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La Cruz y Medalla de San Benito Protección en el Camino Jacobeo

Bizén d’o Río Martínez R.R.A.A. de la Historia y Nobles y Bellas Artes de San Luis


Origen y difusión La medalla tal como hoy la conocemos, se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a época anterior , aunque no tiene su origen en el mismo San Benito, ya que la primera mención de ella la encontramos en el siglo IX. con ocasión de la curación milagrosa del monje Bruno, quien más tarde fue el papa León IX. Pero la medalla muestra un aspecto importante de la vida de San Benito, cual es su lucha contra el mal, contra el pecado y el demonio, es decir, contra todo aquello que arrastra al hombre por el camino del mal, que lo hace opresor y no servidor de los hermanos. 1 Su mayor difusión comenzó a raíz de un proceso por brujería en Baviera, en 1647. En el lugar de Natternberg, unas mujeres fueron juzgadas por hechiceras, y en el proceso declararon que no habían podido dañar a la abadía benedictina de Metten, porque estaba protegida por el signo de la Santa Cruz. Se buscó entonces en el monasterio y se encontraron pintadas representaciones de la cruz, con la inscripción que ya conocemos, la misma que acompaña siempre a la medalla. Pero esas iniciales misteriosas no podían ser interpretadas, hasta que, en un manuscrito de la biblioteca, iluminado en el mismo monasterio de Metten en 1414 y conservado hoy en la Biblioteca Estatal de Munich (Clm 8201), se vio una imagen de San Benito, con esas palabras. Un manuscrito anterior, del siglo XIV y procedente de Austria, que se encuentra en la biblioteca de Wolfenbüttel (Helmst. 2°, 35`j, parece haber sido el origen de la imagen y del texto. En el siglo XVII, J. B. Thiers, erudito francés, la juzgó supersticiosa, por los enigmáticos caracteres que la acompañan, pero el breve de Benedicto XIV (12 de Marzo de 1742), que aprobó la fórmula de su bendición e incorporó al Ritual Romano, será lo que contribuyó poderosamente a su propagación. Esta medalla esta considerada como “sacramental” y por lo tanto dentro de esos signos sagrados, por los que, a imitación en cierto modo de los sacramentos, se significan y se obtienen por intercesión de la Iglesia unos efectos principalmente espirituales” . 2

1 2

Mateo, 4.1 - 11 Código de Derecho Canónico, Canon 1166


“La Santa Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Signos Sagrados con los que imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ello, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”. 3 La Medalla Considerada como poderoso sacramental y muy difundida entre los fieles católicos. Presenta de un lado la imagen de San Benito Abad y del otro la Cruz.

En el anverso de la medalla muestra a San Benito, de pie sosteniendo una cruz en una mano y el libro de s Regla en la otra. A cada lado están las palabras: Cruz S.Patris Benedicto

La Cruz del santo padre Benito

Abajo, a sus pies, están las palabras: Ex S.M. Casino MDCCCLXXX

3

Catecismo de la Iglesia Católica 1667

Del Santo Monte Casino, 1880


En este año, la Orden celebraba los 1400 años del nacimiento de Benito, por ello la medalla se reacuñó, recibiendo una bendición Jubilar especial. Inscrito en el círculo que rodea la imagen de San Benito, están las palabras: Eius in obitu nostro praesentia muniamur Que su presencia (la de la Cruz) nos proteja a la hora de la muerte.

En el reverso de la medalla, sobre la Cruz, y a su alrededor, se hallan inscritas las letras iniciales de un poderoso exorcismo. Por ello, la medalla de San Benito, recuerda a los fieles que la llevan, la presencia constante de Dios y su protección. El significado de las letras es el siguiente:

C.S.P.B. Crux Sancti Patris Benedicti. Cruz del Santo Padre Benito.

C.S.S.M.L. Crux Sancta Sit Mihi Lux.

La Cruz Santa sea mi luz.


N.D.S.M.D. Non Draco Sit Mihi Dux.

No sea el dragón [demonio] mi duque [guía].

V.R.S. Vade Retro Satana!

