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De la ignorancia a la arrogancia y vuelta a empezar. Arte de sombras de Kara Walker Elisa Ramírez Castañeda Kara Walker pertenece a una generación negra a la cual ya no le tocó el momento más álgido de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Al comenzar su obra creativa se enfrentó con consignas gastadas, personajes e iconos inalcanzables, problemas no resueltos —comunes a todos los ciudadanos de su país, independientemente de su raza. Ya no vivió el periodo de confrontación, sino el de acomodo y pacificación. Ahora, en su país el Presidente es afrodescendiente, lo cual hace unas décadas no era siquiera imaginabale. Enfrentados a tan heroicos antecedentes, el dilema de escritores, artistas y creadores negros es cómo ser específicamente negros sin perderse en lo universal y a la vez tener calidad artística equiparables a la de cualquier otro artista: salir del ghetto o entrar al

mainstream globalizado. La artista opta por colocarse en tiempos anteriores a la Guerra Civil y la abolición de la esclavitud, cuando aún no se reinterpretaba la historia de los negros, cuando en los estados sureños aún convivían amos y esclavos. Su propósito no es para nada nostálgico, más bien intenta hacer comparaciones que destraben la discusión en términos críticos —no solamente resignificar las condiciones pasadas y actuales de la población negra de Estados Unidos, sino confrontar la complacencia respecto a una interpretación militante, que ya no le parece pertinente. Dejar atrás la responsabilidad de ser vocera de un grupo para asumir su vocación como artista que elige no dejar de ser negra, a diferencia de su padre, que fue un pintor abstracto. Provocadora, ominosa, traidora, escatológica, crítica —son algunos de los adjetivos adjudicados a esta artista plástica—, nacida en California en 1969 que creció en Atlanta, estudió arte y diseño y actualmente es profesora en Nueva York. En 1992, representó a Estados Unidos en la Bienal de São Paolo. La serie An Abreviated Emancipation (from The Emancipation Approximation) iniciada en 1995 y reelaborada varias veces a partir de entonces, que


reproducimos en este número de El Comején, está formada por perfiles recortados —técnica favorecida por las damas acomodadas del siglo XVIII y XIX, en remedo a su vez de las siluetas en las vasijas griegas, que cayó en el olvido con la aparición de la fotografía. Sombras negras sobre fondos blancos, de tamaño natural —no como las antiguas, que eran miniaturas— estas siluetas ilustran las relaciones interraciales anteriores a la abolición, la segregación y militancia por los derechos negros en Estados Unidos. La artista utiliza un mínimo de elementos para revelar una historia compleja y violenta. Sus frisos narrativos, con grandes huecos blancos entre sí, sin perspectiva, color o matices —como escenarios de teatro de sombras o libros ilustrados de Arthur Rackham o Beadsley— reproducen los lugares comunes del esclavismo: relaciones sexuales entre las negras y sus amos, damiselas sureñas que no miraban lo que sucedía a su alrededor, niños separados de sus madres, diferencia entre esclavos domésticos y de campo, crueles capataces, mulatas seductoras, niños bastardos, blancos amamantados por las negras, familias separadas, fugitivos, linchados, etcétera. Se trata siempre de relaciones desiguales y corruptas (y corruptoras) centrado por la artista en un mundo de mujeres —cuya misión primordial era parir nuevos esclavos. Esta es la respuesta de una mujer negra a una pregunta crucial tras las luchas de los sesenta y setenta del siglo pasado: ¿qué sigue? Demitologizar a víctimas y victimarios, salir del círculo satánico de la culpa y del chantaje, romper con la “moda” de la negritud en el arte y en la vida cotidiana. Terminar con la interpretación unívoca de una historia infinitamente más compleja, aunque no menos sórdida. Su arte debe analizarse ante el tono melodramático estilo Roots — exitosa serie televisiva de 1977 tras la firma de los derechos de los negros— que impera en las artes y la cultura popular “de color”. Al reinterpretar la historia negra de Estados Unidos como la lucha y resistencia ininterrumpidas y retornar a la figura del “buen salvaje”, pigmentándola y celebrándola, se anula su hondura, ideologizándola, y se elimina su virulencia y diversidad al esquematizarla:


