa abstracción de nuestro amigo Krausse. Supimos lo del funesto suceso ya cuando llevaba tres días de duelo, nos avisaron en la comisaría alguien que no pudo evitar comentar haberlo visto camino al trabajo, en la parte más alta del mirador, sumida la mirada en el suelo que metros abajo, detenido en su fango, rocas y follaje espeso e indolente a esa mirada que parecía de pronto hacerse caída libre hacia su regazo. Nadie aparte de mí y Araníbar reparó en el comentario, y si no fuera porque justamente decidí volver sobre mis pasos justo cuando se supone ya no lo haría no estaríamos ahora teniéndolo a nuestro cargo, si puedo tomarme la potestad de llamar así a estos días un tanto salidos de historias de suburbios y fantasías porteñas que pasamos con el viejo Krausse. Me disponía a ir a casa, había terminado el turno nocturno, no hubo contratiempos salvo el hombre en la esquina que detiene su Volkswagen desde hace tres años: Sale, enciende un cerillo, lo observa con absoluto pasmo, como extasiado por el destello devenido a repentina oscuridad de extinción, enseguida reemplazado por la reincidencia en el encendido, una y otra vez hasta pasados minutos, horas y paciencias obligadas (las mías) a acercarse –el primer año- y ver desde adentro el show de inmolación de cerillos sin otro propósito que la contemplación del fuego en su ciclo de existencia, al menos es lo que presuponía cuando me daba por explicar el inusitado evento. Silencio, una suerte de retardo mental, un momento de confusión y una sensación de estar hablando con un idiota o en todo caso con un hombre que a toda pregunta


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gesticula impávido e indiferente a la curiosidad y solo dispuesto a dar por terminada la entrevista con su rápida evasión. Recogiendo bajo la sombra de mi presencia policial, el carbón de los cerillos diseminados por el suelo, entre el lodo que se prolonga de la canaleta y la grama que rebasa el área del pedazo de jardín; cuadro bastante dramático teniendo en cuenta que el dueño de la sombra no dijo nada ni sugirió tampoco, solo su presencia aproximada para el accionar mecánico e instantáneo de aquel hombre. Viéndolo así desde arriba, empeñoso en recoger cada uno de los cerillos con una mano y depositarlos en la otra, donde poco a poco una pila carbonizada va erigiéndose dotando a quien gusta de ver otras cosas en las cosas, pero no cosas donde no las hay, sino otras, la sospecha de que existe el hielo negro y los hombres que podrían pasarse la eternidad de cuclillas recogiéndola, afanosos y necios, más que fascinados y resignados a su labor, mientras a uno el fantaseo de estar observando la renuencia en el arte de saber sobre torturas de niveles astronómicos se asocia al concepto del Hielo negro –si es que hay-, y manos huecas más huecas conforme tratas de ver cuán profundas, un cuerpo retorciéndose en pos de más hielo carbonizado, mirada compasiva de Caronte jubilado, algo alegre, algo triste, algo piedra. ¿Ya lo viste? Me dijo Araníbar cuando vio que también había oído el comentario de Alguien. En realidad no veía a Krausse desde el invierno pasado que fuimos con Judith más de pesca, pero parece que dije que sí, pues mi colega no dijo más; evento aquel de la pesca que determinó las actuales circunstancias, pues fue luego de ello que cayó mal y en menos de lo que pudiera nuestro amigo darse cuenta siquiera, voló de sus manos su gorrioncito, como le llamaba durante las tardes templadas y de lluvia en el suelo de charquitos pintorescos, donde juntos, luego de un día holograma de los anteriores y quizá de los venideros, se iban a tomar el café más fino del mundo en el Confort Colono, único lugar que a Krausse le devolvía el alivio a la


