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Sábado, 10 de febrero de 2018 Nº 166 @aladar_cultura

¿Cristo? ¿Quién es ese señor?

Cristo es una de las figuras más importantes de la historia y, al mismo tiempo, un enorme desconocido para muchos. Sigue siendo motivo de estudios y representaciones diversas

Entrevista al artista sonoro Francisco López

Exposición de Mariano Fortuny en El Prado


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Literatura

Óscar Fábrega rastrea todas las fuentes posibles en busca del personaje más influyente de la Historia. En ‘Pongamos que hablo de Jesús’, un potente ensayo publicado por Booket, el almeriense trata de esclarecer asuntos como la relación de Imagen de la película ‘Jesucristo Superstar’.

Antonio Puente Mayor {«… Jesús nació en Palestina, la Tierra Prometida, y fue hebreo, israelita, galileo y, por extensión, judío. Pertenecía, por lo tanto, al pueblo favorito de una curiosa divinidad, Yahvé. Aunque, como verán, tampoco se enrolló demasiado con sus habitantes. Además, vino al mundo, creció, predicó y fue crucificado en un momento determinado de la historia de aquella región: entre los últimos años del siglo I a.C. y los primeros del I d.C.». Con este tono ágil y desenfadado, y poco habitual en la literatura religiosa, arranca Pongamos que hablo de Jesús, una de las obras más ambiciosas del investigador y escritor Óscar Fábrega (Almería, 1976). Un recorrido riguroso y ameno por la figura histórica de Jesús de Nazaret que, a través de ochocientas páginas, trata de dar respuesta a múltiples interrogantes. El primero de ellos es la propia realidad del personaje, del que no tenemos «ningún material definitivo que permita demostrar, arqueológicamente hablando, la existencia». De ahí que este autor licenciado en Humanidades y amante de la filosofía y la antropología acuda a todas las fuentes escritas posibles. Desde los veintisiete libros que componen el Nuevo Testamento al Documento Q –recopilación de palabras de Jesús que fueron recogidas y mantenidas por la tradición oral cristiana y

¿Quién fue Jesús de Nazaret?

que acabaron plasmándose por escrito a mediados del siglo I–, pasando por los evangelios llamados apócrifos que tantas curiosidades atesoran. Y más allá de los textos cristianos, Fábrega también se interesa por los testimonios extrabíblicos; esto es las Antigüedades judías, del judeo-romano Flavio Josefo; los Anales del senador y cónsul Cornelio Tácito; la Vida de los doce Césares, de Suetonio; o la epístola de Plinio el Joven (enviada al emperador Trajano, y la consiguiente respuesta de este). Un ingente material que se complementa con el Talmud –donde Jesús es mencionado hasta en quince ocasiones– y la curiosa carta de Mara Bar-Serapion, historiador y filósofo estoico del siglo I, cuyo documento es considerado por algunos como el más antiguo no cristiano en mencionar al Nazareno. Del rey David a Herodes el Grande

Portada de ‘Pongamos que hablo de Jesús’.

Este amplio estudio de Óscar Fábrega se divide en siete partes, la primera de las cuales es una necesaria introducción al contexto histórico, social y político donde nació y vivió el protagonista. En ese sentido, el autor no duda en remontarse a los primeros tiempos de la Biblia, analizando el origen de Israel y su relación con Egipto, la época dorada del rey David o la primera destrucción del templo de Jerusalén a manos de los babilonios. Dicho relato continúa con


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Literatura

Cristo con la Magdalena, su vinculación con la secta de los esenios o los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección. Una obra divulgativa y necesaria que cautivará a todo tipo de lectores… más allá de sus credos

el reinado de Herodes el Grande y la Palestina de los tiempos de Jesús. Aquí el almeriense se detiene a explicar los diversos grupos religiosos existentes en la época –desde los saduceos y fariseos a los esenios y zelotas–. Un apartado que se complementa con los cristianos primitivos y sus consiguientes divisiones. Seguidamente, Pongamos que hablo de Jesús se enfrenta a cuestiones controvertidas como el mitismo, hipótesis que defiende que el galileo fue un personaje mitológico, y su influencia en las corrientes New Age; o en los cultos mistéricos aportados por el Imperio Romano y su posible influencia en el primer cristianismo. Temas que, sin lugar a dudas, harán reflexionar a lectores agnósticos y creyentes. La «Vida Oculta» del Nazareno Pero es a partir de la página 201 cuando el volumen comienza a volverse electrizante, especialmente con el estudio de las genealogías de Jesús y los problemas de ascendencia de su madre –aspecto obviado en los textos canónicos pero sí tratado en apócrifos como el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del Pseudo Mateo–. Un tema que, como es de suponer, viene acompañado de las eternas preguntas sobre la virginidad de María y los posibles hermanos de Jesús, así como una necesaria reflexión sobre José. Seguidamente, el libro abarca asuntos no menos intere-

Imagen de la película ‘Jesucristo Superstar’.

santes como la fecha de su nacimiento («Cristo nació antes de Cristo»), el lugar del mismo (¿cueva o establo?) y otras cuestiones diversas como la circuncisión, la matanza de los inocentes o la epifanía. A partir de ahí, Óscar Fábrega se detiene en la llamada «Vida Oculta» de Jesús, mencionando desde las hipótesis de su viaje a la India y su relación con el budismo –esta idea se remonta nada menos que a 1895–, hasta su cuestionable visita a las islas británicas. Si bien, lo más jugoso de este apartado es sin duda su postura ante el sexo opuesto y su relación con María Magdalena; asunto donde el investigador pone el énfasis necesario para sorprender al lector —los párrafos dedicados a la «leyenda provenzal» son de los más agradecidos del libro— y despertar su curiosidad. ¿Tuvo Jesús mal carácter? Más adelante, Óscar Fábrega se adentra en la vida pública de Je-

