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Eight Fabulous Animals

Written by Ilan Stavans Illustrated by Roberto Weil Translated by Stalina Emmanuelle Villarreal Š 2011 Ilan Stavans and Roberto Weil


La cuzebra La cebra culebreada (Equus quagga loxocemidae), también llamada cuzebra, es un mamífero herbívoro de cuatro patas, similar al asno, que se distingue de otros especímenes de su género, como la de planicie, la de Grevy y la montañesa, por sus inestables rayas conformadas por loxocémidos. Es decir, la epidermis de esta cebra está habitada por víboras, que se alimentan de ratas de campo. Otras características distintivas son sus ojos y dentadura humana. La cuzebra ha sido vista en una única ocasión. La cita siguiente es de Alan Turner y Mauricio Anton (Evolving Eden: An Illustrated Guide to the Evolution of the African Large Mammal Fauna, 2004): “Nadie sabe a ciencia cierta si la cebra común y corriente es negra con rayas blancas o blanca con rayas negras. Tal confusión no se aplica a la cuzebra, registrada por el científico escocés Sir Walter J. Bradley en Costa Rica hacia 1947, que obviamente pertenece al segundo grupo. Sus líneas existen en estado de constante agitación. Se trata de un extraordinario cruce de especies en el reino animal, como las criaturas en el Libro de Ezequiel”. La cubana Lindy Negrón y el puertorriqueño William Henry, de Vanderbilt y Columbia respectivamente, en un ensayo de darwinismo social (“Post-Ethnic Relations in Mestizo America,” Journal of Race and Nationality, vol. XXII, issue 3: 35-57), utilizan esta “zebra”—en sus fragmentos en español, Negrón y Henry optan por una ortografía anticuada—como una metonimia para explicar ciertos individuos “de integridad dudosa” que viven en culturas multiculturales donde se ha efectuado esfuerzos fútiles por eliminar el racismo. Donde la población blanca es mayoritaria, aseguran los académicos, hay agentes secretos “parecidos a la cuzebra de Walter Bradley” que “pretenden estar bien con todo mundo (be nice to everybody) pero en realidad buscan infiltrar los sectores más resistentes a la integración étnica a través de técnicas variadas, por ejemplo “cuando en una horda un macho rival intenta derrocar al macho dominante, éste lo desafía tocando la nariz del rival con la suya o frotándole las espaldas”. El hecho que las cebras culebreadas duerman de pie, según Negrón y Henry, es “prueba de que nunca bajan la guardia”.

Zerpentebra The serpent zebra (Equus quagga loxocemidae), alias Zerpentebra, is a four-legged grass-eating mammal, like an ass, yet is differentiated from the epitomes of its genus, for example its cousins (the plains, the Grévy’s and the mountain), by its constantly moving stripes made of Loxocemus. In other words, snakes live on the zebra’s epidermis, and these snakes eat field rats for food. The zebra’s other distinctive features are its human eyes and teeth. The Zerpentebra has been sighted on just one occasion. The following citation is from Alan Turner and Mauricio Anton (Evolving Eden: An Illustrated Guide to the Evolution of the African Large Mammal Fauna, 2004): “No one knows for sure if the typical common zebra is black with white stripes or white with black stripes. Such confusion does not apply to the Zerpentebra, discovered by the Scottish scientist Sir Walter J. Bradley in Costa Rica circa 1947; it obviously pertains to the latter. Its lines are in a constant state of movement. This represents an extraordinary crossbreed of species in the animal kingdom, like the creatures in the Book of Ezekiel.” Cuban sociologist Lindy Negrón and Puerto Rican anthropologist William Henry, from Vanderbilt and Columbia respectively, in an essay on social Darwinism (“Post-Ethnic Relations in Mestizo America,” Journal of Race and Nationality, Vol. XXII, Issue 3: 35-57), use this “zebra”—in their excerpts in Spanish, Negrón and Henry opt not for the traditional spelling, “cebra,” but for an archaic form—as a metonymy to explain certain individuals “of doubtful integrity” who live in multicultural cultures, within which futile efforts to end racism have taken place in recent times. These academics assert that, in places where the white population is the majority, secret agents “similar to Walter Bradley’s Zerpentebra pretend to ‘be nice to everybody’ but, in reality, seek to infiltrate the sectors more resistant to ethnic integration through a variety of techniques, for instance “when a virile rival intends to topple the alpha male in a mob, the latter one dares the other either with a quick Eskimo kiss or by rubbing their backs together.” According to Negrón and Henry, the fact that Zerpentebras sleep while standing is “irrefutable proof they never let their guard down.”