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nostalgia por su tierra natal, Alemania, y a donde su llegada era motivo de celebraciones y hurras por parte del regente, un primo cercano, Stark. Así, cada tarde en compañía de su algodoncito: menudita, de andar apresurado tras esos piececitos que loquitos iban uno tras otro como el aleteo del picaflor, erguida la cabecita de bombón y con el cabello de ébano yendo de hombro a hombro, dibujando en su espalda escotada y tersa, la imagen de un péndulo que marcaba el ritmo en su andar, que por lo general iba de aquí o allá hacia cualquier sitio donde pudiera seguir siendo el terroncito de felicidad que encantaba con su gracia a quienes pudieran verla, y sobre todo a quien, por gracias de los ángeles, tuvo la dicha, según él, según nosotros y según la finada también, de haberse encargado la deliciosa y dulce tarea de amarla y ser amado. Cuando fui a su casa el viernes luego del último despacho policial, tenía en los botines, en simultáneo con el fango adhiriéndose conforme caminaba, la idea vaga de estar arrastrando el cansancio y tedio de tanta tranquilidad – destacado a esta tierra hace seis años, habíame ya acostumbrado al clima templado, unas veces refrescado por la brisa que descendiendo de los bosques un poco más altos que la torre de la iglesia o el techo de la neblina matutina, alienta los momentos de bochorno a causa del calor o las actividades laborales, dotando a nuestra piel de ese tono verde vida, renovado, que por lo general orienta a nuestro bienestar a darse una vuelta por el Boulervard del pueblo, a ver si volvemos a encontrar a una Carla, Jazmín o María, de las tantas que a lo largo de inopinadas y espontáneas visitas a este lugar, hallamos y conformamos una alianza basada en el compartir de fluidos y caricias y momentos buenos que se hundían en las lagunas producidas por la cerveza o el ron y luego, cuando la cabellera del sol asomaba por el hermoso merengue forestal de lomas; uno ya no sabía si esa sensación de felicidad remitida a saberse todavía capaz de conciliar a mis cincuentaytantos ese tipo de asociaciones con una fémina. En Trujillo tenía tres hijos ya hechos y una ex mujer deshecha, al


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menos para mí, habíamos compartido gran parte de nuestras vidas traducidas en nuestros tres vástagos hasta que un día ella no pudo hacerse más líos en decirme mientras almorzábamos que por más que lo intentaba no lograba sentirse otra vez amada ni en capacidad y disposición de hacerlo, no, de seguir haciéndolo, aunque apuesto más a lo primero. La noticia me tomó un tanto prevenido pues no dudé en decirle que por mi parte también la recurrencia y monotonía de nuestras actividades, proyectadas desde el inicio una en contra de la otra, habían mellado en mis iniciales propósitos, los que todo el mundo se traza por herencia social. Yo trabajaba de noche, ella de día, yo amaba el cielo, ella el suelo, yo tenía alegrías fuertes con cada ocaso o con la música del mar golpeando las costas, mientras ella, ofuscada por el viento que la despeinaba y golpeaba en el rostro diciendo ya vamos y la saliva del mar mojándole la nuca o la frente, cual ocaso ni tonterías, me tienes harta, se hace tarde, si quieres quédate, yo me voy, diciendo finalmente. No, yo me voy, fue lo que dije por mi parte cuando vi que ella ya había partido con rumbo a la tierra de sus padres, Tacna. Quedé algo confundido, sin saber si había ganado o perdido o simplemente defraudado una causa, una consigna: En las buenas y malas, o Hasta la muerte y todas esas expresiones que en un inicio te pintan la vida en aparente definición, recorrido y consecución basada en la simple pronunciación de una promesa, o de dos, o de una vida entera remitida al deseo o el ensueño. Convencidos, hubiera dicho si no hubiera tenido ganas de decirle algunas veces mucho después, que se me hacía tan duro volver a empezar, y si por mí fuera olvidaría todo y dejaría que sus defectos se maquillen de virtudes o mis virtudes pasen por simples modos de ser que no tienen que estar conflictuándo con los tuyos, que sabes, unas veces dije: los sortearé guardando silencio y prudencia, y yéndome cuando las cosas se salgan de control, pero que finalmente no pude sino afrontar del