La obra es un recorrido riguroso y ameno por la figura histórica de Jesús de Nazaret Narra desde su bautismo hasta su presencia en Caná de Galilea o el monte Tabor

sús de Nazaret, comenzando por su bautismo en el Jordán, y haciendo hincapié en la figura del Bautista. A este le sigue la posible vinculación con el colectivo de los esenios –sin dejar de lado la aparición de los rollos de Qumrán en el Mar Muerto–, su estancia en el desierto y las múltiples tentaciones, y otros episodios curiosos de su vida como su presencia en Caná de Galilea o la Transfiguración en el monte Tabor. Aprovechando estos pasajes, el investigador profundiza en aspectos tales como el amor universal predicado por el Maestro en el Sermón de la Montaña, e incluso en el «mal carácter» mostrado hacia los gentiles en el Templo de Jerusalén y hacia sus propios discípulos –básicamente tras comprobar que no habían comprendido algunas de sus enseñanzas–. Una sección que se completa con la revisión al capítulo de los milagros y la alusión al Evangelio secreto de Marcos, texto creado por la secta de los ‘carpocracianos’ y cuyas afirmaciones — presuntamente escandalosas— rozan lo extravagante. Aunque lo más ilustrativo son los párrafos dedicados al verdadero rostro de Jesús y las diversas formas de acceder a él: desde el Mandylion y el paño de la Verónica al «Cronovisor». Y al tercer día… Las partes sexta y séptima están dedicadas a la Pasión, Muerte y

Resurrección del Galileo, y en ellas se analizan desde el proceso judicial que desembocó en la crucifixión hasta la importancia teológica de dicha muerte. Un aspecto sumamente interesante es el que tiene que ver con el símbolo de la cruz. Aquí Fábrega expone los diferentes tipos existentes en el mundo y su relación con otros iconos, como la esvástica, el triskelion o el lauburu. Si bien, donde el almeriense echa el resto es en todo lo relacionado con la Resurrección. Bajo el título «Y al tercer día…», los lectores podrán recordar las diferentes versiones de los evangelistas al tiempo que profundizan en la Primera Epístola a los Corintios, de Pablo de Tarso. Aquí el escritor no puede evitar incluir las teorías sobre la no-muerte del Nazareno enarboladas por Kurt Berna, Barbara Thiering o Ghulam Ahmad, líder del movimiento Ahmadiya. Tesis que se complementan con las diversas tumbas en las que algunos no creyentes sitúan los restos de Jesús –desde el barrio de Talpiot, en Jerusalén, a la remota Cachemira–, y hasta su posible procedencia ‘extraterrestre’. En resumen, el libro de Óscar Fábrega se cimenta sobre todas las bases existentes a la hora de reconstruir la vida de este importante personaje, siguiendo la máxima de teólogos modernos como José Antonio Pagola, quien no duda en afirmar que «una cosa es el Jesús histórico y otra el Cristo de la fe». ~


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Libros

Tras la buena acogida de ‘El puñal’, el escritor argentino regresa con nueva novela, ‘La herida’, una nueva aventura del perturbador personaje Remil que lleva al lector desde El Vaticano a la Patagonia Recomendaciones

ENSAYO

Wendy Ann Greenhalgh / La meditación y el arte de dibujar / Siruela

JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ

«Mi padre me profetizó la ruina cuando dije que quería escribir» Alejandro Luque {Jorge Fernández Díaz, el escritor mexicano –no confundir con el controvertido ministro español del mismo nombre– está de vuelta. Tras la buena acogida de su novela El puñal, regresa con La herida (Destino), una nueva aventura de su personaje Remil, a quien él mismo define como «un héroe del siglo XXI, es decir un héroe infame. Pertenece a un tiempo en que las batallas ya no son entre buenos y malos, sino entre malos y peores. Remil es ese canalla delicioso que todos llevamos dentro, y que por suerte para la democracia no sacamos casi nunca. Las mujeres se enamoran de él y los hombres quieren que se tome una copa con ellos, y tener su teléfono por si las cosas se ponen feas». Fernández Díaz confiesa que con Remil quiso romper «el cliché de la novela policiaca, del típico inspector conflictuado. No quería al detective de Chandler ni a Wallander, ni crear un agente de inteligencia que se dedica a manejar drones y hackers, sino alguien metido en asuntos menos glamourosos pero más reales. Mi protagonista es un ex combatiente de Malvinas, salvado de una sala psiquiátrica por un jefe que le enseñará a vivir en las sombras de la inteligencia, y con quien mantendrá una rela-

ción de padre e hijo», explica. En esta nueva peripecia, Argentina aparece como «el mayor puerto de exportación de cocaína del continente», pero el arranque es en el Vaticano, cuando «un amigo del papa Francisco lo llama para buscar a una monja que trabaja en la pobreza y de repente desaparece, y que al parecer estaba amenazada de muerte por los narcos. Encontrarla se convertirá en