¡Apártate de mí, Satanás!

N.S.M.V. Numquam Suade Mihi Vana. Nunca me sugieras cosas vanas.

S.M.Q.L. Sunt Mala Quae Libas.

Las bebidas que tú ofreces son malas.

I.V.B. Ipse Venena Bibas.

Bébete el veneno tú mismo.

Breve historia de la Medalla En un principio serán los monasterios los difusores de la devoción a esta medalla y la entregarán a los peregrinos que lleguen a sus iglesias y hospederías. Son cosidas sobre su ropa o esclavina por los peregrinos, pues se les informa por los religiosos de la Medalla de San Benito como un sacramental muy poderoso contra el demonio y de la protección que durante el trayecto puede prestarles esta medalla. En el siglo XIX se dio un renovado fervor por la Cruz-Medalla, desarrollado en Francia por el celo de Léon-Papin Dupont (1797-1876), llamado el santo hombre de Tours. Hombre muy fervoroso, con muchas relaciones en los medios eclesiásticos y dotado de gran generosidad y caridad, difundió la devoción por la Santa Faz, y también propagó el uso de la medalla de San Benito. En la obra


de Dom Guéranger se refieren gracias y milagros atribuidos a la invocación del Santo y a la medalla. La primera edición del escrito del abad de Solesmes data de 1862, pero es anterior, de 1849, una obrita del abad de San Pablo extramuros, D. Francesco Leopoldo Zelli Iacobuzzi (1818-1895) la cual, fue publicada en francés por la iniciativa de Dupont, y que por otra parte, Dom Guéranger empleó en su propio trabajo. En ella, el autor, que fue uno de los que encarnaron los esfuerzos de la reforma monástica en su patria, escribe la historia de la medalla, acudiendo a distintos autores, y con ella influyó en los que en Francia escribieron sobre el particular. Es conocida la importancia que el cenobio ostiense tuvo en la restauración benedictina del siglo XIX: en él realizó la profesión Dom Guéranger, y los hermanos Mauro y Plácido Wolter, que luego establecerían la vida monástica en Beuron y Maredsous, todos ellos pasaron allí parte de su período de formación. También, algunos jóvenes llegaron desde Brasil, con la esperanza de profesar en Roma la Regla benedictina y trasladarse luego a su país, para incorporarse a los monasterios existentes, que no podían recibir novicios. No es de extrañar, entonces, que en ese plan más vasto de renovación espiritual, desde el monasterio paulino, convertido por suerte en centro de irradiación del fervor benedictino, se difundiera conjuntamente la devoción a la medalla de San Benito. De hecho, la representación más popular de la misma es la llamada "medalla del jubileo", diseñada por el monje de Beuron, Desiderio Lenz, el artista inspirador del famoso estilo que lleva el nombre de la "escuela beuronense", y que fue acuñada especialmente para el Jubileo benedictino de 1880, en el cual se celebraba el XIV centenario del nacimiento de San Benito de Nursia, y con tal motivo, todos los abades de la Orden se reunieron en Monte Casino, desde donde la imagen se diseminó por todo el mundo.

La bendición de la medalla La medalla recibe una bendición, que es conferida por los monjes sacerdotes de la Orden de San Benito, con una fórmula particular. En ella, de acuerdo con el texto que se acompaña: Señor, escucha mi oración


-Y llegue a tí mi clamor

Oremos:

Dios omnipotente, dador de todos los bienes, te suplicamos humildemente que por la intercesión de nuestro Padre San Benito, infundas tu bendición sobre esta sagrada medalla, a fin de que quien la lleve, dedicándose a las buenas obras, merezca conseguir la salud del alma y del cuerpo, la gracia de la santificación, y todas la indulgencias que se nos otorgan, y que por la ayuda de tu misericordia se esfuerce en evitar la acechanzas y engaños del diablo, y merezca aparecer santo y limpio en tu presencia.

Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor. Amén

Y junto a la medalla, se pide a Dios que aleje el poder del diablo, en un contexto de alabanza divina, de confianza en la Trinidad por el amor del Señor Jesucristo, que ha de venir para juzgar a vivos y muertos. Se implora para el fiel que llevará la medalla, y que se ocupará en obras buenas, la salud del alma y del cuerpo, y la santidad, así como las gracias que la Iglesia ha concedido a los monjes, con quienes se establece como una fraternidad espiritual. Finalmente, se pide a Dios que los que usan la medalla busquen evitar las insidias y engaños del diablo, con el auxilio de tu misericordia, para que se presenten ante Ti santos e inmaculados. El texto no se limita, pues, a un solo aspecto del combate espiritual, como sería la lucha con el demonio entendida en un sentido casi físico, sino que apunta a una comunión profunda en el amor de Dios, haciendo su voluntad, que incluye el rechazo del mal, y poniendo en práctica con caridad generosa y piedad los mandatos divinos.

Es de desear, entonces, que los numerosos fieles, que son devotos de San Benito, y llevan la Cruz y Medalla, para recibir con abundancia las gracias y bendiciones que Dios derrama sobre los que responden con su vida, sus


pensamientos y sus buenas obras a la llamada evangélica, interiorizándose cada vez más del espíritu del Santo Padre de los monjes, lo pongan en práctica. Así lo pide la Iglesia con la antigua oración de la fiesta de San Benito: “ Oh Dios, que te dignaste llenar del espíritu de todos los justos a tu santísimo confesor Benito, concédenos a nosotros, tus siervos, que celebramos su solemnidad, que llenos de su espíritu, cumplamos fielmente, auxiliados por tu gracia, lo que hemos prometido”.

Medalla que aparece en la obra de Dom Guéranger: "Essai sur l’origine...

Exorcismo de la medalla

Llegado el momento que el demonio enemigo se adentra en el interior de una persona, se

hacía

necesario su esconjuro,

realizándose en algunos

monasterios el exorcismo, de aquí las citas que aparecen vinculadas al camino Jacobeo, los peregrinos europeos que caminan junto a una persona que acaba de ser exorcizada, encontrando entre estas citas, una de la que debemos hacer referencia,

ya que el Profesor Lacarra la inserta en su trabajo “Las

Peregrinaciones a Santiago de Compostela”,

4

Tomo I, P.435

4

relatando como una posesa de 17


años, es abandonada en cierta abadía de monjes negros 5 en tierra de Aragón, cerca de Jaca, hacia los puertos de Aspe. Noticia sobre la que rastreo Federico Balaguer en dos manuscritos de Cambray ( m.804) y en Thomas Phillijos, Cheltemham nº 299 y los trabajos de Charles Köhler publicados en Revue de L’Oriente Latin nº 5 de 1897 (Este exorcismo deber ser por hecho por un sacerdote)

-Nuestra ayuda nos viene del Señor

-Que hizo el cielo y la tierra . Te ordeno, espíritu del mal, que abandones esta medalla, en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos se contiene. Que desaparezcan y se alejen de esta medalla toda la fuerza del adversario, todo el poder del diablo, todos los ataques e ilusiones de satanás, a fin de que todos los que la usaren gocen de la salud de alma y cuerpo.

En el nombre del Padre Omnipotente y de su Hijo, nuestro Señor, y del Espíritu Santo Paráclito, y por la caridad de Jesucristo, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego. Amen.

Indulgencias

Indulgencia Plenaria.- El 12 de marzo de 1742 el Papa Benedicto XIV otorgó indulgencia plenaria a la medalla de San Benito si la persona se confiesa, recibe la Eucaristía, ora por el Santo Padre en las grandes fiestas y durante esa semana reza el santo rosario, visita a los enfermos, ayuda a los pobres, enseña la Fe o participa en la Santa Misa. Las grandes fiestas son Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi, La Asunción, La

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Así llamados los cluniacenses por el color de su hábito.


Inmaculada Concepción, el nacimiento de María, todos los Santos y fiesta de San Benito.

