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La opinión de PGD

Lo importante era el fin de los asesinatos (una cuestión de lenguaje) Por Pedro Gómez Damborenea

Leo, observo y me temo lo peor. El lenguaje nunca ha sido inocente ni lo será. Tengo claro que Batasuna, independientemente de las siglas con las que haya transitado, siempre ha ganado la batalla del lenguaje. Lo han trabajado bien y lo siguen haciendo. No sé muy bien los motivos por los que el resto de las fuerzas políticas no se han ocupado de esta cuestión. No le han dado la importancia que para mí tiene. No me gusta el término paz para referirse al final del terrorismo y no me gusta porque no responde a lo que ha pasado, según las diez acepciones del diccionario de la RAE. Espero que compartan que no tiene encaje. No me gustaban aquellos carteles que decían que necesitábamos la paz. Siempre he creído que lo que necesitábamos es que nos dejasen en paz, que es una cosa diferente. Para mí lo importante es que terminaron los asesinatos, terminó el terrorismo. El lenguaje es una batalla perdida, pero es una batalla importante. Y la respuesta no es llamar a todo el mundo etarra o terrorista. Es otro mal uso de la lengua. La respuesta pasa por utilizar el lenguaje apropiado y que quede lejos de la propaganda. Por supuesto, en esta cuestión han jugado un papel esencial los medios de comunicación. I6I

Los medios en teoría tienen que estar siempre alerta.Tienen que tener conciencia crítica, pero siempre es complicado. Es mucho más sencillo trasladar unas declaraciones tal y como vienen, que contrastarlas y poner de manifiesto si alguien dice algo que no es cierto o con un lenguaje que no responde a la realidad.Y si las declaraciones son grandilocuentes pues mucho mejor. Sigo manteniendo que los medios son un pilar de la democracia y que su relajación evidente en los principios esenciales está en la base de la falta de credibilidad del sistema político, de la democracia representativa. La comodidad de los medios es, sin duda, un problema de libertad. Es bonito hablar de cuarto poder, pero la pregunta es para qué. Para hacer lo que el dueño del medio quiere (otorgándose un papel cuasidictatorial); para hacer lo que un tercero quiere (partidos, empresas o particulares); o para informar de lo que pasa con rigor y sin servidumbres. Esta última opción es la más compleja. Quede claro que no hablo de objetividad porque es un concepto que no existe en periodismo. Las cosas las cuenta alguien bajo su prisma pero de forma rigurosa.

eldiarionorte magacine núm.13  
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