El hugorila El gorila castrense (Troglodytes gorilla venezolanus), también llamado gorila bolivariano de Tierra de Gracia, y, más comúnmente, el hugorila, es un primate herbívoro que camina con cuatro patas, mide unos 1.75 metros de altura, pesa 200 kilogramos, manifiesta síntomas de paranoia avanzada y tiene propensión a las mujeres que han concursado en Miss Universo. Con una mandíbula protuberante que ostenta una dentadura feroz, su dieta consiste de tres o cuatro litros de petróleo diarios, salvo cuando devora a sus enemigos, a quienes descuartiza luego de ridiculizarlos en público. En el libro Mammal Species of the World: A Taxonomic and Geographic Reference (3ra edición, 2005), Don E. Wilson y DeeAnn M. Reeder afirman que el ADN del hugorila es 32% similar al humano y que tienen huellas digitales, lo que es único en el reino animal. El hugorila es pariente del gorila idiamín (Gorilla idiamei graueri) de las tierras bajas de Uganda. Este primate aparece registrado por vez primera en Anábasis de Alejandro Magno (libro VIII), donde Jenofote asegura que el explorador cartaginés Hanón el Navegante (circa 530 e.c.-450 e.c.) “zarpó desde Cartago y cruzó las Columnas de Hércules y surcó por el mar exterior con Libia a babor. Al pisar tierra [en la actual Uganda] encontró una criatura horrible, mitad bestia, mitad soldado, que sufre de un apabullante complejo de persecución que se alivia cuando destruye a sus contrincantes y rápidamente recibe una hembra velluda para saciar su sexo”. Jenofonte, en su conclusión, explica que en griego la palabra gorillai significa “que goza de mujeres peludas”. El traslado del hugorila de África al hábitat septentrional de América del Sur es relativamente reciente. Según Wilson y Reeder, el politólogo argentino Norberto Ceresole, amante de los primates, lo trajo subrepticiamente a Venezuela. “Justo cuando el virus del ébola decimó varios centenares de gorilas idiamín, el hugorila era catalogado por primera vez. Su aparición está relacionada al golpe de estado de 1992”. Pynchas Brener, en una columna en El Nacional, lo describe como “una modalidad de simio que sugiere un rey desnudo”. En Venezuela en la última década, el hugorila aparece frecuentemente en TV vestido con uniforme militar y describiendo a sus enemigos—a través de signos—como “sionistas asesinos”.

Hugorilla The militant gorilla (Troglodytes venezolanus gorilla), alias Bolivarian gorilla from the Land of Grace, and, more commonly, Hugorilla, is a grass-eating primate that walks on four legs, is roughly six feet in height, weighs over 400 pounds, shows symptoms of advanced paranoia, and has a leaning toward women who have competed in Miss Universe. With a protruding jaw that flaunts ferocious teeth, his diet consists of a gallon of petroleum per day, except when he devours his enemies, whom he butchers for public humiliation. In the book Mammal Species of the World: A Taxonomic and Geographic Reference (3rd edition, 2005), Don E. Wilson and DeeAnn M. Reeder affirm that the Hugorilla shares 32% of its DNA with humans, and that he possesses fingerprints, a feature unique to this species within the animal kingdom. The Hugorilla is related to the Idiamin Gorilla (Gorilla idiamei graueri), from Uganda’s low lands. This primate is first documented in Anábasis de Alejandro Magno (book VIII), where Xenophon describes the Carthaginean explorer Hanno the Navigator (circa 530 C.E.-450 C.E.) as he “set sail from Carthage and crossed the Pillars of Hercules and cut through the outer sea with Libya to port. Upon setting foot on soil [in current Uganda] he found a horrible creature, half beast, half soldier, suffering from an overwhelming persecution complex that is relieved when it destroys its opponents and quickly catches a hairy female to satiate his sex.” Xenophon, in his conclusion, explains that in Greek the word gorillai means “that he enjoys hairy women.” The relocation of the Hugorilla from Africa to a habitat in the northern reaches of South America is relatively recent. According to Wilson and Reeder, the Argentinean political scientist and primate lover Norberto Ceresole brought him surreptitiously to Venezuela. “Just as the Ebola virus decimated several hundreds of Idiamin Gorillas, the Hugorilla was first discovered. Its emergence is associated with the 1992 coup d’état.” Pynchas Brener, in a column in El Nacional, describes him as having “ape-like mannerisms similar to a naked king.” In Venezuela during the last decade, the Hugorilla has appeared often on TV dressed in military uniform, describing his enemies—using hand gestures—as “Zionist assassins.”


