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descansandoyrecordando                    eleTurfretrospectivo

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es turf en todo el globo Dr. en Veterinaria Enrique Castillo

VERSATILIDAD

E

l accionar de un caballo en carrera es un tema que siempre me ha parecido interesante, y aunque lo hemos discutido previamente, existen tantos factores que influyen en la manera como un caballo se desempeña en una competencia, que todavía es mucho lo que podemos discutir sobre el tema. Dos términos comúnmente usados por los hípicos para definir el accionar de un caballo en carrera, “sprinters” y “stayers”, por mucho tiempo me han inquietado. Esta inquietud se fundamenta en el hecho de que tales términos, con dificultad y solo haciendo un gran esfuerzo por parte de quien lo desee, pueden describir claramente el desempeño de algunos animales que no se ajusta al accionar que identifican tales términos. Entre las variantes de los términos antes mencionados, tenemos que algunos animales son “galopadores”, con la misma ligereza de un “sprinter”, pero a diferencia de éste, capaces de mantener un nivel competitivo en recorridos de “aliento”. Otros con un “remate” corto, también cuentan con la velocidad necesaria para seguir un tren exigente, pero sin la fuerza ni el aliento necesario para hacer efectivo ese remate en distancias largas. Por el contrario, algunos requieren de tiempo para desarrollar velocidad y solo logran alcanzarla en distancias suficientemente largas, para rebasar a los punteros en los tramos finales de la prueba. Tales “formas” o “maneras” de correr son específicas de cada caballo, y en cada uno de los ejemplos antes mencionados, ese “accionar”, debe ser respetado para obtener un nivel óptimo de rendimiento en cada animal. Pero no todo termina aquí, y para hacer los términos aun más “ineficientes”, debemos mencionar que existe un grupo de animales que por su “versatilidad”, de ninguna manera pudieran ser etiquetados con alguno de los términos antes mencionados. Días atrás tuve la oportunidad de volver a ver una de las carreras más emocionantes que he podido presenciar, el Preakness State de

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1971, segundo paso de la triple corona americana, ganado por un caballo de colores venezolanos, CAÑONERO II. Al ver la carrera de nuevo sentí la misma emoción que experimenté para aquel momento, cuando con apenas ocho años, y después de su victoria en el Derby, sentía a CAÑONERO II como mío. Pero además en esta oportunidad, el accionar de aquel “modesto” campeón, me llamó la atención y coincidía perfectamente con algunos conceptos que casualmente, apenas días atrás, había leído en un material que trataba sobre la Biomecánica y el caballo de carrera. El primero de Mayo de 1971, en el Derby de Kentucky, CAÑONERO II enfrenta a 20 de los más clasificados caballos de tres años de todos los Estados Unidos. En esa oportunidad, el caballo, si mal no recuerdo, partiendo del puesto 15, queda al fondo del pelotón. Corriendo a las perdidas, el noble animal va incrementando su velocidad, avanzando desde la posición 18, para hacerse notar solo al momento de girar la ultima curva, alcanzando a los punteros, y rebasándolos a escasos metros de la raya para adjudicarse por algo más de tres cuerpos la más importante carrera a nivel mundial. Dos semanas después, el 15 de mayo de 1971, seguramente sorprendiendo a más de uno, y en especial a aquellos que después de su victoria en el Derby vaticinaban que el caballo nunca más ganaría una carrera, CAÑONERO II, brincó al tiro y salió a buscar la carrera desde el “vamos”. Transcurridos los primeros metros de la prueba, CAÑONERO se enfrascó en una “feroz” lucha con un veloz animal llamado Eastern Fleet, la cual se extendió por mas de un kilómetro, para finalmente quebrar la resistencia de su rival y ganar la prueba, mejorando el record de pista establecido por Nashua en 1955 por tres quintos.

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Al igual que yo, muchos se preguntarán: ¿Como un caballo que apenas dos semanas antes se había comportado en carrera de una forma, era capaz de adaptarse a una situación completamente diferente y alcanzar la victoria en ambas ocasiones? El término “versátil” no lo había encontrado o escuchado anteriormente de alguna forma aplicado al accionar de un caballo de carrera. Frank Mitchel en el capitulo sobre biomecánica en su libro sobre teorías de cría, decía textualmente, “El caballo versátil es típicamente capaz de hacer cambios en su movimiento suavemente, manejando distintas superficies y condiciones, y adaptándose a diferentes estrategias y circunstancias durante la carrera”. El caballo durante el ejercicio, es más eficiente, cuando alcanza un nivel óptimo de consumo de energía. Tal como mencionamos anteriormente, es necesario respetar el “accionar” característico de cada animal para alcanzar tal nivel de eficiencia. Sin embargo, algunos caballos, tienen la habilidad de adaptarse a diferentes condiciones durante la carrera y todavía mantenerse eficientes, eso según Mitchel, ilustra la “versatilidad”. Mucho otros factores además de la eficiencia y la versatilidad están relacionados con el accionar de un animal en carrera, y con seguridad serán tema para próximos artículos, por ahora tiene que quedarnos bien claro que velocidad y resistencia no pueden ir por separado, que tal como hemos mencionado otras veces, la velocidad es la esencia del caballo de carrera, pero no puede haber velocidad sin resistencia. El punto exacto donde termina la velocidad y empieza la resistencia es quizás una de las incógnitas más grandes que los estudiosos de la fisiología del ejercicio, en el caballo atleta, tendrán en algún momento que definir.

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En el año 2001, el Doctor Castillo escribió un artículo rememorando las hazañas de CAÑONERO II, que refrescamos a continuación:

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uando se disponían a girar el ultimo codo, el narrador interno de Churchill Down centraba su atención en el grupo de potros que peleaban las primeras posiciones. De repente, un castaño de gran tamaño, con chaquetilla oscura, al fondo del pelotón, distrae su atención por su poderoso accionar; con dificultad logra identificarlo, el animal avanza con fuerza sobre los punteros, da cuenta de ellos y logra superarlos hasta por 4 cuerpos. Por momentos el silencio se apoderó de Churchill Down y quizá de gran parte del país. ¿Cuál de los pupilos del patio se había impuesto?. Muy pocos lograban entender el resultado de la prueba, la más prestigiosa y tradicional carrera quizá a nivel mundial, el Derby de Kentucky, primer paso de la triple corona norteamericana, había sido ganada por un desconocido. Realmente, en la historia de la triple corona americana, ningún ganador del Derby había sido tan menospreciado y subestimado como lo fue Cañonero, quizá a los expertos Norteamericanos les sobraban las razones. Cañonero había nacido en el año de 1968, en Kentucky, el centro de la cría a nivel mundial. Al año siguiente es llevado como yearling a las ventas de Keeneland, pero su pedigrí poco llamativo, los defectos de conformación y la escasez de compradores para ese momento, hacen que su criador se sienta “afortunado” al recibir por él, apenas 1200 $. El potro, que antes de volver a su tierra natal para correr el Derby, había hecho campaña en Venezuela, un país de Suramerica cuyo hipismo no era el más representativo de la región, sufrió innumerables contratiempos en su largo viaje de Caracas a Kentucky. El viaje en avión, la cuarentena prolongada y el trayecto por tierra, 20 horas desde Florida hasta Louisville, fueron responsables del deterioro del animal; la deshidratación y la perdida de peso eran marcadas. Sumado al efecto que tan largo viaje había tenido en la condición física de Cañonero, estaba un problema todavía mayor. Cañonero llegó al hipódromo de Churcill Down apenas 4 días antes del Derby, su único ejercicio antes de tal compromiso, 800 mts. en 53’, provocó la burla del “timekeeper” oficial del hipódromo de Churchill, asignándole una posibilidad de triunfo de 300 a 1. Ante tal panorama, ¿qué opción podía tener Cañonero de vencer a los más linajudos potros de Norteamérica?; ¿se justificaba su participación en el Derby?, o sería como algunos explicaban, sólo el capricho de un “acaudalado” Suramericano. Cañonero hace su debut a los dos años en el hipódromo La Rinconada