El escritor argentino Jorge Fernández Díaz. / La Nación

«Remil es ese canalla que todos llevamos dentro, pero no sacamos por suerte para la democracia» «El auge de la novela negra se explica porque fuimos cazadores, y eso sigue» una obsesión, e incluso cuando el jefe de inteligencia lo da todo por perdido, él intenta demostrarse a sí mismo que no está acabado». Respecto al título, Fernández Díaz subraya que, como dice uno de sus personajes, «todos tenemos una herida fatal, tal vez ocurrió en la infancia o la adolescencia, no tiene por qué ser grave pero sí seria, y en todo caso nos

pasamos la vida luchando con ella, consciente o inconscientemente. En mi caso, mi padre me profetizó la ruina cuando le dije que quería dedicarme a escribir. Yo tomé ese conflicto generacional y se lo coloqué a dos tíos despiadados», sonríe. Pero en esta novela subyace también un segundo tema que también ha perseguido obstinadamente al autor: «Me dediqué desde muy temprano al periodismo, y aprendí que hay muchas cosas que descubrimos pero que no podemos publicar. Por eso saqué con 25 años una novela negra. Me enteré de cómo funcionaba la trastienda del poder, pero el periodismo no te permite contarlo». Sobre el auge de la narrativa negrocriminal, el novelista cree que «es resistente a cualquier generación. Los lectores más inteligentes y los más elementales aman la novela policial. tal vez responda a que fuimos cazadores y eso está todavía inscrito en nuestro genoma. Luego hemos limado nuestras uñas y depuesto nuestras armas, pero seguimos teniendo espíritu cazador. Y la novela negra permite repetir una y otra vez la cacería. El detective sigue buscando en la jungla de asfalto que es la sociedad. es el gran género social y, en consecuencia, también es la gran novela política y la gran novela periodística». ~

A la calma a través de los lápices A. Luque {¿Cuándo fue la primera vez que decidimos que no servíamos para dibujar? ¿Y qué perdimos al llegar a esa conclusión? De esa cuestión parte este ensayo de la artista y profesora Wendy Ann Greenhalgh. Un libro para gente que quiere dibujar, y para quienes quieren vivir un poco mejor a través del dibujo. La autora, que posee amplios conocimientos en materia de yoga y meditación, no pone tanto el énfasis en el aprendizaje de técnicas que nos permitan afinar cada vez más nuestro estilo, como en la búsqueda del bienestar. Por eso incluso los garabatos resultan útiles, pues de lo que se trata, antes que nada, es de poner el freno en la vida acelerada que llevamos y educar nuestra concentración, practicando lo que Greenhalgh llama «la atención plena». A través de unos textos claros y sencillos, y de unos ejercicios que cada cual puede ir haciendo en casa a su propio ritmo, este manual pretende propiciar una conexión profunda con nuestro propio ser y con el mundo que nos rodea, y demuestra cómo dibujar puede ser algo tan natural como respirar. Observar los pequeños detalles que suelen pasar desapercibidos de las cosas y las personas más próximas, disfrutar de los materiales, de sus texturas y olores, y de ese momento de aislamiento en que quedamos absortos en las evoluciones del lápiz sobre el papel, esas son algunas de las enseñanzas que se nos brindan. Quizá no podremos volver a ser niños, pero sin duda se nos ofrecerá la posibilidad de no volver a decir nunca más eso de «yo no sé dibujar» para eludir agarrar el carboncillo y pasar, sencillamente, un buen rato con nosotros mismos. ~


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Recuerdos del siglo XX Se pierde en la memoria el sistema de comercio callejero que imperó en Sevilla, donde un hombre y un burro formaban una unidad mercantil que sustentaba la distribución domiciliaria de los productos básicos para el hogar. Vendedores ambulantes de todo tipo se movían en Sevilla para que la vida siguiera adelante Nicolás Salas {Sin la aportación de la tarjetografía postal apenas si tendríamos testimonios gráficos de unas de las actividades mercantiles más antiguas y populares en nuestra ciudad y en toda Andalucía, como fueron los vendedores ambulantes de todo tipo de productos alimenticios, así como de carbón y cisco, cacharros de barro y latón, agua y vinos. Podemos disponer en nuestro archivo de al menos un centenar de fotografías de vendedores ambulantes, impresas en blanco y negro, en sepia, viradas en azul y rojo, e incluso iluminadas. Entre 1895 y 1928, una época de oro para la tarjeta postal de temas sevillanos, los vendedores ambulantes fueron asuntos recurrentes para este soporte editorial, ofertados con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. De manera que, y como afirma el estudioso de la tarjetografía postal Ángel Vela Nieto, gracias a los editores de tarjetas se ha podido conservar el recuerdo iconográfico de un sistema de venta callejera que se mantuvo hasta mediado el siglo XX, como herencia ancestral que se pierde en la noche de los tiempos. Los principales editores afincados en Sevilla fueron Tomás Sanz, Manuel Barreiro, María Chaparteguy, Abelardo Linares, José Bustillo-Guerra, Eulogio de las Heras, Hijos de Ferrer, y otros. Y numerosos editores de Madrid, como Hauser y Menet y Mateu; de Barcelona, como Thomas y Juan Barguño; de Granada, Garzón, y otras ciudades españolas. Pero es importante indicar que también la tarjetografía postal sevillana tuvo ecos muy positivos en las ediciones europeas, de firmas suizas, alemanas y francesas, principalmente. Los vendedores ambulantes tenían protagonismo todo el año para distribuir determinados productos intemporales, pero también los había de temporada, sobre todo en los meses de verano. Panes procedentes de Alcalá de Guadaíra y de La Algaba, aceites de oliva y vinos del Aljarafe, frutas de las haciendas del alfoz, productos de huerta, uvas almerienses, naranjas de Mairena del Alcor, búcaros y cacharros de barros de Lebrija, utensilios de metal de Lucena, carbones para la cocina y planchas de sastres, ciscos para el brasero, agua, incluso tejidos en retales... Y el soporte animal tenía predominio asnal, aunque también eran frecuentes los mulos y hasta los caballos. Primero los triciclos y después los moto-carros, fueron marginando a las bestias en las tareas de reparto, hasta la expansión definitiva de los vehículos tipo furgoneta. ~