El elefantipoacher A nadie sorprende en la mitología guatemalteca el elefantipoacher (Elephas maximus pocheranus), comúnmente llamado “el paquidermo matón”, sea asociado con el desagravio. Su fama, en parte, se debe al blues compuesto por Jimi Hendrix, “Machine Gun Beast”, en el cual el animal es retratado como un justiciero darwinista. Desde 1998, la organización internacional Greenpeace lo considera su mascota. Se desconoce cómo la subespecie llegó a Guatemala. En The Elephant’s Secret Sense (2007), Caitlin O’Connell describe al elefantipoacher como un mamífero de gruesa piel azul cerúleo, orejas enormes y patas planas, que llega a pesar unos 12,500 kilogramos y tiene una longevidad de hasta 60 años. Sus colmillos muestran unas roscas doradas de 12 centímetros de ancho que sirve para atraen a sus víctimas. A diferencia del elefante asiático y del sisifante estudiado por el doctor Juan Merinowsky en la Zona Cero de Manhattan, su característica distintiva es que su probóscide—mejor conocida como trompa—es una pistola gigante que se inicia en forma de barrilete en la sección de la nariz y se transforma en metralla de tres cañones cuyo calibre oscila entre 12.5 y 14.5 milímetros. El elefantipoacher reconfigura los 200 kilogramos de corteza de árbol que ingiere a diario en cartuchos venenosos que dispara a razón de 1,200 por minuto y a una velocidad de 300 kilómetros por hora. Dice la doctora O’Connell que “este es el único caso detectados por científicos en el reino animal en el cual naturaleza y tecnología han evolucionado a la par”. O’Connell afirma que “al observar, por su carácter paciente, el tráfico de pieles, huesos y dientes que impera en Belice, Guatemala y El Salvador, el elefantipoacher opta por la revancha “ametrallando a los especuladores como si fuera su Dirty Harry”. En el departamento guatemalteco de Izabal, el saldo de ametrallados entre 1978 y 1983 fue de 1,347. La cifra hizo que el dictador Efraín Ríos Montt acusara a Greenpeace de gestionar esta masacre, “sobrevalorando a la bestia como si valiera más que una docena de nosotros”. Desde 1995, el número de especuladores muertos en América Central se ha triplicado.

Elephantipoacher No one is surprised that in Guatemalan mythology, the Elephantipoacher (Elephas maximus pocheranus), of which the common alias is “pachyderm thug,” might be associated with the feeling of vindication. The animal owes its fame, partially, to the blues song composed by Jimi Hendrix: “Machine Gun Beast,” in which it is portrayed as a Darwinist avenger. Since 1998, the international organization Greenpeace has declared it as their mascot. It isn’t known how the subspecies reached Guatemala. In The Elephant’s Secret Sense (2007), Caitlin O’Connell describes the Elephantipoacher as a mammal with thick, cerulean-blue skin, enormous ears and flatfeet. It can weigh up to 14 tons and has a lifespan of up to 60 years. Its tusks display gold threads five inches wide; they are used to lure its victims. Unlike the Asian elephant and the Sisyphant studied by the doctor Juan Merinowsky in Manhattan’s Ground Zero, the distinctive feature of the Elephantipoacher is its proboscis—better known as its trunk, which is a huge gun beginning in the form of a chamber at the nose part, which then grows into a triple-barrel shotgun with a caliber varying between 12.5 and 14.5 millimeters. The Elephantipoacher processes 400+ pounds of tree bark it consumes daily, turning them into poisonous ammunition it shoots at the rate of 1,200 per minute and at the speed of almost 200 miles per hour. Doctor O’Connell argues that “this is the only case in the animal kingdom detected by scientists in which nature and technology have coevolved.” O’Connell also affirms that, “due to its patient nature, when it observes the trafficking of rawhides, bones, and tusks that is widespread in Belize, Guatemala, and El Salvador, the Elephantipoacher opts for revenge, “machine-gunning the speculators as if it were their Dirty Harry.” In the Guatemalan Izabal Department, the total of people machine-gunned between 1978 and 1983 is 1,347. This high number forced the dictator Efraín Ríos Montt to accuse Greenpeace of orchestrating the massacre, “overvaluing the beast as if it were worth more than a dozen of us.” Since 1995, the number of dead Elephantipoacher speculators in Central America has almost tripled.