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el Sábado 8 de Agosto de 1970. En esa oportunidad, el hijo de Pretendre en Dixieland II, aventaja a sus rivales hasta por 6 ½ cuerpos, recorriendo el trayecto de 1200 mts. en 73’ exactos. Una semana después de su debut Cañonero se enfrenta a su primera prueba de fuego, su propietario y su entrenador deciden correr una de las carreras más clasificatorias para los dosañeros en los Estados Unidos. El caballo hace el primero de sus viajes a Norteamérica y como un presagio de lo que sería su viaje a Kentucky en 1971, el potro hace por tierra el “interminable” trayecto de Florida a California. En el Del Mar Futurity, Cañonero se enfrenta a muchos de los más veloces potros de California, alcanzando un aceptable cuarto lugar. Su propietario, desde ese mismo momento, se entusiasma con la idea de ver correr a su pupilo en el Derby. De regreso a Caracas, Cañonero corre una prueba más y termina su campaña invicto como dosañero en Venezuela, con dos triunfos en dos salidas. A los tres años, Cañonero sigue su “ruta” hacia Kentucky y a pesar de perder su invicto, en su cuarta presentación, en el Clásico Gobernador del Distrito Federal, varias de sus actuaciones, con seguridad, superaban a las que paralelamente iban realizando en Norteamérica algunos de los que serían sus rivales en el primer paso de la triple corona. Dos pruebas de las ocho que realizó Cañonero como tresañero en Venezuela, destacaban en su “curriculum” para participar en el Derby. El Domingo 7 de Marzo de 1971, el Sr. Juan Arias entrenador de Cañonero, impulsa y hace caballero sobre los lomos del potro, al que sería su principal aliado, unos meses después en la disputa de la triple corona. Cañonero y su jockey Gustavo Avila, salían por primera vez juntos a la pista de La Rinconada para enfrentar una prueba en 2000 mts. La empatía entre el potro y su jockey no pudo ser mejor y Cañonero empleo 128’ exactos para ganar de punta a punta. El Domingo 4 de Abril de 1971, a menos de un mes del Derby, Cañonero impresiona cuando supera a uno de los mejores caballos importados de la época, el veloz Fast Track, un caballo inglés, bien clasificado incluso en Inglaterra. Tras una mala partida, Cañonero “practica” lo que dentro de pocas semanas sería su accionar en el Derby y en atropellada, “aparta” a varios de los más clasificados caballos criollos e importados que hacían campaña en nuestro hipódromo, finalizando los 1300 mts. de la prueba en 77’ y 1/5, superando al inglés Fast Track por 6 ½ cuerpos.

Entonces Cañonero si tenía méritos. Aún siendo un potro, por su condición de importado, debió enfrentar y vencer a caballos maduros, criollos

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e importados de mucha calidad, muchas veces concediéndoles kilos y en distancias impensables para el resto de sus rivales en el Derby. La tarde del 1 de Mayo de 1971, en el grupo de 20 potros que desfilaban ante las tribunas del hipódromo de Churchill Down, rumbo al aparato de partida, sólo uno de ellos, Cañonero, había corrido antes los 2000 mts. y había enfrentado y vencido caballos de más de tres años en el primer cuatrimestre de la temporada. Cuando se de la partida del Derby de Kentucky del año 2001, habrán transcurrido treinta años desde que aquel pequeño grupo de profesionales de nuestro hipismo y Cañonero desviaron la atención del hipismo mundial, por algunos meses hacia Venezuela. Su actuación en la triple corona americana es recordada como una de las más meritorias que caballo alguno haya realizado. Sean estas breves líneas un sencillo reconocimiento al gran Cañonero y a cada una de las personas que lo hicieron posible.

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Entre el Paddock y la Pelousse

por

Luis Costa Baleta

El mes de Junio en el Río de la Plata es sinónimo de evocación a Gardel. El “Museo Casa Carlos Gardel”, inaugurado hace pocos años en la casa donde viviera el “Mago”, está localizado en la calle Jean Jaurés 735 del barrio del Abasto en la capital porteña. A través de su Director, el Licenciado Héctor Torres entré en contacto con el investigador gardeliano de origen argentino, Rodolfo Omar Zatti, autor del libro “GARDEL Su Gran Pasión: El TURF” (Ediciones Corregidor, Buenos Aires - 1990). Días pasados estuvo de visita por Montevideo, el Sr. Zatti y me acercó una publicación realizada por el Museo Casa Carlos Gardel en el año 2003 titulada “Para Vos, Morocho.” De este libro extrajimos el siguiente capítulo: LA PASION DE GARDEL POR EL TURF Por Rodolfo Omar Zatti

POR UNA CABEZA Para comprender la pasión que Gardel tuvo por el turf, tenemos que retrotraernos a los principios del siglo pasado, cuando el fútbol aún no había despertado su pasión en la masa popular con la vigencia que tiene en la actualidad. El turf ocupaba entonces ese espacio, por consecuencia a Gardel lo atrapará y lo tendrá «cautivo» por el resto de su vida. Gardel, chico andariego e inquieto, siente un regocijo especial al transitar las calles del Bajo Belgrano, viendo pasar la caballada llevada por sus peoncitos. Con el espíritu de observación que lo distingue se cuela en los studs avizorando el fragor interno de trabajo e interesándose por todo lo que allí pasa. De esa manera va completando sus estudios primarios del deporte que tanto lo apasionó. ¡Si supiera Gardel que años después lo tendrían como cantante oficial de los studs del Bajo Belgrano, «Preparándose para el Domingo», «Siendo una fiera», cantando «Leguisamo solo» y ganando «Por una cabeza»

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SUS AMISTADES BURRERAS Las relaciones que hizo Gardel en el turf fueron cuantiosas y heterogéneas: propietarios, cuidadores, jockeys y peones que se multiplicaron con el tiempo. De ellas surgieron sus grandes amigos por respeto, admiración mutua y afinidad de sentimientos, relaciones que sólo con la muerte de Gardel pudieron truncarse. Ellos fueron en primera instancia Francisco Maschio, «el brujo de Olleros», y luego Irineo Leguisamo, «el Pulpo», conformando una trilogía que fue record para toda distancia.

LA CONCURRENCIA DE GARDEL A LOS HIPÓDROMOS Gardel conoció todos los hipódromos de la Capital Federal y su periferia. En el Hipódromo Argentino de Palermo logra su «asentamiento». Allí lo espera un coro de admiración «Es Gardel el que ayuda a abrir el portón, si no se suspenden las carreras». Mil voces le salen al cruce para pedirle una fija y otras tantas para rumbearlo en las ventanillas. Gardel, ya cargado de su energía burrera, reparte sonrisas como masticando brillantes. Un muy obstinado admirador lo sigue pidiéndole un dato. Gardel con una frase muy suya en el hipódromo le dice: «Sí querés hacerte rico, seguime». Gardel sigue repartiendo sonrisas. La tribuna de los profesionales lo encuentra alentando a su pingo «Lunático» con gritos desaforados: «Legui, viejo nomás! Legui, viejo nomás!» y «el Pulpo» cruza el disco triunfal a 18,70 por barba y ¡armado todo el mundo!... Comentarios, elogios, abrazos con sus amigos que comparten esa alegría. Gardel sugiere ir a comer algo a «El pabellón de París». Este restaurante -decorado lujosamentese encontraba en el mismo hipódromo, siendo sus comensales lo más granado de la élite burrera. El menú estaba compuesto de los mejores manjares de la cocina francesa. Allí los sibaritas hacían colas para degustarlo. El puchero que tanto le gustaba a Gardel, era un plato sin igual por su refinamiento y el cuidado de su preparación sin igual. La traducción francesa de esa comida era «la marmite» que se servía por medio de un carrito rodante en una olla de metal con cierre hermético, ovoide y de dimensiones descomunales: la marmita. Allí nos imaginamos a Gardel siendo centro de atención, sentado a la mesa y rodeado por sus amigos. Varias botellas de vino haciendo «prólogo» a los comensales, Gardel gesticulando, riendo, haciendo mil comentarios turfísticos con sus chistes y cuentos tan particulares.

