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Los que defienden este funcionamiento de la industria opinan que sirve para activar la economía, pero deberíamos pararnos a pensar también en qué ocurre con todos esos aparatos que dejan de funcionar. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los tiramos a la basura? ¿Se reciclan? La obsolescencia es uno de los eufemismos empleados en economía para ocultar numerosas practicas nefastas, que solo persiguen el beneficio de unos pocos y de no tener que perjudicar a la empresa fabricadora. La motivación económica de los productos tienen para elaborar productos con una vida útil limitada es inducir intencionadamente a los clientes a seguir comprando nuevas versiones de estos productos a medida que fallan o mueren en el interior.

Alguien decía que la obsolescencia era “ el motor secreto de nuestra sociedad de consumo” Este es el autentico derroche del sistema y a medida que esto ocurre, en beneficio de las grandes corporaciones, los escasos recursos se agotan y además el medio queda afectado por ello. Todos estos productos que tienen una “muerte” antes de lo debido, son llevados a numerosos vertederos fuera de nuestro país perjudicando el medio ambiente y extendiendo sustancias toxicas y letales como es el coltán que poseen los teléfonos móviles.



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