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En mayo de 1963 se publicó el título EL RECTÁNGULO EN LA MANO, con una selección antológica de 17 obras del fotógrafo Sergio Larraín. Este pequeño libro, hoy casi imposible de encontrar, corresponde al segundo número de los denominados Cadernos Brasileiros, iniciativa auspiciada por la Embajada de Brasil en Chile


el río Mauricio Quezada

el

r e c tá n g u l

o

c o l e c c i ó n d e f o t o g r a f í a c o n t e m p o rá n e a Santiago de Chile, 2008


LA DURA DOMESTICACIÓN DEL MAPOCHO El Mapocho es, junto a la imponente Cordillera de los Andes, el accidente geográfico más característico de la ciudad de Santiago. Como suele ocurrir con otros ríos que atraviesan grandes ciudades, la mirada de creadores de diferentes géneros se ha posado recurrentemente sobre sus turbulentas aguas. Se puede rastrear su presencia, como protagonista principal o como actor secundario, en muchas obras significativas de la literatura, la música y las artes visuales. Este río posee un carácter simbólico de amplias resonancias. Su nombre rememora el pasado de la ciudad que los conquistadores españoles fundaron estratégicamente en sus márgenes en el siglo XVI. En la evocación de sus corrientes torrentosas aparecen mezclados materiales diversos: desde recuerdos muy amargos, como los cuerpos muertos que flotan, hasta divertidos cuentos como el del recurrente proyecto que permitiría volverlo navegable, a imagen y semejanza del Támesis o el Sena, y que por extensión, cabe pensar, transformaría a Santiago en una capital europea. Mauricio Quezada decidió en 1997 realizar un ensayo sobre el Mapocho para su proceso de titulación como reportero gráfico en la Escuela de Fotografía ALPES. Entre sus influencias más directas estaba el relato visual de Sergio Larraín sobre los niños vagabundos que vivían en sus riberas, imágenes tomadas para el Hogar de Cristo, y a las que Mauricio tuvo acceso después de un azaroso encuentro con una antigua novia del chileno miembro de Magnum Photos. Poco tiempo después, en una ironía del destino, una de las fotografías de Quezada fue erróneamente atribuida al propio Larraín con ocasión de su publicación a toda página en un prestigioso suplemento cultural que circula los domingos.


Con estos antecedentes y con la intención simple de prestarle atención a un río vilipendiado en la conversación diaria de los santiaguinos partió a hacer lo suyo Mauricio Quezada. Utilizando las técnicas y las estrategias narrativas del documentalismo fotográfico clásico, el fotógrafo se fijó en la mirada indiferente de los que caminan sobre el río, en los habitantes precarios y humildes de sus orillas, en los trabajadores que se ganan la vida sacando arena y piedras de su lecho, en la perturbadora presencia de las gaviotas, en los márgenes difuminados de una ciudad fragmentada socialmente pero que permanece unida por esta cuerda vibrante de agua. En sus incursiones, el río se comportaba como un elemento inerte que permitía ser fotografiado y transformado en imágenes monocromas, limpias e insolentemente brillantes. Aparecían de vez en cuando, sin embargo, algunas señales, pequeñas advertencias de un peligro latente, amenazas del lado oscuro del río, refugio histórico de criminales y lanzas que escapan, una vez realizadas sus fechorías en el centro de la metrópolis, a refugiarse en sus orillas y a repartirse los botines, como verdaderos piratas de agua dulce. Un día de verano de 1998 Mauricio vivió en el Mapocho una jornada de intensidad extrema. Hacía calor y un grupo de niños se bañaba alegremente en sus aguas, a los pies del llamado Cerro 18. Otros jugaban con una balsa. La escena, publicada aquí a doble página, es algo así como una interpretación posible del edén en Santiago, una estampa extraordinariamente alegre y luminosa, que logra escapar impoluta a los tópicos que refieren lo poco recomendable que es bañarse en un río cuyas aguas son, en inusitado consenso, sucias y frías. La fotografía es de una intensidad casi sonora: se puede escuchar el jolgorio de la chiquillería y los chasquidos del agua. Todo parece indicar que el visitante ha compartido con los bañistas, ha dialogado con ellos, se han reído juntos. Aparentemente, la luz inunda el conjunto.


