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Año 1 Número 2 2012

El Comité

Revista de difusión, crítica y creación literaria

1973

-Agustín Cadena Entrevista y poesía - Ensayo De placeres y amores -Reseñas Shame

Sopor Aeternus & The Ensemble of Shadows

Deseo. Sexo. Literatura.


Editorial. Nuestros deseos sexuales ocurren y discurren bajo un sombrío cobijo, que en muchos casos creeremos que es la noche, pero nos equivocamos. Estos deseos los cubrimos cálidamente en secretos, placeres, amores, irracionalidad y adicción. Están presentes en cada uno de nosotros, a cada hora, inmiscuidos en el actuar, pensar, se diluyen tenue pero eficazmente en el lenguaje y nuestro escribir. Así que todo lo podríamos resumir en tres palabras: Deseos, sexo y literatura. En éste segundo número, la revista “El Comité 1973” ha decidido abordar estos deseos de manera que nos puedan llevar a las puertas de nuestros más profundos sentimientos o mostrarnos sutilmente nuestra vulgaridad, animal, al ser participes de ellos. Así que por medio de distintos espejos, presentados a ustedes como literatura, podremos experimentar una de las tantas situaciones que nos concede la sexualidad. Viraremos en torno de la moral, que nos ahuyenta de ella en lo público, pero que nos seduce y nos domina hasta el éxtasis en lo privado. Sondearemos nuestra más oscura lascivia, protegeremos secretos y expondremos al humano en la debacle de una adicción carnal que nos hace preguntarnos: ¿Qué hace este deseo en nosotros? Nos lleva a lo más excelso de la existencia, tanto de no ser más entes carnales, o nos rebaja a una infame vacuidad. No todo trata de esto, querido lector. La revista, también, presenta nuevas secciones, como la de entrevista que en este número se le ha realizado al gran escritor Agustín Cadena, quien nos permitió vislumbrar parte de lo que ocurre detrás de las letras. Además, inicia con la sección de portafolio en donde la vida se representa a manera de trazos e imágenes. Así que, sin otra distracción, le dejo que se sumerja en sus más oscuros deseos, pero si su moral se lo impide, le ruego se deje seducir por alguno de los aquí expresados. Me despido de usted, por ahora, porque yo he de cubrir los míos en el suave arropo del alba. -El editor fantasma.

Comité colaborador. Agustín Cadena Daniel Castillo del Razo Isidoro de Campos Rodrigo González Luis Martínez Rivera Marco Antonio Meneses Monroy Paul Olvera Timo Viejo


El Comité 1973.

Índice. De placeres y amores

Ensayo:

Entrevista: Agutín Cadena Poesía Pavura / Lapidaria / Mujer adúltera Cleopatra Reseña literaria: Salvador Diaz Mirón. Poeta erótico No matter how it ends

Portafolio

Relato: Una tarde en el parque con Sade y K El secreto El pollo Saltarín

Ficción:

3

Dirección General. Rodrigo González

7

Editora General. Paola Rivero

12 18 16

Reseña Cine: Shame / Deseos Culpables

Contacto, colaboraciones y publicidad. elcomite1973@gmail.com Facebook. /ElComite1973

Editores de Sección. Daniel Castillo del Razo Isidoro de Campos

20

Portafolio: Luis Martínez Rivera

26

a. Cefalópodo. b. No matter how it end. c. … analyse. d. Little talks. e. So knives out. f. árbol no. 3 g. Dodo. h. Until my head comes out.

24 26

Reseña Música.

Sopor Aeternus & The Ensemble Of Shadows

Editor de Arte. Luis Martínez Rivera

29 32

Portada. Luv Sic No. 6. Ilustración textos De placeres y amores El retrato El secreto Nuestro Secreto El pollo saltarín El pollo Forros Forced (Want more of this) Por. Luis Martínez Rivera.


3 E N S A Y O

DE PLACERES Y AMORES Daniel Castillo Del Razo

L

a relación que existe entre el amor y el sexo ha tratado de ser explicada y ejemplificada por el hombre moderno a través de innumerables maneras. Tratándose de conceptos tan simples para algunos pero tan complejos para otros, a veces pareciera que no tienen nada que ver, aunque otras tantas, es imposible concebirlos de manera disociada. Por ejemplo, el sexo puede ser el principio del amor, o viceversa, depende del grado de disposición y moralidad de los involucrados. Esta misteriosa relación también ha tenido un lugar importante en la literatura, siendo abordada por escritores como Giovanni Boccaccio. Italiano de nacimiento, de noble formación intelectual y autodidacta. Boccaccio vivió en una época de disfrute. Inmerso en una sociedad cortesana ávida de placer en la que predominaba la vida alegre, el hedonismo y los excesos, supo cómo trasladar ese contexto a su obra literaria, de la que, por cierto, no se tiene un registro espacial exacto. Sin embargo, sí se puede afirmar que en la mayoría de su producción predominó un tema que seguramente le despertaba admiración y obvia curiosidad: el amor. Y es precisamente éste el que da vida a “El Decamerón” su más famosa obra, que se cree, surge después del romance que sostuvo con la hija ilegítima del rey Roberto de Anjou, una relación de cálida pasión y cierta ligereza, en la que los protagonistas, más allá de los dos amantes, eran las traiciones y los celos. Una vez acaecida la ruptura con su dama, se piensa que Giovanni Boccaccio encontró inspiración suficiente y, entonces sí, desahogó su frustrado amor a través de las letras. Escrito entre 1348 y 1353, El Decamerón es una obra compuesta por cien cuentos que funcionan como entidades narrativas autónomas y que son hilados a través de una historia en común.


Ante la amenaza de la peste italiana de 1348, cuenta el autor, diez jóvenes —siete mujeres y tres hombres— deciden retirarse a una villa alejada de su ciudad, Florencia. Entonces, entran en un periodo de enclaustramiento en el que, para pasar el tiempo, realizaban actividades de esparcimiento que involucraban baile, juego, música y también literatura. Así, El Decamerón reúne los cuentos narrados por estos jóvenes en un periodo total de diez días. Con un estilo que funciona como reflejo fiel de su época, Giovanni Boccaccio muestra en El Decamerón, esa siempre cuestionable relación entre el amor y el sexo. Los personajes de sus cuentos aman, sin duda alguna, pero lo hacen de una manera poco usual, confundiendo el sentimiento con el placer carnal. Así, se nos muestra a monjas que hacen todo por poseer al jardinero de su monasterio, hijas de reyes que tienen relaciones sexuales con más de ochenta hombres, mujeres insatisfechas que deciden escapar de casa para buscar placer en otro lado, caballeros que son el centro de deseo de su villa, entre muchos otros casos. Aquí, lo interesante es la identificación que El Decamerón puede sugerir con las relaciones contemporáneas.


A pesar de la elegancia con la que toca las situaciones sexuales —«“…trabajaron mientras las piernas les sostuvieron y bien se divirtieron»—, nunca se hace una declaración de bajo nivel literario en la que se hable de manera despectiva del sexo, que, algunas veces, perfectamente se disfraza de amor ante la formalidad de las relaciones que mantienen los personajes de los cuentos. ¿Qué asegura, tanto en El Decamerón como en la vida real, que ante un título de relación hay, ante todo, amor? Giovanni Boccaccio tal vez se hace esa misma pregunta, que inteligentemente responde desde el lado más animal y humano posible. El beneficio corporal y fisiológico es buscado por los personajes sin importar la situación social o cualquier compromiso previamente adquirido. Hay un evidente hedonismo, que si bien, no es juzgado directamente, sí es representado de la manera más liberal y cínicamente posible. Y no es que el expresar libremente los deseos sexuales sea malo, al contrario; sin embargo, si éstos se expresan de manera aislada sin “amor”, la sociedad desvirtúa todo el concepto. Por ejemplo, en “La respuesta de doña Filipa a su señor esposo” se habla de una ley durísima, que mandaba a que fuera quemada viva cualquier mujer que fuera hallada en adulterio por su marido, además de todas aquellas que por dinero se relacionaran con hombres. Filipa, una bella doncella, se enamoró irremediablemente de Lazarino de Guazzagliotri. Su marido, Rinaldo de Pugliesi, los embaucó en su propia alcoba, por lo que, como respetable ciudadano que era, se apegó a la ley y la demandó por sus adúlteros actos.