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GARDEL CON STUD Y COLORES PROPIOS Carlos Gardel y José Razzano no se conforman: primero como espectadores, luego Gardel propietario de «Lunático» y, más tarde, fundando el stud «Las Guitarras», con colores propios (chaquetilla azul, brazaletes blancos y gorra colorada). Los caballos que defenderán esos colores -y los bolsillos de sus propietarios-son: «Cancionero», «La Pastora» y «Amargura». Gardel y Razzano son puestos knock-out, pues quedan en la lona económicamente. No escarmienta y compra a «Explotó», «Guitarrista» y «Mocoroa», pero éstos con los colores «Yeruá»: chaquetilla oro viejo, gorra lila. El 20 de octubre de 1933, cuando el Haras Ascott transfiere a Gardel los hijos de «Lunático» -«Guitarrista», «Theresa» y «Wizard»- nuestro catedrático encuentra la oportunidad y a la vez los deseos de fundar su propio stud. Toma su apellido y la inicial de su nombre para conformar el «Stud Gardel C.» con la siguiente identificación: chaquetilla blanca, mangas turquesa y gorra oro. Un solo pura sangre tuvo el privilegio de llevar esos colores: una hija de «Lunático», «Theresa» corriendo solamente dos carreras con estos colores, figurando «no place», siendo su jockey Irineo Leguisamo y su cuidador Francisco Maschio. En estas dos competencias Gardel estuvo presente y si bien no tuvo la suerte de ver triunfar a su caballeriza, próximo a su despedida física del turf argentino, vio y sintió sus colores en competencia con la emoción que da ser el propietario de un stud. Al respecto, Gardel en un reportaje habla de este stud. Pregunta el periodista: -¿Qué fija para el domingo? - ¡Araca!...¿ Vos te crees que soy datero? - Era por si corría algún pingo tuyo... - ¡Ya van a correr! ¡No te aflijas! Tengo tres hijos de «Lunático» que me los cuida Maschio en mi stud. ¡Los tres tienen una sangre bárbara!... - ¿También tenes stud? - ¡Y no! ¿Vos te crees que con ésta mi pasión por los «pur sang» me iba a salvar de tenerlo? Estate seguro que los pingos que salgan del «Stud Gardel C.» son para que te juegues el vento a sus patas, tranquilamente. ¡Y los va a correr Leguisamo!... ¡Manya qué nene! En la vida de Gardel hay tres grandes pasiones: su madre, el tango y los burros. «Los colores del stud -prosigue Carlos- son: chaquetilla blanca, mangas turquesa y gorra oro. ¡Attenti con los colores, que son rayeros sin grupo!»

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LAS FIESTAS EN EL STUD «YERUÁ» Gardel se hace presente en la inauguración de este stud en 1928, acompañado por su guitarrista Guillermo Barbieri. Gardel canta con toda su alma «Leguisamo solo», casi centenario de tanto repetirlo. Hasta «Lunático» que está reposando en su caballeriza, sonríe. Hacia fines de 1930, Gardel se ausenta para actuar en Europa. Maschio dice: «esto está para una fiesta como Carlitos se la merece» y le brinda una fiesta extraordinaria como él sólo sabe hacerla. Lo más granado del turf se hace presente: cuidadores, propietarios, directores orquestales, poetas y directivos del Jockey Club. Gardel canta acompañado por Barbieri y Riverol hasta altas horas de la noche, mientras la calle Olleros dormita bajo sus frondosos árboles.Lo que habría de ser el último homenaje de despedida que se le brindó a nuestro máximo cantor le cupo a Francisco Maschio en sus campos de Boulogne (Lomas de San Isidro), el honor muy merecido de ser él, uno de sus más dilectos y afectivos amigos, quien lo agasajó con una gran fiesta a la que concurrieron en numero superlativo los personajes del turf. Noche de primavera perdida en el tiempo. Domingo. Maschio tuvo una anotación con «Richmond» en el Hipódromo Argentino, pero prefirió no presentarlo para dedicarse de lleno a la organización de la fiesta. Los asadores, resplandeciendo con sus llamas la oscura noche sanisidrense. Los automóviles, en número inferior a los de a caballo. Los palenques, con sus «cocheras» cubiertas a pleno. Un alambre de tejido circundante divide dos territorios: el de los invitados y el de los curiosos que se encuentran junto a las mallas metálicas, atraídos por el movimiento, inusual en ese lugar. Las mujeres, con la atracción que ejerce hacia ellas Carlos Gardel, atisban cual lo haría un marino en altamar. ¡Lo ubican! Y él, galante ante el llamado, les canta a media voz el más romántico de sus tangos, «Mano a mano»: Fuiste buena, consecuente / y yo sé que me has querido / como no quisiste a nadie / como no podrás querer. ¡DELIRA LA POPULAR! Unas pilas de ladrillos preanuncian la continuidad de una construcción; sobre éstos, unos chicos tratando de ver todo lo que a esa edad los asombra y deslumbra. Giramos las coordenadas y nos adentramos en plena fiesta, donde vemos largas mesas tendidas con mantel a rombos blancos y azules. Allí, varias botellas de vino van perdiendo simetría con sus pares. Los comensales, entre tiras de asado, pollos y el clásico puchero, que los hace divertirse en «lucha», donde los inanimados, como siempre llevan la peor parte, risas y libaciones, las anécdotas y los cuentos van subiendo de tono, en la medida en que los líquidos de la consumición van superando a los sólidos. Más risas. ¿Un apagón inoportuno del fluido eléctrico?... Silencio... y adelante con los faroles que dan la luz.¡Vuelven las risas! Un símbolo de nuestra tradición se encuentra presente, don Santiago Rocca, que viene a despedir en su representación al cantor que como ninguno interpretó las cosas de nuestra tierra.

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El centro tradicionalista «Leales y Pampeanos» de Avellaneda, por intermedio de Amadeo Desiderato y Horacio Orquín, dicen: ¡Presente Don Carlos! El Racing Club lo saluda; César Ratti, el gran actor, realiza un discurso festivo. Roberto Roncayoli, el poeta de Avellaneda, hace un recitado gauchesco. Alguien dice vociferando: «Llaman para el escrache». Gardel a Legui: «Mono, agarra un bandoneón que yo te sigo». Alfredito Peluffo los imita. Detrás de ellos los murguistas se acomodan. El encapuchado, listo para hacer arder el magnesio. La escenografía ya está armada y los flashes dejan estampada la imagen, que será trotamunda por siempre, de los escaparates y vidrieras de Buenos Aires, Montevideo y otras ciudades americanas. Bajo la carpa verdinegra en la cual Maschio previo una noche lluviosa, la orquesta de Edgardo Donato empieza a desgranar sus cúmulos de melodías con «A media luz» y «El acomodo». Gardel se dirige a Félix Gutiérrez y le dice: «Negro, cántate El Huracán». ¡Muchos aplausos! Llega el clásico y consabido brindis, por supuesto Gardel con champagne francés, deseos, salutaciones, augurios hacia su próximo viaje y el choque de copas sincero de sus amigos. Desde un extremo de la carpa, ciertos acordes de guitarras preanuncian la invitación para un cantor. ¿Y quién puede ser? Si allí se encuentra el máximo, quien toma el convite y ya empiezan a salir de su garganta los gorgeos y trinos que fueron el deleite para los habitantes del tiempo aquel, y del devenir también. ¡Cantó esa noche como nunca! Porque como decía Maschio, Carlitas se agrandaba cantando para la barra. ¡Derrochó esa noche una alegría extraordinaria y contagiosa! Como si quisiera dejar a sus amigos en la despedida esa jocunda manifestación de su jovialidad. Es que entonces había comprendido y aquilatado más ajustadamente su verdadero valor, y eso lo hacía optimista, le permitía forjar planes que les comunicó a los presentes. Ni Carlitos ni nadie podía pensar que esa despedida iba a ser definitiva y esa fiesta la última que disfrutaría en Buenos Aires, en su ¡Buenos Aires querido! ANÉCDOTAS DE GARDEL Y EL TURF La gran debilidad de Carlos Gardel era, como sabemos, las carreras. En Buenos Aires como en París era infaltable al hipódromo y lo propio sucedía en cualquier lugar donde existiera un circo turfístico. Cuando Gardel ya había cobrado bastante fama y entre la gente del turf era tan querido como popular, le jugó a un caballo de nombre «Balzac», que cuidaba Ambrosio Elnen y propiedad del señor William Paats. Ganó el buen caballo y pagó un dividendo elevado; quiere decir que Gardel y sus amigos cobraron cantidades de importancia. Ello dio motivo para que esa noche festejasen el éxito. Ya de madrugada, conjuntamente con Razzano, Gardel apareció en el stud. Elnen los recibió amablemente, pero se ofuscó al saber que Gardel quería que sacase el caballo del box, para rociarlo con champagne en agradecimiento a la ganancia que les había dado. Finalmente el entraineur cedió y Carlitos pasó un momento feliz satisfaciendo aquel capricho. Después cantaron y la fiesta se prolongó hasta el nuevo día. Gardel no sólo sentía una gran amistad por Leguisamo, sino que también era su admirador incondicional. Caballo que corría Legui, caballo que llevaba enancada una apuesta de Carlitos, pese a que el mismo Legui le decía que si bien siempre corría caballos con chance, no era posible que ganara todas las carreras. Pero la advertencia caía en saco