Durante siglos, así fue el comercio callejero

Estampa que refleja el costumbrismo heredado en el siglo XX de las centurias anteriores, donde la venta ambulante era la base del comercio callejero. / Francisco José de Jesús Pareja

Este sistema de venta callejera que se mantuvo hasta mediado el siglo XX. / Francisco José de Jesús Pareja


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Cine

Las películas de superhéroes se han convertido en los últimos años en las estrellas de la taquilla, pero no son pocas las voces que se alzan contra su omnipresencia y lo que se percibe como un declive de la calidad del cine americano de gran

Los superhéroes y el genocidio cultural Ismael Roldán {En una entrevista reciente con la revista británica Radio Times, Jodie Foster hizo unas declaraciones un tanto polémicas acerca del estado de la industria del cine en Hollywood. Comparando los blockbusters americanos con el fracking afirmó que los contenidos de mala calidad que los estudios producen arruinan los hábitos de consumo de los espectadores americanos y, en última instancia, de todo el mundo, haciendo referencia específicamente a las películas de superhéroes. Esta opinión se une a otras que se han escuchado en años recientes acerca del género de moda en el cine de las grandes productoras, como la de Alejandro González Iñárritu, que en una entrevista llamaba a la prevalencia del cine de superhéroes «genocidio cultural». Críticos y comentaristas hacen hincapié en la cantidad excesiva de estas producciones que acaparan los éxitos de taquilla y la fatiga que pueden producir en los espectadores. Pero ¿cuánto hay de cierto en todo esto? Sobre este último punto podemos establecer cifras concretas. El año 2017, en Estados Unidos, se estrenaron un total de ocho películas de superhéroes, la misma cifra que en 2016. En 2014, cuando Iñárritu se quejaba de la sobreexposición a estas películas, hubo seis. Pueden parecer muchas, pero pongamos un poco de perspectiva. Si volvemos la vista a los años 50 y 60 el género imperante en el cine americano era, probablemente, el western. De hecho, existen fuertes puntos de contacto entre estos géneros y no hay que olvidar que una de las principales fuentes de inspiración de los primeros tebeos de superhéroes está en personajes pulp de ambientación western, como El Zorro o el Llanero Solitario. Las cifras, no obstante, marcan una gran diferencia. Solo en 1950, se estrenaron 120 películas del oeste, incluyendo seriales. De hecho, aún en 2016 se estrenaron doce westerns. Por otro lado, a pesar de que el western fue muy popular durante muchos años, no copaba la taquilla como lo hacen las películas de superhéroes. En

Los expertos dicen que tanta película de superhéroes es excesiva y fatiga al espectador.

los dos últimos años la mitad de las películas de superhéroes estrenadas han entrado en el top ten en Estados Unidos. Cabe destacar aquí las diferencias entre la taquilla americana y la del resto del mundo. En España, por ejemplo, ninguna de las diez películas más taquilleras del 2017 ha sido una película de superhéroes, salvo que incluyamos Gru 3 en el género. En 2016 hubo una, Suicide squad, curiosamente tres puestos por debajo de El renacido, de Iñárritu, que, por cierto, es un western, aunque el propio director se haya empeñado en negarlo. Así que quizá nuestros hábitos de consumo aún estén a salvo. Lo que todo esto parece indicar es que la sensación de exceso de películas de superhéroes no está justificada por su abundancia numérica sino, quizás, por su tiempo de exposición en los medios. Cada una de estas películas se considera un acontecimiento. Nos bombardean en internet y en la televisión con anuncios constantes sobre la llegada del siguiente estreno. Los tráileres empiezan a aparecer con meses de antelación, de modo que, cuando por fin llega, da la sensación de que llevamos viviendo con la película desde hace años. Está claro que todo esto puede producir un agotamiento en el público, especialmente en aquellos que no estén interesados en el género ni lo sigan de cerca, que tendrán la sensación de que salen películas de tipos en mallas todas las semanas. Un tema muy distinto es el de la calidad de las películas de superhéroes. Es difícil obviar que, en su mayoría, los personajes de estas películas son más previsibles, menos complejos, en definitiva, menos reales, que los de otras películas más apreciadas por la crítica, lo que genera inevitablemente un déficit de empatía. Pero, ¿es esto diferente de otras superproducciones? ¿Es acaso mucho más complejo Luke Skywalker que Peter Parker? ¿Indiana Jones que Tony Stark? ¿James Bond que Clark Kent? Si nos situamos en un esnobismo muy europeo podemos denunciar como perjudicial para las mentes de los espectadores a todos estos

El principio de la presencia del cine de superhéroes en las salas lo encontramos con el estreno de ‘Iron Man’ el año 2008.


