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Año 1. Número 5. 2013

El Comité Revista de difusión, crítica y creación literaria

1973


CONSEJO DIRECTIVO DEL COMITÉ

COMITÉ COLABORADOR

ISRAEL J. GONZÁLEZ S. LUIS MARTÍNEZ RIVERA MARCO ANTONIO MENESES MONROY PAUL OLVERA

Dalí Corona Elizabeth Lira Lemus Isidoro de Campos Israel J. González S. Karina González Reséndiz Luis Martínez Rivera Marco Antonio Meneses Monroy María Elena Paul Olvera Rodrigo Círigo

Editorial Exilio más que una palabra, o una noción, es una herida y una nostalgia. Es sentirse huérfano. Lo es de manera tan desgarradora que en algunas de las lenguas occidentales, la patria es personificada con alguna de las figuras paternas. Se le imagina como madre, incluso en algunos casos es el padre. El dolor es infinitamente mayor si uno es expulsado del país de origen, en comparación al que es razonablemente ocasionado cuando se elige de manera libre, cambiar de ciudad o país para buscar mejores opciones de vida. Se puede soportar la distancia voluntaria, no la pérdida. Es muchas veces la soledad forzada, la extrañeza y el peso de la existencia en cualquier día. Es sentirse incomprendido, no visto, olvidado. Injuriado y envilecido. El exilio, en todo caso, puede ser la manera de encontrar la dimensión de las propias fuerzas espirituales para asumir la plenitud de la vida propia y particular. En este interminable reconocimiento de uno mismo, es como se reconstruye el sentido del tiempo singular, en la inevitable dimensión temporal común. Es el exilio, de forma paradójica, la oportunidad de reencontrar el hogar. En relación a esta nostálgica búsqueda, El Cómite 1973 se toma un momento para contemplar y compartir su punto de vista respecto a algunos de los personajes del exilio español. A modo de homenaje, de saludo, de camaredería. A modo de no sentirnos tan solitarios. Estos ensayos dan un breve apunte sobre algunos aspectos de la obra de León Felipe y Luis Cernuda. Elizabeth Lira reflexiona sobre la noción de exilio en el pensamiento de María Zambrano. A todos nuestros colaboradores, les agradecemos que hayan creído en este proyecto. A los lectores, les decimos que nos place infinitamente que estos textos les resulten interesantes. Gracias totales.


°RELATO EL BESO PRIMERO Marco Antonio Meneses Monroy °ENTREVISTA DALÍ CORONA °POESÍA DALÍ CORONA

°RELATO FLOR DE DURAZNO María Elena

ÍNDICE

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°PORTAFOLIO KARINA GONZÁLEZ RESÉNDIZ °POESÍA CELEBRACIÓN Israel J. González S. LO OCURRIDO Israel J. González S. MAÑANA SERÁ UN DÍA MARAVILLOSO Rodrigo Círigo °DOSSIER LUIS CERNUDA Y SU POESÍA EN PROSA

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Marco Antonio Meneses Monroy

EXILIO, UN APUNTE AL PENSAMIENTO DE MARÍA ZAMBRANO

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Elizabeth Lira Lemus

LEÓN FELIPE: POESÍA QUE PALPITA

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Paul Olvera

°RESEÑA THE CEMENT GARDEN: LA ODISEA DE UNA PERVERSIÓN Isidoro de Campos

Portada, contraportada, portafolio.

Publicación Bimestral Año 1. Número 5. 2013. Abril-Mayo

Karina González Reséndiz

Ilustraciones -El Beso Primero Luis Martínez Rivera -Lo Ocurrido Karina González Reséndiz

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Contacto. Correo electrónico. elcomite1973@gmail.com Facebook. www.facebook.com/elcomite1973 Issuu. http://issuu.com/elcomite1973


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RELATO

EL BESO PRIMERO

Mónica Desde muy niña todo el mundo me chuleaba, algunas personas decían “¡que niña tan bonita!”, otras “¡qué bonitos ojos!”, había quienes incluso festejaban mi cabello o mi color de piel. En la preparatoria de manera constante recibí halagos. En esos días ya notaba otra intención en las palabras, pero no quería entonces novio ni nada parecido. Al entrar a la universidad dos buenas amigas hice en los primeros días de clase y, salvo con ellas, poco hablaba con el resto de mis compañeros. A veces algún muchacho se acercaba a platicar, y yo en seguida le decía que tenía que hacer alguna cosa y me alejaba. A mitad de la carrera mis amigas, ambas con novios, insistían en que aceptara las invitaciones y que fuera a las fiestas. Nunca quise aceptar, ellas de a poco me dejaron de hablar pues ya no encajaba en su ambiente. Como me veían sola, creo, más muchachos que antes se animaban a hablarme, pero yo siempre evasiva. En el último año escuché decir a dos de mis compañeros que veían en mí “un aire de pureza” y que por eso tenía muchos admiradores. Para celebrar el último día de clases en la universidad, mi salón organizó una fiesta de despedida. No sabía si ir o no, pero al comentarlo con mis padres me dijeron que fuera. Mama chilló: “anda, ve y ponte una de las faldas que te he comprado,” hizo una pausa y con un gesto de suplica raro en ella agregó: “dame el gusto de verte como la muchacha linda que eres. No sé por qué ahora todo es pura mezclilla.” Papá dijo secamente que le diera gusto a mi madre, aunque sabían bien que no usaba faldas. Llegué a la fiesta un poco tarde. Había mucha más gente de la que pensé. La música era fuerte, casi todos estaban ebrios, algunos bailaban, el olor a cigarro asqueaba el ambiente y en un rincón alguien que no era del salón vomitaba en sí mismo. Caminé al patio trasero donde dos conocidos de la escuela se drogaban. Me sentí muy triste. Cerrándose mi garganta, lloré.


Javier La conocí de niño, iba en el salón de un amigo. Recuerdo una vez cuando jugábamos a las escondidillas, siendo yo el que buscaba y viéndola jugar un tanto triste, dejé que ella salvara y ganara el juego para que sonriera. En otra ocasión que íbamos a jugar a la botella, ella no quiso jugar y después de algunos días salimos de clases. Desde la primaria no volví a saber de ella hasta la universidad, en que coincidimos en el mismo salón. De la infancia no se acordaría de mí, tampoco yo quise decirle que jugamos de niños. La encontré muy guapa pero ciertamente hermética, nunca pude platicar más de diez minutos con ella. Varios compañeros intentamos invitarla a fiestas o salidas grupales pero nunca asistía. A decir verdad, salvo en una temporada tuvo amigas, pero nos hablaba un poco a todos, es decir llevaba la fiesta en paz haciendo lo suyo y sin meterse con nadie, hubo quien vio en ella una cierta mística o santidad. Yo, por decir lo menos, la deseaba. El último día de clases para sorpresa de todos llegó cuando la fiesta estaba en su mejor momento, vestía una blusa negra y una falda que daba debajo de las rodillas. Al verla, supe que era el momento de lanzarme y me acerqué.