Idulgencias Parciales 1) 200 días de indulgencia, si uno visita una semana a los enfermos o visita la Iglesia o enseña a los niños la Fe. 2) 7 años de indulgencia , si uno celebra la Santa Misa o esta presente, y ora por el bienestar de los cristianos, o reza por sus gobernantes. 3) 7 años si uno acompaña a los enfermos en el día de todos los Santos. 4) 100 días si uno hace una oración antes de la Santa Misa o antes de recibir la sagrada Comunión. 5) Cualquiera que por cuenta propia por su consejo o ejemplo convierta a un pecador, obtiene la remisión de la tercera parte de sus pecados. 6) Cualquiera que el Jueves Santo o el día de Resurrección, después de una buena confesión y de recibir la Eucaristía, rece por la exaltación de la Iglesia, por las necesidades del Santo Padre, ganará las indulgencias que necesita. 7) Cualquiera que rece por la exaltación de la Orden Benedictina, recibirá una porción de todas las buenas obras que realiza esta Orden. Quienes lleven la medalla de San Benito a la hora de la muerte serán protegidos siempre que se encomienden al Padre, se confiesen y reciban la comunión o al menos invoquen el nombre de Jesús con profundo arrepentimiento.

Bibliografía: GUÉRANGER P. : Essai sur I'origine, la signification el les priviléges de la Medaille ou Croix de Saint Benoit. Poitiers-Paris, Oudin Fréres, 1879. 7. ed.,

NESMY-JEAN, CL. : Saint Benoit et la vie monastigue. París, Ed. du Seuil, 1959, (Maítres spirituels)

S. GREGORIO MAGNO: Diálogos, libro II, c. 3 (traducción de L.M. Sansegundo OSB), en: San Benito. Su vida y su Regla, Madrid 1968, BAC, 2. ed.,


REGNAULT, L.: Les Sentences des Péres du désert. Collection alphabétique. Solesmes, 1981,

REGNAULT, L.: Les Sentences des Péres du désert. Troisiéme recueil ... Solesmes, 1976,

A. LINAGE CONDE.: San Benito y los benedictinos, Braga, 1991,

CRIPPA, L.: L'abate cassinese D. Francesco Leopoldo Zelli lacobuzzi nel centenario delta morte (1895-1995), en: Benedictina 42, 1995, TURBESSI, G.: Vita monastica dell'Abbazia di San Paolo nel secolo XIX, en: Revue Bénédictine 83, 1973, ZELLI IACOBUZZI: Origine e mirabili effetti delta Croce o Medaglia di S. Benedetto,

Roma,

1849.

LACARRA de MIGUEL, J.M.: Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela, Madrid, 3 Vol., 1948-1949.

Siglo XIX


Siglo XX

Relicario de San benito de Nursia

XIV Centenario de su muerte


PAOLO VI

PACIS NUNTIUS LETTERA APOSTOLICA SAN BENEDETTO ABATE VIENE PROCLAMATO PATRONO PRINCIPALE DELL'INTERA EUROPA A PERPETUA MEMORIA

Messaggero di pace, realizzatore di unione, maestro di civiltà, e soprattutto araldo della religione di Cristo e fondatore della vita monastica in Occidente: questi i giusti titoli della esaltazione di san Benedetto Abate. Al crollare dell'Impero Romano, ormai esausto, mentre alcune regioni d'Europa sembravano cadere nelle tenebre e altre erano ancora prive di civiltà e di valori spirituali, fu lui con costante e assiduo impegno a far nascere in questo nostro continente l'aurora di una nuova èra. Principalmente lui e i suoi figli portarono con la croce, con il libro e con l'aratro il progresso cristiano alle popolazioni sparse dal Mediterraneo alla Scandinavia, dall'Irlanda alle pianure della Polonia (Cf AAS 39 (1947), p. 453). Con la croce, cioè con la legge di Cristo, diede consistenza e sviluppo agli ordinamenti della vita pubblica e privata. A tal fine va ricordato che egli insegnò all'umanità il primato del culto divino per mezzo dell'«opus Dei», ossia della preghiera liturgica e rituale. Fu così che egli cementò quell'unità spirituale in Europa in forza della quale popoli divisi sul piano linguistico, etnico e culturale avvertirono di costituire l'unico popolo di Dio; unità che, grazie allo sforzo costante di quei monaci che si misero al seguito di sì insigne maestro, divenne la caratteristica distintiva del Medio Evo. Questa unità che, come afferma sant'Agostino, è «esemplare e tipo di bellezza assoluta» (Cf Ep. 18, 2: PL 33, 85), purtroppo spezzata in un groviglio di eventi storici, tutti gli uomini di buona volontà dei tempi nostri tentano di ricomporre. Col libro, poi, ossia con la cultura, lo stesso san Benedetto, da cui tanti monasteri attinsero denominazioni e vigore, salvò con provvidenziale sollecitudine, nel momento in cui il patrimonio umanistico stava disperdendosi, la tradizione classica degli antichi, trasmettendola intatta ai posteri e restaurando il culto del sapere. Fu con l'aratro, infine, cioè con la coltivazione dei campi e con altre iniziative


