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CÚRCUMA Vegetarianismo: Un estilo de vida

Cada vez más personas deciden eliminar la carne de sus comidas. ¿Los motivos? ética y salud. por Elena Navarro


Pep Mateos es historiador y músico en su tiempo libre. Mar García, periodista ytambién músico a tiempo parcial. Dicen los dos: "No es sólo no comer carne, es un estilo de vida"


ron a alejar de los productos básicos para incorporar alimentos de origen animal. Ahorahayquien vuelve a los orígenes: cada vez más jóvenes la carne —y los más estrictos, todo lo que provenga del animal— de sus dietas. Lo hacen por ética y salud.

Retrat d’Eduard Pellicer // ELENA NAVARRO

"Mi ética me

obligaba a dejar de consumir un animal que podía perfectamente dejar vivir

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urante los últimos 50 años la dieta de los ciudadanos de los países occidentales ha cambiado radicalmente. Hasta la Segunda Guerra Mundial los productos base de la dieta eran los cereales, la fruta y las verduras; pues pocos eran los que se podían permitir un consumo de carne excesivo. Pasada la gran guerra, los ciudadanos se empeza-

Dah lia - o Dah, como le gusta que la llamen- es una de ellas. Hoy lleva unos tomates para el retrato . Habla con desenvoltura. Como tantas, se hizo vegetariana -medio estricta, como huevos pero no lácteosdespués de ver decenas de vídeos sobre maltrato animal." Eduard Pellicer es compañero de clase. Estudian Trabajo Social. El verano pasado se apartó de su rutina metropolita, se marchó a Granada y, durante dos meses, cultivó sus propios alimentos. Vivía de lo que la tierra le daba. Decidió que, cuando volviese a Barcelona, aquél era el estilo de vida que quería seguir. Además, Eduard —que hoy viste una camiseta de The Smiths donde se lee Meat is Murder— afirma: “Estudiar una carrera que defiende los derechos de las personas me hizo reflexionar sobre los derechos de unos animales que, al fin y al cabo, sienten como yo”. Y añade: “Mi ética me obligaba a dejar de consumir un animal que podía perfectamente dejar vivir”. ¿Se pueden dejar vivir? Un asunto realmente controvertido que se suscita tanto entre los vegetarianos y los no-


Retrat Laura García // E. NAVARRO

vegetarianos son las consecuencias —positivas y negativas— de no comer carne. El principal motivo es la proteína B12, pues aporta los aminoácidos esenciales con los que se construyen los organismos vivos. Ésta sólo se encuentra en cantidades sustanciales en la carne, aunque hay otras fuentes, como los huevos, las legumbres, los frutos secos o los cereales integrales. Además, como explica la nutricionista Ariadna Díez, estos productos “están libre de grasas saturadas y sustancias de desecho que sí contiene la carne, tanto de los propios animales como de los medicamentos y piensos que ha consmido”. El problema reside en la difi-

"Me pregunté por qué él

tenía derecho a la vida y un pollo tenía que acabar en mi

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plato

cultad de mantener una dieta vegetariana que cuide verdaderamente las cantidades de B12. Así, actualmente hay altas deficiencias de la proteína en vegetarianos y veganos que varían entre el 11% y el 90% del colectivo vegetariano según grupos de edad; tal y como apunta un informe de la Nutriton Review. Ante esta situación y recomendada por su médico, Laura García decidió empezar a tomar la proteína en pastilla al mes de ser vegetariana. Lo dice sin complejo: “hay quien se la tiene que tomar para el colesterol por comer demasiada carne”, dice. Sentadas en una Ciutadella poblada hasta su último metro de césped, Laura explica que es ovolacteovegetariana. CÚRCUMA

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Retrats Julià i Carla Fadlallah

