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Textos de las 4 Puntas

El Escupitajo de Oro

El hijo de la muerte Un dragón negro arrasaba con aldeas y bosques, enfrentaba a magos y a humanos y a cualquier criatura que se le colocara ante él, ya sea para hacerle frente o por el desafortunado hecho de existir. Me despertaba una y otra vez, como lo hiciera mi madre, con el fuego intenso quemándome. Nadie me creía. No obstante, mis sensaciones y sufrimientos no son comparables con el suplicio que esa pobre humana debió soportar. Entre ellos, y el peor de todos, dar vida a la muerte, aunque, por supuesto, no fue su culpa. A cada paso suyo, le hacían lugar, lo saludaban respetuosamente, trataban de pasar desapercibidos a su vista y, si era posible, se escondían antes de que pasara. Los esclavos humanos eran el blanco de todos sus arranques violentos y abusos, especialmente cuando bebía. También eran los únicos que compartían la morada y alrededores con el mago, a quien ya nada le importaba de lo que ocurría más allá de sus dominios. Era un mercader de humanos de alma; solía cazarlos él mismo y venderlos para acrecentar la fortuna que había heredado. Había sido el mejor. Había jugado y vencido y ahora recibía al brujo perdedor. No era ni la sombra de lo que se había convertido. Sin embargo, su aura seguía siendo negra, muy negra. ―¿La tienes? ―Sí. No puedo creer que te acuerdes… Estabas tan borracho anoche… El brujo tironeó de unas cadenas y le entregó su premio. Patricio sonrió. La nueva esclava realmente se parecía a lo que él evocaba. Le extrañó el hecho de que una simple humana harapienta tuviera la belleza de la maga que, sin notarlo, lo había hechizado con ese amor imposible que tanto duele. Grandes ojos marrones lo miraban directamente a los suyos negros sin temor, como desafiándolo. Sabía quién era su nuevo dueño y de lo que era capaz. ―Espero no la eches a perder. Tan pronto como los dejaron a solas, él quiso saber su nombre. Ante la negativa de hablar de la mujer, decidió llamarla Manila. Sí, el nombre de mi mamá. Ordenó que la bañaran, peinaran su largo cabello negro enmarañado, la vistieran y la subieran a su habitación. Obviamente, nadie osó poner objeciones a sus demandas. Tampoco ella. Olvidaría por unas horas qué era. No obstante, copa va, copa viene, él también olvidaría hasta lo que se proponía. No más prejuicio por un rato. Eso le había costado caro en el pasado cuando la dama que lo obsesionaba se había marchado a un reino enemigo, ¡y en manos de un poderoso mago hasta su muerte! Cuando Patricio la supo perdida para siempre, se refugió en su casa y se ahogó en brebajes para el olvido para lo que jamás fue olvidado. Y también en alcohol. Unas décadas más tarde, la situación no había cambiado sino empeorado. Y la humana realmente se le parecía. Ella se resistía y luchaba como una fiera acorralada dispuesta a dar hasta el último zarpazo para defenderse, y hasta su vida. Pero él no estaba de humor y optó por darle algo de beber para volverla más dócil. Empero, la joven fue golpeada y sometida, arrastrada y abandonada en el calabozo que sería su hogar tras el ultraje. Esa sólo fue la primera de las noches… Al tiempo, la prominencia de su abdomen demostraba lo que Patricio no podía soportar: un bastardo, y con una humana. La violencia física y verbal no se detuvo. Los abusos tampoco. En algún momento de lucidez o sobriedad, el instinto paternal fue reemplazado por el de propiedad que el mercader también conocía. El bebé le pertenecía y decidió que, si no era como él, lo mataría junto con su madre que nada más podía darle. Así, entre maltratos, abusos, odios y desamor, nace Ciro, mi peor pesadilla. Vanina Rodríguez Wilde, Buenos Aires

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Temporada 1 ­ Número 3 ­ Ediciones Bigger

El Escupitajo de Oro Temp. 1 Ep. 3  

Nº 3 de la Primer Temporada de El Escupitajo de Oro.

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