Sin embargo, minutos después, el río se despierta enfurecido. Tres de los jóvenes que han estado observando la escena plácida de este fotógrafo contemplativo deciden asaltarlo. Salen a su encuentro y le cortan con violencia el paso. Mauricio presiente que su registro está a punto de salirse de su cauce, como tantas veces ha hecho el río con la ciudad. Con temeridad y extraordinaria sangre fría, el fotógrafo enfrenta a los adolescentes con la cámara en la mano y obtura, a pesar del riesgo evidente, una foto del trío que con palos y piedras le exige la entrega de su cámara Nikon. “Vamos pasando”, le advierten. Superado por la situación, y temiendo terribles consecuencias, Mauricio accede a la coacción y entrega sus cosas. Lo que sucede después tiene el ritmo de una narración cinematográfica. Desprovisto de su instrumento de trabajo, conseguido con sacrificios y privaciones, el protagonista de esta historia decide recuperar su cámara y emprende una carrera veloz hacia el asaltante que le arrebató el tesoro. Llegado a su altura, y tras un forcejeo que lo deja herido, consigue recuperar el bolso y se ve obligado a escapar bajo una lluvia de piedras hacia el único lugar despejado en medio de un panorama amenazador: el río. Las aguas del Mapocho reciben a Mauricio como pila bautismal. El fotógrafo trata con dificultad de cruzar a la otra orilla con los brazos en alto salvando sus pertenencias, venciendo a la corriente y esquivando la lluvia de piedras. Pero el río, que a estas alturas es una criatura viva y salvaje que se resiste a ser domesticada, no da su brazo a torcer y todo termina finalmente mojado, arruinado por las aguas caudalosas. Poco tiempo después, con el corazón más en calma, golpeado por lo que acaba de vivir y mientras contempla amargo los restos del naufragio, rescata y procesa la película con las fotos de aquel fatídico día. El resultado es un documento dramático. Las imágenes -incluidas en este libro- exhiben, como heridas de guerra, los arañazos del agua


y los rasguños de las arenas del Mapocho, reveladas como marcas de balazos en las copias positivas. El río, que había quedado registrado hasta entonces a través de la mediación óptica del sistema fotográfico, ha dejado su propia huella directa sobre la superficie de la película. Las imágenes, que traslucen los zarpazos del río sobre la emulsión, son la prueba gráfica de la resistencia del Mapocho a ser dominado y reducido a un higiénico producto cultural. Son también el testimonio de la voluntad férrea de un narrador que es atrapado y que se vuelve víctima de lo narrado. Provocan además la sensación gratificante, que encontramos en la mejor fotografía documental, de que la vida se ha hecho presente y una verdad oculta nos ha sido por

Miguel Ángel Felipe Fidalgo

La Marea, junio de 2008

fin revelada.


un rĂ­o de luz, desde el cielo desciende Sergio

LarraĂ­n


MAURICIO QUEZADA MORA Fotógrafo, Santiago de Chile, 1972 Cursa estudios completos de Fotografía Periodística en ALPES. En su época de estudiante descubre con fascinación la obra de Sergio Larraín y de otros maestros chilenos e indaga, por caminos recónditos, sobre su trabajo. En julio de 2000 participa en un taller de edición organizado por la Agencia IMA y dirigido por Patrick Zachmann, de Magnum Photos, en el Museo de Bellas Artes de Santiago. Su trabajo sobre el Mapocho ha sido galardonado en el Foto Cine Club de Chile. Ha participado en diversas exposiciones en el circuito nacional. En la actualidad se desempeña como reportero gráfico en el diario Las Últimas Noticias. Es el socio número 0741 de la Unión de Reporteros Gráficos y Camarógrafos de Chile. Está interesado en la fotografía documental de ensayo.


THE HARD TAMING OF THE MAPOCHO The river Mapocho is, along with the imposing

the humble inhabitants of its banks, on the workers

cordillera of the Andes, the most characteristic geo-

who make a living by extracting sand and stones

graphical feature of the city of Santiago. As usually

from the river bed, on the disturbing presence of the

happens with rivers that cross big cities, the gaze

seagulls, on blurred edges of a socially fragmented

of creators from different genres has come to rest

city that, nonetheless, remains united by this vibrant

repeatedly on its turbulent waters. One can trace its

ribbon of water.

presence, either in a starring role or as supporting

On each incursion into the Mapocho, the river

actor, in many significant works of literature, music

behaved like an inert element that allowed itself to

and visual arts.

be photographed and transformed into clean inso-

This river possesses a symbolic nature of wide

lently brilliant monochrome images. Now and then,

resonance. Its name recalls the past of the city which

nevertheless, the occasional warning sign of a latent

the Spanish Conquerors strategically founded on its

threat would appear; threats from the dark side of

banks in the XVI century. In evoking its torrents, a

the river – historic refuge of murderers and thieves

variety of different materials come up to the surface:

who escape to its banks after doing their misdeeds

from very bitter memories, like floating dead bodies,

in the heart of the metropolis to share out their boo-

to entertaining stories like the recurrent project to

ty like true fresh water pirates.

make it navigable, in the image of the Thames or

One day in the summer of 1998 brought Mau-

the Seine, and which by extension, one might think,

ricio an experience of extraordinary intensity by the

would transform Santiago into a European capital

Mapocho. It was hot and a group of children were

In 1997 Mauricio Quezada decided to make

swimming happily in its waters, at the foot of “Hill

a study of the Mapocho river for his final project to

18”. A group of them were playing with a raft. The

obtain the qualification as a photographic journalist

scene, reproduced here in a double page spread,

from the School of Photography ALPES. Among his

was something like a possible interpretation of Eden

most direct influences was the account by Sergio La-

in Santiago; an extraordinarily happy scene, flooded

rrain of the homeless children living along its banks;

with light, which manages to escape cleanly from

pictures which were taken for the Hogar de Cristo,

the platitudes that maintain that swimming in a river

which Mauricio had access to after a chance mee-

whose waters are so cold and dirty is not recommen-

ting with the ex-girlfriend of the Chilean member of

ded. The photographs have an almost audible inten-

Magnun Photos.

