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UN DÍA DE PESCA HERNANDO LONDOÑO JARAMILLO


HERNANDO LONDOテ前 JARAMILLO ISBN: DL: Impreso en Espaテアa / Printed in Spain Impreso por Bubok.

Todos los derechos reservados. Queda rigurosamente prohibida sin la autorizaciテウn expresa de los titulares, bajo las sanciones expresas en las leyes, la reproducciテウn total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.


A mi muy querida madre, Tina Jaramillo VĂŠlez.


PREFACIO

La fabulosa paciencia del pescador, siempre se ha visto recompensada por sus capturas; aunque, jamás se verá satisfecha su obsesión de hacerse cada vez con una de mayor tamaño. Como buscadores, jamás imaginamos que las artes más sencillas, y que han acompañado al hombre desde el inicio de su existencia, forman una espectacular cadena hacia nuestro fin, que no es más que el principio mismo y la esencia de nuestro aprendizaje. Cuando encontremos la forma de pescar dentro de nuestra mente, aprenderemos a navegar sobre veleros que nos conduzcan en cada viaje, más y más lejos, en busca de los verdaderos tesoros de nuestro propio mar. Alejados del miedo y con la paciencia del pescador, tal vez, logremos fabricar nuestra propia máquina energética, que nos permita cruzar los túneles del tiempo y el espacio para vislumbrar nuestra verdadera realidad.

El Autor


-¿Qué te pasa?-, me preguntaron mis compañeros de pesca algo extrañados al verme llegar apresuradamente, algo pálido y desencajado. Creo que si hubiera podido verme, habría contemplado la imagen aterradora de alguien que lleva prendidas sobre sus hombros, a las mismas arpías. -¡Pues eso!-, les respondí. - Eso que le pasa a aquellos que se acercan demasiado a un vórtice interdimensional y tienen su frecuencia de vibración realmente baja… -Todos se carcajeaban y caían al suelo como si de un juego de boliche se tratase.-¡Espero que os pase alguna vez!, y así, tal vez, retiréis vuestras sátiras y habladurías, ¡cuadrilla de párvulos socarrones!Fue lo último que dije, antes de retirarme a pensar sobre el asunto. La verdad es que no sé cuál de las situaciones me dolía más, si las burlas de mis compañeros o el haber tenido que regresar de tan espectacular lugar sin más que un leve recuerdo de aquella preciosa Sabaleta. Es que ya lo veía venir… Había sentido tal cantidad y variedad de energías, que decidí no volver a pasar por debajo de aquel Guadual. Evitaba cruzar por esa parte del río, a sabiendas de que era tal vez uno de los mejores sitios para echar los anzuelos, obligándome con ello, a dejar de lado las mejores capturas sólo por el temor que despertaban en mi aquellas situaciones anómalas. Y es que tantas veces escuché aterradores y escalofriantes murmullos acompasados por el vaivén de aquellos gigantescos cañaverales, que muchas veces decidí pasar de largo tomando algún atajo. Recuerdo con especial detalle, una vez que crucé por ése sitio antes de la última veda. Fue una mañana veraniega con una muy agradable temperatura y bajo un radiante sol. El riachuelo discurría cristalino y los peces se podían observar desde una gran


distancia; uno de esos días de nunca olvidar. Como lo demanda el decálogo del buen pescador, el sigilo era extremo y mis movimientos eran casi imperceptibles; conseguía escuchar hasta mis propios latidos del corazón. El constante y estridente chillido de miles de insectos y pájaros se hacía casi visible. En tales circunstancias y en medio de la excitación, lance mi señuelo y caí en una especie de trance: inerme en medio del cauce, escudriñando el agua como ave rapaz, la respiración en mínimos y la mente separada del mundo por completo, comencé a sentir una especie de sincronía vibratoria con el chirrido de los grillos. Bajo aquella espesura, en una especie de túnel zigzagueante franqueado por millares de tallos verdosos, bajo una nutrida bóveda formada por la maraña de ramas entrelazadas y en medio de un ambiente lúgubre y frio, vino la primera captura. Toda la magia se interrumpe, y es entonces cuando retornas a tu nivel de pensamientos habitual. Ensimismado, irrumpieron en mi mente los primeros pensamientos: la tengo, se inicia la lucha, parece gigantesca; ahora podré exhibirla como un trofeo ante a mis compañeros… Me percato entonces de aquellos extraños ruidos, que tal vez, se producían por el roce de los vástagos de la plantas empujados por el viento; pero, a su vez, comienzo a sentir una vibración que se adhiere a mi piel como si miles de murciélagos aletearan sobre mi contorno arrojando sobre todo mi cuerpo un frio y escalofriante vaho. Esto, produce de inmediato la respuesta de mis esfínteres y cuero cabelludo, especialmente el de mi nuca. Como loco, busqué la salida de aquel sitio y me hallé completamente desorientado, no reconocí ningún detalle que me permitiera saber en dónde estaba. Es entonces cuando decidí echar a correr aguas abajo olvidando la captura. Sentí correr sin avanzar ni un paso, no sé cuánto tiempo estuve tratando de recorrer los casi trescientos metros que tiene ese tramo del río hasta salir a un sitio más claro; de hecho, en ningún momento me pareció pasar por donde había venido. La verdad, en aquella ocasión sentí que algo de carácter energético y completamente desconocido para mi, trataba de apresarme y me atemorizaba casi hasta llegar al estado de pánico. Fue como si algo tirarse de mí. Como si una concentración de energía poderosa y atrayente, tratara de apoderarse de mi ser interior; pero no precisamente de