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roto; y aquí una gran prueba al canto. Una tarde en Palermo, los vientos de la fortuna habían soplado muy lejos de Carlitos. Corría la quinta carrera y rotos los boletos, Razzano le advirtió a Gardel: «Mira que en la sexta nos desquitamos», Gardel le replica «Ojo José, que nos estamos comiendo una palmera que parecemos jirafas». Razzano no quiere aceptar la sequía e insiste: «El cuidador Francou me ha dado una fija, un caballo que él cuida y no puede perder y lo que es más lindo, pagará arriba de veinte.» «¿Y el de Legui?» -argumentó Carlitos-, «Sí gana el de Francou no puede ganar el de Legui». «Bueno si es así toma, jugame doscientos boletos». El de Francou largó en punta y parecía un seguro ganador. Cuando el lote llegó a las tribunas, Razzano gritaba loco de contento, pero Carlitos seguía atentamente la atropellada que en ese momento iniciaba Legui. El avance era fulminante, alcanzó y pasó de largo, mientras Carlitos atronaba el espacio con sus gritos: «Dale Mono, dale Mono». Legui ganó la carrera y cuando Razzano lo increpó, «¡Vos estás loco!, si le has jugado al de Francou doscientos ganadores». «Tenes razón», contestó Gardel, «¡Pero el paco se lo puse al de Legui!». Cuenta Legui que Carlitos, cuando vivía en Buenos Aires, no dejaba de concurrir ningún domingo a las carreras de Palermo. Era de los primeros en llegar, pues se instalaba en el hipódromo antes del desfile de la prueba inicial. Un día se le acercó un desconocido y le pidió el favor de un préstamo de cinco pesos. Cómo iba a negarse el Morocho del Abasto, si era puro corazón y mano desprendida. A partir de entonces, el tipo se hizo cliente infaltable y siempre por la misma cantidad, que Gardel desembolsaba como si se tratase de un deber. Pero ocurrió una tarde lo inesperado. Carlitos llegó con retraso a Palermo, retenido por un compromiso, y encontró como siempre al hombre, aunque advirtió que tenía muy mal talante. No obstante le extendió el consabido billete de cinco pesos. «Guárdese la plata, ya no la necesito. Usted me arruinó toda la semana...» y agregó «¿Por qué vino tarde?» Gardel reaccionó «¿Y a qué viene tanta requisa?» «¿Cómo a qué viene?», retrucó el fulano. «Usted sabe que tenía el dato del pingo de Felipe Viscay que ganó la primera y dio casi cien pesos... Me quedé sin jugarlo por usted...» «Me perdí ese diente de puro pavo», reflexionó Gardel. «¿ Quién sabe si consigo otro igual en el resto de mi vida?» GARDEL SE DESPIDE DE LA VIDA Y EL TURF CON UNA REFLEXIÓN MUY SUGESTIVA En su última correspondencia Gardel le escribe a su apoderado, entre otras cosas, algo importante sobre el turf: «...de los caballos haces bien en intentar liquidarlos, que se las rebusquen como puedan... Yo ya hice bastante por la raza caballar». Pero él mismo en la canción con música de su autoría y versos de Alfredo Le Pera admite que «sí algún pingo llega a ser fija el domingo / yo me juego entero, qué le voy a hacer»

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Leyendas del Turf SEABISCUIT (1933 – 1947) Nota: este relato es compendio, entre otros, de las publicaciones “Thoroughbred Champions, Top 100 Racehorses of the 20 th. Century “y los libros de la serie “The Thoroughbred Leyends “. Ambos publicados por Eclipse Press y The Blood-Horse Inc. La traducción y formato del relato son del autor.

S

EABISCUIT PERDIÓ LAS PRIMERAS 17 CARRERAS QUE DISPUTO EN SU TRAYECTORIA EN LAS PISTAS AMERICANAS. DURANTE ESTE PERÍODO DE CARRERAS CORRIDAS COMO PERDEDOR, CORRIÓ EN CUATRO CARRERAS DE RECLAMO O “CLAIMING “, A PRECIOS MUY BAJOS, INCLUSIVE EN TRES OPORTUNIDADES, CON PRECIO DE VENTA DE $ 2,500. NADIE LO CONSIDERO COMPRAR, AUN EN ESOS VALORES TAN RIDÍCULOS.

Y

aunque la trayectoria hípica de esta caballo de aplomos defectuosos, de baja estatura pero corpulento (pesaba 475 kilos) comenzó muy dudosa en 1935, con el pasar de su campaña Seabiscuit se tornó en un héroe popular en los terribles años de la depresión americana y se retir ó en 1940 como el caballo americano con mayor sumas ganadas para entonces (U$S 437.730). En 1935, a los dos años, Seabiscuit corrió 35 carreras, una campaña fuertísima aún para esa época, que conlleva a pensar: a) que Seabiscuit era muy resistente y fuerte y que gozaba de excelente salud y b) que su preparador, el legendario “Sunny Jim“ Fitzsimmons creyó que era prudente correrlo seguidamente a los dos años, pues pensaba que su posterior potencial hípico era muy incierto. Cuatro días después de salir de perdedor, igualando el record de los 1.000 metros con curva (1: 00. 3/5) en el hipódromo Narragansett Park, Seabiscuit