La dama, finalmente, confesó que sí era culpable de la acusación, pero antes de aceptar

cualquier veredicto por parte del tribunal que la señalaba, se defendió: “...antes de que proceda a juzgar nada, le ruego que me conceda una pequeña gracia, y ésta es que pregunte a mi marido si yo, cada vez y cuantas veces él quería, sin decirle nunca que no, le concedía todo de mí misma o no”. Rinaldo, el esposo, asintió, dando la respuesta que ella necesitaba para continuar su defensa:


“¿Qué debía hacer yo con lo que me sobra? ¿Debo arrojarlo a los perros? ¿No es mucho mejor servírselo a un hombre noble que me ama más que a sí mismo, que dejar que se pierda o se estropee?” La gente que presenciaba el juicio vitoreó la respuesta, y ante la presión, el tribunal la absolvió de todo cargo, y la amorosísima dama pudo regresar a su hogar, sana y salva, a seguir repartiendo todo el amor que su dichoso ser albergaba, no importando a quién ni cómo.

Leer El Decamerón es una actividad disfrutable en exceso, precisamente por el tratamiento que se le da a esa inexplicable dualidad entre el sexo y el amor. Como ya mencioné, los personajes de Boccaccio —como Filipa— aman, pero lo hacen a su manera. ¿Por qué no hacer lo mismo fuera del mundo literario? Combinar el placer y el deleite con la fidelidad y el honor puede ser una cosa difícil de lograr. Hay ciertos individuos que, por formación o vocación, respetan la anterior fórmula y la cumplen hasta el final de sus días. Sin embargo, puede haber otros que no hayan nacido para alinearse a lo establecido, amando y deseando, entonces, a su muy peculiar manera. En fin, placeres y amores —entrañables o sexuales—, tal y como nos lo muestra Boccaccio, siempre ha habido y siempre habrá. Mientras desciframos qué elemento depende de otro o cuál es —o debe, según la sociedad— ser más importante, disfrutemos y amemos, de cualquier manera, cínica o recatadamente, pero hagámoslo.


7

AGUSTÍN CADENA Escritor; ensayista, traductor, narrador y poeta.

Nació en Ixmiquilpan, Hidalgo, en 1963. Ensayista, narrador, poeta y traductor. Estudió la licenciatura en letras y la maestría en literatura comparada en la FFyL de la UNAM. Durante doce años fue catedrático en la licenciatura de letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue profesor de la Universidad Iberoamericana y del Austin College de Texas. Actualmente imparte clases en la Universidad de Debrecen, en Hungría, donde tiene también un taller de creación literaria. Traductor de C.M. Mayo, Charles Bukowsky, Wendolyn Brooks, Amy Lowell, Langston Hughes y Maureen Freely Ha sido colaborador de UnomásUno, El Día, Excélsior, La Jornada, Los Libros Tienen la Palabra, Periódico de Poesía, Siempre!, México Desconocido, Momento, Blanco Móvil, Cabañuela, El Nacional, Plural, Punto de Partida, Reforma, Revista Universidad, Tierra Adentro, Revista de la Universidad Pedagógica Nacional, Summa, El Suplemento, Utopías, VozOtra y otras treinta revistas y suplementos de México, Estados Unidos, Gran Bretaña, España y Hungría.

Becario del INBA en ensayo, 1990, y del FONCA, 1992. Becario de residencias artísticas en Canadá (2001) y en Venezuela (2004). Tutor de Jóvenes Creadores del Fonca 1997-2000. Premio Nacional Universidad Veracruzana 1992 en ensayo y narrativa. Premio de los Juegos Florales de Lagos de Moreno 1998. Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada 1998. Premio Netzahualcóyotl del Gobierno de Hidalgo 2000. Premio Timón de Oro 2003, Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí 2004, Premio Nacional de Cuento José Agustín, 2005, Premio Estatal de Poesía Efrén Rebolledo 2011, Premio Sexto Continente 2012 de relato histórico (España).


ENTREVISTA Realizada por Timo Viejo.

Bien Agustín, para comenzar ¿Podrías contarnos algo sobre ti? Soy hidalguense, tengo casi 50 años, vivo la mayor parte del año en Europa, doy clases de literatura, talleres de creación literaria, que es lo que hago en mis tiempos libres, porque lo que en realidad es mi trabajo es escribir, y eso es lo que hago la mayor parte de mí tiempo. Agustín, alguna vez mencionaste que el escribir era sólo para los infelices ¿Cómo podrías explicar esta frase? Por lo menos cuando uno empieza. Yo creo que para que uno realmente se interese en escribir, necesita una serie de condiciones adversas. Tener una vida cómoda o demasiado feliz se vuelve un obstáculo, cuando era joven y feliz, no me interesaba la escritura, me parecía perder el tiempo encerrarme a escribir en lugar de estar disfrutando de mi felicidad. Cuando uno va madurando, sobre todo cuando uno se hace un profesional de la escritura, ya no se puede escoger, seas feliz o no, debes dedicarle horas al día o a la semana a la escritura. Entonces, la disciplina determina que la escritura sea independiente de la felicidad o infelicidad de uno. Tus influencias son variadas desde Dickens hasta Bukowski. Muchos de estas son escritores que tienen o se perciben pesimistas ante la vida, pero también has mencionado que un escritor debe amar la vida. ¿Cómo podrías explicar esta posible incongruencia, ya que has dicho que la escritura de Bukowski llega a reflejar ternura y que otras letras, que a nuestro entender son pesimistas, muestran un gran apego por la vida? El amor a la vida y el pesimismo no son incompatibles. Se puede tener amor a la vida y ser pesimista. Bukowski, Dostoievski, Kafka, ellos eran muy pesimistas y le tenían amor a la vida, de hecho, creo que los pesimistas le tuvieron mucho amor a la vida y por eso son pesimistas, porque en algún momento esperaron mucho de ella y la amaron, les hubiera gustado que fuera de otra manera y como no lo es, su mecanismo de defensa fue o es el pesimismo. Creo que esto es necesario en un escritor, porque uno sólo puede conocer aquello que ama, y el escritor puede ser un bueno en la medida que conoce su material, y su material es la vida. Las letras de un escritor son en cierta manera autobiográficas, uno se basa en sucesos de su vida para nutrir sus historias. Para citar un ejemplo; en tu libro “Las tentaciones de la dicha” el cuento sobre vampiros está basado en un vecino tuyo, en el que en la ficción dices que es tu tío. ¿Qué es lo provoca este cambio? No losé. Creoqueestosedebe muchoal instinto narrativo, uno intuyequeunelemento funciona mejor queotroyasí acomoda lascosas. También porquecreoque la realidad real es inverosímil, como lodecía Dostoievski, la realidad es más fantástica que la ficción y esta necesita ser maquillada artísticamente.