Alberto Después de llevarla a su hogar seguí manejando en automático, pensando en tantas cosas o en una sola; la cosa era que mi vida ya no sería la misma. Al llegar a casa, mi esposa se percató que tenía sangre en la ropa y gritó: “¡ahora con que piruja te acostaste!” Sentí una rabia indecible y la golpeé. Vi al menor de mis hijos asomarse a la sala, entre gritos y llantos salí de casa. Había hecho mal en golpearla no había duda, pero ella, cinco años atrás se embarazó para atraparme y lo consiguió. De esa forma robó la posibilidad de que fuera feliz y yo acepté mi responsabilidad sin quejarme, incluso traté de que lo nuestro funcionara. Cierto que he sido infiel muchas veces, pero siempre fue algo tan solo carnal. Hasta ahora, que conocí a la mujer más linda, en todos los sentidos, y no sé si seré capaz de volverla a ver, pues no quiero lastimarla.

Mónica Mientras lloraba, viendo a todos comportarse como tarados, Javier, por quien realmente había ido a la fiesta, se acercó cerveza en mano y me invitó a bailar. Recordé que una vez de niña, evité jugar a la botella por no ver que sus labios besaran a otra o que yo besara a alguien que no fuera él. En la universidad, no me atreví a hablarle porque él tenía novia; no sé que le vería, pero duraron bastante. La buena nueva, consistía en que desde hace unos días terminaron y la fiesta era “la ocasión ideal” ¿ideal?, ¿para qué? No sabía exactamente, pero ahí estaba tan cerca de mis labios, queriendo bailar conmigo. Regresé de mis pensamientos y viendo a Javier a los ojos le dije: “yo te conocí de chico.” Le diría que lo quería, no, que lo amaba, pero él, borracho, me ignoró y torpemente me abrazó para bailar. De su boca salió un tufo de alcohol y cigarro. Su mirada perdida y notarle en el cuello lápiz labial hicieron desprenderme de él. Caminé hacia la calle, donde abordé un taxi. El conductor sería poco más grande que yo. Su aspecto era de pobre, pero un aliño inesperado en la figura de un taxista resultaba simpático. “¿Estuviste llorando?”, preguntó sin arrancar. No contesté. Se bajó del carro y al minuto regresó con una flor recién cortada. La acepté diciendo: “no se regala lo que no es tuyo.” Y pensando que era Javier quien me la daba sonreí. El carro avanzó mientras yo intentaba ponerme el cinturón; como después de unas cuadras no sé por qué no lo logré, él se orilló y girando su cuerpo abrochó el cinturón y me besó. Nunca había probado unos labios pero me gustó. “Eres la chica más linda que he visto” dijo, yo seguí pensando que era Javier y por primera vez me sentí halagada y feliz. Volvió a besarme y, si minutos antes había llorado, sus besos me hacían sentir tan bien, su mano en mi piel. De pronto nuevamente lloré, pero esta vez de dolor y placer. Después me sentí confundida y el trayecto a casa estuvo enrarecido. Al despedirse, Alberto dijo que me buscaría.

Marco Antonio Meneses Monroy


Entrevista

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Dalí Corona Bueno. ¿Nos podrías comentar primero algo sobre ti? Bueno, me llamo Dalí Corona, tengo 29 años, vivo en el Distrito Federal, soy casado y tengo un hijo. Suelo leer, contrariamente a mi trabajo, mucha narrativa y ensayo. Escribo poesía y he sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y el FONCA. Trabajo haciendo guiones para la televisión y ahora como coordinador de distribución para Posdta Ediciones en el DF. Tengo cuatro libros publicados: Desfiladero (Chihuahua Arde, 2007), Voltario (Tierra Adentro, 2007), Ansiado Norte (Editorial La rana, 2009) que mereció el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta y Cartografía del tiempo (Tierra Adentro, 2012) al que se le otorgó el Premio Nacional de Poesía Francisco Cervantes Vidal. Tus poemas hablan mucho sobre lo que te sucede, lo que acontece en tu interior, en tu casa, con tus conocidos. ¿Cuál es la relevancia que tiene tu entorno a la hora de expresarlo en un poema? Considero a la poesía como la palabra en tiempo, en este sentido todo lo que escribo tiene que ver con lo que me ocurre y pasa a mi alrededor. Escribimos para dejar constancia de nuestro paso por el mundo, porque lo único que compartimos los humanos, a pesar de nuestras diferencias, es el tiempo. Así, la poesía es la forma en que el lenguaje deja su huella en el tiempo de los otros. Es el alma del tiempo y es sabido que uno puede vivir sin alguna extremidad, pero no sin alma. Mencionas que pones música a la hora de escribir “para que la materia fluya y las palabras no se queden atoradas en las manos como si fueran cucharas frente a un plato de pastel vacío”. ¿Cuál es la importancia de este otro tipo de arte en tu quehacer poético? Uno de mis oficios frustrados es el de músico. Siempre me ha interesado la plasticidad de las notas al reproducirse en un instrumento y el efecto que producen en quien las escucha. La poesía hace algo similar pero en un nivel distinto, no en mayor o en menor medida, sólo de otra forma. Hacer poesía es hacer esencialmente música, el verso debe contener la suficiente materia musical para que el posible lector pueda seguir la lectura de una forma cómoda y, al mismo tiempo, su tránsito lo maraville. En fin, la música de lo que pasa. De acuerdo con la poeta y editora Raquel Huerta-Nava, en tus poemas resuenan ecos de las voces de poetas mayores como José Gorostiza, Efraín Huerta, Jaime Sabines y Gonzalo Rojas, entre otros. ¿Qué es lo que te impresiona de estos poetas, principalmente de Miguel Hernández y Rubén Bonifaz Nuño, para que hayan sido una influencia en tu obra? Como todo joven mexicano que quiere acercarse a la poesía, inicié mis lecturas con los poetas contemporáneos, la generación de Taller y la del 27 español. Mis lecturas, aunque desordenadas, siempre fueron constantes, de tal forma que al inicio de mi ejercicio literario, intentaba reproducir las sonoridades de esos poetas que tanto me impactaron por su claridad en el decir, sus metáforas delicadas y cercanas a mí y su tratamiento de temas sentimentales. De todos aprendí algo. De Efraín Huerta el desparpajo en la expresión, que todo tema tiene una forma de representarse y presentarse; de Bonifaz la importancia del metro y su vinculación con la cultura popular del mexicano; de Miguel Hernández, que existe una partícula de humanidad que hace del poema una obra de arte que tiene resonancia en las sociedades; esto, por nombrar sólo algunos ejemplos. Tu libro Voltario habla de diferentes dolores a los que se pertenece, que se palpan o se degustan en los parajes de la nostalgia. ¿Crees que la introyección de una situación dolorosa pueda crear un poema a la manera como lo planteaba Fernando Pessoa en Autopsicografía?


