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La falena de las Colinas (fragmento) Koulsy Lamko (Director de Casa R. Hankili África) Traducción de Mónica Mansour Esta novela es resultado del proyecto de T. Karabayinga, ejecutado por N. Djedanoum y M. Coulibaly: ‚Ruanda: Escribir por el deber de la memoria, 1997‛ que tuvo por objetivo llevar a diez creadores al corazón del genocidio, para que a través de la palabra, el pueblo ruandés encontrara espacios de resiliencia y catarsis.

Fred R. sigue corriendo. Camina a grandes zancadas por los callejones pútridos del barrio bajo, los callejones resbalosos, los que desembocan en las arterias limpias y asfaltadas, las que llevan hacia el barrio populoso donde se hacinan familias enteras en cuartuchos, añadiéndose unas generaciones a otras, todas confinadas en un minúsculo espacio saturado de desperdicios. Una niña de ocho años juega al avioncito. Se dirige a él y le explica: —Mira. Me encanta jugar al avioncito. Dibujas en el suelo unos cuadros que van de la tierra al cielo. Luego pones una plaquita que empujas con la punta de los pies. Deteniéndote un pie con una mano. Empujas la plaquita. ¡Y ya! Tratas de evitar los obstáculos, y por eso hay que saltar por encima de las cuadros. Y luego conquistas el paraíso... Poco a poco, evitando los obstáculos. Pero a veces tienes que retroceder de cuadro... para saltar mejor. Fred R. por fin comprende ese juego iniciático que hasta ahora sólo había observado de lejos. Lo propio del guerrillero es pasar por encima de los obstáculos para ir hacia lo mejor. Le sonríe a la niña, le frota la frente a modo de agradecimiento y baja la ladera... hacia un callejón sin salida. Fred R. piensa en el Tiempo: ¿aliado o enemigo? La pregunta permanece siempre sin respuesta. El tiempo de hoy: cacofonía, incertidumbre, horizonte deslavado, sin promesa. Tiempo: inasible atleta que corre, galopa, vuela, huye desenfrenadamente. Tiempo de imágenes, caleidoscopio turbulento, sucesión de nadas evanescentes. Déficit de memoria, hemorragia de vida. ¡Uno bien puede olvidar su tronco y las raíces se dan por perdidas y hay ganancia y utilidades en el balance de las cuentas! ¿Dónde pues se ubica la eternidad? ¿Ese paraíso del juego del avioncito? ¿Virtualidad? Fred R. se acuerda del mito de los orígenes de la muerte, un mito que su madre le repitió muchas veces durante su infancia. ‚Dios miró mucho tiempo al hombre y la mujer que había creado. Sacudió la cabeza por despecho y dijo: ‘¡Comen demasiado! Ya están devorando toda la fruta y están agotando los océanos. Si los


dejo continuar, devastarán en un parpadeo este hermoso mundo que he creado en siete días. Me los volveré a llevar. Morirán como los otros seres vivos.’ ‚El Camaleón corrió como pudo hasta Dios para defender la causa de los hombres. ‚Dios le respondió: ‘Entiendo tu petición. Ve a decirles que vencerán a la muerte si se procrean. ¡Que los hombres y las mujeres copulen para que de allí nazcan niños! Y para mayor alegría, ofrezco a sus descendientes la magia de la diversidad de colores. Pero seguiré llevándomelos cada vez que lo decida. Los hijos de los hombres y las mujeres morirán como todas las demás criaturas.’ A partir de ese día los hombres que estaban sin color hicieron hijos blancos, amarillos, negros, rojos.‛ Entonces recuerda los proverbios encontrados por aquí y por allá en los meandros de sus andanzas, un rosario de proverbios:

‚Pasa la mano sobre tu cráneo si caen cabellos vuelve a pasar la mano y tantea. Y si tus dedos rozan el cuero cabelludo, si encuentran el hueso que taponea la mollera, es que te has quedado calvo. El tiempo te ha vencido.‛ ‚Mira la fisura en el muro La grieta se mete allí, sacude las paredes, hace caer migas de adobe. Escarba y escarba más la fisura, el desgarrón se vuelve brecha y luego fosa. Allí se mete el Tiempo astuto un reino secular se desmorona.‛ ‚El silencio del Tiempo lo oculta de nuestras conciencias.‛ ‚¿La muerte? El final de un largo camino empedrado de incertidumbres; el tiempo nos proyecta violentamente contra el vacío, el muro de callejones sin salida.‛


‚La vida nos ofrece un zigzag resbaladizo. Con sus dribleos vertiginosos, se nos escapa permanentemente. La conciencia del placer o del dolor borra la conciencia del tiempo que se despliega. Vivir no es un cuento de hadas.‛ ... Fred R. se dice: ‚Nuestras luchas cuerpo a cuerpo más extrañas son las luchas contra el Tiempo. ¡Duelo absurdo! En realidad es un dúo que construimos aun a nuestro pesar. ‚El Tiempo con su tiranía se apodera de las obras de nuestras manos —obras frágiles o sólidas pirámides— y nos acompaña en nuestra búsqueda de eternidad. Es entonces que, como pintor escultor, hace esbozos, acaricia, dibuja, graba en madera, con grietas, con ranuras, con rayas... A veces una arruga, una cicatriz, una excoriación de óxido, un desgarrón, una brecha... A veces un bálsamo, un tapete de musgo verdoso y aterciopelado, un moho. ¿Se inquieta uno? El Tiempo, maestro arquitecto, se ríe de nuestras inquietudes. Sabe, mejor que nosotros mismos, llevar y elevar nuestras obras hacia lo sublime o destruirlas. ‚Pero... ‚Penélope esperaba el regreso de su hombre raptado por bandidos. Para engañar al Tiempo, tejía durante el día un mantel, un tapete, una colcha, una tela... Durante la noche, cuando el Tiempo se había dormido, desbarataba y deshilaba todo lo que había confeccionado cuidadosamente durante el día. Al amanecer, volvía a empezar a tejer. ‚Contar las jorobas de este mundo habitado por el Tiempo. Penetrar en el templo del Tiempo que gira sobre sí mismo. Pasar por encima de sus bordes e instalarse en su carrera. Dejarse aturdir por el misterio que allí ronda. Sentarse sobre las alas del sueño que uno crea y bogar, navegar sobre el oceano de las aventuras de la vida. ¡Que las imágenes de la vida en polvo den forma al sueño!‛ Fred R. retoma su camino de andanzas. Hacia el callejón sin salida... *** ¡Carajos! Después del ala izquierda, mi ala derecha se desprendió del resto de mi cuerpo. Peor para las hormigas negras. No me tendrán entera. ¡Venta al menudeo en la kermés! Van a tener que acarrearme a pedacitos.La tarea será un poco más ardua; se verán obligadas a muchos viajes de ida y vuelta. Me desintegro. Mi vida de falena se evapora.