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rompió el record de la distancia por casi un segundo en el Watch Hill Claiming Stake, donde fue inscripto para ser reclamado por el precio de $ 5,500. El caballo ganó 5 carreras y $ 12,150 en premios a los dos años. Su campaña inicial no fue nada espectacular, pero al menos, pagaba su mantenimiento... En el celebre corral del gran preparador y miembro de la Sala de la Fama Hípica, Sr. Fitzsimmons, Seabiscuit, que fue criado y corrido inicialmente con los colores del también celebre Wheatly Stable, no prestaba mucha esperanzas ni atención especial. La cochera estaba llena de muy buenos caballos corridos y de prospectos juveniles y la estrella era Granville, que corrió el Kentucky Derby como favorito (pero que desmont ó a su jinete), que había llegado segundo en el Preakness Stakes para luego vencer el Belmont Stakes y ser nombrado caballo del año. Seabiscuit, aparte de correr seguido, era empleado como pareja de trabajo para acompañar a los mejores ejemplares del corral de Mr. Fitz. En 1936, Seabiscuit, que ya andaba por la mitad de su campaña como tresañero y que continuaba corriendo en forma errática y casi semanalmente, fue vendido en supuestos $ 7,500 (nunca se confirmó el precio real). El comprador fue Charles Stuart Howard, un nativo de Georgia que se volvió millonario vendiendo automóviles Buick en California, que había ingresado a la hípica con gran ímpetu y ya tenía en su stud a la potranca Coramime, ganadora clásica en Saratoga. Howard estaba ansioso de comprar un buen “handicapero “para sus colores, y Seabiscuit era un buen prospecto. El hijo de Hard Tack ( por el campeón Man o’ War) en la yegua Swing On, había corrido nada menos que en 47 oportunidades para la Señora Henrietta Carnegie Phipps (propietaria del Haras y Stud Wheatly Stable), consiguiendo 9 victorias y U$S 18.465 en premios. Se trató de una buena negociación y ambas partes estaban satisfechas con la transacción. Howard había comprado un handicappero decente y Mr. Fitz se había deshecho de un animal muy corrido y cotejado, que no alcanzaba los méritos suficientes para pertenecer a su prestigiosa cochera. Con su nuevo propietario y en las sapientes manos de su nuevo preparador Tom “Silent“ Smith y del jockey John “Red“ Pollard, Seabiscuit se transformó por completo volviéndose un excelente caballo de carrera. Para 1937, el ex irregular caballo se había convertido en el Mejor Caballo de Más Edad de USA, ganando siete clásicos consecutivos y estableciendo cuatro récords en diferentes pistas y distancias. Al final de su campaña como cuatro añero, con un récord de 11 victorias, (10 de ellas clásicas) 3 places y un tercero y

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U$S 168.580 en sumas ganadas en 15 presentaciones, fue nombrado Mejor Caballo Handicappero del año. En 1938, Seabiscuit corrió 11 carreras y gano 6 (cuatro clásicas), 4 places y un tercero, incluyendo dos match races, la primera de ellas contra el caballo argentino Ligaroti, de propiedad del hijo de Howard, Lindsay, en sociedad con el célebre actor y bailarín Bing Crosby, dueños a su vez del para entonces recientemente inaugurado hipódromo Del Mar en San Diego. Esta carrera fue muy accidentada, tanto que los dos jockeys fueron multados y suspendidos por faltas cometidas en el transcurso. El segundo match fue contra el triple coronado de 1937, War Admiral, el mejor y más célebre hijo de Man O’ War, de propiedad del Sr. Sam Riddle. El clamor popular y la gestión del dueño del hipódromo de Pimlico, Sr. Alfred Vandervilt, amen de una bolsa de U$S 15.000 para el ganador, hizo realidad el tan ansiado encuentro del crack del Oeste (Seabiscuit) contra el crack del Este (War Admiral). En realidad este match fue pactado en dos oportunidades, la primera se debió correr en el hipódromo Belmont Park en Nueva York, por una bolsa al ganador de U$S 100.000, pero la carrera fue cancelada por una supuesta lesión de Seabiscuit. La verdad es que Seabiscuit no gustaba para nada de las pistas fangosas y días antes de la carrera, que debía efectuarse el 30 de mayo, cayó un diluvio sobre el hipódromo, convirtiendo la pista de carrera en un lodazal, por lo que el caballo no pudo ser entrenado debidamente y fue retirado. Por fin, el 1º de noviembre, se realizó el tan esperado match, siendo el gran favorito War Admiral (pagaba 1 dólar por cada 4 invertidos). Por su lado Seabiscuit pagaba 2 dólares por cada dólar apostado. Como regla, el caballo mas ligero tiene la ventaja en las carreras tipo match. Encima War Admiral salía por los palos en una partida al estilo australiana (cinchas en lugar de gatera eléctrica). Adicionalmente War Admiral era muy veloz y le gustaba correr en punta. Pero, luego de un sapiente trabajo de su preparador, Seabiscuit fue aligerado a tal punto, que cuando se dio la largada, su jinete George “Iceman“ Woolf, que substituia a Red Pollard, que se había lesionado mientras trabajaba a un dos añero haciéndole un favor a un preparador amigo empobrecido; tomó la punta y no la dejó mas. Seabiscuit ganó el match por 4 cuerpos, de galope largo, y estableció un nuevo record para la distancia de 1:56 3/5 para los 1900 metros de la pista de arena de Pimlico Park. Seabiscuit fue nombrado Mejor Caballo Handicappero y Caballo del Año en 1938.

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Corrió una sola vez en 1939, llegando segundo pero lesionándose en el trayecto de la carrera, de un tendón en su mano derecha. El caballo quedó a solo U$S 36.000 del récord de sumas ganadas que lo ostentaba Sun Beau´s y su propietario Sr. Howard quedó insatisfecho al no haber batido este récord. Seabiscuit fue llevado al Haras y cubrió siete yeguas, pero en 1940, habiéndose restablecido de la lesión, fue devuelto a las pistas para batir el record de sumas ganadas e intentar, por tercera vez, ganar el famoso clásico Santa Anita Handicap, que lo había corrido en dos oportunidades anteriores, llegando place en ambas, por nariz. Su jinete habitual Red Pollard también retornaba a las pistas, luego de estar lesionado por consecutivas rodadas. Pollard bromeaba que entre el y Seabiscuit tenían cuatro piernas buenas y que eso era suficiente. En uno de los momentos mas memorables de los anales hípicos mundiales, Seabiscuit ganó fácilmente el Santa Anita Handicap de 1940, convirtiéndose en el primer caballo en ganar mas de U$S 400.000 en su campaña. El caballo corrió 3 veces más dicho año, ganado un clásico y figurando tercero en otro. A los 7 años de edad y luego de participar en 89 pruebas, Seabiscuit se retiró de las pistas como un Gran Campeón, ganando 33 carreras, 25 de ellas clásicas, con 15 segundos y 13 terceros y U$S 437.730 ganados. Lamentablemente este estupendo corredor fue un padrillo mediocre y salvo algunas de sus hijas, no tuvo como reproductor el éxito y fama que obtuvo en las pistas. Hace unos años un excelente libro, por Laura Hillenbrand, sobre la vida del crack y sus conexiones y luego, en base al libro, una película hollywoodense de la vida de Seabiscuit y las personas que lo rodearon nos deleitaron con la agitada trayectoria de este estupendo caballo.

Fernando Rodríguez-Larrain Lexington, Kentucky , USA

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Se va NECESSAIRE. En una emblemática foto, camina hacia la luz, transitando lentamente la arena en la que logró hazañas y conquistó su título de Princesa. Se va de la pista. Está en el corazón, el recuerdo y la historia, que seguramente seguirá escribiendo en las pasturas en las que procreará descendientes en los que buscaremos algún rasgo atávico, alguna manchita en la que reconocer la herencia de una pinga a la que el tiempo más que disolver, acrecentará. Buena nueva vida, a la Princesa NECESSAIRE

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RAGS TO RICHES Un Pedigree de Clase Mundial