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presupuesto. Pero, todo hay que decirlo, no todas las voces se alzan para lo mismo. Las hay que defienden este tipo de cine y las críticas que han recibido las películas de superhéroes suelen ser buenas

productos hechos para el consumo masivo y decidir que solo las películas de arte y ensayo merecen realmente la pena, pero la realidad es que muchas de sus tramas y personajes son arquetipos que han estado con nosotros desde la antigüedad y, en última instancia, su aportación a la cultura depende no ya de que se usen, sino de cómo se usen. Antes de la actual oleada de películas de superhéroes, cuyo comienzo podemos poner a primeros del presente siglo (con un acelerón desde el estreno en 2008 de Iron

¿Es acaso, como personaje, mucho más complejo Luke Skywalker que Peter Parker?

En 2017, en EEUU, se estrenaron un total de ocho películas de superhéroes En España, ninguna de las películas más taquilleras de 2017 ha sido de este género

Man, y con ella del universo Marvel), entre los grandes éxitos de taquilla teníamos películas como Independence day (1996) o Armageddon (1998). Estas películas eran igual de grandes y banales que muchos de los espectáculos cinematográficos actuales, pero quedan muy lejos de los mejores ejemplos del género superheroico como El caballero oscuro (2008) o la reciente Logan (2017), película que bebe de nuevo de las fuentes del western y que ha conseguido colarse ni más ni menos que entre las nominadas a mejor guion adaptado en los Óscar de este año. Si los hábitos de los espectadores de cine han empeorado en algún momento es difícil echarle la culpa a Kevin Feige, presidente de Marvel Studios, más que a Roland Emmerich o a Michael Bay. Si nos empeñamos en apuntar a alguien como culpable del auge de las franquicias industriales y la relativa decadencia de un cine más personal, podemos volver la vista a los años 70 y señalar a dos personas: Steven Spielberg y George Lucas. Tras unos años en que el Nuevo Hollywood encontró el favor del público con propuestas artísticamente más arriesgadas, Tiburón (1975) y La guerra de las galaxias (1977) recordaron a los espectadores lo que era simplemente dejarse llevar de nuevo por una aventura épica en la pantalla y los grandes estudios siguieron por ese camino. Que Michael Cimino arruinara a United Artists con La puerta del cielo (1980) tampoco ayudó, claro. En cualquier caso, las voces críticas no son las únicas que se oyen. En 2015, en una entrevista con la revista Rolling Stone, Paul Thomas Anderson, director de El hilo invisible, y no vinculado hasta la fecha a ninguna producción del género, ante una pregunta acerca de las quejas constantes de que en Estados Unidos solo se hacen películas de superhéroes, respondía: «No recuerdo ningún año en los últimos tiempos en que hubiera menos quejas acerca de la calidad de las películas. ¿Y qué tienen de malo las películas de superhéroes? No lo sé. Estás hablando con alguien a quien le gusta ver esas películas». De hecho, la acogida de la crítica americana ha sido principalmente buena. Según las cifras de la web recopilatoria Rotten tomatoes todas las películas del universo Marvel (diecisiete hasta la fecha) han recibido una mayoría de críticas positivas. Si, a pesar de todo, les agobia la abundancia del género, recuerden que este año solo nos esperan diez películas, que sepamos, incluida nuestro propio estreno, Superlópez. Pueden disfrutar de las otra ciento noventa. ~


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Teatro

El Premio Nacional de Literatura Paco Bezerra y el director Luis Luque convencen con su revisión del mito de la mujer fatal en la última apuesta de Producciones Faraute. Sexo, misterio y tragedia son los ingredientes

Las dos caras de la moneda Antonio Puente Mayor {Decía el bardo de Stratford, William Shakespeare, que «la mujer es un manjar digno de dioses, cuando no lo cocina el diablo». Una frase que ejemplifica la tradicional visión que los hombres han tenido del sexo opuesto a lo largo de la historia. Sin ir más lejos, antes de la llegada del Romanticismo y del posterior movimiento de liberación femenina, la mujer apenas tenía representación en la cultura. Tres eran los estereotipos básicos en una sociedad patriarcal y eminentemente masculina: esposa, madre y prostituta o bruja. A partir de su emancipación, la mujer comenzó a verse además como una amenaza. Sus logros en materia social, unidos a una nueva actitud –mucho más desinhibida y segura– permitieron el nacimiento de un nuevo modelo, el de la femme fatale, cuyo escenario natural era el literario. Cuestión que la escritora Marta Sanz resume en su Libro de la mujer fatal de la siguiente forma: «Es sexual, ambiciosa, femenina hasta el extremo o ambiguamente viril, ávida de dinero y poder en ocasiones, ansiosa por disfrutar de su cuerpo, libre hasta la amoralidad casi siempre». Es decir, un prototipo más que sugerente que ha dado lugar a iconos antiguos como Lilith, Eva o Salomé, o modernos como Mata Hari, Mae West o Lola Montes.