En ese poema de Pessoa se habla de las argucias de las que el poeta se sirve para escribir y seducir a sus lectores; posiblemente, está mal entendido. Cuando dice: “finge que es dolor/ el dolor que de veras siente”, no se refiere a inventarlo, sino a que busca un argumento dentro de sí, que pueda vincular al lector, que lo acerque y se refleje en él. En mi caso, mis poemas no se acercan en nada a lo dicho por Pessoa; yo intento con esos poemas, los aparecidos en Voltario, hacer tangible un dolor que a veces resulta incomprensible incluso para mí, es decir: que los poemas traduzcan el estado emotivo de una situación cargada de melancolía o tristeza. Son poemas, en muchos casos, escritos desde la óptica de la víscera, no desde la reflexión. Tu libro Ansiado Norte, Premio Nacional de Poesía “Efraín Huerta” de Guanajuato en 2009, describe una travesía donde la melancolía, añoranza y pesar son temas principales en los pensamientos del narrador y su acompañante a la hora de mostrarnos ese viaje en busca de una tierra inalcanzable debido a la fiereza del mar. ¿Qué podrías comentarnos sobre la viveza, claridad y fuerza de esa odisea que describes en este largo poema dividido en segmentos? Ese libro lo escribí luego de conciliar la idea de que la sociedad representa de manera cotidiana los mitos griegos, luego de asumirme como una persona que gusta del conservadurismo literario, intenté transportar mi idea de la pérdida del amor y la esperanza a un tema con más oportunidades líricas: el viaje de Orfeo al inframundo para pedir por la restitución de la vida de su amada Eurídice. El viaje de Orfeo no es distinto al de cualquier persona que busca a su amor perdido, las tragedias de Orfeo no son distintas a las nuestras y, por consiguiente, nos emparentan. Este poema largo que es Ansiado norte, intenta generar una suerte de empatía con el lector, que se sienta cómodo al descubrir que ha fracaso en casi todo lo que se ha propuesto, que no importa, que a todos nos ocurre. Tu obra Cartografía del tiempo, que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven “Francisco Cervantes Vidal” en 2012, fue catalogada por el jurado como una obra donde “destaca la confluencia entre la memoria personal, el ámbito doméstico y la vivencia social, tratados desde una óptica que contempla en cámara lenta la dinámica del mundo”. ¿Qué nos podrías comentar sobre el acierto de las palabras del jurado sobre tu libro? Considero que los poemas, mayormente, y dentro de la llamada “poesía de la lengua”, aquella que pondera la estructura y sus efectos a partir del reconocimiento de la tradición lírica en lengua española y a la que me sumo, tienden a realizarse de dos maneras: una, en que suelen aterrizar su idea final como una revelación, pero que regularmente está llena de efectismo y sólo nos confirma una idea; y dos, los que se van hilvanando en su sentido y su final o remate, no necesariamente nos dan una revelación, sino que la revelación es todo el poema. Pienso, por ejemplo, en Antonio Machado, cuyo poema es producto de una experiencia vital y particulariza su sentido de tal manera que nos hace ver lo mismo que él, y sentir lo mismo que él siente, universalizándolo así. Cartografía del tiempo intenta hacer lo mismo que estos últimos poemas. Que su argumento vital sea lo más cercano a nosotros, lo cotidiano y doméstico, para así volverse universal. Que cada poema sea casi una postal de lo que ocurre en el universo de la casa. Creo, pues, en una poesía de la paciencia, que no distinga entre los objetos y que se acerque cada vez más a la naturaleza de las cosas. Comentaste hace años en la revista Literatuya que sólo encontrabas dos razones plenamente justificables para escribir poesía u otro género literario: “para demostrar la personal calidad literaria, o cuando esto, el escribir, es más que otra cosa, una necesidad”. ¿Crees que la mayoría de los escritores deberían adherirse a esta consigna en vez de escribir tantos libros que no aportar mucho a la literatura? No lo creo. Yo mismo con el paso del tiempo he desechado esa idea, o tal vez, la he ampliado. Me explico: considero que escribir es una respuesta al paso del tiempo, porque somos seres finitos que deseamos no pasar sólo de largo por el mundo. En este sentido, escribir poesía además de ser una necesidad es una respuesta al vértigo del mundo, al tiempo y su trayecto por nosotros.


¿Qué le recomendarías a alguien que quisiera escribir? ¿Qué sería lo básico? Leer. La herramienta del actor es su cuerpo, la del pintor es la paleta, el caballete… la del poeta es la lectura. No hay mejor manera que iniciar la escritura de poesía que la lectura. Y no sólo de poemas, sino también de narrativa, ensayo, teatro, divulgación científica, cualquier cosa que le ayude a explicarse a sí mismo. El lector es ficticio, no sabemos si seremos leídos ni cómo lo seremos. Tenemos que leer para explicarnos a nosotros aquello que nos ocurre y que no comprendemos. Luego de eso viene la tarea, ejercitarse. Esto se consigue educando a nuestro cerebro y a nuestro oído, estudiando los distintos tipos de metro y sus efectos, en fin, cómo ocurren en el lenguaje. Si después de eso seguimos sintiendo ganas de escribir, bienvenidos sean a este oficio necio y solitario. Sin nuevas aguas, las aguas de la poesía se estancarían.


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POESÍA Poemas DE Dalí Corona

MATAR EL TIEMPO No tolera mi hijo los días con lluvia; el tedio se le nota en la mirada cuando, desde su posición seca y aburrida, mira el durazno bañarse de alegría. Está sentado haciendo aviones de papel para matar al tiempo, no sabe que el tiempo sólo puede morir en sueños. Que en vano es que le dibuje bombas a las alas o misiles en el borde más delgado de la hoja. Nada puede hacer que el tiempo fluya más deprisa o vuelva. El tiempo es uno y uno debe aprender a convivir con su rutina. Deja entonces los aviones y hace la siesta de la tarde. Decide abandonarse al sueño como quien sin más se abandona a la llovizna.


LOS INSOMNES Hay algo en sus bocas cuando dicen sueño que hace que en ellas naden peces. Algo, cuando adormilados caminan, que hace que sus pies se vuelvan río. Hay algo ahí, cuando insomnes pasean por la casa y chocan con muebles y paredes, que les dice que no sucederá nada sino agua; un río anegado golpeándose en el cuarto que busca una salida pronta al mar. Pero no hay mar en esta ciudad de cuatro muros, están anegados y no saben de qué lugar sacar la fuerza para que su cuerpo se levante y reconstruya. Su cuerpo ya comienza a corroer todas las cosas y ellos a acostumbrarse a vivir en los resquicios.


Este caballo tiene los ojos de mi padre cuando joven. Lo sé por una foto donde él aparece a lado mío demostrando que la Cuca —perra brava— no muerde a niños tan pequeños. Sus manos sobre mí para no perder el equilibrio y yo de la estatura de la perra. Él tendría en la foto algunos años menos que yo al escribir este poema, se ve muy joven y contento. Y por eso este caballo me recuerda tanto a él. Y pregunto si mi hijo, alguna vez, me encontrará buscando en la mirada de un caballo alegre, si me hallará igual que yo a mi padre que a toda costa estoy buscando.