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mismo modo que tu rabia haciéndose agresión y violencia, pura retribución según decías, pura herencia letal según mi visión. Por eso, cuando arribé a esta Villa Rica estaba del alguna forma con el ánimo semejante al de Krausse ahora, solo que en mi caso no hubo muerte, ni tardes de cafés, ni brazos ensartados a los míos y labios disparándose certera y continuadamente sobre la húmeda piel del otro, húmeda de besos, de vida, de dicha de estar siendo quien bese y quien sea besado; ni amor mucho menos, y aunque tal muerte no sea más que una ausencia sin medida conocida, no era lo que consideraba yo como primordial semejanza, estaba el espíritu alicaído, los párpados ensañándose vertiginosos en plegarse y las ojeras lila expandiéndose sobre todo terreno facial, incluso las comisuras de labios y ojos, imposibilitados de resistir más ante la inmisericorde edad, hija del tiempo llenado hasta el borde en vasos de cristal y bebidos con el ansia de la locura hecha años amontonados y olvidándose conforme se iban desviviendo, como cuando se deshoja una margarita. Krausse dejó la cama por fin, son casi las cuatro de la tarde, lleva dos días con nosotros, no tiene familiares pues la infertilidad de Judith le negó la dicha que sabemos, en el fondo hubiera sido para él tener hijos y asentar su prole en estas maravillosas tierras de café, piña y árboles madereros. A pesar de lo poco que hayamos podido saber de él antes de su llegada al país, fue su manera de ser, de amar a Judith, de dejarse amar por ella, de sorber el café o echarse al hombro el machete o calzar las botas, lo que gestó en quienes vimos sin la telita de la razón su vida y su modo de ser, esa suerte de fascinación que por ejemplo Araníbar experimenta con el rifle y la caza de venados, o la mía con el agua turbia y los misterios de mi anzuelo sumergida en él. Desde que le dijimos, ven con nosotros, acompáñanos, no fue precisamente su decisión lo que posibilitó su disposición y aceptación, sino algo que quizá solo él sepa


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desde muy dentro de sí, quizá desde el centro de su sufrimiento por la pérdida. Y estos días vienen siendo bastante especiales conforme los minutos transcurren, la idea de fulgor parece impregnarse en nuestra percepción, y nos damos cuenta que es él recostado contra el muro de madera, observándonos algo condolido por cómo nos vemos: curcos, ojos irritados por la luz del monitor, paisaje muerto, áridos, como de dos robots frente a sus corazones mecánicos; mueve la cabeza como tratando de deshacerse de algo que lo molesta, luego se lleva el rostro a la concavidad de sus manos juntas y se queda allí, pensamos en su llanto, y por respeto desvío la mirada; Araníbar pretende hacer algo, recaba en el pañuelo o el agua de azahar, yo en decirle que no haga nada o hacerlo yo. Nadie hace nada, solo Krausse que saca el rostro como quien desenvaina la espada, pues nos dice que si no fuera por la bonita tarde nos comería a los dos como a dos paujiles por el hambre que tiene. Los aludidos nos miramos y sonreímos por lo que significa eso, Krausse salía de lo peor. Comió ávido cuanto le dimos, después, cuando creímos que diría o haría algo más acomodó su cuerpo y sin que podamos hacer otra cosa que paralizarnos, vimos que volvió a acostarse. Krausse, ¿qué tal una partida de cartas?, no voy, ¿y un par de cervezas?, tampoco, ¿en serio volverás a dormir?, no sé, tú qué crees…Roncaba, respiraba espaciosamente, estábamos ahí los dos, sin saber qué decir o hacer, me asomé a la cama y traté de hallar su frente para aplacar la ansiedad de mi mano por acción alguna. Tiene fiebre, balbucea, delira me dice Araníbar, ¿pero por qué?, le digo bastante consternado, si hace unos minutos estaba muy bien repuesto, déjalo descansar me dice mi amigo y salimos ambos a dar un paseo, la noche cubre el firmamento con ese tinte funerario que unas veces antecede en la pre precepción del normal curso de los eventos.


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O sea que…Lo envenené, sí. ¿Y por qué?, ¿acaso no compartías conmigo esa simpatía especial por el viejo? Eso es innegable, por eso lo hice, porque de haber dejado que la muerte misma decida llevárselo, hubiéramos tenido la desdicha horrible de ver cómo Krausse se convertía en alguien de nuestra condición, desligado de la magnificencia de su amor, de su ser. No entiendo, nada justifica el odio devenido en homicidio, nunca trataré siquiera de entenderlo. Ni yo. El Volkswagen no volvió a aparecer por los alrededores, ni los cerillos volvieron a encenderse, y es que tampoco me quedé para comprobarlo, después de los funerales renuncié al empleo y volví a casa.