Tu escritura toca desde los temas adultos, hasta los infantiles ¿Cómo realizas esta diferenciación al momento de escribir? Existe algo a la hora de escribir distintos cuando escribes poemas como “Mujer adultera” o novelas para un público infantil como “Alas de gigante”. No creo que sea tan diferente. La novela a la que te refieres “Alas de gigante” no es para niños, es para adolescentes. Tengo una novela para niños que se llama “La guerra de los gatos” y esta tiene escenas que se desarrollan en un prostíbulo y uno de sus personajes es adicto al opio, así que te puedes dar cuenta de los tipos de personajes que van a ser más comunes en mis obras para público general, por ejemplo; las prostitutas que siempre están presentes y están en mi novela para niños. Retomando el tema de la novela “Alas de gigante” la forma en que la escribiste es algo inverosímil y dudo que haya pasado, realmente, de la forma en que la narraste. Tú estabas acostado resfriado cuando de repente dos niñas tocan a tu puerta y te piden ser personajes de una de tus historias. ¿Es cierto esto? Bueno, no tocaron a mi puerta, pero si me escribieron que querían ser personajes de una de mis historias. Esa niña existe, de hecho cuando eso sucedió eso ella tenía 12 años, ahora tiene 15 y aún seguimos siendo amigos. Vienen a mi mente los testimonios de los amigos de Roberto Bolaño donde él abiertamente les decía que los convertiría en personajes de sus novelas. Para ti cuál fue la impresión de que alguien quisiera ser un personaje de tu novela ¿No te causo sorpresa? Me dio gusto, pero sorpresa no. Los niños y los adolescentes son fantásticos, tienen esa clase de ideas, es algo que se puede esperar de ellos, me refiero a niños y adolescentes inteligentes. Has mencionado que eres algo misántropo y que el dar clases es tu pasatiempo porque tu lo que en verdad haces es escribir. ¿Cómo te devuelven un contacto con la realidad o con la gente el dar clases? Me gusta dar clases porque en realidad es el único contacto que tengo con la sociedad, si no fuera por eso, no tendría ningún contacto. Tengo algunos amigos que están lejos, o son amigos por correo electrónico. Mi contacto realmente activo con la sociedad es a través de los jóvenes, que es lo que me ayuda cada día a renovar esa unión. Porque la gente se va, desaparece y dando clases se van unos y llegan otros, siempre hay movimiento. Además, dar clases me ayuda a mantenerme en contacto con mis intereses intelectuales, porque al enseñar tengo que recordar, releer mis autores y eso me gusta mucho.


No crees que sea contradictorio que en esta tu etapa adulta de ser solitario, a tu infancia donde cuentas que solías escuchar o contar historias con tus amigos. No es contradictorio, porque de niño también fui misántropo, las historias me las contaban los adultos. Tenía como tres amigos, no era de aquellos que tienen palomilla. Sobre tu último libro publicado, o el más nuevo “La ofrenda debida” El poema “Pavura” es el poema que resalta, en mi opinión, de todos los demás por la impotencia que transmite. ¿Qué fue lo que te inspiro para escribir de esa forma? Ese libro se fue escribiendo a través de muchos años. Yo lo tenía guardado y de pronto se me ocurrió que ya era tiempo de publicarlo. Es un libro muy viejo, que tiene aproximadamente 15 años. Era un momento de mi vida más difícil, oscuro, de más contacto con el dolor. No recuerdo mucho los detalles, pero deben venir de esa época. Y sobre Pavura, el libro no es de un poema aislado, es un solo poema largo con distintos momentos. Más bien todo es un proceso, en el que influyen otras lecturas y la música. Ahora que tocas el tema de música ¿Cuál es la que te gusta, la música clásica? Si, me gusta la música clásica y la que tiene relación con lo ancestral. La música étnica que tiene mucha relación con los pueblos. A tus alumnos de literatura les recomiendas que no sean escritores, que estudien ingeniería o economía, o hagan otra cosa que no sea escribir. En realidad no soy el primero que lo recomienda, Juan Rulfo y Ernesto Sábato también, decían que uno debería tener una fuente real de sustento, por ejemplo, Rulfo tenía un negocio de llantas para coche porque de esa manera puedes ser realmente fiel a la ética del arte. ¿Cómo una inspiración? No, la razón de esto es que no debas preocuparte económicamente de ello, y no estés al pendiente si llegases a tener un éxito comercial o político, que no debas preocuparte de que tus libros se vendan o no, ganar premios o no, ganar becas o no. Solamente por la necesidad imperiosa de escribir, que es algo que no te deja ni cuando comes, te bañas, porque es una profesión que es de tiempo completo, me acuerdo lo que dijo Vargas Llosa, que el escribir es como tener una solitaria que poco a poco va a alimentándose de ti. Pero, no recomendarías estudiar Letras para dedicarse a la escritura. Bueno, no lo hago con ese fin. Si te gusta dar clases hazlo, porque estudiando letras vas a dar clases.


No.

No compartes la formula de estudiar letras, escribir, publicar un libro y volverte famoso.

¿Qué opinas de escritores que buscan tener relaciones con políticos para así poder publicar? ¿No crees que sea una forma de prostituir el arte? Yo no los voy a criticar, porque tengo amigos que hacen eso y es su manera de vivir, en todas las profesiones hay personas que lo hacen. Además, hay escritores que buscan eso, lo logran y son muy buenos escribiendo. ¿Qué le recomendarías a alguien que quiera escribir? ¿Qué sería lo básico? Pues que luche contra la vocación de escribir, que intenté dedicarse a otra cosa, y si a pesar de esto, vuelve la vocación, es que realmente tenía madera. No importa que no te publiquen, ni que te lean… Bueno, también debes buscar que te publiquen. Me da tristeza que tengo amigos que son buenos escritores pero no les gusta hacer relaciones publicas, son mucho mejores escritores que otros que son famosos, pero los lectores no los conocen porque ellos no hacen nada para moverse. ¿Crees que escriben solo para ellos? No, es que ellos no escriben para sí mismos. Ellos si quisieran tener lectores, pero no tienen el carácter para irse a pelear con un editor o para estar mandando cosas a concursos. Bueno Agustín, creo que esto ha sido todo ¿No hay algo que quisieras agregar? No, nada. Bien, muchas gracias. Gracias a ustedes por el interés.


POESÍA

P A V U R A AGUSTÍN CADENA Verla. Aunque sea un instante. Sólo un instante antes que otro goce, al desprenderse de la vida, convierta sus cabellos, flor de luz, en un chorro de luminoso viento, en un gallardete de ascuas. Verla. Cuando regrese. Aunque sea para oír que otro hombre convirtió en orgía de esclavo a la que en mis brazos era un pinchón. Que tornó en su lecho de gozo mi jardín de cascadas suspirantes, y mientras yo no conocía más dulzura que la que gotea del filo de los sables bebió en copa de rosa mi vino de misterio. Verla. Una vez. Que en mi huerto concupiscente vuelva a rielar, maligna, la nocturna floración de sus humores. Que el negro crisantemo vuelva a agitarse y, pávido, tembloroso, festeje sus cabriolas sobre su luz de escarcha. Verla.

12


L A P I D A R I A Sé, niña, como las piedras. Míralas: Ellas ruedan con el agua, no les preocupa dónde van a detenerse. Se mueven con la Tierra, un milímetro cada dos mil años: no tienen prisa. Las piedras, niña, no se aferran a nada. Abandonan solas su playa y van a adornar una fuente, un pasillo en un palacio, la celda de un sabio que ha aprendido a oírlas. Son humildes las piedras: permanecen enterradas durante siglos y un día salen y se quiebran sin más. Tienen fe, una fe de piedra. Por eso el profeta Jesús las hizo pan. Tú no preguntes, niña. Sé como las piedras nada más. Un día, bajo la tierra, Yo te estaré esperando.  

Poemas tomados del libro: La ofrenda debida. (Premio Estatal de Poesía Efrén Rebolledo 2011) Editado por el CONACULTA.


M U J E R

A D Ú L T E R A

Cuando la sorprendieron aún eruptaban sus labios hilos de semen. Fue tanto el placer y tanta la dicha que todavía, al recordarlo, es capaz de sonreír, sólo un instante antes de que otra piedra lanzada con especial inquina, le haga tragar sus propios dientes.

Poema tomado del libro: Cacería de Brujas Editado por el sello Bonobos.