Sobresale la preciosa escenografía de Mónica Boromello, la iluminación de Felipe Ramos y la música de Mariano Marín. / Producciones Faraute

El salto al teatro Esta figura destructiva y fascinante tan recurrente en el mundo de las letras será rescatada en 1895 por Frank Wedekind, un dramaturgo nacido en Hannover cuya biografía es merecedora de una película de Hollywood. Hijo de un médico y una actriz californiana de origen húngaro, su formación liberal en Suiza le llevó a probar infinidad de trabajos: desde la publicidad al circo, pasando por el periodismo e incluso la música –llegó a tocar el laúd en varios cabarets–. Una curiosa trayectoria que le impulsaría a crear obras cuyo tema principal era la lucha contra las convenciones burguesas y la falsa moral. Así nace El despertar de la primavera, que estuvo prohibida hasta 1912, y El espíritu de la tierra (y su continuación, La caja de Pandora), que además fueron precursoras del expresionismo e influyeron decisivamente en Bertolt Brecht. Estas dos últimas tragedias son las

María Adánez, desde su primera aparición, se convierte en la piedra angular del proyecto. / Producciones Faraute

que más nos interesan, pues en ellas se representa la fuerza sexual instintiva a través de acciones simbólicas, siendo su protagonista una arrolladora mujer llamada Lulú. Este personaje indomable inspiraría, además, una ópera en 1937, firmada por el austriaco Alban Berg y estrenada en España treinta años más tarde. Lulú según Paco Bezerra A diferencia de Wedekind, Francisco Jesús Becerra Rodríguez (Almería, 1978) nació en el seno de una familia modesta en la que la superstición envolvía todas y cada una de sus facetas cotidianas. Hecho que provocó que sus primeros años estuviesen rodeados de una especie de ‘halo misterioso’ que, con el tiempo, se convertiría en

material de primera calidad para sus obras. Titulado en Técnica e Interpretación por el Laboratorio de Teatro William Layton y licenciado en Arte Dramático por la RESAD, su sorprendente curriculum incluye el Premio Calderón de la Barca y el Nacional de Literatura en su modalidad dramática. Unos galardones que, si bien le abrieron las puertas de Europa y América desde un primer momento, no bastaron para convencer a los productores nacionales hasta 2012, cuando José Luis Gómez estrenó Grooming en el Teatro de la Abadía. Luego llegarían Ahora empiezan las vacaciones, El señor Ye ama los dragones –nominada a 4 Premios Max en 2016– o El pequeño Poni, estas últimas junto a Luis Luque, director madrileño con

quien el almeriense parece haber hallado la horma de su zapato. En el caso de Lulú, título lejanamente inspirado en la creación de Wedekind, Paco Bezerra y Luque vuelven a apostar por la actriz María Adánez, con quien ya compartieron escenario en El pequeño Poni, para crear una intriga producida por Faraute con el sello del recordado Miguel Narros. Una reflexión necesaria Ambientada en un entorno rural mágico propio del teatro clásico, pero al mismo tiempo tenebroso, Lulú posee todo lo necesario para atrapar al espectador. Esta narra la historia de Amancio, viudo y dueño de una plantación de manzanos, quien, tras encontrarse a una mujer herida e inconsciente a


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principales de ‘Lulú’, un espectáculo a la medida de la actriz María Adánez que nos permite reflexionar sobre los clichés impuestos a la mujer a lo largo de los tiempos y su permanencia en la sociedad actual Lulú posee todo lo necesario para atrapar al espectador. / Producciones Faraute

La sensualidad de la actriz protagonista, tanto física como emocional, desborda los límites del escenario. / Producciones Faraute

los pies de un árbol, decide llevarla a su casa. Allí, la misteriosa dama conocerá a Calisto y Abelardo, dos jóvenes que pronto se sentirán atraídos por su fuerte magnetismo, al igual que su progenitor. Un argumento que, amén de asegurarnos escenas repletas de tensión sexual, nos permite reflexionar –merced a su vuelta de tuerca– sobre los problemas que afectan a las relaciones entre hombres y mujeres desde el inicio de los tiempos. En el terreno puramente artístico, hemos de destacar a una enorme María Adánez (Madrid, 1976), que desde su primera aparición se convierte en la piedra angular del proyecto. Su encarnación de la sensualidad, tanto física como emocional, desborda los límites

del escenario, confirmando su capacidad para interpretar cualquier tipo de papel. Suyo es el mérito de cautivar a los espectadores durante la mayor parte de los sesenta minutos que dura el espectáculo, así como de lograr que el elenco masculino brille a su alrededor. Desde un estupendo Armando del Río, que borda el papel del cabeza de familia, a César Mateo y David Castillo, quienes encarnan convincentemente a sus hijos. Por su parte, Chema León aporta el histrionismo necesario al complejo papel de Julián, uno de los contrapuntos del libreto. En lo técnico, sobresale la preciosa escenografía de Mónica Boromello, la iluminación de Felipe Ramos y la música de Mariano Marín. ~