HORIZONTAL Sucede que ya no puedo ver las tardes como antes, que me cuesta trabajo asirme de la lluvia como si fuera un crisantemo. Sucede que de pronto, ingenuamente, se me vino a instalar en la mirada un séquito de pardos ojos —figuras galopantes propias de climas más extremos— Y sucede que también así, como por arte de magia, la idea que tenía del mar ha tomado otro cauce; ha llegado a residir colina abajo, donde la noche parece ser una bestia escalofriante a punto de parir incendios. Sucede que he cambiado dirección y número de usuario para el banco; que mi licencia para manejar se ha quedado de rehén detrás de una cortina, entre muros. Que la fe, aquella que me hacía robar el mar ya no da ni para colectar granos de lluvia, ya no da para enfrentar gaviotas. Y es que sucede, amigos, que ayer la pude ver horizontal por la mañana.


AUTORRETRATO Yo quise hacer figuras de papel cuando era niño. Quise bordarle a mi mamá alguna servilleta y dársela como muestra de amor un diez de mayo. Quise, mucho tiempo, mientras veía pasar mi juventud montada en potros de lumbre, acercarme a mi padre y robarle una sonrisa cuando juntos le sacábamos punta a los lápices y ordenábamos los libros. Pero nunca fue posible. No nací con el don de las manualidades ni con la capacidad de hacer reír al viejo más que en momentos, francamente, inoportunos. En cambio nací con magnetismo animal para los líos y una alergia descomunal para la escuela. Y fui el peor de la clase y al que golpeaban siempre a la salida. Fui el último en correr cuando los dos barrios se enfrentaron y el primero en recibir, en pleno rostro, el abaniqueo, casi mortal, de un tubo. De ahí que mi nariz desviada no sostenga correctamente los anteojos, de ahí que ronque y que mi ojo izquierdo, en ocasiones, se vea más cerrado.


Pero crecí y con el tiempo aprendí ciertas costumbres, ciertas reglas para vivir entre los hombre sin ser sombra de nadie. Y descubrí, en pequeñas bibliotecas mujeres hermosas que no se parecían en nada a la poesía que enseñaban en la escuela, y vi ríos y árboles que me conmovieron al grado de tener que bañarme en ellos. Y escuché tocar el piano a hombres raros y cantar a María Callas, y decidí salir a la calle e iniciar una pelea mientras en mi cabeza sonaba La Traviata. No he sido un buen hombre, nunca he esperado serlo pero hallé la belleza en senos espolvoreados con azúcar glass y mujeres que escurrían entre las piernas con sólo presentir el aroma del alcohol. Hallé la belleza y ella me halló a mí durmiendo bajo los húmedos azules del Centro Histórico. Sí, yo quise aprender a hacer manualidades, quise una novia y un balón de basquetbol en mi cumpleaños, pero a los veintiuno tuve un hijo y hubo que dejar para otro día los partidos. Sí, yo quise hacer reír a mi papá. quise visitar la playa y dedicarme a la poesía.

Poemas tomados del libro Cartografía del tiempo. Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2012. Dalí Corona. Fondo Editorial Tierra Adentro.


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RELATO

FLOR DE DURAZNO El golpe sonó sin compasión, cayó el primer muro de la vieja casa, una densa nube de polvo se levantó. El árbol de durazno se blanqueó de cal; resignado e inerte ante la caída del telón, pareció lanzar un gemido. El huerto fue desapareciendo después de que los viejos partieron, bajo las losas de un nuevo patio; solo un árbol quedó en medio de su redondel de piedras, parece que se ganó ese lugar, dejando que de él colgaran la piñata, los techados de lona, la jaula del pájaro. Aunque solo una vez dio frutos, nunca escuché a mi madre decir: “Vamos a tirar el árbol”. Lo cuidaba de la misma manera que a los otros. Un enero, el durazno, sorpresivamente se cubrió de flores, se veía más alto, como si una nube de tarde hubiese quedado atrapada entre sus ramas. Sus flores desbordaban los límites del jardín. Al empezar el verano, las flores no cayeron sobre la tierra, volaron al cielo como mariposas de nieve, dejando al descubierto brotes de verde inmadurez; luego, al paso de los días cálidos, abrazados a las ramas hasta el final del verano, sus frutos lograron ser sol. Mi padre cortó el primero, un enorme durazno, radiante. Parece que aún lo miro parado en el patio, con una luz cálida cayéndole sobre la espalda y posando con el fruto recién cortado sobre su mano. Hoy la casa pintada de flores, se cubre de gris: los últimos pétalos no irán al cielo, cubrirán sus sepulcros. Al desvanecerse la nube de tierra, se nublarán las imágenes y se extinguirán las luces del recuerdo. Los muros de la casa siguen cayendo. Al árbol, le toca mañana.

María Elena


PORTAFOLIO

KARINA GONZÁLEZ RESÉNDIZ

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Soy Karina González Reséndiz ó “Corpse”. Diseñador gráfico, vivo en Pachuca, Hgo. 22 años. Una de mis pasiones ya que son dos…(una es ilustrar) es la fotografía. No tengo el “título” de fotógrafa pero sí lo hago con el corazón, lo cual creo que es una de las cosas por las cuales me encanta tomar mi cámara y observar, sentir el momento, los colores, las formas, esa parte misteriosa e interesante que nuestro entorno refleja, mínimos detalles que capturo. Siempre he creído en el interior, en lo más profundo y obscuro de nuestro ser, en esa parte que nos proporciona un sin fin de sentimientos y sensaciones. No en todo momento me consideré buena fotógrafa, mucho menos digo que lo sea ahora; pero el intento se hace. Parte de mi inspiración son compañeros de viaje, amistades cortas, estados de ánimo, canciones, aventuras y experiencias que jamás creí vivir, de todo ello es que mis fotos están repletas. Mi trabajo en alto porcentaje se basa en fotografía blanco y negro (por lo tétrico que puede lucir algo en esta gama), usar exposiciones largas, contrastes bien marcados de claro/obscuro, ilustración/ fotografía, juegos de luz y, por supuesto, de sentir cada toma. ¿Qué quiero reflejar y provocar? ¿Cómo es que lo haré?. Muchas de mis fotografías son de lugares viejos y arruinados, pero también creo en los que están llenos de color y vida, en las situaciones o acontecimientos del momento, los cuales me hacen experimentar, jugar, sentir y que ya forman parte de las memorias que aquí presento.


POESÍA22

Celebración Busco hambriento la forma de tu silueta, destello de una espada bajo el sol. Sé que no eres sólo un presentimiento, sino mi aliento entrecortado, síncope en la hora del alimento, la espera se va yendo, fugaz y translúcida. Lo nutriente es tan fuerte, poderoso –a veces no da tregua-, arrastra el florecimiento, le da forma al pequeño brazo de la insaciable vida, habitante de lo insondable que viene de tus pechos, buscando resguardo en las oquedades de mis manos, hasta ahora sin sentido. En el desbarrancadero de tu sexo se sostienen firmes las horas de los paseos solares. Y ya no hay distancia que nos salve de ser otros, no existe manera de ser pasado, sólo espacio de los instantes que permanecen en los días aún no transcurridos.

Israel J. González S.