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RESEÑA-LITERATURA

SALVADOR DÍAZ MIRÓN: POETA ERÓTICO MARCO ANTONIO MENESES MONROY

S

alvador Díaz Mirón es, sin duda, uno de los poetas nacionales consagrados. Se sabe del rigor en la forma que profesó; practicó el erotismo en la poesía y abordó lo sexual, haciéndolo en muchas ocasiones de manera velada y fina. A veces, quizá, llegó al ámbito de lo prosaico, pero siempre manteniendo la inteligencia y soberbia propias de su carácter (no por nada fue admirado por Rubén Darío). Respecto a Díaz Mirón, como poeta erótico, no desconozco que en algunos compendios de poesía de este tipo se inserten ciertos textos del veracruzano. Sin embargo, como en el caso del hidalguense Efrén Rebolledo, muchos son los poemas diazmironianos que contienen alusiones eróticas o sexuales. Entre los más memorables están varios de Lascas, por mencionar algunos: Cintas de sol, poema compuesto por tres sonetos: “y muestra un rubro pezón derecho”. La giganta, poema sui generis en la poética de Díaz Mirón, debido a su métrica: “Tetas vastas como frutos del más prodigo papayo”, “¡Cuales piernas! Dos columnas de capricho, bien labradas”. Vigilia y sueño, tal vez uno de sus mejores poemas, por la forma en la que narra la ficción presentada: “¡Sueña que yace sujeta y sola / en un celaje que se arrebola, / y que un querube llega y la viola!”. Idilio, largo poema que desarrolla una historia donde el ambiente juega lo mismo que los personajes “la zagala se turba y empina… / Y alocada en la fiebre del celo / lanza un grito de gusto y anhelo…”. Los ejemplos de poesía erótica en la obra de Díaz Mirón son vastos, pero al retomar algunos fragmentos de su obra poética, nos damos cuenta que si son separados del todo que constituye cada poema, los retazos poéticos muestran más lo prosaico y burdo en lo sexual que la sutileza que utilizó el bardo para plasmar lo erótico. El curioso lector, podrá remitirse a Lascas, poemario impar, apropiado para gustos varios.


POESÍA

C L E O P A T R A SALVADOR DIAZ MIRÓN

La vi tendida de espaldas entre púrpura revuelta... Estaba toda desnuda aspirando humo de esencias en largo tubo escarchado de diamantes y de perlas. Sobre la siniestra mano apoyada la cabeza, y cual el ojo de un tigre un ópalo daba en ella vislumbres de sangre y fuego al oro de su ancha trenza. Tenía un pie sobre el otro y los dos como azucenas, y cerca de los tobillos argollas de finas piedras, y en el vientre un denso triángulo de rizada y rubia seda.

En un brazo se torcía como cinta de centella un áspid de filigrana salpicado de turquesas, con dos cartuchos por ojos y un dardo de oro en la lengua. Tibias estaban sus carnes, y sus altos pechos eran cual blanca leche vertida dentro de dos copas griegas, convertida en alabastro, sólida ya pero aún trémula. ¡Ah! hubiera yo dado entonces todos mis lauros de Atenas por entrar en esa alcoba coronado de violetas, dejando con los eunucos mis coturnos a la puerta.


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PORTAFOLIO


Por: Luis MartĂ­nez Rivera


20 R E L A T O

UNA TARDE EN EL PARQUE CON SADE Y K ISIDORO DE CAMPOS

E

stoy sentado en una de las bancas desgastadas de un parque. La tarde se deja sentir con un viento imperceptible que resbala sobre los cuerpos que pueblan el lugar. Alcanzo a distinguir algunas parejas encima de los prados besándose, tocándose, recreando su amor a través caricias. Otras más, sentadas al igual que yo en las bancas, platican, se besan, tratan de justificar, también, su amor. Es curioso ver las diferencias: jóvenes de secundaria, personas maduras, incluso una pareja de ancianos que da de comer a unas aves. En fin, la tragedia amorosa.

Parece uno de los salones franceses de la época. Hay dos bustos a cada lado de la imagen; uno es acariciado por una de las mujeres mientras el otro tiene un falo enorme del cual está atada la polea que sostiene a la mujer que cuelga del techo. Todo parece un escenario fríamente planeado para recrear vicios como la sodomía, el masoquismo, la masturbación y la orgia. Sade recrea la perfección de una relación sexual plena, perfecta, lúbricamente exacta.

Mis manos sostienen el libro Juliette o las prosperidades del vicio, del Marqués de Sade. La edición de Tusquets, que es la que leo, trae en la portada un grabado del siglo XVIII donde un hombre sodomiza a otro que está atado sobre un barril. Otro hombre lo encula a él también y le acaricia los pezones. Al parecer, el hombre que se encuentra en medio es el que disfruta más, sus ojos se pierden en un blanco que irradia placer mientras masturba a dos mujeres que se encuentran desnudas frente a él, a una le acaricia el ano, mientras a la otra su clítoris. Una tercera mujer cuelga de cabeza mediante una polea fijada al techo, su boca frente a la de nuestro personaje hace que sus labios se unan en un beso que completa toda saturación de placer necesario para sentir un orgasmo único, casi paradigmático y perfecto como lo puede ser en toda obra fantástica, literaria o filosófica. Los personajes se encuentran en una esquina de la habitación.

Sostengo el libro a la altura de mi pecho a pesar del peso que tiene. Algunas personas pasan y desvían la mirada ante una imagen sexual tan indecorosa para sus ojos. Me concentro un poco más en cada escena que el Marqués describe para posteriormente dejarme arrullar por la filosofía hecha discurso después de cada acto orgiástico. Aunque es cierto que las escenas que ocurren, como él dijo, puedan alimentar las reflexiones de un filósofo, siempre resuena en su teoría un eco de locuciones que van en busca de la razón que pervive más allá de toda consciencia, un tratar de hacer relucir lo lógico y correcto de todas sus teorías mediante los actos de sus personajes. Mientras la tarde decae con el trinar y aletear de las aves, recuerdo la extrañeza que causa mi afición a Sade, un filósofo que descubrí muy joven. Curiosidad fue el aliciente para hundirme en sus novelas y cuentos.


No obstante, tiene un monumento explicativo y lógico estructurado de una manera tan completa como lo podrían tener algunas obras religiosas como, por ejemplo, La suma contra los gentiles, de Santo Tomás de Aquino. Para ambos filósofos nada es fortuito, todo tiene una causa, una consecuencia. Tanto la naturaleza como Dios, desempeñan un papel importante en ambas descripciones del acontecer humano. Sin embargo, me quedo con la narrativa inusual de Sade por ser más poderosa literariamente hablando, aunque sea casi imposible e inusual en el mundo cotidiano. Enfoco la mirada al prado más cercano. Una pareja joven yace recostada sobre el pasto. Se besan, se funden, se pierden los límites de cada cuerpo. Sin embargo, alcanzo a ver como el hombre le acaricia con una mano los pechos mientras la otra se hunde lentamente debajo de la parte delantera del pantalón deportivo de la chica. Nadie presta interés a la escena. La moral hace ciegos e idiotas a los que la toman como ley. Pero ellos son sordos a las miradas, atentos a los ronroneos que las caricias van encendiendo en su piel y les obligan a actuar, es decir, a fornicar. No soy voyerista, aunque una de mis aficiones sea coleccionar pornografía. Sin embargo, me encanta contemplar todo lo que rodea físicamente una relación sexual. Confieso que el softcore me atrae en extremo. Es como ver la mar calmada en una tarde de julio sobre una brisa casi imperceptible.

El mar es la chica que se masturba en el video, pero el azul es su ropa, el viento su voz, el sol el juego que ilumina el cuarto donde todo sucede cubierto de un cielo que nunca deja entrever su color. Uno debe de tener la sangre fría para contemplar los detalles de semejantes videos. Después de haberse masturbado es el momento más oportuno. Me pregunto cuáles serían las preferencias del Marqués de Sade con respecto a los momentos eróticos que nos regala la tecnología. No obstante, sé que preferiría la imaginación y la poesía a todo engranaje mecánico de los cuerpos que actúan sólo por el afán del dinero. Confieso que el gore sería uno de sus preferidos, un gore donde todo es real pero problemático debido a lo inusual que hay en cada ser humano entregado a las tareas del dolor y la precisión casi científica y matemática para realizar semejantes actos como él los describió en su obra.

