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Entrevista a Alfredo Luis de Angeli: padre, productor, dirigente y entrerriano de pura cepa

“Fue una linda niñez, y no estoy arrepentido, aprendí un montón de valores” Cálido. Genuino. Amable. Honesto. Sencillo. Estos son algunos de las impresiones que deja Alfredo Luis De Angeli, titular de la Federación Agraria Argentina y recientemente electo senador por la provincia de Entre Ríos, al conocerlo. De criarse con diez hermanos, entre chanchas, caballos, perros y vacas, al aterrizaje en la política pasaron muchos años. Sin embargo, este hombre nacido el 1 de julio de 1956 en María Grande, Entre Ríos, un pueblo adonde el asfalto llegó recién en 1962, pareciera que siempre fue el mismo. Sereno, de agradable risa, y


muy educado, De Angeli es uno de esos entrerrianos con una historia de superación personal. Desde los 12 años que trabaja sin parar, motivo por el que no fue a la escuela secundaria. Recibió en cambio muchas otras enseñanzas. Del campo, de sus padres, de las necesidades, y sobre todo, de la gente que lo rodea. Un hombre simple, trabajador, capaz de prenderse fuego el mismo por los demás. Pregunta: ¿Cómo fue nacer en María Grande? Respuesta: Me acuerdo de cuando empezamos a ir a la escuela, que hacíamos tres kilómetros y medio de ida y tres kilómetros y medio de vuelta. Primero íbamos caminando, a veces nos llevaba algún hermano en moto, y, en muchas ocasiones, nos levantaban los vecinos que pasaban por el campo en sulky. Fue una infancia muy linda.

Alfredo en María Grande, con su madre, Doña Margarita, y su hermana Lula

P: ¿Qué hacías cuando eras chico? R: Trabajábamos en la casa: se atendía los cerdos, las gallinas, las vacas, y andábamos desde muy chicos a caballo. Además, como caminábamos todos los


días 35 cuadras por el campo, estábamos en contacto constante con la naturaleza. Me acuerdo que en el camino a la escuela, siempre algún vecino nos regalaba fruta o alguna que otra torta frita, ya que todos sabían que éramos los que vivíamos más alejados.

Alfredo en María Grande con su compañera de banco

Los días cortos, por supuesto, llegábamos de noche de la escuela a casa, donde nos esperaban con el café caliente en el invierno, y en el verano con agua y cosas frescas. Así fue hasta que a los 12 años, terminé la escuela primaria y empecé a manejar la cosechadora. Como a mí me gustaba manejar y aprendía rápido, la aprendí a usar y así empecé mi vida. Después, a los 18 años, ya empecé a trabajar por mí cuenta con mis hermanos. Ya los 21, 22 años me hice un empresario agropecuario. Son un montón de cosas, es difícil resumir toda una vida. Tengo muchos recuerdos, tanto de aprender a manejar y trabajar con los animales como de que no había energía eléctrica, pero sí fuimos los primeros del


barrio que tuvimos televisión. Así que venían muchos vecinos a ver los partidos de fútbol a mi casa. Principalmente, me acuerdo de cuando jugaba Independiente, porque la mayoría eran de ese equipo. Yo era hincha de Boca pero mis hermanos de Independiente. Estas son cosas que a uno le quedan como un buen recuerdo. Además, teníamos otros valores: a los mayores había que darles la silla para que se sentaran y cuando hablaban los grandes, los chicos tenían que escuchar. Todas esas cosas que ya se fueron perdiendo. Así que fue una linda niñez, y no estoy arrepentido, aprendí un montón de valores. “Iba envuelto en llamas, me acuerdo que mis hermanos más chicos se reían porque iba envuelto en llamas”. P: ¿Hay algún hecho particular que te haya marcado? R: Sí, cuando me quemé. Papá nos había encargado hacer un asado. Entonces, eché nafta, y cuando la voy a tirar se me explotó el tarro. Al ver que se le va a caer encima a mi hermano chico, Aníbal, de cinco años que estaba al lado, me tiré el tarro encima para que no lo moje a él. Después, corrí como 50 metros hasta el agua. Iba envuelto en llamas, me acuerdo que mis hermanos más chicos se reían porque iba envuelto en llamas. Tenía como 10 o 11 años. Y después empezaron los dolores por supuesto. P: ¿No te dolió en el momento? R: No, empecé a sentir después de que salí de la pileta de agua. Pero bueno lo importante era no quemar a mi hermano que era mucho más chico e indefenso. Otro recuerdo es el de un golpe que me pegó un caballo. Estábamos galopando a buscar las vacas cuando mi caballo mete la pata en un hormiguero, y empieza a rodar. Me caí con todo.

“Todos los días corríamos carreras a caballo con mi hermano. Era como un hobby para nosotros”.