Lo ocurrido I Pensé que todo lo ocurrido entre nosotros permanecería en silencio. Esperaba que fuera difuminándose, pues el tiempo todo lo engulle. A él le place devorarnos, aunque a veces mastica con calma, haciendo esos días más prolongados, luminosos y uniformes. Sin embargo, lo ocurrido entre nosotros, no ha podido morir de una vez por todas. Aún pienso, no es posible. Acaso pueda lograr que ya no importe. Es probable que vuelvas a formar parte del mundo, y ser algo minúsculo en él. Pero un fantasma nunca es la muerte total, es sólo una intermitencia, algo no disruptivo. Una podredumbre. Y como tal, quedará un rastro, una mancha. Es decir, sin saber cómo, permanecerá la sensación de no ser libre del todo. II Últimamente tu presencia viene a despeñarse en mi lecho; es mi cansancio. Me recuerda el cementerio junto al camino. A veces paseo en su territorio para decantar tu ausencia, y sentir el beso de la luz que huye al ver los restos de otra vida convertida en piedra, a la sombra de los árboles, cuando el viento se mece entre sus ramas y las horas van dejando de ser cálidas. Sorprende saber que el tiempo juguetea entre las lápidas, llameando junto a nuestros pasos, agitando tu corona de serpientes enredadas en mi mano. Entiendo que hay un paso que no me atrevo a dar. III Estoy suspenso. Se extienden infinitos los extremos de las vías. Recóndita estación de tren.

Israel J. González S.


MAÑANA SERÁ UN DÍA MARAVILLOSO

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quizá sean un accidente la ojeada, la sonrisa y la manera en que te acomodas la ropa, cuando resulta más ridículo y más intolerable afuera, el naranjo conduce a las ardillas por sus laberintos, sus ramas, la miseria de hojas y nudos, el vértigo infinito de su copa abajo, adentro, ha caído la noche pero no prendemos la luz; ya es demasiado tarde para que vuelvas a tu casa, así que mañana despertaremos juntos, aunque sólo sea por accidente, y miraremos el naranjo como se mira ün incendio

RODRIGO CÍRIGO


25 DOSSIER


Luis Cernuda y su poesía en prosa Marco Antonio Meneses Monroy

De los poetas españoles de la generación del 27, Luis Cernuda —nacido en Sevilla en 1902 y muerto en México en 1963— es el que más atención ha merecido en los últimos años. El reconocimiento que con el tiempo ha adquirido el sevillano lo encuentro natural por la calidad de su obra poética. Cernuda comenzó a publicar poesía en 1927 con su libro Perfil del aire, mismo que después denominó Primeras poesías; éste fue escrito en verso. De hecho, casi la totalidad de su obra poética la realizó en verso, reuniéndola en su célebre libro La realidad y el deseo. Cabe señalar que incluso en La realidad y el deseo hay poesía en prosa como en el poema En medio de la multitud que finaliza diciendo “Me pesaba la vida como un remordimiento; quise arrojarla de mí. Mas era imposible, porque estaba muerto y andaba entre los muertos”. Respecto a la prosa poética de Luis Cernuda, parece haber consenso en que sus libros Ocnos y Variaciones sobre tema mexicano son libros de poemas en prosa. A mi parecer, mucho más poético resulta el primero que el segundo, a este último lo considero prosa salpicada de poesía y no por esto mala prosa sino al contrario, por ello en mi opinión Ocnos es el único libro de poesía en prosa de Cernuda. Ocnos construye estampas, vivencias de niñez y juventud del poeta. Respecto a este libro el propio Cernuda dejó escrito que la forma del poema en prosa como género literario “se impuso fatalmente a Luis Cernuda como adecuada y necesaria para sus recuerdos”. Ocnos es libro de madurez de Cernuda, pero en él muestra momentos mágico-cotidianos como aquel, en que el niño se asoma a lo poético. Dice un fragmento del poema La poesía: Entreví entonces la existencia de una realidad diferente de la percibida a diario, y ya oscuramente sentía cómo no bastaba a esa otra realidad el ser diferente, sino que algo alado y divino debía acompañarla y aureolarla, tal el nimbo trémulo que rodea un punto luminoso. Ocnos fue escrito en 1942 y a siete décadas de su escritura sigue siendo recomendable para entender experiencias comunes a muchos poetas e indispensable para comprender la infancia y juventud de Cernuda.


EXILIO, UN APUNTE AL PENSAMIENTO DE MARÍA ZAMBRANO Elizabeth Lira Lemus

Y mientras tanto el que se ha encontrado solo bajo la sombra inmensa del desamparo ante la inmensidad de la vida, sin sentir siquiera que la vida ande en esa inmensidad, se ha quedado así, así simplemente, no podría decir cómo ni por qué, ni el punto de partida en el forzado arranque de lo que fue patria, ciudad, casa, horizonte, paisaje familiar. Deja propiamente de ser desterrado para entrar a ser un exiliado. María Zambrano Los bienaventurados

La imagen más común del exiliado es su destierro. Es el hombre que ha cometido una infracción política o legal, obligado ha salir de su tierra, su patria. Pero, ¿es ésta la única forma de comprender el exilio? El exilio no se limita a la condición de castigo. A pesar de que María Zambrano fue una exiliada política, su reflexión respecto al exilio no parte del ámbito político sino del ontológico, es decir, existencial, porque señala la situación del exilio como la condición de posibilidad de trascenderse para cada individuo. En su libro Los bienaventurados la española liga la noción de revelación con la de exilio, siendo ésta última una categoría importante, no sólo en esa obra, sino a largo de todo su pensamiento filosófico. Primordialmente, este revelarse es un darse cuenta de la trascendencia de la existencia, este saber sólo se da a partir de la experiencia singular, lo cual en sentido estricto, es la visión del exiliado. La revelación pone al descubierto el ser del hombre, a través de una mirada que se desdobla —desde el hombre—, para verse a sí mismo escindido. Para Zambrano, escisión es estar en eterna lucha. Ella sostiene que el ser humano se encuentra dividido entre su simple vivir terrestre y su origen, porque nunca se encuentra lo suficientemente lejos o cerca de ellos dos. Esta revelación es poder mirar la existencia del hombre no escindida como sueño, es descubrir el encantamiento; deja al ser humano desprotegido ante la realidad, ante su condición. En este despertar, el hombre se mira fuera, y se da cuenta que siempre se ha encontrado en el exilio. Cuando se desvanece ese ensueño, el hombre se encuentra abandonado a la historia, al mundo, a la existencia. En efecto, el sentimiento de vulnerabilidad, de no tener origen, es el abandono que deviene de esta fatal visión. El ser humano siempre intenta ocultar este ‘sentir originario’ en donde las cosas hieren, lastiman, donde son extrañas. Necesita sentirse seguro. El ‘sentir originario’ es la soledad, el desamparo absoluto que impulsa al ser humano a buscar asilo, refugio, a encontrar el resguardo. No hay arraigo, tampoco raíces que detengan el andar errante del hombre. El exiliado político o desterrado es un hombre que se ve obligado a dejar la patria, es decir, el lugar en que nació. Éste habrá de llegar a un país, a una patria nueva y extraña, a la cual podría llegar a abrazar como propia. De acuerdo con Zambrano ―en el exilio político―, sólo es posible sentir la expulsión y no el abandono. El desterrado visualiza un punto de llegada, una nueva tierra que no es del todo desconocida. Él llegará a habitar un nuevo sitio y lo irá conociendo poco a poco tal vez hasta familiarizarse. Todo esto resulta lejano en la condición de exilio, ya que, no se resuelve con la llegada a una nueva tierra. La expulsión hace patente la carencia de un lugar, de un sitio, es decir, de un lugar geográfico. El destierro si puede delimitarse o describirse por encontrarse fuera de un espacio determinado, esto es, la patria, un país. La patria puede considerarse como un azar, como una casualidad que se origina con el lugar de nacimiento, pero, esto no la hace la patria verdadera, la propia. El desterrado anda en busca de una nueva tierra, el exiliado busca algo más.