mi cuerpo. Algo parecido, creo yo, a lo que sucede cuando un par de fuertes imanes están a punto de unirse. Escuché, de niño, cientos de historias de la Madreselva y de toda suerte de espíritus, elfos, gnomos, hadas, ondinas y extraños seres que habitan aquellas zonas olvidadas de los ríos y bosques; sin embargo, entiendo bien que suelen ser leyendas infundadas para alejar a los niños de aquellos parajes que puedan presentar peligros. Lo ocurrido, me hacía pensar en otra clase de fenómeno muy parecido a lo que se puede sentir en sitios de altísima concentración de energías, como las que buscan los radiestesistas con sus péndulos y artilugios de madera y metal. Sitios muy especiales, como aquellos antiguos y olvidados lugares que eligieron nuestros ancestros para celebrar sus rituales y festividades, tales como: pirámides, observatorios astronómicos, altares megalíticos, cuevas y dólmenes. Retornaban a mí mente, toda clase de razonamientos ligados a mis escasos conocimientos sobre este tipo de asuntos: espantos, leyendas de difuntos, muertes espeluznantes, espíritus, enterramientos y miles de posibles causas a las cuales atribuir fenómenos inexplicables. Aquel día, regresé sin capturas a casa; pero profundamente interesado en saber qué había sido aquel extraño episodio. Comencé entonces a investigar todo lo referente a energías extrañas, corrientes telúricas y la forma de sentirlas y descubrirlas. Hallé en la red, miles de experiencias narradas por personas en idénticas circunstancias y, para sorpresa mía, encontré una amplia gama de posibles fenómenos que se aproximaban a lo que me sucedió en aquella oportunidad. Después de aquel suceso, varias veces acudimos a pescar en el riachuelo en compañía de mi cuadrilla; pero algo sucedía antes de que pudiera llegar hasta ese sitio. En una ocasión, a punto de entrar en el túnel, como le llamábamos a aquel lugar, escuché tal cantidad de truenos, que me pareció que fuera a iniciarse una tormenta nunca vista, y por supuesto, regresé hacia el sitio de encuentro antes de caer la primera gota. Al encontrarme con el resto del grupo, me sorprendí, pues parecía como si no hubieran escuchado nada y querían seguir hacia el túnel, sin ninguna preocupación. Acostumbrado a oír sus risas por mis comentarios,


seguí pescando muy cerca de ellos sin comentar más sobre el asunto. En la noche, de regreso en casa, decidí leer algunas cuartillas sobre lugares aparentemente energéticos y sus propiedades. Después de mucho escudriñar en documentos antiguos, deduje que podrían ser situaciones paranormales creadas por vestigios de antiguos cementerios indígenas, muy comunes en esa región. Igualmente, concluí que también pudo ser una zona con alteraciones telúricas; y por qué no, de igual forma podría presentarse alguna situación geobiológica de especial connotación. Realmente, existe un gran abanico de posibles causas, inverosímiles por supuesto; pero razonables a fin de cuentas ¿Cómo no aceptar la posibilidad de la existencia de lugares específicos en este universo, que nos brinden la fabulosa oportunidad de materializar un pensamiento? Decidí pues, realizar una expedición de carácter científico a aquel lugar, apartándome con ello de la simple experiencia deportiva de la pesca, y así, haciendo uso de las más finas técnicas de investigación, emprendí la tarea de arrancarle su secreto a aquel espectacular lugar. En la mañana siguiente, regresé con el bizarro fin de investigar profundamente aquella aterradora resonancia y sensación de frio sobre la piel. No consulté ni invité a ninguno de mis amigos para no desatar más inoportunos comentarios; la verdad, me consumía la curiosidad ante tal reto. Una hora en coche, y luego media a pie, son suficientes para llegar al lugar. No había acabado de organizar en mi mente mis asuntos personales, cuando me di cuenta de que estaba ya muy próximo a aquel sitio; empecé entonces a concentrarme en los detalles para emprender aquella osadía. Fue así como decidí tratar de repetir a la minucia, todos los movimientos que realice en aquella ocasión en que percibí los mas aterradores susurros, vibraciones y aquellos horripilantes soplos sobre mi cuerpo. Con gran entusiasmo, coloqué el mismo señuelo que había usado aquella vez, y llenándome de valor, me encaminé hacia el túnel. Momentos después, inicié mi ritual de pesca sin olvidar el más mínimo detalle; así, me introduje lentamente en el cauce del riachuelo, pues es la única forma de pasar por aquella zona, ya que las orillas están llenas de vegetación peligrosa e inexpugnable. Ya dentro del cauce y con movimientos tan lentos