P: ¿Te lastimaste? R: No, no, (se ríe). Agarré el caballo y lo volví a montar. Esas cosas no te quedaban. Todos los días corríamos carreras a caballo con mi hermano. Era como un hobby para nosotros. P: ¿Qué recuerdos tenés de tu época de estudiante? R: Era uno de los alumnos más sobresalientes. Podía sacar las cuentas en el aire, pero en castellano, como le llamábamos en mi época, tenía errores ortográficos. Me iba muy bien en historia, matemática y geografía. P: ¿Cómo fue crecer con un hermano gemelo? ¿Tienen alguna anécdota divertida? R: Fue hermoso. Nos vestían igual, andábamos todo el día juntos, teníamos telepatía, eso de encontrarnos a la misma hora y en el mismo lugar en el baño. Ya más de grandes, cuando empezamos la escuela, nos separamos un poco porque Atilio se atrasó y yo seguí para adelante. Después a él lo llevaron a un colegio internado y lo empecé a ver sólo dos veces por año. Pero desde los 15/16 años hasta ahora que trabajamos juntos. Así que hace 41 años que estamos juntos. P: ¿Alguna vez se intercambiaron o se hizo pasar uno por el otro? R: Sí, con las novias, lo que era un problema. Un día, después de una pelea que tuvimos, me tiré el pelo para atrás y me lo corté y saqué a bailar yo a la gurisa de mi hermano. Hoy todavía las gurisas se acuerdan de los líos que tenían con nosotros.


P: ¿Se divertían? R: No, no a mi me daba bronca, vos estabas conquistando una y cuando venías estaba con él. P: ¿Qué admirabas de tu padre y madre? R: De mi madre la constancia de levantarse todas las mañanas y hacer cosas, y esa pasión y amor de Dios. Mi padre era un hombre muy decidido, que no tenía pereza para nada. Cuando había que hacer cosas, él las hacía. No especulaba. Me acuerdo que mi padre era como la ambulancia del pueblo. Si las mujeres estaban por tener familia o si había algún accidentado, él los llevaba al hospital. Recuerdo que en las noches de tormenta aparecían las parturientas para que mi padre las llevara al hospital dado que se habían puesto nerviosas por el clima. Esas cosas eran muy común y la gente ya sabía que cuando pasaban esas cosas venían a casa y tocaban la ventana que nosotros los íbamos a ayudar. Así que la gente entraba nomás.

“Me acuerdo que mi padre era como la ambulancia del pueblo. Si las mujeres estaban por tener familia o si había algún accidentado, él los llevaba al hospital” P: ¿Cómo describirías tu niñez? R: Una niñez hermosa tuve, gracias a Dios. Mucho trabajo sí, mucho trabajo. Siempre trabajé muchas horas; teníamos que lavarnos, cocinarnos y trabajar. Yo llegue a trabajar desde el tractor 16 horas todos los días. P: ¿Eso te peso en algún momento? R: No, nunca, porque lo hacía porque me gustaba, lo hacía por mi cuenta. P: ¿Te gusta el trabajo duro? R: Sí, me gusta el trabajo y levantarme temprano. Me despierto a las 6 de la mañana como se acostumbra en el campo.

“Una niñez hermosa tuve, gracias a Dios. Mucho trabajo, sí, mucho trabajo”


P: ¿Qué es lo que más te gusta del campo? R: La cosecha: sembrarla, verla crecer y me da mucha pena cuando se seca. Me gusta el campo, ver el trigo creciendo, donde ves como el esfuerzo y todo lo que hiciste rinde frutos. Eso es lindo. Igual me pasa con los animales como cuando los terneritos están gordos. Me gusta toda esa cadena biológica, en la que donde está el nacimiento de uno está la muerte de otro.

Alfredo en la Rural de Feliciano

P: ¿Y el río? R: Al río vamos a pescar, los jueves y viernes santo. Me gusta pescar y andar en canoa, pero por ahí no vamos mucho aunque lo disfrutamos. P: ¿Sentís que te enseñó mucho el campo? R: Sí, por supuesto, como la sabiduría de saber cuándo va a llover. Si es una noche muy estrellada, sabes que van a pasar 48 horas sin que se cambie el tiempo. Si amanece el sol tapado con nubes seguro que habrá un cambio de tiempo durante el día, pueda que llueva. Todas esas cosas. Si bien comenzó como productor rural, De Angeli fue convirtiéndose en una personalidad de renombre de la Argentina por su participación en dos conflictos de gran relevancia mediática y política: el corte del paso fronterizo Gualeguaychú-Fray Bentos en repudio a la instalación de las papeleras en la nación uruguaya, y por el conflicto por la


Resolución 125, en la que el “campo” se levantó en contra del Gobierno Nacional por intentar aumentar las retenciones a las exportaciones de soja.