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Una exposición recorre la obra y la vida de uno de los pintores más exitosos del siglo XIX, que agradó de la misma manera a burgueses, instituciones, y refinados coleccionistas, Augusto F. Prieto {Hay algo destacado en la exposición del Prado que no está, que la sobrevuela. Algo que produce un eco en una muestra organizada con voluntad de ser absoluta. Es la ausencia de La batalla de Tetuán, la obra maestra del pintor catalán, que habita en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Hubiera sido ideal que estuviera, de la misma manera que debería ser posible que ésta selección viajara a Barcelona. Por salud mental, de todos. Por cultura, para evitar los relatos incompletos. Esto no quiere decir de ninguna manera que la exposición quede desmerecida, ni que no sea extraordinario el recorrido en torno a la obra del pintor catalán, que lo es. Tiene más que ver con una reflexión subjetiva sobre el relato político de la cultura. El comisario, Javier Barón, responsable de pintura del siglo XIX en el Museo del Prado, ha considerado que ese cuadro, con sus dimensiones colosales, adquiriría demasiado protagonismo, restando efectividad al hilo conductor. Es una opción legítima. Pesa la opinión del autor, que perdió interés en el encargo y lo dejó inacabado. También hay que tener en cuenta que el lienzo es una obra capital de la institución catalana y sería lógico que no se cediera. Pero precisamente ese formato, el contexto, los titubeos, y su importancia histórica, sitúan la pintura como un parteaguas en la carrera de Mariano Fortuny. Fortuny viajó a Marruecos pensionado por la Diputación de Barcelona, para acompañar a una expedición militar de voluntarios catalanes que iba a participar en una guerra que en aquel momento se consideró justa, y necesaria para enfrentar la barbarie de las tribus levantiscas, afirmar las fronteras, y asegurar a nuestros ciudadanos en África, la Guerra de Marruecos. Un enfrentamiento que unió a la nación. Muestra de ello es cómo esa compañía levanta, en el centro del cuadro, la enseña nacional, aunque no se vea bien, ni se destaque en las fichas del MNAC, ni en la exposición que en torno a esa gran obra se han realizado en Montjuic. El pintor se reconoció a sí mismo como Mariano, aunque ahora se modifique el nombre con normalizaciones lingüísticas, así lo vemos escrito en letras bien grandes en el retrato que le hizo su suegro –Federico de Madrazo– y que abre la exposición. También sabremos por la misma que era aficionado a la tauromaquia. Todos estos detalles, que sobrevuelan los límites del Prado, son sin embargo de interés para entender nuestra Historia común, y captar las manipulaciones ideológicas. De la misma manera

La luz afortunada Fantasía sobre Fausto. / Fotos: Museo Nacional del Prado

Los hijos del pintor en el salón japonés.


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Arte

que lo adoraron por su descubrimiento de Oriente. La muestra recorre un completo panorama de la pintura del que fue considerado el pintor español más importante después de Goya Fantasía sobre Fausto.

que la obra de Mariano Fortuny es imprescindible para comprender la transición desde la tradición clásica de los académicos y los saloniers –con sus raíces en Roma y en París– hasta los experimentos con la luz mediterránea, la fuerza orientalista de las ruinas de Granada o de Sevilla, o a los personajes arabizados del Magreb. Un camino que nos trae a la actualidad. Porque las exposiciones están para ser disfrutadas, pero también para que el observador aprenda a formarse sus propios juicios de valor con los datos que se ponen ante sus ojos. Para interpretar el presente a través del arte y del pasado. Sí está La batalla de Wad-Ras, un boceto que forma la colección del Prado. También la parada militar de María Cristina y su hija, encargado por la reina regente para su palacio de París, que se muestra en un paramento vertical para restituirle su efecto original. Sobre el resto –ciento setenta obras, algunas de las cuales no se habían expuesto nunca– no se puede opinar, porque la importancia y la cantidad de la muestra nos orillan al terreno de las preferencias. Una parte de los visitantes no tendrá duda en poner sobre lo demás la calidad de los

Arena con línea de montaña. Marruecos.

desnudos, a los que Fortuny dota de una sensualidad mórbida; y de los cuadros de intencionalidad exótica, para quien fue uno de los grandes orientalistas, por su mirada penetrante sobre las atmósferas moras.

Hay quienes verán en sus arreglos florales, y en las escenas españolas e italianas, una forma de capturar la luz que lo anticipan a las investigaciones de Sorolla. Los estetas alucinarán con las colecciones de objetos que el pintor

atesoró, amontonándolos en sus atelieres con voluntad anticuaria, algunos de los cuales acompañan la exposición, además de los correspondientes documentos gráficos que nos ayudan a entender su proceso creativo. Bocetos, planchas y grabados representarán una master class para los estudiantes y los aficionados, mientras que los burgueses caerán rendidos ante su mano de retratista. Puesto que se ha titulado Fortuny, hubiera sido interesante otra exhibición simultánea, donde se rindiera debido tributo a su hijo, que desbordara la sala que tiene dedicada en el Museo del Traje de Madrid, y nos resarciera –en parte– de que las voluntades testamentarias de su viuda no se cumplieran, viéndose privada España de la posesión del palazzo Pesaro degli Orfei en Venecia, con su colección íntegra. Ese mismo niño que aparece retratado «en el salón japonés», como bien recuerda el Ministro de Cultura en el catálogo. Porque parte de las obras que están expuestas, en la exhibición, y que pertenecen a fondos de instituciones españolas o internacionales, están en ellas por la generosidad de Mariano Fortuny Madrazo y Henriette Nigrin. ~


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Suplemento cultural

El Correo de Andalucía Sábado, 10 de febrero de 2018

Atelier de músicas

Conceptos como escucha profunda e inmersión sónica caracterizan el quehacer de Francisco López, un nombre fundamental de la creación musical electrónica. El Centro de Creación Contemporánea de Andalucía le ha invitado a su espacio