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l año pasado, la victoria de Bernardini (2003) en el Preakness Stakes (GI) despejó en algo la paradoja de la campaña como padrillo de su padre A.P.Indy (Seattle Slew). Hasta entonces A.P.Indy, que fue ganador del Belmont S. en 1988, y es considerado como un eminente productor de caballos para las carreras de aliento en la arena, no tenía ningún descendiente ganador de una prueba de la triple corona americana. Sus hijos Aptitude, que arribó segundo en el Kentucky Derby (GI) y en el Belmont Stakes (GI) y A.P.Valentine que había llegado placé en el Preakness Stakes y en el Belmont S. eran sus mejores exponentes en su afán de lograr las ansiadas coronas. Hoy, un año después, y luego de la magnífica victoria de su hija RAGS TO RICHES (2004) obtenida en el Belmont S., A.P. Indy ya cuenta con dos hijos ganadores de pruebas de la Triple Corona y va camino a una consagración segura como padrillo y posiblemente como Jefe de Raza, al igual que lo es su padre el legendario crack y excelente padrillo y abuelo materno, Seattle Slew. A.P.Indy ha tenido muchísimo éxito con sus hijas y varias de ellas han ganado carreras clásicas de grado I para hembras, sobresaliendo Secret Status que se impuso en el Kentucky Oaks y en el Mother Goose Stakes y la yegua Jilbab en el CCA Oaks. Y ni hablar de RAGS TO RICHES que ha ganado tres pruebas de grado I para potrancas (el Kentucky Oaks, Las Vírgenes Stakes y el Santa Anita Oaks). Aún con solo dos coronas ganadas por sus descendientes, A.P.Indy ha sobresalido nítidamente como padrillo estelar y sus estadísticas excepciónales así lo demuestran. Aparte de Bernardini , RAGS TO RICHES y las dos yeguas arriba indicadas, el tataranieto del Jefe de Raza Bold Ruler ha producido 103 ganadores de pruebas clásicas ( stakes ) en sus primeras 11 generaciones y entre ellos se incluye el “ Horse of the Year “ Mineshaft, la campeona de dos años Tempera, los mencionados Aptitude y A.P.Valentine, Golden Missile y Symboly Indy. Otros hijos suyos ganadores de grado I son Tomisue’s Delight, Stephen Got Even, Friends Lake, Passing Shot, Sweet Symphony, Runup the Colors, A.P.Adventure y Royal Indy.

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En el presente año, A.P.Indy viene liderando la estadística de padrillos y aparte de la campeona RAGS TO RICHES ya produjo a los ganadores de clásicos de grado Master Commander, Saint Anddan, Boca Grande, Teamate, A.P.Arrow, Sahara Heat y Indian Vale. Si bien es cierto que A.P.Indy fue a los dos años ganador de una prueba de grado I, muchos de sus mejores hijos han llegado a su mejor condición corredora a los tres años y muchos otros a mayor edad. En el caso de Bernardini, su madre Cara Rafaela contribuyó con su precocidad pues ella fue, a su vez, ganadora de clásicos grado I como juvenil. A su vez a RAGS TO RICHES , que se impuso en Febrero en la milla de Las Vírgenes Stakes(GI) , la precocidad le llega a través de su madre Better than Honour ( Deputy Minister ) , quien fue una talentosa potranca ganando ( por distanciamiento ) el Demoiselle Stakes(GII) a los dos años. Better Than Honour no se impuso en carreras clásicas a los tres años, pero se constituyó en una buena exponente de la generación al llegar segunda en el Acorn Stakes (GI) y en el Comely Stakes (GIII) y tercera en el Mother Goose Stakes (GII). Better Than Honour ratifico sus credenciales de buena corredora en la reproducción. Su primera hija, Teeming por Storm Cat, fue vendida como yearling in U$S 1.5 millones y gano tres de las cuatro carreras que disputó, pero ninguna fue clásica (black type). Su segunda cría, el potrillo Magnificent Honor, propio hermano de RAGS TO RICHES, se vendió en U$S 925,000 como yearling pero nunca corrió. Su tercera cría fue Jazil por Seeking the Gold, que se vendió en U$S 725,000 se impuso en el Belmont Stakes del año pasado. Las victorias de Jazil y RAGS TO RICHES han colocado a su madre Better Than Honour en una categoría muy especial, debido a que solo cinco yeguas madres ( broodmares ) en USA han producido dos diferentes ejemplares ganadores de pruebas de la Triple Corona Americana.

Cuatro de ellas en el pasado distante: x Maggie B.B. ( madre de Harold ,ganador del Preakness de 1879; de Panique, ganador del Belmont de 1881 y del ganador del Derby Ingles, Iroquois ); x Cinderella ( madre de Hastings, ganador del Belmont 1893 y de Plaudit, ganador del Kentucky Derby de 1895); x Ignite ( madre de Hindis ganador del Preakness de 1900 y de Sir Huon , ganador del Kentucky Derby 1903 )

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Prudery ( madre de Whiskery ganador del Kentucky Derby de 1927 y de Victorian, ganador del Preakness de 1928) La otra yegua que logró la mencionada hazaña es la matriarca Weekend Surprise, que curiosamente es a su vez es tía abuela de RAGS TO RICHES. Weekend Surprise, una hija del inigualable Secretariat en Lassie Dear por Buckpasser, madre entre otros de Summer Squall ganador del Preakness de 1990, es también madre de A.P.Indy, quien como mencionamos anteriormente se impuso en el Belmont Stakes de 1988. El caso de RAGS TO RICHES es único, pues tanto su padre A.P.Indy, como su hermano materno Jazil, y los Triples Coronados, el abuelo paterno Seattle Slew y su bisabuelo paterno Secretariat se impusieron en el Belmont Stakes. No hay duda de que la potranca estaba plenamente capacitada para ganarlo, asimismo. La madre de RAGS TO RICHES, la castaña Better Than Honour proviene de una familia que ha contribuido muy favorablemente a la hípica mundial. La hija de Deputy Minister (Vice Regent) es hermana de Turnberry Island, quien realizó su campaña en Europa y fue ganador del Beresford Stakes (GIII) y segundo a los dos años en el Royal Lodge Stakes (GII). Su media hermana Smolensk por Danzig, también desarrolló su campaña en Europa donde se impuso en el Prix d’Astarte(GII) y llego segunda en el Coronation Stakes(GI). Otra de sus medias hermanas, Maryinsky, una hija de Saddler’s Wells, nunca venció en un clásico, pero arribo segunda en el Fillies Mile(GI) y es la madre de la potranca Peeping Fawn , place en el Epsom Oaks(GI) y tercera en el Irish 1000 Guineas(GI) de este año. La abuela de RAGS TO RICHES, la campeona Blush with Pride, fue una excelente corredora, imponiéndose en cuatro clásicos de grado, incluidos el Santa Susana Stakes (GI) y el Kentucky Oaks (GI).

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Blush with Pride posee un pedigree de primerísimo nivel, siendo hija del gran padrillo francés Blushing Groom en la yegua Best in Show, a su vez nombrada “Broodmare of the Year” (Yegua Madre del Año). Best in Show, la bisabuela de RAGS TO RICHES, es considerada una matriarca y una de la mejores yeguas madres de la historia hípica mundial. De ella descienden mas de 65 ganadores clásicos, siendo los mas conocidos: El Gran Señor ( campeón a los dos y tres años en Inglaterra y gran padrillo ) , Try My Best ( campeón ingles a los dos años y gran padrillo ) , Aldebarán ( campeón sprinter en USA y padrillo ), Spinning World ( ganador del Breeder’s Cup Mile(GI) y campeón en Europa y gran abuelo materno), Malinowsky ( campeón irlandés a los dos años), Xaar ( campeón Ingles a los dos años), Domedriver ( ganador del Breeder’s Cup Mile(GI) , así como los grandes corredores Aviance, Chimes de Freedom, Yagli ( padrillo en Brasil ), Strong Hope, Bahamian Pirate, Umatilla , Hurricane Sky , etc, etc. Y la sensación australiana actual, el padrillo Redoute’s Choice. Asimismo, el cruce (nick) que produjo a RAGS TO RICHES, que es del padrillo A.P.Indy en una hija de Deputy Minister (Better Than Honour) es de superlativo nivel. Hasta el momento han nacido 19 productos de dicho nick de los cuales 14 han participado en competencias, cinco de ellos han ganado pruebas clásicas, lo que significa un 26.3 % de efectividad. Con yeguas hijas de otros padrillos, A.P.Indy cuenta con un ratio de 11.8 % de efectividad clásica. De igual manera, las hijas de Deputy Minister cruzadas con otros padrillos obtienen 9.3 % de eficacia clásica. A.P.Indy también cuenta con muy buena efectividad al cruzarse con hijas del hijo de Deputy Minister, Silver Deputy. En resumen, el nick de A.P.Indy y sus hijos con hijas o nietas de Deputy Minister está logrando gran éxito. Por último, Troienne presente de un cruce 7 x A.P.Indy y de Mr.