Hay que hacer notar que sus personajes son piezas de ajedrez dentro de un discurso filosófico que intenta dar jaque a la moral en un tablero desgastado al cual, de tanto restregar las piezas, los escaques se han borrado, dejando el gris de la duda en unas piezas que no se saben mover sin manos que como palabras las tomen dentro de la filosofía o la literatura. Una voz me saluda. Levanto lentamente mi cara y distingo los rasgos de una amiga que nombraré como K, al estilo de la mayoría de los personajes de Franz Kafka.


No me había dado cuenta que delante de mí la puesta de sol se dejaba ver a través de un velo de árboles que ahora el cuerpo de K no deja ver. Es importante mencionar que K está inclinada, tratando de ver el libro que tengo ahora en mis piernas, abierto, grueso, aún más pesado. K usa un top amarillo mostaza que se conjuga con su piel blanca. Su sostén es de color violeta, un color que particularmente detesto, pero que observándolo sobre los pechos pequeños, pero bien formados de K, me da una sensación de deseo en mis ojos, en mi lengua que se ahoga dentro del mar de ansias por lamer sus pechos encerrados en un sujetador violeta con bordes tan delicados en forma de olas.

K sigue inmersa en una lectura de cabeza, al igual que la mujer de la portada, mientras yo resbalo mis ojos sobre su seno. Mi pene erecto cabría dentro de él mientras sus dos pechos lo presionan, lo masturban. Los labios de K son carnosos y húmedos, del tipo de las muñecas que podrían hacer un excelente sexo oral. Veo a K conmigo en una habitación, su lengua relamiendo mi glande, su boca succionando mi pene, sus manos aumentando la erección que tengo. Su sostén aún lo trae puesto, resaltando unos pechos pequeños, pero bien formados. Noto una concentración extrema en los movimientos de K mientras me practica esta felación. Me inclino para desabrochar su sostén, que resbala paulatinamente sobre sus pechos y deja al descubierto unos pezones rosados, erectos, listos para ser mamados.

Me inclino aún más y los acaricio lentamente con la punta de mi lengua. La veo a los ojos y le beso introduciendo totalmente mi lengua dentro de su boca, enlazándola con la suya mientras mis manos exprimen cuidadosamente sus pezones, estrujan sus pechos que dirigen su cara al cielo. K está de rodillas y me levanto completamente para que ella continúe con este sexo oral maravilloso. Veo la punta de sus pechos cual acantilado donde más de unos se ha arrojado con la intención de descansar los pensamientos en su seno. K es muy buena con la lengua y las manos, con la presión que succiona mi pene dentro de su boca. Necesito eyacular y lo hago sobre su seno que se convierte en un río de semen que surca sus pechos. En la punta de sus senos se dejan resbalar gotas blancas convertidas en cataratas que caen sobre su vientre, se hunde en los bosques primigenios de su pubis y se azotan en un suelo tibio como su piel. K es magnífica.

«No entiendo» me dice. « ¿Podrías dejarme ver la portada?» me pregunta mientras yo despierto del ensimismamiento y fantasía que me dio al ver su turgente y hermoso busto. El parque de nuevo está en su sitio. Pero hay imágenes que siento tan verdaderas después de esta orgia mental. K se sienta a mi lado y toma el libro de mis piernas, lo cierra y analiza cuidadosamente el grabado que está en la cubierta. K es una chica liberal y culta, creo yo.


La miro atentamente, recorro cada centímetro de su cuerpo con unos ojos llenos de la poesía de un Bataille que busca volver música cada encuentro sexual que han sufrido esos miembros, esa boca, esas piernas y esas nalgas pequeñas. K es una chica corporalmente buena y linda, no una modelo.

«Deberías conseguirte una mujer que te aliviane tanta perversión» me dice K con una sonrisa de niña boba. Me impresionan sus dientes completamente blancos, listos para ser manchados con semen mientras forman una barrera para los invisibles espermatozoides que podrían resbalar por sus labios. Mis ojos miran a K haciéndole la pregunta a semejante comentario. «Hace mucho que no cojo» confiesa. «Mi casa estará libre toda la noche» concluye.

Nos levantamos. Ella hojea el libro en busca de algo que podríamos hacer. Pero los preceptos filosóficos son casi imposibles en el mundo real, no importa lo mucho que se haya esforzado el filósofo en describirlos. Me gustaría fornicar con K sobre alguno de los prados del parque, con la vista sorprendida de aquellas parejas que vienen a dejarse llevar por sus instintos. Pero es mucho soñar, para eso solamente están las imágenes poéticas de Bataille contenidas en sus novelas y relatos, donde las iglesias, caminos o psiquiátricos son campos elíseos del placer y el arte de amar.

K va delante de mí y contemplo sus nalgas con aquel movimiento acompasado que hacen al caminar. El ruido de unos niños desvía mi mirada. Parece que encontraron a la pareja joven de hace un momento con las manos en la masa, mejor dicho, en los sexos. Algunas personas se acercan y les gritan improperios. Lo común en una moral citadina.

A la salida del parque, en una de las esquinas han atropellado a una perra. Su cráneo yace destrozado cerca de la acera, pero sus piernas traseras quedaron erguidas. Un perro la penetra impetuosamente. La perra debió de estar en celo. «En alguna otra vida seré ese perro» alcanzo a susurrar. K voltea y me contesta «yo seré esa perra que fornica aun después de muerta» mientras contemplamos la razón que tenían tanto el Marqués de Sade como George Bataille respecto el deseo sexual que habita en nosotros, un deseo irracional que va más allá de toda convención, que arrastra a los seres a los crímenes y pecados que castiga una sociedad burguesa e hipócrita. En fin, las tragedias que complementan al amor humano.


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FICCIÓN

EL SECRETO MARCO ANTONIO MENESES MONROY

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ucía sabía que a sus 36 años era apremiante tener hijos, pues no quería que nacieran con alguna enfermedad o malformación. Sin novio desde hacía meses; en la víspera de su cumpleaños 37, probó su mejor vestido y se dirigió a un bar lejos de casa. Delgada como siempre, pero con un brillo inusual en los ojos, irradiaba sensualidad. Tomaba piña colada sin alcohol. Intercambió miradas con dos hombres que le atrajeron, sentados en distintas mesas; ellos tendrían alrededor de treinta años. Uno de ellos, Raúl, llegó a su mesa, coquetearon, él se animó a besarla. Lucía, fue al baño. Al salir, Raúl la esperaba, la condujo al baño de hombres y la hizo suya. Apenas terminaba aquello, los amantes, sin darse dirección o teléfono, se separaron. Lucía, pidió la cuenta. Javier, se acercó a ella diciendo de manera tímida «Te vi desde hace un rato… pero, no me animaba a hablarte…». Ella, sintió cierta ternura. Platicaron unos minutos e intercambiaron teléfonos. Días después, Javier la invitó a salir. Se casaron a los pocos meses de conocerse. De la boda hace ya 25 años; dos lindas hijas son producto de tal unión.

En sus bodas de plata, mientras un familiar brinda por los novios, Lucía recuerda el momento en que conoció a su esposo y los minutos previos, no sin cierta vergüenza. Pero ese, es su secreto. Javier, igual recuerda cuando vio por vez primera a Lucía, y como coqueteo con él y con el otro, que la abordó primero. En su cabeza pasan las imágenes al encontrarse en el baño y ver a Lucía, entregada al otro. Recuerda, que de cierta forma, la rabia que sintió al presenciar el acto, contribuyó a vencer sus inseguridades y a acercarse a ella. Recuerda también, los días siguientes, el deseo por ella. El haber comprado y servido el té que desembarazara a Lucía en caso de estarlo y como, al llevarla al hospital por un fuerte dolor en su vientre, se ganó para siempre su confianza y cariño. Pero ese, es su secreto.