El jifallo Pese a que el hipocampo mudo (Hippocampus camelopardalis musicalis), mejor conocido como jifallo, es un pez minúsculo de fisonomía extravagante, su fama la debe al sonido que emite al comunicarse. Nadie conoce ese sonido a ciencia cierta porque es inaudible para los humanos. Tal desconocimiento, sin embargo, no impide toda suerte de especulaciones. Sonny Rollins, en una entrevista de 1959, afirmó que su composición “Freedom Suite”, hecha con Coleman Hawkins, surgió después de haber visto “un jifallo del tamaño de mi nariz” en el acuario de Mystic, Connecticut. “Imposible describir su música porque desgraciadamente estamos sordos”, dijo Rollins. “Lo único que sé es que era celestial”. El jifallo mide unos 15 centímetros de longitud y vive en las aguas tropicales del Caribe. Una cola descendente de anillos óseos se enrosca hacia adentro en su parte inferior, convirtiéndose en una aleta dorsal que le da tracción. En la parte superior es una jirafa cubierta de un pelaje amarillo manchado de café que tiene un largo cuello de siete vértebras, orejas puntiagudas y cuernos de cartílago osificado. Ostenta en la cara un visor que le cubre los ojos y un snorkel que le permite respirar en el agua. Y, mutatis mutandius, del hocico le brota un saxofón que sostiene con las dos patas. Lue Sheepers, en Winning by the Tiny Neck (2007), asegura que “ese saxofón transmite ritmos harmónicos que reciben otros jifallos y que para nosotros sonaría como si Gato Barbieri hubiera sufrido de una gripe crónica”. Paul Simon y Art Garfunkel escribieron su canción “The Sounds of Silence” en homenaje a este pez. Aparentemente, Julio César, tras conocer a Cleopatra en sus campañas por Egipto, lo introdujo en Europa en una vasija. Sheepers cree que el espécimen tenía entonces una variante rudimentaria del saxofón que semejaba una trompeta persa. Los romanos lo bautizaron como hipocameleopardo, un cruce entre camello, camello y leopardo. El saxofón actual es producto de su adaptación al hábitat caribeño, donde el pez sobrevive de una variante de arroz y habichuelas en el zooplancton. Se dice que la revolucionaria cubana Haydée Santamaría tenía un jifallo en la bañera de su casa en la época en que dirigió Casa de las Américas.

Giroff While the mute seahorse (Hippocampus camelopardalis musicalis), better known as Giroff, a miniature fish of extravagant appearance, owes its fame to the sound it emits while communicating, no one knows for certain what the music sounds like since it is inaudible to the human ear. Such acknowledgement, nevertheless, does not prevent all kinds of speculation. Sonny Rollins, in a 1959 interview, affirms that his composition “Freedom Suite,” created with Coleman Hawkins, was conceived after having seen “a Giroff the size of my nose” in an aquarium at Mystic, Connecticut. “It’s impossible to describe its music since, unfortunately, we are deaf to it,” said Rollins. “I only know it was celestial.” About six inches long, the Giroff lives in the tropical waters of the Caribbean. A tail that descends from the limb girdle then curls toward the inner part of its lower side, transforming itself into a dorsal fin that gives it traction power. At the upper side, it is a giraffe covered in brown-spotted yellow fur that has a seven-vertebrae long neck, pointy ears, and horns of ossified cartilage. Goggles cover its eyes, and a snorkel allows it to breathe underwater. And, mutatis mutandius, from the snout sprouts a saxophone that it holds with two hooves. Lue Sheepers, in Winning by the Tiny Neck (2007), asserts that “this saxophone transmits harmonic rhythms other Giroffs sense, and for us it would sound as if Gato Barbieri had suffered from chronic flu.” Paul Simon and Art Garfunkel wrote their song “The Sounds of Silence” as homage to this fish. Apparently, Julius Cesar, after meeting Cleopatra during his expeditions throughout Egypt, introduced it to Europe in a pot. Sheepers believes the specimen he had at the time was a rudimentary variant of the saxophone that resembled a Persian trumpet. The Romans baptized it as hipocameleopardo, a cross between camel, horse and leopard. The current saxophone is the product of its adaptation to its current Caribbean habitat, where the fish survives on a type of rice and kidney beans in the zooplankton. People say that Cuban revolutionary Haydée Santamaría, at the time she was director of Casa de las Américas, had a Giroff in her house’s bathtub.