El exiliado tiene ansia de llegar a casa, a su casa. El hogar es el espacio que se reconoce como esencialmente propio. Sin embargo, él sabe que esta necesidad es una condena, una búsqueda incansable. Es la utopía del exiliado: su propio lugar, la patria verdadera, un espacio en el que no se sienta ajeno, y, esto es, una imposibilidad, porque la caprichosa circunstancia del hombre es no tener lugar propio y fijo, sino el inventar caminos para recorrerlos. Los pasos que se dan durante la vida nunca son suficientes para llegar a casa. En este andar existen sólo dos alternativas, se reafirma o se renuncia. No hay dirección ni ruta a seguir, no hay ninguna razón lo suficientemente grande e insignificante para tomar un camino y dejar otro. El horizonte es la nada. No hay algo hecho aún y todo está por hacerse. El exilio es estar en el camino. La autora de El hombre y lo divino habla del exiliado como el desenmascarado, el desconocido. En el exilio el hombre no tiene rostro, patria, familia, es alguien que no se identifica, es aquel que anda tras de sí. Ninguna máscara, ningún rostro es definitivo, todo perece. Es devorado por el tiempo, por la historia. ¿La identidad está pérdida o nunca se tuvo? Aquel que no siente el exilio carece de la pasión con la que vive el exiliado. Y la única diferencia entre ambos radica en la experiencia de la revelación, en la vivencia de un momento en que uno se siente ajeno a sí mismo, convirtiéndonos en un segundo en desconocidos. La realidad no puede ser una adecuación. El hombre en su ser más propio jamás está acabado y la realidad siempre es una construcción de su propio ser. La finitud humana es la que determina el sentido. El hombre no es un ser dado, se hace. La impericia de develar aquello que está más allá de nosotros es gracias a la insuficiencia, al faltante que hay en la entraña humana. El exilio es estar en la inmensidad de la nada, teniendo un desierto como horizonte. Un desamparo absoluto, no hay punto de orientación porque no se es nada, únicamente un desconocido. No hay patria, no hay familia, no hay casa. El exilio es la condición humana que todos los hombres padecen. El destierro, la emigración, el desamparo, el desarraigo, se originan gracias al exilio, a la ausencia de patria. La profundidad de la idea de emigración es producto de la revelación, donde descubro la tierra como tierra y no como patria. Estoy desamparado porque no hay nada que pueda sostenerme, todo puede ser y no ser. No existe asidero. Aquello que busca el ser humano en la vida es su propia identidad, su rostro, es decir, su ser. Es aquí donde la propuesta de esta pensadora exiliada cobra sentido. La razón-poética es la razón en la que el hombre se comprende y se crea a sí mismo en medio de la nada, en libertad.


León Felipe: poesía que palpita Paul Olvera

El poeta es carne encendida nada más. Y la poesía, una llama sin tregua. León Felipe. Prometeo, III. «Ganarás la luz» 1965, León Felipe publica ¡Oh, este viejo y roto violín!, último libro suyo que verá editado. Los temas centrales de esta etapa son reflexiones sobre el tiempo, el sueño y la muerte. El poeta se contempla hombre decaído al pertenecer a una estirpe humana tan efímera y soñadora, tan desgastada por la injusticia, el destierro y el desasosiego ante un bienestar que, por lo visto, nunca vendrá. Tres años más tarde, el mundo a través de las drogas y los jóvenes tratará de abrir paso a las expectativas de un mundo más humano, mejor; aunque embadurnado por la ignorancia e inicua situación en que los estudiantes se enfrentarán al sistema. Ese año muere León Felipe, quien parece llevarse consigo los últimos resquicios de una voz que buscó siempre la equidad humana, la justicia universal y el porvenir de todos. Eso ya no importa hoy, nadie sabe lo que realmente esas frases representaron para un hombre que realmente amaba a su patria y a su condición humana.

Su Antología rota (1947) es el libro que llegó a la mayoría de sus lectores. En él encontramos Versos y oraciones del caminante (1920), Drop a star (1933), donde las influencias de Walt Whitman, Antonio Machado, Miguel de Unamuno y T. S. Eliot se fundieron con un modelo expresivo inspirado en la Biblia; El payaso de las bofetadas y el pescador de caña (1938), y El hacha (1939). Posteriormente serán añadidos los poemarios España e Hispanidad (1947) y El ciervo y otros poemas (1958), este último un canto elegíaco provocado por el fallecimiento de su esposa. Todos su poemas hablan de lo que acontece en su interior y en su entorno, suben como remolino por las cañadas abruptas del padecer humano y buscan las cumbres de vientos intensos que muy pocos pueden soportar. Su voz es álgida, un trueno que critican porque procede de un exiliado. Pero León Felipe se defiende al decir que él habla desde la dignidad humana, lo que pide no es más que lo justo para cada hombre. Uno de sus poemas más sentidos es Autswich, en el cual manda a callar a los poetas mayores Dante, Blake y Rimbaud, quienes habían escrito sobre infiernos que estaban muy lejos de lo que pasó en Auschwitz, en la Segunda Guerra Mundial, con un niño en el escenario y una desgarradura en el espíritu del hombre. Ahí sabe León Felipe que pudimos aprender a ser Humanos, con mayúscula, pero que por azares diversos perdimos la sensibilidad de todo aquello.