EL POLLO SALTARÍN TIMO VIEJO

I a señora de la pollería perdió a su amante. «Los hombres moribundos no son buenos amantes» le repetía Inocencia, su amiga que iba a chismorrear con ella todas las tardes. Pero ella frecuentó a Don Roberto hasta el día de su muerte. Él, era el único capaz de soportar ese cuerpo obeso sobre su vientre, de disfrutar el atractivo de esa mujer enfundada en una minifalda que no podía controlar los kilos de carne que se desbordaban de sus muslos, y un top negro que no alcanzaba a cubrir una barriga que presumía con orgullo la celulitis. Un cuerpo natural, aliciente de la verdadera belleza femenina.

Su mujer, Adelfa, odiaba la forma en que llenaba sus pezones de saliva y la furia arrebatada con la que tocaba sus nalgas. Además, sus horrorosos gemidos eran insoportables, esto, junto con lo que le decía al penetrarla «Mira que te voy a sacar hasta los pedos» Esta era su frase favorita cada que intentaba meterle su miembro en todos los orificios de su cuerpo. Ella seguía con él simplemente porque la madre iglesia y la sociedad no vería con buenos ojos su divorcio, tampoco soportaría que la tacharan de adultera. «El amor sólo toca un vez en la vida, y si no se acompaña con buen sexo, es castigo divino» era lo que le decía el Padre Carmelo cada vez que iba a llorarle sus penas sobre su sotana.

Roberto murió por cáncer en el pulmón, no decidió tratarse, pues el costo del seguro, medicamentos y las quimioterapias era demasiado alto para ser pagado con las ganancias que tenía como bolero. Dedicó los últimos tres meses de su vida a alcoholizarse y a fornicar con doña Mary, la dueña de la pollería. Ella era la única mujer que enloquecía cuando alguien la miraba, tocaba y le llenaba su cuerpo de caricias, tal vez porque nadie se había fijado en ella desde la preparatoria, y esto le fascinaba a Roberto que siempre tuvo la fama de mal amante, precoz y necesitado.

Sin embargo, para Mary, esa forma tan tosca de copular le parecía un regalo del cielo, era la señal más grande de amor que hubiera tenido. Siempre recuerda la primera vez que Roberto la miró; en aquella ocasión Mary estaba perdida viéndole esos ásperos bigotes, y anhelaba que algún día se rozaran con sus labios. Ella creía que Roberto enloquecía por esa mirada llena de deseo, pero él disfrutaba del rebotar de sus enormes pechos mientras se agachaba para sacar los guacales con mollejas que le había encargado. La necesidad de uno, era el ansia del otro.

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II Cada que se cerraba “El pollo saltarín” Mary esperaba a Roberto sentada sobre la tabla donde despellejaba las aves. La dejaba sin limpiar para sentir que la viscosidad, de las otrora gallinas, le rejuvenecía sus piernas. Roberto la hacía sentirse renovada, hermosa y deseada, tanto que comparaba su cuerpo, y el de la mayoría de mujeres, con la carne de gallina «No importa que las plumas que nos cubren sean blancas y sedosas, si nuestro interior no se abre al verdadero amor» le decía al oído a Roberto cada vez que terminaban de fornicar. Él sólo se recostaba en su vientre, mientras sus manos se posaban sobre sus senos.

«Un hombre que ama, sabe tocar a una mujer desde la punta del pie hasta los cabellos” le gritaba Mary a Inocencia siempre que le recordaba que Roberto se acostaba con ella porque nadie más accedía a hacerlo. «¿Cómo es posible que aguantes ese aroma a zapato sudado que tiene?» le preguntaba Ino a Mary a lo que ella le respondía «Si no fuera amor, no sentiría la piel chinita cada vez que esos dedos gordos y negros me pellizcan las chichis hasta que se me ponen duros los timbres. Ni mucho menos del embrujo que me ponen esas piernas sudadas y peludas por estar todas las mañanas esperando bajo el sol»


La vida de Mary fue esplendorosa durante esos meses, no había día que no sonriera. Se compró ropa sexy para que Roberto pudiera excitarse, tiró toda su lencería vieja, y empezó a comprarla con encaje. Estas no le duraron mucho, ya que Roberto y sus desplantes de amor se las rompían al ritmo de unas palabras seductoras «Órale mi gordita, traigo harta hambre de ti» La vida era bella, no había mujer más buena y fogosa que Mary, y no existía otro ser tan viril y cumplidor que Roberto.

III Mary no abrió la pollería durante tres días por el duelo causado por el fallecimiento de su querido Roberto. Todo el lugar estaba impregnado de esos encuentros amorosos, donde las palabras que se escuchaban salían producto de un apretujar de dientes y carne. Adelfa, convaleciente y habiendo perdonado a su marido por su infidelidad, así como todo el mundo perdona a sus muertos, visitó “El pollo saltarín” para llorar en silencio los pecados de su marido y expiarlos con un mensaje escrito con aerosol rojo en la cortina del negocio: “Pinche gorda roba maridos”.

Inocencia, invadida por la culpa de haber expuesto este amorío en pleno funeral, fue a casa de Mary para acompañarla en su dolor. La encontró envuelta en una bata percudida que dejaba ver su ropa interior negra. «Amiga, no es porque no quiera meterme, pero esa ropa que llevas es medio indecente. Si no fueras tu, te diría que es de vil puta» le dijo tapándose los ojos esperando a que ella gruñera algo, pero no le respondió. Mary estaba totalmente frustrada. Su único amor se había ido «Son las ropas del amor cubiertas de desgracia. Jamás me las quitaré, aún conservan el aroma de mi hombre, y todavía con ellas siento las mariposas en mi estómago» Le dijo entre sollozos Mary a Inocencia. «Déjate de pendejadas, ya no veas las novelas del 37, esas están bien mal hechas. Vístase y vámonos por unos tequilas, ya con eso se le olvida» rezongó Inocencia mientras le hacía masaje en sus hombros. Ella aún no podía comprender el sufrimiento de que un amor pudiera marcar la vida de una persona. «Las mariposas en mi panza mueren una a una, llegará un momento que no sienta nada» repetía Mary mientras cerraba los ojos con fuerza para que las lagrimas corrieran por sus mejillas. Inocencia le contestó «Tu no necesitas sentir algo que se mueva en tu panza, tu nomás quieres algo que te revolotee entre las piernas».


RESEÑA-MÚSICA

SOPOR AETERNUS & THE ENSEMBLE OF SHADOWS PAUL OLVERA

Música para solitarios, para oscuros y desadaptados; melodías que reniegan de la vida, de las normas, de la común sexualidad; he ahí algunas de las etiquetas que rodean a la música de la enigmática banda SoporAeternus & The Ensemble of Shadows. Esta agrupación empezó en 1989 cuando dos individuos conocidos como Varney y Holger se encontraron en un bar-gothic en Frankfort, Alemania. Ambos no tenían el dinero para comprar instrumentos y tenían que componer su toda su música en sus mentes. Más tarde, ellos soltaron la trilogía de casettes-demos “Es reiten die Toten so schnell...”, “Rufus and Till time” y “Times are done” en 1992. En el futuro, Holger dejó el grupo y la recientemente fundada disquera Apocaliptyic Vision se interesó por la música de Varney. Poco se sabe sobre la única cantante que forma la banda, quien se cambió el nombre a Anna-Varney Cantodea. No le agrada comunicarse con el medio artístico, mucho menos con fans; tampoco le atraen dar conciertos para “la audiencia humana”. Este halo de anonimato crea una tendencia hacia lo místico y hacia lo incomprensible del arte que resuena en su música.