también encontramos a la matriarca La en el pedigree de RAGS TO RICHES a traves 7 teniendo a Buzanda por el lado de Busher por el lado de Better Than Honour. Fernando Rodríguez-Larrain de Lavalle Lexington, Kentucky

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Entre el Paddock y la Pelousse

por

Luis Costa Baleta

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l origen de la columna “Entre el Paddock y la Pelousse”, se remonta a una invitación que me hiciera Roberto “Tito” Balberde, por entonces Director de la ya desaparecida “Revista Yatasto” allá por octubre de 2004 a colaborar con dicha publicación. Su nombre constituye un homenaje a dos instalaciones que ya no existen en el nuevo Maroñas: el Paddock, donde hoy esta emplazado el Estacionamiento B al lado del Palco Oficial y la Pelousse que si bien existe como predio, no es utilizada para la asistencia de público con sus automóviles como lo era en el pasado. Pero además al elegir el nombre y la foto que muestra ambas instalaciones también consideré que “Entre el Paddock y la Pelousse”, que eran parte del pasado, se encontraba la pista y es allí donde quedan marcadas a fuego las memorias de las grandes hazañas de los purasangre. Con la siguiente introducción en el “Nº 231 del Año 3 de la Revista “Yatasto” se iniciaba aquel breve ciclo que duró apenas cuatro números por razones que no vienen al caso explicitar. “La columna que hoy se inicia pretende ser un sencillo aporte a recuperar del arcón de los recuerdos notas, anécdotas e historias de turf para que las revivan aquellos que peinan canas y las conozcan los miles de noveles aficionados a las carreras de caballos que hay hoy en nuestro país. A todos aquellos que tengan material que entiendan puede tener cabida en este espacio agradezco que me lo hagan llegar por fax al 6284691 o por e-mail a LCBaleta@tradinter.com.uy. Ahora vamos a la nota de hoy la cual está indisolublemente ligada a dos iconos del turf: Yatasto y Julio Folle Larreta “Doncaster “.

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Del primero mucho se ha hablado en estas ultimas semanas debido a la Muestra “Yatasto – Puñado de Viento”; de “Doncaster”, en mi humilde opinión uno de los mejores periodistas de turf que ha dado nuestro país y cuyos libros, especialmente “En Alas del Viento” bien merecerían una reimpresión para que las nuevas generaciones puedan disfrutar de sus crónicas. Extraída del libro “Por esos caminos de Dios” (Barreiro y Ramos, Montevideo – 1976) aquí va esta primera entrega. LA ULTIMA CENA EN EL SALON "IMPERIO" “Bien podría pensarse que aquella noche "de sueño", nos acometió a todos, algo así como un raro presentimiento. Fue en octubre de 1951, después del Gran Premio Nacional que consagró la estupenda grandeza de Yatasto. Buenos Aires sufría entonces el peso de una dictadura. Pero los señores del Jockey Club porteño no podían dejar de celebrar la conquista del super caballo, honra y orgullo de su elevage. Y "capitaneados" por don Federico de Alvear, a expresa solicitud del turfman uruguayo don Augusto Sbárbaro, propietario de Yatasto, aquellos caballeros, del viejo - y eterno - Buenos Aires, peinando ahora sus canas con un dejo nostálgico, hicieron abrir, el tradicional "Salón Imperio" - vedado a toda celebración, desde hacía varios años - para realizar allí, la fiesta memorable. Quien sabe si sospechando ya, que sería la última trascendental, que tendría lugar en aquel templo del señorío, de la cultura y del arte... Yo, asistí al banquete, junto con otros amigos uruguayos, invitados por don Augusto Sbárbaro y escribí, esta crónica, que más tarde sentí deseos de reproducir al ver en una revista porteña, una hermosa fotografía de aquel "Salón Imperio" que actualmente ya no existe, como no existen tampoco don Federico de Alvear, ni el Jockey Club de Buenos Aires. Hubo quienes en un acto incalificable, destruyeron del Jockey Club, lo que podía destruirse - la materia - e hirieron profundamente el noble corazón de don Federico.

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Pero, desde luego, hay algo que no ha muerto - que no puede morir - y es el espíritu. Por eso, vivirán eternamente don Federico de Alvear y el Jockey Club de Buenos Aires. Sea, pues, este recuerdo, en homenaje a ellos. El Turfman uruguayo, don Augusto Sbárbaro, feliz propietario del fenomenal Yatasto, quiso festejar el triunfo de su crack en el "Derby" porteño, como mandan los "cánones", y ofreció el domingo por la noche un gran banquete en la señorial mansión del Jockey Club de Buenos Aires. Ofició de anfitrión su amigo, muy dilecto, don Federico de Alvear, turfman del tiempo viejo, cortado al tipo de "los de antes". Se habilitó para la fiesta el tradicional "Salón Imperio", en cuya mesa, formando enorme círculo, se reunieron sportmen de abolengo rancio de la antigua rueda de don Federico; otros más jóvenes, que integran el grupo dé don Ignacio Correas, el criador de Yatasto, y por supuesto, los uruguayos, amigos y allegados a don Augusto Sbárbaro. Presidieron, el Embajador del Uruguay, don Mateo Márquez Castro y "el dueño de casa", don Urbano de Iriondo. El menú estuvo "a la altura de las circunstancias" y eso es decir mucho. En cuanto a la "espirituosidad" de los vinos, baste consignar crearon un ambiente deleitante. Se inició el banquete en una atmósfera como de solemne expectativa. Hubiérase dicho que los comensales invadidos de una extraña sensación contradictoria temían, precisamente lo que sus corazones estaban anhelando: revivir pasados tiempos... Yo, en cierto modo, me sentía allí un poco espectador, por mucho que también "actuaba" hasta con peligroso entusiasmo. Es que; no era posible dejar de hacerle los honores a ese banquete formidable.

Poco a poco la atmósfera se fue "caldeando" y aquellos cabellos blancos que formaban corona enorme en el Salón Imperio, parecieron iluminarse, con las luces de recuerdos pretéritos. El más fino "spirit", el mas clásico, el más elegante, fue pronto en aquella fiesta, el comensal más grato. Las figuras, al principio rígidas, que integraban el hermoso cuadro fueron cobrando vida, como por obra de encantamiento, y... resultó imperioso qué alguien dijera algo; era preciso explicar qué significaba todo aquello que allí estaba ocurriendo, tan sugestivo y tan extraño... Se lo pidieron, y no se hizo rogar don Federico, que supo ser a la vez galano y chispeante y, entre broma y broma, llevó a los circunstantes de los lindes de la risa, a

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los del llanto, sin dejarlos entregarse, ni del todo al buen humor, ni por completo a la melancolía de las evocaciones de antaño. Los tuvo "en un hilo", suspendida su nostalgia en el vaivén de su gracia inimitable. ......Y tras de proclamar la inconmovible amistad que une, "pese a quien pese", al pueblo argentino y al uruguayo, los entregó a la sobria elocuencia de nuestro Embajador, quien recogió caballerescamente el guante, para manifestar qué no era tal la pretendida "gaffe" de que, momentos antes, había querido disculparse don Federico por haber dicho que los Treinta y Tres Orientales NACIERON en la Argentina, en lugar de decir que SALIERON de ella: "porque, realmente, con toda propiedad podía decirse que la Cruzada Libertadora del pueblo oriental, había nacido en San Isidro!". Saludó su atinada ocurrencia, una verdadera salva de aplausos. De inmediato, reclamó el honor de hacerse oír en aquel acto que tan trascendental se iba poniendo, el señor Olmedo Zumarán, quien inició su discurso diciendo: "Como la luz, la sombra; como la felicidad, la melancolía; como el pasado, su recuerdo. Pero, Yatasto ha venido a trasportarnos de nuevo a todos nosotros, como en un vuelo inefable, a aquellos tiempos de esplendor que ya casi nos parecen, no más que un hermoso sueño..." Luego, tras de remontarse, al "Derby" de Le Sancy, a Old Man, y a Botafogo; a don Ignacio Correas - el padre -; a los Juárez Celmán y a muchas otras figuras inolvidables de la época de oro del turf porteño dijo muy bonitas cosas de nuestra tierra, que también lleva en la sangre. Y se detuvo, por un momento, en As de Espadas, para señalar, que ganó el Nacional de Palermo, llevando en las cruces a Medardo Bonilla, gran jockey uruguayo!.... . A continuación, el inimitable don Federico, volvió a tomar la palabra para agradecer, en nombre de Augusto Sbárbaro e Ignacio Correas, los elogiosos conceptos que los oradores acababan de dedicarles. Y, por último, el turfman peruano, señor Chopitea, se hizo presente en la palestra oratoria con frases felicísimas interrumpidas por frecuentes aplausos. "Bendito el turf - manifestó con acentos vibrantes - que nos brinda reuniones como ésta, en las cuales dejamos de lado todo lo que no sea agradable y simpático!...Desdichados aquellos que no saben ver la belleza que ofrece en sus estupendas realizaciones de la pista un pingo excepcional como Yatasto!"... Y habló de la amistad de los países de América y de la grandeza del elevage porteño, siendo febrilmente ovacionado por todos los circunstantes. ..