Mi panza gorgotea. El vómito de los días de horror acumulados desde hace cinco años. Náusea, ineludible desahogo. El mundo es una vergüenza. ¡Carajos! ¿Y por qué? Una falena nunca vomita. ¡No! ¡Me río de mí misma y esto raya en la extravagancia! Ahora que ha sido sacrificada como ofrenda la cerveza de plátano, la masa de sorgo rojo, la leche y los frijoles en la olla de barro, voy a poder bogar alegremente en el gran río, en la barca de papiro tejido, bogar hacia la Ciudad del Tiempo. Y todos los pájaros de todos los nidos me esperan para ser mi cortejo. Ya no conozco otro refugio. Ya no me oirán blasfemar. Ya no me pregunto nada. Las preguntas sólo existen cuando se establecen los límites. Sirven para interrogar los límites, las barricadas. A mí ya no me importa eso; soy dueña de lo que soy. Libre de ser, libre de ya no ser lo que era, por el momento. No tengo edad. Habito el tiempo en su integridad y su eternidad... Que dejen que mi locura se inscriba en letras desordenadas en el registro del caos. Espero el tiempo de los mutantes; ese tiempo de los que van a querer algo distinto de los artículos de la fábrica de la desesperanza. ¡Mutantes que salen de los capullos de plástico! Yo no soy ni ensalmadora ni sacerdotisa druida, pero anuncio mi muerte. ¿Caminar hacia el precipicio al final del camino, el callejón sin salida? ¡No! Fundirse con el movimiento de la noche. Ya no ser sino un estremecimiento en la multitud de existencias. ¡El principio fundador del movimiento es la vida! Pero no hay que ser un rayo de luciérnaga que sea faro de cementerio, fuego fatuo escapado del vientre de las tumbas. Me muero. ¡Qué sinfonía en esta fusión progresiva! Son hermosas las sinfonías... salvo cuando son inconclusas. Pero en realidad, ¿cuándo están acabadas? ¿Quién soy? ¿Reina de un pueblo para ofrecer en una fuente la historia de la humanidad, o cotorra parlanchina para amenizar las veladas de las libélulas? Me muero. La lepra caníbal devora mi epitelio, se deleita con una carne a la que sacude, levanta, hace pedazos, encoge, mutila, disloca. ¡Pues sí! El Tiempo carcome, corroe la madera, el hierro, la piedra, el árbol, el agua. ¡El Tiempo y la Muerte hacen buenas migas! ¡Incurables lepras! ¿La muerte? El paso de un estado a otro. Pero forzosamente hay una frontera cuando uno pasa de un estado a otro. También puede haber más bien pasarelas donde está la frontera si uno quiere reconocer el vacío. El desierto, el vacío, pertenece a todos; y no hay fronteras. A veces es un polvo de madera que rodea el ombligo, cuando uno ha dormido con el vientre al aire bajo el techo de paja. ¡Levantar la mirada! Atrapado en flagrante delito en el halo de luz, en un haz de rayos que se escapa del techo, danza el polvo de madera, danza una fina zarabanda de polvo y tierra. Los gorgojos están trabajando. ¡Roen el árbol que gime! El árbol era hierba. La hierba era una semilla,


un botón, un grano de paja; el fruto del árbol era una flor. El gorgojo era un huevecillo. La mariposa era una oruga, una larva... ¡Metamorfosis! Un desafío a la lógica de las filiaciones. La serpiente se transforma. Se dice que se libera, que se deslastra de su traje que se ha vuelto demasiado opaco. Después de su muda el animal centellea y encuentra compañero. Así pues... Muero por segunda vez y me río. Una risa de falena que se desintegra. Son momentos de alegría que alimentan la calidad de la vida y se inscriben en la memoria. Me río del destino de este mundo de quimeras y de nuevos comienzos. ¡Que la noche de los recuerdos no devore el recuerdo de las estrellas! Hay que reírse. Mientras el cielo no nos caiga sobre la cabeza. Sin embargo, reclamo este reclamo que está suspendido, linterna vergonzosa, desprecio de mi alma de negra. ¿Última voluntad! ¡Y no me digan que soy rebelde! Sólo hay que borrar todos los nombres de los muertos de las estelas del mundo entero; si no, hay que pintar en letras de oro los de millones de negros de ébano sobre el océano de la esclavitud, las barricadas de masacres y el filo de los machetes del horror. Creo que yo podría haber sido música-poeta mejor que Reina. Para volver a visitar el inmenso pergamino de la poesía pastoral y agraria: la que celebra la naturaleza, la vida; la que también entona el rechazo de las infamias. Entonar la ronda, con el puño al cielo. La la la. Apretar fuerte, muy fuerte. Bogo hacia la Ciudad del Tiempo. En la travesía, sobre el gran río, en piragua, me regocijo. A mi alrededor, los pájaros pían libertad. Su gorjeo me acompaña en la magia de su plumaje. Relatan también la victoria de las mujeres en fila, las mujeres que se agachan y recogen ladrillos, fabrican la zanja en el costado bajo del camino que están asfaltando. Para drenar el agua de las lluvias.


La falena de las Colinas