En la internet ronda poca información sobre él —o como él se designó alguna vez, ella. Tres entrevistas hechas vía fax y medios parecidos se encuentran en revistas y blogs. Sin embargo, queda un vacío dentro de una de las propuestas artísticas más interesantes de nuestra época. Se le conoce físicamente sólo por las fotografías que vienen de ella en sus discos y por algunos videos que ha filmado últimamente. La evolución de estos bosquejos de su persona muestra un hombre que en un inicio va en busca de su parte femenina, para después dar paso a un andrógino que desearía sentir tanto lo que es ser hombre como mujer, aunque haya nacido con sexo de varón, para al final describirse como un ser de “el quinto género”, un concepto derivado de los indios Navajos de Norteamérica. Hay que aclarar que el primero y segundo género son hombre y mujer, el tercero y el cuarto son un hombre dentro del cuerpo de una mujer y una mujer dentro del cuerpo de un hombre respectivamente y que son llamados “dos espíritus dentro de la persona”. El quinto género consiste finalmente en un “ser multiespiritual” entre el que Anna-Varney se cuenta.

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Más allá de su apariencia externa, y otorgándole algún crédito a las entrevistas que ha ofrecido, hay que reconocer su “arte por el arte” que se ofrece a través de su anonimato, de lo introvertido que existe en cada una de las letras de sus canciones que tocan temas como el suicidio, la desesperanza, la perdida amorosa, el deseo sexual, e incluso, problemas como la gula. Todos estos temas tratados con un melodioso crepitar de instrumentos clásicos, de tonos renacentistas o electrónicos nos cubren el alma del incesante olor de la incertidumbre, la pérdida y el desencanto por una vida que se mira imposible, una vida a la que se le demanda más de lo que puede dar y que, por lo tanto, desemboca en un sentir de la misma más intenso del común de la gente, más real, porque el dolor, mejor dicho todo sentimiento, la hace completamente cautiva dentro de las barreras del pensamiento que la trata de develar a través de la palabra, el arte y las experiencias que se derivan de ello. En lo personal, me agrada mucho la armonía de su música más allá de la apariencia y designación que tenga.

En una de sus entrevista él-ella muestra su indiferencia ante los que la escuchan, ante lo que piensan de su obra, pues comprende que todo propósito de explicar el arte es nulo ante lo que la música hace sentir a aquel que en un determinado tiempo o espacio la hace realidad en su vida. Este aspecto, que no conocía sobre él-ella, me resultó imprescindible para poder escuchar de nuevo su música, pues desde mi punto de vista no toda su música se me hace excelente, ya que siento el halo de su humanidad impregnado en ella, ese errar humano que busca una perfección que sabe atada a las circunstancias propias de cada momento que vive y se vuelve real a través del recuerdo. Anna-Varney Cantodea tiene un trasfondo completamente humano y místico que abraza a todas las creencias. Posee su música la sensación de una melan colía de noche de otoño, una oscuridad que es imposible compartir a luz del día con idiotas que viven en una falsa felicidad donde toda cuestión, como la de qué me hace sentir determinada música, es imposible que sea


formulada por unos labios que repiten una tonadilla, una letra que muchas veces se ha dicho y se volverá a repetir para enajenar pensamientos e ideas. Para mostrar el despliegue de imágenes y melodías de su música, he aquí la primera estrofa de una de las canciones de su último disco, la cual es acompañada de un tono de canción de cuna, con una voz que desea seducir sexualmente a un fantasma y así arroparlo dentro de una tumba que sane todos sus deseos que parecen imposibles desde el primer verso que empieza con una suposición irrealizable para él-ella.

If I had, if I only had a proper cunt I would be delighted to lift my skirt for you. I would gladly take your hard cock in my hands and bury it, ever so deeply, in the darkness of my tomb. 3. Cornflowers. Children Of The Corn. 2011


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RESEÑA-CINE


Deseos culpables Rodrigo González

Shame: noun, a feeling of humiliation or distress caused by the consciousness of wrong or foolish behavior.

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a palabra inglesa “Shame” tiene por muchas y diversas aplicaciones y traducciones a otras lenguas; una de ellas la que nos concierne, la española, ésta podría traducirse en distintos significados como vergüenza, lástima, deshonra, oprobio, ignominia y desgracia. El director Steve McQueen refleja todos estos sentimientos, englobados en esa palabra, en una cinta que, sin muchos diálogos ni imágenes excesivas, muestra una historia con un desarrollo natural y contundente que nos transfiere un mensaje claro y conciso que llega como un puñetazo a la cara de nuestra, por desgracia, doble moralidad.

Como es costumbre, las malas traducciones de títulos filmográficos al español tienden más a confundir que a aclarar las temáticas, “Shame” lleva el título “Deseos culpables”. El filme trata de un adicto al sexo, de nombre Brandon, interpretado por Michael Fassbender, originario de Irlanda y criado en New Jersey. Vive en Nueva York y es exitoso a los ojos de la sociedad.

Brandon tiene como única familia a su hermana Sissy, Carey Mulligan, que sufre de falta de afecto y un gran desorden en su vida sentimental y económica. En el momento que ella se instala, de manera forzada y voluntariosa, a vivir en el lujoso departamento de su hermano, los vicios de ambos, pero en especial los de Brandon, quedan expuestos ante nuestros ojos, mas no a los de la sociedad que los rodea. Para comenzar, los conceptos que toca esta película -como adicción y vicio- tienen distintos significados. Adicción es una dependencia hacia una sustancia, relación o actividad. Esta se presenta a manera de ansia por conseguir los efectos esperados; en este caso Brandon solamente espera recibir el placer que le produce el tener relaciones sexuales, no le interesa más, ni socializar, conocer, o causar empatía; una vez consumado el deseo, éste vuelve a aparecer sin que se satisfaga.


Un vicio es todo aquello que se considera inmoral, depravado o degradante, aunque se ha suavizado su uso hasta llegar a entender un vicio como un mal habito. En otro término, es todo lo contrario a una virtud. No quisiera sonar moralista, pero los vicios y las adicciones en una vida normal, aparentemente equilibrada no nos causan el más mínimo interés, ya que en nuestras vidas íntimas hemos sufrido y compartido la necesidad, mejor dicho necedad, por experimentarlas, disfrazándoles de cosas distintas o incluso catalogando nuestras conductas como algo completamente normal y comprensible. Ejemplos hay demasiados; alcohol, tabaco, todas las drogas en sí, el entregar nuestra vida al conocer sobre los demás, inmiscuirnos en el ocio, lascivia, entre tantas y tantas otras, que mientras no afecten nuestra identidad, son nada.

Sobre esta premisa, Brandon se entrega al morbo, voyerismo y satisfacción sexual a cualquier coste, pero su vida “normal” no afecta a nadie, no es un problema para el grupo social, sin embargo, cuando el vicio detona a la luz pública, al conocimiento de todos, podemos emitir juicios. La película inicia con Brandon desnudo, ignorando las llamadas de su hermana Sissy, mientras se baña y masturba. Cuando sale a trabajar, el protagonista intenta seducir a una mujer que encuentra en el metro, a lo cual ella responde a la seducción pero al fin de cuentas huye de esta a forma de defensa. En el desarrollo, Brandon realiza su vida cotidiana, vicios y adicciones de manera fría y calculada, se desenvuelve de forma superior en su trabajo, tanto que llega a ser el confidente y compañero de salidas, con la intención de cortejo, de su jefe, que es casado y tiene un hijo.