La globormiga En la página 37 de La raza cósmica (1925), donde se anuncia que los mestizos dominarán el planeta en el siglo XXI, José Vasconcelos utiliza como ejemplo la globormiga (Formicidae liosaccus aerobaticus), “un insecto social imposible destruir” que evolucionó a mediados del Cretáceo y que “tiene un asombroso poder invasor”. El cuerpo peludo de la globormiga, por lo general negrezco, es el de una hormiga carroñera. Su cabeza está repleta de espinas y es similar a la de un puercoespín de mar, pese a que tiene, además, ojos resaltados, un pico granívoro y un par de antenas. Se alimenta de desperdicios y habita lo mismo en un clima subtropical que a 150 metros de profundidad oceánica. La globormiga es propia del mundo hispánico y se distingue por su afán conquistador y su facaultad migratoria. Sus otras características son su división del trabajo, su capacidad adaptativa y su resistencia a la violencia. Se organiza en colonias de millones de individuos, sobre todo machos estériles (llamados “soldados” por Bert Hölldobler y Edward O. Wilson, en The Ants [1990]) que buscan cavidades naturales en zonas industrializadas. Estas colonias también cuentan con hembras fértiles (llamadas “mamacitas”) que se multiplican a una velocidad frenética. Samuel Huntington describió estas colonias como “superorganismos desestabilizadores”. Ante el ataque, responde construyendo otras colonias y reemplazando a sus víctimas mediante el ahínco reproductor. Aunque la globormiga es usada por los indígenas del estado mexicanos de Chiapas para suturar heridas y en Hidalgo sus huevos son un caviar estacional que sirve de base al platillo de los escamoles (del náhuatl: azcatl, hormiga, y mol, guiso), su tendencia a irrumpir en oficinas, escuelas y hospitales en los Estados Unidos, adonde migra en busca de nuevas fronteras, la pone en conflicto con el orden humano. En la cultura popular, aparece en la Sura 27:18 de Qur'ān, protagoniza una célebre fábula del griego Esopo, desfila en el libro A Tramp Abroad (1880) de Mark Twain, y es un personaje en La hormiga atómica (1965), el programa de dibujos animados de Hanna-Barbera. Una noticia en el The New York Times asegura que Rick López, parte del segundo equipo de dibujantes de HannaBarbera, tuvo La raza cósmica como inspiración.

Blowfant On page 37 of La raza cósmica (1925), whence the tractate declares that mestizos are scheduled to dominate the planet in the 21st century, José Vasconcelos uses as an example the Blowfant (Formicidae liosaccus aerobaticus), “a social insect impossible to destroy” that evolved halfway through the Cretaceous and “has an astonishing invasive power.” The Blowfant has a furry body, usually blackish, typical of the scavenger ant. Its head is covered with spikes, and it is similar to a blowfish, even though it has, in addition, bulging eyes, a beak for eating grains, and a pair of antennae. It feeds on waste, and it can live both in a subtropical climate or at 500 feet below sea level. The Blowfant is typically from the Hispanic world and is distinguished by its zeal to conquer and by its skill for migration. Its other features are its division of labor, its adaptive capacity, and its resistance to violence. It organizes itself in colonies of millions of individuals, mainly sterile males (called “soldiers” by Bert Hölldobler and Edward O. Wilson, in The Ants [1990]), which search for naturally occurring hollows in industrialized areas. These colonies also rely on fertile females (called “mamacitas”) that multiply at a frenetic speed. Samuel Huntington described these colonies as “super destabilizing organisms.” Facing attack, they respond by constructing other colonies and replacing their victims by means of active breeding. Although the indigenous peoples of the Mexican state of Chiapas use the Blowfant to suture wounds and in Hidalgo its eggs are used as a seasonal caviar as the base of the dish called escamoles (from the Nahuatl: azcatl, ant, and mol, stew), what puts it in conflict with the human order is its proclivity for invading offices, schools, and hospitals in the United States, to which it migrates in search of new borders. In popular culture, the Blowfant appears in the Sura 27:18 of the Qur’ān, is a protagonist in a renowned fable by the Greek author Aesop, marches in the book A Tramp Abroad (1880), by Mark Twain, and is a character in Atom Ant (1965), Hanna-Barbera’s cartoon show. An article in The New York Times asserts that Rick López, part of Hanna-Barbera’s second animation team, had La raza cósmica as inspiration.


