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Mi compromiso con la Revolución Ciudadana Una revolución debe ser, por naturaleza, una acción fuerte y constructiva, renovadora, ética, coherente, alegre y creativa, con la cual podemos modificar –con enorme decisión y coraje−, las reglas existentes para terminar con las trabas que impiden cambiar un orden estructural injusto y contradictorio. Su propósito fundamental es el empuje constante, de toda la sociedad, hacia el logro radical de la justicia y el bien común, en cuyo proceso ninguna persona se vuelve imprescindible, porque se trata de la voluntad y acción histórica de todo un pueblo. La revolución ciudadana es lo mejor que pudo habernos pasado en el Ecuador y en nuestra América Latina en la primera década de este siglo. Fue el despertar que tuvo el país después de haber vivido tantos años en un estado comatoso y cobrar conciencia y fuerzas para levantarse y romper con el pasado, para lo cual muchísimos nos juntamos con tanta esperanza y nuevos bríos. Para quien ha estado involucrado activa y profundamente en este proceso político de planificar y construir colectivamente un gobierno popular, se ha cumplido un nuevo ciclo de trabajo comprometido con la revolución ciudadana. Ha llegado el momento de tomar decisiones, después de recorrer un camino arduo, exigente pero muy creador. Como Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo, desde el inicio lo sentí como un reto, no sólo limitado al campo de lo público o de lo profesional, sino también dentro de ese espacio íntimo y personal donde habita la conciencia, donde pesan las fuertes convicciones políticas, la seguridad que concede una ética muy definida, y la crítica y autocrítica que forman parte de mi personalidad. Todas éstas son características esenciales que me impiden perder la orientación en mi vida política; más aún ahora que dejo, de manera definitiva, mis funciones de Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo. Mis responsabilidades y compromisos con nuestro proceso político se juntaron en la coordinación general para elaborar el Programa de Gobierno de la Revolución Ciudadana, y el nuevo Plan Nacional para el Buen Vivir 2013-2017, que son ahora una realidad en marcha, y constituyen los grandes desafíos y exigencias de nuestro gobierno para cumplir con las expectativas de todo el Ecuador. Ahora tenemos una ruta trazada como en un mapa, y de la que no podemos alejarnos. Toda la ciudadanía ecuatoriana tendrá que permanecer vigilante para exigir el cumplimiento del PNBV, como lo expresa nuestra Constitución. Ese también es mi compromiso político personal desde fuera del gobierno, pero dentro del movimiento PAIS del que formo parte como uno de sus dirigentes. Dejo la Senplades como una institución fuerte, madura y fraterna, con cuadros políticos y funcionarios profesionales de muy alto nivel. De ella ha salido una gran contribución para muchos cargos fundamentales en la conducción del Estado. Conjuntamente con todo su personal técnico, administrativo, de servicios, transporte y seguridad, de manera cotidiana he compartido y aprendido a vivir, en conjunto, la gestión de una de las más importantes entidades del Estado ecuatoriano, siempre con un alto ritmo de exigencia. Todos necesitamos, en algún momento de nuestras vidas, replantearnos actividades, culminar ciclos importantes –como el que  ahora  culmino−, evolucionar


en campos profesionales, renovarnos y buscar nuevos desafíos, manteniendo siempre con firmeza nuestras convicciones profundas de lucha por la equidad y la justicia, que están entre las principales razones que tengo para vivir. A todo ese conjunto de grandes ecuatorianos, mujeres y hombres de Senplades, mis agradecimientos y afecto por haberme ofrecido su gran compañerismo, su calidez humana y la oportunidad de trabajar de manera mancomunada, en algo en lo que todos creemos y de lo cual formamos parte integrante. La memoria termina siendo siempre el equipaje único y más importante cuando alguien se va, cuando le toca dejar un lugar querido y familiar en el cual se ha vivido intensamente. Quiero presentar mi profundo agradecimiento a la revolución ciudadana y al presidente Rafael Correa, por haberme dado todo su apoyo y confianza para asumir este gran compromiso de participar en su gobierno. Desde mi espacio de militancia y dirección política, desde el ámbito de la academia, continuaré aportando con ideas, propuestas y debates constructivos, para apoyar la continuidad del proceso político que el pueblo del Ecuador eligió como su camino histórico liberador.


Carta Compromiso con la Revolución Ciudadana