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El Correo de Andalucía Viernes, 10 de agosto de 2018

de verano

23 Suplemento cultural

Escrito para...

la medida exacta, un pedazo de caos convertido en territorio útil para existir de forma cómoda o placentera. Eso es lo que encontramos en los libros. Un mundo dictado de la talla del que escribe y, tal vez, del que lo lee. Un tiempo con principio y final, escenarios ...conocer el «sueño americano» que nunca llega

El gran Gatsby Fernando González {Acepto e incluso aplaudo de buena gana la crítica que en El gran Gatsby haces de la sociedad norteamericana en general y del llamado «sueño americano» en particular. Es más, es de resaltar; pero Scott, siendo sinceros, podrías haberte esforzado un poco más, ¿no crees? Voy a intentar explicártelo repasando uno por uno los puntos en los que el patín se te fue para un lado. Lo que sí, procura no exigirme demasiado puesto que tu novela salió igual que entró: así, sin pena ni gloria; lo que en cristiano –más, si cabe– significa que no lo recuerdo todo con exactitud y me da una pereza inmensa soplarme entera su lectura otra vez. Es que no terminas de convencerme. Y ya he tenido bastante. Eso, más que nada, porque te pusiste muy retórico y con tanto adorno tu narrador llega a caer pesado. Está bien, lo admito, puede que lo bosquejaras como un tipo muy culto, pero todos los libros que Nick Carraway pudiera haberse comido en el transcurso de su vida no conseguirían nunca que el tipo pasara de ser un simple corredor de bolsa. ¿Me explico?

Quiero decir que ya está bueno de subestimar al lector, ¿no? Pongo en tu conocimiento, por si no te hubieras percatado, que no todos hemos nacido ayer. Otro punto flaco es que debiste haber escogido una historia un poco más creíble, ya que viene a ser un tanto difícil tragarse todo lo que hay, escondido o no, alrededor de Gatsby. Aunque tal vez esa nebulosa no sea una falencia de la historia en sí sino de una posible incapacidad tuya para dárnosla con cucharita. Lo cual, por otro lado, parece ser tu intención. Otro punto débil, y éste algo más acusado ya, es el de la (in)definición sexual de tus personajes. Claro, es posible que tu intención fuera dejar flotando la sexualidad tanto de Gatsby como de Nick, para de ese modo, quizás, enfatizar la sensación de ambigüedad y falta de compromiso -si acaso- que querías transmitir o denunciar respecto de la sociedad contra la que descargas tu artillería. Queda muy bonito y de una profundidad, digamos, excelsa, pero la sensación que aquello me dejó no fue la de ambigüedad de la sociedad norteamericana sino que aquí sí que patinaste feo. Más, quiero decir. Sin embargo para ser justo y objetivo en este aspecto es necesario que nos situemos: efectivamente, puede

que quisieras retratar a este tipo, Gatsby, en su intento desmedido de ascender socialmente y lograr sus objetivos y que para ello intentase valerse realmente de todo lo que tenía a mano, o no estrictamente en su mano. De haberlo logrado, habría resultado una jugada maestra. Pero no, te quedaste corto. Patinaste, y así van varias ya. Ahora, también es posible que esto se debiera a que en tu tiempo seguramente no hubiese mucho material humano en el que pudieras basarte para crear a tu personaje, que no tuvieras un referente claro con el que delinear a Gatsby. Lo que es verdaderamente curioso es que suceda exactamente lo mismo con Carraway. Que te tambalearas una vez en el tema, bueno, puede entenderse, pero, ¿en dos, y hasta en tres oportunidades? ¿Hay algo que nos estés ocultando, Scott? En cuanto al final... ¿De verdad creíste que estabas moviendo tus fichas de manera efectiva? Efectiva puede que sí, pero no verídica, pues tanta filigrana y coincidencia le restan credibilidad a los hechos y emparentan tu novela con los culebrones televisivos mexicanos o venezolanos. Por ejemplo, que conduzca Daisy y no Gatsby... no sé, lo mastico pero no lo paso, porque si no de se-