que apenas enturbian el agua, levanté la vista tratando de emular a una ave rapaz, y en cuanto aprecié el más mínimo destello entre las claras aguas, lancé mi señuelo esperando atrapar el mejor de los trofeos piscícolas de la zona, la Sabaleta. Repitiendo las mismas maniobras, una y otra vez, fui cruzando el trayecto muy lentamente. Hay un sitio muy especial dentro del túnel, pues es un tramo corto ubicado casi en su centro y desde el cual no se puede ver ninguna de sus salidas hacia campo abierto. Es especialmente oscuro y frio; sin embargo, tiene gran cantidad de peces, y quienes saben hacer uso de algunos señuelos y cebos, allí se hacen con las mejores capturas. Fue allí donde coloque toda mi atención, haciendo uso de las recomendaciones que pude extractar de mis lecturas de la noche anterior. Estando allí como detenido en el tiempo, y haciendo uso de mis últimas reservas de valentía, decidí sentarme en una gran piedra que aflora en un remanso del riachuelo. Completamente absorto, me tumbé de espaldas sobre el duro lecho a observar aquella cúpula enmarañada y llena de vida. Dejando de lado las preocupaciones y presa del miedo, comencé a sentir una fuerte vibración, y de nuevo, el aleteo de miles de pequeñas aves que arrojaban un frío hálito sobre mi piel; ésto, me obligó a cerrar los ojos, y así, entré en un profundo trance que me abstrajo de todos mis pensamientos. De repente, empecé a vislumbrar, en no sé donde, una especie de nube de humo grisáceo en forma de circulo, como una de aquellas rosquillas que suelen hacer los fumadores jugueteando con el humo de su cigarro, sólo que en el primer plano no podía distinguir nada, pues se presentaba como un torbellino oscuro que se iba agrandando y formando una especie de ventana circular. Aquella nube, se fue ensanchando hasta alcanzar un diámetro por el cual parecía que podía penetrar; a decir verdad, sentía que podía volar. Inmediatamente, traspasé aquella nube y comencé a ver con claridad una especie de máquina conformada por un gran aro de un brillantísimo metal, parecido al acero inoxidable pero con un resplandor espectacular. Aquel aro, estaban articulado en una armadura metálica de grandes proporciones en otra clase de metal que se asemejaba al acero


pavonado en un color azul oscuro pero muy brillante. Aquella armazón parecía parte de una maquinaria futurista, sin igual en el mundo por mí conocido; se parecía a una gigantesca hoz en posición vertical. A una gran altura sobre el suelo, que no puedo determinar, se hallaba suspendida sin sujeciones, una especie de jaula, rutilante como un pequeño sol de luz infinitamente blanca y compuesta de barras traslúcidas, como de cristal, que adoptaban la forma de a una estrella tetraédrica. Dentro de ella, se apreciaban otras formas regulares contorneadas por barras un poco más delgadas de un finísimo cristal, y dentro de ellas, una especie de artilugio que se asemeja a un arnés para escalada. Aquel gran aro comenzó a girar en y poco a poco se transformó en una gran esfera que emitía una intensa luz blanca. En su interior, pude entrever que aquella estrella comenzaba a girar a gran velocidad y se trasformaba en una especie de platillo volador; era como un artefacto aplanado de una luminosidad impresionante que emitía destellos por ciclos de altísima frecuencia; suspendida en el centro de aquella esfera, dibujada por su giro a gran velocidad, se podía entrever la figura de una gran peonza achatada. Era como una especie de estrella fulgurante, con una luz tan brillante, que hacía daño a los ojos. En una fracción de segundo, la luz interior de aquella esfera, desapareció. Completamente sorprendido, el anillo de la parte exterior, aminoró su velocidad de giro, hasta detenerse. Instantes después, en la base de aquella estructura, se observaba la presencia de algunas siluetas de seres con formas humanas y que no pude ver con claridad, pues las emisiones lumínicas de aquella máquina, me lo impedían; no obstante, podría afirmar que aquellas formas eran traslucidas y de mayor tamaño que el nuestro. No pude apreciar sus facciones, pero todo aquello era un fenómeno de extrema belleza. Pude apreciar un espectacular paisaje, lleno de lagos y exuberante vegetación entre jardines muy bien cultivados. Extasiado sobre aquella piedra y con un profundo sentimiento de temor, comencé a caer desde aquella especie de ventana de humo que nunca terminé de cruzar, y en un santiamén, regresé a mi estado natural sorprendido al ver mi brazo derecho