El abscondo Que yo sepa, nadie jamás ha descrito al animal que Tomás Aquino, en Summa Theologiae (1265–74), refiere como Alis abscondo, y que Andrés Bello, en una carta a su amigo Alexander von Humboldt escrita luego de acompañarlo por América Latina en una expedición de 1800, en español (iba a decir en castellano pero la memoria de Bello me detuvo) llamó “el abscondo, dócil y feroz a la vez”. Dado que el animal es contenido sin forma, su característica primordial es la ausencia. “El atributo que distingue nuestro universo es la existencia”, dice Aquino en la página 734, “puesto que todo en él es presencia—salvo Dios (e.g., Deus absconditus) y el animal que vive detrás de las esferas luminosas”. Abusando de la misma metáfora, Borges, en El libro de los seres imaginarios (1967), cataloga al abscondo como “un animal esférico” que tiene “la capacidad de estar en todas partes sin dejar rastro” y “la facultad de girar alrededor del eje sin cambiar de lugar y sin exceder sus límites”. Yo lo he sentido en un sueño: era de noche y yo estaba en un bosque y él me tocaba delicadamente la sien mientras emitía un llanto horrible que ahora yo describiría como el rasgueo de las cuerdas de un violín con un peine. Tuve miedo del abscondo. En los sueños sabemos de las cosas no por lo que son sino por las emociones que despiertan. Hace años un coleccionista de arte turco me mostró varias imágenes del absocodo que había adquirido en un mercado de Estambul. El animal, me dijo, “está en todas ellas aunque no puede ser visto porque pertenece al ámbito de lo imposible”. Añadió: “Lo que nosotros conocemos siempre proviene de nuestra imaginación pero el absondo es inimaginable”. Le pregunté si estaba seguro que el animal habitaba en las imágenes que me enseñaba y si de hecho se trataba de un animal. “Nuestra definición de animal es amplia”, repuso el coleccionista. “Caben en la misma categoría los anélidos, las esponjas, los braquiópodos, los moluscos, los quinorrincos, los mamíferos y los gnatostomúlidos. ¿Por qué no incluir también al animal que es todos los animales y ninguno?”

Absconder As far as I know, no one has described the animal Thomas Aquinas, in Summa Theologiae (1265–74), refers to as Alis abscondo, and Andrés Bello, in a letter to his friend Alexander von Humboldt written after accompanying him throughout Latin America in an expedition of 1800, in Spanish (I was going to say Castilian but the memory of Bello stopped me) called “the Absconder, docile and ferocious simultaneously.” Given that the animal is content without shape, its main feature is absence. “The attribute distinguishing our universe is existence,” says Aquinas, on page 734, “given that all therein is presence—except God (e.g., Deus absconditus) and the animal that lives behind the illuminated spheres.” Taking advantage of the same metaphor, Borges, in The Book of the Imaginary Beings (1967), documents the Absconder as “a spherical animal” with “the ability to be everywhere without a trace” and “the skill to gyrate around an axis without moving out of place and without exceeding its limits.” I’ve felt it in a dream: It was nighttime, and I was in a forest—and it delicately touched my temple while it emitted horrible wailing sounds I now would describe as the strum of violin chords with a comb. I feared the Absconder. In dreams we know about things, not because they are, but rather because of the emotions they awaken. A few years ago, a collector of Turkish art showed me various images of the Absconder he had acquired in Istanbul. The animal, he told me, “is in all of these images even though it cannot be seen because it belongs to the realm of impossible.” He added, “Everything we know is drawn from our imagination, but the Absconder is unimaginable.” I asked him if he was sure the animal inhabited the images he was showing me and if indeed they dealt with an animal. “Our definition of animal is broad,” replied the collector. “Within the same category fits annelids, sponges, brachiopods, mollusks, mud dragons, mammals, and jaw worms. Why not include the animal that is all animals and none of them?”