declarar el aniversario del asesinato de Martin Luther King fiesta nacional les reconoce, sí, pero también les trivializa. Las sombras negras de papel de Walker representan de manera semejante a negros y a blancos, y retratan así las nuevas relaciones: su simplificación, su fragilidad, su opacidad. La belleza y delicadeza de su técnica y sus líneas contrastan con la violencia del contenido. Incorpora también temas de la mitología clásica: Leda y el cisne, relatos de esclavos y de literatura negra, la película Gone with the wind —el mayor éxito taquillero de la historia—, la frenología y tipologías raciales o los perfiles policiacos, las fotos de pueblos exóticos, comediantes, artistas y cantantes de cabaret —Josephine Baker con su falda de plátanos—, los cuentos populares negros llegados de África y recopiladas en voz del tío Remus —en la serie aparece varias veces el Hermano Rabito—, estereotipos y mitos de la historia estadounidense —Washington y su esposa Martha. He aquí una respuesta a la vulgarización y comercialización del black is beautifull y a la victimización como explicación única de las relaciones amo-esclavo: la relectura de textos ensalzados por los militantes, el cuestionamiento de toda la historia negra y la esclavitud como nuevo objeto de consumo masivo, del cual se han eliminado la complicidad, la anuencia, los arreglos y acomodos necesarios para la sobrevivencia, las negociaciones, la inconciencia y la pasividad —así como la internalización que hace el esclavo de los valores y calificaciones de su amo. La autora no se pronuncia, no hace declaraciones políticas, no justifica su arte; de allí que sus obras enciendan tanta polémica. Porque, además de ser mujer y negra, es joven, bella, talentosa: visible. Su obra ha sido igualmente repudiada por negros, blancos, feministas o ensalzada por las nuevas generaciones de artistas y críticos contemporáneos. Se le ha denostado como colaboracionista, su propuesta es tomada como un contradiscurso de retroceso: en definitiva, es políticamente incorrecta. Su postura no es abstracta, se trata de un arte ante una realidad concreta: los negros en Estados Unidos hoy en día, lejos del engolosinamiento de su negritud.


Las feministas la incriminan como si avalara cuanto muestra y propusiera el retorno a las más siniestras relaciones. Betya Saar, artista negra de la generación anterior, autora de La Liberación de Aunt Jemima la acusa de denigrar a su raza; incluso hizo circular una carta de protesta entre todos los artistas “de color” proponiendo un boicot: “desestabiliza, provoca, es un giro atrás, reaviva conflictos, está en contradicción con lo universalmente aceptado”.

En Incidents of the Life of a Slave Girl, publicado en 1861, reinterpretado por la artista, la joven esclava se declara perdida; no comprende nada, es presa del vértigo. Tal es la situación de los artistas negros comprometidos, en todas las artes cuando se preguntan: ¿más negritud, más protesta y más denuncia? Algunos se niegan: ya no hay que hablar más de arte negro, sino de arte bueno o malo a secas. Esta crisis, mal de la posmodernidad, es compartida por feministas,


homosexuales, latinoamericanos, indios y demás ghettos que han perdido al enemigo visible —su principal interlocutor. Los temas y las reivindicaciones no están resueltos, pero la urgencia es otra; permanecer en la misma temática es, también, una táctica de los blancos para mantenerlos segregados. Ya no hay que arremeter contra la cosificación, parecen pregonar los nuevos artistas, hay que meterse en ella, mostrar su revés, sus costuras, su contradictoria historicidad.

Narrative of a negress (2003), es una serie-diario en tarjetas de índice, acompañadas de pinturas pequeñas. Una de éstas, contiene solamente una frase, contra un fondo color malva, crepuscular: From Ignorance to Arrogance, and

back again (De la ignorancia a la Arrogancia y vuelta a empezar); parece ser la respuesta ante su negritud y ante su arte. En la biblioteca del IAGO pueden consultarse los siguientes libros: Catálogo de la exposición An

Abreviated Emancipation (from The Emancipation Approximation). Ann Arbour, University of Michigan Museum of Art, marzo-mayo de 2002. The Regents of the University of Michigan. Kara

Walker: Narrative of a Negress. Catálogo de la exposición en el Museum and Art Gallery at Skidmore College and William College Museum of Art, editado por Ian Berry, Saratoga Spings, Massachusetts Institute of Technology, 2003. Ver más imágenes en la carpeta Walker.

De la ignorancia a la arragoncia y vuelta a empezar. Arte de sombras de Kara Walker  

Artículo de Elisa Ramírez, contextualizando la obra de Kara Walker

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