sity: One can hear the revelry of the children and the

Shortly afterwards, in one of the ironies of

splashing of the water. Everything seems to suggest

fate, some of Quezada’s photographs were wrongly

that Mauricio has shared the experience with the

credited to Larraín himself, on the occasion of their

group, that they have conversed and laughed toge-

full-page publication in a prestigious Chilean cultural

ther. The scene appears flooded with energy.

Sunday supplement.

In the following scene, the river awakes in a

With this background, and with the sole in-

rage. Three of the youths that have been observing

tention of focusing on a river much-maligned by the

this placid scene of this contemplative photographer

citizens of Santiago in their everyday conversations,

decide to attack. They confront him and block his

Mauricio set off to do his job. Using the narrative

way violently. Mauricio observes, aware that his

techniques and strategies of classical documentary

work, the collection of images, is about to be engul-

photography, the photographer focused on the in-

fed by the current, just as the river has done so many

different gazes upon the river of the passers-by, on

times to the city. With extraordinarily reckless calm,


the photographer confronts the adolescents, camera

Soon afterwards, feeling calmer, still shocked

in hand and takes, despite the obvious risk, a photo

by what he has just experienced and while bitterly

of the trio that, with sticks and stones, is demanding

contemplating the wreckage, he rescues and proces-

he hand over his Nikon. “Hand it over” they warn

ses the film with the photos of that fateful day. The

him. Overcome by the situation and fearing dire

result is a dramatic document. The images, included

consequences, Mauricio gives in to the threat and

in this book, show the scratches of the water, like

relinquishes his equipment.

war wounds, and the physical marks of the sands

What follows has all the rhythm of cinematic

of the Mapocho, which appear like bullet holes in

narrative. Stripped of his professional tools, fruit of

the positive prints. The river, which until this point

privation and sacrifice, Mauricio decides to recover

had been recorded by the optical mediation of the

his camera and charges at the youth who took his

photographic process, has left its own direct imprint

prized possession. He catches up with him and, after

on the surface of the film.

a struggle in which he is injured, recovers the bag

The images, which bear the wounds of the

and is obliged to retreat under a hail of stones to

river’s claws upon their emulsion, are graphic proof

the only safe haven in this threatening panorama:

of the river’s resistance to attempts to dominate it

the river.

and reduce it to a hygienic cultural product. They are

The waters of the Mapocho receive Mauricio

also testimony to the iron will of a narrator who is tra-

like a baptismal font. The photographer tries, with

pped and becomes a victim of that which he relates.

difficulty to cross to the other bank holding his pos-

They also provoke the gratifying sensations found

sessions above his head in an attempt to save them.

in the best documentary photography, that life has

But the river, which at this point is like a wild beast

made its presence felt and a hidden truth has finally

that resists being tamed, does not want to admit

been revealed to us.

defeat and everything ends up sodden, ruined by the raging torrent.

Miguel Ángel Felipe Fidalgo

MAURICIO QUEZADA MORA Photographer, Santiago de Chile, 1972

Graduated as a photo-journalist from the ALPES school of photography. As a student, he discovered Sergio Larrain’s and other Chilean master’s work, and followed their track. In July 2000 he also attended an editing workshop held by IMA Agency and directed by Patrick Zachmann, from Magnum Photos in the Bellas Artes Museum in Santiago de Chile. His Mapocho river work has been awarded by the Foto Cine Club de Chile. He has also been included in several Chilean exhibitions. At present he is working for the newspaper Las Últimas Noticias. He is member number 0741 of the Union of Photographic Journalists and Camera Workers of Chile and is interested in documentary photography and photo essays.


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ISBN Obra Independie nte : 978-956-319-548-4

(http:// www.ar tlibre.org/ )

Copy lef t : Es ta o bra es li bre , pue de redis tri buirla o modif icarla de ac uerdo con lo s términos de la Licen cia Ar te Libre

Copyright © de las fotografías: Mauri cio Quezada Mora Copyright © del prólo go: M iguel Án gel Feli pe Fidalgo Copyright © de la colecc ión: Edicione s L A VI SITA

Impresión: Ogram a Impresores

Traducc ió n: Richard O r ton y Tessa Es tévez

Diseño : Gus tavo Navarrete Bernal

Colec ción: el rec tángulo cole cción de fotografía conte mporánea

Carla Mö ller Zuni no M argari ta A l varado Pére z

Comité editorial: M iguel Ángel Felipe Fidalgo

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Edi ciones L A VI SITA editoriallavisita@gmail.co m

el río / MAURICIO QUEZADA  

Primer título de la colección EL RECTÁNGULO

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