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El RÍO De sol a sombra, elucubrando la sensación seca de ausencia. Mojando con su saliva mi piel, pero contaminándola como nunca imaginé con erupciones cutáneas a lo largo de todo el cuerpo, de abajo hacia arriba. Me encuentro ahora casi cubierto al setenta por ciento por tales llagas rojizas de gran escozor, bajo mi pecho ya se asoma la invasión irremediable, a juzgar por la gama de medicamentos, naturales y químicos inútiles y descartados, empiezo a pensar en mamá, mi hermana, hijo y mujer. Pero no a pensar recordándolos, sino entre añoranza y añoranza, tratando de hacer encajar en las ranuras de la secuencia continuada de ellos cuatro, mi dolor, no para reducirlo, tan solo para deshacerme de la inmensidad fatídica y aplastante de mi pensamiento al respecto. Me han dicho alergia, o infección por ácaros, o encantamiento del Río, empiezo a pensar con la rabia del perro hidrofóbico que no importa el causal, sino solo saber que pueda mejorar, en un arrebato instintivo de sacudirme de esto y volver a mi tundra, donde por lo menos la muerte la gestaba yo y no un millar de granitos diseminándose por todo mi cuerpo tan vertiginosos que ahora mismo siento mientras palpo con la yema de los dedos, que van aumentando en número, escozor, dolor y gravedad, al lucir más rojos, más grandes, más obstinados en no sé qué. Cubrirme al cien por ciento y dejarme finalmente convencido de tirarme desnudo a su basta boca líquida, me refiero a la del Río claro. Y para cuando esto suceda quiero dejar listo mi trabajo hasta donde esté, el problema es que la única persona que cuenta con el número completo de lo que fui construyendo durante estos ocho años, es mi hermana que quizá ya se


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haya encargado de eliminar de su laptop todo vestigio de su malvado, indolente, agresivo, degenerado y perverso hermano. Si así ya es entonces quizá sea este texto lo último y único que escriba, pero sabiendo que en el proceso de mejora de la calidad textual, quizá sea esta composición ya nada ficticia, el único testimonio de mi paso por el mundo. Siendo tal evento irremediable, quiero decirle a mamá que me debe estar oyendo o teniendo en su mira, perdón por todo, por no haberme hecho cargo de ella cuando cayó enferma, por no haber propiciado y movido mar y cielo en busca de la cura o la alternativa, por haberme ido y sumido en laberintos tortuosos de autoflagelación, según yo para recrear en mí su sufrimiento. Veo que no tiene ningún sentido el condolerme ahora que pienso que inclusive a su entierro no asistí, qué tipo de monstruo he criado en mi galpón espiritual, qué manera de envilecerme hasta el punto de tener para el mundo puro odio, venganza, represión y planes nefastos. Me llevaría a varios conmigo me dije la última vez; ahora sé que mi afán egoísta no pudo ser peor. Si he de morir estarás tan solo tú, gran Río, pues será en tus aguas donde acudiré para redimirme y hacer penitencia de existencia, sacrificio en aras de la desdicha, del arrebato, de la evasión, del sin sentido de mi dizque labor artística. Ven que perdí noción incluso de lo que realmente es el arte, ven que ya nada de lo que haga se orienta a otra parte que no sea lo funesto, lo negativo. Siendo así, para qué vivir, para qué insistir con la vida, con su gente, con sus rutas. Cargo con el cansancio de la tortura, de la espalda lacerada y el látigo fatigado, casi no resisto el dolor físico por la infección y no tengo ganas de pedir ayuda más que quizá de este modo. Por eso descenderé a ti querido Río, a tus aguas a servirme de la copa de veneno que ahogándome me dará por fin el descanso absoluto. Sé que el miedo de saber que quizá no haya nada después será también irremediable, pero lo es