La fuca Aunque la fuca (del latín Phocidae), en parte foca y en parte mujer, es un animal híbrido amenazador que con características similares a la harpía (mujer y ave, del griego Άρπυια Harpyia) y la sirena (mujer y pez, del alemán Meerjungfrau y el inglés mermaid), no pertenece a la mitología sino a la realidad. Su fama la debe a la esterilización que efectúa con su vagina durante el coito, que lleva a cabo con humanos. Se dice que la fuca atrae a hombres lascivos que, según Georges Dumézil, “pierden la cabeza” (Mythe et Épopée [19681972]). Su cuerpo fusiforme, que manifiesta las estrategias adaptativas para la natación, cuenta con un par de extremidades anteriores cortas y aplanadas que terminan en uñas barnizadas que le sirven de aletas; las extremidades posteriores se bifurcan en pies con zapatos de tacón alto que adoptan una posición fija hacia atrás y no pueden retraerse. En la parte frontal alta tiene senos color púrpura con pezones y en la parte baja un orificio reproductor. Muestra nalgas, lo mismo que labios, cuerdas vocales y dentadura. Y tiene cabellera, que arregla en peinados diferentes. Su pelaje es denso y corto en la edad adulta, debajo del cual habita una gruesa capa de grasa subcutánea que representa hasta un cuarto de su peso total. Pero el órgano que le ha otorgado notoriedad en la historia es su vagina vengadora. En un acto conocido como “la fucofagia” (Mythe et Épopée, vol. 2: Types épiques indo-européens: Un héros, un sorcier, un roi, página 254), la fuca primero hipnotiza al hombre que la penetrarla y luego, en plena cópula, cercena con su vagina el órgano sexual masculino, incluyéndolo los testículos. Mientras el macho adolorido se contorsiona, ella escupe los genitales al tiempo que emite una melodía gutural. Si bien Homero se refiere a ella en la Odisea (XII, 39), y aparece en el relato “La ciudad de bronce” de Las 1001 noches (“una criatura que vive del libido y mata por él”), su existencia rebasa la antigüedad. Por ejemplo, una fuca fue vista el 16 de agosto de 2010, en San Carlos de Bariloche, provincia de Río Negro, dejando un saldo de 17 argentinos castrados.

Damseal Although the Damseal (from the Latin Phocidae), part seal and part woman, is a hybrid, menacing animal with features similar to a Harpy (woman and bird, from the Greek Άρπυια Harpyia) and the mermaid (woman and fish, from the German Meerjungfrau and the British mermaid), it is not part of mythology but rather reality. Her fame is owed to the sterilization that takes place with her vagina during intercourse, which she has with humans. People say the Damseal attracts lecherous men who, according to Georges Dumézil, “lose their head” (Mythe et Épopée [1968-1972]). Her spindle-shaped body, which is specially adapted for swimming, relies on a pair of short, flat frontal limbs that end with polished nails functioning as fins; the dorsal limbs fork into feet with non-retractable highheel shoes in a fixed position towards the back. At the upper frontal part, she has purple breasts with nipples, and at the lower part, a reproductive orifice. She bares a butt, as well as lips, vocal chords, and teeth. And she has hair, which she styles in various hairdos. Her fur is dense and short in adulthood; underneath the fur lies a thick layer of subcutaneous fat that represents up to a quarter of her total weight. But the organ that has awarded her infamy throughout history is her avenging vagina. In an action known as “the damsealphagy” (Mythe et Épopée, Vol. 2: Types épiques indo-européens: Un héros, un sorcier, un roi, page 254), the Damseal hypnotizes the man into penetrating her, and then, at the climax of copulation, she uses her vagina to sever the masculine sexual organ, including the testicles. While the pained male contorts his body, she spits the genitals out as she emits a guttural melody. Though Homer refers to her in the Odyssey (XII, 39), and she appears in the story “The City of Brass” in One Thousand and One Nights (“a creature living on libido and killing for it”), her existence is not confined to antiquity. For instance, a Damseal was seen August 16, 2010, at San Carlos de Bariloche, province of Río Negro, leaving behind 17 castrated Argentineans as victims.