Al leer a León Felipe uno se da cuenta de que la poesía no es música, sentido o imagen, sino esencia humana que palpita en cada palabra. Tomemos, por ejemplo, su poema más conocido: ¡Qué lástima! El poeta describe parte de su vida carente de sentido universal e histórico al no tener una patria; sin embargo, su condición artística lo obliga a cantar sobre cosas que no tienen aparente importancia, aunque nos platique de lo que pasa con la gente común de ese pueblo de la Alcarria o de la niña que iba a la escuela de tan mala gana pero que ya no pasa por su ventana, pues ha muerto y él ha visto pasar el cortejo fúnebre una mañana. En su poema Drop a star remite su experiencia del mundo a una esperanza que ha sido robada en forma de estrella por un pez; sin embargo, un marinero tiene una estrella en forma de esperanza guardada en su bolsillo y debe arrojarla para que el mundo siga su perfecto destino. Este poema muy musical, pues integra a la poética española el uso de una frase inglesa en la estructura del poema, se guía por esas peticiones que en forma de oración hace el poeta al marinero humilde que tiene en sus manos la forma de sanar al universo, por eso le demanda: ¡Drop a star! Es importante hacer notar que desde su primer libro, la experiencia humana que León Felipe va teniendo a lo largo de su vida es lo que va a moldear las temáticas y formas de su poesía, la cual irá desde la oración y el versículo hasta la prosa contestataria ante la injusticia cometida en la guerra civil española, causa primera de que se haya exiliado voluntariamente a México en 1938 para nunca más regresar a su patria, aquella España donde no hay más que polvo. Respecto a esa España que León Felipe abandonó, su poemario El Hacha nos da la perspectiva desde la que el poeta la juzga: una tierra que se olvida, se engaña en aras de una supuesta idea concebida por el orden y la religión impuestos por el general Franco y la iglesia católica. Es común encontrar la referencia al llanto, pues el poeta comprende que es imposible luchar contra las fuerzas que moldean con alevosía los destinos de los pueblos. Sus críticas a Inglaterra, a los banqueros y eclesiásticos se encuentran ahí y en sus poemarios El Poeta Prometeico y El Poeta Maldito, en los cuales alza la voz para desnudar las estructuras que hacen valederas las mentiras que aquellos humanos repudiables cuentan para sostenerse en el poder, algo que León Felipe veía tan claro a pesar de que nuestros contemporáneos no vean más que niebla y un maniqueísmo patético impuesto por la moral retrograda que representa el entertainment actual y legitimado por la mayoría de las religiones. Esta es una razón por la que la blasfemia y las oraciones se unen en su poesía, pues sabe que existe lo sagrado que debe y merece ser glorificado, mientras el orden moral e institucional de las religiones y los malos gobiernos es lo que pudre al espíritu del hombre que no puede llegar a un ser sueño, sino sólo cuento. El reconocimiento que muchos creen que León Felipe merece no se ha obtenido, principalmente en España que parece haber olvidado a su poeta profético. Sin embargo, en el mundo actual no es extraño que un poeta como él no sea frecuentado, ya que los temas que aborda son sobre valores humanos, tristezas y derrotas universales, esperanzas que no salven sólo a uno, sino a todos. El egoísmo de este siglo es un impedimento para comprender al poeta, que nombrándose prometeico, buscó crear una nueva consciencia de humanidad a través de sus lágrimas en forma de poemas. Un signo… ¡quiero un signo! es un poema en forma de canto repetitivo que nos habla de nuestra fragilidad existencial, de lo que es la historia en la que estamos inmersos, pues todo es un cuento. El poeta está harto de escuchar esos cuentos, pues aunque no sabe mucho, sí ha viajado lo suficiente como para darse cuenta de que el ser humano padece de las ansias de engaño que le dan, la mayoría de las veces, el suficiente sentido a la vida para seguirla soportando. No es raro que el poeta entienda esto antes que el filósofo, pues él trabaja con las palabras y sabe lo que son, un viento que nos acaricia y nos susurra su olvido para seguir dentro de una existencia tan encomiada al orden que ha instituido la sociedad a través de las estructuras de pensamiento que representan el lenguaje. Sin embargo, el poeta tuvo un sueño y sabe que los sueños son más importantes que los cuentos, pues estos últimos son invenciones para confundir o hacer actuar a la gente mientras que los sueños son pequeñas realidades que huyen del mundo y pueden ser tocadas en los páramos de la locura, el dolor o la esperanza.


El gusano que quiere andar por los vientos es el deseo que ve el poeta en esos espacios oníricos y nos comparte como prueba que a veces es más bello sentir lo que se sueña que creerse ingenuamente las mentiras que a través de los cuentos se nos describen. El sueño deviene en infinito porque representa el deseo que tiene dentro cada uno de nosotros. Es un tópico muy frecuente en su poesía el Viento, con mayúscula, porque es quien dirige destinos, poesía y universos. Muchos han querido ver algo en aquel Viento, fuente de todo según la poesía de León Felipe, ya que lo vemos creador de poemas, de ilusiones, de olvido y de la cotidianeidad en forma de eterno retorno que el poeta nos pinta como un cuento más, un cuento duro y real representado en la noria de la que a veces nos habla. La historia se repite, el ser humano lo puede evitar; sin embargo, está embotado en sí mismo, debe pensar primero en lo social para eliminar todo rastro de acto repetitivo. El punto más álgido en la poesía de León Felipe se encuentra en su libro El Ciervo, donde nos da la definición más certera de Hombre que le tocó ver, ese hombre que fue la semilla podrida de un sueño, que nunca germinó. Finalmente, en su poema La Palabra se encuentra el germen de una plegaria al Dios que existe, o podría existir, aquel que parece confundirse con el viento de los sonidos que huyen por nuestra boca, con las palabras que son para el poeta ladrillos que deben formar la más alta torre:

Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo, el último ladrillo… la última palabra, para tirárselo a Dios con la fuerza de la blasfemia o la plegaria… y romperle la frente… A ver si dentro de su cráneo está la Luz… o está la Nada.


RESEÑA

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The Cement Garden: La odisea de una perversión

¿Quién no ha deseado que las manos de las circunstancias lo llevasen a cometer incesto? ¿Quién no ha querido que sus tendencias homosexuales fueran justificadas por las casualidades que las forjaron? ¿Quién no ha deseado ser cómplice de un secreto que pudiera salvar a todos de las perversiones que provienen de un perder todo lo humano y moralmente posible? La película The Cement Garden (1992), dirigida por Andrew Birkin y basada en la novela homónima de Ian McEwan, hace las preguntas necesarias para tratar de comprender lo que llevan atadas al brazo las circunstancias que definen los actos, que algunos genios llamarían con justificación perversos, de la vida de sus personajes. Un grupo de hijos quedan huérfanos, exiliados en su propia casa, ya que no pueden dar aviso de que su madre ha muerto por temor a ser separados. Jack, el personaje principal y segundo hijo del matrimonio, tiene 15 años y al ir descubriéndose sexualmente a través de la masturbación deja solo en una tarde a su padre, quien está arreglando el jardín trasero. El padre muere de una enfermedad cardiaca debido al esfuerzo hecho al tratar de mejorar el aspecto de su jardín y la madre lo alcanza a la tumba después de una terrible depresión que la había sumido en una melancólica cama. Pero desde tiempo atrás Julie, la hija mayor, y Jack suelen jugar con Sue, su hermana menor, a que ella es un extraterrestre que debe ser examinado por ellos. La desnudan y tocan mientras hablan en un lenguaje con acento germánico. Tom desea que quien yazca sobre la cama fuese Julie en vez de Sue. Al finalizar esas sesiones de juego, casi siempre Jack va al baño a masturbarse pensando en que es Julie quien se deja tocar sobre la cama mientras él examina la abertura mojada de su sexo.