A lo largo de estas salidas, Brandon, con su carisma y, a pesar que no pueda desarrollar lazos de empatía más allá que carnales con las mujeres, logra cortejar de manera sexual y lograr su cometido, no obstante, ya conseguida esta satisfacción, su deseo aumenta en busca de más, entregándose constantemente al onanismo. Brandon consume una cantidad exagerada de pornografía, paga por video charlas con prostitutas o actrices que hacen lo que el desee, también se masturba de manera descontrolada en su casa, y hasta en su trabajo cada que algo le estimula sexualmente, en la mayoría de los casos, de manera visual. Todo en completa soledad e intimidad, hasta que Sissy irrumpe en estas prácticas. Su llegada a casa de Brandon lo desestabiliza, por lo que él trata de poner orden con el objetivo de mostrarle a ella que, a diferencia de la suya, su vida es miserable y descontrolada, basándose en su estabilidad económica y laboral, además de que él no necesita de nadie más para depender, y Sissy no puede existir sin que alguien le demuestre algo de cariño.

El punto de quiebre de ambos personajes, es cuando Sissy se involucra de manera sexual con el jefe de Brandon en su departamento. Él, no puede soportar que haya sido vulnerado en su propia fortaleza, empieza el andar de sentimientos de vergüenza, a pesar de no haber sido descubierto e intenta sofocarlos de manera física, por medio del ejercicio, sale a correr, como figura alegórica en mi interpretación, el huye de lo que aparentemente le llena. En la mayoría de estos casos, sigue el falso juicio de las personas, al ver expuesta una conducta a nuestro parecer sucia y reprobable.

“Inmiscuirnos en el ocio, lascivia, entre tantas adicciones; que mientras no afecten nuestra identidad, son nada.”


El caso perfecto de esta situación queda representado cuando el jefe de Brandon descubre la cantidad de pornografía que éste guarda en su computadora y, sin dudarlo, lo expía creyendo que pertenece a otra persona, tildándola de enferma, asquerosa y deplorable, olvidando que justo un día antes él mismo acababa de cometer adulterio y que también había intentado acostarse con otras dos mujeres y desear su cuerpo de manera poco menos que perversa, depravada y cínica. Todo sucede mientras charla con su hijo por medio de una video-llamada donde él discute sobre un permiso sobre salir a jugar o no. Entonces, hasta este punto, el mensaje o la duda que nos deja la película es cómo podemos emitir juicios sobre los comportamientos de personas cuando nosotros también estamos inmiscuidos en ellos.

“No importa que cada quien sea un cerdo dentro de las cuatro paredes que lo separan.” Guillermo Fadanelli en su libro Insolencia: Literatura y mundo, explica el uso de la palabra lealtad como el conocer y ligar a nuestro vecino, quien sea, con nosotros, con el fin de mantenernos en una posible estabilidad, siempre y cuando sus prácticas no afecten nuestra vida cotidiana.

En palabras del mismo Fadanelli, no importa que cada quien sea un cerdo dentro de las cuatro paredes que lo separan de todo un grupo social, mientras éstas no afecten a todo el cúmulo de individuos. Aunque, cabe mencionar, que con esto no se refiere a que no seamos sensibles ante sus problemas ni ante las consecuencias que pudieran tener a partir de ellos, sino que estemos conscientes de nuestra persona y de cada uno de nosotros mismos, y así también de los demás. En este sentido, Brandon y su jefe mantenían sólo el sentido de una lealtad cubierta por una máscara, que la mayoría de nosotros mantenemos por mucho tiempo, donde solo nos importan los demás a fin de satisfacer nuestros intereses manifestando una falsa empatía disfrazada de compañerismo.

El hombre, por su propia naturaleza corruptible, es un hipócrita y mal juez. Es casi un hecho que dentro de nuestras propias murallas podemos comportarnos de una manera que no es plausible ni recta ante nuestros propios ojos fuera de ellas. En el momento en que la naturaleza humana queda descubierta y nosotros no somos el que ha sido expuesto, es cuando nos mostramos como seres rectos, únicos y que podemos decidir qué es lo correcto, o lo incorrecto, incluso emitir una opinión sobre la vida de otras personas.


En esta cinta, un punto de quiebre en las adicciones y vicios de Brandon se presenta cuando es atraído de manera sentimental por una compañera de trabajo. Ella es Marianne, Nicole Beharie, ambos se atraen y quedan para cenar; en esta escena, Brandon se observa como un hombre completamente desarmado, como la cámara lo muestra, él es otro desconocido visto desde fuera del cristal, que limita o encierra su sentimiento, dentro del restaurante. Al terminar, él muestra un lado más humano e intenta comunicar algo más de lo que es con ella, sin embargo, no es capaz de besarla al terminar la cita aunque ambos así lo deseen.

Muchos podrían considerar que Brandon es malo para entablar relaciones sentimentales o incluso cortejar mujeres, no obstante, en mi punto de vista, cuando una persona llega a ser descubierta de forma emocional la primera acción es proteger a la persona que se estima. En este caso, Brandon protegió a Marianne del monstruo que es él.


Para sustentar mi argumento, retomo la escena cuando al regresar a su departamento, Brandon es descubierto por Sissy masturbándose, en lo que podría ser el escape de la impotencia de no poder ser alguien normal para Marianne. Esto lo lleva a reaccionar con ira contra su hermana, desencadenando la caída de su vida aparentemente exitosa. Esto lo consideraría el primer paso antes de la debacle, vergüenza u oprobio, donde uno no se reconoce y culpa a los demás. Al momento de que Brandon es avergonzado, su exposición, la pérdida de su intimidad, que según Milán Kundera, y en concordancia con lo que nos muestra McQueen, una vez que un hombre la pierde, lo pierde todo. Brandon trata de justificarse y redimirse, lo intenta de forma que se deshace de todas las causas materiales que desencadenan y representan su adicción; en una serie de imágenes se muestra todo el material pornográfico e inclusive su ordenador envueltos en bolsas de plástico para basura.

Este intento de exoneración empeora al momento de buscar consagrarla, al intentar hacer el amor con Marianne. Acción que no logra llevar a cabo, pues lo embargan una serie de sentimientos que podrían englobarse con la palabra anglosajona Shame, con lo que no puede siquiera excitarse, lo que lleva a Marianne a sentir una verdadera empatía por él, a lo que él responde cayendo en su misma miseria. Este intento fallido de redención lleva a Brandon hacia un desenfreno y desconocimiento de sí mismo, que trata también de expulsar físicamente, pero al verse fracasado en su intento, cae en una espiral de sus adicciones, busca sexo ocasional con una mesera, lo que le cuesta una golpiza, intenta regresar a clubes que frecuentaba, busca a prostitutas con las que tiene sexo sin parar y llega a caer hasta en la práctica del homosexualismo. Se encuentra en el punto más bajo de su existencia, ya no sabe quién es, ni lo que ha perdido. Ya no existe un Brandon fuera de la adicción. Todo esto sucedido a partir del atardecer hasta la madrugada del otro día.


En el amanecer, en un intento de recobrar su parte humana, recuerda a Sissy, intenta comunicarse con ella pero ella no responde. A manera de señal, una ambulancia le recuerda la fragilidad de su hermana y corre hasta su departamento para encontrarla desangrándose porque se ha intentado suicidar cortándose las venas. Por fin, Brandon siente una empatía con ella y actúa como el hermano que es. Afortunadamente la salva, sin embargo, él aún sigue sin conocer quién es, esto nos lo demuestran las escenas donde el rompe en llanto en el muelle, solo y sin nadie a su alrededor. La película cierra con una escena donde Brandon es seducido por la misma mujer del inicio en el mismo metro, el vagón se detiene y la mujer se para a su lado. Con esto, McQueen nos deja a nuestro criterio si Brandon ha conseguido liberarse o no.

En mi punto de vista, la película y su mensaje, cierran al igual que inicia. Nosotros, o Brandon, desnudos dentro de las cuatro paredes de nuestra intimidad, cómodos en nuestros vicios y adicciones sin necesidad de nada más, ignorando la llamada de alguien más, o de nuestro interior, que nos deja mensajes a diario y sin cesar.

-Hey it's me. Pick up, pick up! Where are you Brandon? -Hola, soy yo. ¡Contesta, contesta! ¿En dónde estás, Brandon?



El Comité 1973. Deseo, sexo y literatura.