completamente cubierto de hormigas que me propinaban piquetazos a granel. Estupefacto y sin terminar de salir de esa especie de sueño, aún sintiendo una vibración en todo mi cuerpo, me recreaba con tal cantidad de detalles sobre cosas que no había visto en toda mi vida. De aquellas siluetas, sobre las cuales no puedo describir nada con claridad, debo decir que recibí una energía especial y que aún sin verlas con claridad, me transmitieron una espectacular sensación de belleza sin igual ¿Cómo no darle una justa medida a tus temores, y cómo no pasar bajo el rasero en el interminable juego del limbo tratando de alcanzar tu límite? Nada me hacía más feliz en ese momento; pero el inmenso miedo que sentía, no me permitía mover un solo músculo. Creo que escasamente respiraba. No atinaba ni a abrir mis ojos, cuando de repente, sentí un tirón espeluznante en mi brazo izquierdo; casi de inmediato y sin pensarlo, recobré el aliento y la fuerzas en mis piernas, tiré todo el equipo de pesca que llevaba conmigo y me eché a correr aguas abajo, creo que más veloz que Usain Bolt en las últimas olimpiadas, tratando con ello de liberarme de las hormigas que carcomían mi brazo y de aquella extraña fuerza que me había hecho ver tal espejismo. Ahora, sin aquél valioso señuelo, la mejor de mis cañas y carrete y con más miedo que nuca para regresar a aquel maravilloso lugar, me he puesto a investigar sobre aquellas visiones, y aún, no he encontrado nada parecido que me aclare lo sucedido. Sinceramente, no tengo con quien comentar el asunto sin despertar suspicacias y burlas. Por más que lo pienso, no deseo olvidar el asunto, pues considero que todo aquello no ha sido producto de sueños ni de espejismos infundados. Ya he leído varios textos sobre asuntos similares, también he encontrado narraciones de diferentes experiencias durante las cuales, algunas personas que han logrado trascender hacia estados alterados de conciencia, han contado historias fabulosas que harían ver la mía como la de un simple aficionado. No es muy fácil andar por ahí con los amigos, hablar de estas cosas y que no te tilden de loco. Por ello me he apartado un poco y he iniciado una muy concienzuda búsqueda personal del porqué de ésta situación.


Ahora, cuando voy a dormir, algunas veces, empiezo a escuchar aquel chirrido de grillos, y como sea, empiezo a imaginar todo aquello que pude ver en aquel sitio, pero no he podido sentir lo mismo que en aquella ocasión. He encontrado teorías de viajes astrales, universos paralelos, dimensiones superiores, inframundos, vórtices multidimensionales, redes telúricas, líneas de energía que cruzan toda la tierra, y en fin, miles de posibles fenómenos; pero no he podido encontrar razones suficientes, para dar crédito a mis experiencias. Con este episodio, he deseado recrear una maqueta de aquella máquina fabulosa; pero lo que vi es de tales dimensiones, que no podría pasar desapercibida en el pueblo, y por más que trato, no alcanzo a recordar todos los detalles. He fabricado una estrella tetraédrica, y con ella, he percibido grandes concentraciones de energía sobre mi cuerpo. No alcanzo a imaginar lo que sentiría con aquella tremenda máquina. Solo pensar en acariciar la posibilidad de trasladarme a algún sitio del universo en un instante, me hace seguir con mis pesquisas; tal vez, algún día logre alcanzar mi verdad. Creo, sin más, que la verdadera estatura del hombre, está apenas por descubrirse y que si seguimos por la línea de la experimentación personal dejando nuestros miedos enterrados, lograremos entrar por aquella ventana a nuestro antojo, para ir y venir, de universo en universo. Por ahora, solo me queda tratar de repetir todos y cada uno de mis movimientos de aquella ocasión, pero esto solo será posible, cuando recupere la caña y el señuelo que aún siguen perdidos en el riachuelo por culpa del pez y de las molestas hormigas. Pero bien lo dicen los verdaderos maestro de la pesca: no hay mejor mar para pescar que aquel que llevas en tu mente, pero muy pocos conocen la caña y menos el señuelo para atrapar los verdaderos peces del saber.


Un Dia de Pesca (Hernando Londoño Jaramillo)  

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