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más aun el saberme muerto en vida, incapaz ya de curarme de un simple resfrío o moverme limpio cuando camino, o de trazarme planes a futuro para mi auto sostenimiento. Nada resarcirá, ni siquiera mi muerte, el haber dejado que mamá muriera, de eso estoy convencido, a eso se resume todo esto que de un tiempo, quizá desde acabado el colegio, a esta parte, he ido haciendo y deshaciendo. Pienso a veces en el actuar instintivo de alguien más que trabaja en mí, alguien profundamente dolido por la ausencia de papá desde nacido, por la ausencia eterna del bienestar económico o la superación profesional y personal. Nada he logrado concretamente, nada, absolutamente me he dedicado a doblegarme, a jugar con fuego, a quemar; y esto es lo que queda, el ochenta por ciento de mi piel contaminada. Son casi las cuatro de la tarde, ardemos en treinta y siete grados, mis pies ya no saben cómo comunicar su putrefacción, mi cerebro lucha por hacerle caso omiso mientras escribo, pues aunque parezca gracioso sigo creyendo en la escritura como único artífice de mi animación en la vida, ya ni siquiera la música, y aunque me pese decirlo así a quemarropa: solo el ruido nada musical del Río golpeando rocas, arrastrando árboles y piedras me dota de esa remota sensación de estar oyendo música, solo eso. Me gustaría tener reunidos a unos cuantos en mi lecho mortal, pero como mi lecho será inmensamente largo e inabarcable hasta con imaginación, esos pocos sobrarían en su pequeñez, quizá estando en las orillas pudieran decirme con las manos adiós conforme bajo a los infiernos por el lomo del Río, pero no podrán lo saben, también los mosquitos que pretenden sobrevolar el vuelo, lo saben. No pido lágrimas eso sí, yo las tengo todas y por eso desembocaré al gran Río para alimentar el volumen hidrográfico de la cuenca. No será mucho, pero poco tampoco me permito considerarlo, no por egocentrismo ni nada parecido, solo porque en el fondo, la satisfacción de haber ganado muchas


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batallas contra lo inusitado, enviciado y venido a menos, me consagra a mí mismo como el santo de mis pesadillas, el arpón de mi noches de caza, el veneno en el aguijón del escorpión y la garra introducida en el cuerpo del ratón. Bueno, no soportando más el intenso ardor por el noventa y nueve por ciento de dominación de la infección sobre mi cuerpo, doblo las rodillas intentando no soltar el ataúd, y haciendo el último esfuerzo me propongo darme un baño que limpie al menos hasta el arribo al Río, mi cuerpo de sapo. Sapo que ahora recordando, fue con el que me atreví a parlar una de las noches anteriores a ésta que ya casi se cierne sobre el pueblo, sobre lo inmensamente gracioso y a la vez penoso de a dónde me vine a morir, a dónde vinieron mis huesos a detener su normal aniquilación por el tiempo y la ausencia de sonrisas blancas, el espacio, el calor y la noche, sabiondo él a puro líquido corticante lechoso e intensas ganas de zafarse y correr saltando hacia el denso follaje, desde donde probablemente nunca volverá a salir a juzgar por la tristeza reflejada en sus ojos enormes o su piel semejante ahora a la mía en toda su connotación. Qué extraña coincidencia haber dado con la región donde una vez me vi fotografiado a mi año y diez meses (si no estoy mal en el cálculo casi la edad que tiene mi hijo ahora mismo) apoyado en la reja de madera de una verde casa en un verde lugar llamado San Martín de Pangoa, hermoso en el aspecto, o sea yo, obviamente gracias a mamá. Entonces repentinamente vuelvo a empuñar los dedos y golpear el suelo con mi cabeza dura y el muro con esos dos puños de porcelana maldiciendo hondamente a quien se atrevió a sacarme de mi estado de transición entre mi vida anterior a otra que continuara con la misión trascendental que me fue asignada por los viejos maestros. Y no es que haya sido su culpa hacerlo, sino deshacerlo, su maldita culpa por haber estado


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nunca, por haberme ido matando de a pocos con la rabia de no conocerlo durante mis veinticinco años que tengo de vivo y finalmente escupiendo en todo lo que tenga que ver con él, por haber sabido que incluso sabiendo recientemente de mí se hiciera pura indiferencia y silencio, abstracción ejecutora, homicida evasor, mírame con mi crimen de estandarte, hiciste que matara a mi madre y a mi hijo, ahora supongo que estás contento y completo, pues se acaba la función de este hijo tuyo nunca deseado, nunca forjado correctamente ni orientado a estarlo. Ríe, que el Río reirá conmigo cuando compartamos la misma sangre y le entregue yo todo lo que me queda, un cuerpo infectado ahora sí al cien por ciento, de la coronilla a la uña del pulgar de pie. Fin del juego, GAME OVER.


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Kevin Mendoza Villafuerte - Tus Huesos a la tierra