La relación de hermanos de Jack y Julie se ve fracturada porque en una tarde él decide entrar vestido de astronauta a su cuarto mientras ella hace su tarea. La amenaza en broma con sus palabras con acento germánico mientras ella se arrincona cerca de la cama. Jack se aproxima lo más que puede y le empieza a hacer cosquillas. Julie se deja llevar por los dedos de Jack que la hacen reír en exceso. Él resbala sus manos por la cintura y el vientre de ella; sin embargo, el sonido húmedo de la orina se hace presente, Julie no pudo contener la emoción que yace escurriéndose sobre el suelo. Jack sólo pide disculpas mientras ella lo corre de su habitación. Al salir del cuarto, Sue y Tom, el hermano menor, le preguntan a Jack que qué ha pasado, pero él sólo los evita. Es el cumpleaños de Jack. El padre ha muerto, la madre yace en la cama con su melancolía carcomiendo poco a poco sus años. Celebran este día dándole cada quien algo a Jack: Sue le da un libro, su madre una tarjeta, Tom un carro de juguete, Julie lo regaña. Además, cada quien hace algo para la fiesta que celebran muy magramente en el cuarto de la madre: Sue hace el jugo, su madre el pastel, Tom los hace reír, Julie té; sin embargo, se le pide a Jack que haga algo, que cante Greensleeves, una canción que le hizo ganar un concurso cuando él tenía diez años. Se resiste, piensa que es estúpido que en su fiesta de cumpleaños número 16 cante semejante canción para niños. Julie lo coacciona mediante una parada de manos que hace, pues Jack se enciende al ver como la pequeña falda de su hermana se desliza mientras ellas está de cabeza y deja ver sus piernas juveniles y sus bragas blancas que ajustadas a su sexo parecen un monte donde se ahogan atardeceres. Como por un instinto divino, Jack empieza a cantar, con sus ojos tomando las palabras que parecen venir de lo que esconde la ropa interior que trae su hermana. Todos aplauden a Jack cuando termina la canción. Julie le agradece que lo haya hecho. Julie, Jack y Sue están en el cuarto de la madre, su cadáver yace sobre la cama. Julie se acerca a la cabecera y le tapa con la cobija su cara, pero los pies de la madre se descubren, por lo cual Sue jala la sábana para taparlos. Pero está no alcanza y empiezan a jalarla para ambos lados mientras sus risas se hacen presentes en la penumbra del cuarto. Tom llega y quiere saber el porqué de las risas. Los hermanos mayores lo tratan de ahuyentar, de que no vea el cadáver de su madre. Sin embargo, él se lanza sobre la cama haciendo que el cuerpo rígido se deslice y choque con la mesa de noche que tiene a lado. Tom comprende lo que le ha pasado a su madre y sale huyendo, Sue va detrás de él. Jack tiene la idea de arrojar el cuerpo sin vida de su madre a un armario de metal lleno de cemento para que nadie lo encuentre, para que nadie sepa que no tienen padres y los separen. Julie lo ayuda a preparar toda la mezcla para emparedar a su madre.


Hay cemento en abundancia porque antes de que el padre muriera había pedido varios bultos para así poder arreglar el jardín trasero, algo que lo llevó a morir. A la hora de bajar el cuerpo al sótano, Jack parece dudar, pero Julie lo reta y al final lo llevan arrastrando por la oscuridad de noche que hay en la casa mientras sus hermanos duermen; abajo los espera el ataúd de cemento en que yacerá por siempre su madre. La vida no es fácil ahora que sólo viven ellos en la casa. Son vacaciones, todos se tiene que ver diario. Jack suele mojar la cama de vez en cuando. Julie y Sue se hacen cargo de las compras y de mantener la casa en orden. Tom se la pasa jugando con un amigo por las zonas abandonadas de ese vecindario donde se suponía que sería construida una autopista. En una tarde Jack baja al primer piso y ve como Julie y Sue están arreglando a Tom, quien trae un vestido de niña y una peluca rubia que le dan un toque profundamente femenino. Tom al sentirse indefenso reclama el lugar que las mujeres tienen, pues a ellas no les pegan en el colegio y parecen tener una vida más relajada. Jack mira con extrañeza a su hermano menor quien con sus nueve años piensa ser por siempre una mujer.

Derek, el novio de Julie, es quien entra para hacerse cómplice de lo que pasa dentro de aquel hogar donde descubre, un mediodía cuando lo invitan a comer, lo inusual de ver a la mesa cuatro hermanos tan extraños: Jack, apático y sucio; Sue, condescendiente con lo que dice Derek; Tom, vestido de niña; y Julie quien lo llevó para que todos lo conocieran. Jack se siente dolido porque desde hacía tiempo se enteró sobre lo del novio de Julie cuando le preguntó sobre unas botas muy caras que había en casa. Julie sólo le dijo que habían sido un regalo y cuando Jack fue a reclamarle a su cuarto, ella salió y en la puerta lo besó ligeramente de una manera tan provocativa que Jack quedó de pie ahí, sin poder alzar ninguna palabra. Con todos los personajes en el escenario podemos darnos cuenta del universo que nos muestran Andrew Birkin e Ian McEwan en su gran obra. Derek funge el papel de la razón moral que busca ser cómplice para sentirse parte de un mundo en desorden que pueda con su gracia ser salvado; Jack es el espíritu indiferente que siente el dolor de la pérdida, mas es capaz de resistir a sus deseos de tirar todo por la borda; Julie pertenece a los páramos de las ninfas que juegan con los anhelos escondidos de cada fauno que ven reposar sobre el río de los recuerdos; Sue, quien ha empezado escribir un diario desde que murió su madre, forja la verdadera imagen del escritor que ha perdido todo por el destino y que sólo tiene palabras para argumentar frente a un muerto, su madre, algo que a nadie le importa y que ella nunca podrá escuchar; finalmente, Tom se ha convertido en la flor indefensa de la historia, quien decide cambiar su rol de niño por el más cómodo de mujer dentro de una sociedad que parece respetar únicamente a los débiles.


Las circunstancias han creado a la perversión, la verdadera perversión que se crea a sí misma como una respuesta a los impulsos del exterior, a las casualidades que vislumbran soles donde otros pueden ver simplemente obscuridad. Por eso, los personajes de The Cement Garden entran dentro de la definición de perversos en el sentido cómo la perversión es definida por Julia Kristeva en su gran obra sobre Louis-Ferdinand Céline, Los poderes de la perversión, ya que ésta es la ley que crea aquel que sabe que la moral no basta para satisfacer o justificar su magra existencia.

Lo que sigue en esta obra es la lucha para evitar que los secretos escapen, es el ocultar el cuerpo de la madre para que no sea descubierto a pesar de que Derek pregunte sobre el olor nauseabundo que proviene del sótano. Tom juega mientras tanto con su amigo a ser Julie y Jack o Julie y Derek a la par que usa su peluca para seguir en su rol femenino y así sentirse protegido en aquellos espacios tan llenos de escombros, basura y desolación que son el vecindario donde viven. Sue escribe en el sótano las memorias de un diario que su madre nunca podrá leer aunque estén dedicadas a ella. Julie es la cortesana que guardará hasta el último momento los secretos sobre su relación inverosímil con Derek, su atrevimiento a seducir los deseos de Jack que en una mañana soleada se verán encumbrados por los reclamos de Derek cuando los vea a los dos desnudos sobre la cama de Julie, ella virgen y extraña; él, furioso y huyendo; y a Jack como prometeico ser humano recibiendo la luna que Julie le otorga en esta ocasión tan esencial que es ser víctima de las circunstancias y casualidades que han moldeado todo.

Isidoro de Campos


Exilio español en México  

Exilio español en México. Ensayos sobre Luis Cernuda, León Felipe y María Zambrano.