analoghe, che riuscì a trasformare terre deserte e inselvatichite in campi fertilissimi e in graziosi giardini; e unendo la preghiera al lavoro materiale, secondo il suo famoso motto «ora et labora», nobilitò ed elevò la fatica umana. Giustamente perciò Pio XII salutò san Benedetto «padre dell'Europa» (Cf AAS loc. mem.); in quanto ai popoli di questo continente egli ispirò quella cura amorosa dell'ordine e della giustizia come base della vera socialità. Lo stesso Predecessore Nostro desiderò che Dio, per i meriti di questo grande santo, assecondasse gli sforzi di quanti cercano di affratellare queste nazioni europee. Anche Giovanni XXIII, nella sua paterna sollecitudine, desiderò vivamente che ciò avvenisse. È quindi naturale che pure Noi, a questo movimento, tendente al raggiungimento dell'unità europea, diamo il Nostro pieno assenso. Per questo abbiamo accolto volentieri le istanze di molti Cardinali, Arcivescovi, Vescovi, Superiori Generali di Ordini religiosi, Rettori di Università e di altri insigni rappresentanti del laicato di varie nazioni europee per dichiarare san Benedetto Patrono d'Europa. E per questa solenne proclamazione Ci si presenta quanto mai opportuna la data di oggi in cui riconsacriamo a Dio, in onore della Vergine santissima e di san Benedetto, il tempio di Montecassino che, distrutto nel 1944 durante il terribile conflitto mondiale, è stato ricostruito dalla tenacia della pietà cristiana. Il che facciamo ben volentieri, ripetendo il gesto di alcuni Nostri Predecessori, che personalmente vollero procedere nel corso dei secoli alla dedicazione di questo centro di spiritualità monastica, reso famoso dal sepolcro di san Benedetto. Sia dunque un così insigne santo ad esaudire i nostri voti e, come egli un tempo con la luce della civiltà cristiana riuscì a fugare le tenebre e a irradiare il dono della pace, così ora presieda, all'intera vita europea e con la sua intercessione la sviluppi e l'incrementi sempre più. Pertanto, su proposta della Sacra Congregazione dei Riti, dopo attenta considerazione, in virtù del Nostro potere apostolico, con il presente Breve e in perpetuo costituiamo e proclamiamo san Benedetto Abate celeste Patrono principale dell'intera Europa, concedendo ogni onore e privilegio liturgico, spettante di diritto ai Protettori primari. Nonostante ogni disposizione in contrario. Questo rendiamo noto e stabiliamo, decidendo che la presente Lettera resti valida ed efficace, che ottenga i suoi pieni ed integrali effetti e sia rispettata da quanti essa riguarda o riguarderà in futuro; così pure sia ad essa conforme qualunque giudizio o definizione; e fin d'ora sia invalido qualunque atto contrario da chiunque e da qualunque autorità fosse posto, coscientemente o per ignoranza. Dato a Roma, presso San Pietro, i1 24 ottobre dell'anno 1964, secondo del Nostro Pontificato. PAOLO PP. VI


La Cruz y Medalla de San Benito