...entender la experiencia del cáncer

Primavera feraz Milagros Losada {Por ocultas razones que desconozco, se viene repitiendo el hecho de adquirir un libro y dejarlo reposar un tiempo indeterminado, sine die, como si tuviera que dejarle reposar entre otros libros y otros quehaceres. Necesita encontrar su hueco, su brecha en la que colarse significativamente. Es lo que ha ocurrido con Primavera feraz, han pasado casi tres meses desde que comenzó a habitar entre nuestras cosas. Kairós, ese dios desconocido del tiempo, frente a Cronos, ha encontrado su momento adecuado. Es como si ya hubiera demostrado lo que vale, en el silencio entre las cosas; como los buenos vinos parece haber reivindicado su solera, una vez maduro, hecho y vigoroso se presenta vestido y arropado con un mensaje que transmitir. Poemas. La «madre de la criatura», todo entendido en vinos querría diferenciar entre «Madre» y «solera»; el elemento esencial de este libro

de poemas, la madre en la crianza de esta existencia viva que es toda obra artística, la causa y raíz de donde proviene algo, la uva y la levadura de «este vino» es ese trabajo silencioso con las palabras, ese sacrificio lento y laborioso, que sin darse cuenta va trasformando el azúcar y resistiendo al pH, así aparece ahora ante nosotros, este es su escenario, una voz narrativa que desvela su argumento. Se mueve entre lo sublime que es la poesía y lo horrible que es el cáncer, como si nos tocara beber a veces un Pedro Ximénez y otras un sorbito de vinagre. Desde la portada ya transita este dispar mensaje, desde una visión más general hasta analizando sus átomos más elementales, la obra se sumerge en lo más lúgubre y se eleva a lo luminoso. Como «la gravedad y la gracia», título del libro de S. W. del que está extraída la cita que abre el poemario; el índice viene al final, los títulos expuestos con minúscula, cuarenta y seis poemas (46) encerrados en sesenta y cuatro pági-

nas (64). ¿Capicúa? ¿Azar? Matemática en estado puro, como la música… como la poesía… como el poema «A mi edad». Por cierto, cómo me ha gustado ese pulcro y humilde detalle de los títulos de los poemas al final y entre paréntesis; denota esa maestría del decir sin nombrar, de la contención que alumbra la esencia, de cómo se impone lo mínimo, por serlo. Como toda obra poética desafía reglas y normas existentes, el mismo propósito del libro lo

guro que me atraganto. Es por ello y por todo lo que no recuerdo que me permito preguntar: ¿Qué te pasó, Scott? Calificación: sobrevalorado. Tipo de lectura: pesada e irrelevante. Tipo de lector: ingenuo. ¿Dónde puede leerse?: en la puerta de un club nocturno.

hace: tratar la experiencia íntima y personal, directa y desnuda del cáncer. El punto de partida del que arrancan estos poemas es el de una personal experiencia, ésta es su naturaleza y, a partir de ahí, profundizan en el pensamiento, como una onda expansiva hasta alcanzar el silencio. La obra de Viky Frías Ruiz es una, concreta, pero despierta un pensar sobre lo universal, parte de lo concreto y se va alejando a otras cuestiones más elevadas. Es un ponerle voz a toda experiencia de desgarro, es el grito que suena al enfrentarse al vacío. El dios Cronos, representando lo cualitativo y conocido, va cediendo terreno al dios Kairós al que se le identifica con lo cualitativo y, por tanto, más escondido. Ha llegado su oportunidad, si la obra aquí comentada puede hablar por sí misma, ¡qué así sea! Recomiendo su lectura

Calificación: Bueno. Tipo de lectura: Intensa. Tipo de lector: Buscadores de explicaciones necesarias. ¿Dónde puede leerse?: Disfrutando de la belleza de un parque, de una calle cualquiera...

10.08.2018 El Correo de Andalucía  

Bienvenido a la versión digital de El Correo de Andalucía. Las páginas que se iluminan en color azulado tienen un enlace con el que podrá ve...

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