Alfredo en la Rural de Concordia

P: ¿Cómo pasaste de trabajador del campo a titular de la Federación Agraria Argentina? R: Porque como en la década de los 90 estábamos todos endeudados, tuvimos que salirnos a defendernos. Entonces, nos agremiamos en la Federación Agraria. Mi padre ya había estado agremiado en otra época y yo también, así que fundamos la filial y empezamos a defendernos entre nosotros. Éramos muchos así que al agremiarnos todo resultaba más fácil. P: ¿Nunca te habías imaginado que te ibas a dedicar a esto? R: No, nunca. Cuando era muchacho yo lo escuchaba a hablar a Humberto Volando, y pensaba que me gustaría ser un día como él, por como defendía a los productores. Esas cosas se dan, tiene que ver con estar en el lugar y en el momento justo. P: ¿Cómo te llevas con la política? R: Me encanta la política, no como protagonista sino porque quiero ayudar a cambiar las cosas. Yo veo injusticias que me obligan a meterme. En la escuela, me metía cuando a mi


hermano le pegaban. Nunca me gustaron las peleas, siempre fue para defenderme; por un motivo ajeno, no propio. P: ¿Tenés algún sueño? ¿Cuál? En febrero de 2008, aunque yo no sé si lo soñé o me lo dijeron. Me dijeron que iba a ser una persona muy conocida a nivel nacional e internacional. En marzo estalló el conflicto con el campo.

Alfredo en la Costanera de Colón

En este conflicto entre el campo y el Gobierno Nacional, De Angeli se hizo muy conocido. Además de su rol como uno de los líderes de la Mesa de Enlace, el entrerriano quedo grabado en la memoria de muchos argentinos por una alocución que utilizaba constantemente, “Minga”. Más allá de la política, De Angeli es una persona sencilla, que le gusta el maté amargo, cuya comida preferida es en invierno el pollo con arroz y en verano el matambre asado. Le gusta el folclore, de hecho, muchas veces suben con su hermano a algún escenario a decir unos versos. También se le da por el baile, aunque todavía no “logra hacer el chámame”. Tiene dos hijos varones, uno de 15 y otro de 24, de los que está muy orgulloso y a quienes intenta transmitirle valores. P: ¿Hay algo de los que te sientas orgulloso?


R: Sí, de tener un hijo ingeniero de la UBA con 23 años. (Se produce un silencio. Se siente en ese tiempo vacío la emoción). P: ¿Tu otro hijo qué hace? R: Mi otro hijo está conmigo en el campo siguiéndome los pasos. P: ¿Qué le intentas de enseñar a tus hijos como padre? R: Que hay que trabajar, estudiar y prepararse. Además, la honestidad y el respeto por el prójimo. Por algo mi hijo salió como mejor compañero, no será el mejor alumno pero puede ser una buena persona. Esos son los valores. Porque las personas pueden saber muchísimo pero por ahí no son buenas. No digo que no sea admirable ser inteligente, las dos cosas son importantes, pero para mí es más importante ser buena persona. P: ¿Cómo te describirías? R: Es raro y dificilísimo hacerlo de uno mismo. Diría que hago en mi vida lo que quiero hacer, que quiero terminarla como una persona reconocida en la vida. Yo me acuerdo de cuando lo llevamos a mi padre al cementerio y todo el pueblo se había prácticamente parado.

Junto a los chicos en la Rural de Concordia


El año pasado, De Angeli se presentó como candidato por el Pro, partido que conduce el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. Al final, resultó electo con el 25, 7 por ciento de los votos. P: ¿Cómo viviste esta campaña a Senador? R: Bien, bien, porque a donde fui siempre encontré conocidos: gente que me conocía y gente que me quería conocer. Encontré muchas personas mayores que venían a saludarme, a sacarse fotos. También vi muchas necesidades.

Alfredo durante la campaña en Concepción del Uruguay Todas estas cosas te generan un compromiso con la gente. Durante la campaña, pensaba que si llegábamos íbamos a tener que ver cómo podíamos trabajar para esa gente. Qué le podíamos conseguir. Yo conocía bastante la provincia, pero ahora recorrí el 90 por ciento. Encontré muchas personas cálidas, muy honestas, y honorables en el medio del campo que te ofrecían todo. P: ¿Sentís que tenés una gran responsabilidad? R: Sí, por supuesto. Yo cada vez que veo un entrerriano me miro a los ojos y me digo “yo a este hombre le debo un resultado”.


P: ¿Qué crees que necesita la provincia de Entre Ríos? R: Necesita involucrarse con la agroindustria, llegar con caminos y energía a más lugares para que la gente no se vaya del campo, hacer crecer las escuelas rurales, tratar de producir más y darle valor agregado a los productos. P: ¿Cómo dirías que un entrerriano debe ser? R: Una persona honesta, sincera y servicial.


Entrevista a Alfredo De Angelis