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A esta altura de la fiesta "nunca vista" al menos para nosotros los uruguayos, el clima era tal, que hubiera podido decirse que se nos había entrado por las venas el mundo aristocrático de "fin de siglo" evocado, en su último baluarte - (el Jockey Club de Buenos Aires).- por aquellas venerables cabezas blancas que nos estaban rodeando. Cabezas que otrora fueran adorno, sin duda, de apuestas figuras de caballeros magnates, en jornadas brillantes. Pero, en verdad, no podría afirmar, si en aquel momento evocaban el pasado con alegría o con tristeza, porque al abrazarse, les oía reír de felicidad, a tiempo que por sus mejillas rodaban lágrimas abundantes... Y recordaban... recordaban sin cesar. Con deleite, con frenesí, diría, como queriendo aferrarse, a lo que de sobra sabían que se les escapaba irremisiblemente, de manera implacable. Lo más hermoso para mí, lo más emocionante, era que el Uruguay estaba en todos sus recuerdos más gratos... "Uds., los uruguayos" - dijo al cabo don Federico de Alvear - "tienen que decir allá, lo mucho que se les quiere en esta tierra nuestra". "Y que somos y seremos siempre hermanos pese a las muchas macanas que POR AHI se andan diciendo"... Pero, como tenía que ocurrir, aquella escena se fue "esfumando" poco a poco, al apagarse el brío, ahora fugaz, de sus actores más importantes... Y volvió al pasado, de donde viniera, con la rara sugestión de un hechizo....

La adición de esa noche, a nombre del Sr. Sbárbaro…

Quedó, sin embargo, en mi mente dibujada con caracteres indelebles: como un cuadro. Pero más firme fue sin duda la huella que dejó en mi espíritu.

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Mientras me alejaba de aquel extraño sueño, pensaba con Manrique: "¡Cómo, después de acordado, da dolor; cómo a nuestro parecer!"... Y hubiera podido jurar entonces que: "Lejos... muy lejos... se oían los acordes de un minuet"... Antes de que pasaran dos años, el 15 de abril de 1953, el Jockey Club Argentino fue bárbaramente incendiado, en una noche trágica. Aquélla había sido la última cena, en el Salón Imperio. La última cena... de la hidalga generación porteña del 900...”

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omo epílogo a la nota de Doncaster, extraemos del sitio web del Jockey Club Argentino una descripción de cómo era la famosa sede social de la calle Florida entre Lavalle y Tucumán de forma que el lector pueda hacerse una idea más cabal de lo que se perdió en aquella trágica noche del 15 de abril de 1953.

“El Jockey Club de Buenos Aires fue fundado el 15 de abril de 1882 y su impulsor más decidido y primer presidente fue el Dr. Carlos Pellegrini, secundado en la empresa por un entusiasta conjunto de caballeros representativos de la actividad política y económica del país. La idea que los animaba era la de dar origen en nuestro medio a una entidad capaz de organizar y regir la actividad turfística nacional, hasta entonces fruto de emprendimientos dispersos y poco redituables, pero que al mismo tiempo fuera un centro social de primer orden, similar a los mejores clubes europeos que todos ellos habían conocido durante sus viajes por Francia e Inglaterra. Ambas premisas quedaron enunciadas claramente en el artículo primero del Estatuto de la institución, que expresaba que el Jockey Club sería un centro social, pero también una asociación que propendería al mejoramiento de la raza caballar. En cuanto a la vida social de la institución, durante sus primeros años las actividades se desenvolvieron en distintas residencias alquiladas, todas ellas ubicadas en la zona céntrica de la ciudad, pero una nómina societaria en constante aumento pronto aconsejó la edificación de una sede propia, que estuviera en un todo de acuerdo con la creciente jerarquía que el Club había alcanzado en su etapa germinal. Un paso capital al respecto se tomó en 1888, cuando se adquirió un predio en la calle Florida entre Lavalle y Tucumán, ubicación inmejorable del Buenos Aires finisecular. Después de llamar a concurso de proyectos, las autoridades del Jockey resolvieron la inmediata iniciación de las obras, según planos del arquitecto austríaco Manuel Turner. Durante el proceso constructivo, que se extendió por nueve años, el programa original fue completamente modificado, firmando la obra definitiva el ingeniero argentino Emilio Agrelo.

Una soberbia fachada sobre Florida, impactante recepción y escenográfica escalera; suntuosos salones, vasta sala de armas y acogedor comedor; sus elegantes características contribuyeron para que, desde el momento mismo de su

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inauguración, el 30 de septiembre de 1897, el palacio del Jockey Club se transformara en el centro predilecto de la actividad social más encumbrada de la ciudad. En su moblaje y adorno tuvo mucho que ver Carlos Pellegrini, quien se ocupó personalmente del arreglo definitivo de la casa hasta en sus mínimos detalles, contando para ello con la colaboración de Miguel Cané, que desde París, donde cumplía funciones como ministro de nuestro país, remitió los lujosos cortinados, las espesas alfombras, las panoplias, las arañas de finísimo cristal e incluso los faroles para el frente del edificio.

Con el correr del tiempo la casa sufrió diversas modificaciones. Ante todo se adquirieron varios solares vecinos, posibilitando la ampliación de las instalaciones y la construcción de un edificio anexo para las oficinas administrativas. Sucesivas reformas, llevadas a cabo en 1909 y en 1921, permitieron adaptar los salones a los cambios producidos en las modas y en el gusto, a la vez que, con asesoramiento especializado, se formó una valiosa colección artística, en la que se destacaban pinturas firmadas por Louis Michel Van Loo, Goya, Bouguereau, Corot, Monet, Sorolla, Anglada Camarasa, Fantin-Latour, Carrière y Favretto. Junto a las de los artistas extranjeros también lucían numerosas telas de maestros argentinos como Sívori, Gramajo Gutiérrez, Bermúdez, Quinquela Martín, López Naguil, Fader, Cordiviola y Aquiles Badi, formando el conjunto una verdadera galería de arte, que algunos socios del Club no vacilaban en considerar como "nuestro pequeño museo". Por el lujo de sus salones, por su magnífica biblioteca permanentemente enriquecida y por el prestigio de su colección artística, el palacio del Jockey Club fue ambiente privilegiado para aristocráticas recepciones, y en él también se acostumbraba agasajar a los visitantes ilustres que arribaban a Buenos Aires. La nómina de quienes ingresaron por su pórtico de honor entre 1897 y 1953 incluye presidentes extranjeros como Campos Salles del Brasil y Pedro Montt de Chile, y miembros de la realeza europea, como la Infanta Isabel de Borbón, el príncipe Enrique de Prusia, el Duque de los Abruzzos y el Príncipe de Gales (más tarde Eduardo VIII), pero también hombres representativos de la vida política y cultural internacional, como Georges Clemenceau, Teodoro Roosevelt, Guillermo Marconi, Anatole France y Santos Dumont.”

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