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Si la gente

viera como viven y mueren los animales que ponen en su plato muchos dejarían de

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comerlos. 6

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// E.NAVARRO

Lo decidió un año atrás. Se justifica con el tono de aquél que ha tenido que vocalizar este discurso muchas veces. “Adopté un perro, le cogí muchísimo cariño y me pregunté por qué él tenía derecho a la vida y un pollo tenía que acabar en mi plato”, dice. Precisamente el pollo es, con diferencia, el animal que más se mata para el consumo humano a nivel mundial: 50.000 millones anualmente según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Le siguen los patos (2.715 millones) y los cerdos (1.388 millones). Este sistema de producción de carne sólo se puede sustentar con una explotación intensiva industrializada donde los animales no están en granjas tradicionales ni pastando, sino en fábricas y alimentados con piensos. Posteriormente, se procesa, en los mataderos, a través de una cadena de montaje donde los empleados repiten la misma acción durante todo el día. Julià Agramunt trabajó durante tres veranos en uno de estos mataderos. Se fue con su padre —que era el encargado— cuando tenía dieciséis años. Él es natural de Sant Vicenç de Torelló, y me pide que no ponga el nombre de la empresa por lo que pueda pasar. “Está todo muy mal”, dice. Recuerda y cuenta, haciendo muecas, una experiencia que no le agrada. Viste media sonrisa reveladora de su timidez, y a veces habla tan bajito a veces que es imposible escucharlo. A él le tocaba cortar el cerdo por la mitad. “Uno tras otro, siete horas al día, es muy duro”, sentencia. Primero dejó de comer cerdo —como muchos de los que trabajan allí, según cuenta— y después eliminó todas las otras carnes. — ¿Por qué? – pregunto. — Porqué me di cuenta que era cuestión de verlo. Si la gente viera como viven y mueren los animales que ponen en su plato muchos dejarían de comerlos.


Retrat Mar Mora // E. NAVARRO

Lo que describe Julià pasa en el 80% de las carnes que se consumen. En el mercado europeo, cuatro empresas —Carrefour, Auchan, Coopltalia y Tesco— han absorbido durante los últimos cinco años la red de distribución masiva y regulan las certificaciones de calidad, a la vez que poseen sus propias marcas. Esto hace muy difícil diferenciar cuál es realmente carne saludable o que han vivido “en libertad”. “Las etiquetas son muy confusas y es imposible descubrir todo el entramado de intereses que amagan los certificados”, lamenta Carla Fadlallah. Está en el último curso de Ciencias Ambientales, Medio libanesa, medio barcelonesa, sus rasgos faciales denotan esta mezcla. Es atea pero la cultura siempre deja

huella: nunca ha comido cerdo. Se hizo es ovolacteovegetariana porque cree en los derechos de los animales. Más adelante, supo que era mucho más que esto: significaba también dar un respiro a la tierra. El respiro a la tierra hace ya tiempo que lo reclama la ONU, quien afirma que el modelo de industria cárnica y láctea es insostenible ya que la contribución anual de la ganadería al calentamiento global es del 18%, porcentaje superior al del transporte. Advierte, también, que teniendo en cuenta el crecimiento global de población —se esperan más de 9.500 millones de personas en el 2050—, no habrá suficiente alimento para todos si se destina el agua y los cereales al engorde animal. Para 2050, afirma la organización, "al menos una de cada cuatro

personas probablementete viva en un país afectado por escasez crónica y reiterada de agua dulce." Para muchos, dice Mar Mora, “ser vegetariano no es sólo comer carne o no vestir animales, es preocuparte por lo que te estás llevando a la boca, va muy estrechamente relacionad con el ecologismo.” Sólo hace tres meses que dio el paso. Sin embargo, antes de dejar la carne todo lo que consumía ya era ecológico. Cuando uno pasea por Barcelona aparecen cada vez más carteles donde se lee “ecológico”, “vegano"... Y es que, el aumento de vegetarianos haido acompañado de un aumento de comercios de este tipo. Barcelona es un ejemplo, y los jóvenes retratados el motor de este auge.

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Vegetarianisme: Un estil de vida  

Fotoreportatge sobre el vegetarianisme en els joves, i en concret, a Barcelona.Es tracta allò que significa ser vegetarià, què comporta, per...

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