ARTISTA SONORO

FRANCISCO LÓPEZ

«Vendo los ojos al público para crear un ritual de la escucha» Ismael G. Cabral {Lleva años erigido en el artista sonoro de mayor recorrido internacional de nuestro país. Francisco López (Madrid, 1964) tiene una trayectoria inabarcable por los cinco continentes; realizando centenares de proyectos, con cientos de conciertos y de publicaciones. El Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A) le ha invitado a intervenir sónicamente en su recinto denominado Caja Negra el próximo 16 de febrero. Cada comparecencia suya es celebrada como un acontecimiento en el ámbito del arte contemporáneo. –El espacio en el que intervendrá es una enorme sala con paredes de cemento y techo muy elevado. ¿Cómo condiciona la acústica el tipo de obra y de experiencia inmersiva que crea? –Como yo trabajo con la materia sonora en sí, no con las cosas que producen sonidos, mi directo es específico para cada lugar, atendiendo a su acústica y a otras características experienciales del espacio, así como a las especificidades del sistema de sonido en particular. Raramente hago conciertos de ‘obras’ porque considero que cada espacio y cada sistema de sonido merecen atención compositi-

va. El equivalente de la típica prueba de sonido para otros artistas es para mi el tiempo de ‘pre-composición’ in situ; es decir, dentro de una paleta bastante amplia de opciones de materiales sonoros que llevo conmigo, yo compongo para los espacios. –Aunque son los paisajes sonoros manipulados de espacios selváticos los que generalmente generan más debate y atención en su obra, tam-

«En mi opinión todas las composiciones se manifiestan como ‘experiencias sonoras’» «El hoy injustamente denostado CD es el mejor formato físico inventado» bién ha reparado en entornos industrias e incluso en la manipulación y transformación de otras fuentes acústicas. ¿Cuál le resulta más sugerente como punto de partida para su posterior recomposición? –Siempre he insistido en que desde

El artista sonoro Francisco López, fotografiado durante una de sus sesiones inmersivas.

mi perspectiva los sonidos en sí mismos son entidades con la misma categoría que las denominadas ‘fuentes’. Es decir, los sonidos no pertenecen a sus aparentes causas más que esas causas pertenecen a lo que las originó: no sólo ‘tan pronto como el canto está en el aire ya no pertenece a la rana que lo produjo’ (una referencia de un texto propio), sino que la rana también tiene una ‘fuente’ (existencial). Por todo esto, lo ‘sugerente’ de un sonido, compositivamente hablando, no está para mi asociado a características de origen sino a características existenciales propias. -¿Se diría que es usted un creador de ‘experiencias sonoras’ más que de composiciones electroacústicas a pesar de que tiene ‘fijadas’ en disco una gran catálogo de piezas? –En mi opinión, todas las composiciones que se precien como tales se manifiestan como ‘experiencias sonoras’. Por otra parte, el hecho de que una obra sonora esté relativamente ‘fijada’ en un soporte (solo relativamente, porque en ningún soporte hay sonido) no reduce en lo más mínimo su potencial como experiencia sonora. De hecho, al igual que ocurre con los buenos vinos, un buen disco (cada

cual con el suyo, claro) se aprecia, y se experimenta sonoramente, incluso más con cada audición. Hay muchas cosas, sonora y compositivamente interesantes, que se pueden hacer en un formato fijado que no se pueden hacer en directo. -¿Por qué en sus conciertos cubre los ojos del público con una venda? ¿Hay una cierta intención en sus presentaciones de ‘performatizar’ la puesta en escena? –En mis conciertos ofrezco vendas para los ojos del público de forma opcional y voluntaria. Renuncio voluntariamente no sólo a proyecciones decorativas y similares, sino a mi propia presencia visual como performer intérprete en directo, que considero una distracción que detrae enormemente de la experiencia sonora. Siendo un acto voluntario y compartido, la venda se transforma en elemento de ritual colectivo de dedicación en la escucha. No es sólo que obviamente escuchamos mejor cuando no vemos, sino que además se genera una situación de expectación e inmersión colectiva que intensifica, emocional y estéticamente, la escucha. –Dentro del ámbito del arte sonoro sus trabajos habitúan a ser fenomenales exploraciones de texturas. ¿Una obra muere cuando considera que esa exploración ha finalizado, que el material ha sido agotado? –La ‘textura’, esa metáfora táctil-visual que tanto empleamos en música experimental, es sin duda importante en mi trabajo, pero es uno más entre muchos otros elementos, como la complejidad aparente, el espacio virtual, la dinámica o el tiempo. Dado que mi exploración es más compositiva, intuitiva y subjetiva que analítica o conceptual nunca he tenido la impresión de agotamiento o exhaustividad de uso del material. – Una de las últimas publicaciones de su obra es un curioso cassette, Sonic seeds. ¿Qué le interesa de un formato en desuso como este? ¿Quizás el ‘detritus’ sonoro, el ruido, que de por sí comporta? –Yo crecí, compositivamente hablando, con la cassette. Hoy en día la cassette es un formato ‘zombie’, un muerto viviente. Es una moda de ‘hipsters’, un fetiche, una curiosidad graciosa. Y cara, tanto de producir como de distribuir, aunque no tanto como el otro gran muerto viviente: el vinilo. Actualmente, acceder a una petición de edición de un trabajo en cassette o un vinilo es para mi una combinación de juego cínico bienintencionado. El hoy injustamente denostado CD es con diferencia el mejor formato físico inventado. –¿Cuáles son sus proyectos? –La preparación del taller/residencia que organizo anualmente en la sabana sudafricana, varias expediciones de grabaciones ambientales en zonas selváticas de Indonesia y Australia... En cuanto a ediciones, a día de hoy tengo ocho nuevos ‘álbumes’ a punto de publicarse en diferentes sellos, desde Berlín a Valparaíso. ~

Aladar nº 166  
Aladar nº 166