La malagua La malagua (Scyphozoa vespae), cuya existencia anotó fugazmente Hugh Chrisholm en su artículo sobre Chile de la decimoprimera edición de la Encyclopædia Britannica (1911), debe su reputación actual a un incidente, conocido como “La mamada de Pinocho”, que data de 1979. Según Heraldo Muñoz en su libro The Dictator’s Shadow (2008), el general Augusto Pinochet, al bañarse en una playa de Antofagasta, fue pinchado en el órgano sexual por este animal marino gelatinoso que los indios mapuche apodan “la medusa avispada”. A nivel morfológico, la malagua tiene la forma de una sombrilla compuesta por una zona oral cóncava denominada subumbrela y una zona aboral convexa llamada exumbrela, al borde de la cual cuelgan varios tentáculos—e.g., nematocistos—provistos de numerosas células urticantes típicas de los cnidarios. Pese a que los doctores recomiendan no frotar la zona afectada ni con una toalla ni con arena, y menos limpiar la herida con agua dulce, orina o alcohol, sino succionar el veneno con la boca para después aplicar hielo a la herida por un par de horas, ninguno de los presentes (que la prensa chilena a la postre describió como “los anti-mamones”) se ofreció a efectuar el rescate. Pinochet, cuyos enemigos apodaban Pinocho, salió rápido del mar. Su salud empeoró en los próximos minutos, sufriendo convulsiones y dificultad respiratoria, y cuando su estado manifestó alteraciones cardíacas, el militar fue llevado de emergencia a un hospital, donde se recobró luego de trece días. Acto seguido, Pinochet solicitó un recuento detallado de aquellos que presenciaron el incidente (12 hombres, 4 mujeres, 2 niñas y un guardia), arrestándolos inmediatamente. Tampoco desde el regreso de la democracia a Chile, los arrestados, ahora libres, han abierto la boca. Pero sólo en los últimos años se ha reconocido que la malagua, con una historia compleja que se remonta al pleistoceno, es un organismo con características extraordinarias. A diferencia de otras medusas, sus nematocistos están hechos no sólo de células urticantes sino también de víboras y hasta de micrófonos capaces de grabar sonidos cuyos cables están conectados a la subumbrela. Es probable que uno de esos micrófonos haya registrado al sensación de dolor—¿o éxtasis?— del general Pinochet cuando sintió el pellizco de su propio tentáculo.

Jellyfish The jellyfish (Scyphozoa vespae), whose existence Hugh Chrisholm briefly noted in his article about Chile in the 11th edition of Encyclopædia Britannica (1911), owes its current reputation to an incident, known as “The Pinocchio Suckers,” which dates to 1979. According to Heraldo Muñoz, in his book The Dictator’s Shadow (2008), General Augusto Pinochet, while bathing at an Antofagasta beach, was pinched on the sexual organ by this gelatinous marine animal the Mapuche Indians nickname “the quick-witted medusa.” Morphologically, the jellyfish has a shape of an umbrella made of an oral concave area so-called subumbrella and an aboral convex area called exumbrella; from the edge hang various tentacles—e.g., nematocysts—filled with numerous stinging cells typical of cnidarians. Though doctors recommend not rubbing the affected area with either a towel or sand, nor cleaning the wound with fresh water, urine or alcohol, but rather to suck out the poison with the mouth and to ice the wound thereafter for a couple of hours, none of those present (who the Chilean press, at the eleventh-hour, described as “the anti-suckers”) offered to perform the rescue. Pinochet, whose enemies nicknamed him Pinocchio, quickly got out of the water. His health worsened in the minutes that followed, suffering convulsions, and respiratory difficulty; and when his heart showed cardiac irregularities, the military leader was taken as an emergency to the hospital, where he recuperated after thirteen days. Right afterward, Pinochet requested a detailed report on the people who witnessed the incident (12 men, 4 women, 2 girls, and a guard), arresting them immediately. Despite the return of democracy to Chile, the arrestees, now free, have not opened their mouths. But only in recent years has it been acknowledged that the jellyfish, with a complex history that goes back to the Pleistocene, is an organism with extraordinary features. Different from other medusas, its nematocysts are made with not just stinging cells but snakes and even microphones, which are capable of recording sounds, its cables connected to the subumbrella. It is likely one of the microphones may have registered the sensation of pain—ecstasy?—General Pinochet experienced as he felt the pinch of its peculiar tentacle.


About the Author, Illustrator and Translator Ilan Stavans is the Lewis Sebring Professor in Latin American and Latino Culture at Amherst College. He is the author of On Borrowed Words (2001), Spanglish (2003), Dictionary Days (2005), Love and Language (2008), and With All Thine Heart (2010), and editor of Becoming Americans (2010), The Norton Anthology of Latino Literature (2011), and The FSG Book of Twentieth-Century Latin American Poetry (2011). Roberto Weil lives in Caracas. He has collaborated with Ilan Stavans in the graphic novel Mr. Spic Goes to Washington. Stalina Emmanuelle Villarreal is currently the Faculty Scholar Intern at Houston Community College, Southeast Campus. She is the translator of “Grace Shot,” by Luis Albert Arellano (Serie Alfa Artiliteratura June 2011), and was awarded a scholarship to attend World to World, Mundo a Mundo (2009), to workshop translations of poems from Minerva Reynosa’s Emötoma, or its current English counterpart, (H)emötoma.


Eight Fabulous Animals